| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
11 Nº 101 Agosto de 2004 Consideraciones
demográficas, urbanísticas y geográficas, su relación con la salud Migraciones
internas y externas Distribución de los servicios de salud
No
puede analizarse ningún tema de salud –o de otras áreas- aislando la
ciudad de Buenos Aires del históricamente denominado conurbano bonaerense.
El concepto de área metropolitana abarca esas dos grandes geografías
administrativas y expresa la compleja situación sociopolítica, económica
y cultural de una de las regiones más densamente pobladas del mundo. La
población de 11,5 millones de habitantes (censo 2001, INDEC) está
distribuida en una urbanización heterogénea. En la ciudad de Buenos Aires
viven tres millones de personas con estándares de calidad de vida
superiores a la mayoría del resto del país, sin embargo existen barrios
muy pobres ubicados en la región sur (tomando como línea divisoria a la
Av. Rivadavia). En estos barrios con urbanización deficiente se nuclean
inmigrantes en su mayoría oriundos de Paraguay y Bolivia. Un dato
importante es que el 6,3 % de la población de la ciudad es indigente;
personas que no pueden satisfacer los requerimientos energéticos y residen
masivamente también en la zona sur. Con la crisis económica y social
vastos sectores de la clase media pasaron a engrosar los grupos de pobreza y
este hecho se mide con distintos marcadores algunos observables a simple
vista, como el deterioro urbanístico, y otros de consecuencias más trágicas,
como el alto índice de adicciones, violencia, mala escolaridad, desinterés
para encarar proyectos, baja estima personal y otros dramas sociales que
observamos cotidianamente los médicos. Por
otra parte, en aquellos barrios tradicionales de clase media y media alta
surgieron en los últimos años viviendas habitadas por personas (conocidas
por el neologismo popular okupas) hacinadas en estos modernos
conventillos. Puede afirmarse sin exageración que Buenos Aires se ha
retrotraído al pasado: los modernos conventillos o la gente durmiendo en
plazas o debajo de las autopistas es un triste presente que describió
Guillermo Rawson en un similar paisaje urbano. Era frecuente antes de
la década del sesenta, observar en las calles de la ciudad la bosta de los
caballos que realizaban tracción a sangre: carros municipales de recolección
de basura, sepelios, repartos de leche y otros comestibles. Durante 40 años
despareció la presencia inequívoca del caballo hasta nuestros días en que
las calles vuelven a tener esa impronta, producto de los carros de
cartoneros, botelleros y otros trabajos que tratan de sortear a la pobreza. Rodeando
la ciudad viven 8,6 millones de personas en 24 jurisdicciones
administrativas que conforman el gran Buenos Aires donde la indigencia
alcanza al 28% y los indicadores sociales se asemejan a los más pobres del
país. El componente migratorio del norte argentino y de Bolivia y Paraguay
es parte mayoritaria de la población en algunas regiones. A
las características demográficas y urbanísticas deben agregarse como factores
condicionantes para la salud pública, su topografía y las
modificaciones producidas por el hombre en una geografía que la mayoría de
sus habitantes desconoce. Pero la naturaleza geográfica y demográfica
agrega otros problemas a los propios de la marginalidad: patologías
prevalentes producto de la migración como la cisticercosis o el Chagas o
del entorno semirural como leptospirosis. Por ejemplo, con relación al
dengue se observa el potencial riesgo para esta enfermedad derivado del
movimiento de personas a través de Buenos Aires, incluidos los argentinos
que salen del país a regiones con transmisión de la enfermedad. Nota:
el autor es jefe del servicio de Zoonosis del hospital Muñiz. AREA
METROPOLITANA
CONSIDERACIONES
DEMOGRÁFICAS, URBANÍSTICAS Y GEOGRÁFICAS, SU RELACIÓN CON LA SALUD El
crecimiento demográfico, la falta de planificación, la concentración
urbana, las migraciones internas y externas, son factores condicionantes
para la salud pública El
desarrollo urbano de Buenos Aires y la evolución de su estructura social y
económica responden al modelo propuesto por el investigador argentino en
planeamiento urbano J. Hardoy. De ciudad colonial se pasa al modelo
republicano (etapa urbanística preindustrial que termina a fines del siglo
XIX). Los profundos cambios operados en Argentina a partir de 1860 la
transformaron demográficamente, ya que en menos de 80 años ingresaron 5,5
millones de inmigrantes. Este proceso, que puede ser considerado como el
hecho más importante de nuestra historia moderna, cambió radicalmente la
estructura social. La ciudad preindustrial (Hardoy), vio crecer nueve veces
su población hasta constituirse a partir de la década de 1940 en el modelo
de ciudad industrial. Este proceso de industrialización, crecimiento y
reordenamiento demográfico, no fue privativo de Argentina, por el contrario
caracterizó a los países latinoamericanos en vías de desarrollo. Algunos
de los hechos más importantes de esta última etapa fueron: concentración
urbana de la población por migración de las áreas rurales; formación de
megaciudades, que como en el caso del área metropolitana llegan a
concentrar más del 30% de la población total del país; falta de
planeamiento urbano y como consecuencia directa vastos sectores de la
población careciendo de una infraestructura mínima de servicios. En el
caso particular del área metropolitana se agregó una fuerte migración de
ciudadanos de países vecinos que no habían entrado en la etapa de
desarrollo industrial (Bolivia y Paraguay). Hoy
vienen en la ciudad tres millones personas y rodeándola habitan 8,6
millones en 24 jurisdicciones administrativas que conforman el gran Buenos
Aires donde, a diferencia de la ciudad con índices superiores del resto del
país, la indigencia alcanza al 28% y los indicadores sociales se asemejan a
los más pobres del país (tabla 1). El
crecimiento demográfico se realizó en los partidos del conurbano,
inversamente a la suposición general, la ciudad tuvo un crecimiento demográfico
negativo. Según el censo de 1949 vivían 3,3 millones de habitantes contra
los 3,04 millones de 2001. En cambio, el crecimiento del conurbano fue
explosivo: de 900 mil habitantes a 8,6 millones en el mismo periodo, con una
proyección en ascenso, dado que las raíces de este fenómeno son
esencialmente socioeconómicas. De persistir este modelo demográfico en los
próximos años más del 80 % de la población será urbana, pero además
distribuidas en su mayoría en dos o tres megaciudades. Las
consecuencias actuales y futuras, debidas a la falta de planificación y a
los problemas intrínsecos (no ligados a la planificación) que conllevan
los grandes conglomerados humanos son en algunos casos ostensibles (carencia
de servicios esenciales, hacinamiento etc.), pero en otros difíciles de
mensurar como la “anosmia social” o la falta de sentido de pertenencia a
la comunidad. El
conurbano bonaerense fue creciendo demográficamente en anillos concéntricos
a la ciudad de Buenos Aires (mapa 1). El primer cinturón se conformó
por familias de inmigrantes europeos nucleados alrededor de barrios ya
establecidos de clase media (Ramos Mejía, Vicente López, Lomas de Zamora).
A partir de la década de 1940 se asentó la migración proveniente de las
regiones más pobres del norte argentino, en muchos casos formando las
primeras “villas miserias”. Este proceso fue continuo, con el agregado
de inmigrantes de los países vecinos, que sumado al crecimiento demográfico
propio, conformó a partir de la década del sesenta el denominado
“segundo cinturón” del conurbano. En los últimos veinte años y
siguiendo este patrón de concentración urbana aparece el tercer cinturón
que involucra a los partidos más alejados de la ciudad de Buenos Aires,
hasta hace poco de caracteres totalmente rurales. Crecimiento
demográfico A
medida que nos alejamos de la ciudad disminuyen los servicios y aumentan las
necesidades básicas insatisfechas (NBI), con las excepciones ya señaladas
de bolsones de pobreza y marginalidad tanto en la ciudad como en el primer
cinturón, que es el más parecido a ella. La falta de servicios básicos
ha sido la causa directa del brote de hepatitis A que ha sumado miles de
enfermos en estos dos últimos años. A
las características demográficas y urbanísticas del área metropolitana
deben agregarse como factores condicionantes para la salud pública,
su topografía y las modificaciones producidas por el hombre en una geografía
que la mayoría de sus habitantes desconoce. Cuando se menciona la ciudad se
asume erróneamente una región homogénea donde su paisaje sería asfalto
con viviendas de mayor o menor valor, sin embargo presenta a comienzos del
siglo XXI áreas donde se observa la dualidad urbano/rural. En el mapa 2
se ven marcadas tres zonas que no responden al concepto de urbano. La
reserva ecológica de Costanera Sur formada en los últimos treinta años
tiene su origen en una obra abandonada a la que la naturaleza -cuenca del
Paraná- aportó una fauna y flora típica del delta. Pocos saben que en esa
región tan concurrida de la ciudad se han producido accidentes por ofidismo
debidos a Bothrops alternatus o “Yarará” (Martino y col.) o que
viven roedores sigmodontinos que podrían ser reservorios de hantavirus. Una
zona similar en lo fitogeográfico y probablemente faunístico, de características
boscosas pero con asentamientos humanos precarios y permanentes se sitúa
detrás de Ciudad Universitaria, una región de extrema fragilidad para la
salud pública La
zona del sur del barrio de Flores se prolonga en un paisaje semirural hasta
la avenida General Paz y el Riachuelo teniendo como límite norte a la
autopista Dellepiane. Esta franja se alarga por Flores Sur, Villa Soldati,
Villa Lugano y Villa Riachuelo. El arroyo Cildañez intubado desde la
avenida General Paz aflora en el lago del mismo nombre para desembocar en el
Riachuelo. Rodeando este lago natural pueden aún hoy observarse estructuras
de cemento armado que son el recuerdo de otra obra abandonada: el pretendido
parque fitogeográfico pensado también en la década del setenta. Esta
zona, la última en proceso de urbanización y que corresponde a los
antiguos bañados de Flores, fue signada históricamente a ser marginal.
Primero basurero a cielo abierto de la ciudad (“la quema de Flores”) es
hoy asentamiento del mayor número de villas de emergencia de la ciudad, con
todo lo que esto significa para la salud pública. Pero la naturaleza geográfica
y demográfica agrega otros problemas a los propios de la marginalidad:
patologías prevalentes producto de la migración como la cisticercosis o el
Chagas o del entorno semirural como leptospirosis. En esta franja asientan
las villas 3, 6, 1/11/14, 13 bis, 15, 16, 17, 19, 20, Piletones y Calacitas,
además de núcleos habitacionales transitorios, es decir, la mayoría de
los asentamientos de la ciudad con una población difícil de estimar con
los datos actuales pero que rondaría cerca de los 80 mil habitantes. El
hacinamiento es tal que Villa 20 (Av. Cruz y Escalada) tiene una población
estimada cercana a 20 mil habitantes distribuidos en 27 manzanas. En todas
ellas la tendencia es al crecimiento demográfico. Para
tener una magnitud de este problema, muchas ciudades importantes de la
provincia de Buenos Aires (ejemplo Pehuajó) tienen una población similar a
Villa 20 o que ciudades con buen desarrollo por su riqueza agroganadera o
industrial como Azul (Buenos Aires) o Venado Tuerto (Santa Fe) poseen menos
población que el conjunto de las villas mencionadas. Es de destacar la
convivencia estrecha entre humanos, perros y roedores (R. norvegicus)
y en los últimos años la presencia de los caballos, posibilitando ciclos
epidemiológicos de algunas zoonosis. Al
norte de la avenida Rivadavia siguiendo el trayecto de la Av. Juan B Justo
se encuentra intubado el otro arroyo importante de la ciudad, el Maldonado.
Los desagües pluviales construidos en 1919 para menos de 15.000 hectáreas
urbanizadas han sido superados en el 95% por la superficie poblada. Toda la
zona de influencia del arroyo es inundable, especialmente entre enero y
junio cuando se incrementa el régimen de lluvias. En cuanto a los tres
cinturones del gran Buenos Aires, el primero se asemeja en lo demográfico y
urbanístico a la ciudad de Buenos Aires. Los municipios del segundo cinturón
muestran en mayor grado la transferencia urbano/rural, que se hace más
manifiesta en el tercer cinturón, con áreas netamente rurales rodeando a
barrios densamente poblados. Las frecuentes inundaciones del conurbano son producidas por el desborde de las dos cuencas hídricas: ríos Reconquista y Matanza y su rectificación hasta el Riachuelo. Los dos ríos, sus tributarios naturales y entubados y lagunas anexas se relacionan estrechamente con la aparición de brotes de enfermedades cuando salen de cauce. Existen depresiones naturales, como el valle inundable donde se construyó Quilmes, que es uno de los partidos con mayor denuncia de casos de leptospirosis (51 casos confirmados en el brote de 2001 con 280 casos sospechosos y cuatro casos graves en el primer cuatrimestre de 2002). Las depresiones artificiales son las denominadas cavas que al inundarse proporcionan lugares para recreacionar con riesgo de padecer enfermedades transmisibles, además de ahogamientos, etc. El brote de 1976 |