BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 13 Nº 123 Noviembre de 2006
Coordinadores: Comité Editorial


INDICE

Historia del gremialismo médico

La crisis de la profesión y el surgimiento del gremialismo

Las primeras organizaciones

Los vaivenes del gremio

Huelga médica de 1958


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


HISTORIA DEL GREMIALISMO MÉDICO ARGENTINO

Su rol para la salud pública

La historia del gremialismo médico argentino se vincula con la evolución del sistema sanitario. En la década de 1930, la medicina dejó de ser un asunto privado para transformarse en un problema de interés colectivo y, en consecuencia, la asistencia médica se convirtió en una función pública. En ese contexto, nació el derecho a la salud como el deber de brindar asistencia universal sin discriminación de ningún tipo. Paralelamente, se produjo una complejización del sistema de salud pública.

Los primeros dirigentes médicos llamaron a la unidad de los colegas, a la organización y a la agremiación como forma de lucha y defensa frente a la diversidad de problemas que comenzaba a enfrentar la profesión médica. Así, la AMM surgió en los años treinta no sólo por cuestiones sectoriales (estabilidad, escalafón y sueldo) sino también para denunciar la crisis hospitalaria y el estado de indefensión de la población.

Hasta 1910 los médicos estaban atomizados, cada uno ejercía su profesión individualmente en su consultorio. Si bien las primeras instituciones médicas de las que hay registro se formaron previamente a este año, e incluso en nuestro país hubo antecedentes aislados desde el siglo XIX, recién a partir de 1920 surgieron las primeras entidades destinadas a perdurar. El proceso de agrupación se aceleró en la década de 1930, cuando aparecieron las primeras federaciones provinciales y encontró uno de sus puntos culminantes en 1941, con la constitución de la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA) entidad de tercer nivel que representa hasta hoy, a todos los médicos del país.

Entre 1920 y 1940 se afirmó el corporativismo, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, sobre todo económico, empresario y obrero. De manera secundaria, se consolidaron corporaciones ideológicas como la universidad e iglesia. El 5 de julio de 1921 se creó el Sindicato Nacional de Médicos que, a pesar de su intensa actividad y logros, perdió apoyo y desapareció en 1922. El Dr. Nicolás Capizzano, dirigente de ese sindicato, sostuvo que el futuro de la medicina pasaba por su transformación en una profesión asalariada.

A fines de 1920, Gregorio Marañón, de visita en la Argentina, anunció la “dilución del médico en la medicina”. Sin embargo, a partir de 1930, los médicos del mundo comenzaron a estar agremiados y unidos. El cambio se debió a las modificaciones en la división del trabajo médico y al nacimiento de las especializaciones, con el consecuente advenimiento de las nuevas tecnologías aplicadas a salud. Junto con este proceso se comenzó a trabajar en equipo. Si para sus antecesores “el germen o el microbio lo eran todo”, para estos profesionales habían adquirido mayor importancia las condiciones ambientales.

Las entidades médicas condenaban el cu-randerismo -y todo ejercicio ilegal de la medicina- y lo consideraban como una de las causas de la crisis del trabajo. Desde principios del siglo XX se hablaba de la necesidad de control de esta práctica.

Otra de las causas de mayor peso para el surgimiento de la agremiación fue la presión impositiva por parte del Estado (impuestos a la patente, réditos, costos para ejercer la actividad, entre otros). Otro de los factores que influyó en la crisis del sector hacia 1938 fue el fenómeno de la automedicación, por la publicidad de medicamentos de venta libre.

En síntesis, la diversidad de estos problemas remiten a un término presente en todos los documentos de la época: crisis. En esta edición del Boletín de Temas de Salud presentamos una cronología del nacimiento del gremio médico y de su desarrollo durante las tres décadas siguientes, que marcaron su idiosincrasia y determinaron su rol en el sistema de salud.

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LA CRISIS DE LA PROFESIÓN Y EL SURGIMIENTO DEL GREMIALISMO

Durante las primeras décadas del siglo XX se registró un cambio fundamental para la profesión médica: el desplazamiento de pacientes de los consultorios privados hacia el sistema de salud y el consecuente cambio en el modelo de atención sanitaria. Paralelamente, se reivindicó la necesidad de salarios para los médicos que prestaban servicios gratuitos en los hospitales públicos

La crisis de la profesión médica a principios del siglo pasado tuvo diferentes facetas. Algunos documentos dan cuenta de malestar profesional, plétora médica, tiempo de “vacas flacas”, miserias del gremio, bancarrota del profesionalismo, mercaderes del templo y médicos cazadores de clientes. Lo cierto es que la crisis respondió a problemas propios del ejercicio de la medicina, dentro de un contexto social y político más amplio.

 

Plétora médica

A partir de 1918 se comenzó a hablar de plétora médica1. Ciertos grupos de médicos criticaban que en la universidad se prestara más atención a la cantidad que a la calidad de estudiantes y que se entregaran títulos indiscriminadamente: “no hay barreras de entrada ni de salida”, sostenían.

En 1930, había en Buenos Aires un médico por cada 1.500 habitantes; en 1935, uno por cada 1.250 habitantes. Tal como ocurre en la actualidad, la distribución de acuerdo a la zona era muy desigual: en 1940, mientras en Buenos Aires, Rosario y Córdoba había un médico por cada 600 habitantes, en Santiago del Estero había uno cada 6.000, en Formosa uno cada 15.000 y en la Gobernación de los Andes (actualmente parte de Salta y Jujuy), ninguno. Para 1944, en la Capital Federal ya había un médico por cada 1.000 habitantes. Entre las causas de esta injusta distribución se mencionaban las malas condiciones de trabajo y las escasas perspectivas de desarrollo profesional en los lugares más pobres. Incluso el decano de la Facultad de Medicina, Dr. Rafael Bullrich, en 1935, destacó a la plétora médica como un factor clave de la crisis del trabajo médico. También hacía mención al reemplazo del “médico artesano” por el “médico industrial”, comparando el fenómeno de la explotación capitalista de la medicina con los métodos utilizados por la gran industria. En aquellos años había una marcada resistencia por un lado, hacia los cambios bruscos que ofrecían las nuevas tecnologías y por otro, hacia la competencia que surgía de los nuevos profesionales que masivamente estudiaban medicina.

Según la opinión de muchos destacados médicos de esos años, los grandes establecimientos (hospitales de comunidad, públicos y mutualidades) atentaban contra el médico artesanal, ya que absorbían la gran masa de pacientes -no sólo las poblaciones más pobres- dejando al médico sin pacientes en su consultorio privado.

 

Medicina de elite vs. medicina social

Hay tres grandes aspectos a tener en cuenta para analizar este fenómeno que explica el nacimiento de una salud pública más fortalecida:

- El empobrecimiento de la población.

- La mercantilización del médico (aceptaba más pacientes, se asociaba con otros profesionales, trabajaba más horas, etc.).

- La gran cantidad de médicos sin formación moral.

La discusión se planteaba entre seguir considerando a la medicina como un apostolado y propiedad de una elite o, por el contrario, evaluarla desde su función social, lo que implicaba que los profesionales no se avergonzaran de cobrar por su trabajo. Quienes apostaban a la primera idea, censuraban la agremiación y el crecimiento de un sistema de salud pública, entendido mucho más ampliamente que como se lo concebía hasta entonces: medicina sólo para pobres. En cambio, los que adherían a la segunda posición, sostenían que se trataba de la defensa de los derechos del médico como trabajador y no de una rebeldía injustificada como señalaban los que se oponían a la sindicalización.

 

Un nuevo escenario

Una de las causas que explica el surgimiento de una medicina distinta y un nuevo papel del médico, es el nuevo rol del Estado que a partir de la década de 1930 aumentó su injerencia en los problemas relacionados con la salud pública y la socialización de la práctica. Además, el ejercicio profesional sufrió grandes transformaciones: el mercado de trabajo se tornó insatisfactorio, escasamente retribuido, mercantilizado por el aumento de médicos, de las grandes empresas e innovaciones diagnósticas y terapéuticas, lo que mermó las posibilidades de pago directo.

Había dos corrientes de análisis, una decía que el problema había surgido por la complejidad del desarrollo técnico y la otra sostenía que se trataba básicamente de un problema económico-financiero.

En síntesis, con el alejamiento de los pacientes de los consultorios privados creció el mutualismo, la asistencia pública y el sistema de previsión social.

Hacia 1940, se planteó un nuevo conflicto: el surgimiento de las especialidades. Se comenzó a exigir un aval para desempeñarlas (estudios, cursos de especialización, antigüedad comprobada en servicios específicos, etc.).

Dados todos estos cambios, los médicos enfrentarían tres escenarios conflictivos con mutualidades, compañías de seguros de accidentes y servicios gratuitos.

 

Conflicto con las mutualidades

No fue un conflicto que estalló repentinamente en estos años de crisis, sino que surgió de la ya existente difícil relación entre las mutuales y los médicos; sin embargo, los problemas se agudizaron a partir de los años veinte, cuando se registró un encarecimiento de la medicina a raíz de los nuevos recursos diagnósticos.

Las mutualidades se regían por diferentes formas de contratación (por visita, por socio, etc.) lo que generaba diversas maneras de retribución. En este contexto, surgieron tres situaciones que pusieron en alarma al sector: creciente número de afiliados y asociaciones mutuales y el consecuente agotamiento de los recursos financieros; diferente integración de la masa societaria, ya que se inició la captación de personas con recursos, lo que quitaba pacientes privados a los médicos en sus consultorios; indebido control de los administradores sobre la práctica profesional propia del médico (presiones para limitar cuantitativa y cualitativamente el número de consultas, reivindicación del principio de la libre elección del médico por parte del paciente, no reconocido por muchas mutualidades, y progresivamente dejado a un lado).

Ante esta situación, los médicos comenzaron a reunirse en bloques o sindicatos para poder negociar con las mutualidades. Por ejemplo, en San Martín se logró eliminar de las mutuales a las personas con recursos y se consiguió la libre elección del médico. Hacia 1940, los médicos solicitaron que las cuotas de afiliación fueran suficientes para cubrir los beneficios ofrecidos; la existencia de proporcionalidad entre asociados y médicos; y la representación de los médicos en los cuerpos directivos. Además, exigieron remuneraciones decorosas, con estabilidad y escalafón. Tomaron como modelo las gestiones que al mismo tiempo se planteaban en los hospitales públicos.

 

Conflicto con las compañías de seguros de accidentes de trabajo

En aquellos años estaban muy difundidas las compañías de seguros que cubrían a los individuos asegurados ante accidentes de trabajo, modalidad que también influyó en la disminución de pacientes en los consultorios privados. Este conflicto duró cuatro décadas y fue un indicador de la debilidad de la corporación médica en sus inicios, aunque también fue uno de los principales motivos que convocó y estimuló el surgimiento de las primeras organizaciones gremiales.

El problema surgió fundamentalmente con las dos compañías más importantes: La Continental y La Franco Argentina (que tenían el 40% de los asegurados). A pesar de los reclamos de los gremios médicos y dada su poca influencia, no se logró concretar una de las principales demandas de los profesionales: la creación de una caja nacional de seguros que administrara y regulara estas compañías.

Para enfrentar esta situación, los médicos organizaron sus propias compañías de seguros que no sólo se limitaron a los accidentes de trabajo sino que incorporaron seguros de vida, incendio, automotores y granizo. Las principales entidades fueron: La Primera (médicos de Trenque Lauquen, Pehuajó y 9 de Julio en la Prov. de Bs. As., creada en 1923) y la Unión Médica Argentina (creada en 1926 y disuelta en 1929).

 

Conflicto con los servicios gratuitos, hospitales y beneficencia

A raíz de que los servicios gratuitos en los hospitales públicos fueron extendidos a las personas con medios económicos, mientras que la gran mayoría de los médicos no cobraba por su trabajo en el sector público (o en el mejor de los casos, se les pagaba una suma irrisoria), se generó una disminución del trabajo profesional independiente. Los médicos comenzaron a hablar de la explotación del Estado y a denunciar el sistema público de salud imperante que se basaba en el trabajo no remunerado de los profesionales.

La mayoría de las organizaciones gremiales existentes en esa época (círculos médicos, agremiaciones médicas y asociaciones) manifestaron su profunda preo-cupación por la existencia de hospitales abiertos a toda la comunidad. Debidoa  eso, se presentaron algunos proyectos para dificultar el ingreso de personas pudientes (como se las nombra en la documentación de la época) y proteger así el trabajo en los consultorios privados.

Pero estas agrupaciones, que abogaban por la defensa del trabajo médico, no incluían en sus reclamos a los médicos honorarios que no cobraban salario en los hospitales (eran la mayoría). Pero a partir de 1935,  surgió un grupo de médicos en los hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires que, por fuera de las entidades gremiales existentes, comenzó su lucha en pos de la remuneración. Este grupo dio origen al nacimiento, en 1936, de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires (AMM). Incluso, y en oposición a lo sería luego la tradición de esta Asociación, en sus inicios este grupo bregó porque se excluyera a los pacientes con recursos de la atención hospitalaria, en respuesta a los cambios del sistema sanitario,vividos en principio como un ataque al ejercicio liberal de la medicina.

 

1 Se entiende por plétora médica la existencia de un número de profesionales que supera la necesidad de médicos por habitante.

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LAS PRIMERAS ORGANIZACIONES MÉDICO-GREMIALES

En las décadas de 1930 y 1940 se constituyó y afianzó el gremialismo médico. En sus inicios fueron entidades débiles que debieron enfrentar la oposición hasta de los propios médicos. Con el surgimiento de la Comra en 1941, comenzó, con muchos altibajos, una etapa de proyección nacional

 

Hay dos momentos bien definidos donde surgieron con fuerza las entidades médico-gremiales: comienzos de las décadas de 1920 y 1930.

Ya a partir de 1936 y 1937, se dio un resurgimiento que se prolongó hasta 1945. Uno de los primeros antecedentes fue el Centro Médico de La Plata en 1889. Estaba formado por nueve médicos que -como dato curioso- habían instituido un libro negro donde consignaban los nombres de los malos pagadores, aunque aclaraban que sólo se registraban aquellos que “por sus condiciones de fortuna, renta o sueldos se encuentren en condiciones de abonar asistencia médica”.

Otras entidades precursoras fueron la Asociación de Médicos de los Hospitales (fundada el 14 de junio de 1917), la Comisión de Deontología Médica de la Asociación Médica Argentina -AMA- (junio de 1920) y el Sindicato Nacional de Médicos (creado el 5 de enero de 1921). Todas estas instituciones, como primer paso, debieron defender la razón de su existencia y el uso del término sindicato (recurrían a la referencia de la sindicalización en Europa).

Los mismos médicos se resistían a adherirse a un sindicato por temor a que los tildaran de revolucionarios, subversivos o rebeldes. Aun después del paso de muchos años, se siguió definiendo así a quienes defendían el derecho a la agremiación.

 

La suerte de las primeras organizaciones

La Asociación de Médicos de los Hospitales se convirtió en una entidad fundamentalmente científica y desapareció rápidamente. La Comisión Deontología de la AMA, criticó en un informe a los pensionados (actual servicio de internación) de los hospitales que admitían a la gente pudiente y solicitó su desaparición para evitar la corrupción. En un congreso, esta decisión obtuvo la aprobación unánime pero la gestión no tuvo éxito porque contó con la oposición de la Sociedad de Beneficencia (apoyada por el gobierno) y de encumbrados profesionales. En cambio, el Sindicato Nacional logró importantes conquistas gremiales; era el que tenía mayor conciencia sindical e incluso se planteaba como corporación. En 1922, tenía 1.100 adherentes, tanto en Capital Federal como en el resto del país, muchos obtenidos por tratativas con mutualidades y cooperativas del interior. Sin embargo, ese mismo año y probablemente -según fuentes de  la época- por la politización de sus miembros, el Sindicato se disolvió. El Dr. Pedro Cernadas criticó duramente a este Sindicato por interferir su actividad sindical con la política partidaria.

En junio de 1923 comenzaron a surgir en la CBA los círculos médicos –entidades netamente gremiales-. El primero fue el de Barracas (luego Círculo Médico del Sud). Ya en 1932 se contabilizan siete. Los socios eran médicos que trabajaban en las proximidades de la zona donde se ubicaba la institución. Otros ejemplos de sindicatos se dieron en San Juan en 1921; Chivilcoy en 1923; el sur de la provincia de Santa Fe (Rafaela); Córdoba (San Francisco); y en Mar del Plata en 1924.

La fundación de la compañía de seguros La Primera en Trenque Lauquen, relacionada con el Sindicato de Médicos, señaló un cambio en la orientación del gremialismo médico. A fines de 1924 surgió un proyecto de colegio médico en la provincia de Buenos Aires, independiente de los gremios, como consecuencia del rechazo de muchos profesionales al modelo clásico de sindicato.

El Colegio de la Provincia de Buenos Aires, en sus inicios, además de las cuestiones éticas y de capacitación, hizo hincapié en la defensa de las condiciones de trabajo, superponiéndose a las actividades de los gremios.

La agremiación se planteó con el doble fin de resguardar los intereses profesionales y velar por el mantenimiento de los contenidos éticos de la práctica: “defender nuestros intereses, pero salvaguardando el decoro de nuestra profesión”. (Dr. Pedro Aquino de la Asociación de Médicos de los Hospitales).

 

Colegio de Médicos

Las primeras reuniones para constituir el Colegio de Médicos de la Capital Federal (finalmente creado en 1932) convocaron a los representantes de los siete círculos médicos existentes, a un grupo de profesionales del hospital Rivadavia y a un grupo de médicos independientes, y se llevaron a cabo en la AMA. Los principales objetivos que los reunieron fueron: limitar los servicios hospitalarios a los pobres, combatir el ejercicio ilegal de la medicina, propender a la derogación de los impuestos a la profesión, elevar el nivel moral de la profesión médica (con un arancel mínimo), independizar al médico de las sociedades de socorro mutuo y beneficencia y controlar los servicios médicos en el ámbito privado, crear una instancia jurídica para que regule la práctica médica, asegurar la estabilidad de los cargos en los hospitales y obtener su remuneración, y dar un subsidio a los médicos en caso de invalidez.

En la Capital Federal, en la década de 1930, el pensamiento médico gremial fue adquiriendo una complejidad creciente, debatiéndose las formas de organización y métodos de elección de autoridades. Por ejemplo, en octubre de 1932 se realizaron elecciones en el Colegio de Médicos de la Capital Federal (futura Femeca) y se presentaron seis listas. En junio de 1936, el Colegio cambió su organización y se convirtió en la Federación Regional.

Unión de Médicos y la AMM

En 1930, y como consecuencia de la decisión del intendente de la Ciudad de Buenos Aires de rentar a cuatro médicos agregados por servicio, en el seno de la AMA se formó la Unión de Médicos de los Hospitales Municipales, cuyo programa de acción contemplaba: escalafón, exclusividad de la asistencia hospitalaria gratuita a los no pudientes, y creación de la oficina de información, regulación y cobranza de honorarios. También se ocupaba de cuestiones vinculadas a la actividad extrahospitalaria aunque no hay registro de reivindicaciones relacionadas con la retribución del trabajo hospitalario. En cambio, ese fue el eje de los reclamos de la Asociación de Médicos Municipales. Si bien estas dos entidades nuclearon a médicos municipales, la primera participó en las reuniones del Colegio de Médicos y, por el contrario, la AMM se creó por fuera de las instituciones vigentes y tuvo la oposición de éstas porque propugnó la atención gratuita para todos sin distinciones en los hospitales.

La AMM se puso en contacto con la Unión cuando sus demandas ya estaban encaminadas y había logrado el éxito con la sanción de la Ley Dickman (por la cual los médicos municipales comenzaron a cobrar un subsidio de $ 200). Cuando se concretó la fundación definitiva de la AMM, la Unión se disolvió y le entregó sus fondos.

 

Por una nueva organización

En 1937, el Colegio de Médicos y la AMM iniciaron algunas acciones conjuntas pero resultó imposible que la AMM integrara la Federación que se proyectaba porque no se adecuaba a los estatutos y, además, había comenzado su actividad de manera autónoma.

En 1939 se iniciaron las gestiones para crear una nueva Federación que sí integrara la AMM, manejada por un Consejo Federal, con representación proporcional, pero ya un Congreso de 1937 había decidido que fueran dos representantes por institución, lo cual no convenía a la AMM debido a la gran cantidad de socios con que contaba.

Otra ciudad clave por esa época fue Santa Fe, que contaba con organizaciones surgidas en la década del veinte. En 1935, la Federación Médica de Santa Fe ya era reconocida en el país y tomada como ejemplo. En octubre de 1936, esta entidad organizó un evento trascendental: su primer congreso médico gremial y de medicina social. Participaron cerca de treinta entidades, que decidieron la creación de la Federación Médica Gremial Argentina, que todavía tardaría cinco años más en concretarse.

Surgieron también dos corporaciones con clara orientación ideológica: el Consorcio de Médicos Católicos y la Corporación Nacionalista de Medicina (creada en 1933), fundada en los pilares de Dios, Patria y Hogar; si bien esta entidad no se basaba en la igualdad de los hombres ni aceptaba el predominio de las mayorías, contó con el apoyo de 300 médicos, entre ellos reconocidos profesionales.

El gremialismo en la década de 1930 tuvo como signo característico la desunión y fragmentación. La polémica fundamental se basaba en las posiciones de enfrentamiento al régimen hospitalario: el desarrollo del hospital público, según algunos, inevitablemente comprometía el futuro de la práctica médica privada. Como resultado de esta polémica, en 1936, en el tercer congreso del Colegio de Médicos, se aceptó la oficialización de la medicina pero no la actividad full time y se aprobó la limitación del hospital a los menesterosos, previo certificado de pobreza.

Pero no todas las instituciones pensaban igual: entre los privatistas, un grupo opinaba que el Estado sólo debía atender las urgencias; otros sostenían que esta limitación no solucionaría la crisis profesional; y una tercera opinión decía que las prácticas de orientación cooperativa eran opuestas a la función social del médico.

Durante los primeros años de la década del cuarenta, el movimiento médico gremial tuvo un proceso de renovación: se organizó la Federación Médica de la República Argentina, luego Comra; se concretó el acercamiento de la AMM a la Federación Regional (Colegio de Médicos) que posibilitó que en agosto de 1942 se fundara la Federación Médica de la Capital Federal (Femeca); la conformación de las federaciones médicas de Córdoba y la Prov. de Bs. As (Femeba)

Este proceso de fortalecimiento gremial duró hasta 1945, con la obtención de dos grandes logros: la Ley de Ejercicio Profesional y el estatuto del trabajo médico. Sin embargo, a partir de ese año se desdibujó esta unión a raíz de diferencias ideológicas: muchos gremios intervinieron en política y esta decisión contó con la oposición de muchos grupos profesionales.

En estos años se dio una situación paradojal: por un lado, las entidades médicas solicitaban que el Estado no se inmiscuyera en los asuntos técnicos y por otro, le exigían la regulación de la práctica y la formulación de políticas de salud.

 

Nace la COMRA

En mayo de 1941 se reunió el Primer Congreso Médico Gremial Argentino Extraordinario, con diecisiete delegaciones de todo el país. Allí se decidió formar la Federación Médica de la República Argentina. Por oposición de los delegados del interior, no se utilizó la palabra gremial y a partir de 1943, se denominó Confederación Médica de la República Argentina (Comra). Este logro fue, en parte, fruto de una campaña de los dirigentes del Colegio de Médicos, luego Federación Regional, que recorrieron el país para despertar la conciencia gremial. De hecho varios de los primeros dirigentes de la Comra pertenecían a esta institución.

Femeca se constituyó luego de que el Colegio de Médicos de la Capital-Federación Regional y la AMM modificaran sus estatutos y lograran un acuerdo en mayo de 1942, a raíz de la intervención del concejal Rubinstein, presidente de la Comisión de Higiene del Concejo Deliberante.

En 1945, en la 1° asamblea ordinaria de la Comra, se comenzó a manifestar el descontento de las federaciones de las provincias por la representatividad de la Comisión Directiva y por las anomalías en el balance. Además, se sumaba la actitud de las autoridades de la Comra que se negaban a dejar sus cargos y estaban muy cercanas al poder (incluso ocupaban cargos políticos). Como consecuencia, la Inspección General de Justicia intervino la Comra y la AMM se desafilió de Femeca porque ésta seguía adhiriendo a la Comra.

En 1946, cuando cesó la intervención de la Comra, se retomaron los trámites para su personería gremial, pero hacia 1950 se seguían argumentando problemas de documentación. Durante estos años la Comra se dedicó a cuestiones internas, aunque sin intervenir en los temas trascendentales para los médicos. A pesar de las limitaciones que trajeron aparejadas su alejamiento del aparato estatal, la institución creció. Sin embargo, la recuperación de la unidad gremial bajo la dirección de la Comra no satisfacía a todos los gremios médicos. Por otro lado, se daba una situación muy conflictiva, ya que en ese momento, la mayoría de las entidades médicas apoyaban al gobierno de Perón, que organizaba los sindicatos según el lugar de trabajo.

Sin explicaciones aparentes pero se puede afirmar que por razones políticas, en 1949 Femeca suspendió sus relaciones con la Comra. En 1953, la AMM se desvinculó de Femeca. Por entonces, la AMM era de filiación francamente peronista mientras que Femeca pretendía imponer un gremialismo independiente.

La AMM promovió la conformación de la Unión Médica Argentina-UMA que iba a estar compuesta por el Sindicato de Médicos (de muy corta vida y distinto del primitivo Sindicato desaparecido en 1922), la AMM y la Agrupación Médica Peronista. Como no llegó a constituirse, la AMM decidió incorporarse a la Confederación General de Profesionales (CGP), apoyada por Perón.

En medio de este proceso, se dieron tendencias encontradas en el seno de la Comra. Algunas de sus filiales tomaron una postura en contra de las tendencias del gobierno, defendiendo los derechos de los médicos a la libre afiliación. Por otro lado, la Comra fue reconocida por la Confederación Médica Panamericana -predecesora de la actual Confemel-, que sólo reconocía una institución por país, lo que fortaleció su posición como institución de tercer grado.

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LOS VAIVENES DEL GREMIO

De una fuerte identificación con el gobierno peronista a una importante adhesión a la Revolución Libertadora, el desarrollo del gremio médico fue vacilante, lo que obstaculizó su unidad

Entre julio y octubre de 1945 se dio en la Argentina una crisis de identidad de la dirigencia gremial médica, la Comra permaneció en silencio mientras manifestaciones académicas y sindicales se hacían eco de los reclamos por el retorno a la normalidad constitucional. Mientras en el seno de esta entidad se gestaron divergencias, la AMM tomó partido por la vuelta al orden constitucional y a raíz de sus desacuerdos con Femeca, se provocó la ruptura de la unidad gremial capitalina. A esto se sumó el conflicto interno de la Comra.

Por otro lado, la crisis se agudizó a partir del 13 de octubre de 1945 cuando, durante un tiroteo en una manifestación frente al Círculo Militar, falleció en el ejercicio de su profesión el Dr. Eugenio Ottolenghi del hospital Churruca. El hecho fue condenado desde todas las instituciones y sectores de la salud. Entre estas entidades estaba la Unión de Médicos Democráticos, de reciente formación, que reclamaba el retorno a la constitucionalidad. Muchos integrantes de la AMM formaron parte de ella. A partir de ahí, se dieron dos tendencias: el sector profesional que se autodenominaba democrático y el que apoyaba al gobierno militar, llamado hegemónico.

El 29 de octubre de 1945, el decreto 33.827 limitó la actividad política de los agentes del servicio civil de la nación: no podían tener injerencia en la lucha electoral ni hacer propaganda, haciéndolos pasibles de duras penas; se eximió de la prohibición a profesores universitarios y de la enseñanza media que no tuvieran cargos directivos y a los médicos y demás profesiones del arte de curar, aunque no podían hacer ninguna actividad partidaria ni de propaganda política dentro del hospital donde trabajaran. Dos meses después, un decreto municipal extendió la prohibición a toda dependencia de la Municipalidad.

Como consecuencia, se produjeron cesantías que los gremios consideraron antiéticas y provocaron la renuncia masiva de médicos en los hospitales Churruca y Ferroviario. Se intentó formar un movimiento para lograr la reincorporación, pero ésta fue condicionada a que se expresara por escrito el apoyo al gobierno de Perón, próximo a asumir.

Los gremios resolvieron que no se ocuparan los cargos vacantes. El Colegio Médico de Rosario perdió transitoriamente su personería y algunos hospitales del interior fueron intervenidos. Al asumir Perón, se acentuó el conflicto y varios dirigentes de la AMM quedaron cesantes, entre ellos Ido Celeri, primer presidente de la AMM (ver afiche).

En 1945 se creó el Sindicato de Médicos y Afines de la República Argentina, que se diferenció programáticamente del gremialismo preexistente: convocó a la organización gremial bajo tres principios: a) pretendía la confluencia de los médicos con el resto de las profesiones, b) la defensa del Estatuto del Arte de Curar (ley 22.212/45), c) la defensa del ejercicio mixto de la profesión: trabajo libre bajo la tutela del Estado.

El 2 de agosto de 1955 la Comra decretó una huelga por la detención, tortura y muerte del Dr. Juan Ingalinella en Rosario (Santa Fe), ocurrida el 17 de junio, en un cambio de la postura de autocensura que había mantenido durante el régimen peronista. La medida contó con el apoyo de la mayoría de los gremios médicos y fue un preanuncio de las convulsiones que agitarían al gremialismo médico frente a la inminente Revolución Libertadora.

La caída de Perón generó enfrentamientos en el seno del gremio médico. Las instituciones exigieron la reincorporación de los colegas cesanteados y el respeto a la Carrera Médica, y en muchos casos surgió una actitud revanchista hacia quienes habían participado del gobierno derrocado. Por ejemplo, en la AMM hubo un cambio radical en la conducción que asumió en octubre de 1955, con Nicolás Perruelo a la cabeza, que inmediatamente se desafilió de la Confederación General de Profesionales (CGP).

La Revolución Libertadora creó una Junta Coordinadora Interhospitalaria, formada por veinte delegados de hospitales, para juzgar a los médicos que hubieran tenido actitudes antiéticas durante el gobierno peronista. Esta Junta se extralimitó en sus funciones y la AMM se lo reclamó.

El desarrollo gremial se fortaleció en el período post peronista: la AMM aumentó considerablemente sus asociados y Femeca logró la adhesión de una gran cantidad de instituciones. La que menos se desarrolló fue la Comra, que sólo obtuvo tres nuevas adhesiones. También en este período surgieron las primeras asociaciones médicas gremiales dentro de las obras sociales sindicales, por ejemplo, la de los textiles y del personal civil de la Nación, entre otras.

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HUELGA MÉDICA DE 1958

Se prolongó durante setenta días y se transformó en el conflicto más extenso y generalizado de la historia del gremialismo médico

 

En julio de 1958, a raíz de que las autoridades de la Unión de Obreros y Empleados del Transporte (UTA) resolvieron dejar cesante al director de la Mutualidad de este sindicato y con él a setenta profesionales más, las organizaciones gremiales médicas de todo el país, agrupadas en la Confederación Médica de la República Argentina, decidieron convocar a un paro nacional por tiempo indeterminado. Finalmente, la huelga se prolongó durante setenta días y se transformó en el conflicto más extenso y generalizado de la historia del gremialismo médico argentino. La actuación de la AMM fue decisiva en la organización de la lucha de los médicos del país.

 

Cronología de la huelga

Una retrospectiva sobre el conflicto plantea un interrogante: ¿se trató de un movimiento gremial o fue un enfrentamiento político? Extraña que un problema concreto desatara un tan extendido conflicto a nivel nacional.

En primer lugar, la huelga evidenció la siempre conflictiva relación entre los médicos y las mutualidades. En segundo lugar, derrocado Perón, comenzaron a denunciarse cesantías sin sumario previo en diferentes mutualidades. Pero el detonante de la huelga fue la cesantía de Carlos de Dios como director de la mutualidad de la UTA, propuesto por la Asociación Médica de esa Mutualidad y nombrado durante la intervención del gremio. Al asumir Frondizi, cesó la intervención y De Dios fue reemplazado por su predecesor, el Dr. Croquet, nombrado por la UTA.

Los médicos resolvieron convocar a un paro y desoyeron la intimidación del gremio del Transporte, por lo cual se cesantearon a setenta médicos más e incluso algunos colegas fueron agredidos en las guardias. La Asociación Médica solicitó nuevamente la intervención, pero la Dirección de Mutualidades rechazó el pedido.

El paro fue declarado el 4 de julio por tiempo indeterminado, hasta que se lograra la reincorporación del Dr. Dios pero la participación del presidente Frondizi postergó su inicio. Finalmente el 10 de ese mes comenzó la medida de fuerza. El 1º de agosto un Consejo Federal de la Comra decidió extender el paro a todo el país y el 4 se suspendió toda asistencia en hospitales privados, de colectividad, de beneficencia, mutualidades y servicios sociales. El 13 se levantó el paro en todo el país, excepto en la Capital Federal. La AMM profundizó sus diferencias con la Comra. Hacia el 30 de agosto se anunciaron nuevas cesantías de médicos que se desempeñaban en otros gremios (jaboneros, textiles, metalúrgicos) y ante esta situación, la Comra resolvió sumarse nuevamente a la lucha, por lo que la huelga volvió a extenderse a todo el país.

El 3 de septiembre el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires resolvió apoyar la huelga médica y declaró su estado de alerta permanente. El 13 de ese mes, luego de más de dos meses de intensas tratativas, gracias a la participación de las 62 Organizaciones, que obligó a los gremios textil, metalúrgico y de jaboneros a reincorporar a los médicos cesanteados, se levantó la huelga.

 

Balance de la lucha

Algunos autores afirman que la huelga médica fue parte de la oposición social al peronismo, basado fundamentalmente en la amenaza que representó para los no peronistas el acuerdo Perón-Frondizi.

Después de la huelga, el gremialismo médico perdió fuerza como proyección de poder y se limitó a la defensa del médico. Esto provocó fracturas en el interior del gremio. Como resultado positivo de la huelga, se logró la promulgación de la ley de estabilidad de los profesionales en el arte de curar (sumario previo) y la ley 14778/58 que resolvió el problema de las incompatibilidades, que por entonces se habían tornado un tema difícil: la única incompatibilidad aceptada fue la horaria.

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