BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 11 Nº 103 Octubre de 2004 
EDICION ESPECIAL


INDICE

La trampa sanitaria 

El modelo gerencial 

El plan y/o proyecto estratégico hospitalario


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


DECRETO 1.317

LA TRAMPA SANITARIA

En el contexto del llamado a concurso para directores y subdire-ctores, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires elaboró dos decretos, el 1.318 que llama a concurso y el 1.317 que, entre otras modificaciones a la Carrera de Profesionales, propone un Plan o Proyecto Estratégico que deben elaborar los postulantes a los cargos y que se vislumbra como una perfecta trampa sanitaria.

El decreto 1.317 incorpora los conceptos de profesionalización de la gestión sanitaria, gerenciamiento y planes y/o proyectos estratégicos hospitalarios -sea como requisitos de capacitación en los dos primeros casos, sea como instrumento de evaluación en el tercero- con el señalado propósito de “renovar las formas de conducción con las que se han gestionado los hospitales hasta el presente (...) cubriendo los puestos de conducción con profesionales que se comprometan claramente en la defensa del Hospital Público, al servicio del pueblo, que brinde una atención digna, equitativa y eficiente en el marco de las políticas de salud”. La Secretaría de Salud expresa que “quienes de ahora en más conduzcan nuestros hospitales serán quienes acrediten de mejor manera su idoneidad para el cargo y la función encomendada”. Se busca “capacidad en la gestión” y una “profesionalización real en la ciencia y el arte de la conducción”, a través de la evaluación de su idoneidad en el “gerenciamiento”, la “gestión” y el desarrollo de un “plan estratégico” hospitalario.

Estas aparentes buenas intenciones, rodeadas de un discurso señaladamente moderno y progresista, empero no están correlacionadas con la conceptualización, los instrumentos y las garantías de “seriedad y transparencia” que se han puesto de manifiesto en el llamado a concursos para directores y subdirectores.

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EL MODELO GERENCIAL

Restringir la idoneidad del director y subdirector a la “gerencia” no es una decisión claramente establecida en la Carrera de Profesionales ni ha sido consensuada; pero, definitivamente, no es moderna ni progresista, cuando no retrógrada y peligrosa 

Restringir la idoneidad del director y subdirector a la “gerencia” no es una decisión claramente establecida en la ordenanza 41.455 de la Carrera de Profesionales de la Salud, ni ha sido con-sensuada; pero, definitivamente, no es actualmente moderna ni progresista, cuando no retrógrada y peligrosa para la defensa de “la salud e incluso la vida”, como pretende la Secretaría de Salud.

La Asociación de Médicos de Municipales (que no puede obviamente ser señalada como una entidad que no defiende el hospital público al servicio del pueblo, luego de décadas de sostener a ultranza ese objetivo) ha entendido desde siempre la importancia de la capacitación en administración hospitalaria, gestión de servicios y gerencia estratégica de los recursos humanos que quieran acceder a puestos de conducción, siendo la pionera en la Argentina en este sentido, y habiendo formado la mayor masa crítica en administración hospitalaria del país a través de cursos con docentes de primera línea, sin fines de lucro, y mucho antes de la extensión universitaria de este tema en la última década. De esos cursos egresaron los responsables de conducción de buena parte de nuestros hospitales, algunos de trayectoria nacional e internacional,  que sin duda defendieron desde sus puestos de trabajo -sorteando crisis que hubieran alejado a muchos teóricos de la “gerencia” y con remuneraciones que hubieran distanciado a muchos “gestores” más acostumbrados a ingresos del área privada- un hospital público que dio, da y dará respuesta a las necesidades de salud de nuestra comunidad.

Esta historia conocida y verificable en capacitar para la mejor conducción al equipo de salud nos permite señalar los peligros que entraña la adopción de un “modelo gerencial” (que si bien ha hecho aportes, hoy está superado por otros modelos emergentes) bajo el aparente artilugio de requisitos para concursos que, por otra parte, también han sido una lucha conocida y verificable de nuestra Asociación en todo momento.

Este “modelo gerencial” fuertemente respaldado en nuestro contexto por instituciones bancarias internacionales, tuvo entre nosotros el señalado propósito de disminuir el “gasto estatal en salud” supuestamente incrementado, entre otras razones, por la existencia de “recursos humanos inadecuados”, como por ejemplo la “falta de gerentes profesionales en el sistema” .

En los años ‘80, el modelo gerencial fue propuesto como la superación del modelo administrativo tradicional en diversos países, señalándose sus aportes en cuanto a capacidad de innovación en el gobierno de los centros sanitarios, en un contexto de escasos recursos económicos y de una administración pública fuertemente burocratizada.

Estos modelos gerenciales suponían la aplicación de técnicas de gestión empresarial al ámbito sanitario y dieron origen al “gerencialismo” que se identificó con los siguientes rasgos:

1.mayor peso de los elementos competitivos;

2.importación de técnicas de gestión empresarial (marketing de servicios, valoración de puestos de trabajo, gestión de inventarios, etc.);

3.gestión profesional activa y discrecional;

4.medidas explícitas sobre objetivos, resultados, costos e impacto sobre el bienestar;

5.énfasis en productos finales frente a procesos;

6.desagregación del sector público en unidades manejables;

7.controles presupuestarios menos específicos y orientados a la evaluación ex post;

8.cultura de servicio y de orientación al usuario;

9.atribución clara de responsabilidades.

Gran parte del trabajo teórico y empírico relevante se había realizado sobre otras industrias, no específicamente sobre salud, y el análisis se había “centrado en la administración” de los efectos de la organización sobre el desempeño. Se asumió que a través de las decisiones de los gerentes respecto de los procesos de producción, los precios, los productos y servicios a los “clientes” se influenciaría tanto al intermediario como a las metas medulares del sector de la salud. La eficiencia, los niveles de calidad y el impacto en la salud emergerían de las decisiones, nominalmente bajo control de la administración.

Los hospitales mejoraron en estructuras, producción, calidad y satisfacción, pero contando con diversas sinergias que impiden saber cuánto puede ser atribuible al modelo y cuánto a otros factores como la universalización de las prestaciones sanitarias, las inversiones en infraestructura y el más importante, el formidable desarrollo profesional de las especialidades médicas y de la enfermería.

Sin embargo este modelo, sea por agotamiento o por consecución de algunos de sus objetivos, tiende a ser hoy superado por nuevos modelos emergentes. De él se ha dicho que tuvo un agotamiento temprano por palabras al fin vacías de contenido y por observarse que detrás de discursos de empresa, mercados y competencia, se escondían influencias, intereses y lobbies.

El desarrollo médico y el modelo gerencial tuvieron sinergias, pero no de cooperación. Abrió una brecha entre médicos y gestores, difícil de sostener hoy en día al confrontar un modelo gerencial, rígido y uniformista con un modelo clínico, flexible y orientado a resultados. Pero se ha señalado que esta crisis del modelo gerencial, causada por el desencuentro entre médicos y gestores, si bien está en el núcleo del problema, no ha sido el único factor que incidió en el denominado agotamiento del modelo. El desarrollo de sistemas de información altamente eficaces, la continua aparición de nuevas técnicas diagnósticas y terapéuticas que hacen caducas las pautas vigentes, el desarrollo de modalidades de sustitución de cuidados han producido unas necesidades de gestión sanitaria radicalmente nuevas. Ante todas estas tensiones, el modelo gerencial ha mostrado sus debilidades, superado en muchos casos por los factores antes descriptos, por las necesidades emergentes e incluso, para algunos, por el agotamiento generacional. En resumen el modelo gerencial que representó un gran salto respecto a la burocracia administrativa tradicional, se ha visto sorprendido por la aparición de nuevas necesidades de cooperación con los clínicos y por ciudadanos más y mejor informados, en un momento evolutivo de declive del propio modelo.

Se ha dicho que el organigrama desarrollado bajo el modelo gerencial fue de tipo piramidal, basado en el conocimiento académico en su parte médica, pero poniendo un gran énfasis en su parte administrativa, económica y de infraestructura (entre nosotros se ha señalado la inclusión de administradores de Recursos Desconcentrados con jerarquía de directores generales en los ámbitos hospitalarios). Este organigrama se vio sometido a fuertes tensiones con la aparición de reivindicaciones de nuevos liderazgos en base a equipos multi-disciplinarios que tienen por objetivo la mejora continua de los resultados de los procesos asistenciales. Así, en este nuevo modelo de gobierno clínico de las instituciones sanitarias se requieren nuevas competencias y actitudes en los profesionales de la gestión, más sensibilizados con innovación tecnológica, más cercanos a las necesidades de la comunidad -sanitarias y sociales- y articulando alianzas con los profesionales asistenciales, más abiertos a la experimentación, a la evaluación y a los análisis de las mejoras. Nuevos sistemas de atención integrada deberían redefinir el papel de los hospitales, siguiendo nuevos modelos organizativos y financieros y superando el hospital tradicional, soportado en el modelo gerencial.

Paradójicamente, se ha aconsejado la incorporación de manera real a los responsables directos de los servicios en la estructura directiva, ya que la “empre-sarialización” del modelo debe dar paso a los cambios de los paradigmas asis-tenciales, incólumes pese a los cambios científicos y de estrategias de salud pública; los pilares sobre los que se asentaba la concepción del hospital de hoy están en revisión, la jerarquización convencional está muerta. La revisión de la figura gerencial, y por extensión y en buena medida la de todos los directivos en el sentido amplio en el ámbito hospitalario, debió situarse en el contexto de la necesaria reinvención del hospital para adecuarse a las nuevas demandas sociales y a los condicio-nantes del progreso técnico y científico.

Gerentes europeos de gran experiencia nos dicen hoy que “en los hospitales del futuro la máxima figura será la del Director que deberá recaer en algún profesional del curar o el cuidar, que como hemos dicho repetidamente constituye la razón de ser de la empresa sanitaria”.

El modelo gerencial ha hecho crecer desproporcionadamente el servicio de administración, incrementando de forma notable la burocracia interna; no entendió la complejidad de los hospitales (paradójicamente para profesionales de la empresa); desplazó a los médicos de la toma de decisiones en la que los profesionales eran los más capacitados para hacerlo adecuadamente; con la urgencia por controlar el gasto, no se dejó tiempo para esperar modelos consen-suados; cristalizó una estructura pirami-dal, con una clara verticalidad organi-zativa; ha tenido y tiene una alta dependencia del poder político; en algunos casos se confundió dirigir con detentar el poder o se antepusieron intereses personales a las de las instituciones; pero lo más paradójico es que pretendiéndose una reforma en profundidad del modelo directivo existente en los hospitales, la necesidad de controlar el creciente gasto sanitario era un reto al que se intentó dar solución con la profesionalización de las estructuras directivas y paralelamente, con una mayor autonomía en la gestión. Nacían así los gerentes de hospitales, a semejanza de otros sectores productivos, y los equipos de dirección. Pero el control del creciente gasto sanitario no se logró y los hospitales, tradicionalmente y salvo muy contadas excepciones, siguieron generando déficit en sus presupuestos año tras año.

Opiniones de expertos europeos sobre las estrategias aplicadas

- “El modelo gerencial, tal como hoy lo tenemos, ha cumplido su objetivo: ya no da respuesta a las necesidades actuales y sobre todo a las que se vislumbran en el futuro próximo”.

- “El modelo gerencial actual debe ser sustituido por un modelo horizontal en el que predomine la gestión de procesos, estando la responsabilidad de la toma de decisiones en manos de los propietarios de dichos procesos”.

- “Si se diera por sentada la premisa de que los centros hospitalarios deben obtener resultados positivos, el actual modelo gerencial debería desaparecer en tanto es un modelo simulado; el modelo organizativo imperante es el de burocracia centralizada, al que se la ha colocado la `guinda´ de un llamado gerente”.

- “Muy probablemente ha terminado un determinado modelo gerencial y hoy se propone un modelo de dirección que debe enfocarse hacía una dirección más participativa, con responsabilidad compartida en la toma de decisiones, enfocada a la gestión clínica y buscando la cooperación con otras instituciones asistenciales y sociales”.

Hoy, que gana espacio el modelo de gestión clínica se quiere imponer un modelo gerencial propio de la década de los ‘80 y ‘90 ( “década perdida” la primera, y década de las “reformas neoliberales” la segunda). Se esperan “auténticos cambios en la gestión de los servicios (microgestión)” cuando la comunidad hospitalaria y del primer nivel de atención está esperando “auténticos cambios en las políticas y en el sistema de salud (macrogestión)” que permitan la equidad, accesibilidad y calidad que nuestra comunidad merece. 

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EL PLAN Y/O PROYECTO ESTRATEGICO HOSPITALARIO

El Plan Estratégico no puede ser obra de una persona ni se corresponde con el tiempo para desarrollarlo, ni se tiene la asignación de recursos para el mismo; mucho menos puede ser objeto de un concurso

El anexo II.I, artículo 2, inciso c) exige un “proyecto estratégico de desarrollo de la unidad asistencial en base a la misión y las funciones fijadas en el perfil, elaborado por el postulante en base a los lineamientos de la Secretaría de Salud”.

En otro documento se dice que la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires elaborará un Plan Estratégico, y que para el caso del llamado a concurso de directores y sub-directores, éstos a su vez elaborarán un Plan de Gobierno Hospitalario para los próximos cinco años. Más adelante se habla de los contenidos de un “Plan Hospitalario”, y aun más de un “Proyecto” y al final, de un “Plan de Trabajo a diciembre de 2005 proyectado a 2007”.

Por los tópicos que se exigen, pareciera que el llamado a concurso solicita el desarrollo de un Plan Estratégico del hospital X, en la realidad Xn, en tanto que no se aclara si el concursante lo hará para un hospital, dos o tres o para todos los que se presente, ya que obviamente los componentes serán diferentes.

En realidad un Plan Estratégico Hospitalario, ni aún en proyecto, es la obra de una sola persona; aún más no existe siquiera un método ni un enfoque únicos para establecerlo. Cada hospital es singular y constituye un caso particular y es en función de sus singularidades que cada hospital debe construirlo. Si bien es posible poner de relieve cinco etapas esenciales que forman parte de todos los planes estratégicos, se debe tener en cuenta el postulado básico e indispensable de toda estrategia; el plan estratégico debe definir una posición significativa que tenga una dimensión crucial. Para poder hablar en rigor de estrategia, es preciso que el hospital participe en estas iniciativas estratégicas con cierta constancia y por último, que se asignen recursos físicos, financieros y humanos.

En este contexto, se ha dicho que si ha de existir verdaderamente una gestión estratégica, deberán cumplirse dos condiciones: la primera se refiere a la restricción de recursos y la segunda a la transición desde una regulación centralizada a una regulación que se apoye en el Plan Estratégico del Hospital. Esta segunda condición apenas se esboza actualmente y exige una distribución de funciones entre las autoridades políticas y administrativas responsables de la política hospitalaria y los hospitales. Compete a la autoridad política o administrativa de los hospitales asignar los recursos en el marco de una política de salud global y definir con ellos los objetivos que deberán alcanzar. En el marco de la política de salud global fijada por la autoridad política o administrativa, la función del hospital consiste en seleccionar las orientaciones estratégicas más pertinentes y ponerlas en práctica aplicando las directivas de las autoridades sanitarias.

La planificación estratégica es un proceso mediante el cual el hospital analiza su entorno interno y externo, se pregunta por su razón de ser y expresa su finalidad, metas, objetivos y estrategias para alcanzar el bienestar y la salud de la población. El Plan Estratégico se ha de concebir, por consiguiente, como un instrumento que guíe y permita definir las características del hospital para construir su futuro en relación con el medio o entorno en que se encuentra. Todo este proceso que se ha venido en llamar hoy en día planificación estratégica, no es otra cosa que la construcción colectiva y dinámica de un mapa que permite conducir a la organización hacia la situación deseada en constante evolución.

El Plan Estratégico constituye una oportunidad interesante para asociar al personal con la gestión del establecimiento y sobre todo, para que los distintos agentes del hospital asuman como suyos el plan y las grandes orientaciones que contiene, sustentándolas en una filosofía ampliamente compartida.

Pero además de la imposibilidad de un desarrollo unipersonal del Plan Estratégico, está el problema de cuánto tiempo se requiere para realizarlo y redactarlo, habida cuenta del imperativo de con-certación que se ha presentado. Parece necesario como mínimo un período de seis a ocho meses, porque es preciso prever la constitución de grupos de trabajo temáticos sobre las orientaciones estratégicas y los planes de acción, la redacción del conjunto de documentos y la negociación del Plan Estratégico mismo internamente, en las instancias consultivas y deliberantes del establecimiento, así como con las autoridades sanitarias.

En general lleva bastante más tiempo, en especial cuando no existe experiencia en nuestros hospitales para su desarrollo. Pero de lo que estamos seguros es que no lleva la cantidad de días hábiles que mediaron entre el llamado a concurso y el tiempo límite de presentación para los concursantes.

Otro punto fundamental es que el Plan Estratégico debe abarcar igualmente una dimensión económica y financiera fundamental para la viabilidad y la duración de su operación. Como en toda organización, las dimensiones social, patrimonial, económica y financiera son imprescindibles para garantizar la realización efectiva y operativa del Plan. Un tema crucial se refiere a los recursos financieros de que podrá disponer el hospital para la realización efectiva de su Plan; es por ello que en su concepción misma se aconseja integrar el elemento financiero.

Debe abarcar una parte financiera que defina, en cuanto a inversión y a funcionamiento, los recursos de que podrá disponer el establecimiento para su concreción. No puede haber una estrategia si no existe una asignación de recursos y si ésta no compromete de manera duradera el devenir del hospital; es más, si la definición del Plan Estratégico no prevé suficientemente el control de la asignación de recursos, será necesario hablar de orientaciones generales pero no de una estrategia.

Pero, si como se ha explicitado, el Plan Estratégico no puede ser obra de una persona ni se corresponde con el tiempo para desarrollarlo, ni se tiene la asignación de recursos para el mismo, mucho menos puede ser objeto de un concurso.

Es poco creíble, difícilmente sustentable y “gerencialmente” explicable (ya que de gerencia estratégica tanto hablamos), que diversos candidatos presenten diversos “planes estratégicos” individuales y un Jurado se expida por uno de ellos. Porque:

¿Con qué parámetros se va a juzgar el Plan?

¿Qué significará, para su Plan Estratégico, que el candidato obtenga el cargo?

¿Es que éste también es el seleccionado?

¿Qué pasa si un candidato tiene el mejor currículo pero un Plan no aceptado, o viceversa?

¿O si el director seleccionado tiene un Plan Estratégico y el subdirector otro?

¿O si un candidato no tiene acceso a información clave para desarrollar un Plan Estratégico en determinado hospital?

¿Volveríamos a los “nuestros” más que a los más “capaces”?

La cadena de preguntas sería tan larga como el riesgoso camino que plantea recorrer, precipitadamente, sin consenso alguno y con la más alta incertidumbre, el decreto 1317.

Nadie se opone a los concursos, nadie se opone a la capacitación del personal de conducción hospitalario, nadie se opone al progreso. Nos oponemos sencillamente a la improvisación en temas de tanta trascendencia para la salud de la población, a la falta de solvencia técnica sanitaria, a constantes aclaraciones y cambios que demuestran la falta de “gerencia estratégica” central, a la posibilidad, en fin, de introducir mecanismos de selección tan cuestionables que sean en verdad tanto peores que los nombramientos políticos, habida cuenta de tratarse de cargos por oposición, de alta conducción y que comprometen el destino de nuestros hospitales públicos y del recurso humano en ellos involucrados, con directo impacto sobre la salud de toda la población.

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