BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 10 Nº 90 Agosto de 2003 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

Priorizar la inversión en salud

Informe sobre Desarrollo Humano 2003


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO 2003

PRIORIZAR LA INVERSION EN SALUD

El sufrimiento, la enfermedad, el hambre y la falta de agua potable, los principales males de la pobreza, podrían evitarse si los países más ricos del mundo donaran el 1% de sus ingresos anuales. Si esa ayuda se concretara y si los países pobres la utilizaran de manera efectiva, se podrían controlar las grandes enfermedades pandémicas como el sida, la tuberculosis y la malaria; también se podría aumentar la producción de alimentos y asegurar la escolarización de muchos chicos, y se garantizaría por lo menos un acceso mínimo al agua potable y a la energía.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2003 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se difundió en julio pasado, destaca que estos logros se pueden alcanzar con inversiones específicas en salud, educación, agricultura, servicios sanitarios y otras áreas urgentes. También recalca el estudio que los países ricos sólo aportan el 20% de ese 1%. En el caso de EE.UU., la ayuda externa es sólo de un 10%.

El informe retoma los objetivos planteados en 2000 en la Declaración del Mi-lenio de las Naciones Unidas, que fue aprobada por la mayor concentración de jefes de Estado de la historia. Allí se comprometió a los países -ricos y pobres- a que hicieran todo lo posible para erradicar la pobreza, promover la dignidad humana y la igualdad, y alcanzar la paz, la democracia y la sostenibilidad medioambiental. Estos dirigentes prometieron unir fuerzas para lograr que, para el año 2015 o antes, se cumplan objetivos concretos de avance en el desarrollo de programas para la reducción de la pobreza. Sin embargo, el último informe de las Naciones Unidas refleja las condiciones de extrema pobreza en que viven millones de personas y recalca que “el desarrollo humano progresa con demasiada lentitud”. De hecho, la situación de 54 países incluso ha empeorado y son más pobres que en 1990.

En ese sentido, el Informe sobre Desarrollo Humano 2003 arrojó datos muy preocupantes: 1.200 millones de personas hacen frente a la vida con menos de un dólar al día; la pandemia del sida se extiende muy rápidamente (en 2001, 14 millones de niños perdieron a uno o a ambos de sus padres por causa de esta enfermedad), casi 800 millones de personas padecen hambre crónica, y muere una mujer por minuto durante el embarazo o parto. El informe de 368 páginas presenta un profundo análisis de la pobreza y recomienda situar la inversión en salud por encima de cualquier otro tipo de gasto, “dando prioridad a la atención sanitaria básica”. Las donaciones en medicamentos y los descuentos en precios por parte de las compañías farmacéuticas completarían esta primera fase denominada movilización de recursos. Por otro lado, las Naciones Unidas reclaman un esfuerzo de los países para promover la equidad de los sistemas sanitarios y pide a los gobiernos que centren su atención “en las zonas rurales, las comunidades pobres, las mujeres y los niños”.

El informe va más allá y solicita la cancelación de las deudas, insostenibles para muchos países sumidos en la pobreza.

En esta edición del Boletín de Temas de Salud, reseñamos los aspectos más destacados del informe de las Naciones Unidas.

Nota: el informe completo puede consultarse en http://www.undp.org/hdr2003/espanol/index.html 

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INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO 2003

Presentamos una síntesis del documento elaborado por las Naciones Unidas, destacando los aspectos vinculados al área de la salud

Durante los últimos 30 años se han producido extraordinarias mejoras en los países en desarrollo. El analfabetismo se ha reducido casi a la mitad, hasta un 25%, y en Asia Oriental el número de personas que sobreviven con menos de US$ 1 al día se redujo casi a la mitad en los años 90.

No obstante, el desarrollo humano progresa con demasiada lentitud. Para muchos países, la del 90 fue una década de desesperación. Alrededor de 54 países son ahora más pobres que en 1990. En 21 países se ha incrementado el porcentaje de personas que pasan hambre. En otros 14, mueren más niños menores de cinco  años. En 12, las matriculaciones en la escuela primaria están descendiendo. En otros 34 la esperanza de vida también ha disminuido. Pocas veces se habían producido anteriormente semejantes retrocesos en las tasas de supervivencia.

Otra señal de la crisis del desarrollo es que en 21 países se ha producido un descenso del índice del desarrollo humano (IDH, una medida que resume las tres dimensiones del desarrollo humano: disfrutar de una vida larga y saludable, recibir educación, y tener un nivel de vida digno). Se trata de un fenómeno poco común hasta finales de los 80, puesto que las capacidades que capta el IDH no se pierden fácilmente.

Si el progreso mundial continúa al mismo ritmo que en los 90, tan sólo los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza de ingresos y el porcentaje de personas que carecen de acceso a agua potable tendrán posibilidades de realizarse, principalmente gracias a China y la India. Desde una óptica regional, al ritmo actual, los países al sur del Sahara no alcanzarían los Objetivos de pobreza hasta el año 2147 y, en lo que respecta al VIH/SIDA y el hambre, la tendencia en esta región es a aumentar en lugar de disminuir.

El hecho de que tantos países en el mundo estén muy lejos de conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en los 12 años que faltan hasta el año 2015, indica la necesidad urgente de un cambio de procedimiento. Sin embargo, los logros que se han conseguido hasta ahora en cuanto a desarrollo muestran lo que es posible conseguir, incluso en países muy pobres. Sri Lanka, matriculaciones en primaria aumentó de un 40% en 1960 a casi un 91% para el año 1980.

El mundo actual dispone más que nunca de mayores recursos y conocimientos técnicos para abordar retos como las enfermedades infecciosas, la baja productividad, la carencia de energía limpia y transporte, la falta de servicios básicos como son el agua potable, el saneamiento, las escuelas y la atención médica. La cuestión es determinar la mejor manera de emplear estos recursos y conocimientos para beneficiar a las personas más pobres.

DOS GRUPOS DE PAISES REQUIEREN UN CAMBIO URGENTE

En primer lugar están los países donde se combinan un bajo desarrollo humano y un progreso insuficiente hacia los Objetivos. Estos son los países de máxima y alta prioridad. En segundo lugar se encuentran países que progresan adecuadamente hacia los Objetivos, pero que todavía tienen grandes lagunas de pobreza.

Hay 59 países de prioridad máxima o alta, donde la insuficiencia del progreso y unos niveles de partida muy bajos reducen las posibilidades de conseguir muchos de los Objetivos. Es en estos países donde el mundo debe centrar su atención y sus recursos.

En la década de los 90, estos países sufrieron muchos tipos de crisis:

La pobreza de ingresos: las tasas de pobreza, que ya eran altas, aumentaron en 37 de los 67 países de los que se tienen datos.

El hambre: en 19 países, más de una persona de cada cuatro pasa hambre, y la situación no mejora o incluso empeora. La tasa de hambre ha aumentado en 21 países.

Supervivencia: en 14 países, la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años aumentó en los años 90 y en siete países casi uno de cada cuatro niños no llegará a su quinto cumpleaños.

Agua: en nueve países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a agua potable y la situación no mejora o incluso empeora.

Saneamiento: en 15 países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a un servicio adecuado de saneamiento e igualmente esta situación no mejora sino que empeora.

Subyacente a todas estas crisis, se encuentra una crisis económica. Estos países no sólo son ya extremadamente pobres, sino que sus tasas de crecimiento son también terriblemente bajas.

En los años 90, 125 países registraron una media de crecimiento de ingresos per cápita inferior al 3% y en 54 de ellos los ingresos medios per cápita descendieron. De los 54 países con ingresos en disminución, 20 son países subsaharianos, 17 pertenecen a Europa Oriental y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), seis a América Latina y el Caribe, seis a Asia oriental y el Pacífico, y cinco a los Estados Árabes. Éstos incluyen muchos países prioritarios, así como algunos países con un desarrollo humano medio.

Los países de los que se habla con menor frecuencia son aquellos cuyo progreso es bueno, pero que excluyen o dejan de lado a ciertos grupos y zonas. Todos los países deberían hacer frente a estos problemas de notables desigualdades entre grupos -entre hombres y mujeres, entre grupos étnicos, entre razas y entre zonas urbanas y rurales-, y para abordar esta tarea se requiere ir más allá de la medias de los países.

Muchos países, cuyas medias nacionales indican un progreso adecuado hacia los Objetivos según los plazos establecidos, poseen grandes bolsas de pobreza afianzadas. En cierto número de países los Objetivos se podrían alcanzar más fácilmente si simplemente se mejorasen las circunstancias que rodean a las personas más acomodadas. Los datos sugieren que esto ocurre en el ámbito de la salud pero, aunque este enfoque podría ajustarse a lo establecido en la letra de los Objetivos, no se ajusta al espíritu de éstos. El progreso de las mujeres, la población rural, las minorías étnicas y demás personas pobres es, como de costumbre, más lento que la media nacional -o inexistente- incluso en los países que, de manera global, muestran progreso hacia los Objetivos.

De 24 países en desarrollo cuyas tasas subnacionales de mortalidad infantil se encontraban por debajo de la media entre la mitad de los 80 y la mitad de los 90, solamente tres han conseguido reducir la diferencia en la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años entre los grupos más pobres y los más ricos. Se dan pautas similares en las tasas de vacunación, matriculación y finalización escolar, donde las diferencias entre el ámbito urbano-rural y entre grupos étnicos continúan o incluso se intensifican. También las mujeres tienden a ser excluidas del progreso generalizado hacia los Objetivos en las zonas pobres.

EL PACTO DE DESARROLLO DEL MILENIO

Es un plan de acción dirigido fundamentalmente a los países de máxima y alta prioridad y con mayor necesidad de apoyo. La atención de las políticas mundiales ha de centrarse en aquellos países con mayores desafíos de desarrollo. Sin un cambio de dirección inmediato, nunca podrán alcanzar los Objetivos. Teniendo esto en cuenta, este informe ofrece un nuevo plan de acción centrado principalmente en estos países: el Pacto de Desarrollo del Milenio.

Para lograr un crecimiento sostenible, los países deben conseguir umbrales básicos en varias áreas clave: gobernabilidad, salud, educación, infraestructura y acceso a mercados. Si un país está por debajo del umbral en cualquiera de estas cuestiones, puede fácilmente caer en una “trampa de pobreza”. La mayoría de países de máxima y alta prioridad intentan alcanzar estos umbrales básicos. Sin embargo, tienen que hacer frente a obstáculos estructurales muy arraigados que difícilmente podrán superar por sí mismos. Entre estos obstáculos se encuentran las barreras de acceso a mercados internacionales y niveles de deuda muy elevados; deudas mucho más altas de las que pueden servir, habida cuenta de su capacidad de exportación. Otro obstáculo importante es el tamaño y localización del país.

Entre otras limitaciones estructurales relacionadas con la geografía del país, cabe destacar la escasa fertilidad de la tierra, su vulnerabilidad a desastres climatológicos o catástrofes naturales y enfermedades endémicas como el paludismo y el VIH/SIDA. No obstante, la geografía no marca el destino. Con las políticas adecuadas, estos problemas se pueden superar. Mejorar las carreteras y las comunicaciones, y conseguir una mayor integración con los países vecinos puede aumentar el acceso a los mercados.

Reducir la pobreza en las regiones más pobres requiere políticas nacionales que les reasignen recursos. La mayor prioridad política es incrementar la equidad, y no sólo el crecimiento económico. Las respuestas de las políticas a las limitaciones estructurales requieren intervenciones simultáneas en varios frentes, así como un aumento del apoyo externo. Seis grupos de políticas pueden ayudar a los países a salir de la trampa de la pobreza:

Invertir lo antes posible y de manera ambiciosa en educación básica y en salud, fomentando simultáneamente la equidad entre los sexos. Estas son condiciones previas al crecimiento económico sostenido. El crecimiento, a su vez, puede generar empleo y aumentar los ingresos, repercutiendo así en mayores beneficios para la educación y la salud.

Aumentar la productividad de los pequeños agricultores en entornos desfavorables, o sea, la mayoría de las personas que pasan hambre en el mundo. Una valoración fiable estima que el 70% de las personas más pobres del mundo viven en zonas rurales y dependen de la agricultura.

Mejorar la infraestructura básica -como puertos, carreteras, energía y comunicaciones- para reducir el coste de hacer negocios y vencer las barreras geográficas.

Desarrollar una política de desarrollo industrial que fomente las actividades emprendedoras y ayude a la diversificación de la economía, eliminando la dependencia de exportaciones de productos básicos, con un papel activo para la pequeña y mediana empresa.

Fomentar la gobernabilidad democrática y los derechos humanos para acabar con la discriminación, asegurar la justicia social y promover el bienestar de todas las personas.

Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y una gestión urbanística sensata de forma que las mejoras en el desarrollo sean duraderas.

La razón de estas políticas es que para que la economía funcione mejor, es necesario que se solucionen otros asuntos primero. Por ejemplo, es imposible reducir la dependencia de exportaciones de productos básicos si la población activa no puede acceder a la industria manufacturera debido a su escaso nivel de formación.

Los países más pobres necesitan importantes inyecciones de recursos externos para poder conseguir niveles esenciales de desarrollo humano. Esto, sin embargo, no supone una petición de financiación sin límites a los países ricos. El Pacto tampoco pide disculpas por la necesidad de que los países pobres movilicen sus recursos nacionales, refuercen sus políticas e instituciones, luchen contra la corrupción y mejoren la gobernabilidad; medidas esenciales en la consecución del desarrollo sostenible.

Si los países no adoptan planes mucho más ambiciosos para el desarrollo, no podrán alcanzar los Objetivos. A este respecto, el Pacto sostiene que se debería aplicar un nuevo principio. Los gobiernos, tanto de países pobres como de países ricos, así como las instituciones financieras internacionales, deberían empezar por preguntarse cuáles son los recursos necesarios para alcanzar los Objetivos, más que permitir que el avance hacia el desarrollo quede restringido por los recursos limitados que actualmente tienen asignados.

MENOS POBREZA

Reducir a la mitad el porcentaje de personas que vive en la pobreza extrema (Objetivo 1) requerirá un crecimiento económico mucho más fuerte en los países de máxima y alta prioridad donde este ha disminuido. No obstante, el crecimiento no será suficiente por sí solo. Las políticas necesitan fortalecer los vínculos entre un crecimiento más fuerte y mayores ingresos y los hogares más pobres. Más de 1.200 millones de personas -una de cada cinco en todo el mundo- sobrevive con menos de US$1 al día. Durante los años 90, la proporción de personas que sufría la pobreza extrema de ingresos descendió de un 30% a un 23%. Sin embargo, teniendo en cuenta el crecimiento de la población mundial, la cifra sólo descendió en 123 millones; una pequeña fracción del progreso necesario para acabar con la pobreza. Si se excluye a China, la cifra de personas que viven en la pobreza extrema en realidad aumentó en 28 millones. La mayor concentración de pobreza de ingresos se encuentra en Asia Meridional y Oriental, aunque últimamente ambas regiones han logrado progresos importantes.

Como se ha señalado, en los 90 China consiguió sacar de la pobreza a 150 millones de personas -el 12% de su población- reduciendo su incidencia a la mitad. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, los Estados Árabes, Europa Central y Oriental y en los países subsaharianos, aumentó el número de personas con ingresos inferiores a US$1 diario. La ausencia de un crecimiento sostenido se ha convertido en un importante obstáculo para la reducción de la pobreza. En los 90, tan sólo 30 de los 155 países en desarrollo y en transición de los que se disponen datos -aproximadamente uno de cada cinco- alcanzó un crecimiento de ingresos per cápita de más de un 3% anual. Como se ha indicado anteriormente, la media de ingresos descendió en 54 de estos países.

El crecimiento económico no es, sin embargo, suficiente por sí solo. Éste puede ser implacable o puede reducir la pobreza, dependiendo de la forma en que se desarrolle, de los aspectos estructurales de la economía y de las políticas. La pobreza ha aumentado incluso en algunos países que han alcanzado un crecimiento económico generalizado y, durante las dos últimas décadas la desigualdad de ingresos se intensificó en 33 de los 66 países en desarrollo de los que se tienen datos. Todos los países -especialmente aquellos que en general progresan adecuadamente pero que poseen afianzadas bolsas de pobreza- deberían implantar políticas que fortalezcan los vínculos entre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

Las probabilidades de que el crecimiento beneficie a los pobres serán mayores si este se produce de forma generalizada en lugar de concentrarse en unos pocos sectores o ciertas regiones, si existe una mano de obra intensiva (como en la agricultura o la industria de la confección) en lugar de un capital intensivo (como en la industria petrolífera), y si los ingresos del gobierno se invierten en el desarrollo humano (como en servicios sanitarios básicos, educación, nutrición y servicios de suministro de agua y saneamiento), existen mayores probabilidades de que se beneficien los pobres.

Las probabilidades de que el crecimiento beneficie a los pobres serán inferiores si este se produce de forma restringida, si desatiende al desarrollo humano o si discrimina en el suministro de servicios públicos en perjuicio de zonas rurales, ciertas regiones, grupos étnicos o mujeres. Las políticas públicas que pueden fortalecer las conexiones entre el crecimiento y la reducción de la pobreza incluyen: incrementar el nivel, la eficiencia y la equidad de las inversiones en servicios sanitarios básicos, educación y abastecimiento de agua y saneamiento; ampliar el acceso de los pobres a tierras, créditos, conocimientos prácticos y otros patrimonios económicos; aumentar la productividad y la diversificación del pequeño agricultor; fomentar el crecimiento industrial de mano de obra intensiva que implique a la pequeña y mediana empresa.

DISMINUIR EL HAMBRE

Reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas (Objetivo 1) presenta dos retos: garantizar el acceso a la comida que ahora es abundante y aumentar la productividad de los agricultores que ahora pasan hambre; especialmente en África. Las cifras de personas hambrientas descendieron en casi 20 millones en los años 90. No obstante, si se excluye a China, el número de hambrientos ascendió. En Asia Meridional y África Subsahariana se concentran el mayor número de personas que pasan hambre. En Asia Meridional, el reto que se plantea es la forma de mejorar la distribución de la abundante cantidad de alimentos disponibles.

En el África Subsahariana el mayor desafío es el aumento de la productividad agrícola. Hay muchas acciones públicas que pueden llevarse a cabo para reducir el hambre. Las reservas de existencias, especialmente a nivel local, pueden abastecer al mercado durante situaciones de emergencia por falta de comida, reduciendo así la volatilidad de los precios. Muchos países, como China y la India, cuentan con estos sistemas. Las reservas de existencias alimentarias pueden resultar especialmente importantes para los países sin litoral susceptibles a sequías. Además, muchos hambrientos son personas que carecen de tierras o de una tenencia segura. Se necesita una reforma agraria que proporcione un acceso seguro a la tierra a los pobres en entornos rurales.

En el África Subsahariana y en Asia Meridional son las mujeres las que producen una gran parte de los alimentos y, sin embargo, no tienen un acceso seguro a la tierra. También es necesario abordar el problema de la baja productividad agrícola, especialmente en regiones ecológicas marginadas con suelos de escasa fertilidad y gran variabilidad climatológica. Los grandes logros conseguidos por la revolución verde han dejado estas zonas de lado. Se plantea así la necesidad de una revolución doblemente verde; una que aumente la productividad y que mejore la sostenibilidad ambiental. Es necesario aumentar las inversiones en investigación y desarrollar mejores tecnologías y difundirlas a través de servicios de divulgación. También se precisan inversiones en infraes-tructuras, como en carreteras y en sistemas de almacenaje. Sin embargo, tanto las inversiones públicas como el apoyo de los donantes a la agricultura han ido descendiendo durante las últimas décadas. Los aranceles sobre las importaciones protegen a los mercados de los países ricos y reducen los incentivos a los agricultores de los países pobres para invertir en agricultura, lo que contribuiría a una mayor seguridad alimentaria sostenible. Las fuertes subvenciones concedidas en los países ricos también reducen los incentivos para invertir en la seguridad alimentaria a largo plazo, a pesar de que esto pueda beneficiar a los importadores netos de alimentos.

ENSEÑANZA PARA TODOS

Lograr la enseñanza primaria universal y erradicar las desigualdades entre los sexos, tanto en la educación primaria como en la secundaria (Objetivos 2-3), requiere abordar las cuestiones de eficiencia, equidad y los niveles de recursos como problemas relacionados. En todas las regiones en desarrollo, más del 80% de los niños están matriculados en la escuela primaria. Sin embargo, alrededor de 115 millones de niños están escolarizados y el número de matriculaciones en el África Subsahariana (59%) es lamentablemente muy bajo. Una vez inscriptos, tan sólo existe una posibilidad entre tres de que un niño finalice la escuela primaria en África.

A esto hay que añadir que uno de cada seis adultos en el mundo es analfabeto y la brecha entre los sexos persiste, ya que unas tres quintas partes de los 115 millones de niños sin escolarizar son niñas, y dos tercios de los 876 millones de analfabetos adultos son mujeres. La falta de educación priva a las personas de una vida plena. También priva a la sociedad de la base necesaria para un desarrollo sostenible, puesto que la educación es fundamental para mejorar la salud, la nutrición y la productividad. Por consiguiente, el Objetivo de la educación es crucial para alcanzar los demás Objetivos.

En la mayoría de los países, la provisión de educación básica es muy poco equitativa; el 20% de las personas más pobres reciben mucho menos del 20% del gasto público, mientras que el 20% de las personas más ricas consiguen mucho más. Además, la educación primaria recibe mucha menos financiación por estudiante que la secundaria y la educación superior. Esta situación también discrimina a los pobres, puesto que la educación básica es la que más les beneficia. Los gastos domésticos destinados a la educación, como los gastos de matrícula y los uniformes, tampoco favorecen la matriculación, especialmente entre las familias más pobres. Las matriculaciones aumentaron enormemente en Kenya, Malawi y Uganda cuando se eliminaron estos gastos.

Un sistema equitativo también conduce a unos mejores resultados: los países con un buen rendimiento en educación tienden a invertir más en los hogares más pobres y en la educación primaria. La baja inversión afecta especialmente a los pobres, ya que la elite y los grupos poderosos tienden a hacerse con una parte desproporcionada de unos presupuestos que son pequeños. El hecho de que los presupuestos sean restringidos dificulta, asimismo, la implantación de reformas. Conseguir una mayor equidad o eficiencia es más fácil cuando crecen los recursos educativos. Lo que agrava el problema de los recursos es la reducción de la ayuda de los donantes para la educación. En los años 90 la ayuda descendió en un 30% en términos reales, a US$ 4.700 millones, de los cuales tan sólo US$ 1.500 millones estaban dirigidos a educación. Además, es bastante común que los donantes financien equipos y otras inversiones de capital, en lugar de financiar libros de texto, salarios de profesores y otros gastos de explotación. Es aquí donde se encuentran los auténticos cuellos de botella.

Normalmente, los países se pueden permitir invertir más en educación a medida que su economía crece. Sin embargo, los países más pobres necesitan gastar más en educación para poder salir de las trampas de la pobreza pero carecen de recursos suficientes para realizar esas inversiones básicas.

IGUALDAD DE GENEROS

Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer (Objetivo 3) no son sólo cuestiones valiosas por sí mismas, son también fundamentales para poder conseguir el resto de los Objetivos. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, en su sentido más amplio, es un objetivo clave de la Declaración del Milenio, aunque acabar con las diferencias existentes en la educación primaria y secundaria sea el único objetivo cuantitativo que se haya planteado. La educación contribuye a una mejor salud y una mejor educación, y una mejor salud y educación incrementan la productividad que conduce al crecimiento económico. Este crecimiento genera a su vez recursos que financian mejoras en la salud y en la educación de las personas, lo que aumenta aún más la productividad. La igualdad entre los sexos es crucial en estas sinergias, puesto que las mujeres son agentes de desarrollo. En casi todas las sociedades las mujeres son las principales cuidadoras.

Por esta razón, su educación contribuye, en mayor medida que la de el hombre, a la salud y la educación de la generación siguiente; y aún más si desempeñan un papel importante en la toma de decisiones familiares.

SALUD, LA PRIORIDAD

Reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades (Objetivos 4-6) precisan de un aumento extraordinario del acceso a la atención médica. Cada año más de 10 millones de niños mueren a causa de enfermedades prevenibles -30.000 al día-. Más de 500.000 mujeres mueren al año durante el embarazo o el parto, siendo estas muertes 100 veces más probables en el África Subsahariana que en los países prósperos de la OCDE. En el mundo existen 42 millones de personas que viven con el VIH/SIDA, de las que 39 millones pertenecen a países en desarrollo. La tuberculosis sigue siendo (junto con el SIDA) la enfermedad infecciosa con mayor mortalidad en adultos, causando hasta 2 millones de muertes al año. Las muertes por paludismo, actualmente 1 millón al año, podrían duplicarse en los próximos 20 años.

Sin un progreso mucho más acelerado, no se podrán alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relativos a estas cuestiones (Objetivos 4-6). Incluso el Objetivo de mortalidad infantil, donde el progreso ha sido constante, al ritmo actual en el África Subsahariana no se conseguirá reducir la mortalidad infantil en dos tercios hasta 150 años más tarde de la fecha límite establecida por el Objetivo. Estas estadísticas son bochornosas teniendo en cuenta que muchas de estas muertes podrían evitarse mediante un empleo más generalizado de mosquiteras, comadronas, antibióticos asequibles, una higiene básica y el acceso al tratamiento conocido como DOTS (Directly Observed Therapy Short Course) o Tratamiento Vigilado de Corta Duración, para combatir la tuberculosis.

Ninguna de estas es una solución de alta tecnología, pero en su conjunto podrían salvar millones de vidas. Sin embargo, continúan estando fuera del alcance de demasiados países. ¿Por qué? Por diversas razones de tipo sistémico. Como sucede en la educación, existe una falta de recursos en los sistemas sanitarios (especialmente en la atención sanitaria básica), una falta de equidad en cuanto a lo que proporcionan estos sistemas y una falta de eficiencia en la forma en que se suministran estos servicios. Los sistemas sanitarios de los países pobres están gravemente desprovistos de fondos para poder alcanzar los Objetivos.

Ningún país de ingresos altos de la OCDE invierte menos de un 5% del PBI en servicios sanitarios públicos. Sin embargo, los países en desarrollo rara vez sobrepasan este porcentaje y la mayoría invierte entre un 2% y un 3% de su PBI. En 1997 la media del gasto público en salud fue tan sólo de US$ 6 per cápita en los países menos desarrollados y US$ 13 en otros países de ingresos bajos; comparado con los US$ 125 que se invirtieron en los países de ingresos medios-superiores y los US$ 1.356 en los países de ingresos altos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el gasto mínimo absoluto para servicios sanitarios básicos es de US$ 35-40 per cápita. En los países pobres resulta imposible pagar los precios internacionales de las medicinas que pueden salvar vidas y es casi un crimen esperar de los pobres que lo hagan. Con presupuestos tan pequeños e inadecuados, son los pobres los que salen perdiendo.

En la mayoría de los países, el 20% de los hogares más pobres se beneficia con mucho menos que el 20% del gasto sanitario. Sin embargo, un gasto más equitativo conduce a unos mejores resultados: los países que destinan mayores asignaciones a los hogares más pobres tienen tasas más bajas de mortalidad infantil. Las desigualdades existentes entre el ámbito rural y urbano son otro ejemplo de la injusta distribución del gasto. Generalmente las zonas rurales perciben mucho menos. La falta de recursos tiene un efecto corrosivo en los sistemas sanitarios, puesto que las deficiencias de una zona afectan a las demás. Cuando las clínicas no disponen de medicamentos, los pacientes tienden a no acudir a ellas para tratamiento. Esto conduce a un alto nivel de absentismo entre la plantilla, lo que resulta en una mayor ineficacia. Como es bastante improbable que la comunidad encuentre servicios sanitarios que merezcan la pena, ésta no supervisa el sistema, y los servicios se vuelven menos (en lugar de más) receptivos a sus necesidades. Las políticas necesitan responder a las tres cuestiones relacionadas con los recursos, los niveles, la equidad y la eficiencia:

Movilización de recursos. los gobiernos de los países pobres deben dar un carácter prioritario a la inversión en salud por encima de otro tipo de gastos, como los de defensa. Dentro de los presupuestos sanitarios, se debe dar prioridad a la atención sanitaria básica. Sin embargo, es muy poco probable que esto sea suficiente para los países de ingresos bajos.

Aumento de los recursos externos. Esto incluye la asistencia, aunque también serían de gran ayuda el alivio de la deuda, las donaciones de medicamentos y los descuentos en los precios por parte de las compañías farmacéuticas.

Consecución de una mayor equidad. Los gobiernos deben compensar las irregularidades producidas centrando su atención en las zonas rurales, las comunidades pobres, las mujeres y los niños. No obstante, centrarse únicamente en la atención primaria no servirá de ayuda; los hospitales públicos, desbordados por el número de enfermos de SIDA o tuberculosis, no pueden hacerse cargo de otro tipo de enfermos.

Unos sistemas sanitarios que funcionen mejor. Los gobiernos que cuentan con poco dinero se enfrentan a un dilema a la hora de establecer prioridades. La primera de todas es mantener un sistema integrado. Los programas verticales que se concentran en atender enfermedades específicas se han hecho muy populares, sin embargo, no pueden ser eficaces ni sostenibles sin una infraestructura sanitaria básica. Estos programas se deberían integrar dentro de la estructura sanitaria general. También los servicios de salud maternal y reproductiva exigen una integración urgente. Muchos países se centran en la planificación de la familia, dejando de lado la salud infantil y maternal. Centrar la atención en intervenciones esenciales no es suficiente; hay que concentrarse igualmente en garantizar que todos los centros de salud primaria dispongan de los medicamentos esenciales. Dado que los proveedores de atención médica privada son el primer recurso de muchos pobres, los gobiernos deben incorporarlos dentro del ámbito público mediante una regulación mejor. Muchas medidas pueden ser de ayuda: una legislación que proteja al consumidor, un sistema de acreditación que indique a los consumidores qué proveedores están registrados, contar con médicos dispuestos a limitarse a medicamentos de primera necesidad. No obstante, donde los servicios de alto nivel se han privatizado mediante el uso de servicios de atención sanitaria gestionada, como ocurre en muchos países de América Latina, la experiencia no ha sido ni mucho menos positiva para los más pobres.

AGUA POTABLE

Reducir a la mitad el porcentaje de personas sin acceso a agua potable y a servicios de saneamiento mejorado (Objetivo 7) requiere un programa integrado. Sin servicios de saneamiento e higiene, el agua potable es mucho menos beneficiosa para la salud. Más de 1.000 millones de personas en los países en desarrollo, una de cada cinco, no tiene acceso a agua potable y 2.400 millones carecen de acceso a un servicio mejorado de saneamiento. Ambos accesos pueden plantear cuestiones de vida o muerte. La diarrea es una de las principales causas de mortalidad infantil: en los años 90 murieron más niños por su causa que todas las personas que han perecido en conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. Los más afectados son las personas pobres que viven en zonas rurales y en los barrios urbanos más precarios.

Como sucede con los demás Objetivos relativos a la salud, se conocen bien cuales son las soluciones técnicas de bajo coste para el acceso de la comunidad: pozos excavados protegidos, grifos públicos, fuentes protegidas, letrinas de cisterna, letrinas de fosa simples, letrinas de fosa ventilada y conexiones a fosas sépticas o a alcantarillas públicas cubiertas. Sin embargo, existen diversos factores que disminuyen la efectividad de estas soluciones. Además, éstas no son del todo adecuadas:

Agua sin saneamiento. El acceso al agua potable es mucho menos útil sin un sistema de saneamiento e higiene. Una mejor atención médica se desaprovecha cuando se tratan enfermedades transmitidas por el agua que podían haberse evitado mediante el uso de agua potable, servicios mejorados de saneamiento y una mejor higiene. Aunque la demanda de agua potable resulta evidente, la demanda de un saneamiento seguro depende en mayor medida de la educación en higiene. Los hogares pobres se ven en la situación de tomar individualmente la iniciativa de instalar sistemas de saneamiento en sus casas, y a menudo deben financiarse ellos mismos los costes. Si no están convencidos de que esta inversión es necesaria, es muy poco probable que la hagan.

Falta de recursos para financiar infraestructuras de alto coste. Tanto en zonas urbanas como periféricas, el suministro de agua requiere el desarrollo de las fuentes de agua, el transporte general del agua a la comunidad a la que se va a servir y una red local de distribución. Un servicio de saneamiento requiere colectores públicos de aguas residuales y sistemas de tratamiento. Estas inversiones conllevan gastos importantes muy por encima de las posibilidades de la mayoría de las autoridades locales. Incluso en los países de medianos ingresos son los gobiernos nacionales los que deben proveer estos servicios. El componente más caro de la infraestructura del agua y del saneamiento es el tratamiento de aguas residuales que impide que este tipo de aguas sin tratar entre en los ríos y contamine la capa freática. Esto requiere además tecnologías mejoradas. Pero las autoridades municipales carecen de recursos para invertir en servicios básicos de saneamiento.

Un alto precio y un mantenimiento deficiente. Los gobiernos deben asegurarse que el acceso al agua y a los servicios de saneamiento de los pobres no se vea delimitado por precios excesivamente altos que favorezcan a los menos necesitados. Los de mayor poder adquisitivo deben asumir una mayor parte de los gastos de la financiación del mantenimiento de la infraestructura de estos servicios. La inversión en sistemas más costosos para las zonas más prósperas de las ciudades dejan escasos recursos para planes de bajo coste, dejando las zonas más pobres y la periferia sin servicios. Además, los sistemas de abastecimiento de agua suelen carecer de un mantenimiento adecuado. La participación de la comunidad ha resultado ser fundamental en la mejora de los servicios en estas zonas.

Se han combinado experiencias llevadas a cabo con la participación privada multinacional en servicios de abastecimiento de agua y saneamiento. El sector privado ha conseguido algunos éxitos con el aumento de servicios de abastecimiento de agua para comunidades pobres en grandes ciudades (como Buenos Aires, Argentina y Manila, Filipinas). Sin embargo, estos éxitos se han visto menoscabados por una corrupción a gran escala y el incumplimiento de acuerdos con el gobierno. Se tienen que fomentar las iniciativas emprendedoras locales en el sector, financiadas por bancos nacionales de desarrollo.

MEDIO AMBIENTE

Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente (Objetivo 7) precisará gestionar ecosistemas de manera que éstos puedan procurar servicios que sustenten medios de vida para las personas. Esto también constituye una parte muy importante para alcanzar el resto de los Objetivos. La degradación del suelo afecta a casi 2.000 millones de hectáreas, perjudicando así el sustento de hasta 1.000 millones de personas que viven en tierras áridas. Alrededor del 70% de las industrias pesqueras están saturadas o sobreexplotadas y 1.700 millones de personas —un tercio de la población de los países en desarrollo — vive en zonas que sufren estrés hídrico. Existe una irregularidad geográfica en lo referente al consumo, al daño medioambiental y al impacto humano. Los países ricos generan la mayor parte de la contaminación ambiental del mundo y agotan muchos de sus recursos naturales.

Claros ejemplos son la disminución de los recursos de las industrias pesqueras en el mundo y las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan cambios climatológicos: ambos están relacionados con unas pautas de consumo insostenible por parte de las personas y países ricos. En los países ricos, las emisiones de dióxido de carbono per capita son de 12,4 toneladas, mientras que en los países de medianos ingresos éstas son de 3,2 toneladas y en los de ingresos bajos de 1,0 toneladas. Los pobres son las más vulnerables a las sacudidas y tensiones ambientales, como los efectos anticipados del cambio climático mundial. Invertir el curso de estas tendencias negativas es un fin en sí mismo pero también contribuiría al cumplimiento de los demás Objetivos, ya que la salud, los ingresos y las oportunidades de los pobres están muy afectadas por la disminución de los recursos naturales.

Unos 900 millones de personas pobres que viven en zonas rurales dependen de productos naturales como parte importante de su sustento. Hasta una quinta parte de las causas de enfermedades en los países pobres puede estar ligada a los factores de riesgo del medio ambiente. Los cambios climáticos podrían dañar la productividad agrícola en los países pobres y aumentar los riesgos, exponiéndoles a inundaciones y otras catástrofes. Éstos son sólo unos pocos ejemplos de las interacciones existentes entre el Objetivo de medio ambiente y los demás Objetivos. Las políticas que fomentan la sostenibilidad ambiental deberían hacer hincapié en la importancia que tiene la participación de los ciudadanos en las soluciones. También deberían destacar la importancia de los cambios de política en los países ricos. Las políticas deben adoptar las siguientes prioridades:

Mejorar las instituciones y la gobernabilidad. Definir claramente la propiedad y los derechos del usuario, mejorar la supervisión y la conformidad con las normas respecto al medio ambiente e implicar a las comunidades en la gestión de sus recursos medioambientales.

Tratar la cuestión de la protección y gestión del medio ambiente en las políticas sectoriales y en otras estrategias para el desarrollo propias de cada país .

Mejorar el funcionamiento de los mercados. Eliminar las subvenciones, especialmente en los países ricos, que dañan el medio ambiente (como las subvenciones para combustible fósil o para flotas pesqueras comerciales a gran escala), y reflejar el coste medioambiental a través de recargos por contaminación

Fortalecer los mecanismos internacionales. Mejorar la gestión internacional de asuntos de competencia mundial, como proteger las líneas divisorias de aguas internacionales e invertir el cambio climático, junto con mecanismos que ayuden a compartir estas responsabilidades de manera equitativa.

Invertir en ciencia y en tecnología. Invertir más en tecnologías de energías renovables y crear un organismo de control para supervisar el funcionamiento y el estado de los principales ecosistemas.

Conservar los ecosistemas críticos. Crear zonas protegidas con la participación de los ciudadanos.

Se necesita una nueva asociación mundial entre los países ricos y pobres para que estas políticas se enraícen y den frutos. Para hacer un reparto justo de las responsabilidades, los países grandes deben contribuir en mayor medida para mitigar la degradación medioambiental y aplicar más recursos para cambiar su curso. Tanto para éste, como para los demás Objetivos, existe la necesidad urgente de rectificar ciertas irregularidades que saltan a la vista.

COMERCIO Y TECNOLOGÍA

Los cambios en las políticas de los países ricos sobre ayudas, deuda, comercio y transferencia de tecnologías (Objetivo 8) son imprescindibles para alcanzar los Objetivos. Resulta difícil imaginar que los países más pobres alcancen los Objetivos 1-7 sin que las políticas de los países ricos cambien para lograr el Objetivo 8. Los países pobres no pueden, por sí mismos, abordar las limitaciones estructurales que les mantienen inmersos en trampas de pobreza. Estas limitaciones incluyen los aranceles y las subvenciones de los países ricos que restringen el acceso al mercado para sus exportaciones, las patentes que limitan el acceso a tecnologías que pueden salvar vidas y la insostenibilidad de la deuda con los gobiernos y las instituciones multilaterales de los países ricos. Los países más pobres carecen de los recursos para financiar las inversiones necesarias para llegar a umbrales fundamentales en cuanto a infraestructuras, educación y salud. Tampoco cuentan con recursos para invertir en agricultura, ni en industrias manufactureras a pequeña escala que mejoren la productividad de sus trabajadores. Estas inversiones establecen las bases para salir de las trampas de pobreza y no pueden esperar al crecimiento económico para generar recursos. Los niños no pueden esperar a que el crecimiento genere recursos cuando se enfrentan a la muerte por causas prevenibles. El marco para la asociación que proponen la Declaración del Milenio y el Consenso de Monterrey deja claro que la responsabilidad primordial de alcanzar los Objetivos 1-7 recae en los países en desarrollo. Compromete a estos países a movilizar los recursos nacionales para financiar programas ambiciosos e implantar reformas en sus políticas que fortalezcan la gobernabilidad económica, a implicar a los pobres en los procesos de toma de decisiones y a promover la democracia, los derechos humanos y la justicia social. El consenso es, además, un pacto que compromete a los países ricos a hacer más, aunque sobre una base rendimiento más que de ayuda social.

CONCLUSIÓN

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio presentan un mundo al que se le asignan retos de enormes proporciones. A menos que se produzca una mejora radical, demasiados países no cumplirán los objetivos, con consecuencias desastrosas para los más pobres y vulnerables de sus ciudadanos. No obstante, hoy el mundo tiene una oportunidad sin precedentes de cumplir el compromiso de erradicar la pobreza. Por primera vez existe un auténtico consenso entre los países ricos y pobres que sostiene que la pobreza es un problema del mundo. El mundo debe luchar unido contra la pobreza. Como explica este Informe, muchas de las soluciones para acabar con el hambre, las enfermedades, la pobreza y la falta de educación son ampliamente conocidas. Lo que se necesita es que los esfuerzos se encaucen adecuadamente y que los servicios se distribuyan más justa y eficazmente. Nada de esto podrá ser posible a menos que todos los países, ricos y pobres, asuman sus responsabilidades hacia los miles de millones de personas pobres del planeta. 

Nota: los subtitulos son autoría de este Boletín


Objetivos de Desarrollo del Milenio

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

2. Lograr la educación primaria universal

3. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer

4. Reducir la mortalidad infantil

5. Mejorar la salud materna

6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

7. Garantizar la sostenibilidad ambiental

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

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