BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 11 Nº 100 Junio/Julio de 2004 
Coordinación: Comité Editorial


INDICE

Las enfermedades alérgicas, un problema de salud pública

La prevalencia del asma

Estilo de vida y asma

Las características de la construcción moderna

El tráfico vehicular


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LAS ENFERMEDADES ALERGICAS, UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICA

Después de la epilepsia y la diabetes, el asma es la enfermedad crónica que causa mayor limitación psicosocial y sufrimiento familiar. Pero a diferencia de las primeras, la morbilidad del asma es mucho mayor y existe consenso local e internacional acerca del enorme incremento que vienen experimentado las enfermedades alérgicas en las últimas décadas. Los costos por ausentismo escolar, au-sentismo laboral y gastos de salud pública son elevadísimos.

Se ha estimado que por lo menos el 5% de los adultos y el 10% de los niños que transitan por las calles de Buenos Aires padecen asma, y que a su vez, el 20% de la población general padece alguna otra enfermedad alérgica. Los porcentajes reales, co-mo se verá más adelante, son bastante mayores. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha evaluado que hacia el 2050, la mitad de la población mundial sufrirá por lo menos de algún trastorno alérgico.

El estudio ISAAC (International Study of Asthma and Allergies in Childhood – Estudio Internacional sobre Asma y Alergias en la Infancia) reveló que el mayor incremento en la prevalencia se registró en los países de lengua inglesa (Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia), mientras el incremento fue mucho menor en Europa Oriental, India, China, otros países de Asia y África. Se infiere, entonces, que el incremento es más facilmente atri-buible a factores ecológicos que a variaciones genéticas. El paquete ambiental incluye industrialización, estilo occidental de vida, contaminación del aire urbano, características de la vivienda y del lugar de trabajo, exposición a ácaros del polvo, cucarachas, humo de cigarrillo, etc.

En nuestro país, el crecimiento de las enfermedades alérgicas se ha producido en forma bien marcada y sostenida, asociado a la profundización de la crisis económica y al agravamiento de factores ambientales desencadenantes. Sólo en la sección Alergia del hospital Durand, en muy pocos años el porcentaje de consultas aumentó casi un 70% y alcanza hoy a unas 5.500 consultas anuales. Resulta llamativo, por lo tanto, el escaso grado de prioridad que se ha dado en los programas de salud pública al crecimiento de los servicios de la especialidad para atender adecuadamente a este conjunto de enfermedades de mor-bilidad y demanda creciente.

Hace ocho siglos, reinaba en Egipto el sultán Saladino, legendario guerrero que derrotó a los cruzados por tierra y por mar. Saladino tenía asma y su médico era Maimónides, filósofo talmudista desterrado de la Córdoba española. Maimó-nides escribió un tratado de medicina en diez volúmenes; el primero de ellos estaba dedicado íntegramente al tratamiento del asma. En dicho texto, la primera regla terapéutica es respirar aire puro. Cuando Saladino tenía accesos de asma, Maimónides le indicaba que saliera de El Cairo, ciudad populosa y por entonces llena de pestilencias, para instalarse un tiempo cerca de las pirámides  que quedaban en pleno desierto, lejos de la ciudad.

Mientras la morbimortalidad va en aumento, la primera regla del primer tratado del asma, escrito hace ocho siglos, se ha olvidado o se ha convertido en una abstracción teórica.

 

Nota: el autor es jefe de la sección Alergia del hospital Durand; miembro de la Asociación de Alergia, Asma e Inmunología Buenos Aires; ex Presidente Sociedad Argentina de Medicina Ambiental; miembro de Global Environmental Epidemiology Network y de Internatio-nal Programme on Chemical Safety (OMS). 

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LA PREVALENCIA DEL ASMA

Las tasas de morbilidad por asma son casi impredecibles. En la Argentina, diferentes estudios demuestran que la prevalencia de la enfermedad es creciente

De acuerdo con las cifras comunicadas por autores de diversos países, las tasas de morbilidad por asma son casi impredecibles. Incluso dentro de un mismo país, los datos pueden ser asombrosamente disímiles.

Estas discrepancias pueden ser consecuencia de diversas dificultades en la metodología adoptada para cada estudio epidemiológico. Por ejemplo, las investigaciones tipo catastro por métodos espirométricos pueden sesgar los resultados si en el momento del examen, como ocurre habitualmente, no se comprueba obstrucción de vías aéreas. A su vez, los cuestionarios de las encuestas exploran lo que el paciente o sus padres saben u opinan sobre el padecimiento, o el médico ha informado sobre él. Es habitual que los padres manifiesten que sus hijos presentaron episodios recurrentes de respiración dificultosa o sibilante, para lo cual usan diagnósticos eufemísticos (broncoespasmo, etc.), mientras en forma simultánea niegan la existencia de asma.

Más allá de los sesgos de interpretación, podría haber también susceptibilidad distinta en diferentes grupos étnicos. El estudio ISAAC1 realizado en Nueva Zelandia, recientemente publicado, comparó la prevalencia de síntomas de asma entre los tres principales grupos étnicos: maoríes, polinesios y europeos. Se realizó una muestra entre 3.000 niños de 37.592 participantes, entre 6-7 años y 13-14 años. Los porcentajes de niños con asma fueron muy altos:

Las diferencias entre grupos son similares a las de otro estudio previo efectuado en Auckland (1985), pero se registra un incremento leve en la prevalencia.

Diversos estudios muestran tendencias elocuentes. En Dinamarca, a modo de ejemplo, la prevalencia de asma aumentó de 5,3% en 1986 a 11,7% en 2001. Los cambios fueron más pronunciados en las niñas2. Utilizando el cuestionario estandarizado del ISAAC, se estudió la tendencia en las ciudades de Cracovia y Poznan, Polonia. Los resultados mostraron un aumento violento en sólo siete años3 .

La encuesta ISAAC fue también utilizada en Latinoamérica4. Se obtuvieron datos sobre asma, rinitis y eccema en países y centros de marcada diferencia climática, cultural, ambiental y socioeco-nómica. Los datos, obtenidos a partir de una muestra de 89.000 niños, evidenciaron rangos muy amplios de un centro a otro.

LA TENDENCIA EN ARGENTINA

En un estudio multicéntrico realizado hace más de 20 años por Asrilant y colaboradores, relevando siete zonas del país, se halló una prevalencia de 2.944 asmáticos sobre 86.591 encuestados (3,4%). El 25,2% de todos los asmáticos eran niños de 0 a 10 años (el 0,185% de la población general), por lo que constituyó el grupo etario con la frecuencia más elevada.

Hoy, aquellas cifras han sido holgadamente superadas5. Otras encuestas algo posteriores realizadas en el país fueron mostrando tendencia en aumento. Bustos y Weller en Córdoba, encontraron que un 15% de los 977 escolares encues-tados presentaban o habían desarrollado episodios de asma de variada intensidad desde el nacimiento hasta los 12 años6.

Ensinck y colaboradores examinaron en Rosario una muestra de 347 escolares y también encontraron una prevalencia similar, de 15,5%7.

En la Capital Federal, Salmún y colaboradores encuestaron a 410 niños preescolares y 360 de sexto grado. Del total de encuestados, el 10,2 % y el 6,1% manifestaron haber desarrollado crisis de asma y sibilancias respectivamente en el año anterior. Estos trastornos se presentaron en el 17,3% del grupo de edad preescolar y en el 11,1% del escolar8. En época un poco más reciente, este estudio multicéntrico se ha extendido a la población escolar de Capital Federal y de otras veinte ciudades de provincias. Se encuestaron 2.348 niños de seis años, de los cuales el 14,5% había tenido crisis en el último año (con predominio leve para el sexo femenino), y 2.066 niños de 11 años de los cuales el 9,9% tuvo crisis en el año anterior (con predominio leve para el sexo masculino)9.

En 1993, con un equipo de colaboradores realizamos un estudio para poder determinar la proporción de consultas por asma en las guardias pediátricas de la Ciudad de Buenos Aires, tratando de determinar edad, sexo, época del año y variaciones correspondientes10. Para ello examinamos los libros de guardia pediátrica de los hospitales Durand, Santo-janni y Pirovano en 1992. Durante los 366 días del año estudiado fueron atendidos 56.811 pacientes de 1 a 12 años, de los cuales 3.158 consultaron por asma. El porcentaje de consultas por asma fue de 5,55% del total. La distribución porcentual por sexos mostró 61% para el sexo masculino y 39% para el femenino. El predominio masculino fue constante para cada grupo etario analizado, llegando al doble en los grupos de 5-6 y de 7-8 años.

La distribución porcentual de consultas según la edad mostró que casi el 30% correspondió a niños de 1-2 años y algo más del 20% a niños de 3-4 años. Con la edad los porcentajes fueron decreciendo, pero se observó un leve repunte en la pubertad (11-12 años).

El análisis de los datos aportados por el grupo etario de 11-12 años ofrece aspectos controversiales. Mientras varios autores sostienen que la distribución por sexos se equilibra en la pubertad, con porcentajes que pueden ser levemente mayores para las niñas, nosotros hallamos que en el grupo de 11-12 años, el 65,57% de los registros estudiados correspondieron a varones: en números redondos, 2/3 y 1/3 respectivamente para cada sexo. Pero además, en contraste con la difundida opinión entre pediatras de que el asma tiende a curarse espontáneamente al llegar a la pubertad, hemos podido comprobar que la tendencia muestra, hacia los 11-12 años, un ligero aumento en la frecuencia de consultas, que llega al 13,07% con respecto a los grupos etarios de 7-8 años (12,64%) y 9-10 años (10,41%). Cabe formular la hipótesis de que no tantos casos de asma desaparecen en la pubertad (o que aquellos que quedan, consultan más).

La distribución mensual mostró que el mes en que menos consultas por asma se efectuaron fue febrero (3,32% de las consultas de ese mes). En marzo se produjo un drástico incremento de consultas, que llegó a su pico en abril (10,74% de las consultas de ese mes), y luego comenzó una tendencia en descenso suave, que se mantuvo constante mes a mes hasta diciembre.

En nuestro medio, por lo menos uno de cada tres adultos tiene antecedentes de enfermedad alérgica. Con el objeto de conocer la morbilidad de cuatro enfermedades alérgicas seleccionadas (rinitis alérgica, asma, urticaria-angioedema, conjuntivitis alérgica) elaboramos información a partir de 1.401 pacientes de la sección Alergia del hospital Durand, representativa de la población general adulta. Los porcentajes obtenidos fueron: rinitis alérgica, 233 casos (16,63%); asma, 103 casos (7,35%); urticaria-angioedema, 48 casos (3,46%) y conjuntivitis alérgica, 97 casos (6,92%). Un total de 481 pacientes (34,33%) resultó tener antecedentes positivos para por lo menos una de estas patologías.

La distribución por sexo mostró una clara diferencia a favor de las mujeres: rinitis, 11,06% (vs. 5,57% masculino); asma, 5,14% (vs. 2,21% masculino); urticaria-angioedema, 2,43% (vs.2,43% masculino) y conjuntivitis alérgica 4,93% (vs. 2,00% masculino).

Los totales muestran que el 23,56% de las mujeres y el 10,78% de los varones adultos tienen antecedentes personales de estas enfermedades alérgicas crónicas11.

1 Pattemore PK, Ellison-Loschmann L, Asher MI, Barry DM, Clayton TO, Crane J, D' Souza WJ, Ellwood P, Ford RP, Mackay RJ, Mitchell EA, Moyes C, Pearce N, Stewart AW; “Asthma prevalence in European, Maori, and Pacific children in New Zealand: ISAAC study”. Pediatr Pulmonol. 2004 May;37(5):433-42.

2 Thomsen SF, Ulrik CS, Larsen K, Backer V. “Change in prevalence of asthma in Danish children and adolescents”. Ann Allergy Asthma Immunol. 2004 May;92(5):506-11.)

3 Lis G, Breborowicz A, Cichocka-Jarosz E, Swiatly A, Glodzik I, Gazurek D, Sobkowiak P, Alkiewicz J, Pietrzyk JJ; “International Study of Asthma and Allergies in Childhood. Increasing prevalence of asthma in school children - ISAAC study”. Pneumonol Alergol Pol. 2003;71(7-8):336-43.

4 Mallol J. Asthma among children in Latin America. Departamento de Medicina Respiratoria Infantil, Universidad de Santiago de Chile, Hospital CRS El Pino, Santiago, Chile.

5 Asrilant M, Crisci H, y col. “Estadística sobre prevalencia y aspectos socioeconómicos del asma bronquial y otras enfermedades alérgicas en la República Argentina”. Anales Inmunología Clínica Alergia, 2:15, 1984.

6 Bustos GJ, Weller J. “Asma en el niño: consideraciones sobre su verdadera prevalencia”. Arch Arg Ped, 80(2):203-212, 1986.

7 Ensinck R, Galimany J, Celentano O, Lisi S, Vineusa M. “Estudio epidemiológico del asma bronquial. Población escolar de la Ciudad de Rosario”. Arch Arg de Al e Inmunol Cl, 23(3):124-131, oct 1992.

8 Salmún N, Kohan M, Fabiani J, Gentile A, Manterola A. “Estudio estadístico sobre asma y factores de riesgo en la población escolar de la Ciudad de Buenos Aires”. Interasma, 89:36-40,1989.

9 Salmún N, Kohan M, Fabiani J, y col. “Estudio multicéntrico sobre la incidencia de asma bronquial en la población escolar en la Argentina”. Actas del XV Congreso Argentino de Alergia e Inmunología, 90-91, Nov, 1993.

10 Tolcachier A, Infante A, Rodríguez N, y col. “Distribución y frecuencia de casos de asma bronquial en consultas pediátricas de urgencia”. Arch. Arg. de Al e Inmunol Clin, vol 26, Nª 2, pág 82-90.

11 Tolcachier A, González D, Di Marco MP, Infante A, Barrionuevo W, Barrionuevo M, Flores M. Prevalencia de cuatro enfermedades alérgicas seleccionadas en la población general adulta. Distribución por sexo y frecuencia relativa. XXXIX Jornadas Científicas Anuales del Hospital Durand, Nov 2003.

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ESTILO DE VIDA Y ASMA

El estilo de vida de los países ricos se relaciona con una mayor prevalencia de asma y atopía en los niños. Numerosos estudios corroboran esta tendencia

Existen evidencias de que el estilo de vida de los países ricos se relaciona con una mayor prevalencia de asma y atopía en los niños. La unificación de las dos Alemanias brindó un modelo estupendo para corroborarlo. La occidentaliza-ción de Alemania Oriental se asoció paralelamente a un aumento de polinosis y de sensibilización a alergenos, aunque la prevalencia del asma no se modificó mucho.

Para una mejor interpretación que permita entender por qué el asma no aumentó, vale aclarar que estos estudios se realizaron en niños de 9 a 11 años, que habían estado expuestos al estilo de vida occidental recién después de los 3 años. Por lo tanto, no estuvieron sometidos a los factores que operan para el desarrollo de asma en la primera infancia, pero sí a los que actúan sensibilizando a niños mayores. La predisposición genética es la misma, entonces cabe atribuir las diferencias a factores ambientales. En efecto, en el este, áreas industriales como Leipzig y Halle experimentaban niveles altos de dióxido de azufre y material particulado durante el invierno; en tanto que en el oeste, las concentraciones de dióxido de nitrógeno en el aire de la calle eran muy altas durante todo el año, a causa de la gran densidad vehicular.

También la Ciudad de Buenos Aires se caracteriza por su elevada concentración de dióxido de nitrógeno; en primavera, los picos exceden la norma y en las últimas décadas la tendencia ha ido en aumento, paralela al volumen de automóviles circulantes.

OTRO FACTOR PROTECTOR

La llamada hipótesis higiénica es –cuanto menos- controversial. Algunos estudios epidemiológicos sugirieron que el incremento en la prevalencia de enfermedades alérgicas se debería a la exposición escasa a bacterias patógenas y no patógenas durante la infancia, como consecuencia del estilo de vida moderno (la interpretación inicial propuso una desviación de las respuestas alergo-específicas de células Th2 a Th1, como resultado de una producción reducida de interleuquina 12 e interferones, a cargo de células inmunitarias que son estimuladas por productos bacterianos. Más recientemente, se ha enfatizado la actividad reducida de las células T regulatorias).

De acuerdo con ésta hipótesis, el número de hijos actuaría como factor protector: a mayor número de hermanos, menor número de niños atópicos. Más aún, los hermanos mayores tenderían a sensibilizarse más a alergenos ambientales que los menores. Strachan propuso que la infección en etapas tempranas por contacto con hermanos mayores, o adquirida congénitamente de una madre infectada por contacto con sus hijos mayores enfermos, podría prevenir el desarrollo de enfermedades alérgicas. De todos modos, la relación inversa entre el número de hermanos y la expresión de atopía no puede por sí misma explicar el fenómeno de sensibilización alérgica de la población.

La densidad del tráfico vehicular y las características de la vivienda constituyen dos factores centrales en la interpretación del incremento de la prevalencia de asma y otras enfermedades alérgicas.

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LAS CARACTERISTICAS DE LA CONSTRUCCION MODERNA

Muchos edificios modernos crean ambientes interiores insalubres, que generan enfermedades como asma, rinitis, neumonitis, o hacen que las personas “se sientan mal”, con un cuadro inespecífico, que se conoce como Síndrome del Edificio Enfermo

Donde entra el sol, no entra el médico.

(Proverbio chino)

Además del costo ambiental que implica erigirlos, operarlos y mantenerlos, muchos edificios modernos crean ambientes interiores insalubres para sus ocupantes.

Ya no tienen ventanales que se abran para que entre aire fresco y sol. Los sistemas de ventilación instalados en edificios modernos para evitar problemas en la calidad del aire paradójicamente los crean, obligando a los ocupantes a respirar aire añejo durante interminables horas, o albergando y diseminando esporas insalubres. Los edificios sellados y climatizados atrapan además, compuestos orgánicos volátiles, especialmente formaldehído, que se van desprendiendo de adhesi-vos, muebles, alfombras, pintura, y cuya concentración es 100  veces mayor que en el exterior.

Se estima que en los edificios comerciales, los costos médicos y de improductividad por displacer e incomodidad de los ocupantes es inmenso. Existen además hipótesis que postulan que la circulación forzada en interiores podría facilitar la dispersión de ciertas enfermedades como resfríos o gripes. De ser así, el impacto sería mayor aún.

SIndrome del Edificio Enfermo

Cuando los edificios se contaminan o desarrollan problemas de ventilación, la gente enferma de asma, rinitis, neumonitis, o “se siente mal”, con un cuadro inespecífico: cefaleas, fatiga, mialgias, prurito rinoconjuntival, náuseas, tos, etc. A la entidad se la conoce como Síndrome del Edificio Enfermo.

En franca analogía con lo que ocurre en los edificios, se ha acuñado la denominación Síndrome de la Casa Enferma. Los edificios han tenido más publicidad por sus implicancias económicas y legales, pero son muchos los hogares que presentan hoy los mismos problemas que los gigantes edificios en los que la gente trabaja. Más aún: muchas casas se contaminan con áca-ros de polvo, cucarachas, escamas y gotas de animales, insectos y aves; además, se limpian menos.

El polvo de casa es una mezcla hetero-génea de fibras de alfombra, amobla-mientos, vestimenta, arenilla fina, escamas dérmicas humanas, detritus y restos de alimentos y productos de una variedad de micro y macroorganismos que viven en él, como insectos, artrópodos, animales domésticos, algas, hongos, etc. El polvo doméstico es un ecosistema vivo.

Los ácaros del polvo constituyen la fuente de alergeno intradomiciliario más potente. Pyroglyphidae es el nombre de la familia de ácaros del polvo, que incluye 17 géneros y 47 especies. Los más frecuentemente hallados en alfombras y colchones, son el Dermato-phagoides pteronyssinus, Dermato-phagoides farinae, Blomia tropicalis, Euroglyphus maynei, etc. Se encuentran sobre todo en dormitorios, que es donde transcurre un tercio de la vida. Las condiciones de confort para humanos son las mismas que favorecen el desarrollo de ácaros del polvo. Son arácnidos (ocho patas) y son ciegos. Miden no más de 300m, por lo que sólo son visibles al microscopio. La principal fuente de alimentos son las escamas de piel humana, hongos y detrito orgánico. Absorben agua a través de una sustancia higroscópica que se halla en las articulaciones de sus patas, por lo que para “beber”, dependen por completo de la humedad ambiental; en consecuencia, se desarrollan poco en climas secos o de gran altitud. Las temperaturas óptimas de crecimiento oscilan entre los 18 a los 27ºC.

Los alergenos acarianos principales son partículas fecales que contienen comida parcialmente digerida y enzimas digestivas. Esas partículas vienen cubiertas con una membrana permeable, a través de la cual los antígenos se eluyen al ser expuestos a la humedad de la mucosa respiratoria. El tamaño de los grumos fecales es similar al de los pólenes (10 a 35m). Son los responsables de los síntomas que ocurren al sacudir una almohada, extraer un libro de un estante que no se ha tocado por un tiempo, o dar vuelta el colchón.

La caricaturesca imagen de la abuela sacando el colchón al patio y pegándole con el palo de amasar era, en última instancia, una costumbre higiénica. Hoy, son numerosos los hogares en que no se abren ventanas, el colchón no se mueve por años y jamás se limpian los zócalos escondidos por los muebles.

El cigarrillo

El humo del cigarrillo es el contaminante principal del aire interior. El hábito de fumar libera miríadas de contaminantes en forma gaseosa y particulada, conteniendo monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, nicotina, hidrocarburos aromáticos policícli-cos, acroleína, benzopirenos y cientos o miles de sustancias peligrosas. El estándar para material particulado (260 mg/m3/día) es holgadamente excedido en ambientes donde se fuma.

Estudios realizados en niños expuestos a tabaquismo pasivo, obligado por sus padres fumadores, demostraron que la exposición a humo de cigarrillo favorece la sensibilización a alergenos, incrementa los niveles de IgE sérica total, y los niveles de eosinofilia en sangre. Por otra parte, la exposición a humo de tabaco ambiental favorecería la infección por virus asmógenos en niños de edad preescolar.

El tabaquismo debiera ser materia de legislación. Ya no es ético seguir investigando sobre el cigarrillo; no hace falta que los médicos demostremos nada más.

La industria de la edificaciOn

Muchos de los compuestos orgánicos volátiles presentes en la oficina también se hallan en la casa. Muchas casas se limpian de modo menos frecuente y eficiente que las oficinas comerciales.

El aire urbano puede estar contaminado por igual en zonas residenciales y comerciales, tanto con partículas naturales (pólenes, mohos, detritos orgánicos, algas, restos de insectos, etc.) como por contaminantes antropogénicos (hidrocarburos, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono, humo, etc.). La mayoría de la gente prefiere encerrarse entonces en ambientes “limpios” con aire acondicionado. Pero si sobrevienen síntomas de asma, debería indicárseles salir a respirar afuera.

La industria de la edificación, como cualquier otra, impacta en el ambiente. Los diseñadores están casi completamente alejados de la gente y de los ecosiste-mas, a quienes cuyo trabajo afecta. Han surgido nuevas líneas de arquitectura, ingeniería y construcción en general que buscan soluciones alternativas para crear edificios con cualidades que la modernidad exige, pero más sanos y energé-ticamente eficientes.

Como el Machu Pichu de los incas o la Acrópolis de los griegos, las construcciones dejan para la posteridad formidable información sobre los valores y la estructura de  la civilización que las construyó. Los edificios de hoy revelarán también mucho sobre nosotros. Un legado perdurable que nuestra generación puede dejar a las que vienen no son exclusivamente mejores construcciones, sino más limpias y sanas, respetando la relación entre el medio natural y el antropogénico.

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EL TRAFICO VEHICULAR

El incremento notable de la morbilidad por asma va paralelo a la urbanización creciente y al incremento anárquico del tráfico vehicular

La acción facilitadora de los contaminantes del aire urbano sobre los aeroalergenos no es un aspecto menor. El incremento notable de la morbilidad por asma va paralelo a la urbanización creciente y al incremento anárquico del tráfico vehicular.

Más del 50% de la población mundial vive hoy en ciudades. En países desarrollados esta proporción es del 70%. A su vez, la mayoría de las me-gaciudades posee una atmósfera contaminada o muy contaminada. Existen megalópolis, como Tokio-Yokoha-ma con focos de asma endémicos. Nuestra ciudad no es la excepción. Sin embargo, no son muchos los que asocian políticas de prevención en salud pública con políticas de transporte o de combustibles.

¿QuE relaciOn existe entre aumento de incidencia de asma y aumento de trAfico vehicular?

Se han ensayado numerosos estudios clínicos para describir los efectos respiratorios provocados por ciertos contaminantes del aire. Por supuesto, las experiencias de laboratorio no pueden reproducir lo que ocurre bajo las más complejas condiciones naturales en que la acción de los contaminantes puede potenciarse por cambios meteorológicos (viento, lluvias, etc.), agentes infectantes (virus, bacterias), partículas alergógenas (ácaros, esporas de hongos, pólenes, etc.) o irritativas (tabaquismo).

Las observaciones epidemiológicas son más escasas y esto probablemente se deba a las restricciones para analizar la acción de un contaminante aislado -ya que se presentan juntos- y especialmente, a la dificultad para realizar investigaciones retrospectivas, basadas en exposiciones inesperadas y en diagnósticos imprecisos.

A pesar de las restricciones, han podido obtenerse numerosas evidencias de gran valor epidemiológico y clínico.

Se observó, por ejemplo, que las personas expuestas a ciertos alergenos inhalantes (ácaros del polvo, esporas de hongos, pólenes, etc.), en asociación con gases contaminantes (ozono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y partículas de combustión), muestran mayor sensibilización alér-gica que quienes están expuestos a alergenos suspendidos en aire limpio.

Ishizaki realizó una observación pionera. Demostró en Japón que la prevalencia de rinoconjuntivitis por polen de cedro entre quienes vivían cerca de una larga línea de viejos cedros, ubicada a los costados de una ruta interurbana con tráfico pesado, fue mucho mayor que la hallada entre los residentes de otro bosque de cedros, éste último con menor densidad vehi-cular. Los recuentos polínicos fueron similares en ambas áreas1.

Se hipotetizó entonces que los contaminantes del aire urbano podrían favorecer la sensibilización a aeroaler-genos y a partir de esta observación se pasó a la etapa experimental.

Rusznak y colaboradores estudiaron los efectos de la preexposición por seis horas a: a) aire; b) 400 ppb (partes por billón) de NO2; c) 200 ppb de SO2; d) una combinación de 400 ppb de NO2 y 200 ppb de SO2. Evaluaron la respuesta de la vía aérea de asmáticos leves, a la inhalación de alergenos de ácaros de polvo doméstico. Se demostró que la combinación de 400 ppb de NO2 + 200 ppb de SO2 causó una reducción del 60% en la concentración del alergeno acariano necesaria para alcanzar la DP20 (dosis de provocación capaz de reducir el 20% del calibre bronquial). Esto no ocurrió con la preexposición de los contaminantes aislados2.

Otro estudio señala que se preexpuso a dos grupos de pacientes con rinitis estacional a inhalar aire limpio o aire conteniendo 400 ppb de NO2, durante un lapso de 6 horas. Se evaluaron los cambios en la resistencia nasal y la presencia de mediadores inflamato-rios 30 minutos después de la exposición y del desafío con alergenos. La exposición de NO2 previa al desafío con alergenos, aumentó significativa-mente la concentración de PCE (proteína catiónica eosinofílica) comparada con la preexposición al aire limpio3.

Esto sugiere que la exposición aguda a NO2 a concentraciones halladas en el tráfico denso puede preparar a los eosinófilos para su subsecuente activación por alergenos.

Otros ejemplos abundan. Sabemos con certeza que los gases contaminantes del aire urbano, a concentraciones bajas, pueden no provocar síntomas ni modificar parámetros de pruebas funcionales, pero sí facilitar y aun potenciar la acción sensibilizante de alergenos respiratorios. Lo que explicaría por qué, por ejemplo, la polinosis puede ser tanto o más frecuente en el medio urbano que en el rural, aún cuando en este último los recuentos polínicos resulten más elevados.

1 Ischizaki T, Koizumi K e Ikemori R. “Studies of Prevalence of Japanese Cedar Pollinosis Among Residents in a Densely Polluted Area”. Ann Allergy, 58:265-70; 1987.

2 Rusznak y col. “The effects of six hours exposure to 400 ppb Nitrogen Dioxide and/or 200 ppb Sulphur Dioxide on Inhaled Allergen Response in Mild Asthmatic Subjects”. Clin Esp Allergy, 24:166, 1994.

3 Devalía JL y Davies RJ. “Airway epithelial cells and mediators of inflamation”. Editorial Respir Med, 1993;87:405-408.


EL MATERIAL PARTICULADO

En la última década se le ha conferido importancia al tamaño del material particulado. La mayoría de las legislaciones, habitualmente regulan sólo las partículas de menos de diez micrones (PM: promedios de 50 mg/m3 para un año; 150 mg/m3 para 24 horas). Los nuevos estándares fijan también límites para las PM provenientes de sus precursores, el dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno, que al combinarse con oxígeno forman el material particulado fino.

Existe evidencia firme de asociación de PM con riesgo de morir, de internación, de enfermedad cardíaca y respiratoria y de aumento de sintomatología respiratoria. Según cálculos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el nuevo estándar de PM2,5 prevendría anualmente de 15.000 a 20.000 muertes prematuras, 250.00 casos de patología respiratoria y otro tanto de agudiza-ciones de asma. El Natural Resources Defence Council agrega evidencia: 64.000 personas por año mueren prematuramente debido a enfermedad cardíaca y respiratoria, y 8.000 se podrían prever si se adoptaran estándares más estrictos que los propuestos por la EPA. La American Lung Association pidió niveles más rigurosos aún, por estimar que el estándar de particulado de la EPA deja a más de 28 millones de estadounidenses sometidos a riesgo de sufrir enfermedad cardíaca o respiratoria. El nuevo estándar para PM2,5 fijaría hasta 15mg/m3/año y 65mg/m3/día (American Lung Association. “Comments of the American Lung Association Regarding Proposed Decision; National Ambient Air Quality Standards for Particulate Matter”. March 12, 1997, p 1-2).

Pero tanto como saber el tamaño de una partícula (para ver si sedimenta, o permanece en suspensión y se respira) o conocer la concentración (para saber cuánto fumamos en la calle), importa también saber la composición química del material particulado, para predecir de qué nos podemos enfermar. Nos llevaríamos una sorpresa.

Se investigaron las fuentes y composición de las partículas respirables en la atmósfera de Los Ángeles y de Pasadena, incluyendo las biológicamente activas. Además de las provenientes de la combustión de motores, se encontraron detritos de plantas, humo de cigarrillos, de madera y de carne, y restos de neumáticos conteniendo polvo de goma natural y de asfalto. El polvo de carreteras resultó ser una mezcla de partículas de tierra de jardín, polvo de neumáticos, fragmentos de plantas, de pólenes y de otras fuentes, removidos por el tráfico y redepositados. Se hallaron cantidades de látex en el polvo de neumáticos, en el polvo de costado de la carretera y en el aire (Glovsky y col. “Partículas aéreas polucionantes: posible importancia en el asma”. All Asthma Proc, XI:6; nov-dic 1997; 28-32).

La importancia de la composición cualitativa de las partículas ha sido, hasta la fecha, infravalorada. Existe evidencia de que esas pequeñas partículas de combustión provenientes del parque automotor diesel, que sobreabundan en nuestra ciudad, son alergógenas, tóxicas y carcinógenas. En una medición independiente que realizamos en 1997 en Larrea y Viamonte, encontramos niveles elevadísimos de este tipo de partículas carbonosas, de tamaño incluso inferior a un micrón, capaces de estar suspendidas mucho tiempo y de alcanzar las vías aéreas distales al ser inhaladas. 

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