| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
8 Nº71 Septiembre de 2001
Durante
la Cumbre mundial sobre la alimentación de 1996, convocada por la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO), representantes de 185 países se comprometieron a trabajar para eliminar
el hambre: establecieron el objetivo de reducir a la mitad el número de
personas que sufren hambre para el 2015. En la Cumbre, que se realizará
entre el 5 y el 9 de noviembre en Roma, se evaluará qué pasó cinco años
después con este objetivo y se estudiarán formas de acelerar el
proceso social que conduce hacia él. Los especialistas que se reunirán
cuentan de antemano con un dato desalentador: las estadísticas indican que el
número de personas subnutridas1
disminuye a una tasa de ocho millones anuales, muy por debajo de la media de
20 millones anuales necesaria para alcanzar la meta. Aunque se ha avanzado en
algunas naciones y comunidades, los expertos saben que queda mucho por hacer. Pese
a que todos los países del mundo reconocen directa o indirectamente el
derecho a los alimentos, el hambre que producen la guerra, la sequía,
las catástrofes naturales o la pobreza sigue causando mucho sufrimiento. Y la
pobreza, una de las causas del hambre, también es su consecuencia: al inicio
del tercer milenio, 826 millones de hombres, mujeres y niños padecen hambre
crónica. La FAO señala en uno de sus documentos: “El hambre no sólo
reduce la vida y la esperanza de las personas, sino que va en detrimento de la
paz y la prosperidad de los países”. El
hambre opaca el intelecto y atrofia la productividad, e impide a sociedades
enteras realizar su potencial. Cuando estas dificultades se multiplican por
millones de familias en todo el mundo, se crea un devastador efecto de
propagación que pone en peligro el desarrollo mundial. Erradicar el
hambre no es un mero ideal; asegurar el derecho a disponer de alimentos
adecuados es un asunto de derecho internacional y atraviesa la totalidad de
los derechos humanos: las personas deberían tener acceso físico y económico
en todo momento a los alimentos, en cantidad y de calidad adecuadas, para
llevar una vida saludable y activa. Para considerar adecuados a los alimentos
se requiere que además sean culturalmente aceptables y que se produzcan en
forma sostenible para el medio ambiente y la sociedad. El hambre grave afrenta
a la dignidad humana y a los derechos humanos y representa
un obstáculo para el desarrollo, especialmente de los niños. El
hambre nutre el conflicto y el crimen, reduce la productividad y merma la vida
de las personas. El
16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación2, este año el tema central será “Combatir el
hambre para reducir la pobreza”. La FAO considera que la mayor
parte de las estrategias para reducir la pobreza no atacan directamente el
problema del hambre y que es necesario un enfoque más preciso para
combatirlo, además de fomentar el desarrollo agrícola. Para avanzar en la
lucha contra el hambre, los gobiernos, el sector privado y la comunidad
internacional tendrán que dirigir sus actividades a las zonas rurales, donde
vive el 70% de la población pobre y con hambre. En esta edición del Boletín
de Temas de Salud presentamos una síntesis de los principales
documentos que la FAO presentará este año en la Cumbre mundial sobre la
alimentación. 1 Subnutrición: ingesta de
alimentos insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria
de manera continua. 2 Se celebra ese día porque es el
aniversario de la creación de la FAO en 1945.
La
pobreza tiene muchas facetas por lo cual los esfuerzos por aliviarla deben
perseguir múltiples objetivos, entre ellos, la lucha contra el hambre y las
acciones tendientes a apoyar la agricultura “Combatir
el hambre para reducir la pobreza” es el lema del Día Mundial de la Salud, que se conmemora
en todo el mundo el 16 de octubre. El tema de este año encierra la idea de
que el hambre es la manifestación más crítica de la pobreza, de modo que
eliminarla es el primer paso para reducirla; el segundo paso es asegurar
disponibilidad de alimentos para todos. Es decir, la pobreza no es sólo causa
del hambre sino también su consecuencia. En un documento de la FAO, El
desafío consiste en acabar con la pobreza rural, se realiza un
pormenorizado análisis de la pobreza en el mundo, que afecta a 1.200 millones
de personas. A continuación se expone una síntesis y análisis de los puntos
principales de este trabajo (los subtítulos son autoría del Boletín
de Temas de Salud). POBREZA
RURAL
En
los 20 años transcurridos entre 1970 y 1990 se registró el retroceso más rápido
y generalizado en la pobreza, el hambre, la muerte prematura y el
analfabetismo de la historia de la humanidad. El progreso se ha detenido y
extensas zonas rurales, pobladas por centenares de millones de personas,
siguen sumidas en la pobreza. En el decenio de 1990, la tasa de reducción
de la pobreza cayó a menos de un tercio de lo que hubiese sido
necesario para que se
cumpla el compromiso asumido por las Naciones Unidas: reducir a la mitad la pobreza extrema para el 2015. Para
lograr esto, el esfuerzo debe centrarse en la reactivación de la agricultura.
En todo el mundo, 1.200 millones de personas viven en condiciones de
pobreza extrema: subsisten con menos de un dólar estadounidense al día.
El 75% de los pobres trabaja y vive en zonas rurales, y se espera que
esa cifra sea del 60% en el 2020 y del 50% en el 2035. Sin embargo, los
progresos realizados hasta la fecha han seguido un ritmo muy inferior al
necesario para alcanzar el objetivo de reducir la pobreza a la mitad. En
Asia meridional y América Latina, la tasa de reducción de la pobreza, entre
1990 y 1998, alcanzó apenas una tercera parte de lo que era preciso, y fue
seis veces inferior a lo necesario en el África subsahariana. Mientras tanto,
el valor real de la ayuda descendió entre 1988 y 1998. La proporción de la
ayuda destinada a los países de bajos ingresos o los países menos
adelantados, donde vive más del 85% de los pobres, se mantuvo en torno al
63%. El valor real de la ayuda a la agricultura disminuyó y el sector rural
sigue desatendido en general, pese a su gran concentración de personas
pobres. APOYO
AL SECTOR AGRICOLA
Una
reducción real de la pobreza exige la reasignación de los recursos en
beneficio de las poblaciones rurales y los pobres. Con todo, la
revitalización de la agricultura no es más que una parte de la respuesta
precisa para acabar con la pobreza rural; los cambios agrícolas pueden
contribuir a la reducción de la pobreza pero sólo cuando van asociados a
transformaciones sociales que dan a los pobres más poder sobre los factores
sociales, y demasiado a menudo limitan sus posibilidades, opciones y activos
agrícolas inclusive. La
pobreza tiene muchas facetas por lo cual los esfuerzos por aliviarla deben
perseguir múltiples objetivos; por otro lado, los distintos países miden la
pobreza de maneras diferentes, con frecuencia difíciles de comparar o
combinar, y recurren asimismo a definiciones dispares de “urbano” y
“rural”. Con todo, la gran mayoría de los pobres vive y trabaja en las
zonas rurales y esta situación se mantendrá durante varias décadas. Seis de
cada diez pobres extremos en el mundo se ganan la vida principalmente con la
agricultura o las tareas agrícolas. La
pobreza es percibida de diferentes formas: los propios pobres se refieren al
sufrimiento que genera un escaso consumo de alimentos, la mala salud, la falta
de escolarización, la vulnerabilidad, la falta de activos, la escasa
autoestima y la falta de respeto por parte de los funcionarios. Las personas
que padecen una de estas desventajas tienden a padecer también las demás.
Son situaciones que, a menudo, se refuerzan mutuamente. POBREZA,
SALUD Y TRABAJO
La
pobreza se concentra en los países de bajos ingresos pero puede persistir en
países de ingresos medios caracterizados por una gran desigualdad, en
particular en África meridional y en gran parte de Sudamérica. La pobreza
puede existir también en países donde los niveles de ingresos son por lo
general elevados, donde la infraestructura y la tecnología están bien
desarrolladas y donde el grado de urbanización es avanzado como, por ejemplo,
en muchos países de América Latina, en Estados Unidos y en Sudáfrica. Las
políticas, tecnologías e instituciones que promueven una gran densidad de
empleo suelen contribuir tanto al crecimiento económico como a la reducción
de la pobreza, puesto que con frecuencia los pobres sólo pueden ofrecer su
trabajo. Las
enfermedades agudas hacen especialmente difícil que campesinos pobres
aumenten sus ingresos y su nivel de educación y salgan de la pobreza, además
también son vulnerables a las enfermedades y lesiones crónicas como una baja
estatura y una masa corporal delgada (debido a su entorno de trabajo,
residencia y saneamiento de aguas poco favorable, y a sus escasos activos
nutricionales). Las deficiencias calóricas, por ejemplo, redujeron
sustancialmente la productividad de los trabajadores rurales de la India y de
los cortadores de caña de Guatemala. Entre los trabajadores rurales de Sri
Lanka, los salarios aumentaron en un 0,21% por cada aumento del 1% en la
ingesta de calorías. Por otro lado, se ha observado que la anemia reduce la
productividad y la administración de suplementos de hierro la aumenta. Los
ingresos de los trabajadores rurales dependen tanto de la capacidad de
resistir a la enfermedad como de mantener a lo largo de toda la vida las
aptitudes físicas, de aprendizaje y mentales y, por lo tanto, la
productividad cuando no están enfermos. Ambos factores se ven muy influidos
por la nutrición infantil, incluida la exposición a infecciones que impiden
la absorción de nutrientes. La falta de calorías y de micronutrientes en la
infancia acarrea una baja estatura en los adultos. Entre hombres de la misma
altura y con la misma ingesta de calorías, una mayor masa corporal supone salarios
más elevados, aunque la altura tiene una incidencia mayor. Los efectos de
la nutrición sobre la fuerza y la productividad son mucho más evidentes en
el caso de los adultos más jóvenes y pobres que entre los demás, ya que se
verán obligados probablemente a realizar las tareas físicas duras. La
desnutrición también dificulta el aprendizaje, la escolarización y, por lo
tanto, más adelante la productividad, algo que una vez más perjudica sobre
todo a los campesinos pobres. La
mala salud infantil y la desnutrición son, por lo tanto, causas y no sólo
efectos de la escasez de ingresos en las zonas rurales. Orientar los
desembolsos hacia una mejor nutrición infantil produce un círculo
virtuoso entre los más pobres de las zonas rurales: fomenta una mejor
salud, educación y productividad de los adultos, lo que a su vez mejora la
nutrición infantil. Sin embargo, entre los pobres la ingesta de calorías
raramente crece más de un 4% cuando los ingresos aumentan en un 10%. Cualquier
estrategia de reducción de la pobreza rural debe orientarse a reforzar la
salud, la educación y la nutrición de los campesinos pobres. Resulta
asimismo esencial mejorar la eficiencia y equidad con la que se utilizan los
escasos recursos para el capital humano rural, reduciendo las desigualdades en
el acceso, debidas al sexo.
Para adoptar medidas significativas que terminen
con el hambre es preciso conocer no sólo el número de personas que lo
padecen en todo el mundo, sino también su magnitud, es decir el déficit de
alimentos En la segunda edición del informe de la FAO, El estado
de la inseguridad alimentaria en el mundo, publicado en el año 2000 se
presenta un nuevo instrumento para medir la gravedad de la miseria: la
magnitud del hambre. Se trata de una medida del déficit de alimentos por
persona de la población subnutrida dentro de cada país, calculada en
kilocalorías, es decir, determina lo que falta en el plato de esas personas
cada día. La magnitud del problema muestra que la subnutrición contribuye al
debilitamiento de las personas mucho más en algunos lugares que en otros. En
los países industrializados, las personas hambrientas tienen un déficit de
130 kilocalorías al día por término medio, mientras que en cinco de los países
más pobres ese déficit es tres veces mayor: 450 kilocalorías. Las
situaciones más extremas (déficit de más de 300 kilocalorías por persona
al día) se hallan en África, el Cercano Oriente (Afganistán), el Caribe
(Haití) y Asia (Bangladesh, República Popular Democrática de Corea y
Mongolia). Muchos de estos países se enfrentan con obstáculos enormes, como
los conflictos o las catástrofes naturales recurrentes, y necesitan una
atención especial. Las perspectivas más alentadoras en Asia se atribuyen, en
parte, a la expansión de las economías y a la desaceleración del
crecimiento demográfico en los dos países más poblados del mundo, China e
India. El África subsahariana se enfrenta con problemas más graves. La mayoría
de los países más pobres y más agobiados por conflictos están situados en
esa región, donde la prevalencia de la subnutrición es alta y las
perspectivas de un rápido crecimiento económico son limitadas. Presentamos a continuación una síntesis sobre la
magnitud del problema y las proyecciones para los próximos años, analizadas
en el informe editado por la FAO (los subtítulos son autoría del Boletín
de Temas de Salud). LA
MAGNITUD DEL HAMBRE
Según la FAO, no ha habido cambios significativos en los
datos recogidos por el informe anterior que analizaba el período 1995-1997.
Para 1996-1998 se sigue calculando que de las 826 personas que padecen hambre
-no tienen comida suficiente para llevar una vida normal, sana y activa-, 792
millones viven en 98 países en desarrollo. Incluso en los países
industrializados y en transición (los de Europa oriental, ex URSS) el número
de personas subnutridas se mantiene en 34 millones. En un mundo con una
riqueza sin precedentes, estos niveles de necesidad son vergonzosos. Para
adoptar medidas significativas que terminen con el hambre, es preciso conocer
no sólo el número de personas que lo padecen en todo el mundo, sino también
su magnitud. El conocimiento del número de kilocalorías del que
carecen las dietas de las personas subnutridas ayuda a completar la imagen de
la privación de alimentos en un país: cuanto mayor es el déficit, mayor es
la exposición a riesgos de salud relacionados con la nutrición. La magnitud del hambre, o el déficit de alimentación, se
mide comparando el promedio de energía dietética que las personas
subnutridas obtienen de los alimentos que ingieren con la energía dietética
mínima que necesitan para mantener el peso corporal y realizar una actividad
ligera. Las dietas de la mayoría de los 800 millones de personas que padecen
hambre crónica carecen de 100 a 400 kilocalorías al día. Además de
aumentar la exposición a enfermedades, el
hambre crónica hace que los niños sean desatentos y no puedan concentrarse
en la escuela, las madres den a luz niños con falta de peso, y los adultos
carezcan de energía para desarrollar todo su potencial. Los lactantes y niños pequeños, especialmente menores de
dos años, debido a que crecen rápidamente, necesitan una alimentación rica
en energía y nutrientes. Las dietas pobres en esos elementos causan muertes
prematuras, discapacidades permanentes y mayor susceptibilidad a enfermedades
mortales. El crecimiento de los niños es un buen indicador de su estado
general de salud. El gráfico Desnutrición Infantil muestra la
prevalencia de la desnutrición entre los niños pequeños, en países en
desarrollo. PERSPECTIVAS Las nuevas proyecciones de los años 2015 y 2030 muestran
una trayectoria mejor (ver tabla Tendencias...). Se espera que el número
de las personas subnutridas en el mundo en desarrollo disminuya a unos 580
millones en el 2015, lo que representa una mejora aunque queda lejos del
objetivo de la Cumbre mundial sobre la alimentación de reducir el
hambre a la mitad. Las proyecciones indican que no se alcanzará la cifra de
400 millones hasta el 2030. Las cifras para el 2015 muestran que la proporción
general de personas subnutridas en los países en desarrollo será la mitad
que en 1990-1992, período base para determinar el logro del objetivo de la Cumbre;
sin embargo, el total de los subnutridos seguirá equivaliendo al 70% de su
cifra en 1990-1992. Aplicando el objetivo por
regiones, Asia meridional y oriental se hallarían en camino de acercarse al
objetivo en el 2015, mientras que en el África subsahariana y el Cercano
Oriente se mantendrían lejos de él y
América Latina se encontraría a mitad de camino. Luego de transcurridos
menos de diez años desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, la
subnutrición sigue siendo un problema persistente en muchos de los países
que forman parte de la Comunidad de Estados Independientes. En cambio, en
Europa Oriental y la zona del Báltico lograron evitar este problema en gran
medida. ¿QuE es la inseguridad alimentaria? Es
la situación que se da cuando las personas carecen de un acceso seguro a una
cantidad suficiente de alimentos inocuos y nutritivos, para un crecimiento y
desarrollo normales y una vida activa y sana. Puede deberse a la no
disponibilidad de alimentos, el insuficiente poder adquisitivo, la distribución
inapropiada, y el uso inadecuado de los alimentos en el hogar. La
inseguridad alimentaria, las malas condiciones de salud y de saneamiento, y
las prácticas de alimentación inapropiadas
son las principales causas de un estado nutricional deficiente. La inseguridad alimentaria puede ser crónica,
estacional o transitoria.
Para
orientar mejor los recursos y programas contra el hambre es necesario
identificar a los países y grupos que padecen con mayor magnitud el problema.
En esta nota presentamos un análisis tomado de estudios realizados por la FAO Para determinar con precisión a las personas más
afectadas por el hambre, de manera que puedan orientarse mejor los recursos,
la FAO divide a los países en cinco grupos, en función de la privación de
alimentos. Estos grupos se basan en un cálculo que combina la prevalencia del
hambre (proporción de la población que está subnutrida) con la magnitud del
hambre (número medio de kilocalorías que faltan en la alimentación de las
personas subnutridas). Los países en donde la prevalencia del hambre es más
alta y su magnitud mayor constituyen el grupo 5, que comprende 18 países
de África, así como Afganistán, Bangladesh, Haití, la República Popular
Democrática de Corea y Mongolia. Estos países se enfrentan con las mayores
dificultades para alimentar a su población, debido a la inestabilidad y los
conflictos, a sistemas de gobierno insatisfactorios, condiciones atmosféricas
inciertas, pobreza, resultados agrícolas inadecuados, presión demográfica y
ecosiste-mas frágiles. Reducir la magnitud del hambre de la población en
esos países puede que sea un objetivo más realista que eliminarla por
completo. En el otro extremo están los países del grupo 1,
en los que tanto la prevalencia del hambre como su magnitud son reducidas. Son
52 países, que comprenden a los industrializados, a 11 países en transición
y a 15 en desarrollo con ingresos relativamente altos, que disfrutan de una
situación de paz y prosperidad económica. GRUPOS VULNERABLES
Además de no obtener carbohidratos, proteínas y grasas
suficientes para llevar una vida activa y sana, las personas que sufren
subnutrición crónica carecen también por lo general de minerales y
vitaminas esenciales. Las carencias de hierro, yodo, vitamina A y calcio son
habituales en los países en desarrollo y provocan una serie de problemas de
la salud. La obesidad está aumentando también, y con ella la amenaza de
graves riesgos para la salud, entre los que se incluyen: cardiopatías,
hipertensión y diabetes. Para enfrentar esta serie de problemas, la FAO
recomienda la elaboración de perfiles de los grupos vulnerables, como un
medio para identificar quién sufre hambre en una población determinada y
por qué. Un sistema de clasificación especialmente útil es el que
se basa en los medios de subsistencia. Cada una de los 826 millones de
personas que sufren hambre crónica en el mundo se enfrenta con una situación
y un conjunto de problemas singulares: para algunas, la alimentación está
limitada a una sucesión monótona de alimentos feculentos que los expone a
carencia de vitaminas o nutrientes; otras sufren las consecuencias de las
variaciones estacionales en la disponibilidad de alimentos, problema
especialmente grave para los niños que están creciendo. Dentro de una
sociedad puede haber grupos, como por ejemplo la población nómada, o ciertos
miembros de la familia como las mujeres, más vulnerables a la inseguridad
alimentaria. En los hogares donde la
seguridad alimentaria es precaria, la mujer es a menudo más vulnerable que el
hombre a la malnutrición. La mujer tiene más necesida de vitaminas y
minerales en proporción con el aporte calórico total, y cuando está
embarazada o amamantando, sus necesidades aumentan aún más. Una forma de
evaluar la situación nutricional de las mujeres es utilizar el índice de
masa corporal (IMC). Las mujeres con un IMC bajo están más expuestas a
complicaciones durante el parto y a alumbrar niños con insuficiencia
ponderal. BENEFICIOS
ECONOMICOS DE COMBATIR EL HAMBRE
La
reducción del hambre no sólo tiene una justificación humanitaria sino también
un fundamento económico sólido. El costo económico del hambre y de
la malnutrición, puesto de manifiesto en la pérdida de productividad, las
enfermedades y las muertes, es extraordinariamente elevado. La subnutrición
reduce considerablemente la capacidad física, el desarrollo cognitivo y los
logros en el aprendizaje, lo cual da lugar a una menor productividad. No sólo
arruina la vida de las personas y las familias, sino que también reduce la
rentabilidad de la inversión en el progreso social y económico. Esta
idea está corroborada por un estudio reciente patrocinado por la FAO, en el
que se examinaron 110 países entre 1960 y 1990. En el estudio se utilizan técnicas
estadísticas para investigar las vinculaciones entre el crecimiento económico
y el bienestar nutricional. La investigación puso de manifiesto que si todos
los países con un suministro de energía alimentaria (SEA) medio por debajo
de las necesidades mínimas en 1960 hubieran eliminado el hambre elevando el
SEA medio per cápita a 2.770 kilocalorías al día, la tasa de crecimiento de
su PBI hubiera sido considerablemente mayor. Este crecimiento puede ser
bastante grande. Por ejemplo, el PBI en
el África subsahariana podría haber alcanzado niveles de 1.000 a 3.500 dólares.
Fuente: El estado de la inseguridad alimentaria en
el mundo (FAO).
Abarca toda la gama de problemas que se presentan
cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es insuficiente,
excesiva o desequilibrada La
FAO señala que la malnutrición abarca toda la gama de problemas que pueden
presentarse cuando la ingestión de energía dietética y/o nutrientes es
insuficiente, excesiva o simplemente desequilibrada. En
uno de los extremos de la escala de la malnutrición energética se encuentra la
subnutrición que se describe en términos de macronutrientes. Se
utilizan para identificar el problema: el bajo aporte de energía dietética, la
emaciación2,
el retraso del crecimiento, la falta de peso y el bajo índice de masa corporal
(IMC). En
el otro extremo se debe ubicar la supernutrición, que provoca exceso de
peso y obesidad. Un alto IMC es el indicador del problema. La obesidad, fenómeno
bien conocido en los países desarrollados, está aumentando entre los nuevos
habitantes urbanos del mundo en desarrollo. No se ha prestado mucha atención al
problema en los países en desarrollo, debido a que son más acuciantes los
problemas planteados en el otro extremo de la escala. Sin embargo, las
consecuencias de la obesidad -que
reduce la productividad e incrementa el riesgo de cardiopatías, hipertensión,
diabetes y algunos cánceres- pueden ser tan graves como las de la falta
de peso. Es preciso también afrontar el problema mundial de la obesidad.
Una
dieta desequilibrada en cantidad de macronutrientes, que son los componentes
alimentarios que aportan energía, es también causa de preocupación aun cuando
el aporte energético total sea suficiente.Sin embargo, la gama saludable del
aporte de los macronutrientes, expresada en porcentaje de energía total, puede
ser amplia: 55%-75% de carbohidratos, 15%-35% de grasas y 10-15% de proteínas.
Al espectro del aporte energético se sobrepone el problema mundial de la
malnutrición en micronu-trientes. Los micronutrientes –minerales y
vitaminas– son necesarios para un crecimiento, desarrollo y actividad
adecuados. Las carencias son especialmente comunes entre las mujeres en edad
reproductiva, y los niños y adultos con problemas que afectan el sistema
inmunitario, como los enfermos de sida. Las carencias de micro-nutrientes
afectan invariablemente a personas cuyo aporte energético es bajo, pero también
a las que consumen demasiada energía. Las carencias de micronutrientes más frecuentes son: la
anemia por carencia de hierro que afecta a 1.500 millones de personas, sobre
todo mujeres y niños; los trastornos por carencia de yodo que afectan a unos
740 millones de personas en todo el mundo; la ceguera por carencia de vitamina A
que afecta a unos 2.800 millones de niños menores de cinco años; la carencia
de calcio en mujeres embarazadas y lactantes que puede afectar al desarrollo de
sus hijos y se presenta como osteoporosis más adelante en la vida; la grave
carencia de vitamina C, el escorbuto constituye un problema, sobre todo en
poblaciones de refugiados y que viven en la miseria. Se considera que más de
200 millones de personas padecen carencia de vitamina A. El IMC es una norma antropométrica que se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por el cuadrado de su altura (en metros). La FAO, la Organización Mundial de la Salud y el Grupo Consultivo sobre Energía Dietética establecen los límites de 18,5 para la falta de peso y 25 para el exceso de peso, aunque no todos los especialistas están de acuerdo. Algunos consideran que deberían establecerse límites basados en grupos de referencia específicos de cada país, para reflejar las diferencias en la altura y masa muscular. 1 Basado en el
documneto de la FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. 2 Bajo peso para la estatura, debido en general a pérdida
de peso asociada con un período reciente de inanición o de enfermedad. Nota Para mayor información se puede visitar el sito web
de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO): www.fao.org |