| Editorial
Por el Dr. Jorge
Gilardi
¿Por qué no cuidar a quienes cuidan la salud?
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Sería
imposible pensar que esta cruda e
ingrata realidad social en la cual estamos inmersos no incide sobre la
situación de la salud. Las patologías recrudecen y la demanda se vuelca
en forma masiva al hospital público, allí donde no debe practicarse
exclusión de ningún tipo. Porque ante el desfinanciamiento de las obras
sociales y la quiebra de gerenciadores y prestadores, el hospital público
amortigua el impacto de la crisis atendiendo toda la demanda que
puede, habitualmente al límite de sus recursos asistenciales. Es
en este marco donde el médico aplica su arte y su ciencia, ofreciendo
contención y cuidado a los pacientes, pero sin contar a menudo con las
condiciones mínimas para obtener seguridad en su trabajo. No
es tampoco casualidad que el síndrome ocupacional que hoy más afecta a
la población médica sea el burnout, cuya traducción más
aproximada es “quemarse” o “desplomarse” en el trabajo. Intensidad
en la dedicación horaria, exceso de responsabilidades, urgencia en las
decisiones, presión de pacientes y familiares para obtener contención
ante la angustia y el dolor que acompaña el enfermar, son todos los
factores que dejan exhausto al profesional ante la urgencia y magnitud de
los problemas, y los escasos recursos con que cuenta para afrontarlos. La
inhabilitación de cupos, los cargos concursados sin nombramiento, las
suplencias que devienen en cargos interinos, todo ello define un régimen
laboral en el cual la flexibilización busca convertirse en norma, cuando
debería tratarse de una situación excepcional y transitoria. Como
trasfondo que acompaña a este proceso, el acoso judicial ha incrementado
el riesgo de someterse a demandas por mala praxis, que casi en su
totalidad ignoran las precarias condiciones que los profesionales de la
salud deben afrontar cotidia-namente en su tarea. El
ejemplo más saliente de ello se halla en las actuales condiciones
salariales, cuyo retraso se exhibe cada vez más notoriamente, luego de
que el proceso devaluatorio hiciera retroceder a niveles más bajos aún
la capacidad de ingreso de toda la población asalariada. Y,
finalmente, la sumatoria de un nuevo problema: su cobertura social. Contradiciendo
la voluntad manifestada por la ley 23.660 en torno a la desregulación de
las obras sociales y la garantía de la libre elección de los usuarios,
la acción judicial materializada en un recurso de amparo introducido por
la ObSBA a fines del pasado año ha cancelado nuevamente el logro de una
aspiración, que resulta justamente deseada por toda la comunidad de médicos
municipales de la Ciudad de Buenos Aires. Una
aspiración que ha sido apoyada, además, por miles de docentes y
profesionales de la salud que con su firma han avalado la presentación
que hiciera nuestra Asociación ante el Gobierno municipal en diciembre
del pasado año. Agrava
el tenor de la medida el hecho de que esta acción incumple el contenido
del artículo 37 de la ley 472 de la Ciudad de Buenos Aires, que fija un
plazo de hasta tres años para hacer efectivo este proceso desregulatorio;
y además, convierte en inexcusables las promesas vertidas en tal sentido
por la máxima autoridad municipal. Cuidemos
a nuestro cuidadores. Porque
cuando la crisis apremia, los recursos humanos constituyen el único
reaseguro con que cuenta el sistema de salud. No hay otra respuesta a
la encrucijada en la que estamos situados: ante la crisis, son nuestros médicos
quienes sostienen aquellos valores que han definido, por ya más de un
siglo, a la atención pública en nuestro país. Queremos
un hospital que se brinde al paciente, y por ello reiteramos nuestra
demanda en los siguientes términos: - Salarios adecuados a la tarea. - Nombramientos en calidad y cantidad necesaria para atender la
creciente demanda de la población. -
Régimen de concursos en las condiciones que marca nuestra Carrera
Profesional. - Cumplimiento de la ley 472, sancionada por el máximo órgano
legislativo a nivel municipal, para que se haga así justicia a los legítimos
reclamos de los profesionales de la salud. ¿Por
qué no cuidar entonces a quienes cuidan la salud? La
sabiduría popular ha concebido la salud como uno de los bienes superiores
de la vida. Nuestra propia experiencia nos enseña que si perdemos la
salud, perdemos hasta el deseo de progreso y la persecución de nuestras
más profundas aspiraciones humanas. Como
sociedad, recuperemos ya mismo esa sabiduría para que la salud se
convierta en un hecho que acompañe nuestra realidad cotidiana y no
tengamos que lamentarnos, tardíamente, cuando la hayamos perdido. |