BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 13 Nº 122 Octubre de 2006
Coordinadores: Comité Editorial


INDICE

Salud de los pueblos indígenas de América

Condiciones de vida y salud de los pueblos indígenas

Salud sexual en los indígenas de América

Salud pública intercultural

La situación argentina


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


SALUD DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE AMÉRICA

En gran medida, la diversidad cultural en la Región de las Américas se encuentra determinada por la presencia de aproximadamente cuarenta y dos millones de indígenas que pertenecen a más de cuatrocientos grupos étnicos diferentes distribuidos en veinticuatro países (Organización Panamericana de la Salud, OPS, 2002). En comparación con las comunidades no indígenas, la mayor parte de estos grupos poblacionales están expuestos a los niveles de analfabetismo, pobreza y desempleo más altos y  a la falta de acceso a los servicios básicos de salud.

La OPS ha apoyado diversas intervenciones con respecto a la salud de los pueblos indígenas y en ese marco, lanzó la Iniciativa de salud de los pueblos indígenas. A pesar de algunos avances, el logro de la equidad en torno a la salud todavía se encuentra pendiente para la mayoría de los pueblos indígenas de las Américas. Por lo tanto, resulta de suma importancia contar con una estrategia para promover y proteger la salud de estos grupos.

Como parte de esa iniciativa, la OPS propone cuatro objetivos básicos: a) Velar por la incorporación de la perspectiva indígena en los objetivos de desarrollo del milenio y en las políticas sanitarias nacionales; b) Mejorar la información y la gestión del conocimiento en torno a los temas de salud de los pueblos indígenas a fin de fortalecer la adopción de decisiones basadas en datos probatorios y las capacidades de seguimiento nacional y regional; c) Integrar un criterio intercultural en los sistemas nacionales de salud de la Región como parte de la estrategia de atención primaria de la salud; d) Forjar alianzas estratégicas con los pueblos indígenas y otros interesados directos clave, a fin de promover un avance mayor en pos de la salud de los pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas se ven afectados por serias y persistentes inequidades en sus condiciones de vida, estado de salud y cobertura de los servicios. El perfil de enfermedades que presentan estos pueblos muestra muchos de los problemas que agobian a los grupos socioeconómicos más desfavorecidos y sus consecuencias se ven agravadas por la pobreza, marginación, aculturación, analfabetismo, desempleo, carencia de tierra y territorio. Estos problemas se potencian entre sí y están presentes en la mayoría de los pueblos indígenas.

Las comunidades indígenas albergan en toda su magnitud, a lo que se conoce con el nombre de acumulación epidemiológica, en la cual persisten y se reagudizan los problemas de salud relacionados con las carencias de la población en lo que a necesidades básicas se refiere, siendo este principalmente el caso de las enfermedades transmisibles y de la pobreza y a la vez se evidencia un ascenso progresivo de la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas y degenerativas (especialmente las cardiovasculares y el cáncer) y se suman los problemas de salud colectiva relacionados con la urbanización, la industrialización y la expansión del efecto de la sociedad de consumo. En este caso, se hace referencia a la violencia (suicidios, homicidios y accidentes), el alcoholismo, la fármaco dependencia y la contaminación, el deterioro y la destrucción del ambiente, la exposición a diversos residuos tóxicos en los ambientes ocupacionales y sobre la población en general. La baja utilización de los servicios de salud por parte de la población indígena es una realidad que todavía no ha sido transcrita en datos numéricos en todos los países de América Latina.

En esta edición del Boletín de Temas de Salud, se presenta un síntesis de las propuestas de la OPS, así como un análisis del enfoque intercultural de la salud pública para los pueblos indígenas y un panorama de la situación Argentina, signada en principio, por la ausencia de estadisticas e información sanitaria.

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CONDICIONES DE VIDA Y SALUD DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Existen serias y persistentes inequidades en las condiciones de vida, estado de salud y acceso a los servicios sanitarios para las poblaciones aborígenes, que por otro lado sufren de acumulación epidemiológica y viven en situación de pobreza

 

Los pueblos indígenas representan cuarenta y dos millones de personas, de las cuales el 80% vive en Centroamérica y los Andes centrales. Representan el 6% de la población total de las Américas y el 10% de la población total de América Latina y el Caribe. La mayoría vive en México (12 millones), Guatemala (5,3 millones), Perú (9,3 millones), Bolivia (4,9 millones) y Ecuador (4,1 millones). En estos, y otros países, la concentración alta de personas indígenas indica que su salud debe ser una prioridad nacional,sin embargo sus poblaciones tienen generalmente las tasas más altas de mortalidad y morbilidad y el mínimo acceso a los servicios de salud.

 

ACUMULACIÓN EPIDEMIOLÓGICA

Los pueblos indígenas se ven afectados por serias y persistentes inequidades en sus condiciones de vida, estado de salud y cobertura de los servicios. El perfil de enfermedades que presentan estos pueblos muestra muchas de los problemas que agobian a los grupos socioeconómicos más desfavorecidos y sus consecuencias se ven agravadas por la pobreza, marginación, aculturación, analfabetismo, desempleo, carencia de tierra y territorio. Estos problemas se potencian entre sí y están presentes en la mayoría de los pueblos indígenas.

Las comunidades indígenas albergan, en toda su magnitud, a lo que se conoce con el nombre de acumulación epidemiológica, en la cual persisten y se rea-gudizan los problemas de salud relacionados con las carencias de la población en lo que a necesidades básicas se refiere, siendo éste principalmente el caso de las enfermedades transmisibles y de la pobreza y a la vez se evidencia un ascenso progresivo de la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas y degenerativas (especialmente las cardiovasculares y el cáncer). Se suman, además,  los problemas de salud colectiva relacionados con la urbanización, la industrialización y la expansión del efecto de la sociedad de consumo. En este caso se hace referencia a la violencia (suicidios, homicidios y accidentes), el alcoholismo, la fármaco dependencia y la contaminación, el deterioro y la destrucción del ambiente, la exposición a diversos residuos tóxicos en los ambientes ocupacionales y sobre la población en general.

Además, hay que remarcar que la mayoría de las comunidades indígenas carecen de acceso al agua limpia, los sistemas de alcantarillado adecuados, electricidad y caminos pavimentados.

La falta de agua potable eleva la incidencia de diarrea y problemas intestinales. Por su parte, la falta de servicios de gas potencia las infecciones respiratorias por cocinar con combustibles. Basta un ejemplo de la situación de precariedad de los hogares indígenas: sólo 21,4% de los hogares guatemaltecos indígenas tienen un baño interior, comparado con un 53,4% de la población nacional.

 

LA SITUACIÓN DE LA MUJER

Al perfil de salud de la mujer indígena se suman aquellos problemas derivados de su función reproductiva y se agrava ante su situación de discriminación por ser mujer, por ser indígena y en no pocos casos, por ser analfabeta y monolingüe. Entre los problemas más comunes que afectan a la mujer indígena están: embarazos en edades tempranas, complicaciones del embarazo y parto, anemia ferropriva, abusos sexuales, violencia. Un análisis de género focaliza el tema de la salud en las funciones sociales diferenciadas y el desequilibrio de poder entre los hombres y las mujeres.

Las mujeres indígenas están desfavo-recidas, en la mayoría de las Américas, debido a su: sexo, etnicidad y residencia predominantemente rural. Tienen severamente restrigindo el acceso a la atención de salud, a la educación y al empleo formal. Por otro lado, la atención a la que logran acceder es culturalmente inapropiada, pues no incorpora las creencias y los tratamientos medicinales tradicionales. Además, no existen programas dirigidos específicamente a las mujeres indígenas.

Las mujeres aborígenes tienen tasas de morbilidad más altas que los hombres indígenas, principalmente debido a su función reproductiva, así como tasas de morbilidad y mortalidad más altas que las mujeres no-indígenas, principalmente debido a la distribución inequitativa de los recursos económicos y sociales.

Por otro lado, las niñas jóvenes comienzan a ayudar a sus madres a una edad temprana que da lugar a la postergación indefinida de su educación. La preferencia para la asistencia escolar se les da a los niños.

La violencia sexual, psicológica y física es un problema entre muchas comunidades indígenas - y aumenta con el abuso de alcohol creciente, la pobreza y el desempleo, lo cual trajo como consecuencia tasas altas de trastornos de salud mental - ansiedad, traumatismo y suicidio- si se las compara con los hombres indígenas.

 

ACCESO RESTRINGIDO A LA SALUD

La baja utilización de los servicios de salud por parte de la población indígena es una realidad que todavía no ha sido transcrita en datos numéricos en todos los países de América. De igual manera, la subutilización de recursos tanto humanos como físicos. Si bien la mayoría de los países de la Región no incluyen la variable étnica en sus sistemas de información, los datos disponibles hacen pensar que la población indígena es uno de los sectores más afectados.

De testimonios y datos disponibles se deduce que existen problemas debido al aislamiento geográfico y pobreza, además de los relacionados con el contexto sociocultural de la población, es decir por barreras geográficas, económicas y culturales que impiden el acceso de la población indígena a una atención de calidad. Estas barreras se manifiestan, entre otras, en trabas organizacionales al interior de los servicios como así  también en dificultades ligadas al desempeño del personal de salud, los horarios de atención, la disposición física, los procedimientos técnicos utilizados en los servicios públicos de salud, etc. Cada una de estas manifestaciones representan la incongruencia entre los paradig-mas utilizados en la organización y provisión de servicios públicos de salud en poblaciones multiculturales y las diferencias de las culturas, por ejemplo, en cuanto a lengua y comunicación, valores y creencias, formas de vida y organización del tiempo.

Las poblaciones indígenas representan la mayoría en varios países y zonas geográficas, pero el 40% de esta población carece de acceso a los servicios sanitarios convencionales y el 80% depende de los curanderos tradicionales como su principal prestador de asistencia sanitaria. Su situación sanitaria deficiente se ve exacerbada por la discriminación y la desigualdad dentro del sistema de salud.

Aunque la prestación de servicios de salud de baja calidad es habitual en muchos contextos de países en desarrollo, estos temas se tornan más graves en las áreas habitadas por los pueblos indígenas. Algunos temas persistentes relacionados con la prestación de servicios de calidad deficiente, como la competencia limitada del personal, el incumplimiento de protocolos de tratamiento basados en datos probatorios, la escasez de medicamentos y una retención deficiente del personal son comunes en muchas de las ubicaciones remotas en las que viven los pueblos indígenas.

Además, las barreras geográficas impiden que los indígenas obtengan acceso a la atención sanitaria debido a la distancia, la disponibilidad y la accesibilidad del transporte, y el aislamiento geográfico estacional. Aunque los servicios de atención de salud en gran parte son gratuitos para los pueblos indígenas, el costo real de la atención, incluidos los costos en efectivo de transporte, alimentos, alojamiento, atención de la familia, medicamentos y pérdida de días laborales, representa una amenaza para el acceso a la atención sanitaria.

 

POLÍTICAS DE SALUD

La falta de estadísticas vitales o de clasificación por grupos étnicos, sexo y edad dificulta la generación de políticas y procesos de gestión basados en datos probatorios. Esto representa una amenaza para la formulación de prioridades y para los sistemas de seguimiento y evaluación apropiados para las poblaciones indígenas. Las políticas nacionales y los acuerdos internacionales orientan a algunos países en la elaboración de programas centrados en los pueblos indígenas y asignan fondos especí-ficamente para los servicios sociales indígenas. Sin embargo, la ejecución de estas políticas, en gran parte, no cuenta con una buena coordinación y no incluye una participación indígena uniforme en la elaboración o ejecución de estas iniciativas. La falta de comunicación, así como la desintegración y la duplicación de esfuerzos en todos los niveles, impiden la difusión de las enseñanzas extraídas y restringen la sistematización y el uso de la información. Además, no se han abordado adecuadamente temas como los derechos de propiedad colectiva, las patentes, la protección de la diversidad biológica y la preservación.

 

Fuentes: Programa salud de los pueblos indígenas de las Américas. Plan de acción 2005-2007 (OPS) y Género, equidad y la salud de las mujeres indígenas en las Américas, Hoja informativa, OPS.


LA SALUD DE LAS MUJERES INDÍGENAS

• Tasas de fecundidad altas y espaciamiento corto de los nacimientos: las mujeres indígenas guatemaltecas se casan a una edad temprana y tienen promedio 6,8 niños.

• Bajo uso de la anticoncepción: 41,3% de mujeres Shipibo (Perú) no usan ninguna forma de anticoncepción, la mayoría de los hombres no utilizan condones.

• Tasa altas de mortalidad materna: en el Perú, se registran 489 defunciones por 100.000 nacidos vivos debido a la falta de atención médica durante el parto, también causando anemia, incontinencia urinaria, prolapso uterino, infecciones genitales y fisuras vaginales.

• Tasa alta de vih/sida/its: las mujeres indoamericanas constituyen 15% de casos femeninos de sida, las mujeres blancas 7%.

• Tasa altas de uso del alcohol, tabaco, y drogas: el beber compulsivo de las mujeres indoamericanas a menudo conduce al síndrome de alcoholismo fetal, la cirrosis y problemas hepáticos, y el abuso de drogas contribuye a una tasa alta de suicidio.

• Complicaciones neurológicas/reproductivas de la contaminación en el trabajo agrícola.

• Tasa alta de cáncer cervicouterino: la tasa de las mujeres indoamericanas es 1,5 veces la tasa nacional (3,8 defunciones/100.000).

Fuente: Género, equidad y la salud de las mujeres indígenas en las Américas, Hoja informativa, OPS.


BARRERAS CULTURALES

Las barreras culturales plantean el reto más complejo, ya que hay poca comprensión de los factores sociales y culturales que derivan del conocimiento, las actitudes y las prácticas relacionadas con la salud de los pueblos indígenas. Encontrar personal sanitario que hable y comprenda los idiomas indígenas es difícil y la comunicación, por lo tanto, deficiente entre ellos y los pacientes y sus familias. 

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SALUD SEXUAL EN LOS INDÍGENAS DE LAS AMÉRICAS

Abya-yala kuyarinakui

Los problemas de salud sexual se acentúan en los grupos indígenas que por razones históricas, culturales y económicas se encuentran en situación de desventaja. Agravadas además por la introducción de otras prácticas, ajenas a la vida comunitaria

 

Los problemas de salud sexual que aquejan a los pueblos en la Región de las Américas se acentúan en los grupos que por razones históricas, culturales, económicas se encuentran en situación de desventaja. Entre los pueblos indígenas las infecciones de transmisión sexual, incluyendo el vih/sida, son algunas de las expresiones más visibles de las inequidades en el acceso a la salud, incluyendo la salud sexual y repro-ductiva. La Organización Panamericana de la salud publicó en 2003, junto con la Asociación Mundial de Sexología, un documento de referencia sobre este tema: Promoción de la salud sexual: recomendaciones para la acción, Abya-Yala Kuyarinakui, subtítulo en lengua Kichwa (o quechua como algunos todavía escriben).

Por lo general, las zonas de ubicación de los pueblos indígenas coinciden con las áreas de mayor biodiversidad en la Región que han sido atractivas no solamente para el turismo, sino para la entrada de transnacionales, petroleras y madereras, mineros y colonos, siendo la ocasión para que se introduzcan en estas regiones, cambios en los estilos de vida, tráfico de drogas, alcoholismo y el comercio sexual, como nunca antes ocurrió. No solamente existe el trabajador o la trabajadora sexual que es llevado o llevada hacia otros sitios, sino aquel o aquella que espera por los turistas con dinero. Mujeres, hombres y no pocas veces niños y niñas sufren estos ataques y el contagio de enfermedades.

 

Concepciones de salud y enfermedades sexuales

Los pueblos indígenas generalmente distinguen entre las enfermedades del Campo o de la Tierra, conocidas ances-tralmente, la mayoría de las cuales pueden ser curadas por los terapeutas indígenas, de aquellas otras enfermedades introducidas recientemente y que no se solucionan, en última instancia ,si no es con la atención de médicos formados en  universidades. Algunos pueblos llaman a estas últimas enfermedades de Dios, por considerarlas una especie de castigo divino por haber transgredido algunas leyes propias o por haber entrado en un contacto no apropiado con las cos-tumbres de otros pueblos.

Enfermedades de Dios o “microbiosas” son las de la “enacencia” (nuevos tiempos) y están vinculadas con la penetración de los blancos en las tierras de los indígenas y con la degradación de las relaciones sociales. Las enfermedades venéreas y el sida caerían bajo esta última categoría. La migración o salida forzosa a otros lugares aparece como la ocasión propicia para contraer este nuevo tipo de enfermedades. Cuando se habla de “degradación de las relaciones sociales” lo que se quiere decir es que la gente tiende a olvidar los antiguos patrones de conducta, como principios de la filosofía indígena.

La práctica del trabajo sexual en los tiempos actuales adquiere connotaciones diferentes. Algunas mujeres indígenas posiblemente entran, aún sin preverlo, en las cadenas del trabajo sexual organizado desde fuera de sus comunidades por motivos de pobreza o de desbalance emocional, provocado por la colonización antigua y nueva. En estas cadenas, ya no solamente de mujeres adultas, sino también de niñas e, incluso, de niños, se encuentran otros problemas sexuales que conducen a una serie de enfermedades. 

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SALUD PÚBLICA INTERCULTURAL

El abordaje de la salud pública en las comunidades indígenas desde una perspectiva teórica, incorpora el concepto de interculturalidad que define al conjunto de acciones y políticas que tienden a conocer e incorporar la cultura del paciente en el proceso de atención de salud

 

En la discusión de problemas de salud pública, es necesario dilucidar algunas cuestiones referentes a la reproducción generacional de las comunidades y pueblos indígenas, ya que se suceden una serie de situaciones muy particulares. Los últimos censos parecen apuntar, muy a grandes rasgos, hacia una mayor garantía de supervivencia de estos pueblos discriminados y perseguidos, que los que se pronosticaban en décadas anteriores.

Si bien hay todavía etnias, en vías de extinción o desaparición, ésta no es ya la situación generalizada aunque la inmensa mayoría de estos pueblos siguen siendo altamente vulnerables por múltiples razones, comenzando por su poca significancia numérica, que contrasta muy desfavorablemente con un mundo empujado hacia la globalización. Como se viene repitiendo con frecuencia, una mundialización justa y equitativa, con mantenimiento de la biodiversidad y la socio-diversidad sería una solución muy distinta de una globalización deshuma-nizada, tecnocrática y neoliberal, como la que se está dando actualmente.

Las propuestas en este sentido se basan en que la medicina indígena es valiosa, contempla conocimientos, medicamentos, así como procedimientos terapéuticos tanto preventivos como curativos, de índole tanto psicosomática como predominantemente somática. Pero al darle un pequeño espacio a la medicina indígena y sus concomitancias, se genera inmediatamente una resistencia en la gran mayoría de los médicos y otros profesionales de la salud formados y capacitados bajo cánones absolutamente occidentalizantes y sin lugar para la menor discusión sobre la materia. De este modo, los médicos y chamanes indígenas devienen entre otras cosas en brujos, farsantes, matasanos; la propuesta para superar este enfrentamiento es lo que se ha dado en llamar salud intercultural.

 

SALUD INTERCULTURAL

En las últimas décadas, interculturalidad en salud o salud intercultural, han sido conceptos indistintamente utilizados para designar al conjunto de acciones y políticas que tienden a conocer e incorporar la cultura del paciente en el proceso de atención de salud.

El tema de la pertinencia cultural del proceso de atención es un fenómeno que trasciende lo exclusivamente étnico, pues implica valorar la diversidad biológica, cultural y social del ser humano como un factor importante en todo proceso de salud y enfermedad. El respeto a esta diversidad tiene larga trayectoria en países cuyas altas tasas de inmigración han generado contextos de gran diversidad étnica y cultural; situación que ha puesto al equipo de salud en el imperativo de desarrollar estrategias que faciliten la relación médico-paciente.

Salud y cultura se implican mutuamente; los conceptos de salud y enfermedad nos remiten a la cultura y la cultura nos remite a los conceptos de salud y enfermedad. Por lo tanto, lo que se percibe como salud y enfermedad, sus causas, tratamiento y prevención y quién las trata están determinados por cada cultura específica.

Lo intercultural se refiere a la relación, de al menos dos culturas. Una propuesta de salud intercultural se refiere a la base programática de un modelo de atención de salud entre dos culturas que coexisten en un espacio geográfico y clínico.

Podemos pensar la interculturalidad en salud como la capacidad de moverse equilibradamente entre conocimientos, creencias y prácticas culturales diferentes respecto a la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, el cuerpo biológico, social y relacional. Percepciones que a veces pueden ser incluso hasta opuestas.

En el ámbito de la salud y el desarrollo esto se manifiesta en la existencia de conceptos reconocidos como oficiales, dominantes y de prestigio, que representan los anhelos de la sociedad mayoritaria, y que se contraponen a los conceptos de desarrollo y salud que poseen las culturas originarias de los países de América. A esta situación de subordinación de las culturas indígenas, se agrega la ausencia de políticas favorables, la aculturación y la implantación de modelos exógenos de desarrollo que tienden a una homogeneización de las culturas y, en las últimas décadas, a una glo-balización acelerada del conocimiento. Hoy se integra, en varios aspectos, una sociedad mundial única a pesar de la diversidad de idiomas y de comportamientos y vivencias muy diferentes.

Esta situación se traduce en la existencia de grandes brechas en las condiciones de vida y salud que presentan los pueblos indígenas en comparación con el resto de la población de la sociedad global. El desarrollo, desde la perspectiva intercultural, también deberá ser entendido como el logro de una identidad cultural que potencie los elementos comunes entre las culturas y respete los diversos.

En el contexto de salud, la dimensión cognitiva y material de la cultura, se articulan en un modelo médico que otorga consistencia a cómo pacientes y profesionales se explican el fenómeno de salud y enfermedad, y a las prácticas o procedimientos con que se enfrentan los procesos de recuperación y manutención de la salud.

 

SISTEMAS MÉDICOS COMO SISTEMAS CULTURALES

La enfermedad, sufrimiento y muerte, así como la motivación por conservar la salud, son considerados hechos biológicos y sociales universales. Todos los grupos humanos han desarrollado estrategias para enfrentar y prevenir las enfermedades a través de un sistema médico que proporciona las acciones necesarias para recuperar la salud, procurar el bienestar del hombre y, al mismo tiempo, otorgar una explicación consistente al fenómeno de la enfermedad. Desde la antropología sociocultural, un sistema médico se concibe como un conjunto más o menos organizado, coherente y estratificado de agentes terapéuticos, modelos explicativos de salud-enfermedad, prácticas y tecnologías al servicio de la salud individual y colectiva. La forma en que estos elementos se organizan internamente, otorgando coherencia al sistema, depende del modelo sociocultural en que se desarrolla la medicina. En consecuencia, las medicinas son construcciones culturales que responden a necesidades de un entorno social específico y en los cuales es posible distinguir una dimensión conceptual y otra conductual. La dimensión conceptual de los sistemas médicos está determinada directamente por la cultura de los pacientes y profesionales.

Todos los sistemas médicos presentan axiomas o principios basados en el modelo epistemológico que sustenta la práctica médica y distinguen medios para validarse y legitimarse a sí mismos. En la biomedicina por ejemplo, los experimentos científicos, las pruebas clínicas y textos, constituyen importantes fuentes de validación del pensamiento científico; raramente un médico aceptará como prueba de una diarrea la intervención de un espíritu maligno en las comidas. Sin embargo, otras culturas aceptarán como fuente de legitimación los sueños de un chamán, signos en la naturaleza, apariciones, etc. La lógica que opera en la definición de salud y enfermedad es la misma en ambos sistemas (una lógica que busca causas, alternativas y consecuencias), sin embargo difieren en las premisas culturales y pruebas de validación; por ello, distintas percepciones y observaciones del mismo fenómeno resultan en diferentes explicaciones de la enfermedad.

La credibilidad que los pacientes asignan a las fuentes de validación es la que permite, en último término, aceptar o no las explicaciones acerca de las causas de sus enfermedades, y la adherencia a los tratamientos. Por lo tanto, el éxito en el proceso terapéutico depende en gran medida de la conjunción de explicaciones entre médicos y pacientes.

En la dimensión conductual de los sistemas de salud podemos distinguir, entre otros, aquellos procedimientos, acciones y agentes que utiliza un sistema médico para obtener un cierto resultado con los pacientes, el que ha sido denominado proceso terapéutico. Este implica: quién (machi, médico, meica, santiguadora, etc.), hace qué (cirugía, ritual, purgas, oraciones, etc.), a quién (individuo o comunidad) y con respecto a qué dimensión de la enfermedad (física, social, mental, espiritual, etc.). Un proceso terapéutico exitoso supone la eliminación de la condición subjetiva de enfermedad y consecuentemente la finalización del rol de enfermo.

La cultura biomédica, expresada a través del sistema médico occidental, se ha establecido mundialmente como el modelo capaz de resolver si no todos, la mayoría de los problemas de salud de la población, independientemente de los contextos sociales y culturales en que se desarrolle la enfermedad. No obstante la experiencia de proyectos en salud internacional, muchos de ellos patrocinados por organismos como la OPS y OMS, y dirigidos hacia los sectores más pobres de la humanidad, dan cuenta de importantes dificultades que se enfrentan al no considerar la cultura de los usuarios en el proceso de atención de salud. Situaciones como rechazo y falta de adhesión a las prácticas médicas occidentales, conflictos de poder entre agentes tradicionales y médicos, desarticulación de la estructura social de la comunidad, son elementos frecuentemente descritos en la literatura de salud internacional, especialmente en países con altos índices de población indígena.

Fuentes:

- ALARCON M, Ana M, VIDAL H, Aldo y NEIRA ROZAS, Jaime. Salud intercultural: elementos para la construcción de sus bases conceptuales. Rev. méd. Chile, set. 2003, vol.131, no.9, p.1061-1065. ISSN 0034-9887.

-IBACACHE BURGOS, Jaime. La salud, el desarrollo y la equidad en un contexto intercul-tural. http://www.xs4all.nl/~rehue/art/iba1.html

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LA SITUACIÓN ARGENTINA

No existen estadísticas que permitan conocer el estado sanitario de los pueblos indígenas argentinos. Sin embargo, los lugares donde residen muestran los índices más altos de infecciones agudas tales como tuberculosis, mal de Chagas y cólera, entre otras enfermedades

 

El Informe sobre la situación de los derechos humanos en argentina 2002, elaborado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), en su capítulo 11 “Una perspectiva sobre los pueblos indígenas en Argentina” señala que frente al vacío censal oficial, algunas ONG's y organizaciones indígenas han estimado que el número de personas indígenas estaría entre 800.000 y 2.000.000. Se cree que un porcentaje bastante elevado vive en asentamientos rurales y en forma comunitaria, representando aproximadamente entre un 3% y un 5% de la población total del país. Algunas provincias cuentan con un 17% a 25% de indígenas en su población. En Salta se concentra la mayor diversidad de pueblos indígenas. Según las fuentes mencionadas, existirían más de 800 comunidades en todo el país mientras que por efectos de la migración urbana, en algunas capitales de provincias habría una altísima concentración de familias y personas indígenas.

Según esta información, su composición y distribución sería aproximadamente la siguiente:

- Región Noreste (provincias de Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe), pueblos Mbya-Guarany, Mocoví, Pilagá, Toba, Vilela y Wichí.

- Región Noroeste (provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán), pueblos Atacama, Avá-Guarany, Chané, Chorote, Chulupí, Diaguita-Calchaquí, Kolla, Omaguaca, Tapiete, Toba, Tupí-Guarany y Wichí.

- Región Sur (provincias de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego), pueblos Mapuche, Ona, Tehuelche y Yamana.

- Región Central (provincias de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza), pueblos Atacama, Avá Guarany, Diaguita-Calchaquí, Huarpe, Kolla, Mapuche, Rankulche, Toba y Tupí Guarany.

 

Problemas sanitarios

El informe de señala, además, que los territorios ancestrales de los pueblos indígenas están en peligro. La falta de regularización dominial les impide controlar la devastación ambiental debido al uso irracional de los recursos naturales por parte de no indígenas y la contaminación de sus suelos y fuentes de agua por parte de empresas mineras, petroleras y otras. Al no existir medidas efectivas de protección de la posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan en todo el país, se acelera el avance de los frentes agrícola-ganaderos y el desembarco de “mega” proyectos de desarrollo. En algunos territorios, las napas freáticas han sido invadidas por hidrocarburos, tornando imposible el aprovechamiento del agua. Las personas indígenas, especialmente niños y ancianos, presentan niveles inaceptables de plomo y mercurio en sangre.

De un tiempo a esta parte, los gobiernos locales, siempre necesitados de recursos monetarios, ofertan y venden la tierra pública a empresas que desmontan grandes extensiones de terreno para la instalación de explotaciones agrícolas que afectan la reproducción de la flora y fauna silvestre, que son el principal alimento de las familias indígenas. Por otro lado, los planes de desarrollo estatales, implementados inconsultamente en los territorios indígenas, alteran las áreas de uso tradicional aumentando la desnutrición y la pobreza.

Además de la destrucción ambiental, la problemática sanitaria en las comunidades rurales se agrava por los siguientes motivos: escasez de agua, asistencia médica deficiente o nula, ausencia de medios de transporte y comunicación, mínima asistencia educativa, ausencia de saneamiento ambiental, control inexistente de plagas y parasitosis animal y humana. El río Pilcomayo, proveedor de peces para las comunidades ribereñas, exhibe altos índices de contaminación por mercurio y otros metales pesados debido al derrame de estas sustancias en zonas mineras de países vecinos.

No existen, a nivel nacional ni provincial, estadísticas desagregadas por origen étnico que permitan conocer el estado sanitario de los pueblos indígenas. Sin embargo, los lugares donde residen actualmente muestran los índices más altos de infecciones agudas, tales como la tuberculosis, el mal de Chagas y el cólera, entre otras enfermedades.

“Según información no oficial, brindada por agentes sanitarios locales, en ciertas zonas rurales la tasa de mortalidad infantil alcanza al 30%. Pobremente alimentados, los niños indígenas parecieran tener su futuro comprometido. Aunque algunas escuelas les proveen una comida diaria, éstas no funcionan durante varios meses del año. La asistencia a clases revela un alto porcentaje de deserción debido principalmente a la discriminación que sufren por parte de maestros y compañeros no indígenas y a la escasez de medios económicos de las familias”, según expresa la CELS.

Debido a que se ven forzados a emigrar hacia centros urbanos en busca de trabajo por la reducción de sus territorios, el alcoholismo, y en menor medida la prostitución, son otros de los serios problemas que afectan a los indígenas más jóvenes.

En lo que se refiere a la asistencia social, si bien existen a nivel nacional y provincial varios programas que atienden las necesidades materiales de los sectores pobres, éstos no reconocen la distin-tividad de los pueblos indígenas: “Con sobrados fundamentos, las organizaciones y dirigentes indígenas sostienen que muchos de los graves problemas que afectan la salud de sus familias se podrían solucionar si el estado cumpliera con la normativa vigente en materia de derechos territoriales”.

La Ley 23302 establece en el punto VI, “De los planes de salud”, que el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) coordinará con los gobiernos de provincia, la realización de planes intensivos de salud para las comunidades indígenas. Sin embargo, en junio de 2000, el ministro de Salud de la Nación, mediante resolución ministerial Nº 472, creó en el ámbito de ese ministerio el Programa de Apoyo Nacional de Acciones Humanitarias para las Poblaciones Indígenas (ANAHI).

1 Morita Carrasco, licenciada en Antropología, Facultad de Filosofía y Letras (UBA). El informe completo puede consultarse en www.cels.org.ar


Indígenas en la Provincia de Buenos Aires

Según estimaciones oficiales, en la provincia de Buenos Aires hay 98 mil integrantes de esos pueblos originarios, y un censo realizado entre 2000 y 2006 sobre 20.708 individuos, arrojó que el 46% de ellos vive debajo del nivel de la pobreza y que el 27% es indigente. El 65% de las 6.133 familias censadas tiene casa propia; sólo el 54% de las viviendas posee agua potable y un 99% tiene luz eléctrica. Ese mismo estudio indicó que el 72% de las personas posee un centro de salud cercano a su hogar para consultar cuando lo considera necesario, pero sólo el 10% de los individuos concurre a controles de salud programados, mientras que el resto utiliza el sistema sólo en situaciones de enfermedad o emergencia. Fuente: www.aborigenargentino.com.ar

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