| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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Defender el hospital |
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Una vez más, se pone de relieve la imperiosa necesidad de atender lo urgente y el desafío de resolver lo importante. El hospital Rivadavia fue sede, el pasado 18 de septiembre, de un evento trascendente por el número de dirigentes movilizados, la intensidad de los reclamos planteados y el apoyo brindado por otras organizaciones gremiales médicas y profesionales que dijeron presente y se comprometieron en un reclamo y un anhelo común: defender al hospital público. Jaqueados por distintas amenazas, los equipos que sostienen la tarea asistencial han vuelto a movilizarse y expresarse, en su incondicional defensa. Es así que reclamamos como perentoria, una definición acerca de qué fines debe plantearse el sistema de salud, cómo distribuir con equidad los recursos y cuál debe ser la forma de evaluar y mejorar la acción de los servicios. Expresamos que ante la alternativa de elegir entre las compras centralizadas o descentralizadas elegíamos la segunda opción con control centralizado, pero que el planteo acerca de esta disyuntiva nos distrajo de la cuestión más importante: asegurar que las mismas se realicen adecuada y oportunamente, que los insumos y la tecnología se distribuyan de manera óptima para que los equipos dispongan de las condiciones asistenciales necesarias para el desarrollo normal de su tarea. Señalamos, enfáticamente, que es necesario trabajar por la equidad, y que aquellos hospitales con situaciones más críticas deben ser objeto de mayor respaldo. Alertamos, una vez más, que un establecimiento asistencial no puede funcionar sin abastecimiento en tiempo y forma de insumos, que estos son como el combustible esencial para que el hospital no detenga su marcha, para que los equipos cumplan con el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación de la mayor parte de las dolencias. Propusimos la necesidad de renovar las estructuras edilicias de hospitales que, en muchos casos, no han podido acondicionarse de cara a los desafíos de los tiempos que corren. Pero que el costo de un hospital renovado no sea un hospital funcionando solo con lo básico, sin que la ciudadanía comprenda por qué debe atenderse tan lejos de “su” hospital cuando este debe dar aún respuesta sanitaria, más allá de los obstáculos transitorios que limiten su accionar. Advertimos, a pesar de que aceptemos la necesidad de una profunda reforma en la atención psiquiátrica, que no hay Salud Mental sin hospitales neuropsiquiátricos. Porque quienes han sostenido allí la atención de los enfermos mentales no merecen ser excluidos de toda discusión y propuesta acerca de las nuevas formas asistenciales enmar-cadas en la Ley de Salud Mental 448. Reiteramos que la afiliación a una Obra Social para obtener la protección necesaria ante las contingencias de la enfermedad o la discapacidad, no podía obligarnos a renunciar a nuestro derecho de poder elegir dónde y cómo asegurar nuestra salud. Expusimos, ante los Ministerios responsables del finan-ciamiento y de la atención sanitaria, que la solución debía ser concertada, integral y sustentable, porque la situación ha llegado a ser tan crítica que no se resuelve con paliativos de coyuntura. Sostuvimos que la solución esperada puede requerir tiempo y dinero en proporciones variables, pero que no puede esperarse cualquier solución: si se retacean el aporte de recursos no se brinda el respaldo necesario y tampoco se asegura la continuidad suficiente para obtener las metas anheladas. Anticipamos, en un compromiso asumido ante nuestros propios afiliados, que el incumplimiento de estas medidas nos obligaría a adoptar acciones de reivindicación gremial que podrían haberse oportunamente evitado. Aun cuando exista de parte de las autoridades voluntad de solución, es necesario subrayar que la dignidad salarial, la disponibilidad de insumos y la actualización tecnológica son condiciones básicas para el funcionamiento del sistema de salud. Son a la vez banderas que nos permitirán seguir bregando por lo que ha sido el motivo esencial y trascendente de esta convocatoria: la defensa del hospital público. Para que este pueda sortear las amenazas que lo jaquean y salir fortalecido ante los nuevos desafíos del porvenir. Y que este continúe siendo nuestro desafío, sin declinar en la lucha por alcanzar las metas, sin abandonar la esperanza de su consecución. |
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