| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
10 Nº 87 Mayo de 2003 La salud en la cuenca del Riachuelo La población de la cuenca: pobreza y mala salud Ambiente humano y salud en el área de la cuenca
LA SALUD EN LA CUENCA DEL RIACHUELOLa
Agenda 21 sostiene: “Los seres humanos constituyen el centro de las
preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible y tienen derecho a una
vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza”. Sin embargo, por
paradojal que parezca, la gente, que debería ser el centro de los debates
ambientales, pocas veces recibe un adecuado grado de prioridad. A
la hora de evaluar aspectos cru-ciales, como situaciones de salud o enfermedad
vinculadas con el ambiente, suele existir una grave carencia de datos. La
situación de salud-enfermedad en la población residente en la cuenca
Matanza-Riachuelo no es la excepción: las estadísticas de salud comunicadas
por los sistemas de vigilancia epide-miológica de sus numerosos partidos y
distritos incluidos, son llamativamente disímiles. La mayoría de las
enfermedades, aun las de notificación obligatoria, no suelen informarse
adecuadamente. Lo habitual es un subregistro importante de todas las patologías.
Tomar en cuenta datos tan sesgados llevaría a una percepción errónea de sus
implicancias sanitarias. Muchos datos corresponden a pacientes que no viven en
esta área pero que son atendidos en centros de salud localizados allí. A su
vez, la mayoría de quienes viven en la cuenca se atienden lejos de ella, en
hospitales de la CBA. Los registros allí también tienen sesgos propios. Aun
cuando los datos estuvieran hipoté-ticamente bien relevados, tampoco se podrían
separar los problemas de salud relacionados con la situación ambiental de la
cuenca de los que no están relacionados con ella. ¿Cómo
diferenciarlos? ¿Qué criterios se deben tener en cuenta? Una gripe, por
ejemplo, ¿es un problema de salud relacionado con la cuenca? Detrás
de cada diagnóstico subyace generalmente una causa más compleja. Por ejemplo,
la gente malnutrida tiene un sistema inmune menos competente para combatir las
enfermedades infecciosas. Raramente se mueren de hambre, pero la desnutrición
subyace a la enfermedad que mata. La
ausencia de saneamiento apropiado conduce a enfermedades diarreicas, que
sumadas a la desnutrición, al hacinamiento, al estrés mental severo y a la
exposición al frío, predisponen a una gripe potencialmente mortal. La gripe es
el eslabón final de una cadena de dificultades más profundas. Por lo tanto, el
diagnóstico de una mera gripe, que puede malinterpretarse como no vinculada a
las condiciones del ambiente humano de la cuenca, debe ser entendido con un
criterio epidemiológico más amplio. Y
entonces cabe formularse una pregunta más. Si cada problema de salud está
potencialmente relacionado con la situación de ambiente humano de la cuenca:
¿qué fracción etiológica (porcentaje de culpa) le cabe a lo ambiental en la
policausalidad de cada enfermedad? Para
poder entender las relaciones existentes entre las noxas ambientales y los
resultados en salud, resulta vital lo que es obvio: conectar los datos
ambientales con los datos de salud, pero tomando como objeto de estudio
poblaciones y no consultas de personas aisladas. Esos datos son necesarios. Pero
lamentablemente, hasta la fecha los datos del sector ambiente son tan
inexistentes como los del sector salud. Si los datos no existen, hay
que elaborarlos. Constituye una deuda pendiente establecer un proceso continuo
de evaluación de riesgos en salud, que sirva de soporte en la revisión de políticas,
primero para desarrollar y luego para revisar y poner al día las acciones
sanitarias más adecuadas, destinadas a reducir el impacto de las noxas
ambientales sobre la salud. La población de la cuenca: pobreza y mala saludLos
terrenos de la cuenca, depreciados, de bajo valor fiscal, se convirtieron en
asiento del bolsón de pobreza más extendido del país. Sus habitantes viven en
condiciones de hacinamiento extremo y los problemas de salud se multiplican El
Matanza-Riachuelo es un río de alta sensibilidad ambiental. Su pendiente es
pobre, su caudal escaso y su capacidad de dilución mínima. Los terrenos
aluvionales de la cuenca, muy bajos y densamente poblados, están sujetos a
inundaciones periódicas que durante las sudestadas ocurren de manera rápida y
dramática. La necesidad de socorrismo y evacuación es habitual. Cuando llueve
las letrinas rebosan y los basurales desparraman una variedad de sustancias
peligrosas a las zonas de vecindad y a los cauces. La
industria vio en esta cuenca llana, cercana al agua y a rutas de transporte una
zona ventajosa para su expansión. En las zonas pobres, los costos del terreno,
impuestos y otros gastos son más bajos. Su poder político y los recursos de la
comunidad para defenderse son débiles o inexistentes. Las áreas de mayor
ingreso son habitualmente más exitosas en la prevención y el control del
ingreso de industrias contaminantes. Fue así como grandes y pequeñas
industrias –mataderos, frigoríficos, fábricas de alimentos, curtiembres,
etc.- radicadas en Lanús, en Pompeya, entre Camino Negro y Arroyo Unamuno,
etc., sujetas a los avatares de nuestra historia económica de los últimos
tiempos, han vertido sus contribuciones a los cursos de agua. La
eliminación desaprensiva de residuos industriales contaminados con
mercurio, plomo, cadmio, cobre, cromo, estaño, aluminio, vanadio,
molibdeno, manganeso, cobalto y otros metales pesados ha originado contaminación
del medio y exposiciones humanas de una magnitud enorme. El riesgo sanitario
es mucho mayor para quienes trabajan con ellos. Pero
además de los vertidos industriales, los arroyos Unamuno, del Rey y Santa
Catalina, y el río mismo reciben el volcado de cantidades ingentes de efluentes
cloacales. La ausencia de red cloacal en la mayor parte de la superficie de la
cuenca determina que haya una proporción alta de pozos ciegos y cámaras sépticas
que descargan en la napa freática. Es común la existencia de conexiones
clandestinas de aguas servidas a conductos pluviales. Las aguas de la cuenca son
verdaderas cloacas. La
basura también obla. Las aguas superficiales reciben una enorme cantidad de
basura volcada desaprensivamente, y las aguas profundas, sufren el lixiviado de
los basurales. Por otra parte, los basurales a cielo abierto constituyen el
paseo natural de jaurías cuyos integrantes, por la noche, duermen en casas
precarias junto a los niños, para darles calor. La quema constituye un
procedimiento común, con liberación al aire de humos y una variedad de gases,
que contienen dioxinas carcinogenéticas, entre otras. Los rellenos
ilegales con basura en terrenos aluvionales contribuyen a su vez a
potenciar el riesgo de inundaciones. La basura desparramada ayuda a dispersar
noxas patogénicas y residuos de toda índole. Es común el taponamiento de
escorrentías y drenajes y el estancamiento de aguas. Los
terrenos de la cuenca, depreciados, de bajo valor fiscal, convertidos en
“tierras de nadie”, se han transformado aceleradamente en el asiento del bolsón
de pobreza más extendido del país. Un número creciente de familias pobres
y numerosas se instalan a diario en esas tierras. Y seguramente seguirá
creciendo. Según
cifras oficiales, la pobreza en Argentina afecta al 50% de la población urbana
del país, mientras el 20% estaría en situación de indigencia (estos datos
no consideran a la población rural). En el último semestre se sumaron
en todo el país entre 3 y 4 millones de personas. Para cifras de abril de este
año, se era pobre cuando una familia de cuatro miembros no accedía a una
canasta de 598,75 pesos, e indigente cuando no accedía a una canasta de 252,64
pesos. Pero los criterios para definir pobreza no deberían sustentarse sólo en
parámetros económicos. Existe
una clara relación entre la alta concentración de desamparados, minorías,
bajos ingresos y un ambiente insalubre. El crecimiento rápido y anárquico de
barrios, villas y asentamientos ilegales de la cuenca no se acompañó de las
inversiones necesarias en infraestructura y servicios. Como consecuencia, existe
un rápido aumento del número de personas que viven precariamente y en
hacinamiento extremo, sin abastecimiento de agua, sin servicio de recolección
de basura, sin servicio de eliminación de excretas ni de aguas residuales. La
pobreza y la mala salud son fenómenos interrelacionados.
Los pobres tienen menor esperanza de vida, mortalidad infantil más elevada,
mayor incidencia de incapacidades, padecen más enfermedades transmisibles, y
pasan la mayor parte de su vida con mala salud. Esta asociación refleja una
relación de causalidad que funciona en los dos sentidos: la pobreza genera mala
salud, y la mala salud hace que los pobres sigan siendo pobres. Los pobres
reinventaron la rueda. La
pobreza, el retroceso económico y la pérdida del poder adquisitivo es el gran
motor de las migraciones. A su vez, la expansión de barrios carenciados o de
villas de emergencia aumentó la pobreza y los problemas de salud de los
migrantes desplazados. Si
en lugar de medir la pobreza por el costo de la canasta familiar se utilizan
criterios relacionados con la falta de acceso a servicios de promoción de la
salud, u otros indicadores como alojamiento seguro, uso de heladera, o
suministro seguro y suficiente de agua, la pobreza aumentaría dramáticamente
desde el punto de vista cuali y cuantitativo. Caracterizacion
sociodemografica Nadie
conoce a ciencia cierta estadísticas o indicadores que describan las
condiciones sociodemográficas en la zona de la cuenca. Se sabe que actualmente
la población asciende a un poco más de tres millones de habitantes, que su
tendencia va en franco aumento, que se produce en forma anárquica y que se
localizan los centros de pobreza más numerosos del país. Globalmente
considerada, en las últimas décadas Argentina experimentó notables
modificaciones en su estructura demográfica. En varios países pobres de Europa
Oriental, a pesar de los progresos médicos, la esperanza de vida al nacer está
cayendo debido a la exposición de sus poblaciones a agentes físicos y químicos
diversos. El deterioro ambiental progresivo y la contaminación de aguas,
suelos, aire y alimentos que se verifican en numerosos países pobres
contribuyen a potenciar los riesgos de enfermar. Favorecidas por descalabros
ecológicos, emergen nuevas enfermedades transmisibles
-el sida es la más conocida- y reemergen con creciente incidencia la
tuberculosis, el cólera, el paludismo, el dengue, la fiebre amarilla y otras.
Las situaciones de violencia con las que conviven numerosos grupos marcan a su
vez un deterioro severo en parámetros de salud mental y social. La
población de la cuenca Matanza-Riachuelo muestra características so-ciodemográgicas
análogas a las de esos países. Diluir en las estadísticas globales del país
la situación de salud y ambiente de los habitantes de la cuenca implicaría no
justipreciar la dimensión del drama de la pobreza. El futuro de su gente nos
depara incertidumbres. AMBIENTE
HUMANO Y SALUD EN EL AREA DE LA CUENCA Las condiciones de vida
signadas por hacinamiento, mala calidad de viviendas, contacto con insectos y
animales, exposición a aires tóxicos y aguas contaminadas favorecen el
desarrollo de enfermedades y socavan la calidad de vida de los habitantes de
esta zona La
vivienda En
los barrios carenciados de la cuenca, las viviendas precarias no cumplen con
normas básicas de seguridad y salubridad1
y su localización y construcción no estuvieron nunca sujetas a ningún código
de edificación o planificación. El alojamiento que ocupan es inadecuado para
protegerlos de los riesgos para la salud. Además existe un grupo cada
vez más numeroso de desamparados que no tienen vivienda: los “sin techo”.
Dormir afuera expone a la gente al frío y a la lluvia y a riesgos de todo tipo.
La calle los condena a la desnutrición y a la falta de acceso a la higiene.
Pueden empeorar sus problemas de salud preexistentes. La esperanza de vida se
acorta. Sufren una alta morbilidad de enfermedades respiratorias, tuberculosis,
infecciones cutáneas, enfermedades musculo-esqueléticas, digestivas, y
trastornos diversos vinculados con el alcohol y las drogas. La carencia de
vivienda crea también altos niveles de estrés y este está ligado a un amplio
rango de problemas de salud. Los
animales sinantropicos La
presencia de roedores en las inmediaciones de los basurales aumenta el riesgo de
leptospirosis, una patología que en los últimos tiempos ha traído cierta
alarma. Vinculada también a la presencia de roedores, surge la hantavirosis
como enfermedad reemergente: se presenta como un cuadro seudogripal, con presión
baja y dificultad respiratoria progresiva que lleva a la insuficiencia
respiratoria. La muerte ocurre en el 40% a 50% de los casos. Cada cepa viral
responsable tiene por reservorio una especie particular de roedores. Frente a la
amenaza de roedores, no es casual la presencia de tantos gatos, muchos de ellos
con dueño, pero muchos otros vagabundos, aunque alimentados y cuidados por
familias. Los perros sueltos, en cambio, suelen ser vistos como una amenaza, y
no es tan frecuente su presencia. Gatos o perros suelen dormir acurrucados junto
a los niños en invierno, para paliar el frío. Por supuesto, no están
vacunados ni desparasitados y son consuetudinarios portadores de pulgas o de
agentes de enfermedades zoonóticas graves. Abastecimiento
de agua La
mayoría de las enfermedades infecciosas transmitidas por el agua son patologías
diarreicas causadas por micro-organismos (bacterias, virus, huevos de gusanos o
protozoarios) eliminados al medio con la excretas de las personas o de los
animales. A
las penurias por la contaminación fecal del agua para beber, se agregan las que
resultan de la deficiente higiene personal. Numerosos enclaves localizados en
Quilmes (Barrio Santísima Trinidad), en Ingeniero Budge, etc., carecen de agua.
Utilizan agua de lluvia levantada en tanques. Pero no alcanza, y las mismas
enfermedades que ocurren por beber agua contaminada, pueden también ocurrir por
no tener agua para aseo y no poder lavarse las manos (vía fecal-oral). Por esta
causa puede producirse también una variedad de enfermedades cutáneas. Las
infestaciones por ácaros (sarna) o por piojos (pediculosis) son manifestaciones
muy comunes. Las
parasitosis intestinales son especialmente frecuentes entre los niños, que las
contraen por contacto directo con el polvo del suelo contaminado con huevos o
por ingesta de alimentos crudos mal lavados. En ciertos grupos, más del 90% de
los niños pueden portar gusanos parásitos en sus intestinos, y muy pocos
saberlo. Son causa frecuente de anemia. Algunos, como el Áscaris
lumbricoides, pueden migrar más allá de la luz intestinal y provocar grave
daño en el hígado, en los pulmones y aun en el cerebro. Eliminacion
de excretas y residuos
liquidos y solidos La
disposición sanitaria de las heces es indispensable para poder combatir la
diarrea de la infancia, y su promoción es vital para mejorar la salud en los
asentamientos. Los nitratos aparecen en el suelo y en aguas superficiales y
profundas como consecuencia de la descomposición natural del material
nitrogenado orgánico, proveniente especialmente de descargas de excretas y líquidos
cloacales. En menor proporción puede también provenir de otras fuentes:
fertilizantes, descargas industriales, aditivos alimentarios, desechos de la
actividad ganadera y tambera intensiva, combustión, aerosoles, etc. En
los niños pequeños, los nitratos presentes en el agua de bebida pueden
provocar una enfermedad grave: “síndrome del bebé azul”. También
a largo plazo los nitritos pueden inducir graves afecciones, al combinarse con
otras sustancias para formar nitrosaminas y otros potentes cancerígenos,
lo que aumentaría la incidencia de enfermedades malignas, especialmente de
localización digestiva. En la cuenca, la situación es inquietante. En las
guardias pediátricas del conurbano son muy frecuentes los diagnósticos de
metahemoglobinemia. Un estudio realizado en 1988 en el Gran Buenos Aires arrojó
niveles altos de nitratos en la mitad de las muestras, y niveles altos de
bacterias en un tercio de ellas. Un
estudio previo demostró cifras aún peores: se estudió la contaminación de
aguas subterráneas por nitratos en un área de 27 km2
que abarcó las localidades de Bánfield, Lomas de Zamora, Témperley, Turdera y
Lavallol. De las 202 muestras analizadas, el 78% correspondió a agua no
potable. Se observó un incremento de los tenores de nitratos hacia el este, con
valores máximos detectados de hasta 148 mg/l. El 85% del área investigada
superó los valores establecidos por la ex-OSN, mientras que los tenores
aconsejados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se superaron en toda
el área2. El
factor común en todos los casos lo constituyó el hecho de que la fuente de
provisión era un pozo a primera napa y cercano al pozo negro de la vivienda
propia o del vecino más próximo. calidad
de la localizaciOn del barrio y sus inmediaciones En
los barrios cercanos a incineraciones y quema de basurales a cielo abierto se
producen exposiciones peligrosas a hidrocarburos aromáticos policlorados, que
contaminan el aire, el agua y los alimentos. Al absorberse, se acumulan en
grasas corporales. Son carcinógenos potentes. Las emisiones de chimenea de
diversas industrias, especialmente refinerías y plantas de coquesiderúrgico en
el Dock, donde se quema carbón y petróleo, añaden complejidad al problema de
las exposiciones a contaminantes del aire. Se trata de zonas densamente
pobladas. En
los estudios epidemiológicos llevados a cabo durante los últimos 40 años, se
ha observado que la contaminación del aire en general, debida sobre todo a los
residuos de la combustión incompleta de combustibles fósiles, se ha asociado a
pequeños incrementos relativos de cáncer pulmonar. El
desarrollo y la aplicación de nuevos métodos epidemiológicos, particularmente
el mejoramiento en la caracterización de la amplia exposición de la población
a mezclas de contaminantes del aire y las modificaciones al diseño de los
estudios sobre ecología, podrían aumentar la capacidad para medir con precisión
la magnitud del exceso de cáncer relacionado con la contaminación del aire3. El
barro es una característica distintiva de numerosas villas. Para salir del
barro es común taparlo todo con cemento, sin dejar espacios verdes ni
superficies a través de las cuales pueda filtrarse el agua de lluvia. Mucha
gente teme ser identificada con el barro (es una observación frecuente que en días
de lluvia aparezcan en consultorios con jeans y zapatillas impecables). El
olor sui generis es otra de las peculiaridades. Pero sólo para los
forasteros; los lugareños no lo perciben. Luego de algunas horas de exposición,
también los forasteros lo dejan de percibir. La pérdida de la capacidad
olfativa se denomina hiposmia, y puede ser transitoria si la exposición es
breve y ocasional, o definitiva si se queda a vivir en el barrio. Las
consecuencias del hacinamiento El
hacinamiento en las casillas puede llevar a que el número de personas por
ha-bitación oscile entre 2 y 3,5. Muchas familias disponen de menos de 1 m2
de espacio interior por persona. Las camas se comparten. El
hacinamiento y la falta de ventilación facilitan la transmisión de
enfermedades infecciosas del tracto respiratorio, la incidencia de gripe,
meningitis, neumonía estreptococcias (angina roja, fiebre reumática),
tuberculosis, etc., mucho más elevada en estos grupos de población.
Precisamente son los que tienen menor nivel nutricional y acceso más limitado a
las vacunas y a los medicamentos. Asociada
a la miseria en aumento, la incidencia cada vez más alta de tuberculosis
resistente al tratamiento constituye un problema grave de Salud Pública. Según
un trabajo de la OMS, los familiares que conviven con un caso contagioso de
tuberculosis son los más expuestos al contagio. La mayor incidencia de la
enfermedad suele darse en poblaciones que viven en las zonas más pobres, donde
las familias por lo general son numerosas, la vivienda es inadecuada y hacinada,
los niveles de nutrición son bajos y la atención de la salud es limitada o
inexistente. Los contactos familiares, sociales o laborales están expuestos a
mayor riesgo de contagio. Las condiciones de hacinamiento y mala ventilación de
la vivienda suelen dar lugar a que se contagien de tuberculosis más de la mitad
de los miembros de la familia. Por
otro lado, los accidentes domésticos
y peridomésticos se asocian también al hacinamiento . Muchas familias, literalmente, no caben adentro. La
prevalencia de accidentes, en especial quemaduras e incendios, entre los
ocupantes de hogares hacinados es mucho mayor. Los niños pasan la mayor parte
de su tiempo afuera de la casa, sujetos a accidentes de tránsito, violencia,
vandalismo y otras situaciones de riesgo de vida. Los
accidentes fatales en niños son mucho más frecuentes en los barrios pobres y
en las villas que en el resto de la población. La supervisión de un adulto y
la garantía de un ambiente seguro resultan fundamentales. Algunos estudios
indican que el riesgo es mayor en niños de familias con problemas de abuso en
el consumo de alcohol y drogas. Se desconoce cual es la proporción de
intoxicaciones intencionales (como parte del maltrato infantil) o debidos a
negligencia. Los
insectos Algunos
pueden picar o morder, provocando reacciones alérgicas, a veces graves. Las de
abeja, avispa y hormiga colorada son potencialmente mortales. Algunos insectos
pueden ser también fuente de alergenos inhalantes: cucarachas, polillas,
grillos, langostas, escarabajos y varios tipos de mosca. De todos ellos, el más
alergizante es la cucaracha. Hay tres géneros principales: la Blatella germánica
(cucaracha alemana), la Periplaneta americana (cucaracha americana) y la Blatella
orientalis (cucaracha oriental). La primera es la más común.
Si
bien los trabajos demuestran sensibilización por exposición hogareña, la
exposición no doméstica podría tener alguna importancia.
El
polvo de la casa es una mezcla heterogénea de fibras, amoblamientos,
vestimenta, arenilla fina, escamas dérmicas humanas, detritus y restos de
alimentos, y productos de una variedad de micro y macroorganismos que viven en
él, como insectos, artrópodos, animales domésticos, algas, hongos, etc. El
polvo doméstico es un ecosistema vivo.
Los
ácaros que forman parte de ese ecosistema constituyen el principal agente
involucrado en la sensibilización alérgica de las personas que padecen rinitis
y asma. Las omnipresentes moscas -inevitables golosas- son cada vez más difíciles
de combatir. Su importancia debe enfocarse en que son portadoras de bacterias
fecales en sus patas, y contaminan con ellas alimentos, utensilios y
superficies, propagando enfermedades diarreicas. El uso inveterado de
insecticidas de todo tipo las ha hecho multirresistentes en todo el mundo.
La
construcción no planificada puede llevar a cambios drásticos en la ecología
local. Pueden quedar atrapados focos naturales de proliferación de ciertos
insectos dentro de la ampliación del barrio, y pueden crearse nuevos nichos
ecológicos que sirvan de reservorio a zoonosis. Con
abundancia de aguas estancadas, y bajo condiciones biometeorológicas adecuadas,
es común la proliferación de mosquitos. Hay meses en que constituyen uno de
los motivos de mayor molestia e irritación para los habitantes de ciertas zonas
de la cuenca. El más corriente es el Culex pipiens. Si bien no es agente
de enfermedades severas, es frecuente que el rascado asociado a mala higiene
condicione una piodermitis –que sí puede ser potencialmente severa-
especialmente en los niños. El
Aedes aegypti, vector del dengue, otrora tropical, ya está instalado
entre nosotros. Es el mismo vector de la fiebre amarilla, enfermedad que en el
siglo XIX produjo una mortandad enorme en Buenos Aires. Se reproduce en
floreros, maceteros, neumáticos tirados, fosas sépticas, letrinas de pozo
excavado y otros lugares con materia orgánica y agua. Exposicion
a metales pesados Diversas
entidades con pertinencia o interés en la contaminación de aguas de superficie
con efluentes industriales (Prefectura, Greenpeace, universidades, etc.),
realizaron estudios esporádicos, no sistematizados, buscando los niveles de
ciertos metales pesados y de otras sustancias químicas peligrosas en distintos
puntos del río. Algunos estudios muestra ciertos aspectos menos conocidos,
cruciales desde el punto de vista médico como el desarrollo de resistencia
bacteriana. El
Riachuelo es un curso de agua densamente contaminada, que rodea parcialmente la
Ciudad de Buenos Aires. Se estudió la presencia de bacterias resistentes a
antibióticos y a metales pesados. Entre las colonias Gram positivas aisladas,
65%, 59% y 48% fueron resistentes a 60 mg/ml de plomo, zinc y cadmio,
respectivamente, y el 20% crecieron en presencia de 50 mg/6 ml de gentamicina.
La mayoría de estos microorganismos perteneció al orden de los Actinomycetales.
Entre las colonias Gram negativas, del orden Entero-bacteriaceae y Pseudomonaceae,
se detectaron altos porcentajes de resistencia, aunque sólo uno de 11 fue
resistente a la gentanmicina. Cuatro colonias Gram negativas mostraron además
un amplio espectro de resistencia a tetraciclina, eritromicina, ampicilina,
amicacina, cloranfenicol y gentamicina4.
¿Qué
efecto tiene en la gente de la cuenca la inveterada costumbre de comer sábalo
sacado de aguas contaminadas? La lista de intoxicaciones masivas con metales
pesados o con otras sustancias químicas peligrosas es muy extensa. La exposición crónica a niveles bajos de metales pesados
afecta, sin prensa, a cientos (tal vez miles) de millones de personas en todo el
mundo. En la cuenca Matanza-Riachuelo los niveles de contaminación son altos.
La determinación de niveles de algunos metales pesados en distintos puntos del
río es una aproximación, que resulta insuficiente a la hora de saber cómo o
cuánto afectarán a la población expuesta. Saberlo
no es simple. No hay un mo-nitoreo sistemático ni registros de salud
disponibles para estudios epide-miológicos. Una proporción alta de la población
ha migrado recientemente, y aun cuando los niveles actuales de exposición sean
altos, la acumulación del metal (o de cualquier otra sustancia química) en
distintas partes del organismo puede ser todavía baja. Los umbrales (nivel de
dosis por debajo del cual no hay respuesta) en distintos grupos de población
varían, y hay individuos más sensibles que otros. En
este caso habría que centrar eventuales estudios en los grupos más sensibles.
Los niños, las embarazadas, los desnutridos bioacumulan diferente. El déficit
de hierro, tan común, favorece la absorción de cadmio. El cobre y el molibdeno
modifican mutuamente sus efectos. Algunos
metales pesados son cancerígenos: cromo, níquel, plomo, cadmio, arsénico,
etc. ¿Cómo establecer una relación causa-efecto cuando se diagnostica un cáncer
a una persona que estuvo expuesta a un metal pesado durante los últimos 20 años? Al
plomo se lo ha llamado el gran simulador. Sus efectos pueden ser muy
proteiformes. Uno de los más ominosos es el déficit intelectual en niños. ¿Cómo
saber si el déficit intelectual de un niño de la cuenca tiene relación con el
plomo, con la desnutrición crónica, con la exposición nocturna al monóxido
de carbono, con la anemia, con la falta de esti-mulación temprana, o con todos
ellos? Si es así ¿qué fracción etiológica le cabe al plomo en la
policausalidad del déficit intelectual? El
cadmio, el mercurio, el estaño, el plomo, el vanadio, el cromo, el molibdeno,
el manganeso, el cobalto y el níquel son peligrosos para los que trabajan con
ellos. Extrapolar a la población general lo que ocurre en la población
expuesta en el trabajo puede ser un método útil para conocer lo que podría
ocurrir con la población general. Contaminacion
del aire interior
por combustibles para cocina y calefacciOn Puede
ser un factor de riesgo importante para la salud humana, considerando que la
gente de barrios carenciados pasa más del 60% de su tiempo en sus casas. La
utilización de braseros es común. El monóxido de carbono es el responsable
principal de la mayor parte de las fatalidades por envenenamiento. Es el más
traidor: no avisa. No tiene olor ni color. La naturaleza habitualmente insidiosa
de la progresión de síntomas y su capacidad de imitar muchas enfermedades
comunes puede determinar una falla diag-nóstica y un desenlace potencialmente
fatal. Los niños menores de un año son las principales víctimas mortales. La
importancia del monóxido de carbono como contaminante radica en que su afinidad
por la hemoglobina es unas 240 veces mayor que la del oxígeno, reduciéndose o
anulando la capacidad de los glóbulos rojos para transportar oxígeno a los
tejidos. El sistema nervioso central es el más sensible a la hipoxia (falta de
oxígeno), pero también el músculo esquelético (especialmente el del corazón),
máxime si hubiera enfermedad coronaria de base debido a la hipoxia adicional.
También son vulnerables los ancianos, los anémicos, los recién operados, las
embarazadas, etc. Depende del tiempo de exposición y del porcentaje de
hemoglobina que se forme en sangre, que ocurra en expuestos cansancio,
agotamiento físico precoz, cefalea, mareos, irritabiliad, disminución del
rendimiento intelectual, de la agudeza visual, etc. En grado más profundo, coma
y muerte. La
quema de leña o carbón conduce también a altas concentraciones en el aire de
dióxido de azufre, material particulado e hidrocarburos cancerígenos. Contaminacion
por bioaerosoles Los
bioaerosoles son partículas aeró-genas, grandes moléculas o compuestos volátiles
que están viviendo o fueron liberados por organismos vivos. Están constituidos
por microbios, pólenes, esporas, algas, partículas de insectos, etc. Suciedad,
penumbra y humedad: mala yunta. Todo lo que permanezca húmedo en el interior
puede desarrollar sus propias colonias: alimentos mal conservados, paredes,
pisos o techos húmedos, etc. El almacenamiento o depósito de sustancias orgánicas
en ambientes templados, penumbrosos, húmedos y pobremente ventilados
contribuyen a potenciar el riesgo. El uso de cortinas, mosquiteros y casas
oscuras para mantener alejadas a las moscas favorecen las condiciones ideales. La
principal fuente de nutrientes es la presencia de materia orgánica muerta, aun
cuando muchos hongos, bacterias, y todos los virus en general crecen y se
replican en sustrato vivo. Las excretas y orina de moscas o de palomas o
porciones patogénicas de los mismos, así como sus pelos, plumas, caspa o
saliva, sirven como reservorio microbiano pero son además patogénicas per
se. Los
hongos y bacterias crecen en detritos hallados en suelos, malezas, estiércol,
estacas y trozos de césped, alimento animal, plantas u hojas muertas. Pueden
asimismo desarrollarse en materiales de edificación o de terminación (más aun
si ha habido humedad o daño por inundación).. 1
La estructura de la vivienda es una de las características del ambiente señaladas
por la OMS y tiene efectos directos o indirectos sobre la salud física y
mental. Incluye el grado de protección que presta a los ocupantes frente a
calores o fríos extremos, ruido, invasión por polvo, lluvia, insectos y
roedores. Existe una clara relación entre la salud física de los pobres y la
mala calidad de la vivienda. 2
Díaz F. M. “Contaminación de las aguas subterráneas por nitratos. Situación
existente en el Aglomerado Bonaerense”, 12º Congreso Nacional de Agua,
Mendoza, 1985. 3
Cohen Aarón J., Arden Pope C., Speizer F.E. “La contaminación del aire como
factor de riesgo de cáncer pulmonar”, Salud Pública Méx, julio 1997,
Vol. 39 Nº 4. 4
Bocca S., Vermeulen E.M., Wachsman M.B. “Multiple resistance to heavy metals
and antibiotics in bacteria isolated from the Riachuelo”, Rev Argent
Microbiol, 1993 Jul-Sep;25(3):136-43, Departamento de Química Biológica,
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires,
Argentina.
|