BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 14 Nº133  Octubre de 2007


Autor: Comité Editorial


INDICE

Diabetes, un desafío para la salud pública

La diabetes, una epidemia global

Día mundial de la diabetes

La diabetes en niños y adolescentes

El factor alimentario


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


DIABETES, UN DESAFÍO PARA LA SALUD PÚBLICA

El número de diabéticos aumenta en el mundo entero y se está convirtiendo en la enfermedad del siglo XXI. Hoy en día, más de 240 millones de personas conviven con la diabetes en todo el mundo. En aproximadamente 20 años, se espera que esta cifra alcance los 380 millones.

El 80% de las personas afectadas vivirían en países pobres, en muchos de estos lugares no tienen acceso a los tratamientos necesarios para prevenir riesgos. Las complicaciones representan un peso para los sistemas sanitarios y la economía de todos los países del mundo.

Este año, el día mundial de la diabetes estuvo centralizado en los alcances de la enfermedad entre niños y adolescentes. Los niños no están al margen de esta epidemia global, con sus debilitadoras y amenazantes complicaciones. La diabetes tipo 1 está creciendo al ritmo del 3% por año en niños y adolescentes, y a un alarmante 5% por año entre niños en edad preescolar. Se estima que 70.000 niños de menos de quince años contraen diabetes tipo 1 cada año (al menos 200 niños al día). De los 440.000 casos de diabetes tipo 1 en niños de todo el mundo, más de un cuarto vive en el sudeste asiático, y más de una quinta parte en Europa.

La diabetes tiene un impacto único en los niños y sus familias. La vida diaria del niño se ve alterada por la necesidad de monitorizar los niveles de glucosa en sangre, tomar medicación y equilibrar el efecto de la actividad y la ingesta realizadas. La diabetes puede interferir en el desarrollo normal de las tareas propias de la infancia y la adolescencia, incluidos el buen seguimiento escolar y la transición a la vida adulta.

Alrededor de un 50% de las personas con diabetes no saben que la tienen, y en algunos países este porcentaje se eleva a un 80%.

Se prevé que en el 2025, la prevalencia de diabetes habrá llegado al triple en África, el Mediterráneo Este y en el Sudeste Asiático; al doble en las Américas y en el Pacífico Occidental y aumentaría menos del 50% en Europa. En la Argentina, la diabetes afecta al 7% de la población mayor de 40 años y de ese porcentaje, el 90% padece diabetes de tipo 2 que es la más común.

La diabetes abarca en realidad diferentes problemas del metabolismo asociados a la hiperglicemia, cuyas causas son complejas.

Aparte de las predisposiciones genéti-cas, los factores clave de riesgo de las enfermedades cardiovasculares juegan un papel crucial: un estilo de vida malsano (alimentación desequilibrada, sedentarismo, tabaquismo, etc.) y sobrepeso. Por consiguiente, la alimentación apropiada y la actividad física son elementos centrales del tratamiento contra la diabetes.

En el entorno de las investigaciones sobre la diabetes, el debate científico se centra en la influencia de ciertos glúcidos y grasas específicas sobre el metabolismo del diabético y sus proporciones en la alimentación. Adicional-mente, los investigadores estudian el rol de varios micronutrientes (magnesio, zinc, cromo, cobre, hierro, selenio, vitaminas C y E) y de las proteínas.

La enfermedad está subdiagnosticada por su condición de “silenciosa”. Esto significa que al principio, sólo se detecta mediante análisis de laboratorio ya que sus manifestaciones son tan escasas que puede no dar síntomas hasta que produzca algún daño. Presentamos en esta edición, un informe sobre los alcances de la enfermedad hoy.


LA DIABETES: UNA EPIDEMIA GLOBAL

Las muertes por diabetes aumentarán en más de un 50% en los próximos diez años si no se toman medidas urgentes. Un estilo de vida no saludable y el sobrepeso constituyen los principales factores de riesgo

Hay más de 240 millones de personas con diabetes en el mundo, y se prevé que la cifra aumente hasta 380 millones hacia el 2035, principalmente debido al crecimiento de la población, su mayor edad y la urbanización. Se calcula que en 2005 hubo 1,1 millones de muertes debidas a la diabetes. Aproximadamente, un 80% de estas muertes se registran en países de ingresos bajos o medios. Casi la mitad de las muertes ocurren en pacientes de menos de 70 años y el 55% en mujeres.

La Organización Mundial de la Salud calcula que las muertes por diabetes aumentarán en más de un 50% en los próximos diez años si no se toman medidas urgentes. Es más, se prevé que entre 2006 y 2015 las muertes por diabetes aumenten en más de un 80% en los países de ingresos medios altos.

Alrededor de un 50% de las personas con diabetes no saben que la tienen, y en algunos países este porcentaje se eleva a un 80%. Se prevé que en el 2025, la prevalencia de diabetes habrá llegado al triple en África, el Mediterráneo Este y en el Sudeste Asiático; al doble en las Américas y en el Pacífico Occidental y aumentaría menos del 50% en Europa.

El número de diabéticos se incrementa en el mundo entero y esta enfermedad se está convirtiendo en la enfermedad del siglo XXI. La diabetes abarca en realidad, diferentes problemas del metabolismo asociados a la hiperglicemia, cuyas causas son complejas. Aparte de las predisposiciones genéticas, los factores clave de riesgo de las enfermedades cardiovasculares juegan un papel crucial: un estilo de vida malsano (alimentación desequilibrada, sedentaris-mo, tabaquismo, etc.) y sobrepeso. Por consiguiente, la alimentación apropiada y la actividad física son elementos centrales del tratamiento contra la diabetes.

Según las estimaciones de la OMS, la diabetes toma las dimensiones de una verdadera epidemia ligada al estilo de vida. El gran aumento en el número de casos registrados en el mundo se debe a la fuerte progresión de la enfermedad en los países en desarrollo, especialmente Asia y África. En estas regiones, la industrialización, la urbanización y la modernización dan lugar a transformaciones económicas y sociopolíticas que juegan un papel determinante en el aumento de la incidencia de esta enfermedad.

El pronóstico es aterrador. Se estima que de aquí al año 2025, el número de casos diagnosticados de diabetes en el mundo se habrá duplicado. La diabetes tipo 2 constituye el reto que deberán asumir las autoridades de salud durante el siglo XXI.

Aumento de casos de diabetes

La enfermedad está subdiagnosticada por su condición de “silenciosa”. Esto significa que al principio sólo se detecta mediante análisis de laboratorio ya que sus manifestaciones son tan escasas que puede no dar síntomas hasta que produzca algún daño. En Gran Bretaña, el United Kingdom Prevention of Diabetes Study reveló que al momento de ser diagnosticados, más de la mitad de las personas con diabetes tipo 2 ya cuentan con alguna complicación (ocular, vascular, renal u otras).

El aumento en el número de casos será particularmente espectacular en los países en desarrollo, donde la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer estarán pronto entre las principales causas de incapacidad, enfermedad y muerte. En las naciones indus-trializadas, los factores responsables de este aumento son ante todo la longevidad y el envejecimiento de la sociedad, los malos hábitos alimenta-rios, el sobrepeso y la falta de ejercicio. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte entre los diabéticos; por lo tanto, los factores de riesgo inherentes a dicha enfermedad deben ser tomados muy en serio.

La prevalencia de la diabetes varía de una población a otra y de un país a otro. La diabetes tipo 1 representa una de las afecciones crónicas más frecuentes en los niños. La diabetes tipo 2 se manifiesta sobre todo en los adultos de cierta edad; dos terceras partes de estos diabéticos son mujeres. En Estados Unidos y Europa, el diagnóstico de la diabetes tipo 2 es cada vez más frecuente en adolescentes, siguiendo la curva de aumento en el número de obesos en ese rango de edad. En estos jóvenes, las complicaciones diabéticas se manifiestan con frecuencia durante su vida profesional y a largo plazo, esta situación ocasionará múltiples problemas sociales y de salud. Por lo tanto, muchos países se esfuerzan en afrontar este problema elaborando estrategias de prevención en el medio escolar y buscando tratamientos adecuados.

Cómo mitigar los efectos de la diabtetes (OMS)

Es mucho lo que puede hacerse desde los servicios de salud, para mitigar las repercusiones de la diabetes en individuos y sociedades. Las áreas fundamentales para la acción son las siguientes:

-Promover el mantenimiento de un peso corporal adecuado y la disminución del consumo de grasas, y aumentar la actividad física, lo cual podría reducir la incidencia hasta 50%.

- Atacar los factores de riesgo, como el tabaquismo y la hipertensión, y mejorarel control metabólico de la glucosa, todo lo cual podrá reducir la tasa de complicaciones 50% o más.

- Mejorar la calidad de la atención, haciendo hincapié en el autocuidado (incluyendo a los pacientes y a sus familias en el equipo de salud), lo cual mejorará la calidad de vida de las personas con diabetes y reducirá los costos de atención médica por paciente al ayudarlos a prevenir las complicaciones.

- Apoyar el desarrollo de programas sobre la diabetes bien gestionados a nivel nacional y local, que están integrados en los programas de control de las enfermedades no transmisibles de mayor importancia para la salud pública; esta acción podrá mejorar considerablemente las perspectivas de reducir el aumento de la tasa de esta enfermedad proyectada para los próximos decenios.

- Respaldar la creación de asociaciones nacionales de lucha contra la diabetes, que pueden ayudar a prevenir y controlar la enfermedad por medio de actividades como educación de los pacientes y del público, apoyo a la capacitación clínica y a la atención basada en la comunidad, y que podrían aumentar los recursos disponibles para hacer frente a las repercusiones de la enfermedad.

DIABETES Y EMOCIONES

Las investigaciones recientes han mostrado que las personas con diabetes tienen el doble de tasa de depresión que las personas sin diabetes. De hecho, una de cada tres personas con diabetes también tienen síntomas de depresión. La depresión está asociada a un mal control de la diabetes: cuando esta se padece, no se lleva adecuadamente el plan nutricional y hay poco cumplimiento en la toma de los medicamentos. El estrés emocional está asociado con la elevación del azúcar en la sangre y mayores riesgos de complicaciones para esta enfermedad. En estos pacientes, se observó que la mejoría de la depresión se tradujo en mejor control de la diabetes y mejor calidad de vida. También se observó que las personas con diabetes tienen dos veces más posibilidades de tener depresión, en comparación con la población general.

Fuente: http://www.depresion.psicomag.com/diabetes.php

ALGUNOS DATOS SOBRE LA ENFERMEDAD

Existen dos formas básicas de diabetes: el tipo 1 que requiere insulina para sobrevivir y el tipo 2, que demanda insulina para el control metabólico. El tipo 1 es el más frecuente en niños y jóvenes y representa un 10-15% de las personas con diabetes. El tipo 2 afecta principalmente a adultos e incluye al 85-90% de los casos. También existen otras dos formas: la diabetes gestacional (es la hiperglucemia que se identifica por vez primera durante el embarazo) y la diabetes por infecciones, medicamentos, agentes químicos.

Las complicaciones diabéticas como la ceguera, las afecciones del riñón y las dolencias cardíacas, requieren una parte considerable de los servicios sanitarios. Se estima que se destina a la diabetes un 5-10% del presupuesto para la sanidad de cada país.

La diabetes de tipo 1 (denominada también diabetes insulinodependiente, o de inicio en la infancia) aparece cuando el páncreas no es capaz de producir una cantidad suficiente de insulina, la hormona que regula la presencia de azúcar en la sangre. Se ignora la causa, pero parece que se trata de una mezcla de factores genéticos y ambientales.

La diabetes de tipo 2 (también denominada diabetes no insulinodependiente, o de inicio en la edad adulta) se produce cuando el organismo es incapaz de utilizar eficazmente la insulina que sintetiza. A menudo prevenible, puede ser consecuencia del sobrepeso y de la falta de actividad física, y a veces de una predisposición genética.

Recientemente se ha constatado un aumento del número de casos notificados de diabetes de tipo 2 entre los niños y los adolescentes, hasta el punto de que en algunas partes del mundo la diabetes de tipo 2 es la que más abunda entre los niños. Existe un sentimiento generalizado de que el aumento mundial de la obesidad y de la inactividad física en la infancia está desempeñando un papel decisivo en ello. Alimentarse de modo sano y adoptar unos hábitos de vida saludables constituyen una fuerte defensa frente a la enfermedad.

POBREZA Y DIABETES

La Federación Internacional de la Diabetes calcula que para el 2025 la cifra de personas con diabetes habrá alcanzado los 350 millones de personas a nivel mundial. (un incremento de más de 100 millones en tan sólo una generación). El 80% de las personas afectadas vivirían en países pobres. Muchos de estos países no tienen acceso a los tratamientos necesarios para prevenir complicaciones. Las complicaciones de salud suponen un peso para los sistemas de sanitarios y la economía de todos los países del mundo.

La pobreza perjudica el tratamiento de la diabetes. Disminuye las probabilidades de obtener un diagnóstico acertado e influye en la calidad de la educación recibida, en lo apropiado del tratamiento y en el acceso a él, así como en el riesgo de que surjan graves complicaciones. Es necesario hacer frente a estas inequidades al formular estrategias y programas de prevención y control de la diabetes en todos los países.

Existen varios factores que limitan a las personas desfavorecidas económicamente de recibir la atención médica adecuada que necesitan. Carencias materiales, condiciones de vida no saludable, acceso limitado a una atención sanitaria buena, un alto coste del transporte y cobros adicionales por tratamientos son algunas de las barreras a la sanidad en países desarrollados y en vías de desarrollo.

Se estima que las personas pobres con diabetes, en algunos países en vías de desarrollo gastan al menos el 25% de sus ingresos anuales en atención sanitaria privada. En consecuencia, las personas pobres se enfrentan a una terrible elección: pagar el tratamiento y asumir una deuda catastrófica, o descuidar su salud y afrontar una posible discapacidad o la muerte.

La diabetes puede ser la causa de que individuos y familias caigan en la pobreza. La enorme carga, directa o indirecta que la diabetes inflige, hace que familias inicialmente no pobres caigan en la pobreza. En países en vías de desarrollo en particular, la diabetes mayormente afecta a personas en edad laboral, entre 35 y 64 años, mientras que en países desarrollados, la mayoría de las personas con diabetes están por encima de la edad de jubilación. Cuando las complicaciones de la diabetes afectan al cabeza de familia, la elección entre los gastos sanitarios, la comida y los gastos diarios puede atrapar a toda la familia en una espiral descendente hacia la pobreza y el empeoramiento de la salud.

Toda persona con diabetes merece la mejor calidad de atención y educación sanitaria  que el sistema pueda proveer. El artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos dice que: “todo el mundo tiene el derecho a un modelo de vida adecuado para con su salud y bienestar y el de su familia, incluyendo la atención sanitaria”.

Se celebra desde hace dieciséis años como iniciativa de la Federación Internacional de la Diabetes y la Organización Mundial de la Salud. Su objetivo es crear conciencia sobre esta enfermedad, que constituye un grave problema de salud pública


DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES

El día mundial de la diabetes se instauró en 1991 en respuesta a la preocupación por el incremento continuo de la enfermedad a escala mundial. Desde entonces, este evento ha crecido en repercusión. Se conmemora el 14 de noviembre, en homenaje a Frederik Grant Banting, que nació ese día (1891). Este gran fisiólogo, junto con Charles Best, logró aislar por primera vez la insulina en 1921. Gracias a este hallazgo, la diabetes pasó de ser una enfermedad mortal a ser una enfermedad controlable.

Uno de los objetivos de este día es fomentar el derecho de todas las personas con diabetes o con riesgo de sufrir-la por una mejor educación, prevención y atención. Además, se espera que los diabéticos, el personal sanitario, las instituciones y la sociedad en general tomen conciencia, por un lado, del alcance, las características y las posibles consecuencias de esta enfermedad y, por otra parte, de los beneficios y repercusiones positivas de un tratamiento adecuado y del control y un estilo de vida sano.

El día mundial de la diabetes está copatrocinado por la Federación Internacional de la Diabetes (IDF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este año el tema central fue los niños y los adolescentes con diabetes.

El 20 de diciembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 61/225 que reconoce la diabetes como "enfermedad crónica, debilitante y costosa que tiene graves complicaciones, conlleva grandes riesgos para las familias, los Estados Miembros y el mundo entero." Y además, suma a la ONU como promotora del día mundial de la diabetes. Con esta resolución, es la primera vez que se reconoce que una enfermedad no contagiosa representa una grave amenaza para la salud mundial, al igual que las epidemias de enfermedades infecciosas como la malaria, la tuberculosis y el vih/sida.

Hoy se sabe que más de 246 millones de personas viven con diabetes. Los especialcitas señalan que sin iniciativas conjuntas para combatir la enfermedad, esta cifra alcanzará los 380 millones en una generación más.

Un cuidadoso equilibrio entre insulina, medicación, dieta y ejercicio es esencial en el tratamiento de la diabetes, al igual que lo es el trabajo conjunto de los profesionales de la salud, los colegas, los amigos y la familia.

Campañas de concientización en Argentina

En el marco de esta jornada mundial, en nuestro país la Fundación para la Investigación de Enfermedades Endócrino Metabólicas (FIEEM) realizó acciones preventivas bajo el lema "Prevenir es actuar: hoy es posible mejorar el control de las complicaciones en el paciente diabético". Por otra parte, ofreció estudios gratuitos para pacientes diabéticos, entre ellos fondo de ojo, medición de glucemia y asesoramiento médico.

La Asociación para el Cuidado de la Diabetes impulsó la campaña "Los chicos descubren la ciudad. Vos descubrí la diabetes", en la que un centenar de niños recorrieron varios puntos porteños para concientizar y brindar información a la sociedad sobre esta enfermedad y con la participación de destacados deportistas que tienen diabetes.

El Ministerio de Salud porteño impulsó la campaña "Ilumina el horizonte", organizada por profesionales de distintas áreas de la cartera de salud y de la Liga Argentina de Protección al Diabético, para dar asesoramiento a la población.


LA DIABETES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Lo revela un estudio mundial del que participó la Argentina, por medio de la Fundación Favaloro. El trabajo demuestra que ha bajado la mortalidad por infartos gracias a la eficacia de los tratamientos hospitalarios

La diabetes es una de las enfermedades crónicas más comunes en la infancia. Alcanza a niños de todas las edades. A menudo pasa desapercibida o se diagnostica tarde, cuando el niño sufre una cetoacidosis diabética. En muchas partes del mundo, la insulina, la principal medicación que puede asegurar la supervivencia de estos niños, no está disponible (o está disponible pero no puede accederse a ella por razones económicas, geográficas o debido a restricciones de los suministros). Como consecuencia, muchos niños fallecen de diabetes, especialmente en los países de recursos medios y bajos (ver figura 1). Aquellos más cercanos al niño -familia, profesores, médico de familia- pueden que no sean conscientes de las señales y síntomas de la enfermedad.

El día mundial de la diabetes 2007 persigue erradicar estas circunstancias y establece firmemente el mensaje de que ningún niño debería morir de diabetes. La campaña de este año estuvo centrada en los niños y los adolescentes con diabetes. El objetivo es aumentar la concientización acerca de la creciente prevalencia de los dos tipos de diabetes en niños y adolescentes. Un diagnóstico a tiempo y una buena educación son cruciales para reducir las complicaciones, salvar vidas y evitar disca-pacidades. La Organización Mundial de la Salud señala que diferentes estudios han demostrado que el riesgo de mortalidad prematura y algunas complicaciones de la diabetes tipo 1 y 2 se pueden disminuir al mejorar el control glicémico. Una dieta saludable y el incremento de la actividad física pueden beneficiar a los niños que padecen de cualquiera de los dos tipos de diabetes.

A continuación, reproducimos las principales consecuencias de la enfermedad entre niños y adolescentes extraídas de trabajos producidos por la Federación Internacional de Diabetes (FID).

Prevención de la cetoacidosis diabética

La cetoacidosis diabética (CAD) es una consecuencia potencialmente letal de una diabetes tipo 1 no tratada o mal controlada. Se produce porque el organismo cuenta con poca o ninguna insulina que ayude a los órganos y tejidos a absorber la glucosa para producir energía. Como resultado, el organismo descompone su propio recurso alternativo: las grasas. La descomposición de las grasas genera unos productos de desecho denominados cetonas, que alteran el equilibrio químico del organismo. Al acumularse las cetonas en la sangre, provocan la aceleración de la respiración, el aumento del ritmo cardiaco, el aliento afrutado, el dolor abdominal, los vómitos y el cansancio característicos de la cetoacidosis diabética.

La CAD es la principal causa de muerte y discapacidad en niños con diabetes tipo 1 en todo el mundo. De no tratarse, tiene un índice de mortalidad del 100%. Del 60% al 90% del total de fallecimientos por CAD son consecuencia de un edema cerebral, o inflamación del cerebro. Es una complicación que sólo desarrollan niños.

Hasta un 40% de las personas con diabetes tipo 1 recién diagnosticada tienen cetoacidosis. Con frecuencia se desarrolla una acidosis grave cuando, durante un período prolongado, los síntomas ocasionados por un alto nivel de azúcar en sangre se diagnostican erróneamente. Reconocer dichos síntomas a tiempo puede ser suficiente para evitar las graves consecuencias de la cetoacidosis.

Uno de los síntomas de la diabetes tipo 1 que con más frecuencia se diagnostica erróneamente es que un niño moje la cama cuando ya controla los esfínteres. Una campaña de prevención que se llevó a cabo en una provincia italiana tuvo como objetivo aumentar la concien-tización sobre este y otros síntomas de alerta de la diabetes. Se colgaron carteles en escuelas y clínicas pediátricas. Se creó un número de teléfono gratuito para facilitar el contacto entre padres y profesionales de la sanidad diabética. Los profesionales sanitarios explicaron los objetivos de la campaña a los profesores, quienes a su vez fueron invitados a mostrar los carteles a los padres. La campaña duró ocho años. Durante este tiempo, la frecuencia de cetoacido-sis en la región se redujo, pasando del 78% al 12,5%.

En países desarrollados, las personas con diabetes suelen contar con un fácil acceso a todos los aspectos de la atención, de modo que pueden llevar una vida saludable y productiva. Por el contrario, en muchos países en desarrollo, especialmente en el África subsahariana y en algunas partes de Asia, la insulina suele ser inaccesible o inasequible. Las clínicas y los centros de salud, en muchos casos, no cuentan con medio alguno para medir la glucosa en sangre. Muy pocas personas con diabetes pueden llevar a cabo la automonitorización de la glucosa en sangre. Algunos países no tienen capacidad alguna para medir la HbA1c (nivel de glucosa en sangre a largo plazo). Como resultado de estos y otros factores, muchos niños con diabetes en países en vías de desarrollo mueren al poco tiempo del diagnóstico, o su control es insuficiente y tienen una mala calidad de vida, con complicaciones precoces y devastado-ras.

Prevención y calidad de vida

Hoy en día, más de 240 millones de personas conviven con la diabetes en todo el mundo. En aproximadamente 20 años, se espera que esta cifra alcance los 380 millones. Los niños no están al margen de esta epidemia global, con sus debilitadoras y amenazantes complicaciones. La diabetes tipo 1 está creciendo al ritmo del 3% por año en niños y adolescentes, y a un alarmante 5% por año entre niños en edad preescolar. Se estima que 70.000 niños de menos de 15 años contraen diabetes tipo 1 cada año (al menos 200 niños al día). De los 440.000 casos de diabetes tipo 1 en niños de todo el mundo, más de un cuarto vive en el sudeste asiático, y más de una quinta parte en Europa.

La diabetes tipo 2 se consideró durante un tiempo como una enfermedad de los adultos. Hoy, este tipo de diabetes está creciendo en alarmantes porcentajes entre los niños y adolescentes. En los Estados Unidos, se estima que la diabetes tipo 2 representa entre un 8 y un 45% de los nuevos casos de diabetes en niños, dependiendo de la localización geográfica. A lo largo de un período de veinte años, los casos de diabetes tipo 2 se han duplicado en Japón, y es más común que la de tipo 1. En niños aborígenes de Norteamérica y Australia, la prevalencia de diabetes tipo 2 se mueve entre un 1,3 y un 5,3%.

La diabetes tiene un impacto único en los niños y sus familias. La vida diaria del niño se ve alterada por la necesidad de monitorizar los niveles de glucosa en sangre, tomar medicación y equilibrar el efecto de la actividad y la ingesta realizadas. La diabetes puede interferir en el desarrollo normal de las tareas propias de la infancia y la adolescencia, incluidos el buen seguimiento escolar y la transición a la vida adulta.

Para ayudar a los niños y familias en ello y para asegurar la mejor salud física y emocional del niño, la atención debería ser ofrecida por un equipo multidisciplinar con buenos conocimientos pediátricos. También debe apoyarse a los profesores y al resto de las personas que están proporcionando la necesaria atención. De este modo, los niños con diabetes tipo 1 y tipo 2 podrán alcanzar la edad adulta con el menor impacto posible en su bienestar. Para los niños, en los países en vías de desarrollo, esta situación es actualmente precaria.


EL FACTOR ALIMENTARIO

El debate científico se centra en la influencia de ciertos glúcidos y grasas sobre el metabolismo del diabético

En el entorno de las investigaciones sobre la diabetes, el debate científico se centra en la influencia de ciertos glúcidos y grasas específicas sobre el metabolismo del diabético y sus proporciones en la alimentación. Adicional-mente los investigadores estudian el rol de varios micronutrientes (magnesio, zinc, cromo, cobre, hierro, selenio, vitaminas C y E) y de las proteínas.

Un alto consumo de grasas con un contenido elevado de ácidos grasos saturados favorece la obesidad. Independientemente, este tipo de alimentación con frecuencia genera insulinorresis-tencia y un aumento en el riesgo de desarrollar diabetes y enfermedades cardiovasculares. El perfil de los ácidos grasos provenientes de la alimentación se refleja en la composición de los ácidos grasos de los lípidos sanguíneos y del tejido adiposo.

En las personas insulinorresistentes, los lípidos sanguíneos contienen una parte importante de ácidos grasos saturados.

Tanto el perfil de los ácidos grasos en las membranas de las células muscu-lares como la sensibilidad de las células a la insulina varían, no sólo debido a los ácidos grasos provenientes de los alimentos, sino también en función de la actividad física. No obstante, se necesitan más estudios para demostrar que la calidad de las grasas provenientes de los alimentos influye en la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, un estudio ya ha demostrado que el hecho de modificar el perfil de los ácidos grasos, consumiendo más grasas monoinsatu-radas (AGMI) y disminuyendo el consumo de grasas saturadas, mejora la sensibilidad a la insulina.

Otros resultados parecen indicar que una alimentación rica en grasas compuestas en gran parte de ácidos grasos monoinsatu-rados (aprox. 40% grasa, 20% de AGMI) con un aporte energético controlado, tiene efectos positivos sobre la glicemia y sobre el perfil lipoprotéico, especialmente en los diabéticos de tipo 2 que presentan hipertri-gliceridemia.

Por otro lado, se ha comprobado que un aumento en el consumo de car-bohidratos (+ 10% de energía) en forma de cereales, aunado a una disminución en el consumo de AGMI no tiene incidencias negativas en la glicemia ni en los lípidos sanguíneos en los diabéticos tipo 2. Por consiguiente, los diabéticos no tienen que evitar sistemática-mente los productos ricos en carbohi-dratos.

Los carbohidratos ya no son tabú para los diabéticos

Una alimentación rica en fibras alimentarias solubles y con un índice glicémico bajo (IG) parece reducir el aumento en la glicemia después de una comida rica en glúcidos, sin modificar directamente la sensibilidad a la insulina. El concepto del IG fue introducido en los años ochenta por Jenkins, quien clasificó los alimentos ricos en glúcidos en función de su efecto posprandial sobre la gli-cemia.

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