BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 10 Nº 91 Septiembre de 2003 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

Mujeres y enfermedades cardiovasculares

Enfermedades cardíacas en mujeres

Factores de riesgo y enfermedades del corazón


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


DIA MUNDIAL DEL CORAZON

MUJERES Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

El 28 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón bajo el lema Un corazón para toda la vida. Este año la Federación Mundial del Corazón (World Heart Federation) dispuso como tema central las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares en la mujer. Más del 60% de las mujeres subestiman el riesgo de sufrir estas patologías. Sin embargo, y a pesar de que el cáncer de mama es la mayor preocupación femenina, las mujeres están ocho veces más expuestas que los hombres a morir por problemas cardíacos.

Entre la agenda planteada, las federaciones de cardiología de todo el mundo organizarán actividades que fomenten la dieta sana, brindarán asesoramiento médico profesional y  controlarán la tensión arterial. Además, difundirán las ventajas de una mayor práctica de ejercicio físico. La clave de las acciones de prevención se centran en educar tempranamente a los niños para que adopten un estilo de vida saludable.

Entre las mujeres, se hace hincapié en que la falta de chequeos y de control de la presión sanguínea puede complicar los embarazos, poniendo en peligro la salud del bebé y de la mamá. Por eso se pone el énfasis en los controles durante todo el embarazo, además de una dieta adecuada y  suficiente descanso. Después de la menopausia, aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón, por lo que son importantes los estudios regulares.

Por otra parte, las mujeres tienen gran influencia sobre los hábitos de las personas que las rodean (marido o pareja, hijos, familia y amigos), por eso se aspira a que actúen como promotoras de hábitos saludables.

Según datos de la Federación Mundial del Corazón, una de cada tres muertes se produce por enfermedades cardio-vasculares, y la cifra está en aumento. En 1999, se produjeron 17 millones de muertes por estas causas en todo el mundo (es decir seis veces la cantidad de muertes provocadas por el vih/sida). El 80% de esas muertes ocurrieron en países con ingresos medios o bajos. Por ejemplo, en China el 30%, en Rusia el 52%, en Polonia el 50%, en Argentina el 43% y en India el 30%.

Las enfermedades cardiovasculares tienen relación directa con la obesidad: en el mundo hay 300 millones de adultos obesos. También con la diabetes: existen 150 millones de diabéticos (el 90% de tipo II); se proyecta que la incidencia se duplique en 25 años, sobre todo entre los jóvenes. Otro factor de riesgo fundamental es el tabaco, sin embargo se observa incremento de ventas y consumo.

En cuanto a la actividad física, el 60% de la población mundial realiza insuficiente cantidad de ejercicio físico, especialmente las mujeres; se observa mayor tendencia a la inactividad en las áreas urbanas tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, especialmente en las comunidades más pobres. La actividad física ayuda a controlar el sobrepeso y a prevenir y reducir la hipertensión (que afecta al 20% de la población adulta mundial).

En este Boletín de Temas de Salud, reseñamos el material producido por la Federación Mundial del Corazón en ocasión del Día Mundial del Corazón 2003.  

1Es una ONG, con sede en Ginebra, dedicada a la prevención y al control de enfermedades cardiovasculares en todo el mundo. Está integrada por 166 sociedades de cardiología de 97 países de las regiones Asia-Pacífico, Europa, Mediterráneo Oriental, las Américas y África. 

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ENFERMEDADES CARDIACAS EN MUJERES

Aunque las mujeres no los reconocen como preocupación principal entre sus problemas de salud, los infartos son, proporcionalmente, mayor causa de muerte entre ellas que entre hombres. Incluso las investigaciones sugieren que las mujeres pueden experimentar más incapacidades después de un infarto

Las enfermedades cardiovasculares causan 8,5 millones de muertes entre mujeres anualmente, es decir el tercio de muertes entre mujeres en el mundo. Los infartos son responsables de cerca de tres millones de muertes femenina. En los países en desarrollo, la mitad de muertes en mujeres de más de 50 años se deben a enfermedades cardíacas.

Los infartos son, proporcionalmente, mayor causa de muerte entre mujeres que entre hombres (11% contra 8,4%). Además, se presentan diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a los factores de riesgo, los efectos del infarto, los índices de complicación hospitalaria y el tiempo de internación.

Riesgos femeninos

Las investigaciones sugieren que las mujeres pueden experimentar más incapacidad que los hombres después de un infarto, debido a la edad más avanzada, a la gravedad de los infartos y al mayor índice de complicaciones durante la hospitalización.

Sin embargo, según una investigación del Dr. David Alter del Instituto de Ciencias Clínicas Evaluativas, publicada por la revista del Colegio Americano de Cardiología, las diferencias se deben más a la edad que al género en sí mismo. Para comprobar esto, se realizó un estudio sobre los datos proporcionados por  25.697 pacientes con ataques cardíacos hospitalizados en Ontario, entre abril de 1992 y diciembre de 1993, y se examinó la asociación edad y género con el tratamiento intensivo y los posteriores cinco años de vida.

El resultado obtenido demostró que el índice de angiografías bajó un 17,5% para mujeres en relación con los hombres con cada incremento de 10 años en la edad. El índice de seguimiento de cuidados especializados para mujeres en relación con los hombres cayó 10,2% con cada incremento de 10 años.

Pero, mientras el cuidado se hace progresivamente menos intensivo para las mujeres de acuerdo a la edad que tengan, los índices de supervivencia a largo término mejoran en relación con los hombres. Para el Dr. Alter, estos resultados sugieren que el problema real podría ser la tendencia de la edad más que la del género.

Una de las causas por las que las enfermedades coronarias afectan a las mujeres, aproximadamente 10 años después que a los hombres, son los efectos protectores de los estrógenos previos al comienzo de la menopausia.

El fumar es el mayor factor de riesgo de enfermedades coronarias e infartos. El riesgo de infección miocárdica en mujeres se eleva de 1-7 en casos de abuso moderado de nicotina, a 4 en caso de fumadoras totales. Vale decir que entre mujeres, es más probable un infarto entre las fumadoras que entre las que no fuman. Ser fumadoras pasivas también implica un factor de riesgo coronario.

Las mujeres tienen un factor de riesgo de enfermedad coronaria adicional: el uso de anticonceptivos orales combinados con el fumar. Una vez que se abandona el cigarrillo, el estado de salud comienza a mejorar y el riesgo de ataques cardíacos se reduce considerablemente durante los primeros dos años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un año después de dejar el tabaco, el riesgo de enfermedades coronarias se reduce en un 50%. Según varios estudios, cinco años después de abandonar la adicción, el ex fumador no tiene mayor riesgo de infarto que un no fumador.

Las mujeres con hipertensión tienen 3,5 veces más riesgo de desarrollar enfermedades coronarias que las mujeres con presión normal.

La diabetes (tipo II) es un factor de riesgo cardiovascular de primer orden, y es más serio entre mujeres. Las mujeres diabéticas tienen ocho veces más posibilidades de enfermedad coronaria que las no diabéticas (entre los hombres, la proporción es de tres).

La inactividad física ha sido establecida como el mayor factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Duplica el peligro de desarrollar enfermedades cardíacas e incrementa el de hipertensión en un 30%. También duplica el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular e infarto. Una parte importante de la población (60% a 85%), tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo, no realiza suficiente actividad física como para obtener beneficios saludables, especialmente las niñas y mujeres. Un estudio de la OMS mostró que en EE.UU. los niños tienen mayor actividad física que las niñas. Inclusive una actividad física entre leve y moderada puede conllevar efectos preventivos favorables.

La obesidad tiende a incrementar el riesgo de muerte prematura debido a problemas cardiovasculares como hipertensión, apoplejías y enfermedades coronarias. La hipertensión, la diabetes y el aumento del colesterol tienen entre dos y seis veces más prevalencia entre mujeres con mayor peso. Datos actuales sugieren que el rango de prevalencia de obesidad es mayor entre mujeres en la mayoría de los países.

El estrés psicosocial está relacionado también con las enfermedades coronarias entre mujeres: el estrés marital empeora el pronóstico en mujeres con enfermedades coronarias.

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FACTORES DE RIESGO Y ENFERMEDADES DEL CORAZON

La obesidad, el tabaco, la inactividad física, el estrés y la edad son factores que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la mayoría son prevenibles con un estilo de vida saludable y con programas de prevención

Epidemia de enfermedades del  corazón vinculadas a la obesidad

Según la Federación Mundial del Corazón, mil millones de personas en el mundo tienen actualmente sobrepeso u obesidad, las proyecciones hacen temer que supere pronto al tabaco como principal factor del modo de vida causante de cardiopatías y ataques al corazón, que en la actualidad se vinculan a 17 millones de muertes al año (una de cada tres muertes). Algunas investigaciones demuestran que los problemas de salud más corrientemente asociados a la obesidad -cardiopatías, diabetes mellitus, hipertensión y altos niveles de coles-terol- contribuyen a estos millones de vidas perdidas cada año.

Según la International Obesity Task Force, una organización afín a la Federación Mundial del Corazón, la obesidad grave multiplica por 12 la mortalidad entre personas de 25 a 35 años, en comparación con personas delgadas. Las mujeres con un índice de masa corporal superior a 27 presentan tres veces más probabilidades de tener un ataque al corazón que las mujeres delgadas, con un IMC inferior a 22. En particular, la obesidad aumenta las probabilidades de desarrollar diabetes, uno de los principales factores de riesgo de las patologías cardiovasculares.

Esta epidemia de obesidad se debe principalmente a un entorno que desanima la actividad física y fomenta hábitos alimenticios poco saludables. Las poblaciones urbanas de muchos países han cambiado su dieta e incrementado su consumo de grasas saturadas y azúcares y reducido el de fibra. Ello ha tenido un impacto directo en los niños: se estima que en el mundo, 22 millones de niños menores de cinco años tiene sobre-peso y en los EE.UU., prácticamente un tercio de los niños de entre 5 y 14 años presenta sobrepeso (hace treinta años las cifras eran considerablemente menores: uno de cada seis).

La obesidad está cada vez más presente en países con rentas bajas o medianas. En México, un estudio reciente demuestra que los niños consumen demasiadas bebidas dulces y comidas con altos contenidos en grasas, y muy poca fruta y verdura.

Los gastos médicos cada vez más elevados asociados a una población obesa suponen otro problema serio. En los EE.UU. el 9,4% del presupuesto nacional en salud se dedica a pacientes con exceso de peso. Estimaciones recientes sugieren que en los países occidentales se puede atribuir a la obesidad del 2% al 8% del gasto sanitario total.

En todos los países, los pobres suelen comer lo que pueden permitirse en vez de lo que saben que es sano. Un incremento de la incidencia de la obesidad tan pequeño como el 1% en países como India o China se traduce en unos 20 millones más de casos de obesidad. Ello significa que la educación acerca de una dieta equilibrada debe ir a la par de un mejor acceso a los alimentos. Promocionar modos de vida saludables (ver recuadro Dietas más sanas para el corazón) debería ser una prioridad nacional en todos los países, empezando en la escuela para proseguir en el lugar de trabajo, las comunidades y los sistemas de atención sanitaria.

Tabaco, principal factor de riesgo

El tabaco es la mayor causa de muerte de las enfermedades cardiovasculares: provoca cerca del 20%. Con el tabaco, los riesgos de patologías coronarias se incrementan, incluyendo muerte súbita, enfermedad cerebrovascular y enfermedades vasculares periféricas, como aneurisma aórtico.

La mortalidad por enfermedades cardiovasculares es dos veces mayor entre fumadores, comparados con no fumadores. Fumar incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades coronarias tanto tanto en hombres como en mujeres. Muchos estudios epidemiológicos han demostrado una relación casi lineal entre fumar y la mortalidad y morbilidad coronaria, y el riesgo puede duplicarse y ser más pronunciado en individuos jóvenes. El riesgo relativo de infarto miocárdico aumenta con el consumo de tabaco, tanto en hombres como en mujeres, y es mayor tanto en fumadores activos como pasivos. Asimismo, es mayor en las mujeres que en los hombres.

Las mujeres fumadoras que consumen pastillas anticonceptivas están entre un 20% y un 40% más propensas a desarrollar enfermedades coronarias que las mujeres fumadoras que no las toman.

El peligro de enfermedad coronaria es directamente proporcional al consumo de cigarrillos, y el riesgo persiste incluso cuando hay un bajo nivel de consumo (uno o dos cigarrillos por día). Estudios recientes muestran que el ambiente contaminado por el humo del tabaco es un factor de riesgo de isquemia. Los fumadores pasivos presentan un índice de muerte coronaria de entre un 20% y un 70%. Los no fumadores que respiran el humo tienen un riesgo relativo de cardiopatía de 1,25 comparado con los no fumadores no expuestos al humo.

Una vez que se abandona el cigarrillo, el estado de salud comienza a mejorar y el riesgo de ataques cardíacos se reduce considerablemente durante los primeros dos años. Según la OMS, un año después de dejar el hábito, el riesgo de enfermedades coronarias se reduce en un 50%. Según varios estudios, cinco años después de dejar de consumir tabaco, el ex fumador tiene similar riesgo de infarto que un no fumador.

La actividad física y sus ventajas

La inactividad física ha sido establecida como el mayor factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Duplica el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas e incrementa en un 30% el riesgo de sufrir hipertensión. También duplica el riesgo de morir por una enfermedad cardiovascular o infarto. Una parte importante de la población (60% a 85%), tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo, no realiza suficiente actividad física como para obtener beneficios saludables, especialmente las niñas y mujeres. Un estudio de la OMS mostró que en EE.UU. los niños tienen mayor actividad física que las niñas.

Inclusive una actividad física entre leve y moderada puede reducir los riesgos y tener efectos preventivos en las mujeres, como una caminata de entre 30 a 60 minutos por día, por ejemplo.

Cada año, más de dos millones de muertes son atribuidas a la inactividad física en todo el mundo. Esas muertes son parte de la creciente carga de enfermedades, discapacidades y muertes causadas por las enfermedades no transmisibles, como cardiopatías, cánceres y diabetes. Según la OMS, los estilos de vida sedentarios podrían estar entre las diez causas principales de discapacidad en el mundo.

La actividad física decrece a medida que aumenta la edad: algunos estudios demostraron que los adolescentes de doce años participan en actividades deportivas un 90%, en tanto sólo lo hace un 46% de los de 17 años. Entre jóvenes,  sólo uno de cada tres son suficientemente activos como para obtener beneficios en su salud. La prevalencia de i-nactividad es mayor entre adolescentes mujeres. En Europa, sólo tres países ofrecen al menos dos horas semanales de educación física en los colegios. En Estados Unidos, la participación diaria de las clases de educación física cayó del 42% en 1991 al 29% en 1999.

La actividad es menos común entre personas con bajos ingresos y sin educación. Esta tendencia es prevalente en todas las áreas urbanas, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, especialmente entre comunidades pobres. En los países desarrollados, más de la mitad de los adultos es suficientemente activo. Y en los países en vía de desarrollo de gran crecimiento, la actividad física es un punto de gran interés.

Otro factor que acrecienta el sedenta-rismo es la migración hacia la ciudad.

La inactividad física tiene también un costo económico: el que los individuos inactivos ocasionan a sus sociedades. Datos de países desarrollados indican que los costos directos de la inactividad son enormes. En los EE.UU., el costo asociado con la inactividad y obesidad significó el 9,4% del presupuesto anual de salud de 1995, y representó un costo médico de alrededor de 75 mil millones de dólares en 2000.

En Canadá se estima un costo aproximado de 580 millones en tratamientos anuales sólo para enfermedades isquémicas, que se podría evitar si la población se volviera activa. Cerca de 2.100 millones, o el 2,5% del gasto total en salud de Canadá en 1999 fue atribuido a la inactividad física. En los EE.UU. una inversión de un dólar en actividad física (tiempo y equipamiento) dejaría un ahorro de 3,2 dólares en gastos médicos.

Además, la actividad física favorece que los niños que la practican sean menos propensos al cigarrillo; el 34% de los niños en edad escolar fuman cuando hacen actividad física una vez por semana, y sólo el 12% cuando la hacen cuatro veces o más por semana.

Una encuesta realizada por el programa Euroaspire II (grupo europeo que trabaja sobre prevención primaria y secundaria para intervenir en la reducción de casos), en 15 países, demostró que aunque el 67% de los pacientes entrevistados informaron que habían dado consejos acerca de los efectos beneficiosos del ejercicio, el 61% todavía se mantenía físicamente inactivo.

Estrés y cardiopatías

La presencia de apoyo social y redes de trabajos es quizás tan importante como los factores de riesgo físicos (fumar, ejercicios, nutrición) para mejorar la salud y prevenir muertes prematuras. La gente que no cuenta con contención familiar, social y afectiva en una comunidad integrada, está entre dos y cuatro veces más expuesta a morir por cardiopatías, infartos, cáncer, enfermedades respiratorias o gastrointestinales. Las personas que tienen una relación cálida con sus padres tienen menos probabilidades de desarrollar enfermedades coronarias, hipertensión, úlceras, cáncer o cometer suicidio. Las personas que han tenido más problemas o rupturas de sus relaciones con sus padres están de dos a cuatro veces más expuestas a morir por causa de estas patologías.

Las personas enamoradas y que tienen una relación íntima son más propensas a tener conductas y actividades que aumenten su salud. Por el contrario, las que no, están tres veces más expuestas a morir de un paro cardíaco, infarto y/u otras enfermedades. La angustia psicológica es predictora de infarto isquémico fatal.

Hay cinco ítems que se pueden identificar como factores psicosociales de riesgo para cardiopatías: estrés agudo y crónico, hostilidad, depresión, apoyo social, y estatus socioeconómico. En situaciones de mucho estrés psicológico, la mortalidad cardíaca se incrementa.

Las emociones negativas pueden intensificar una variedad de amenazas a la salud, están relacionadas con los índices de enfermedades cuya aparición y desarrollo pueden ser influidos por el sistema inmune, incluyendo enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo II. Recursos como una relación personal muy íntima que disminuya las emociones negativas mejoran la salud, en parte a través del impacto positivo sobre la regulación inmune.

El estrés es reconocido como el mayor contribuyente a las enfermedades cardíacas y los investigadores destacan que una de las más profundas influencias del estrés es que afecta el sistema cardio-vascular.

Así también, el estrés puede poner en riesgo la vida de una persona que ya tiene una enfermedad coronaria, con un resultado de oclusión coronaria, tejido coronario dañado y a veces, paro cardíaco.

La enfermedad coronaria es resumida como “alguna interacción de la mente, el cuerpo y la conducta”. Su posible riesgo coronario depende de cómo la mente interprete situaciones, cómo reaccione el cuerpo, y cuán a menudo la conducta  entra en situaciones estresantes.

La edad como condicionante de la enfermedad cardiovascular

La Asociación Americana del Corazón sostiene que los beneficios de los programas de prevención secundaria aplicados en ancianos arrojan resultados tan buenos como cuando participan de esos programas personas jóvenes.

Un estudio reciente de esa Asociación,  reveló que muchos ancianos de los EE.UU. han quedado fuera de los beneficios que pueden otorgarles los programas de prevención secundaria -apuntan a la reducción los factores de riesgo de enfermedades coronarias y también contemplan algunos ítems psicosociales-. Debido al incremento en la edad de la población y al mejoramiento de los índices de supervivencia de pacientes con enfermedades coronarias, creció el número de personas que están en condiciones de participar en estos programas, aunque muchos no lo hacen, entre otras causas, porque no son derivados por sus médicos.

Los programas de prevención secundaria incluyen: ejercicios, dejar de fumar, control de la dislipidemia, hipertensión, diabetes y peso; y hacen hincapié en temas psicosociales como depresión, retorno al trabajo y aislamiento social.

La Asociación Americana del Corazón saca a relucir los beneficios que los ancianos pueden alcanzar con estos programas y se abocan a incrementar la conciencia de esos beneficios entre los proveedores de servicios de salud, pacientes y sus familias. En la vejez se debería tener siempre la posibilidad de participar en estos programas.

 1 El IMC se calcula dividiendo el peso en kilos por la altura al cuadrado en metros.

Para mayor información consultar  www.worldheartday.org o www.worldheart.org

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