BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 13 Nº 119 Julio de 2006
Coordinadores: Comité Editorial


INDICE

El mercurio, un problema de salud ambiental

Daños sobre la salud humana

El mercurio, en los establecimientos de salud

Eliminación del uso de termómetros

Hacia el cuidado de la salud libre de mercurio


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


EL MERCURIO, UN PROBLEMA DE SALUD AMBIENTAL

El mercurio es un metal no esencial y altamente tóxico que no cumple ninguna función bioquímica ni nutricional. Es el único metal que se puede encontrar en estado líquido y gaseoso a temperatura ambiente. En todas sus formas (orgánicas e inorgánicas) es un importante tóxico ambiental y ocasiona efectos adversos en la salud humana.

Los niños y los bebés en gestación son especialmente vulnerables a los efectos nocivos del mercurio. Se destaca su toxicidad en el sistema neurológico, renal e inmunológico.

Si bien el mercurio existe en la naturaleza, los niveles ambientales se deben principalmente a las actividades humanas. Aproximadamente el 80% del mercurio emitido por las actividades humanas es mercurio elemental liberado al aire principalmente por la quema de combustibles fósiles, la minería y las fundiciones y por la incineración de residuos. Cerca del 15% del total se emite al suelo por fertilizantes, fungicidas y residuos sólidos que contienen baterías o termómetros. Un 5% adicional se emite por los efluentes industriales hacia las aguas (ATSDR 1999). El mercurio es un tóxico conocido que, si bien existe en la naturaleza, sus niveles ambientales han aumentado debido a diversas actividades antrópicas, incre-mentando también la exposición de la población a sus efectos adversos.

Los establecimientos de la salud son paradójicamente una fuente muy importante de emisión de mercurio al ambiente. El mercurio se encuentra en muchos instrumentos hospitalarios como termómetros, tensiómentros, dilatadores esofági-cos, termostatos, tubos fluorescentes, baterías, etc. Estos productos, al romperse o eliminarse incorrectamente, suponen un riesgo significativo para la salud humana y el ambiente.

Según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los EE.UU, el sector de cuidado de la salud ocupa el cuarto lugar entre las fuentes de emisión de mercurio al aire debido a la incineración de residuos médicos (EPA 1997).

Existe suficiente evidencia científica para eliminar el mercurio de la asistencia sanitaria debido a su toxicidad, especialmente para los niños; hay  alternativas seguras y económicamente viables para sustituirlo.

Es preocupante que los hospitales que utilizan productos con mercurio no tengan la capacidad ni estén equipados para el correcto manejo de las roturas y los derrames de mercurio, y que realicen, además, una recolección inadecuada de estos residuos. 

En septiembre de 2005 la Organización Mundial de la Salud emitió un documento que establece su política sobre el mercurio en el cuidado de la salud, aconsejando la adopción de estrategias de corto, mediano y largo plazo para eliminar el problema.

En esta edición del Boletín de Temas de Salud, presentamos una actualización sobre el tema, con la contribución de estadísticas y recomendaciones de organismos internacionales. Además, del importante aporte de una experiencia llevada a cabo en el servicio de Neonato-logía del hospital Rivadavia, en colaboración con la Campaña Salud sin Daño. Este trabajo demuestra que la eliminación del uso de termómetros de mercurio y su sustitución por insumos alternativos es absolutamente viable. Y como resultado, se contribuirá al cuidado ambiental y de la población. De este modo, también, los hospitales protegen a sus trabajadores, mejoran la salud pública comunitaria y demuestran a los ciudadanos su compromiso firme y coherente por una asistencia sanitaria integral más adecuada.

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DAÑOS SOBRE LA SALUD HUMANA

Los efectos nocivos del mercurio afectan los sistemas neurológico, renal e inmunológico. Los niños y los bebés en gestación son los más vulnerables

El mercurio es un metal no esencial y altamente tóxico que no cumple ninguna función bioquímica ni nutricional. Es el único metal que se puede encontrar en estado líquido y gaseoso a temperatura ambiente. En todas sus formas (orgánicas e inorgánicas) es un importante tóxico ambiental y ocasiona efectos adversos en la salud humana. La época de vida fetal y la infancia son etapas especialmente vulnerables a los efectos nocivos del mercurio; se destaca su toxicidad neu-rológica, renal y sobre el sistema in-munológico.

El mercurio inorgánico puede ser metilado por microorganismos nativos del suelo. La forma más común de mercurio orgánico es el metil mercurio, que es soluble, móvil y de rápido ingreso en la cadena alimentaria. La retención selectiva del metil mercurio en cada eslabón de la cadena alimentaria, relativa al mercurio inorgánico, está relacionada con su alta solubilidad en lípidos, su larga vida media biológica y la longevidad incrementada en los grandes predadores (Bryan and Langston 1992).

 

Toxicidad ambiental y daños sobre la salud

Si bien el mercurio existe en la naturaleza, los niveles ambientales se deben principalmente a las actividades humanas. Aproximadamente, el 80% del mercurio emitido por las actividades humanas es mercurio elemental liberado al aire principalmente por la quema de combustibles fósiles, la minería y las fundiciones y por la incineración de residuos. Cerca del 15% del total se emite al suelo por fertilizantes, fun-gicidas y residuos sólidos que contienen baterías o termómetros. Un 5% adicional se emite por los efluentes industriales hacia las aguas (ATSDR 1999).

Si bien las formas inorgánicas del mercurio son tóxicas, se considera a las formas orgánicas, particularmente el metilmercurio, el estado más peligroso. El metilmercurio tiene efectos adversos para los seres humanos y la vida silvestre. Este compuesto atraviesa rápidamente la barrera placen-taria y la barrera hematoencefálica, es un neurotóxico que puede afectar negativamente el desarrollo del cerebro. Los estudios han demostrado que la presencia de metilmercurio en las dietas de mujeres embarazadas puede surtir efectos adversos sutiles pero persistentes en el desarrollo del niño, que se observan desde el comienzo de la edad escolar.

Unas pocas gotas de mercurio metálico pueden elevar las concentraciones de mercurio en el aire hasta niveles que pueden afectar la salud (ATSDR 1999). El mercurio metálico y sus vapores son sumamente complicados de quitar de la ropa, los muebles, las alfombras, los pisos, etc. (ATSDR 1999).

El mercurio puede ingresar al organismo por la piel, por el aire o a través de los alimentos. El metil mercurio es la forma que más fácilmente se absorbe a través del tracto gastrointestinal, por lo que la ingesta de alimentos contaminados lleva al rápido traspaso de mercurio al torrente sanguíneo desde donde se distribuye hacia otras partes del cuerpo, particularmente el cerebro (ATSDR 1999). En la sangre de una mujer embarazada, puede trasladarse rápidamente a través de la placenta y hacia el cerebro del bebé en desarrollo. Al igual que ocurre con el mercurio inorgánico, el orgánico puede transportarse por la leche materna hacia el lactante (ATSDR 1999).

Los mecanismos para la eliminación biológica del mercurio en el organismo son escasos y, como se mencionó anteriormente, puede biomagnificarse, es decir acumularse progresivamente en la cadena alimentaria (OMS 1989).

Una vez en el organismo, el mercurio afecta el sistema nervioso así como los riñones, aunque las distintas formas de mercurio varían en el grado de daño que producen. La exposición al mercurio puede afectar también los pulmones, la piel, provocar náuseas y diarrea, aumentar la presión sanguínea o el ritmo cardíaco (ATSDR 1999). Los efectos tóxicos del mercurio se han visto tanto en niños expuestos como en adultos, siendo la exposición más peligrosa en los primeros, ya que afecta el cerebro en el momento de su desarrollo y puede afectar el desarrollo en general.

En el año 2002, la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU encontró suficiente evidencia de la toxicidad del metilmercurio sobre el sistema nervioso del  niño en desarrollo, aún con niveles de exposición muy bajos.

En los periodos críticos del desarrollo antes del nacimiento y en los primeros años de vida, los niños y los bebés en gestación son particularmente sensibles a los efectos dañinos del mercurio metálico y del mercurio orgánico sobre el sistema nervioso.

La exposición de mujeres embarazadas puede conducir a daños sobre el desarrollo del bebé (ATSDR 1999). La exposición del lactante puede causar una disminución del coeficiente intelectual y retardos en el desarrollo mental, así como problemas motores (ATSDR 1999).

Un estudio reciente del Centro de Control de Enfermedades de los EE.UU, encontró que cada año nacen en Estados Unidos entre 316.588 y 637.233 niños con niveles de mercurio mayores a 5,8 ug/L (5,8 microgramos por litro), este nivel se asocia con daño neurológico y pérdida del coeficiente intelectual.

El 28 de febrero del 2005 se difundió una revisión llevada a cabo por Mt. Sinai School of Medicine's Center for Children's Health and the Environment, que calculó que en los EE.UU. se pierden alrededor 8.700 millones de dólares anuales debido al impacto del mercurio sobre el sistema nervioso central en desarrollo de los niños. La pérdida del coeficiente intelectual debido a la neurotoxicidad del mercurio es el factor causal de la pérdida de la actividad productiva durante toda la vida de estos niños (EHP 2005).

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EL MERCURIO EN LOS ESTABLECIMIENTOS DE SALUD

El mercurio se encuentra en muchos instrumentos médicos, que al romperse o eliminarse incorrectamente, suponen un riesgo significativo para la salud humana y el ambiente. Existe suficiente evidencia científica para eliminar este metal de la asistencia sanitaria debido a su toxicidad, especialmente para los niños; hay alternativas seguras y económicamente viables para sustituirlo

El mercurio es un tóxico conocido que, si bien existe en la naturaleza, sus niveles ambientales han aumentado debido a diversas actividades antrópi-cas, creciendo también la exposición de la población a sus efectos adversos.

Los establecimientos de la salud son paradójicamente una fuente muy importante de emisión de mercurio al ambiente. El mercurio se encuentra en muchos instrumentos hospitalarios como termómetros, tensiómentros, di-latadores esofágicos, termostatos, tubos fluorescentes, baterías, etc. Estos productos, al romperse o eliminarse incorrectamente, suponen un riesgo significativo para la salud humana y el ambiente.

Según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los EE.UU, el sector de cuidado de la salud ocupa el cuarto lugar entre las fuentes de mercurio al aire debido a la incineración de residuos médicos (EPA 1997).

La utilización de insumos con este metal requiere de una política de gestión de mercurio y un plan de respuesta ante posibles roturas o derrames para casos de urgencia. Dicho plan debe contener las medidas necesarias a tomarse durante eventualidades, debiendo ser claras, efectivas, de fácil y rápida ejecución.

Existe suficiente evidencia científica para eliminar el mercurio de la asistencia sanitaria debido a su toxicidad, especialmente para los niños; hay alternativas seguras y económicamente viables para sustituirlo.

 

Regulaciones sobre el mercurio

Con el aumento de la conciencia acerca de los efectos adversos del mercurio, se ha reducido significativamente el uso de este metal en muchos países industrializados. Existen alternativas para la mayoría de los usos, que se pueden adquirir en el mercado a precios competitivos.

Estas reducciones del uso, sin embargo, han dado lugar a una disminución de la demanda en relación con la oferta de mercurio que ha mantenido bajo su precio y ha hecho que siga utilizándose (y en algunos casos, de manera creciente) en naciones o regiones postergadas.

Dado que las regulaciones y las restricciones relativas al mercurio son menos exhaustivas y no se hacen cumplir como es debido en los países menos desarrollados, estas tendencias han contribuido a que, en algunas zonas, se concentren de manera despro-porcionada, algunos de los riesgos que entraña el mercurio para la salud y el medio ambiente.

En la Argentina, el mercurio y los compuestos de mercurio están incluidos en la Ley Nacional de Residuos Peligrosos Nº 24.051 (ver recuadro pág. 3). Por ser un tóxico peligroso es un desecho que debe estar estrictamente controlado, por consiguiente, su correcta gestión es muy costosa.

Es preocupante que los hospitales que utilizan productos con mercurio no tengan la capacidad ni estén equipados para el correcto manejo de las roturas y los derrames de mercurio, y que realicen, además, una recolección inadecuada de estos residuos.

En general, los residuos de mercurio se descartan en la bolsa roja junto con los residuos infecciosos o se vierten por el desagüe o junto con la basura común. Sin embargo, el mercurio debería ser descartado como residuo químico peligroso en un contenedor apropiado.

Alternativas para un hospital libre de mercurio

Afortunadamente, ya existen en el mercado alternativas libres de mercurio para la mayoría de los insumos hospitalarios. El uso de alternativas libres de mercurio es el camino a seguir.

El manejo correcto de los residuos de mercurio tiene un costo mayor para el hospital asociado a la contratación de empresas que los tratan. Cuanto menor sea la cantidad de residuos de mercurio, esos costos se reducirán, presentándose un ahorro para aquellos hospitales que reemplacen los insumos de dicho químico. Si además se tiene en cuenta que el mercurio se emite al ambiente por el mal manejo dentro de los servicios de salud y por algunos sistemas de tratamiento como la incineración de los residuos médicos, veremos que aparecen allí nuevos costos que la sociedad paga con su salud y el deterioro de su entorno que deberían tenerse en cuenta al momento de hacer comparaciones económicas de un insumo o de otro. Teniendo estas cuestiones en cuenta, además del hecho de que un hospital no debería ser origen de nuevos problemas sanitarios, puede verse la importancia de que los hospitales de nuestro país comiencen a reemplazar las prácticas contaminantes por otras más saludables que vayan en el sentido de su principal misión.


LEY DE RESIDUOS PELIGROSOS

La ley 24.051 fue sancionada el 17 de diciembre de 1991 y publicada en el Boletín Oficial del 17 de enero de 1992. En su artículo segundo, define su alcance: “Será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo residuo que pueda causar daño, directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general. En particular serán considerados peligrosos los residuos indicados en el Anexo I o que posean alguna de las características enumeradas en el Anexo II de esta ley. Las disposiciones de la presente serán también de aplicación a aquellos residuos peligrosos que pudieren constituirse en insumos para otros procesos industriales. Quedan excluidos de los alcances de esta ley los residuos domiciliarios, los radiactivos y los derivados de las operaciones normales de los buques, los que se regirán por leyes especiales y convenios internacionales vigentes en la materia”.

El anexo 1 “Categorías sometidas a control” nombra como peligrosos a los desechos que tengan como constituyentes diferentes elementos, entre los que se cita al: mercurio y los compuestos de mercurio.


NUEVA POLITICA DE LA OMS SOBRE MERCURIO Y SECTOR SANITARIO

En septiembre de 2005 la Organización Mundial de la Salud emitió un documento que establece su política sobre el mercurio en el cuidado de la salud, aconsejando la adopción de estrategias de corto, mediano y largo plazo para eliminar el problema.

La OMS resalta la necesidad de buscar alternativas al uso del mercurio. “Un estudio reciente identificó al menos, a un productor de alternativas libres de mercurio donde la diferencia de costo entre la tecnología con mercurio y la libre de mercurio era mínima. Los estudios encontrados sugieren que muchas de las alternativas libres de mercurio están disponibles para cumplir el amplio rango de funciones requerido por los productos de consumo. Para el cuidado de la salud, esto incluye tensiómetros, dispositivos gastrointestinales, termómetros, barómetros, y en otros estudios se incluyen los fija-dores con mercurio utilizados en los laboratorios. Los esfingomanómetros de mercurio y aneroides se han utilizado por alrededor de 100 años, y cuando se trabaja apropiadamente, ambos brindan resultados precisos. De todos los instrumentos con mercurio utilizados en el cuidado de la salud, la mayoría del mercurio se usa en los esfingomanómetros (80-100gr/unidad), y su amplio uso, los hace colectivamente uno de los reservorios de mercurio más grandes en los centros de salud. Eligiendo una alternativa libre de mercurio, una institución sanitaria puede producir un impacto tremendo al reducir la potencial exposición de los pacientes, el personal y el ambiente a este material. Los esfingomanóme-tros aneroides proveen precisión en la medición de presión, cuando se sigue un correcto protocolo de mantenimiento. Es importante reconocer que más allá del tipo de insumo para medir la presión que se utilice, tanto los aneroides como los esfingomanómetros de mercurio deben ser controlados regularmente para evitar errores en la toma de presión y consecuentemente, en el diagnóstico y tratamiento de la hipertensión”.

Fuente: www.saludsindanio.org


ESTRATEGIAS DE LA OMS

A corto plazo: desarrollar procedimientos para la limpieza, el manejo de los residuos y el almacenamiento del mercurio. Hasta tanto los países en transición y en desarrollo tengan acceso a alternativas libres de mercurio es imperativo que se instituyan procedimientos de manejo seguros que minimicen y eliminen la exposición laboral de los pacientes y de la comunidad. Los procedimientos apropiados deben incluir la respuesta para la limpieza de los derrames, programas de educación, trajes de protección, recipientes apropiados para su almacenamiento, entrenamiento del personal y depósitos apropiados. Los países que tienen acceso a las alternativas deben desarrollar e implementar planes para reducir el uso de equipos de mercurio y reemplazarlos por las alternativas libres de mercurio. Antes de que el reemplazo final tenga lugar, y para asegurarse que los nuevos insumos respetan los protocolos de validación recomendados, los centros del cuidado de la salud deben mantener el mercurio como el “Patrón Oro” para asegurar la adecuada calibración de los esfingomanómetros de mercurio.

A mediano plazo: aumentar los esfuerzos para reducir el uso innecesario de los equipos con mercurio. Los hospitales deben realizar un inventario de uso del mercurio. El inventario de uso debe contemplar las categorías de reemplazo inmediato y de reemplazo gradual. Los insumos reemplazados deben ser recolectados por el fabricante o por el proveedor de las alternativas. Desalentar progresivamente la importación y venta de insumos con mercurio en el cuidado de la salud y del uso de mercurio en los establecimientos de salud, empleando también para ello, los acuerdos multila-terales ambientales. Dar apoyo a los países para asegurar que los equipos con mercurio recuperados no vuelvan a la cadena de distribución.

A largo plazo: apoyar una prohibición para el uso de equipos con mercurio y promover efectivamente el uso de alternativas libres de mercurio. Apoyar a los países para desarrollar un manual nacional de guía para el correcto manejo de los residuos médicos con mercurio. Apoyar a los países para el desarrollo y la implementación de un plan nacional y de políticas y legislaciones para los residuos médicos de mercurio. Promover los principios de correcto manejo ambiental de los residuos médicos que contienen mercurio, como consta en la Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación. Apoyar la asignación de recursos humanos y financieros para asegurar la compra de alternativas libres de mercurio y un manejo correcto de los residuos médicos que contengan mercurio. 

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Propuesta en el hospital Rivadavia

ELIMINACION DEL USO DE TERMOMETROS

Con el objetivo de eliminar y/o disminuir los riesgos del mercurio para la salud en el ámbito hospitalario, la experiencia en el hospital Rivadavia apunta además a concienciar y educar a profesionales y pacientes sobre la salud ambiental responsable

 

El en el hospital Rivadavia se llevó a cabo una experiencia de reducción de riesgos en el área de cuidados intensivos neona-tales, basada en la eliminación del uso de termómetros de mercurio

 

Objetivo

Esta propuesta fue realizada en forma conjunta por el servicio de Neonatología del hospital Rivadavia y la Campaña Salud sin Daño.

El objetivo de esta experiencia fue, a través de la actualización y difusión de conocimientos, evitar la paradoja a través de la cual los servicios de cuidado de la salud pueden ser fuente de nuevas enfermedades, entendiendo la eliminación del mercurio de los hospitales como una medida tendiente a lograrlo

 

Fundamentos

En particular, este trabajo demuestra que la eliminación del uso de termómetros de mercurio y su sustitución por insumos alternativos es absolutamente viable.

La progresiva transformación de la medicina artesanal inicial en tecnológica y del acto humanizado en cientificista, nos ha enfrentado con un cambio paradójico en los resultados: efectos adversos sobre la salud provocados por la contaminación ambiental generada por nuestras propias actividades médicas.

Esta situación que ha crecido en forma exponencial, se incrementa a expensas de la mala formación e información sobre el tema, así como por la respuesta negativa y economicista a la adquisición de alternativas más seguras al consideralas gastos y no inversión en salud.

 

La investigación

Se realizó un relevamiento en el área de trabajo de Neonatología y se detectaron cinco elementos de uso y manejo cotidiano que se transforman en potenciales agentes de contaminación y de riesgo sobre la salud de los niños, los trabajadores y el ambiente de la Unidad Neonatal:

- Residuos,

- Ruidos,

- Radiaciones Ionizantes,

- Insumos médicos con mercurio,

- Insumos médicos de PVC.

Aplicando dos principios básicos en salud: Primun non Nocere y el principio precautorio, iniciamos una serie de cambios en la Unidad. La mayoría de ellos pudieron llevarse a cabo a través de la concientización y el esfuerzo personal del equipo de salud, aunque también fue decisivo el apoyo brindado por la Dirección del hospital.

1. El primer paso para llevar adelante los cambios fue contactarnos con la Dra. Della Rodolfa y la Campaña Salud sin Daño, en busca de asesoramiento.

2. El segundo paso fue capacitarnos e informarnos, con el material aportado por la Campaña y concurrir a jornadas, conferencias y cursos sobre el tema.

3. El tercer paso fue realizar un relevamiento sobre la cantidad de termómetros que se rompían en la Unidad, investigar cuál era su disposición final y consultar la cantidad y el precio de los termómetros que compraba la Farmacia del hospital mensualmente (se realiza recambio de roto por sano):

a- Un termómetro contiene entre 0,75 gr. y 1 gr. de mercurio. En Neonatología se rompe promedio un termómetro por día, generando entre 270 gr y 360 gr de mercurio al año que, en general, son emitidos al ambiente de una u otra manera.

b- La Farmacia del hospital Rivadavia compra 300 termómetros mensuales, lo cual equivale a una emisión anual de mercurio de más de tres kilos, si asumimos que todos los que se reponen vienen a reemplazar termómetros rotos (esta cantidad de mercurio es generada en un solo hospital y teniendo en cuenta exclusivamente los residuos de mercurio derivados de los termómetros).

c- En la farmacia externa del hospital se vende al público un promedio de 20-25 termómetros de mercurio por mes, dando un promedio anual de emisión de 240 a 300 gr. de mercurio.

4. El cuarto paso consistió en la realización, con todos los datos obtenidos de un informe y que fue elevado junto con una propuesta para el cambio, a la Dirección del hospital.

5. El quinto paso fue conseguir, a través de la Campaña Salud sin Daño, una donación de termómetros libres de mercurio, para empezar a trabajar en el reemplazo del mercurio en la Unidad.

6. El sexto paso fue, una vez aprobada la propuesta por la Dirección del hospital, realizar una serie de actividades dentro de la Unidad:

a- Se formuló una encuesta a cincuenta integrantes del equipo de salud sobre mercurio, para conocer la información previa con la que contaban sobre este elemento.

b- Se realizó el análisis de los datos obtenidos y se redactaron recomendaciones sobre el tema.

c- Se concretó la devolución de los resultados, así como la puesta en consideración de la recomendación a través de un taller, buscando no sólo brindar información sino generar concienti-zación.

7. El séptimo paso lo realizó la Dirección del hospital adquiriendo con presupuesto propio,  termómetros libres de mercurio para realizar el reemplazo dentro de nuestra Unidad.

8. El octavo paso fue entregar en mano a cada uno de los enfermeros y enfermeras de la Unidad, los termómetros digi-tales adquiridos con un recordatorio oral y escrito acerca de las razones de los cambios e información sobre los riesgos asociados al mercurio.

 

Actividades

Para alcanzar los objetivos, se llevan a cabo las siguientes actividades:

- talleres para la comunidad,

- extensión de esta experiencia piloto al resto del hospital,

- puesta en marcha un Comité de Salud Ambiental,

- participación en actividades extra hospitalarias transmitiendo esta experiencia.

 

Recomendaciones

1- Comprometerse personal y profesio-nalmente a desarrollar una medicina libre de contaminantes ambientales (evitar la iatrogenia asociada).

2- Desarrollar una auditoria permanente sobre contaminantes (para identificar todas las fuentes de cada institución).

3- Compartir, fomentar y divulgar toda información sobre el tema (formar equipos de trabajo, asesorar y colaborar con los encargados de gestión y compras, redactar normas técnicamente posibles).

4- Educar y preparar a todos los integrantes del equipo de salud (empezar por donde existan menos barreras y las acciones se realicen con mayor facilidad).

5- Informar y educar a la comunidad para lograr la colaboración y participación social (necesarias para conseguir la eliminación de los materiales tóxicos y el uso de alternativas sustentables).

 

Conclusiones

Eliminar las fuentes de emisión de mercurio al ambiente es el primer paso hacia el cuidado ambiental y de la población. De este modo, los hospitales protegen a sus trabajadores, mejoran la salud pública comunitaria y demuestran a los ciudadanos su compromiso firme y coherente por una asistencia sanitaria integral más adecuada.


CAMPAÑA SALUD SIN DAÑO

Campaña salud sin daño es una coalición internacional integrada por más de 360 organizaciones en 40 países, que trabajan en conjunto para la transformación de la industria médica ecológicamente sustentable para que no sea una fuente de daño para la salud y el ambiente, sin comprometer en ese cambio, la seguridad o cuidado del paciente.


EXPERIENCIAS EN EL MUNDO

Numerosos hospitales y centros de salud del mundo están eliminando el empleo de mercurio. Específicamente en América Latina, es incipiente pero inexorable el movimiento hacia la eliminación del mercurio en el sector salud, y ya existen establecimientos en la Argentina y en Brasil que han reemplazado o están reemplazando los productos con mercurio.

Además de los compromisos voluntarios de los establecimientos de salud, está creciendo el número de jurisdicciones que dictan leyes o resoluciones prohibiendo el uso de mercurio en productos médicos. Tal como lo muestra la experiencia en esos lugares, este enfoque, sumado a la puesta en marcha de un sistema de recolección y disposición final de los residuos con mercurio, han permitido la reducción de las emisiones al ambiente de este metal. Es de esperar que en los países en desarrollo, donde la gestión de los residuos con mercurio es a menudo deficiente, las políticas orientadas a reemplazar el empleo de productos que contengan este tóxico tengan un claro y signficativo efecto sobre la reducción de los niveles ambientales de mercurio ya que se reemplazan directamente las fuentes que dan origen a las emisiones.

En Suecia, la venta de productos conteniendo mercurio -termómetros, dispositivos eléctricos, tensiómetros, termostatos y ciertos equipos médicos- fueron prohibidos en 1993.

En Dinamarca existe una prohibición sobre la venta de mercurio y productos conteniendo mercurio desde 1994. Desde 1998, queda explícitamente prohibida también la exportación.

Desde fines de diciembre de 1998, existe una norma en Francia que prohibe colocar en el mercado, termómetros médicos de mercurio destinados a la medición de la temperatura interna humana.

Noruega tiene una prohibición a los termómetros de mercurio. Holanda también tiene una amplia legislación sobre mercurio.

En Estados Unidos, el uso de termómetros de mercurio ha sido restringido y/o prohibido en varios Estados. Otras leyes prohíben también la venta de esfingomanómetros y otros dispositivos de uso en hospitales.

Además, distintas asociaciones profesionales adoptaron resoluciones llamando a reducir y eliminar el uso de equipos que contienen mercurio.

Fuente: www.saludsindanio.org

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HACIA EL CUIDADO DE LA SALUD LIBRE DE MERCURIO

Compromiso de intención para la eliminación del mercurio y de los elementos que lo contengan, entre la Campaña Salud sin Daño y el hospital Rivadavia

Como institución proveedora de salud, el Hospital General de Agudos “Bernardino Rivadavia” de la ciudad de Buenos Aires está comprometido con la salud de sus pacientes, del personal y de la comunidad. Sabemos que los hospitales y los centros de salud representan una de las fuentes de contaminación por mercurio y que este sector puede hacer algo para revertirlo.

Sabemos también que el mercurio elemental y los compuestos de mercurio son peligrosos para la salud humana y el medio ambiente y que el mercurio empleado en los hospitales representa una fuente potencial de exposición para los pacientes, el personal y el público en general.

Por lo tanto, desde el hospital compartimos el compromiso de reducir progresivamente el empleo de productos que contengan mercurio, con el objetivo final de su eliminación.

Para llevarlo a cabo, hemos puesto en práctica y continuaremos haciéndolo, medidas tendientes a hacer de nuestra institución un modelo de responsabilidad ambiental, a través de:

- La divulgación y la difusión de los logros obtenidos en la Sección de Neona-tología de este hospital como modelo a seguir para el reemplazo del mercurio.

- La generalización a las distintas secciones y servicios de este hospital los pasos ya vigentes en Neonatología, sin detrimento de variaciones acorde a las necesidades de cada sector.

- El reemplazo, siempre que sea posible, de los equipos y productos con mercurio existentes en el hospital, por alternativas libres de este metal.

- La concientización del personal sobre las consecuencias para la salud y el ambiente del uso de mercurio en el ámbito hospitalario.

- La información al público sobre el compromiso del hospital con el cuidado del ambiente y la salud de la comunidad, y las medidas puestas en práctica en esta institución para revertir la situación.

Este compromiso refleja nuestro interés por reducir el uso de mercurio, así como las emisiones de mercurio al ambiente.

 

En la ciudad de Buenos Aires, 2 de marzo de 2006

Dra. Liliana Macchi, Directora del hospital Rivadavia

Dr. Luis E. Somaruga, Jefe de Neonatología hospital Rivadavia

Dra. María Della Rodolfa, Directora Salud sin Daño – América Latina

 

 


Referencias

Agency for Toxic Substances and Disease Registry (ATSDR. “Public Health Statement for Mercury”.

http://www.atsdr.cdc.gov/toxprofiles/phs46.html  (1999)

 

Bryan, G.W. and Langston, W.J.  “Bioavailability, accumulation and effects of heavy metals in sediments with special reference to United Kingdom estuaries: a review”.

Environmental Pollution 76: 89-131 (1992).

 

Public Health and Economic Consequences of Methyl Mercury Toxicity to the Developing Brain

 

Leonardo Trasande, Philip J. Landrigan, and Clyde Schechter

(EHP) 

http://ehp.niehs.nih.gov/members/2005/7743/7743.pdf (2005).

 

Environmet Protection Agency (EPA).  Mercury Report to Congress (1997).

 

World Health Organisation (WHO) Mercury. Environmental Health Criteria 86. ISBN9241542861 (1989)

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