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TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
11 Nº 104 Noviembre de 2004 Desigualdad
y VIH, un problema de salud pública El
sida, su impacto sobre personas y sociedades La situación en América Latina
DESIGUALDAD
Y VIH, UN DESAFIO DE SALUD PUBLICA En el marco de la realización bienal de
la Conferencia Internacional sobre el Sida, que se llevó a cabo del 11 al 16
de julio en Bangkok (Tailandia), el Programa Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) presentó el informe mundial que compendia cada
dos años los conocimientos sobre el estado de la epidemia. Como primera
conclusión preocupante se señala que en muchos de países de África
subsahariana, las tasas de infección continúan creciendo. Sólo en 2003,
tres millones de personas se infectaron en la región. Más alarmante aún es
el hecho de que la epidemia avanza en otras regiones, en particular Europa
oriental y Asia. En
el prólogo del trabajo, Peter Piot, director ejecutivo de ONUSIDA, señala:
“El sida es la epidemia más glo-balizada de la historia, y estamos siendo
testigos de su progresiva feminización. Cada año el número de mujeres
infectadas va en aumento. En todo el mundo, cerca de la mitad de todas las
personas infectadas de 15 a 49 años de edad son mujeres. En África esta
proporción está alcanzando el 60%. Como consecuencia de las desigualdades
por razón de sexo, las mujeres que viven con el VIH o con sida sufren
generalmente mayor estigma y discriminación”.
Además, las mujeres y las niñas soportan también la carga de la
epidemia de otras formas: son quienes se ocupan principalmente de las personas
enfermas y tienen más posibilidades de perder el empleo, los ingresos y la
escolarización, incluso hasta de perder su hogar y otros bienes cuando se
quedan viudas. La
epidemia también está afectando desproporcionadamente a los jóvenes de
15–24 años que representan la mitad de los nuevos infectados en el mundo; más
de 6.000 jóvenes contraen el virus cada día. Esta tendencia es especialmente
alarmante porque se trata de la generación de jóvenes más numerosa de la
historia. Por
eso, el informe hace especial hincapié en los planes de acción
especialmente dirigidos a los grupos vulnerables. Más
de 19.000 profesionales de la salud, investigadores y científicos
participaron de la última Conferencia Internacional sobre sida, este año la
reunión se hizo bajo el lema Acceso para todos, en relación a la
disponibilidad de las terapias, que hoy son inaccesibles para la mayoría de
los enfermos. Desde 1981, el sida ha causado la muerte de veinte millones de
personas y los infectados llegan a 38,5 millones. Sin embargo, ninguna otra
enfermedad infecciosa ha sido estudiada con tanta intensidad. El
informe señala:
“La transmisión del VIH no es un fenómeno que se produce al azar;
la propagación del virus está profundamente influida por el entorno social,
económico y político. Cuando las personas viven en condiciones de
adversidad, como la pobreza, opresión, discriminación y analfabetismo, son
especialmente vulnerables a infectarse por el VIH”. La prevención debe
centrarse en el comportamiento individual de riesgo y en los factores
estructurales amplios que subyacen a la exposición al VIH. La
vulnerabilidad, el riesgo y el impacto del sida coexisten en un círculo
vicioso: la vulnerabilidad puede reducirse ofreciendo a los jóvenes
escolarización, fomentando entornos familiares protectores, ampliando el
acceso a los servicios de salud y dando apoyo a la población general. Abordar
la vulnerabilidad a nivel estructural implica reformar las leyes y políticas
discriminatorias, vigilar las prácticas y proporcionar protección jurídica
a las personas que viven con el VIH. En esta edición del
Boletín de Temas de Salud, presentamos fragmentos de los pasajes más
destacados de este trabajo. EL SIDA, SU IMPACTO SOBRE
PERSONAS Y SOCIEDADES La epidemia está socavando el desarrollo
humano. En los países más afectados tiene un fuerte impacto sobre los
sectores económico, social y sanitario, y ha reducido la esperanza de vida en
más de dos decenios Tanto
en contextos de alta como de baja prevalencia, el VIH y el sida están
socavando el desarrollo humano. Por consiguiente, es necesario examinar la dinámica
de la epidemia desde una perspectiva del desarrollo humano. Esto significa
enfocar el análisis y las recomendaciones de políticas en las personas más
que en el virus. En el ámbito mundial, la epidemia sigue actuando como un
arma devastadora para los individuos y las familias. En los países más
afectados está erosionando décadas de progreso económico, social y
sanitario, y ha reducido la esperanza de vida en más de dos decenios, ha
frenado el crecimiento económico, ha agudizado la pobreza y ha favorecido y
exacerbado la escasez crónica de alimentos. Entre otras áreas,
el informe señala algunas en las que el impacto de la enfermedad es
determinante. El impacto sobre la población y la estructura
demográfica África
Subsahariana tiene la prevalencia del VIH más elevada del mundo y se enfrenta
a su mayor impacto demográfico. En los países más afectados de África
oriental y meridional, la probabilidad de que un adolescente de quince años
fallezca antes de alcanzar la edad de sesenta años ha aumentado de forma
impresionante. En algunos países, hasta el 60% de los jóvenes que ahora
tienen quince años no cumplirán su sexagésimo aniversario (Timaeus y
Jassen, 2003). El
impacto del VIH sobre la mortalidad en adultos alcanza su cota máxima entre
los veinte y los treinta años, y proporcionalmente es mayor en las mujeres
que en los varones. En los países de ingresos bajos y medianos, las tasas de
mortalidad de las personas de 15-49 años que viven con el VIH son actualmente
veinte veces mayores que las de las personas con el VIH en los países
indus-trializados. Esto guarda relación con las diferencias abismales que
existen en el acceso a la terapia antirretrovírica. En los países de
ingresos bajos y medianos, la mortalidad varía generalmente entre dos y cinco
defunciones por 1.000 personas-año entre los individuos en la segunda y
tercera décadas de vida. Sin embargo, las personas infectadas por el VIH en
esos grupos de edad, presentan tasas de mortalidad de 25-120 por 1.000
personas-año, que llegan hasta 90-200 por 1.000 personas-año entre los
individuos de 40-50 años (Porter y Zaba, 2004). Hasta
hace poco, los países de ingresos bajos y medianos habían prolongado en
forma significativa su esperanza de vida. No obstante desde 1999, como
consecuencia principalmente del sida, la esperanza de vida promedio ha
descendido en 38 países. A menos que la respuesta al sida se refuerce drástica-mente,
en 2025, 38 países africanos tendrán poblaciones un 14% menores de lo
previsible en ausencia del sida. En los siete países donde la prevalencia
supera el 20%, las proyecciones indican que la población será más de un
tercio menor a causa de la epidemia (División de Población de las Naciones
Unidas, 2003). El
VIH no se distribuye por igual entre las poblaciones nacionales. Muy al
contrario, afecta principalmente a los jóvenes, y en particular a las
mujeres. Esto significa que la epidemia está alterando profundamente las
estructuras familiares y demográficas de los países más afectados. En
condiciones normales, las poblaciones nacionales pueden describirse gráficamente
como una pirámide. A medida que madura la epidemia en los países de alta
prevalencia, aparecen nuevas tendencias. Por ejemplo, si la epidemia de Sudáfrica
sigue el curso actual, la estructura de su población se distorsionará: habrá
muchas menos personas en la edad adulta media, y menos mujeres que varones de
30-50 años. El impacto del sida sobre la pobreza y el hambre En
el ámbito nacional, los efectos económicos y demográficos de la epidemia
han recibido una atención sustancial por parte de los medios de comunicación
y el mundo académico. No obstante, el impacto a menudo catastrófico de la
epidemia sobre los hogares afectados por el VIH merece un mayor esfuerzo de análisis
y política. En algunos de los países más afectados, antes incluso de que la
epidemia de sida empezara a mostrar su impacto, los niveles de vida de los
pobres ya se estaban deteriorando notablemente. La epidemia conduce esos
hogares hasta el extremo de la miseria. La
naturaleza y gravedad del VIH en un hogar dependen del alcance e intensidad de
la epidemia circundante. En el momento actual, los hogares de África
subsahariana son los más afectados por el sida. Pero la epidemia no
discrimina. Durante
los últimos 10-15 años, muchos de los servicios sociales de los países más
afectados han cerrado sus puertas o han pasado a ser menos accesibles, los
niveles de ingresos y de empleo formal se han desplomado, y las guerras y las
migraciones masivas de población han desbaratado la estabilidad social. En
toda África subsahariana, aparte del sida, están aumentando otras
enfermedades potencialmente mortales como la tuberculosis y el paludismo. En
este contexto de deterioro progresivo, los hogares y comunidades pobres luchan
con todas sus fuerzas para afrontar la epidemia (Mutangadura, 2000). Inseguridad alimentaria Entre
1999 y 2001, la desnutrición afectó a 842 millones de personas en todo el
mundo, el 95% de ellas en países de ingresos bajos y medianos. África
sub-sahariana acoge al 11% de la población mundial y el 24% de las personas
desnutridas. Esto significa que la epidemia se está propagando en un contexto
dominado por la malnutrición crónica y la inseguridad alimentaria. En
realidad, el sida está intensificando la escasez crónica de alimentos. La
epidemia causa la pérdida de mano de obra agrícola y agota los ingresos de
familias que en una situación normal, podrían adquirir alimentos. En
los países con una alta prevalencia del VIH se ha creado un círculo vicioso
entre escasez de alimentos, malnutrición y sida (FAO, 2001). La inseguridad
alimentaria es especialmente perjudicial para las personas que viven con el
VIH, ya que esas personas necesitan más calorías que los individuos no
infectados. Además, las personas malnutridas e infectadas por el VIH
progresan con mayor rapidez hacia el sida (Harvey, 2003). Los programas
generales de seguridad alimentaria y nutrición deben incorporar medidas específicas
de prevención del VIH, asistencia nutricional y mitigación del sida (FAO,
2003). Impacto sobre el sector sanitario Las
estrategias eficaces para afrontar el sida necesitan sistemas sanitarios sólidos
y flexibles. Sin embargo, la epidemia irrumpió cuando muchos países estaban
reduciendo el gasto en servicios públicos para rembolsar la deuda y adecuarse
a los requisitos de las instituciones financieras internacionales. Aparte de
esto, la epidemia ha contribuido por sí misma al deterioro rápido del sector
sanitario, al incrementar las cargas sobre sistemas ya saturados y privar
progresivamente de profesionales sanitarios esenciales a los países. Las pérdidas
de personal y el absentismo a causa de las enfermedades y defunciones
significan que los sectores sanitarios deben seleccionar y formar a más
personal. Al mismo tiempo, un gran número de trabajadores no infectados está
experimentando desmoralización y agotamiento psicológico. En
los países africanos, los estudios estiman que el sida causa entre el 19% y
el 53% de todos los fallecimientos entre empleados gubernamentales del sector
de salud (Tawfik y Kinoti, 2001). Por ejemplo, en Malawi y Zambia se han
multiplicado de cinco a seis veces las tasas de morbilidad y mortalidad entre
los trabajadores sanitarios (PNUD, 2001). De hecho, la epidemia está
desbordando rápidamente el crecimiento en la disponibilidad de trabajadores
del sector de salud (Liese y col., 2003). Y esto se produce en un momento en
el que la necesidad de servicios sanitarios está aumentando de aceleradamente
en los países más afectados de la región. Los
trabajadores sanitarios deben ser sensibles a los efectos del sida, de forma
que puedan proporcionar una asistencia no estigmatizadora. Pero el sida también
afecta negativamente a la calidad del cuidado de los pacientes no infectados,
ya que los sectores sanitarios sobresaturados tienden a adoptar un enfoque de
“selección” que resta importancia al cuidado de los pacientes con
procesos menos graves que el sida (USAID, 2001). Impacto sobre los trabajadores y el lugar de
trabajo El
sida amenaza la seguridad económica y el desarrollo porque afecta
principalmente a la población en edad laboral. Esto tiene implicaciones para
la supervivencia de las comunidades y empresas, así como para el
mantenimiento a largo plazo de la capacidad productiva. La epidemia erosiona
el crecimiento económico a través de su impacto sobre la disponibilidad de
mano de obra y la productividad, las tasas de ahorro y el suministro de
servicios esenciales. Las personas que viven con el VIH pierden su trabajo,
sus ingresos y sus ahorros. En consecuencia, consumen e invierten menos. Los
puestos de trabajo -granjas,
fábricas, tenderetes de mercado u oficinas gubernamentales- se vuelven menos
productivos o incluso se colapsan, con lo que se reducen la producción, los
beneficios, los ingresos fiscales y la inversión. En
los países muy afectados es probable que el sida reduzca el ritmo de
crecimiento de la fuerza laboral. La Organización Internacional del Trabajo
(OIT) proyecta que en 2020, la fuerza laboral de 38 países (todos excepto
cuatro en África) será entre un 5% y un 35% menor de la que hubiera sido en
ausencia del sida. La epidemia también afecta a la calidad de la mano de
obra, ya que los trabajadores con sida son sustituidos por hombres y mujeres más
jóvenes y menos experimentados. Al mismo tiempo, la pérdida de maestros y
capacita-dores determina que las futuras generaciones tengan niveles más
bajos de calificación (Lisk, 2002). Según las estimaciones del Departamento
de Trabajo de Sudáfrica, en 2010 el 3% de la fuerza laboral del país (o sea,
unos 500.000 trabajadores) podrían encontrarse en las etapas terminales del
sida, lo que supone un incremento de tres veces respecto a la estimación de
2001. DESAFIOS
PARA EL FUTURO -
Reducir la brecha de prevención. En 2004 tienen acceso a servicios
preventivos del VIH, menos del 20% de las personas que los necesitan. Sin una
prevención integral y eficaz para todos, las cifras de personas que viven con
el VIH seguirán incrementándose, con efectos desastrosos a corto y a largo
plazo. -
Asegurar que la prevención sea integral y englobe una diversidad de
intervenciones eficaces, ya que ningún elemento es suficiente por sí solo.
La consecución de las estrategias y actividades más satisfactorias dependerá
de la etapa y la naturaleza de la epidemia en cada país, las necesidades de
las diferentes poblaciones en riesgo y la participación de las personas que
viven con el VIH. -
Integrar plenamente el conjunto de actividades de prevención en la iniciativa
tres millones para 2005 y otros programas de ampliación de la terapia
antirretrovírica, utilizando los contextos clínicos para animar tanto a las
personas VIH-positivas como a las VIH-negativas a adoptar comportamientos más
seguros. -
Abordar eficazmente todos los factores de vulnerabilidad que impulsan la
epidemia, como las injusticias sociales, las desigualdades por razón de sexo,
la privación de derechos humanos, la exclusión social de los grupos
marginados y la falta de participación de los jóvenes en la toma de
decisiones relativas al sida. -
Eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el sida mediante
marcos jurídicos eficaces y protegiendo los derechos de todos los individuos. -
Acelerar el desarrollo, financiación y accesibilidad de vacunas y
microbici-das eficaces para el VIH. Revigorizar
los programas de prevención en los países de ingresos altos para reducir la
creciente fatiga de prevención y evitar el resurgimiento de la epidemia. RECURSOS Y FINANCIACION Se han hecho progresos importantes para captar fondos adicionales, pero el gasto mundial en sida en 2003 no llegó a la mitad de lo que se necesitará en 2005, y sólo una cuarta parte de la cantidad necesaria para 2007. PERSONAS INFECTADAS CON VIH (2003) Total: 37,8 millones Adultos:
35,7 millones Mujeres:
17 millones Menores
de 15 años: 2,1 millones NUEVAS
INFECCIONES POR VIH (2003) Total:
4,8 millones Adultos:
4,1 millones Menores
de 15 años: 630.000 DEFUNCIONES
CAUSADAS POR EL SIDA (2003) Total:
2,9 millones Adultos:
2,4 millones Menores de 15 años: 490.000 PREVENCION Y TRATAMIENTO ANTIRRETROVIRICO,
LAS CLAVES Para disminuir el impacto de la enfermedad
debe ponerse énfasis en aumentar la cobertura de la terapia antirretrovírica
y de la prevención, ambas hoy inaccesibles para la gran mayoría de las
personas El
Informe Mundial sobre Sida destaca como aspectos cruciales para disminuir el
impacto del sida en las poblaciones, sobre todo en las más pobres y
vulnerables, el acceso a la terapia antirre-trovírica y el desarrollo
exhaustivo de planes de prevención, teniendo en cuenta a los grupos y
sociedades más vulnerables. Dificultades para aumentar la terapia
antirretrovírica Desde
2002, se reconoce casi universalmente la viabilidad de suministrar tratamiento
antirretrovírico en entornos con pocos recursos. Los gobiernos y donantes de
todo el mundo están cada vez más comprometidos a ampliar lo más rápidamente
posible el acceso al tratamiento antirretrovírico para la gran cantidad de
personas que lo necesitan para seguir con vida. Ampliarlo exige asegurar el
apoyo político y financiación a largo plazo. Cualquier disminución en el
apoyo podría comportar el colapso de los programas antirretrovíricos, porque
las consiguientes interrupciones en el tratamiento darían la oportunidad al
VIH de desarrollar farmacorresistencia. Esto no sólo comportaría una
tragedia individual, sino que también significaría una grave amenaza social
porque las cepas farmacorresistentes del virus podrían propagarse y hacer
totalmente inútiles los programas de tratamiento. El
personal sanitario también es crucial para las perspectivas de ampliar el
acceso a los antirretrovíricos. En África ya hay una gran escasez de
enfermeras, parteras y médicos, porque muchos abandonan sus países de origen
en busca de mejores salarios, condiciones laborales y oportunidades hacia países
de ingresos más altos. Por ejemplo, el 70% de los médicos formados en Sudáfrica
vive actualmente en el extranjero. Desarrollar un enfoque exhaustivo de
prevención del VIH La
cobertura actual de la prevención del VIH es sumamente baja. Sólo una fracción
de personas en riesgo de exposición tiene un acceso adecuado a los servicios
de prevención básicos, aunque la mayoría de los países han desarrollado
marcos estratégicos para las actividades de prevención. En 2003, en los países
de ingresos bajos y medianos, sólo se ofrecieron servicios para prevenir la
transmisión materno infantil del VIH a 1 de cada 10 mujeres embarazadas, y
una proporción aún menor de adultos de 15-49 años tuvieron acceso a
asesoramiento y pruebas voluntarias. Reducir esta brecha en la prevención
requerirá un mayor compromiso de recursos, así como de programación de gran
alcance: una parte importante de los esfuerzos actuales siguen sin pasar de
ser simples “proyectos de demostración”. Por ejemplo, las pruebas indican
que los mensajes y actividades desarrollados a nivel popular son mucho más
eficaces que los que están promovidos por profesionales externos, y que para
conseguir buenos resultados, los mensajes de prevención necesitan estar
orientados e ir más allá del simple fomento de la concientización acerca
del sida. La
naturaleza cambiante de la epidemia exige que los esfuerzos de prevención se
renueven constantemente. Por ejemplo, ahora ha quedado demostrado que el énfasis
extraordinario puesto desde la segunda mitad de los años noventa en un
tratamiento más eficaz en los países de ingresos elevados fue en detrimento
de los esfuerzos renovados de prevención. Los avances en prevención se
estancaron y, en muchos casos, hubo aumentos en la transmisión del VIH por
primera vez en una década. Del mismo modo, en Tailandia, el importante éxito
alcanzado en los años noventa en la reducción de la transmisión asociada
con el trabajo sexual cambió el perfil de la epidemia; ahora, el área donde
se requiere poner mayor atención es dentro de los matrimonios y las
relaciones estables. Mitigación del impacto Los
primeros signos del impacto social en gran escala del sida se están poniendo
de manifiesto en África meridional y oriental, con la exacerbación de las
crisis alimentarias, el aumento del número de huérfanos y el debilitamiento
incesante de la capacidad humana, tanto en los gobiernos como en los sectores
privados. El sida está modificando fundamentalmente el tejido y el
funcionamiento de las sociedades. Una de las formas mediante las que la
epidemia crea un círculo vicioso es golpeando con más fuerza en los países
con menor capacidad para ejecutar respuestas. En muchas naciones, el sida está
menguando las capacidades con mayor rapidez de lo que se necesita para
reemplazarlas. Se necesita mayor compromiso para ayudar a
los huérfanos Un
problema particularmente preocupante es el olvido de los niños huérfanos. El
sida se ha cobrado la vida de uno o ambos padres de unos doce millones de niños
en África subsahariana. Sin embargo, menos de la mitad de los países con una
crisis muy aguda tienen políticas nacionales para ofrecer apoyo básico a los
niños huérfanos o vulnerables a causa de la epidemia. PREVENCION
PARA POCOS -
Los programas de prevención llegan a menos de una de cada cinco personas que
los necesitan. -
Según estimaciones de setenta países que respondieron a una encuesta de
cobertura en 2003, la proporción de mujeres embarazadas que disponen de
servicios para prevenir la transmisión materno infantil del VIH oscila del 2%
en el Pacífico occidental al 5% en África subsahariana y el 34% en las Américas. -
La proporción de adultos que reciben asesoramiento y pruebas voluntarias
cuando lo necesitan, varía desde casi 0 en Asia sudoriental hasta el 7% en África
subsahariana y el 1,5% en Europa oriental. -
El uso de preservativos en caso de relaciones sexuales con una pareja con la
que no se cohabita es del 13% en Asia sudoriental y del 19% en África
subsahariana. -
Menos del 10% de los países encues-tados, con una transmisión significativa
del VIH entre consumidores de drogas intravenosas, tienen acceso a programas
de reducción del daño. -
En las Américas, dispone de servicios preventivos casi el 30% de los varones
que tienen relaciones sexuales con varones, en comparación con el 6% en África
subsahariana. En Asia sudoriental, el 16% de los 2,2 millones estimados de
profesionales del sexo se benefician de servicios básicos de prevención,
frente a un 32% de los 2,5 millones estimados de profesionales del sexo en África
subsahariana. -
En África subsahariana, casi el 60% de los estudiantes de primaria recibe
educación básica sobre el sida, en comparación con el 13% en la región del
Pacífico occidental. Fuente: Informe sobre los progresos realizados
en la respuesta mundial a la epidemia de VIH/sida, ONUSIDA, 2003. TRATAMIENTOS
PARA POCOS -
Reciben terapia antirretrovírica menos de 1 de cada 10 personas que la
necesitan -
Se estima que en los próximos dos años, en los países de ingresos bajos y
medianos, fallecerán entre cinco y seis millones de personas si no siguen
tratamiento antirretrovírico. Según las estimaciones, en diciembre de 2003 sólo
400.000 personas de esas regiones lo estaban recibiendo. -
En promedio, el 80% de los países que respondieron a una encuesta declararon
que habían implantado una política para asegurar o mejorar el acceso a fármacos
relacionados con el VIH. Sin embargo, en la realidad, se estima que el acceso
al tratamiento antirretrovírico es inferior al 10% en todas las regiones,
excepto en las Américas. -
Diversos países de América del Sur ofrecen cobertura universal de terapia
antirretrovírica, incluidos Argentina, Brasil, Chile, Cuba, México y
Uruguay. Varios otros cubren aproximadamente a los dos tercios de las personas
necesitadas, como Barbados, Colombia, Costa Rica y Paraguay. -
En África subsahariana se estima que 4,3 millones de personas necesitan
asistencia a domicilio a causa del sida, pero sólo un 12% la recibe. En Asia
sudoriental, la cobertura disminuye hasta el 2%. -
En América del Sur y Europa oriental, la mayoría de los pacientes recibe al
menos el conjunto básico de servicios asistenciales recomendados por la OMS y
el ONUSIDA. -
En África y Asia, sólo un tercio de las personas recibe como mínimo esos
servicios esenciales. Fuente: Informe sobre los progresos realizados
en la respuesta mundial a la epidemia de VIH/sida, ONUSIDA, 2003. LA SITUACION EN AMERICA LATINA El Informe Mundial sobre Sida señala que más
que a generalizarse, la epidemia tiende a concentrarse en grupos de población
con un riesgo particular Más
de 1,6 millones de personas (intervalo: 1,2-2,1 millones) viven con VIH en América
Latina. En 2003, unas 84.000 personas (intervalo: 65.000-110.000) fallecieron
a causa del sida, mientras que otras 200.000 (intervalo: 140.000-340.000)
contrajeron la infección. Entre los jóvenes de 15-24 años de edad, el 0,5%
de las mujeres (intervalo: 0,4-0,6%) y el 0,8% de los varones (intervalo:
0,6-0,9%) estaban viviendo con el VIH a finales del mismo año. Además
de estos datos contundentes, el Informe Mundial sobre Sida destaca las
particularidades en América Latina: la infección por el VIH, más que ser
generalizada, tiende a concentrarse preferentemente en grupos de población
con un riesgo particular. En la mayoría de los países de América del Sur,
casi todas las infecciones son causadas por la inyección de drogas
contaminadas o por relaciones sexuales entre varones. Las bajas prevalencias
nacionales ocultan algunas epidemias muy graves. Por ejemplo, en el Brasil -el
país más poblado de la región y que alberga a más de una de cada cuatro de
todas las personas que viven con el VIH-, la prevalencia nacional es muy
inferior al 1%. Pero se han comunicado niveles de infección superiores al 60%
entre consumidores de drogas intravenosas de algunas ciudades. Además, el
panorama varía considerablemente de una parte del país a otra. En Puerto
Rico, más de la mitad de todas las infecciones ocurridas en 2002 se asociaron
al consumo de drogas intravenosas y más de una cuarta parte se transmitió
por vía heterosexual. En
América Central, el consumo de drogas intravenosas desempeña un papel menos
importante y el virus se propaga mayoritariamente por vía sexual. Un estudio
internacional reciente ha indicado que la prevalencia del VIH entre
profesionales femeninas del sexo varía desde menos del 1% en Nicaragua, 2% en
Panamá, 4% en El Salvador, 5% en Guatemala hasta más del 10% en Honduras. Entre
los varones que tienen relaciones sexuales con varones, los niveles de infección
por el VIH parecen ser uniformemente altos y oscilan desde el 9% en Nicaragua
hasta el 18% en El Salvador. Las
relaciones sexuales entre varones también constituyen la vía predominante de
transmisión en diversos países, especialmente Colombia y el Perú. Sin
embargo, las condiciones parecen idóneas para que el virus se propague de
forma más generalizada, dado que un gran número de varones que tienen
relaciones sexuales con varones también las tienen con mujeres. El Perú es
un caso que merece destacarse: en una encuesta entre varones y mujeres jóvenes
(18-29 años), el 9% de los varones indicó que al menos una de sus tres últimas
parejas sexuales había sido un varón y no habían utilizado preservativos en
el 70% de estos contactos. El
Caribe Más
de 430.000 personas (intervalo: 270.000-760.000) están viviendo con el VIH en
el Caribe. En 2003, unas 35.000 personas (intervalo: 23.000-59.000)
fallecieron por sida y 52.000 (intervalo: 26.000-140.000) contrajeron la
infección. Entre los jóvenes de 15-24 años de edad, el 2,9% de las mujeres
(intervalo: 2,4-5,8%) y el 1,2% de los varones (intervalo: 1,0-2,2%) estaban
viviendo con el VIH a finales del mismo año. De
los siete países de la región, tres presentan niveles nacionales de
prevalencia del VIH de como mínimo el 3%: Bahamas, Haití y Trinidad y
Tobago. Barbados tiene una prevalencia del VIH del 1,5% (intervalo: 0,4-5,4%)
y Cuba, muy por debajo del 1%. La epidemia del Caribe es predominantemente
heterosexual y en muchos lugares se concentra en profesionales del sexo. Pero
el virus también se está propagando entre la población general. El país más
afectado es Haití, donde la prevalencia nacional se sitúa en torno al 5,6%
(intervalo: 2,5-11,9%). Sin embargo, la propagación del VIH es desigual: la
vigilancia centinela revela tasas de prevalencia que van desde el 13% en el
noroeste del país hasta el 2-3% en el sur. Haití
comparte la isla La Española con la República Dominicana, que también
presenta una grave epidemia de VIH. Sin embargo, en la República Dominicana
la elevada prevalencia de hace algunos años ha ido disminuyendo gracias a
esfuerzos de prevención eficaces que han alentado a las personas a reducir el
número de parejas sexuales y aumentar el uso de preservativos. Más del 50%
de los varones de 15-29 años utilizan preservativos con parejas con las que
no cohabitan. En la capital, Santo Domingo, la prevalencia entre mujeres
embarazadas descendió desde aproximadamente el 3% en 1995 hasta menos del 1%
a finales de 2003. Pero todavía siguen comunicándose niveles elevados en
otras partes, que oscilan entre menos del 1% a casi el 5%. En 2000, la
prevalencia del VIH en profesionales femeninas del sexo variaba desde el 4,5%
en el centro turístico de La Romana, en la provincia oriental, hasta el 12,4%
en la provincia sureña de Bani. Nota: la selección de textos, títulos, subtítulos y
recuadros son autoría de este Boletín. PAISES
RICOS Aunque la mayor preocupación está centrada en los países
pobres, sobre todo en algunos de África, se estima que 1,6 millones de
personas están viviendo con el VIH en los países de ingresos elevados. En
2003, aproximadamente 64.000 personas contrajeron la infección y 22.000
fallecieron a causa del sida en el mundo desarrollado. Esta diferencia en las
cifras se justifica porque a diferencia de otras partes, la gran mayoría de
las personas que necesitan tratamiento antirretrovírico tienen acceso a él.
Esto significa que sobreviven y se mantienen saludables durante más tiempo
que las personas infectadas de otros lugares. En los Estados Unidos, aproximadamente la mitad de las
nuevas infecciones comunicadas en los últimos años ha correspondido a
afroamericanos. Este grupo representa el 12% de la población, pero su
prevalencia del VIH es once veces mayor que la de la población blanca. En muchos países ricos, las relaciones sexuales entre
varones desempeñan un papel importante en la epidemia. En los últimos años,
la transmisión heterosexual en el mundo industrializado ha aumentado de forma
espectacular. El consumo de drogas intravenosas tiene un papel variable en la propagación del VIH, en los países de ingresos elevados. En 2002, representó más del 10% de todas las infecciones comunicadas por el VIH en Europa occidental (en Portugal fue responsable de más del 50% de los casos). En el Canadá y los Estados Unidos, aproximadamente el 25% de las infecciones por el VIH se atribuye al consumo de drogas intraveno-sas. Las infecciones transmitidas por equipos de inyección contaminados son particularmente frecuentes entre las poblaciones indígenas, que son a menudo los habitantes más pobres y más marginados del mundo industrializado. |