BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 8 Nº71 Septiembre de 2001 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

Salud, hambre y pobreza

El hambre y la pobreza

La magnitud del hambre

Grupos y países vulnerables

El campo de la malnutrición


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Salud, hambre y pobreza

Durante la Cumbre mundial sobre la alimentación de 1996, convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), representantes de 185 países se comprometieron a trabajar para eliminar el hambre: establecieron el objetivo de reducir a la mitad el número de personas que sufren hambre para el 2015. En la Cumbre, que se realizará entre el 5 y el 9 de noviembre en Roma, se evaluará qué pasó cinco años después con este objetivo y se estudiarán formas de acelerar el proceso social que conduce hacia él. Los especialistas que se reunirán cuentan de antemano con un dato desalentador: las estadísticas indican que el número de personas subnutridas1 disminuye a una tasa de ocho millones anuales, muy por debajo de la media de 20 millones anuales necesaria para alcanzar la meta. Aunque se ha avanzado en algunas naciones y comunidades, los expertos saben que queda mucho por hacer.

Pese a que todos los países del mundo reconocen directa o indirectamente el derecho a los alimentos, el hambre que producen la guerra, la sequía, las catástrofes naturales o la pobreza sigue causando mucho sufrimiento. Y la pobreza, una de las causas del hambre, también es su consecuencia: al inicio del tercer milenio, 826 millones de hombres, mujeres y niños padecen hambre crónica. La FAO señala en uno de sus documentos: “El hambre no sólo reduce la vida y la esperanza de las personas, sino que va en detrimento de la paz y la prosperidad de los países”.

El hambre opaca el intelecto y atrofia la productividad, e impide a sociedades enteras realizar su potencial. Cuando estas dificultades se multiplican por millones de familias en todo el mundo, se crea un devastador efecto de propagación que pone en peligro el desarrollo mundial. Erradicar el hambre no es un mero ideal; asegurar el derecho a disponer de alimentos adecuados es un asunto de derecho internacional y atraviesa la totalidad de los derechos humanos: las personas deberían tener acceso físico y económico en todo momento a los alimentos, en cantidad y de calidad adecuadas, para llevar una vida saludable y activa. Para considerar adecuados a los alimentos se requiere que además sean culturalmente aceptables y que se produzcan en forma sostenible para el medio ambiente y la sociedad. El hambre grave afrenta a la dignidad humana y a los derechos humanos y representa  un obstáculo para el desarrollo, especialmente de los niños. El hambre nutre el conflicto y el crimen, reduce la productividad y merma la vida de las personas.

El 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación2, este año el tema central será “Combatir el hambre para reducir la pobreza”. La FAO considera que la mayor parte de las estrategias para reducir la pobreza no atacan directamente el problema del hambre y que es necesario un enfoque más preciso para combatirlo, además de fomentar el desarrollo agrícola. Para avanzar en la lucha contra el hambre, los gobiernos, el sector privado y la comunidad internacional tendrán que dirigir sus actividades a las zonas rurales, donde vive el 70% de la población pobre y con hambre. En esta edición del Boletín de Temas de Salud presentamos una síntesis de los principales documentos que la FAO presentará este año en la Cumbre mundial sobre la alimentación.

1 Subnutrición: ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria de manera continua.

2 Se celebra ese día porque es el aniversario de la creación de la FAO en 1945.

 

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El hambre y la pobreza

La pobreza tiene muchas facetas por lo cual los esfuerzos por aliviarla deben perseguir múltiples objetivos, entre ellos, la lucha contra el hambre y las acciones tendientes a apoyar la agricultura

“Combatir el hambre para reducir la pobreza” es el lema del Día Mundial de la Salud, que se conmemora en todo el mundo el 16 de octubre. El tema de este año encierra la idea de que el hambre es la manifestación más crítica de la pobreza, de modo que eliminarla es el primer paso para reducirla; el segundo paso es asegurar disponibilidad de alimentos para todos. Es decir, la pobreza no es sólo causa del hambre sino también su consecuencia. En un documento de la FAO, El desafío consiste en acabar con la pobreza rural, se realiza un pormenorizado análisis de la pobreza en el mundo, que afecta a 1.200 millones de personas. A continuación se expone una síntesis y análisis de los puntos principales de este trabajo (los subtítulos son autoría del Boletín de Temas de Salud).

POBREZA RURAL

En los 20 años transcurridos entre 1970 y 1990 se registró el retroceso más rápido y generalizado en la pobreza, el hambre, la muerte prematura y el analfabetismo de la historia de la humanidad. El progreso se ha detenido y extensas zonas rurales, pobladas por centenares de millones de personas, siguen sumidas en la pobreza. En el decenio de 1990, la tasa de reducción de la pobreza cayó a menos de un tercio de lo que hubiese sido  necesario  para que se cumpla el compromiso asumido por las Naciones Unidas:  reducir a la mitad la pobreza extrema para el 2015.

Para lograr esto, el esfuerzo debe centrarse en la reactivación de la agricultura. En todo el mundo, 1.200 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema: subsisten con menos de un dólar estadounidense al día. El 75% de los pobres trabaja y vive en zonas rurales, y se espera que esa cifra sea del 60% en el 2020 y del 50% en el 2035. Sin embargo, los progresos realizados hasta la fecha han seguido un ritmo muy inferior al necesario para alcanzar el objetivo de reducir la pobreza a la mitad.

En Asia meridional y América Latina, la tasa de reducción de la pobreza, entre 1990 y 1998, alcanzó apenas una tercera parte de lo que era preciso, y fue seis veces inferior a lo necesario en el África subsahariana. Mientras tanto, el valor real de la ayuda descendió entre 1988 y 1998. La proporción de la ayuda destinada a los países de bajos ingresos o los países menos adelantados, donde vive más del 85% de los pobres, se mantuvo en torno al 63%. El valor real de la ayuda a la agricultura disminuyó y el sector rural sigue desatendido en general, pese a su gran concentración de personas pobres.

APOYO AL SECTOR AGRICOLA

Una reducción real de la pobreza exige la reasignación de los recursos en beneficio de las poblaciones rurales y los pobres. Con todo, la revitalización de la agricultura no es más que una parte de la respuesta precisa para acabar con la pobreza rural; los cambios agrícolas pueden contribuir a la reducción de la pobreza pero sólo cuando van asociados a transformaciones sociales que dan a los pobres más poder sobre los factores sociales, y demasiado a menudo limitan sus posibilidades, opciones y activos agrícolas inclusive.

La pobreza tiene muchas facetas por lo cual los esfuerzos por aliviarla deben perseguir múltiples objetivos; por otro lado, los distintos países miden la pobreza de maneras diferentes, con frecuencia difíciles de comparar o combinar, y recurren asimismo a definiciones dispares de “urbano” y “rural”. Con todo, la gran mayoría de los pobres vive y trabaja en las zonas rurales y esta situación se mantendrá durante varias décadas. Seis de cada diez pobres extremos en el mundo se ganan la vida principalmente con la agricultura o las tareas agrícolas.

La pobreza es percibida de diferentes formas: los propios pobres se refieren al sufrimiento que genera un escaso consumo de alimentos, la mala salud, la falta de escolarización, la vulnerabilidad, la falta de activos, la escasa autoestima y la falta de respeto por parte de los funcionarios. Las personas que padecen una de estas desventajas tienden a padecer también las demás. Son situaciones que, a menudo, se refuerzan mutuamente.

POBREZA, SALUD Y TRABAJO

La pobreza se concentra en los países de bajos ingresos pero puede persistir en países de ingresos medios caracterizados por una gran desigualdad, en particular en África meridional y en gran parte de Sudamérica. La pobreza puede existir también en países donde los niveles de ingresos son por lo general elevados, donde la infraestructura y la tecnología están bien desarrolladas y donde el grado de urbanización es avanzado como, por ejemplo, en muchos países de América Latina, en Estados Unidos y en Sudáfrica.

Las políticas, tecnologías e instituciones que promueven una gran densidad de empleo suelen contribuir tanto al crecimiento económico como a la reducción de la pobreza, puesto que con frecuencia los pobres sólo pueden ofrecer su trabajo.

Las enfermedades agudas hacen especialmente difícil que campesinos pobres aumenten sus ingresos y su nivel de educación y salgan de la pobreza, además también son vulnerables a las enfermedades y lesiones crónicas como una baja estatura y una masa corporal delgada (debido a su entorno de trabajo, residencia y saneamiento de aguas poco favorable, y a sus escasos activos nutricionales). Las deficiencias calóricas, por ejemplo, redujeron sustancialmente la productividad de los trabajadores rurales de la India y de los cortadores de caña de Guatemala. Entre los trabajadores rurales de Sri Lanka, los salarios aumentaron en un 0,21% por cada aumento del 1% en la ingesta de calorías. Por otro lado, se ha observado que la anemia reduce la productividad y la administración de suplementos de hierro la aumenta.

Los ingresos de los trabajadores rurales dependen tanto de la capacidad de resistir a la enfermedad como de mantener a lo largo de toda la vida las aptitudes físicas, de aprendizaje y mentales y, por lo tanto, la productividad cuando no están enfermos. Ambos factores se ven muy influidos por la nutrición infantil, incluida la exposición a infecciones que impiden la absorción de nutrientes. La falta de calorías y de micronutrientes en la infancia acarrea una baja estatura en los adultos. Entre hombres de la misma altura y con la misma ingesta de calorías, una mayor masa corporal supone salarios más elevados, aunque la altura tiene una incidencia mayor. Los efectos de la nutrición sobre la fuerza y la productividad son mucho más evidentes en el caso de los adultos más jóvenes y pobres que entre los demás, ya que se verán obligados probablemente a realizar las tareas físicas duras. La desnutrición también dificulta el aprendizaje, la escolarización y, por lo tanto, más adelante la productividad, algo que una vez más perjudica sobre todo a los campesinos pobres.

La mala salud infantil y la desnutrición son, por lo tanto, causas y no sólo efectos de la escasez de ingresos en las zonas rurales. Orientar los desembolsos hacia una mejor nutrición infantil produce un círculo virtuoso entre los más pobres de las zonas rurales: fomenta una mejor salud, educación y productividad de los adultos, lo que a su vez mejora la nutrición infantil. Sin embargo, entre los pobres la ingesta de calorías raramente crece más de un 4% cuando los ingresos aumentan en un 10%.

Cualquier estrategia de reducción de la pobreza rural debe orientarse a reforzar la salud, la educación y la nutrición de los campesinos pobres. Resulta asimismo esencial mejorar la eficiencia y equidad con la que se utilizan los escasos recursos para el capital humano rural, reduciendo las desigualdades en el acceso, debidas al sexo. 

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La Magnitud del Hambre

Para adoptar medidas significativas que terminen con el hambre es preciso conocer no sólo el número de personas que lo padecen en todo el mundo, sino también su magnitud, es decir el déficit de alimentos

En la segunda edición del informe de la FAO, El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, publicado en el año 2000 se presenta un nuevo instrumento para medir la gravedad de la miseria: la magnitud del hambre. Se trata de una medida del déficit de alimentos por persona de la población subnutrida dentro de cada país, calculada en kilocalorías, es decir, determina lo que falta en el plato de esas personas cada día. La magnitud del problema muestra que la subnutrición contribuye al debilitamiento de las personas mucho más en algunos lugares que en otros. En los países industrializados, las personas hambrientas tienen un déficit de 130 kilocalorías al día por término medio, mientras que en cinco de los países más pobres ese déficit es tres veces mayor: 450 kilocalorías. Las situaciones más extremas (déficit de más de 300 kilocalorías por persona al día) se hallan en África, el Cercano Oriente (Afganistán), el Caribe (Haití) y Asia (Bangladesh, República Popular Democrática de Corea y Mongolia). Muchos de estos países se enfrentan con obstáculos enormes, como los conflictos o las catástrofes naturales recurrentes, y necesitan una atención especial.

Las perspectivas más alentadoras en Asia se atribuyen, en parte, a la expansión de las economías y a la desaceleración del crecimiento demográfico en los dos países más poblados del mundo, China e India. El África subsahariana se enfrenta con problemas más graves. La mayoría de los países más pobres y más agobiados por conflictos están situados en esa región, donde la prevalencia de la subnutrición es alta y las perspectivas de un rápido crecimiento económico son limitadas.

Presentamos a continuación una síntesis sobre la magnitud del problema y las proyecciones para los próximos años, analizadas en el informe editado por la FAO (los subtítulos son autoría del Boletín de Temas de Salud).

LA MAGNITUD DEL HAMBRE

Según la FAO, no ha habido cambios significativos en los datos recogidos por el informe anterior que analizaba el período 1995-1997. Para 1996-1998 se sigue calculando que de las 826 personas que padecen hambre -no tienen comida suficiente para llevar una vida normal, sana y activa-, 792 millones viven en 98 países en desarrollo. Incluso en los países industrializados y en transición (los de Europa oriental, ex URSS) el número de personas subnutridas se mantiene en 34 millones. En un mundo con una riqueza sin precedentes, estos niveles de necesidad son vergonzosos. Para adoptar medidas significativas que terminen con el hambre, es preciso conocer no sólo el número de personas que lo padecen en todo el mundo, sino también su magnitud. El conocimiento del número de kilocalorías del que carecen las dietas de las personas subnutridas ayuda a completar la imagen de la privación de alimentos en un país: cuanto mayor es el déficit, mayor es la exposición a riesgos de salud relacionados con la nutrición.

La magnitud del hambre, o el déficit de alimentación, se mide comparando el promedio de energía dietética que las personas subnutridas obtienen de los alimentos que ingieren con la energía dietética mínima que necesitan para mantener el peso corporal y realizar una actividad ligera. Las dietas de la mayoría de los 800 millones de personas que padecen hambre crónica carecen de 100 a 400 kilocalorías al día. Además de aumentar la exposición a enfermedades,  el hambre crónica hace que los niños sean desatentos y no puedan concentrarse en la escuela, las madres den a luz niños con falta de peso, y los adultos carezcan de energía para desarrollar todo su potencial.

Los lactantes y niños pequeños, especialmente menores de dos años, debido a que crecen rápidamente, necesitan una alimentación rica en energía y nutrientes. Las dietas pobres en esos elementos causan muertes prematuras, discapacidades permanentes y mayor susceptibilidad a enfermedades mortales. El crecimiento de los niños es un buen indicador de su estado general de salud. El gráfico Desnutrición Infantil muestra la prevalencia de la desnutrición entre los niños pequeños, en países en desarrollo.  

PERSPECTIVAS

Las nuevas proyecciones de los años 2015 y 2030 muestran una trayectoria mejor (ver tabla Tendencias...). Se espera que el número de las personas subnutridas en el mundo en desarrollo disminuya a unos 580 millones en el 2015, lo que representa una mejora aunque queda lejos del objetivo de la Cumbre mundial sobre la alimentación de reducir el hambre a la mitad. Las proyecciones indican que no se alcanzará la cifra de 400 millones hasta el 2030. Las cifras para el 2015 muestran que la proporción general de personas subnutridas en los países en desarrollo será la mitad que en 1990-1992, período base para determinar el logro del objetivo de la Cumbre; sin embargo, el total de los subnutridos seguirá equivaliendo al 70% de su cifra en 1990-1992.

Aplicando el objetivo por regiones, Asia meridional y oriental se hallarían en camino de acercarse al objetivo en el 2015, mientras que en el África subsahariana y el Cercano Oriente se mantendrían lejos de él  y América Latina se encontraría a mitad de camino. Luego de transcurridos menos de diez años desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, la subnutrición sigue siendo un problema persistente en muchos de los países que forman parte de la Comunidad de Estados Independientes. En cambio, en Europa Oriental y la zona del Báltico lograron evitar este problema en gran medida.


¿QuE es la inseguridad alimentaria?

Es la situación que se da cuando las personas carecen de un acceso seguro a una cantidad suficiente de alimentos inocuos y nutritivos, para un crecimiento y desarrollo normales y una vida activa y sana. Puede deberse a la no disponibilidad de alimentos, el insuficiente poder adquisitivo, la distribución inapropiada, y el uso inadecuado de los alimentos en el hogar.

La inseguridad alimentaria, las malas condiciones de salud y de saneamiento, y las prácticas de alimentación  inapropiadas son las principales causas de un estado nutricional deficiente.

La inseguridad alimentaria puede ser crónica, estacional o transitoria.

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Grupos y paises vulnerables

Para orientar mejor los recursos y programas contra el hambre es necesario identificar a los países y grupos que padecen con mayor magnitud el problema. En esta nota presentamos un análisis tomado de estudios realizados por la FAO

Para determinar con precisión a las personas más afectadas por el hambre, de manera que puedan orientarse mejor los recursos, la FAO divide a los países en cinco grupos, en función de la privación de alimentos. Estos grupos se basan en un cálculo que combina la prevalencia del hambre (proporción de la población que está subnutrida) con la magnitud del hambre (número medio de kilocalorías que faltan en la alimentación de las personas subnutridas).

Los países en donde la prevalencia del hambre es más alta y su magnitud mayor constituyen el grupo 5, que comprende 18 países de África, así como Afganistán, Bangladesh, Haití, la República Popular Democrática de Corea y Mongolia. Estos países se enfrentan con las mayores dificultades para alimentar a su población, debido a la inestabilidad y los conflictos, a sistemas de gobierno insatisfactorios, condiciones atmosféricas inciertas, pobreza, resultados agrícolas inadecuados, presión demográfica y ecosiste-mas frágiles. Reducir la magnitud del hambre de la población en esos países puede que sea un objetivo más realista que eliminarla por completo.

En el otro extremo están los países del grupo 1, en los que tanto la prevalencia del hambre como su magnitud son reducidas. Son 52 países, que comprenden a los industrializados, a 11 países en transición y a 15 en desarrollo con ingresos relativamente altos, que disfrutan de una situación de paz y prosperidad económica.

GRUPOS VULNERABLES

Además de no obtener carbohidratos, proteínas y grasas suficientes para llevar una vida activa y sana, las personas que sufren subnutrición crónica carecen también por lo general de minerales y vitaminas esenciales. Las carencias de hierro, yodo, vitamina A y calcio son habituales en los países en desarrollo y provocan una serie de problemas de la salud. La obesidad está aumentando también, y con ella la amenaza de graves riesgos para la salud, entre los que se incluyen: cardiopatías, hipertensión y diabetes. Para enfrentar esta serie de problemas, la FAO recomienda la elaboración de perfiles de los grupos vulnerables, como un medio para identificar quién sufre hambre en una población determinada y por qué.

Un sistema de clasificación especialmente útil es el que se basa en los medios de subsistencia. Cada una de los 826 millones de personas que sufren hambre crónica en el mundo se enfrenta con una situación y un conjunto de problemas singulares: para algunas, la alimentación está limitada a una sucesión monótona de alimentos feculentos que los expone a carencia de vitaminas o nutrientes; otras sufren las consecuencias de las variaciones estacionales en la disponibilidad de alimentos, problema especialmente grave para los niños que están creciendo. Dentro de una sociedad puede haber grupos, como por ejemplo la población nómada, o ciertos miembros de la familia como las mujeres, más vulnerables a la inseguridad alimentaria.

En los hogares donde la seguridad alimentaria es precaria, la mujer es a menudo más vulnerable que el hombre a la malnutrición. La mujer tiene más necesida de vitaminas y minerales en proporción con el aporte calórico total, y cuando está embarazada o amamantando, sus necesidades aumentan aún más. Una forma de evaluar la situación nutricional de las mujeres es utilizar el índice de masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC bajo están más expuestas a complicaciones durante el parto y a alumbrar niños con insuficiencia ponderal.


BENEFICIOS ECONOMICOS DE COMBATIR EL HAMBRE

La reducción del hambre no sólo tiene una justificación humanitaria sino también un fundamento económico sólido. El costo económico del hambre y de la malnutrición, puesto de manifiesto en la pérdida de productividad, las enfermedades y las muertes, es extraordinariamente elevado. La subnutrición reduce considerablemente la capacidad física, el desarrollo cognitivo y los logros en el aprendizaje, lo cual da lugar a una menor productividad. No sólo arruina la vida de las personas y las familias, sino que también reduce la rentabilidad de la inversión en el progreso social y económico.

Esta idea está corroborada por un estudio reciente patrocinado por la FAO, en el que se examinaron 110 países entre 1960 y 1990. En el estudio se utilizan técnicas estadísticas para investigar las vinculaciones entre el crecimiento económico y el bienestar nutricional. La investigación puso de manifiesto que si todos los países con un suministro de energía alimentaria (SEA) medio por debajo de las necesidades mínimas en 1960 hubieran eliminado el hambre elevando el SEA medio per cápita a 2.770 kilocalorías al día, la tasa de crecimiento de su PBI hubiera sido considerablemente mayor. Este crecimiento puede ser bastante grande. Por ejemplo, el PBI  en el África subsahariana podría haber alcanzado niveles de 1.000 a 3.500 dólares.

Fuente: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo (FAO).

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EL CAMPO DE LA MALNUTRICION

Abarca toda la gama de problemas que se presentan cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es insuficiente, excesiva o desequilibrada

La FAO señala que la malnutrición abarca toda la gama de problemas que pueden presentarse cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es insuficiente, excesiva o simplemente desequilibrada.

En uno de los extremos de la escala de la malnutrición energética se encuentra la subnutrición que se describe en términos de macronutrientes. Se utilizan para identificar el problema: el bajo aporte de energía dietética, la emaciación2, el retraso del crecimiento, la falta de peso y el bajo índice de masa corporal (IMC).

En el otro extremo se debe ubicar la supernutrición, que provoca exceso de peso y obesidad. Un alto IMC es el indicador del problema. La obesidad, fenómeno bien conocido en los países desarrollados, está aumentando entre los nuevos habitantes urbanos del mundo en desarrollo. No se ha prestado mucha atención al problema en los países en desarrollo, debido a que son más acuciantes los problemas planteados en el otro extremo de la escala. Sin embargo, las consecuencias de la obesidad  -que reduce la productividad e incrementa el riesgo de cardiopatías, hipertensión, diabetes y algunos cánceres- pueden ser tan graves como las de la falta de peso. Es preciso también afrontar el problema mundial de la obesidad.

Una dieta desequilibrada en cantidad de macronutrientes, que son los componentes alimentarios que aportan energía, es también causa de preocupación aun cuando el aporte energético total sea suficiente.Sin embargo, la gama saludable del aporte de los macronutrientes, expresada en porcentaje de energía total, puede ser amplia: 55%-75% de carbohidratos, 15%-35% de grasas y 10-15% de proteínas. Al espectro del aporte energético se sobrepone el problema mundial de la malnutrición en micronu-trientes. Los micronutrientes –minerales y vitaminas– son necesarios para un crecimiento, desarrollo y actividad adecuados. Las carencias son especialmente comunes entre las mujeres en edad reproductiva, y los niños y adultos con problemas que afectan el sistema inmunitario, como los enfermos de sida. Las carencias de micro-nutrientes afectan invariablemente a personas cuyo aporte energético es bajo, pero también a las que consumen demasiada energía.

Las carencias de micronutrientes más frecuentes son: la anemia por carencia de hierro que afecta a 1.500 millones de personas, sobre todo mujeres y niños; los trastornos por carencia de yodo que afectan a unos 740 millones de personas en todo el mundo; la ceguera por carencia de vitamina A que afecta a unos 2.800 millones de niños menores de cinco años; la carencia de calcio en mujeres embarazadas y lactantes que puede afectar al desarrollo de sus hijos y se presenta como osteoporosis más adelante en la vida; la grave carencia de vitamina C, el escorbuto constituye un problema, sobre todo en poblaciones de refugiados y que viven en la miseria. Se considera que más de 200 millones de personas padecen carencia de vitamina A.

El IMC es una norma antropométrica que se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por el cuadrado de su altura (en metros). La FAO, la Organización Mundial de la Salud y el Grupo Consultivo sobre Energía Dietética establecen los límites de 18,5 para la falta de peso y 25 para el exceso de peso, aunque no todos los especialistas están de acuerdo. Algunos consideran que deberían establecerse límites basados en grupos de referencia específicos de cada país, para reflejar las diferencias en la altura y masa muscular. 

1 Basado en el documneto de la FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo.

2 Bajo peso para la estatura, debido en general a pérdida de peso asociada con un período reciente de inanición o de enfermedad.


Nota

Para mayor información se puede visitar el sito web de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): www.fao.org

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