BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 8 Nº68 Junio de 2001 
Autor: Dr. Héctor A. Nieto


INDICE

Obesidad, la enfermedad del siglo XXI

¿Qué es la obesidad?

Aumento de la obesidad en el mundo

Consideraciones sobre el comer


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Obesidad, la enfermedad del siglo XXI

La satisfacción de las necesidades alimentarias es una condición indispensable de la supervivencia de los seres vivos. El hombre, gracias a su generosa fisiología y a su capacidad simbólica puede subsistir, tanto en la proximidad del polo como en la selva ecuatorial, pues tiene la posibilidad de recrear un microentorno que le resulte favorable a la satisfacción de sus necesidades.

En los medios de satisfacción influyen motivaciones de carácter exclusivamente simbólico que cumplen un papel relevante en la elección del alimento básico de cada sociedad, así como en el desarrollo de técnicas de manipulación que permiten crear una cocina que se reconoce como un signo identificador de cultura. Cada cultura define lo que es comestible y sus prohibiciones alimentarias estableciendo diferencias entre un grupo humano y otro.

Sin embargo, es posible preguntarse si los esfuerzos que realiza el hombre para ajustarse a las normas que le dicta su cultura, y que son propias del campo de lo simbólico, están siempre orientadas en el sentido más favorable de su adaptación, tanto a corto plazo como individuo cuanto a largo plazo como especie.

Basta observar las consecuencias patológicas de una alimentación sobreabundante en las sociedades industrializadas, donde a medida que el estilo de vida tiende a reducir el gasto energético, se valoriza el consumo de proteínas animales, de alimentos grasos y azucarados. Múltiples factores han generado en nuestras sociedades postindustriales un cambio en el estilo de vida.

Esto ha llevado a un aumento en la prevalencia de la obesidad. Entre estas transformaciones es destacable el cambio en el tipo de alimentos consumidos. Con la globalización se han homogeneizado los estilos alimentarios.

La producción y el procesamiento de los alimentos responden a una demanda de alto consumo de grasa y azúcares, con aumento de la densidad calórica. Otra desventaja destacable en este cambio es el sedentarismo, fundamentalmente en las zonas urbanas. A este proceso se lo conoce como “transición nutricional”. Este cambio en el estilo de vida ha llevado a un incremento alarmante de esta enfermedad -la obesidad- llamada hoy “epidemia del siglo XXI”, que representa entre el 2% y el 8% de los costos en salud.

En este contexto cabe preguntarse: ¿será la obesidad una epidemia inevitable resultante de nuestro actual estilo de vida?

Convocadas por la Asociación de Médicos Municipales, en este número del Boletín de Temas de Salud intentaremos dar una respuesta a esta pregunta que alcanza plena vigencia en estos tiempos en los que se estima que, para el 2030, un 40% de la población mundial será obesa.

Nota: las autoras son integrantes del grupo de trabajo “Trastornos Alimentarios” del hospital Durand.

E-mail: aliciamarenco@yahoo.com

volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


¿Qué es la Obesidad?

Es sin duda la patología nutricional con más impacto en el mundo. Afecta a un 30% de la población. Dada su proyección es imperativo encarar seriamente tanto su prevención como su tratamiento

La obesidad es un conjunto de cuadros patológicos, de etiología compleja, poligénica, incurable pero controlable y crónica. Está caracterizada por un exceso de peso, representado por un incremento en la cuantía de grasa corporal (más del 30% en la mujer y más del 25% en el hombre). Se define mediante el Índice de Masa Corporal:

            IMC:   Peso (KG)
                    ——————
                      
(Talla)
2

Tipos de obesidad

De todas maneras, no sólo interesa el IMC  para caracterizar el riesgo del paciente, pues la localización de la grasa confiere diferente riesgo. Ya desde comienzo del siglo pasado, Vague reconocía dos tipos de obesidad: ginoide (femoroglútea) y androide (central, abdóminovisceral). En la actualidad, estos conceptos han cobrado mayor jerarquía aún, dados los avances en biología molecular y fisiopatología que han aclarado algunos aspectos etiopatogé-nicos relacionados con los diferentes tipos de obesidad.

Para diagnosticar el tipo de obesidad, se utiliza el perímetro de cintura: más de 88 cm en la mujer y de 102 cm en el hombre  implican riesgo. Este parámetro antropométrico es reflejo de la cuantía de grasa visceral profunda, relacionada con el síndrome metabólico de insulino-rresistencia.

Este cuadro está caracterizado por: obesidad central, hipertensión arterial, aumento de triglicéridos, disminución del colesterol HDL, hiperinsulinismo, microalbuminuria, aumento de ácido úrico y de sustancias protrombóticas.

Es con el síndrome metabólico y sus diferentes componentes fisiopatológicos que están relacionadas las comorbilida-des de obesidad abdóminovisceral.

Así es que hoy debemos decir que hay diferentes obesidades que van desde las genéticas (como por ejemplo el síndrome de Prader-Willi) hasta las predominantemente ambientales, como las de pacientes comedores compulsivos, pasando por las obesidades reactivas.

Los distintos tipos de obesidades requieren diferentes enfoques terapéuticos, sin embargo la oferta actual es casi la misma para todos los pacientes.

Indudablemente, la vida moderna nos presenta dos firmes candidatos para la etiología de la obesidad: dieta alta en grasas saturadas y grasas trans, y la inactividad física.

Desafortunadamente, nuestro organismo no cuenta con mecanismos eficientes para disminuir el apetito y para aumentar la actividad física, corrigiendo el balance positivo de energía que lleva a la obesidad.

Factores de desarrollo de la obesidad

Varios son los factores que intervienen en el desarrollo de la obesidad con un denominador común: todos causan finalmente un balance positivo de energía, es decir que ingresa más energía de la que egresa, por lo tanto los macronutrientes no utilizados se depositan.

Indudablemente, no puede haber sobrepeso si no se produce el balance calórico positivo, es decir, que todos aquellos factores que aumenten la ingesta o que disminuyan el gasto, intervienen en el desarrollo de la obesidad.

Como desorden poligénico, existen genes que confieren susceptibilidad, y su presencia aumenta el riesgo de sobrepeso, aunque no son suficientes para explicarla.

El fenotipo obeso depende de muchos genes candidatos relacionados con ambos polos del balance energético (receptor beta adrenérgicos, leptina, receptor de glucocorticoides, lipoproteínlipasa, serotonina, etc.), el medio ambiente (nutrición, ambiente familiar, tipo de trabajo, estrés crónico, etc.) desenmascara estas tendencias latentes.

El gasto energético de un individuo se compone de gasto calórico total: gasto metabólico basal: 70%; termogénesis inducida por la dieta: 10%; gasto por actividad física: 20%

En general, en el individuo delgado este gasto es equilibrado con un aporte de ingesta adecuada. La conducta alimentaria humana es una variable regulada por un aserie de factores biológicos, psicológicos y socioculturales que integran un complejo sistema. Varios factores contribuyen al desajuste que el obeso presenta en su ingesta. La alimentación alta en grasas saturadas y grasas trans, de alta densidad calórica, con alimentos de alta palatabilidad produce una sobrecarga al sistema psico-biológico que regula la ingesta, haciendo que haya ingesta sin hambre.

El hombre obtiene energía de los alimentos macronutrientes: hidratos de carbono, proteínas y grasas. Estos tienen características particulares en relación con su capacidad de producir saciedad, la jerarquía según la cual son utilizados al ser ingeridos y su potencial de producir termogénesis (importante recurso natural antiobesidad).

El balance de energía es la suma de los balances de los diferentes macronu-trientes. En individuos con peso estable, la mezcla de nutrientes consumidos será igual a la mezcla de nutrientes oxidados o utilizados.

Así, el balance positivo de grasa en la obesidad se produce por la imposibilidad de que coincida la oxidación de grasa con su ingesta.

¿Por qué un individuo no puede ingerir una cantidad que coincida con su capacidad oxidativa? Porque los factores psicosociales y cognitivos pueden sobrepasar los sistemas regulatorios biológicos. Desde hace años, Bjorntop ha planteado la asociación entre estrés y depósito de grasa abdominal, que explica a través del desequilibrio del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal. Además del estrés cotidiano del estilo de vida actual, agrega otro factor fundamental: el sedentarismo.

En EE.UU, el riesgo relativo de obesidad es de 5,3 veces mayor en aquellos que miran más de cinco horas de televisión por día. Los niños canadienses y estadounidenses miran, según un reciente estudio, un promedio de 34 horas de televisión por semana. Una investigación realizada en Gran Bretaña revela que el 70% de las publicidades en horario pico del canal infantil era de productos alimenticios, 90% altos en grasas, azúcares simples y sal.

Además, desde 1985 a 1992, los niños ingleses menores de 14 años, caminan 20% menos, andan 25% menos en bicicleta, y aumentaron un 45% los viajes en automóvil.

Es importante tener en cuenta que hasta el diseño arquitectónico atenta contra una vida activa. Se privilegia el espacio dedicado a los ascensores en detrimento del uso de las escaleras. Existe, por otra parte, la percepción de que es inseguro jugar y caminar por las calles por el aumento de la criminalidad y el tránsito.

La obesidad, un problema de salud publica

Indudablemente, la obesidad es la patología nutricional con más impacto en el mundo. De los 6.000 millones de individuos que habitan el planeta, un 18% padece desnutrición y un 30% es obeso, según las últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Dado el alto número de personas afectadas y dada la proyección (para el 2030 se prevé que un 40% de la población mundial será obesa), es imperativo encarar tanto la prevención como el tratamiento de una enfermedad, que aún con las evidencias científicas continúa siendo la “cenicienta” de las especialidades de la salud.

Las obras sociales y las empresas de medicina prepaga no reconocen a la obesidad como enfermedad, sino como un problema estético. La paradoja radica en que es una patología asociada a alta morbimortalidad y a la disminución en la calidad de vida.

En nuestro país no existen estadísticas adecuadas ni una legislación que reconozcan a la obesidad como enfermedad, de manera que ésta queda encubierta detrás de otros diagnósticos. No existen estudios de costo-efectividad sobre obesidad en la Argentina, pero en Canadá ocupa 2,4% del gasto en salud, un 6% en EE.UU. y un 2% en Francia. En Holanda, el Health Interview Survey mostró que el costo total en salud atribuible al sobrepeso era del 24%-30%. Además, los estudios realizados sugieren que la obesidad leve aumenta 20% los costos de atención médica, la moderada 50% y la obesidad mórbida 100%.

El análisis debe tomar en cuenta los costos directos y los indirectos. Respecto de los primeros (internación, consultas médicas, métodos diagnósticos, farmacoterapia, cirugía, gastos de personal), Wolf y Colditz analizaron los costos atribuibles a las comorbilidades y su distribución porcentual. Los números fueron: diabetes II 63%, enfermedad coronaria 14%, artrosis 8%, hipertensión arterial 6%, litiasis biliar 5% y cáncer 4%.

Los costos indirectos (disminución de productividad, salarios caídos, eventual pérdida del empleo, impacto sobre la familia, discapacidad) son el 50% del total. Un estudio finlandés muestra que los hombres obesos tienen tasas de discapacidad 1,5% mayor que los normopeso.

Se calcula que cada unidad de IMC genera un aumento de 0,063 unidades de visita al médico. Los gastos en medicamentos se incrementan en un 12% desde un IMC de 25 a 40 Kg/m2. Collins demostró que con un programa de tratamiento de 12 semanas los pacientes disminuyen el gasto en farmacoterapia a la mitad.

Indudablemente estos resultados no inmediatos, por los cuales los administradores en salud optan por la costominimización que sólo sirve en el corto plazo y no en la efectividad a largo plazo del dinero gastado.

Tratar la obesidad

Por la alta morbimortalidad asociada  y por el aumento en los gastos de salud, el desafío fundamental es ofrecer un tratamiento eficaz y con buenos resultados a largo plazo , que se define por la ausencia de parámetros clínicos o bioquímicos relacionados con la obesidad (fitness metabólico) y un descenso del 10% del peso inicial, independientemente de cuál fuera éste. Para esto se necesita el entrenamiento de profesionales en atención primaria capacitados para atender la patología y contar con la posibilidad de derivar a centros especializados, cuando la problemática exceda la formación y la infraestructura necesaria. El centro especializado deberá contar con mayor complejidad en cuanto a especialistas: médicos, nutricionistas, psicólogos, dietistas, profesores de educación física, etc.

Los trabajos de seguimiento de pacientes obesos tratados, muestran un elevado número de recidivas. Esto se debe, en principio, a errores en el enfoque terapéutico, además de la tendencia a la auto perpetuación que tiene la patología una vez establecida.

En primer lugar, se considera erróneamente que todo paciente obeso que consulta, realmente tiene la posibilidad de realizar el tratamiento y de lograr un descenso sostenido y sustancial de peso con éste. No todo paciente que demanda tratamiento se encuentra motivado como para realizar cambios en su vida, y fundamentalmente en su mundo interno, que redunden en la mejoría de la enfermedad. En muchas obesidades la ayuda psicológica resulta imprescindible y no siempre es tenida en cuenta.

Por último, las propuestas dietotera-péuticas que en general se ofrecen son totalmente inadecuadas porque tienen un valor calórico extremadamente bajo, innecesario para un individuo que puede lograr descenso de peso con ingestas mayores, que le brindan la posibilidad de entrar en un “proceso”. Una dieta restrictiva no sólo provoca desequilibrio a nivel físico sino que también altera el equilibrio psíquico. Todo esto conduce a un único resultado: abandono del tratamiento con la sensación de fracaso constante para la dupla profesional-paciente.

Respecto de la fármacoterapia, la tendencia hoy es prescribirla con IMC de 27 con morbilidades, o con IMC mayor de 30.

Los únicos fármacos aprobados por la Food and Droug Administration (FDA), con estudios controlados, randomiza-dos, a doble ciego son el orlistat y la sibutramina. El orlistat es un inhibidor de las lipasas intestinales, con casi nula absorción sistémica, que impide la absorción de un 30% de las grasas ingeridas, aprobado para utilizar por un período de dos años. Respecto de la sibutramina, es un inhibidor de la recap-tación de serotonina, con acción saciógena, aprobado para un año de utilización continua.

Indudablemente, si bien existe en los últimos años una abrumadora cantidad de nuevos conocimientos en el área de la fisiopatología de la obesidad, todavía sigue siendo una patología de complejo tratamiento que requiere especialización y un equipo interdisciplinario, dada su múltiple etiopatogenia. Es significativo que en la currícula de pregrado de toda la carrera de medicina sólo exista, en promedio, una hora cátedra de obesidad para una enfermedad que afecta al 30% de la población.

El interés de las autoridades gubernamentales educativas, y sanitarias debería jerarquizar la formación profesional, como así también la prevención y tratamiento de una patología que se asoma como uno de los problemas de salud pública de este nuevo siglo que comienza.

volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Aumento de la obesidad en el mundo

Teniendo en cuenta que el genoma humano no ha sufrido grandes variaciones desde hace 40.000 años, es lógico deducir que los datos del gráfico 1 (Obesidad en el mundo) y el grafico 2 (Obesidad y déficit calórico materno infantil) son resultado del medioambiente particular que nos rodea.

Grafico 1 Obesidad en el Mundo

Kuwait
Sudafrica
EEUU
Japón
Yugooslavia
España
Italia
Grecia
Alemania
Francia
Finlandia
Inglaterra
Dinamarca
Rep. Checa

La obesidad, especialmente la abdominal promovida por desnutrición en la infancia, representa un mayor riesgo para desarrollar obesidad y sus complicaciones en la edad adulta.

Es los últimos tiempos, hubo importantes cambios globales en nutrición; alrededor de 30 millones de chicos nacieron con retraso del crecimiento intrauterino en países en vías de desarrollo, representando el 24% de todos los nacidos en estos países.

En la mayoría de los países, la tendencia es a un aumento en el índice de masa corporal (IMC). Los diseñadores de aviones Boeing tuvieron que incrementar en 10 kilos el cálculo de peso de los pasajeros desde sus primeros años de vuelo.

Pero la obesidad llegó para instalarse en países centrales y periféricos, con importantes impactos en los costos de salud. Entre las 45 patologías asociadas a la obesidad por Jung recientemente, se encuentran algunas de las principales causas de muerte de la sociedad actual: enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer y accidente cerebrovascular , (Enfermedades.asociadas a la obesidad).

Grafico 2
Obesidad y déficit calórico Materno Infantil

GLUCOSA EN SANGRE
(MMOL/L)

NORMOPESO                              SOBREPESO                          OBESOS ADULTOS    

1- TERCER TRIMESTRE DE EMBARAZO
2- SEGUNDO TRIMESTRE DE EMBARAZO
3- PRIMER TRIMESTRE DE EMBARAZO
4- NACIDO ANTES DE LA DEPRIVACION CALORICA
5- CONCEBIDO ANTES DE LA DEPRIVACION CALORICA

Quizás la más investigada de las comorbilidades de la obesidad es la diabetes, el peso es uno de los mayores predictores para el desarrollo de esa enfermedad. La grasa visceral sería un factor de riesgo independiente para enfermedad cardiovascular, pues es causa directa de hipertensión arterial, dislipidemia e hiperinsulinemia.

Además de los efectos físicos, existen tremendas implicancias psicológicas y sociales relacionadas con el hecho de ser obeso. Viviendo en una sociedad obesofóbica y obesogénica ¿cómo tolerar la discriminación por ser obeso y a la vez desarrollar anticuerpos contra un poderoso marketing alimentario que incita a comer?

 volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Consideraciones sobre el comer

El comer es un hecho social vinculado a aspectos ideológicos y simbólicos. Cada cultura hace un largo recorrido en la elección del alimento. Hoy, la industrialización ha modificado las reglas internas de la cocina familiar

¿Qué significa el comer desde una perspectiva antropológica y social? Dice Roland Barthes refiriéndose a la alimentación: “Es en síntesis, un hecho social total, alrededor del cual se pueden convocar variados metalenguajes: los de la fisiología, de la química, de la geografía, de la historia, de la economía, de la sociología y de la política”.

Comer es una actividad que atraviesa el conjunto de la vida social, que plasma el enfrentamiento del hombre con su cuerpo, con el otro. Todo proviene de la tierra y regresa a la tierra, fórmula que involucra tanto al ritual del entierro como al ciclo de la nutrición.

El comer como hecho social total, en nombre del conjunto de las prácticas sociales que abarca la alimentación (espacio, tiempo, diferencias de edad, de origen y de sexo), es un modo privilegiado, en tanto indirecto, de leer la realidad y el imaginario social. En este apuro urbano cotidiano, tomando en cuenta este carácter social de la comida, deberíamos restituir a la mesa familiar un lugar de honor: en el hombre, la alimentación no se corresponde nunca con un “protocolo solitario”, es por excelencia el lugar del “convivial”, lugar de la convivencia, de comunicación, de pertenencia, de cohesión grupal y fundamentalmente de satisfacción de necesidades emocionales.

Habitos alimentarios de los argentinos

Si hablamos de la importancia que convoca una mesa para nosotros, argentinos, el ritual de comer “un asado” en familia, con amigos, es un motivo de reu-nión sumamente placentero.

¿Por qué este alimento y no otro? Algo enunciamos al comenzar este trabajo. Veamos: La reserva tradicional de alimentos en Argentina ha sido la pampa, la gran llanura húmeda que ocupa toda la zona central del país. En la pampa cazó el indígena, el español y el criollo cultivaron el trigo, desarrollando lentamente  la cría de ganado.

A partir del siglo XVII, la carne se erige como el alimento de base y el asado como la técnica culinaria más frecuente. La opción histórica de carne vacuna en nuestro país se manifiesta no sólo en su gran consumo sino también en el rechazo de otros tipos de carne; teniendo Argentina una gran riqueza pesquera en su plataforma submarina, la carne blanca del pescado no es frecuente en nuestras mesas.

Un alimento es elegido por un grupo por motivaciones de carácter exclusivamente ideológico, más allá de las características del medio y de las posibilidades económicas disponibles. Si la carne de vacuno asada es signo “de argentinidad”, como diría la profesora Perla Petrich y los argentinos son “hombres de carne”, es por los complejos aspectos simbólicos que se conjugaron para investirla como alimento base.

Son estas representaciones de la realidad, estos modelos intelectuales que se desarrollan a través de la historia los que determinan que en este lugar del continente americano los hombres reivindiquen un trozo de carne, al decir de Petrich, “Cuya consistencia proviene de una tierra amplia, rica e indómita, que como la carne se conquista mordiendo fuerte”.

Cada cultura, entonces, hace un largo recorrido en la elección del alimento. Y esto es tan importante que, desde las primeras horas de vida, el ser humano se halla en contacto con los valores y las texturas que caracterizan a su grupo y, aunque biológi-camente cada ser trae una sensibilidad individual, original, ésta recibe desde el primer momento el sello de su cultura. La reacción emocional del niño a los alimentos que se le ofrecen como buenos, es factor de integración social.

Hoy, que la industrialización ha modificado las reglas internas de la cocina familiar, la desaparición del montaje de la descomposición sería la gran mutación del ritual alimentario contemporáneo: rapidez, eficacia, pulcritud, cronología de palas y cuchillos, reemplazan al olor, al placer del tacto, a lo manual y artesanal del machacado y prensado.

Habría que volver a la comida con el sentido y el significado que se ha perdido, con la impronta de inventiva y placer de este ritual repetitivo que condensa la historia de lo humano. Después de todo, estamos hablando del alimento que nos acompaña desde que nacemos, desde esa unidad primera madre-hijo, encuentro donde se confunden amor y alimento, donde se gesta “la vivencia de satisfacción”, que constituye el fundamento del deseo y que tiene las más decisivas consecuencias en el desarrollo del individuo.

Volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


A los Lectores

Se encuentran disponibles las tapas para encuadernar los ejemplares 2000 del Boletín. Los interesados se pueden dirigir a Junín 1440, Capital Federal, de lunes a viernes de 10:00 a 17:30, comunicarse al (011) 4806-1011 (Sra. Rosa), o vía e-mail a mundohospitalario@medicos-municipales.org.ar. Se hacen envíos por correo.

Volver