BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 9 Nº 83 Noviembre de 2002 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

La violencia, un problema de salud pública

El problema global de la violencia

Tipos de violencia

¿Qué hacer para prevenir la violencia?


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LA VIOLENCIA, UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICA 

En 1996, en la 51ª Asamblea de Salud Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció la violencia como un problema de salud pública. Las muertes por causas externas de tipo intencional (crímenes, peleas, violencia familiar, robos, suicidios, atentados, secuestros, guerras) contribuyen cada vez más a la mortalidad general y a los años de vida perdidos. En América Latina, y en especial en la Argentina, los servicios tanto de urgencia como de atención especializada en rehabilitación física, psicológica y de asistencia social experimentan a diario una creciente demanda originada en hechos violentos. La violencia es un fenómeno que no debe vincularse sólo a problemas de índole individual; la situación social es un factor que, en muchos casos, determina las conductas violentas.

La violencia debe ser tratada como un problema de salud pública no sólo porque produce lesiones, discapacidad y muerte, sino también porque influye en el deterioro del entramado de las relaciones sociales de solidaridad y cooperación que se suele denominar “capital social”. La OMS señala que estudios recientes demuestran que no son necesariamente las sociedades más ricas las que tienen mejores niveles de salud, sino las más igualitarias, es decir, aquellas que poseen alta cohesión social y una fuerte vida comunitaria. La violencia, sin duda, altera el estado completo de bienestar físico, mental y social de los afectados, y es productora de enfermedad. Es un mal cotidiano capaz de convertir en víctima no sólo a los ciudadanos más vulnerables sino también a quienes detentan cierto grado de poder.

El 3 de octubre último, la OMS presentó el primer Informe Mundial sobre Violencia y Salud que describe la magnitud y los efectos del problema en el mundo, así como sus factores de riesgo; reseña los tipos de intervenciones y de respuestas, y su grado de eficacia; y formula nueve recomendaciones. También examina una amplia gama de aspectos, como el maltrato infantil y la negligencia de quienes deben cuidar a los niños, la violencia juvenil, la violencia contra la pareja, la violencia sexual, el maltrato de ancianos, el suicidio y la violencia colectiva.

La violencia provoca más de un 1.600.000 muertes en el mundo y se sabe que por cada una de ellas muchas personas sufren heridas y problemas de salud psíquicos, sexuales, reproductivos y mentales, y tiene además una gran variedad de consecuencias para la salud en general: depresión, alcoholismo, dependencia de sustancias psicoactivas, tabaquismo, desórdenes alimentarios y del sueño, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

La violencia, sin embargo, es prevenible: no es una cuestión social intratable o una condición inevitable de la humanidad. Resulta de la interacción de múltiples factores, interpersonales, individuales, comunitarios y sociales. Algunos, vinculados a historias individuales de comportamiento agresivo, disciplina rígida y punitiva, escasa supervisión durante la infancia, asociación con delincuentes, experiencias violentas, tráfico de drogas, acceso a armas de fuego, inequidades económicas y de género, y normas sociales que buscan en la violencia una solución a los conflictos.

En esta edición del Boletín de Temas de Salud presentamos un análisis y una síntesis del trabajo de la OMS que, entre otros importantes conceptos, señala que la violencia es un tema sensible que implica problemas morales, ideológicos y culturales, y con frecuencia existe resistencia desde el Estado para abrir la discusión. En este sentido, el objetivo de este informe es desafiar secretos, tabúes y sentimientos que rodean a las conductas violentas, cuyo debate podría contribuir a mejorar la comprensión de este complejo fenómeno.

 

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EL PROBLEMA GLOBAL DE LA VIOLENCIA 

La violencia es un grave problema de salud pública a nivel mundial. Cada año, millones de personas mueren, y un número aún mayor de gente sobrevive con discapacidades permanentes a causa de actos violentos. El Informe Mundial sobre Violencia y Salud de la OMS analiza su impacto en el sistema sanitario, político y social

Definir la violencia

Una de las razones por las que la violencia ha sido largamente ignorada por los temas de salud pública es la ausencia de una definición clara del problema: la violencia es un fenómeno difuso y complejo. La variedad de códigos morales en el mundo hacen de esta cuestión una de las más cambiantes y sensibles de discusión. Es necesario un esfuerzo para alcanzar consenso y un estándar universal de conductas. Hay varios caminos para definir la violencia, depende de quién y con qué propósito lo haga. El desafío es hallar una definición que incluya una serie de actos perpetrados y la experiencia subjetiva de las víctimas, sin llegar a ser un concepto tan amplio que pierda sentido, o que describa las naturales vicisitudes de la vida diaria en términos de patología.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la violencia como “El uso intencional de la fuerza o el poder físico, o la amenaza de usarlo, contra uno mismo, otra persona, grupo o comunidad, tanto que resulte o tenga una alta probabilidad de resultar en lesión, muerte, daño psicológico, mal desarrollo o privación”.  La definición abarca la violencia interpersonal, además de las conductas suicidas y los conflictos armados. Cubre una gran serie de actos que va más allá de los conductas psicológicas, incluye las amenazas y la intimidación, con consecuencias menos obvias pero que comprometen el bie-nestar individual, familiar y comunitario.

La violencia es un grave problema de salud pública a nivel mundial. Cada año, millones de personas mueren como resultado de lesiones debidas a actos violentos y  un número aún mayor de individuos logra sobrevivir pero padeciendo discapacidades permanentes. A nivel mundial, la violencia es una de las principales causas de muerte en personas entre los 15 y 44 años de edad, comprendiendo el 14% del total de muertes en hombres y el 7% del total de defunciones en mujeres.

Tipos de violencia

La complejidad y variedad de los actos violentos generan sentimientos de impotencia y apatía. Existen algunas tipologías, pero ninguna es universalmente aceptada. El criterio utilizado en este informe la divide en categorías amplias, de acuerdo a quién comete el acto violento: violencia dirigida contra uno mismo, interpersonal y colectiva (ver Tipos de violencia, pág. 5 ).

El impacto de la violencia. Vidas perdidas y salud dañada

En 2000, un estimado de 1.600.00 personas perdieron sus vidas por la violencia en todo el mundo, un índice cercano a 28,8 por 100.000 (ver Tabla Estimación global... en pág. 5). Alrededor de la mitad de esas muertes fueron suicidios, cerca de un tercio homicidios, y un quinto fueron ocasionadas por conflictos armados.

Una de cada dos muertes violentas ocurridas en el mundo durante el año 2000 se debió a lesiones que la víctima se infligió a sí misma. Del total de muertes violentas, 815.000  fueron suicidios (14,5 por cada 100.000), lo que lleva a los autores del Informe a observar que una persona pone fin a su vida cada 40 segundos.

El crimen fue la segunda causa de muerte violenta con más de 500.000 casos (199.000 de las cuales eran víctimas de entre 10 y 29 años), seguida de los conflictos bélicos, que mataron a 300.000 personas en 2000.

Por supuesto, no todos están en igual riesgo de violencia, y una mirada cercana sobre el problema revela quiénes fueron las principales víctimas y dónde vivían. Los hombres constituyeron los tres cuartos de todas las víctimas de homicidio (triplican en número a las mujeres). Los mayores índices de homicidio se registraron entre hombres de 15 a 29 años. Las tasas de homicidio entre hombres tienden a declinar con la edad; sin embargo, para las mujeres el índice es alrededor de 4 por 100.000 en todos los grupos etáreos, con la excepción del grupo de entre 5 y 14 años, donde es cercano al 2 por 100.000. Por el contrario, las tasas de suicidio tienden a incre-mentarse con la edad para ambos sexos.

Los índices de muerte violenta también varían de acuerdo al nivel de ingresos del país: en los países de ingresos bajos a medio son más del doble (32,1 por 100.000), en comparación con los países de ingresos altos (14,4 por 100.000).

Estos índices globales ocultan amplias variaciones. Por ejemplo, hay grandes diferencias en índices entre las regiones de la OMS (ver gráfico Homicidios y suicidios...). En la región africana y en la región de las Américas, los índices de homicidios son casi tres veces más altos que los índices de suicidios. Sin embargo, en las regiones del sudeste de Asia y Europa, los índices de suicidio son más del doble que los de homicidio, y en la región del Pacífico Oeste, los índices de suicidio son casi seis veces más altos que los de homicidio.

En general, el número de suicidios tiende a aumentar con la edad, aunque las tasas absolutas más altas se encuentran en personas menores de 45 años; además, las mujeres se plantean con más frecuencia suicidio, pero los hombres acaban haciéndolo más a menudo (3 suicidios masculinos por cada uno femenino). Sólo el 10% de las personas que intentan suicidarse acaba consiguiéndolo.

Estos datos globales también ocultan amplias variaciones dentro de los mismos países: entre población urbana y rural, entre comunidades ricas y pobres, y entre diferentes grupos raciales y étnicos.

Las cifras por muerte violenta, sin embargo, cuentan sólo parte de la historia. El abuso físico, sexual y psicológico ocurre a diario en todos los países, socavando la salud y el bienestar de muchos millones de personas, y sumando los vastos costos que representa cada año en cuidados de la salud, gastos legales, ausentismo del trabajo y pérdida de productividad. Además, los efectos de la violencia sobre la salud pueden durar muchos años después del abuso inicial, e incluir discapacidad permanente como lesión en la espina dorsal, daño cerebral o pérdida de miembros.

Aparte de la agresión física directa, las víctimas de violencia están en riesgo a gran escala de problemas psicológicos y de conducta, incluyendo depresión, abuso de alcohol, ansiedad y conducta suicida, como así también problemas de salud reproductiva como un embarazo no deseado, enfermedades de transmisión sexual, y disfunciones sexuales.

Es importante notar, sin embargo, que raramente hay una simple relación causa-efecto entre el acto violento y su impacto, particularmente donde hubo abuso psicológico. La gente responde a la adversidad en formas sumamente individuales. La edad y el temperamento de la persona, y si él o ella tienen o no apoyo emocional, influirán en los efectos de los hechos violentos. La gente que es activa en la respuesta tiende a ser más resiliente que aquellos que permanecen pasivos.

Calcular los costos de la violencia

Además de lo que representa a nivel de miseria humana, la violencia pone una carga masiva sobre las economías nacionales. Por ejemplo, los estudios auspiciados por el Banco Interamericano de Desarrollo entre 1996 y 1997 sobre el impacto económico de la violencia en seis países latinoamericanos, calculó que el desembolso, sólo en servicios de salud, ascendió al 1,9% del producto bruto interno en Brasil, al 5% en Colombia, al 4,3% en El Salvador, al 1,3% en México, al 1,5% en Perú y al 0,3% en Venezuela.

Un estudio en los Estados Unidos calculó en 126 billones de dólares el costo anual de tratamiento por heridas de disparos. Los cortes y las heridas de puñal costaron un adicional de 51 billones de dólares. La evidencia muestra que, como regla general, las víctimas de violencia doméstica o sexual tienen más problemas de salud, significativamente mayores costos en el cuidado de la salud, y visitas más frecuentes a los departamentos de emergencia de los hospitales a lo largo de su vida, que aquellos sin una historia de abuso. Lo mismo se da en las víctimas de abuso y abandono infantil.

Los costos indirectos pueden incluir, por ejemplo: la provisión de un refugio o lugar seguro y cuidado a largo plazo; la pérdida de productividad como resultado de una muerte prematura, lesión, ausentismo, discapacidad a largo plazo y pérdidas potenciales; la disminución de la calidad de vida y de la capacidad para cuidarse a sí mismos y a otros; el daño a la propiedad e infraestructura pública que conduce a la interrupción de servicios sanitarios, transporte y distribución de comida; la interrupción de la vida cotidiana como resultado de los cuidados para la seguridad personal; la pérdida de incentivos para las inversiones y el turismo, lo que dificulta el desarrollo económico.

Las raíces de la violencia, un modelo ecológico

No hay sólo un factor para explicar por qué una persona y no otra actúa de manera violenta, ni por qué una comunidad se hace trizas por la violencia mientras otra comunidad vecina vive en paz. La violencia es un fenómeno extremadamente complejo que tiene sus raíces en la interacción de muchos factores: biológicos, sociales, culturales, económicos y políticos.

El Informe Mundial sobre Violencia y  Salud usa un modelo ecológico para tratar de entender la naturaleza multifa-cética del problema. Su fortaleza reside en que ayuda a distinguir entre las diferentes influencias sobre la violencia, al mismo tiempo que provee una estructura de trabajo para entender cómo interactúan. El modelo examina los factores que influyen en las conductas violentas -o aquellos que incrementan el riesgo de cometer violencia o ser víctima de ella-, dividiéndolos en cuatro niveles:

· El primer nivel identifica los factores históricos biológicos y personales, que influyen en las conductas individuales e incrementan las posibilidades de convertirse en víctima o perpetrador de violencia.

· El segundo nivel analiza las relaciones íntimas y explora cómo esas relaciones incrementan el riesgo de ser una víctima o perpetrador de violencia.

· El tercer nivel considera los contextos comunitarios: escuela, lugares de trabajo, vecindarios. Busca identificar las características de esos escenarios que incrementan el riesgo de violencia. Pueden ser influidos por diversos factores: movilidad residencial, densidad de población, altos niveles de desempleo o existencia de comercio de drogas.

· El cuarto nivel busca en los extensos factores sociales que ayudan a crear un clima en el cual la violencia sea fomentada o inhibida. Esto incluye la disponibilidad de armas y normas sociales y culturales.

En cada nivel, los factores son fortalecidos o modificados por los factores de otro. Además de ayudar a clarificar las causas de la violencia y sus complejas interacciones, el modelo ecológico también sugiere que para prevenir la violencia es necesario actuar a través de varios niveles diferentes al mismo tiempo.

Del análisis a la acción

Las intervenciones en salud pública son tradicionalmente caracterizadas en términos de los tres niveles de prevención:

· Prevención primaria: enfoques que se centran en prevenir la violencia antes de que ocurra.

· Prevención secundaria: enfoques sobre las respuestas inmediatas a la violencia, como el cuidado hospitalario, los servicios de emergencia o tratamientos para las enfermedades de transmisión sexual después de una violación.

· Prevención terciaria: enfoques sobre el cuidado de las consecuencias de la violencia a largo plazo, la rehabilitación y reintegración, o el intento de disminuir o reducir la incapacidad a largo plazo asociada con la violencia.

Las investigaciones se han orientado crecientemente hacia una definición de prevención de la violencia en las siguientes intervenciones:

- Intervención universal: enfoque centrado en grupos o en la población en general, sin considerar los riesgos individuales.

- Intervención seleccionada: orientada a los considerados riesgos aumentados de violencia.

-  Intervención indicada: dirigida a aquellos que han demostrado conducta violenta.

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TIPOS DE VIOLENCIA 

Hay muchas clases de violencia, que se dan en una gran variedad de contextos. Considerar la magnitud y la dinámica de la violencia interpersonal, la dirigida contra uno mismo y la colectiva, y discutir sus conexiones es clave para proporcionar las bases de las acciones preventivas

Violencia interpersonal

En el año 2000, un estimado de 520.000 personas fueron asesinadas en actos de violencia interpersonal en todo el mundo (8,8 por cada 100.000). Pero las estadísticas oficiales de homicidio  no cuentan toda la historia. Muchas muertes son ocultadas como accidentes o atribuidas a causas naturales o desconocidas.

Por cada persona que es asesinada por violencia, muchas más sufren daños físicos o psíquicos; a menudo, la información oficial acerca de casos no fatales es incompleta, particularmente para casos de violencia interpersonal que traen aparejado un estigma social. Por ejemplo, tanto en los países en vías de desarrollo como en los industrializados, es más probable que las mujeres que han sido abusadas por su pareja lo cuenten a sus amigos y familiares que a la policía.

Los patrones de violencia interpersonal difieren marcadamente a través del mundo. Mientras el abuso de niños o ancianos o la violencia entre parejas son problemas comunes en todos los países, los índices de violencia juvenil son excepcionalmente altos en África y Latinoamérica comparados con otras regiones. Ciertas formas de violencia sexual, como el tráfico o casamiento de niños, son más evidentes en África y en el sur de Asia que en otros lugares.

Los jóvenes y la violencia

La violencia juvenil (que abarca personas entre los 10 y 29 años) incluye actos agresivos que van desde intimidación y pelea física, hasta las más serias formas de asalto y homicidio. En muchos países, las mujeres jóvenes son las principales perpetradoras y víctimas de homicidios. En el año 2000, la violencia dejó 199.000 jóvenes muertos; el mayor índice se registró en África y Latinoamérica, y el más bajo en el Oeste de Europa y partes de Asia y el Pacífico. Con la notable excepción de los Estados Unidos, la mayoría de los países con índice de homicidio juvenil por encima de 10 por 100.000 están en vías de desarrollo o se encuentran en medio de una confusión por cambios sociales y económicos. Por cada joven asesinado por la violencia, un estimado de 20 a 40 recibe lesiones que requieren tratamiento hospitalario.

Entre los jóvenes con conductas violentas e involucrados en delincuencia, la presencia de alcohol, drogas y armas aumenta la probabilidad de lesiones o muertes asociadas con la violencia. Los indicadores de violencia juvenil aumentan en tiempos de conflicto armado y represión, y cuando toda la sociedad está atrapada en un cambio político y social. Los indicadores de violencia juvenil también son altos en países donde las políticas de protección social son débiles, la desigualdad en ingresos es grande, y donde prevalece la cultura de violencia.

Violencia contra la pareja

La violencia contra la pareja ocurre en todos los países, culturas y niveles  sociales sin excepción, aunque algunas poblaciones (por ejemplo, los grupos de bajos ingresos) están en mayor riesgo.

Además de actos de agresión física como pegar o patear, la violencia por parte de parejas incluye coito forzado y otras formas de coerción sexual, abuso psicológico,  intimidación o humillación, y conductas controladoras como aislar a la persona de su familia o amigos, o restringir el acceso a la información y asistencia.

Aunque las mujeres pueden ser violentas hacia sus parejas masculinas y la violencia ocurre también entre parejas del mismo sexo, la mayor carga en las parejas es sufrida por las mujeres en manos de los hombres.

En una encuesta basada en 48 poblaciones alrededor del mundo, del 10% al 69% de las mujeres reportaron ser físicamente atacadas por su pareja masculina en algún momento de sus vidas.

Niños abusados abandonados por sus padres y otros cuidadores

Los niños son abusados y abandonados por sus padres y otros cuidadores en todas partes del mundo. Como con la violencia contra la pareja, los abusos en niños incluyen abuso físico, sexual y psicológico, así como abandono.

Aunque la información confiable es extremadamente escasa, se estima que hubo 57.000 homicidios de niños por debajo de los 15 años de edad en todo el mundo en 2000.

Niños muy jóvenes están en gran riesgo: los indicadores de homicidios entre niños de 0 a 4 años son más del doble que entre niños de 5 a 14 años (5,2 por 100.000 comparados con 2,1 por 100.000). La causa de muerte más común es la lesión cerebral, seguida por la abdominal y la asfixia intencional.

Es igualmente escasa la información confiable sobre abuso no fatal de niños, pero estudios realizados en varios países sugieren que los niños por debajo de los 15 años frecuentemente son víctimas de abuso o abandono y requieren cuidado médico e intervención de servicios sociales. El número de niños que sufren abuso sexual en todo el mundo es desconocido, pero las investigaciones sugieren que cerca del 20% de mujeres y entre el 5% y 10% de varones han sufrido abuso sexual siendo niños.

Entre los factores individuales, la edad y el sexo juegan un importante papel en la victimización. Generalmente los niños más jóvenes están en mayor riesgo de abuso físico, en tanto que los mayores índices de abuso sexual se dan entre quienes han alcanzado la pubertad o la adolescencia. Muchos estudios también sugieren que el abuso de niños está relacionado con la pobreza y con la escasez de “capital social”.

Abuso de ancianos

El abuso de ancianos por sus familiares u otros cuidadores está siendo reconocido cada vez más como un serio problema social. Es también un problema que puede continuar creciendo, como lo indica la experiencia en muchos países, debido al envejecimiento rápido de la población. Entre 1995 y 2025, por ejemplo, se espera que el número de gente por encima de los 60 años en todo el mundo se duplique, es decir, que llegue aproximadamente a 1,2 billones. Las encuestas, basadas en poca población, sugieren que entre el 4% y el 6% de los ancianos experimenta alguna forma de abuso en el hogar, y que el maltrato en instituciones puede ser mayor de lo que generalmente se cree.

Violencia sexual

La mayoría de los actos de violencia sexual son experimentados predominantemente por mujeres y niñas, y llevados a cabo por hombres y niños. No obstante, la violación de hombres y niños es un problema identificado, y la coerción sexual en jóvenes por parte de mujeres mayores también ha sido reportada. Información confiable sugiere que en algunos países, cerca de una de cada cuatro mujeres informa violencia sexual de parte de su pareja, y más del tercio de las niñas adolescentes informan iniciación sexual forzada.

Datos confiables también sugieren que cientos de miles de mujeres y niñas en todo el mundo son compradas y vendidas cada año para la prostitución o esclavitud sexual, o son objeto de violencia sexual en las escuelas, lugares de trabajo y refugios.

La mortalidad asociada con la violencia sexual puede darse a través del suicidio, infección por VIH, y muerte, incluso durante el ataque o subsecuentemente en el “asesinato por honor”.

La dinámica de la violencia interpersonal

Las diferentes formas de violencia interpersonal comparten muchos factores de riesgo subyacentes. Algunos presentan características psicológicas como un pobre control conductual, baja autoestima, y desórdenes de personalidad y conducta. Otros son recogidos de la experiencia:  falta de vínculos emocionales y apoyo, exposición temprana a la violencia en el hogar (si fueron testigos o experimentaron violencia familiar), e historias familiares o personales marcadas por divorcio o separación. El abuso de drogas y alcohol está frecuentemente asociado con la violencia interpersonal. La pobreza, la disparidad de ingresos y la desigualdad de géneros se destacan como factores comunitarios y sociales importantes.

Los diferentes tipos de violencia también están relacionados en distintos sentidos. Por ejemplo, la experiencia de ser rechazado, abandonado y sufrir duros castigos físicos en manos de sus padres dejan a los niños en gran riesgo de tomar conductas agresivas y antisociales.

Las armas usadas difieren de un tipo de violencia a otra. Por ejemplo, en las diferentes formas de violencia familiar, así como en relación de pareja y violencia sexual,  son usados con más frecuencia puños, pies y distintos objetos; en contraste, en  los casos de violencia juvenil, es más probable el uso de armas letales (armas de fuego o cuchillos).

Violencia autodirigida

En muchos lugares del mundo el suicido es estigmatizado –condenado por razones religiosas y culturales-, y en algunos países es una ofensa criminal penada por ley. El suicidio es además un acto reservado, rodeado por tabú y puede no ser reconocido, ser descalificado o ser deliberadamente ocultado por los registros de muerte oficiales.

Un estimado de 815.000 personas en todo el mundo se mataron en 2000 -aproximadamente una persona cada 40 segundos- haciendo del suicidio la 13ª causa de muerte en el mundo. Los mayores índices se registran los países de Europa del Este, y los más bajos en Latinoamérica y algunos países de Asia.

En general, los índices de suicidio aumentan con la edad.

En promedio, en todo el mundo hay tres suicidios masculinos por cada femenino. Otra vez, hay una variación considerable entre países, poblaciones urbanas y rurales, y diferentes grupos raciales o étnicos. Por ejemplo, los índices de suicidio son a menudo mayores entre indígenas que entre el resto de la población.

En promedio, está estimado que hay dos o tres intentos por cada suicidio concretado entre gente por encima de los 65 años, mientras que por debajo de los 25 años, la proporción entre suicidios no fatales y fatales puede alcanzar 100-200:1. Cerca del 10% de quienes intentan suicidarse eventualmente logran hacerlo. Una gran proporción de gente tiene constantes pensamientos suicidas, pero nunca intenta matarse. En promedio, las mujeres tienen más pensamientos suicidas que los hombres.

Violencia colectiva

La violencia colectiva, en sus múltiples formas, recibe un alto grado de atención pública. Los conflictos violentos entre naciones o grupos, Estado y grupo terrorista, la violación como arma de guerra, el movimiento de gran número de gente desplazada de sus hogares, y grupos de guerra ocurre a diario en muchas partes del mundo. Los efectos de estos tipos de hechos sobre la salud en términos de muerte, enfermedades físicas, incapacidades y angustia mental son vastos.

El mundo todavía está aprendiendo cuál es la mejor respuesta a las variadas formas de violencia colectiva, pero ahora está claro que la salud pública tiene un importante papel que jugar. La Asamblea Mundial de Salud declaró en 1981, que el rol de los trabajadores de la salud en la promoción y preservación de la paz es un factor importante para alcanzar la salud para todos.

El siglo XX fue uno de los períodos más violentos de la historia de la humanidad. Un estimado de 191.000.000 de personas perdió sus vidas directa o indirectamente como resultado de conflictos, y más de la mitad de ellos eran civiles.

Muchos millones de personas han muerto durante conflictos, aunque nunca se llegará a conocer con exactitud cuántos. Los registros de muertes y lesiones son pobres en muchas partes del mundo, y la recolección de datos a menudo se interrumpe en tiempos de conflicto. Más allá de eso, hay muchas razones para que las partes en conflicto traten de ocultar o manipular las evidencias de muerte y destrucción que han causado.

Consecuencias de la violencia colectiva

Además de las amenazas de muerte directas y lesiones ocasionados, los conflictos incrementan en muchas formas indirectas los índices de mortalidad y morbilidad entre civiles. Por ejemplo,  destruyen la infraestructura e interrumpen servicios vitales de cuidados médicos y salud pública e inmunización, in-crementando el riesgo de enfermedades infecciosas. Como regla general, los índices de mortalidad infantil aumentan en tiempos de conflicto.

La violencia y la crueldad de los conflictos están asociadas con los problemas psicológicos y de conducta (depresión,  ansiedad, conductas suicidas, abuso de alcohol y estrés postraumático).

Además, los traumas psicológicos pueden derivar en conductas antisociales, como las que se dan en familias conflictivas, o en agresión hacia otros. Esta situación es a menudo exacerbada por la disponibilidad de armas y por personas que se vuelven adictas a la violencia, aun mucho tiempo después de estar expuestos al conflicto. Pero el impacto de los conflictos sobre la salud mental es extremadamente complejo e impredecible.

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¿QUE HACER PARA PREVENIR LA VIOLENCIA? 

La violencia es un problema multifacético y debe ser tratado en diferentes niveles. Como problema evitable y prevenible, deben priorizarse los programas de prevención primaria

La violencia es sin duda un problema multifacético, con raíces biológicas, psicológicas, sociales y ambientales. No hay una solución simple ni sencilla,  más bien la violencia debe ser tratada en múltiples niveles. Basados en la perspectiva propuesta por el modelo ecológico, los programas y políticas de prevención de la violencia pueden ser clasificados de la siguiente forma: individuales, relacionales, de comunidades y de toda la sociedad. Es más probable que la prevención de la violencia sea exitosa si es exhaustiva y está científicamente basada. En general, las intervenciones realizadas en la niñez sostenidas por más tiempo tienen más probabilidades de ser efectivas que los programas de corto término.

Recomendaciones de la OMS para la acción

1. Crear, implementar y monitorear un plan nacional de acción para la prevención de la violencia.

2. Aumentar de la capacidad de recolección de datos sobre violencia.

3. Definir prioridades, apoyo para la investigación de las causas, consecuencias, costos y prevención de la violencia.

4. Promover respuestas de prevención primaria.

5. Intensificar las respuestas para las víctimas de violencia.

6. Integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y educativas, y de ese modo promover la igualdad social y de género.

7. Incrementar la colaboración y el intercambio de información sobre la prevención de la violencia.

8. Promover y monitorear la adhesión a tratados internacionales, leyes y otros mecanismos para proteger los derechos humanos.

9. Buscar respuestas prácticas y acordadas internacionalmente para el comercio global de drogas y armas.

A modo de conclusión

La violencia es a menudo previsible y prevenible. Como el Reporte Mundial sobre Violencia y Salud ha mostrado, ciertos factores parecen ser fuertemente predictivos. Identificando y midiendo estos factores se puede proporcionar una oportuna advertencia a los que deciden qué acción se requiere. Hay una tendencia de las autoridades en todo el mundo de actuar sólo después de que la violencia ha ocurrido. Pero invirtiendo en prevención -especialmente primaria- puede ser más costo-efectivo y tener beneficios grandes y duraderos.

Entender el contexto de violencia es vital en el diseño de las intervenciones. Todas las sociedades experimentan violencia, pero este contexto -las circunstancias en las cuales ocurre, su naturaleza y las actitudes de la sociedad hacia ella- varía mucho de uno a otro escenario. El contexto de violencia debe ser entendido, en función de adaptar la intervención a la población objetivo.

Las diferentes clases de violencia están relacionadas en muchos sentidos y a menudo comparten factores de riesgo comunes. Desgraciadamente, las actividades de investigación y prevención para varias clases de violencia han sido desarrolladas en aislamiento respecto de otras. Si esta fragmentación puede ser vencida, es probable aumenten el alcance y la efectividad de las intervenciones.

Los recursos deben ser centrados en los grupos más vulnerables. La violencia, como cualquier problema de salud, no es neutral. Mientras todas las clases sociales experimenten violencia, la investigación consistente muestra que la gente con más bajo estatus socioe-conómico es la de mayor riesgo.

El compromiso político de enfrentar la violencia es vital para el esfuerzo de la salud pública. Si bien se puede conseguir mucho a través de las organizaciones de base, individuos e instituciones, el éxito de los esfuerzos de la salud pública dependen en último término del compromiso político. Esto es vital, tanto en el ámbito nacional –donde son tomadas las decisiones políticas, legislativas y sobre todo las económicas-, como en el nivel provincial, de distrito o municipal, donde descansa la responsabilidad de la administración de las políticas y programas día a día.

A menudo son necesarios sostenidos esfuerzos por parte de muchos sectores de la sociedad para conseguir el compromiso político de enfrentar la violencia.

Edición y traducción del Informe Mundial sobre Violencia y Salud (OMS)

Lic. Daniela Visillac y Lic. Silvina Guerrero.

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