BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 8 Nº74 Diciembre de 2001 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

Salud pública y medio ambiente

El escenario de la medicina ambiental

Agua contaminada, fuente de enfermedades

Aires de Buenos Aires


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


SALUD PUBLICA Y MEDIO AMBIENTE

Las iniciativas no gubernamentales de ocuparse de aspectos de la salud vinculados con el ambiente fueron bastante limitadas. La escasez de organizaciones dedicadas a ambiente y salud resulta más manifiesta, si se considera que hasta la fecha son más de 100.000 las ONGs ambien-talistas que se crearon después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, realizada en Estocolmo en 1972. Cien mil organizaciones son un buen número. Ha surgido con ellas un movimiento ecologista de magnitud mundial, en respuesta a transformaciones potencialmente peligrosas desarrolladas en la biósfera.

El movimiento ecologista ha hecho algo más que combatir la contaminación, los aditivos alimentarios, los reactores nucleares, las autopistas y los aerosoles. Nos ha forzado a reconsiderar nuestra dependencia de la naturaleza. Estamos avanzando hacia un nuevo paradigma que hace hincapié en la armonía con la Tierra.

Esto ha dado lugar en el plano científico, a estudios dirigidos a comprender las relaciones ecológicas, para que podamos atenuar el impacto de la actividad humana sobre la naturaleza, o canalizarlo en forma constructiva. Falta la aplicación. La ciencia y la tecnología son sólo herramientas, por sí mismas no bastan para asegurar un futuro mejor.

En el plano de la salud, no ha habido –como en otras áreas de la ciencia- un desarrollo proporcional de estudios dirigidos a comprender las relaciones entre salud, ambiente y desarrollo, destinados a atenuar la impronta del deterioro ambiental y la contaminación sobre la salud humana.

Como la alteración del ambiente afecta a la salud, resulta ya insuficiente su concepción tradicional por lo que surgen nuevos paradigmas: hoy cabe considerar que salud es un estado de bienestar físico, psíquico y social en armonía con el entorno.

Dos de los grandes desafíos que debe afrontar la humanidad hoy son motivo de ocupación de los profesionales de las ciencias de la salud y de las ciencias del ambiente: 1. Salud para Todos, una deuda pendiente desde la Conferencia de Alma Ata, en 1978, y 2. Desarrollo sustentable: una deuda pendiente desde la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, más conocida como Cumbre de la Tierra, que se llevó a cabo en 1992 en Río de Janerio (Brasil). Aquella reunión -el mayor encuentro de líderes políticos nacionales de la historia- reunió a 106 jefes de estado. En conjunto con las reuniones paralelas de las ONGs, hubo 35.000 personas.

Ambos objetivos son compatibles: el tipo de desarrollo necesario para preservar la salud y el bienestar humanos dependen del respeto al ambiente.

En septiembre del año que viene, en Johannesburgo se realizará la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sustentable, para debatir los avances -y también los retrocesos- desde Río 92. La pregunta omnipresente general será: ¿qué tipo de desarrollo necesita hoy la humanidad?
En la actualidad, se extiende rápidamente por el mundo la idea de que no es posible medir el desarrollo exclusivamente en términos de tecnología o de nivel material de vida. Una sociedad que esté moral, política o ambientalmente degradada, no es una sociedad avanzada, aunque tenga dinero y sofisticación tecnológica. Nos movemos hacia una noción de desarrollo no definida únicamente por criterios materiales.

Nuestro modo de vida actual no es sustentable. Los patrones actuales de consumo están destruyendo los sistemas naturales de los que surge la vida. Hacen falta cambios en las políticas y en la gestión de los gobiernos. ¿Existe acaso en el ámbito oficial un modelo razonable de economía que nos diga cómo se alimentará y transportará la población, cómo se generará la energía, o cómo se producirán los bienes y servicios? ¿Existe un diseño que nos diga cómo debe ser la gestión de la Salud Pública en el Desarrollo Sustentable?

 

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El escenario de la medicina ambiental

Para aminorar el impacto del ambiente sobre la salud es imprescindible llevar adelante un desarrollo sustentable. Los graves problemas que enfrenta el mundo como consecuencia de un desarrollo tecnológico y urbano indiscriminados, ponen en riesgo la salud y la vida de millones de personas. Situación que se agrava a raíz de la actual explosión demográfica, la mayor en la historia de la humanidad

Los patrones actuales de consumo están destruyendo los sistemas naturales de los que surge la vida. Hacen falta cambios en las políticas y en la gestión de los gobiernos. ¿Existe acaso en el ámbito oficial un modelo razonable de economía que nos diga cómo se alimentará y transportará la población, cómo se generará la energía, o cómo se producirán los bienes y servicios? ¿Existe un diseño que nos diga cómo debe ser la gestión de la salud pública en el desarrollo sustentable?

Se necesitan nuevos rumbos en la gestión de la salud y del ambiente. Los indicadores nos están mostrando un empeoramiento generalizado de la situación en todo el mundo:
- El 15% de la población del mundo consume el 80% de los recursos y genera el 75% de la contaminación.
- Mil millones de personas pasan hambre diariamente. Treinta millones de niños mueren todos los años por hambre, malnutrición, falta de saneamiento y acceso limitado a los servicios de salud. Cinco millones de estas muertes se deben a contaminación del agua y de los alimentos.
- Dos mil millones de personas carecen de agua potable. (¿Cuándo comenzaremos a tratar al agua como un recurso escaso, valioso y finito?).
- Cada día, entre 100 y 300 especies de fauna y flora desaparecen para siempre. Antes que los taxónomos hayan hecho un inventario, muchas especies -conocidas o no- se habrán perdido.
- El suelo fértil es un don cada vez más preciado en un mundo que debe alimentar unos 6.000 millones de bocas. Sin embargo, se pierden anualmente 25.000 millones de toneladas de suelo fértil por erosión y desertización. Y las prácticas agrícolas no sustentables siguen conduciéndose en forma masiva.
- El adelgazamiento progresivo de la capa estratosférica de ozono está produciendo exposiciones humanas a dosis de radiación ultravioleta solar nunca antes experimentadas. Proyecciones epidemio-lógicas a escala mundial estiman para las próximas décadas, millones de muertes por cáncer de piel, y un aumento importante de cataratas y de inmunodefi-ciencias.
- Estamos generando un millón de toneladas de residuos peligrosos todos los días, la mayoría de los cuales se depositan en cualquier sitio y sin ningún tipo de cuidado. Cuando llegan a las aguas superficiales y profundas, el impacto ambiental y el riesgo sanitario –a corto o a largo plazo- resultan inacepta-blemente altos.
- Además de los residuos tóxicos, los residuos radiactivos son también una amenaza para la salud humana. ¿Acaso las generaciones futuras -todas las generaciones futuras- heredarán problemas de salud como parte de una herencia atómica que les hemos dejado?
- Mil millones de personas viven con niveles inaceptables de contaminación atmosférica. Sabemos la situación de la mayoría de las megalópolis latinoamericanas. Pero ¿en qué niveles estamos en la Ciudad de Buenos Aires?

INTERROGANTES
El mundo está asistiendo al mayor incremento de población humana que haya conocido en su historia, y planteándose interrogantes inéditos en otros tiempos. ¿Qué implicancia tiene para el mantenimiento de la vida en la Tierra la explosión demográfica sin precedentes en la historia de la humanidad a la que estamos asistiendo?

Duplicar la población mundial, ¿implica duplicar la contaminación, el consumo de energía y de recursos naturales?¿O las aspiraciones por mejorar los niveles de vida según los patrones actuales de consumo provocarán crisis ambientales a un ritmo mayor que el crecimiento de la población misma?

¿Podrá el mundo alimentar al doble de la población actual? Mas aún, ¿podrá mejorar la performance actual, considerando que en la actualidad 50.000 personas mueren todos los días por hambre, desnutrición o enfermedades asociadas?

En relación con el hambre, se ha abierto un enardecido debate acerca de la biotecnología aplicada a la producción de alimentos. ¿Será efectivamente la solución al problema del hambre en el mundo? La revolución verde no solucionó el problema del hambre habiendo podido hacerlo, ¿no habrá que tomar con cierto escepticismo las promesas? Como sea, si los defensores de la agricultura genética tienen razón -aunque sea un mínimo de razón- el impacto sobre la agricultura será tremendo.

La presión ejercida por las crecientes demandas de alimentos ¿deben continuar inevitablemente destruyendo los bosques, como está ocurriendo ahora? ¿Es acaso correcto destruir ecosistemas forestales productivos para explotación agropecuaria de sus suelos, durante unos pocos años, hasta que estos se convierten en páramos yermos?
¿Y qué representa una mayor amenaza para nuestros bosques: la sierra y el hacha, o las chimeneas y los caños de escape, emisores de partículas y de gases, cuyo resultado será producción de smog y de lluvias ácidas?

El mundo se está urbanizando. Hoy, 100 millones de personas viven en las calles. ¿Podrán las ciudades seguir absorbiendo millones y más millones de personas, proveyendo vivienda, trabajo y servicios?¿O quedará desbordada nuestra capacidad de previsión, provocando una espiral cada vez mayor de carencias y conflictos?

La longevidad es cada vez mayor. ¿Cuántos años vivirá la gente en el futuro? ¿Cómo los vivirán? ¿Desplazará el envejecimiento demográfico a la explosión demográfica de su carácter de fenómeno social más importante a seguir? ¿Continuará siendo la esperanza de vida al nacer un instrumento demográfico útil para evaluar la calidad de vida en el futuro?
¿Sabremos responder a tiempo a los enormes desafíos ambientales y sanitarios que tenemos por delante?

A pesar de la cantidad de información acerca del impacto ambiental y de los riesgos sobre la salud, las actividades humanas no parecen cambiar con la urgencia que las circunstancias demandan.

La sociedad civil agrupada y actuando a través de las ONGs, el área empresarial, y el área gubernamental, tienen un rol a cumplir. Cada persona y cada gobierno tiene que pasar un examen en el que debe responder a las grandes cuestiones de su tiempo. Para nuestra generación, el medio ambiente y el desarrollo sustentable son dos de esas grandes cuestiones.

En el campo de la salud hacen falta expertos entrenados en detectar, identificar, diagnosticar y tratar las enfermedades causadas o favorecidas por la degradación ambiental. La Medicina Ambiental es un campo abierto y con futuro. Los profesionales de la salud debemos participar y aun liderar los movimientos para mejorar el ambiente.

Son objetivos posibles. Hacen falta personas cuyas inquietudes vayan más allá de la calidad de su propio entorno. A través de las organizaciones civiles, pueden influir sobre sus gobiernos para alcanzar el consenso internacional necesario para tener un planeta sano y con futuro lejano.
 

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Agua contaminada, fuente de enfermedades


La falta de agua, o su contaminación, generan graves problemas para la salud pública. Casi la mitad de la población mundial padece enfermedades vinculadas con el suministro de agua contaminada. En nuestro país, la calidad se ve afectada por la contaminación de las napas cercanas


AGUA QUE NO HAS DE BEBER
La carencia de agua segura que sufren más de dos mil millones de personas se ha convertido en uno de los principales problemas mundiales de salud pública. Por paradojal que parezca, el agua, que es fuente y sustento de la vida, se ha transformado en el criminal más peligroso del planeta: unas 25.000 personas mueren todos los días por utilizarla.
Casi la mitad de la población mundial, especialmente los habitantes de países pobres o los grupos pobres de los países desarrollados, padecen enfermedades vinculadas con el suministro cada vez más escaso y contaminado de agua dulce.
Si bien existen enfermedades producidas por la escasez y otras por la contaminación del agua, ambos grupos tienden a asociarse, especialmente en zonas áridas y secas, donde los vertidos industriales, las aguas residuales, y los desechos agrícolas y urbanos, suelen superar la capacidad de cursos de agua debilitados, incapaces de disolver la materia degradable y diluir la no degradable.
La situación de la calidad del agua se torna crítica en los países en desarrollo, donde se verifica falta de controles de vertidos industriales, y ausencia de alcantarillas, desagües de tormentas y plantas depuradoras.
Las enfermedades de mayor morbi-mortalidad relacionadas con el agua son las infecciosas. Los contaminantes biológicos que las causan incluyen una enorme variedad de bacterias, virus, protozoarios, gusanos, insectos vectores y huéspedes, intermediarios de los ciclos reproductivos de microorganismos parásitos.
La actividad humana ha añadido contaminación química de amenaza creciente. Los niveles elevados de nitratos en el agua para beber pueden tener consecuencias hasta mortales, especialmente en niños menores de seis meses. El uso irracional de pesticidas, en muchos casos de bajísima degradabilidad, ha contaminado aguas superficiales y profundas en prácticamente todo el mundo, arruinado ecosistemas y transformado el agua dulce en una bebida nociva para la salud. Y el vertido inescrupuloso de metales pesados y otros productos peligrosos de uso industrial ha dejado los principales cursos de agua del mundo sin vida, ha diezmado la vida en los mares, y ha ocasionado al hombre una enormidad de padecimientos tóxicos y malignos.

CALIDAD DEL AGUA EN ARGENTINA
El principal problema de contaminación de la Argentina lo constituye la presencia de microorganismos patógenos y de sustancias químicas peligrosas en las aguas subterráneas.
La más importante fuente de contaminación de aguas profundas la constituyen los tanques sépticos, que utilizan el 71% de las viviendas del conurbano y el 62% en el resto del país, y que contaminan con patógenos infectantes las napas cercanas. A su vez, hasta el 65% de las viviendas de ciertas áreas del conurbano (y el 28% en el resto del país), no están conectados a la red de agua y usan agua de pozo. Por lo tanto, el número de expuestos a riesgo es altísimo. No extraña, pues, la enorme morbimortalidad por diarrea entre los niños de estos hogares, especialmente durante los meses de verano, cuando las condiciones ambientales son más favorables para el desarrollo de las bacterias responsables.
La segunda gran fuente son los vertidos químicos de la industria, que se arrojan en pozos negros y tanques sépticos. Los de las fábricas del Gran Buenos Aires (GBA) están diseñados para descargar en el acuífero Epipuelche, a 10-20 metros de profundidad (el único al alcance de las bombas de mano). En algunos puntos hay también contaminación del Puelche, a 25-60 metros de profundidad, por pozos de agua mal diseñados.
La situación de las aguas de superficie es también intranquilizadora. Por día fluyen al Río de la Plata 2,3 millones de m3 de aguas negras sin tratar y 1,9 millones de m3 de descargas industriales. Como consecuencia, hay una franja de varios centenares de metros adyacentes a la costa, con aguas cuyos niveles de contaminación son altísimos. Las playas no se pueden usar, pero precisamente de allí tomamos el agua que bebemos. A pesar del enorme caudal de 30.000 m3 por segundo, la dilución de los desperdicios se cumple recién a varios miles de metros de la costa.
De modo parecido, casi todas las aguas negras que se originan en el GBA se vierten sin tratamiento cerca de Berazategui o en tramos tributarios del Reconquista y del Riachuelo.
En el interior, algunos lagos hermosos como el San Roque (Córdoba), Lácar (Neuquén), Nahuel Huapí (Río Negro) y otros, han sido transformados en gigantescas cloacas. El vertido de aguas servidas sin tratamiento previo ha dañado incluso la capacidad de las plantas potabilizadoras.
Pero no toda la contaminación que debe soportar la Argentina es antropogénica. El arsénico es un contaminante ubicuo presente en el agua subterránea de una vasta región del país. Los pobladores de varias provincias mediterráneas -Córdoba, Santiago del Estero, San Luis, La Pampa y Chaco-, están amenazados por beber aguas arsenicales o por la sed, o por ambas. Recordemos que el HACRE comienza afectando sobre todo la piel, y puede terminar provocando alteraciones en hígado, riñones, nervios periféricos, etc. Muchos individuos desarrollan cáncer en piel o en otras localizaciones.
Si bien la contaminación de aguas con arsénico no es antropogénica, sí lo es la falta de solución. La erradicación de este flagelo se impone. Conociendo la inexorabilidad de la enfermedad, las acciones de ingeniería sanitaria para desarsenizar y potabilizar el agua deberían haberse establecido hace ya varias décadas.

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Aires de Buenos Aires


Además de los efectos directos de los contaminantes del aire sobre la vía aérea de personas susceptibles, existe un efecto indirecto que tal vez tenga mayor implicancia patogénica: la contaminación aérea exacerba la respuesta de la mucosa respiratoria a la exposición simultánea de partículas alergógenas. En muchos centros urbanos -y Buenos Aires es el gran ejemplo nacional- los temas referidos a la contaminación del aire fueron hasta ahora desatendidos o relegados por las demandas de la expansión rápida y del desarrollo económico

En las mega ciudades del mundo en desarrollo se viene produciendo un progresivo deterioro de la calidad del aire, porque tanto sus poblaciones como sus actividades contaminantes, aumentan desordenadamente.
Hace algunos años, un informe de la Organización Panamericana de la Salud titulado Contaminación Atmosférica y Salud en América Latina, alertó sobre la contaminación de algunas de sus ciudades. Estimaba, de acuerdo con las normas de calidad del aire, varios niveles de contaminación (Emergencia / Atención / Alerta / Concentración Máxima Permisible –CMP- / 50 % de la CMP). Los efectos que a estos niveles se producían sobre la salud fueron descriptos como muy peligroso / peligroso / muy insalubre / insalubre / molesto / nulo.
La situación de las ciudades más contaminadas era la siguiente:
México: muy peligroso-emergencia; San Pablo: muy peligroso-emergencia; Santiago de Chile: muy peligroso-emergencia; Bogotá: peligroso-emergencia; Cubatao: peligroso-emergencia; Río de Janeiro: muy insalubre-atención; San José: muy insalubre-atención; Caracas: molesto-CMP; Maracaibo: molesto-CMP; Maracay: molesto- CMP; Valencia: molesto-CMP.
Buenos Aires no figuraba en la lista. Y si bien se dispone de algunos datos, no alcanzan para establecer un diagnóstico adecuado de situación, y poder establecer conductas acordes: saber, por ejemplo, qué tanta atención prestar a la contaminación del aire, cuáles son los costos sanitarios, si es necesario impartir medidas de prevención a la población de ciertas zonas de la Ciudad, qué medidas de descontaminación son las más adecuadas, etc.
Más recientemente, un informe crítico del Banco Mundial, dado a conocer en 1995, señalaba que: “El análisis y monitoreo del medio ambiente son prácticamente inexistentes en el caso de la mayoría de los contaminantes en la mayor parte del país. Como resultado, no hay una base adecuada sobre la cual adoptar decisiones informadas acerca del manejo de la contaminación ambiental. El establecimiento de un programa integral de control del medio llenaría una necesidad crítica en este aspecto. Se necesitan más estudios y encuestas interdisciplinarias para saber cuál es la población que está expuesta al riesgo de las diversas formas de contaminación ambiental, y el grado actual de amenaza al que están expuestas la salud pública y la seguridad como consecuencia de éstas. Se necesitan evaluaciones con detenimiento de las pérdidas económicas ocurridas como consecuencia de la contaminación para orientar futuras selecciones de política”.
Aún cuando la información existente sobre la composición de la contaminación del aire urbano sea insuficiente, algunas mediciones disponibles sugieren que en algunos momentos del año y en algunas zonas de la Ciudad las concentraciones máximas permitidas para ciertos contaminantes, especialmente mo-nóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y material particulado, son excedidas, a veces en forma holgada.

EL MONOXIDO DE CARBONO
Hasta hace poco, los principales matutinos publicaban las mediciones sistemáticas de monóxido de carbono realizadas por la Fundación Siglo XXI, entre las 8:00 y 16:00, en Talcahuano entre Corrientes y Lavalle. Se informaban promedios que excedían las 9 ppm recomendadas por la OMS. Los picos máximos se registraban habitualmente por la mañana, descendían por la tarde, y eran muy bajos a la noche (salvo sábados). Si se promediaran los niveles del tráfico vespertino, probablemente los valores de los informes diarios serían mayores.
Recordemos que la importancia del monóxido de carbono como contaminante radica en que su afinidad por la hemoglobina es unas 240 veces mayor que la del oxígeno, reduciéndose o anulando la capacidad de los glóbulos rojos para transportar oxígeno a los tejidos. El sistema nervioso central es el más sensible a la hipoxia, pero también el músculo esquelético (especialmente el miocardio, máxime si hubiera enfermedad coronaria de base, debido a la hipoxia adicional). También son vulnerables los ancianos, los anémicos, los recién operados, las embarazadas, etc. Las concentraciones informadas por la Fundación Siglo XXI son neurotóxicas. Depende del tiempo de exposición y del porcentaje de hemoglobina que se forme en sangre, que provoque en expuestos los siguientes síntomas: cansancio, agotamiento físico precoz, cefalea, mareos, irritabilidad, disminución del rendimiento intelectual, de la agudeza visual, de la capacidad para realizar tareas sensorio-motrices como manejar autos, etc.
Los monitoreos de monóxido de carbono en el área céntrica brindan un indicador de lo que ocurre en general con las emisiones vehiculares que afectan a los vecinos de la CBA que transitan, trabajan o viven en aquella zona. Sus calles estrechas, encajonadas entre edificios, y con alta densidad vehicular, se comportan como verdaderos valles y no reciben brisas dispersantes. (No resulta igual respirar en Bartolomé Mitre que en Rivadavia, más amplia, aunque las separe sólo una cuadra).
Por lo tanto, se debe relativizar el difundido concepto de que la situación de Buenos Aires no es tan mala, porque asienta en una planicie y los vientos favorecen la dispersión de contaminantes. Esto ocurre en barrios de casas bajas y poca densidad demográfica, pero no tanto en el centro de la ciudad, que concentra un volumen de millones de personas en forma diaria.
Existe en diversos puntos de la Ciudad concentración alta de partículas muy pequeñas, conteniendo niveles muy elevados de hidrocarburos, especialmente benceno (carcinógeno). La evaluación de riesgo sanitario es un tema pendiente.

EL PLOMO
También es preocupante la concentración de plomo. Nuestra legislación estipula un valor límite admisible de 0,01 mg/m3. Los promedios de los registros del Laboratorio de Vigilancia Atmosférica de la CBA, en Ocampo y Las Heras, oscilan entre 0,004 y 0,006 mg/m3. Habría que conocer los valores en otros puntos, en que la densidad vehicular es mayor.
Mientras algunas entidades ambienta-listas sostienen que hay una nafta para países ricos y otra para países pobres, en realidad no se han hecho evaluaciones serias para determinar qué tipo de combustible requieren los porteños. El reemplazo de tetraetilo de plomo como antidetonante por otros compuestos orgánicos volátiles poco inocuos, es materia de controversia. Aun así, las naftas sin plomo se han introducido al mercado hace pocos años, sólo un porcentaje reducido de autos funciona con ella, y no se controla el mantenimiento de las propiedades ecológicas de los catalizadores. Además, siguen siendo más caras y no se incentiva el uso.
El Banco Mundial, en su informe de noviembre de 1995 estimó: “Sobre la base de las hipótesis de la mejor suposición, se puede demostrar que la reducción de la contaminación atmosférica con plomo en el AMBA de 1 ug/m3 tal como la que se obtendría con la sustitución de la nafta con plomo por la sin plomo, reduciría los daños anuales a la salud en alrededor de $53,6 - $123,1 millones. Si se acepta este estimado, el beneficio de la nafta sin plomo en el AMBA puede estimarse en alrededor de $0,02-0,04 por litro de nafta, en comparación con los costos adicionales de producción de nafta sin plomo de $0,01-0,02 por litro”.
El GNC, en cambio, ha sido eximido del impuesto al combustible, y fue inmediatamente aceptado por gran parte del parque automotor particular, taxis y camiones livianos (no así por los colectivos, porque también el gas oil está exento del impuesto a los combustibles, y los colectivos a GNC son algo más caros y menos eficientes). Los autos a GNC emiten menos óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, hidrocarburos, plomo y material particulado que los nafteros, y menos material particulado, pero más óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono e hidrocarburos que los gasoleros. Sin embargo, es harto frecuente que los motores de los colectivos gasoleros tengan inconvenientes con su carburación y emitan el característico humo negro (material particulado carbonoso) que bien conocen los porteños.

EL POLVO
La contaminación atmosférica urbana por polvo en suspensión en la CBA no tiene características dramáticas como en otras ciudades latinoamericanas. El Laboratorio de Vigilancia Atmosférica de la CBA mide en su estación de Ocampo y Las Heras promedios de 0,10 a 0,20 mg/m3, para un VLA (ordenanza 39.025/83) de 0,5 mg/m3.
Dado que respiramos unos 20.000 litros de aire por día, una persona que respirara en esa esquina inhalaría unos 3 gramos de polvo por día, o sea un kilogramo por año. Pero aunque resulten una molestia, la inhalación de partículas a estas concentraciones habituales no es peligrosa, ya que se activan los mecanismos de exclusión mecánica y antigénica: tos, estornudos, cierre del espacio glótico, batido ciliar, secreción de moco, secreción de inmunoglobulinas de superficie, etc. Sobreviene patología cuando las partículas poseen alguna propiedad adicional: acidez, alcalinidad, toxicidad, radioactividad, alergenicidad, etc.
Habría que conocer la composición fisicoquímica del material particulado y su fracción respirable (PM), en ese y otros puntos de la Ciudad. Al respecto, algunas mediciones automáticas que se realizaron con un sensor que da el índice de oscurecimiento de mancha, en las zonas de Palermo, Microcentro y La Boca, mostraron que el humo, conteniendo polvo respirable, liviano y carbonoso proveniente especialmente del parque automotor diesel, excedía el límite admisible. El impacto sanitario y económico podría ser considerable.

OXIDANTES
En la CBA los datos de monitoreo de oxidantes tuvieron muy baja periodicidad, y arrojaban valores intermedios. Habría que considerar, no obstante, la variación estacional. La importancia clínica y epidemiológica de los efectos respiratorios directos e indirectos por inhalación de ozono, y la cantidad de personas asmáticas especialmente susceptibles, viene justificando su monitoreo y evaluación epidemiológica de los efectos sobre la salud de los vecinos y de los costos atribuibles, que puedan servir de sustento a los programas de control.
Así, por ejemplo, en la Ciudad de México se estimó que si las concentraciones promedio anuales y de 24 horas de PM10 se redujeran a sus respectivos están-dares, se esperaría una reducción en la mortalidad prematura de 2.339 y 161 muertes anuales. Para el caso del ozono, si se lograra alcanzar la norma, habría una reducción de 855 casos de mortalidad prematura. El costo por no cumplirse la norma es de 344 millones de pesos, excluyendo los costos indirectos asociados a la búsqueda de atención médica, costos de transporte, pérdida de días laborales o pérdida de días niño-escuela. En muchas otras megalópolis del mundo se han realizado estudios similares.
Afortunadamente, las naftas argentinas son poco azufradas, y el dióxido de azufre, tan perjudicial en urbes o polos industriales europeos o norteamericanos que queman combustibles fósiles, no constituye un problema local. Los niveles en la CBA son bajos: por debajo de 30 ug/m3. Había días con niveles de dióxido de azufre no detectable. El VLA es de 0,50 mg/m3. Se ha dejado de medir.
Sin embargo, para vecinos de ciertos barrios, como los de La Boca, expuestos a los efluentes gaseosos del polo petroquímico de Dock Sud, o los de Mataderos, expuestos a emanaciones de curtiembres y de otras fuentes fijas, los compuestos azufrados del aire constituyen un problema vital, no resuelto. Se debería monitorear en los puntos conflictivos y realizar las multas y clausuras pertinentes. El que contamina, paga.

COMPUESTOS NITROGENADOS
Los compuestos nitrogenados se miden en forma diaria. Los niveles son altos. El máximo permisible establecido por la ordenanza 39.025/83 es de 400 ug/m3. El 80% de los días, los registros del Laboratorio de Vigilancia Atmosférica muestran valores por debajo de 240 ug/m3, pero hay días en el año en que se llega al valor límite. El análisis de la curva de tendencia muestra un creciente aumento en los últimos quince años. Semejantes niveles son potencialmente asmóge-nos, sobre todo en niños. A diferencia de lo que ocurre con los compuestos azufrados, cuya exposición produce respuestas funcionales pero no morfológicas, los compuestos nitrogena-dos pueden producir daño pulmonar permanente.
Dada la concentración alta de óxidos de nitrógeno en la CBA, cabe asumir que éstos pueden jugar algún rol etiológico en la morbilidad por asma bronquial, especialmente en los niños.

CONCLUSIONES
A pesar de las evidencias, no es posible extraer conclusiones definitivas a partir de la evaluación experimental de un contaminante aislado. En la práctica tienden a presentarse juntos y las respectivas acciones pueden potenciarse.
Además de los efectos directos de los contaminantes del aire sobre la vía aérea de personas susceptibles, existe un efecto indirecto, que tal vez tenga mayor implicancia patogénica aún: la contaminación aérea exacerba la respuesta de la mucosa respiratoria a la exposición simultánea de partículas alergógenas.
Los experimentos in vivo e in vitro en animales y en humanos demostraron algunos mecanismos a través de los cuales la exposición a contaminantes aéreos pueden aumentar la frecuencia de las enfermedades alérgicas o exacerbar sus síntomas. Los animales expuestos a ozono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y partículas de combustión, en asociación con alergenos, muestran mayor sensibilización alérgica que los expuestos sólo a alergenos y aire limpio.
En resumen, que nuestra ciudad se llame Buenos Aires aparece como un contrasentido: todavía uno de los impuestos más caros que pagamos los porteños sigue siendo respirar aire sucio, asumiéndolo como autóctono y hasta normal.
Resulta imperioso trabajar en las relaciones entre los niveles de exposición y los resultados en la salud, y generar información válida y útil sobre el impacto sobre la salud, en el ámbito local y nacional de los contaminantes ambientales, poniéndola a disposición de los que toman decisiones, los profesionales en salud ambiental y la comunidad.
En muchos centros urbanos -y Buenos Aires es el gran ejemplo nacional- los temas referidos a la contaminación del aire fueron hasta ahora desatendidos o relegados por las demandas de la expansión rápida y del desarrollo económico. Hoy, en cambio, se está creando conciencia sobre la necesidad de impulsar estrategias para un desarrollo sustentable que conserve sano el ambiente y favorezca la calidad de vida.

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EL CAMPO DE LA MALNUTRICION

Abarca toda la gama de problemas que se presentan cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es insuficiente, excesiva o desequilibrada

La FAO señala que la malnutrición abarca toda la gama de problemas que pueden presentarse cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es insuficiente, excesiva o simplemente desequilibrada.

En uno de los extremos de la escala de la malnutrición energética se encuentra la subnutrición que se describe en términos de macronutrientes. Se utilizan para identificar el problema: el bajo aporte de energía dietética, la emaciación2, el retraso del crecimiento, la falta de peso y el bajo índice de masa corporal (IMC).

En el otro extremo se debe ubicar la supernutrición, que provoca exceso de peso y obesidad. Un alto IMC es el indicador del problema. La obesidad, fenómeno bien conocido en los países desarrollados, está aumentando entre los nuevos habitantes urbanos del mundo en desarrollo. No se ha prestado mucha atención al problema en los países en desarrollo, debido a que son más acuciantes los problemas planteados en el otro extremo de la escala. Sin embargo, las consecuencias de la obesidad  -que reduce la productividad e incrementa el riesgo de cardiopatías, hipertensión, diabetes y algunos cánceres- pueden ser tan graves como las de la falta de peso. Es preciso también afrontar el problema mundial de la obesidad.

Una dieta desequilibrada en cantidad de macronutrientes, que son los componentes alimentarios que aportan energía, es también causa de preocupación aun cuando el aporte energético total sea suficiente.Sin embargo, la gama saludable del aporte de los macronutrientes, expresada en porcentaje de energía total, puede ser amplia: 55%-75% de carbohidratos, 15%-35% de grasas y 10-15% de proteínas. Al espectro del aporte energético se sobrepone el problema mundial de la malnutrición en micronu-trientes. Los micronutrientes –minerales y vitaminas– son necesarios para un crecimiento, desarrollo y actividad adecuados. Las carencias son especialmente comunes entre las mujeres en edad reproductiva, y los niños y adultos con problemas que afectan el sistema inmunitario, como los enfermos de sida. Las carencias de micro-nutrientes afectan invariablemente a personas cuyo aporte energético es bajo, pero también a las que consumen demasiada energía.

Las carencias de micronutrientes más frecuentes son: la anemia por carencia de hierro que afecta a 1.500 millones de personas, sobre todo mujeres y niños; los trastornos por carencia de yodo que afectan a unos 740 millones de personas en todo el mundo; la ceguera por carencia de vitamina A que afecta a unos 2.800 millones de niños menores de cinco años; la carencia de calcio en mujeres embarazadas y lactantes que puede afectar al desarrollo de sus hijos y se presenta como osteoporosis más adelante en la vida; la grave carencia de vitamina C, el escorbuto constituye un problema, sobre todo en poblaciones de refugiados y que viven en la miseria. Se considera que más de 200 millones de personas padecen carencia de vitamina A.

El IMC es una norma antropométrica que se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por el cuadrado de su altura (en metros). La FAO, la Organización Mundial de la Salud y el Grupo Consultivo sobre Energía Dietética establecen los límites de 18,5 para la falta de peso y 25 para el exceso de peso, aunque no todos los especialistas están de acuerdo. Algunos consideran que deberían establecerse límites basados en grupos de referencia específicos de cada país, para reflejar las diferencias en la altura y masa muscular. 

1 Basado en el documneto de la FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo.

2 Bajo peso para la estatura, debido en general a pérdida de peso asociada con un período reciente de inanición o de enfermedad.


Nota

Para mayor información se puede visitar el sito web de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): www.fao.org

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