BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos
Aires
Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario
Año
9 Nº77 Mayo de 2002
Autor: Dr. Alfredo Seijo
INDICE
El problema de las
enfermedades emergentes, el ejemplo del dengue
La experiencia
del cólera
Dengue, una enfermedad sin control

EL PROBLEMA DE LAS ENFERMEDADES EMERGENTES, EL
EJEMPLO DEL DENGUE
Vamos a desarrollar el tema de las enfermedades emergentes, y el caso
específico del dengue, considerando dos preguntas que suponemos pueden ser de
utilidad en lo que hace a los aspectos de salud pública de las enfermedades
emergentes: ¿Es posible anticipar su aparición (emergencia) y/o dispersión?
¿Qué grado de prevención efectiva podría realizarse?
Una de las características que condiciona las respuestas anteriores es la
heterogeneidad que presentan las enfermedades emergentes, tanto en los
aspectos etiológicos (bacterias, virus, priones, parásitos e incluso hongos),
como en los aspectos epi-demiológicos (fuentes y formas de infección,
población de riesgo, temporalidad, relación con factores ambientales,
sociales, culturales y económicos, etc.). Por lo tanto, no es posible dar
respuestas que abarquen todo ese espectro. Aun tampoco en una misma enfermedad
deberán esperarse comportamientos similares, ya que las modalidades de
presentación clínica y los patrones epi-demiológicos podrán variar según la
región donde se manifiesten.
En la mayoría de las enfermedades emergentes es frecuente que el sistema de
salud no esté preparado para una respuesta adecuada. Cuando generalizamos el
concepto de sistema de salud, no nos referimos exclusivamente a los ámbitos
estatales y tampoco queda reducido a la atención médica, sino que abarca toda
la gama de actividades relacionadas, incluidas las de investigación. Esto se
debe a que como bien indica su nombre, y de allí lo apropiado de mantenerlo,
“emergen” (concepto de hacerse visibles), irrumpiendo en la comunidad y
produciendo en ella un impacto medible no sólo en los términos clásicos de
salud, sino también en el ámbito social, económico y a veces político. Con
pocas excepciones (la reemergencia de la tuberculosis es una excepción), el
equipo de salud no se ha enfrentado antes al problema o lo ha hecho de forma
tangencial. Cuando la enfermedad irrumpe en la comunidad, esta tampoco la
registra en el conocimiento colectivo, sino como hecho histórico y sólo en
algunas situaciones. Esta falta de experiencia generacional con la enfermedad
es una de las causas que dificulta anticiparse a los hechos.
Otro punto a considerar es el origen de la emergencia, que salvo casos muy
puntuales, se relaciona con alteraciones ambientales, ya sea naturales o
inducidas por el hombre. Por otra parte, los nichos ecológicos incluyen
reservorios animales o ciclos biológicos complejos, siendo frecuentes las
formas de transmisión vectorial, lo cual hace más dificultoso el disponer de
sistemas de vigilancia adecuados.
El cólera es un buen modelo de complejidad de hechos biológicos y sociales. A
manera de introducción del problema del dengue, en el primer artículo de este
Boletín de Temas de Salud haremos un breve análisis de los interrogantes y
conocimientos actuales del cólera, que nos servirá para entrar en el tema que
nos ocupa. Esta enfermedad desapareció durante 100 años, y emergió en 1991:
causó en seis años, un millón de casos clínicos.
El dengue es otra de las enfermedades llamada reemergentes, que por su
carácter vectorial tiene determinantes ambientales y sociales (demográficos),
los cuales interactúan de tal forma, que han configurado una situación
sanitaria hasta ahora imposible de controlar. Estos, sumados a la incidencia
del comportamiento social, los cambios demográficos y la adaptación de las
comunidades a nuevas imposiciones sociales, dan marco a la complejidad
mencionada para tratar de entender las enfermedades emergentes y predecir su
aparición.
El dengue es un problema de salud pública: se considera que la población
mundial en riesgo de contraerlo supera los dos mil millones de personas.
volver
LA EXPERIENCIA DEL COLERA
Para entender la dinámica de la enfermedad hay que saber que ha dejado de
manifestarse por una multiplicidad de hechos biológicos y sociales más que
por la implementación de políticas sanitarias
El cólera es un buen modelo de complejidad de hechos biológicos y sociales.
Luego de casi 100 años sin manifestarse en Latinoamérica, hizo su irrupción
(“reemergió”) en 1991 y en seis años causó más de un millón de casos
clínicos, sin que se conozca en realidad la cantidad total de infectados,
con doce mil muertes. Las generaciones contemporáneas carecían de
experiencia en su manejo, debieron aprenderlo sobre la marcha, hecho que se
observó en la disminución de la tasa de letalidad a medida que el equipo de
salud la iba adquiriendo. ¿Era posible prever la epidemia? Los conocimientos
actuales sobre la dinámica biológica de la enfermedad nos muestran su
complejidad. Epstein, un investigador de la Escuela de Salud Pública de
Harvard, sugirió que la epidemia de cólera en las Américas sería el primer
impacto detectable que generó el cambio climático global sobre las
enfermedades vectoriales y aquellas relacionadas con medios acuáticos.
Estudios sobre reservorios y formas de adaptación al medio ambiente por
parte del Vibrio cholerae, indican que los reservorios naturales del
microorganismo son el fito y zooplancton marino, al contrario de la
suposición clásica que lo situaba como un patógeno exclusivamente humano. De
acuerdo a diversas condiciones del medio ambiente, podrá expresarse
patogénicamente o quedará en estado “latente”, en lo que se denomina “formas
no cultivables”. Dicho de otro modo, para que aparezca y se mantenga el
cólera en una región es necesario un medio ambiente favorable. En cambio, la
dispersión en la comunidad y el carácter epidémico está asociado a la
pobreza, a la no disponibilidad de agua potable, a una inadecuada
eliminación de excretas, a hábitos y costumbres que faciliten la dispersión
del patógeno.
ASPECTOS BIOLOGICOS/
AMBIENTALES Y SOCIOCULTURALES
Un conocimiento científico más apropiado, que relaciona ambos aspectos: el
biológico/ambiental por un lado y el socioeconómico y cultural por otro, nos
permite explicaciones más racionales para entender la dinámica de la
enfermedad.
El cólera “desapareció” de nuestro país, entre fines del siglo XIX y
comienzos del XX, para emerger de nuevo a fines del XX y volver a
desaparecer en pocos años. Si aceptáramos sólo la teoría que asocia el
cólera de manera exclusiva a los indicadores de pobreza, tendríamos a su vez
que realizar las siguientes preguntas:
a. En esos casi 100 años libres de la enfermedad: ¿mejoraron sustancialmente
la provisión de agua potable, la eliminación de excretas y los niveles de
pobreza de las comunidades más afectadas? La contestación es por demás
obvia. Por otra parte deberíamos analizar si, contrariamente, la
introducción de otras pautas culturales, la concentración de población
urbana en asentamientos numerosos en condiciones de hacinamiento con altos
grados de pauperización y la degradación, cada vez más manifiesta, de la
calidad de vida, no tendrían que actuar potenciando una epidemia o por lo
menos manteniendo una situación endémica.
b. ¿El comportamiento epidemiológico que mostró en el siglo XX fue
consecuencia de las acciones de salud pública? Desconocemos en profundidad
cuáles fueron las acciones de salud a fines del siglo XIX y principios del
XX que incidieron en la desaparición de la enfermedad. Es seguro que la
provisión de agua potable en ciudades como Buenos Aires, una mejor higiene
en la comer-cialización de alimentos y el énfasis en la enseñanza de
preceptos higiénicos que caracterizó a la escuela pública décadas atrás,
hayan tenido una importancia decisiva. Pero también es cierto que estos
avances relacionados con las obras públicas, la educación y legislaciones
adecuadas, no fueron constantes o ni siquiera existieron en comunidades
aborígenes y criollas, pequeños pueblos o ciudades del interior, donde el
cólera había reinado en siglo XIX. Si observamos el crecimiento demográfico
del conurbano bonaerense y de las grandes ciudades argentinas, con la
crítica situación por la que atraviesan millones de personas, donde la
provisión de agua potable sigue siendo un problema crónico tampoco
encontramos explicaciones desde esta perspectiva. La introducción de la
quimioprofilaxis en las últimas décadas ha servido para cortar en parte la
cadena de transmisión, pero se realiza en general en las personas
relacionadas con los enfermos, y además sabemos que la proporción
enfermo/portador asintomático puede ser de 1:30 a 1:100, y que los
portadores son igualmente transmisores. La recomendación de potabilizar el
agua con hipoclorito es útil, pero existen condiciones de estabilidad,
almacenamiento y disponibilidad que afectan esta recomendación, que por otra
parte ha dejado de ser aplicada por la comunidad. La educación sanitaria
referida al lavado de manos e higiene de los alimentos contrasta con la
realidad, que se ve diariamente, de personas hurgando en la basura.
c. Se ha especulado con la teoría de la población susceptible: a medida que
avanza la epidemia y aumenta el número de infectados, disminuye la de los
susceptibles. Esta situación puede explicar la disminución de la incidencia
pero no la desaparición de la enfermedad, o lo que es más importante: ¿por
qué existen regiones del mundo con similares índices de pobreza e incluso
hábitos (tipo de alimentos, formas de preparación y de comercialización) que
mantienen a través de los siglos una situación de endemicidad con brotes
epidémicos periódicos, y otras con comportamiento tan disímil?
Todos estos interrogantes, que podrían tener una importancia capital en el
control de la enfermedad, han sido analizados desde una perspectiva
ecológica. La asociación del Vibrio cholerae con algas azulverdosas y otros
estudios de microflora acuática y de factores ambientales, está sirviendo
para que podamos comenzar a comprender la dinámica de los períodos
interepidémicos como así también las posibilidades de predicción de una
epidemia. Extrapolado a nuestra experiencia y dicho de otro modo: el cólera
ha dejado de manifestarse por una multiplicidad de hechos biológicos y
sociales más que por la implementación de políticas sanitarias. Esto no
supone una desvalorización de las mismas; han servido en otros aspectos más
relacionados con la práctica asistencial, y han circunscripto, en algunas
situaciones, la magnitud de los brotes.
Ambos puntos de vista, el ecológico y el social, son complementarios. Nada
peor en el análisis científico que los dogmas, o creer que decisiones
políticas o meramente técnicas, aun acertadas, son determinantes en
problemas tan complejos de la salud pública.
.
volver
DENGUE, UNA ENFERMEDAD SIN
CONTROL
Por su carácter vectorial, tiene
determinantes ambientales y sociales que han configurado una situación
sanitaria hasta ahora imposible de controlar. El dengue representa un
importante problema de salud pública, que requiere un replanteo de las
estrategias políticas, sociales y sanitarias
El dengue, es otra de las enfermedades reemergentes, que por su carácter
vectorial, tiene determinantes ambientales y sociales (demográficos), los
cuales interactúan de tal forma que han configurado una situación sanitaria
hasta ahora imposible de controlar. En los últimos años se han profundizado
los estudios que relacionan los cambios climáticos a escala planetaria
(“cambio climático global”) y los fenómenos climatológicos (como el “Del
Niño”) sobre las enfermedades vectoriales. Estos estudios, más un análisis
de la incidencia del comportamiento social, de los cambios demográficos y de
la adaptación de las comunidades a nuevas imposiciones sociales, dan marco a
la complejidad mencionada para tratar de entender las enfermedades
emergentes y predecir su aparición.
EL DENGUE COMO PROBLEMA DE SALUD PUBLICA
Veamos la magnitud, como problema de salud pública, del dengue: se considera
que la población mundial en riesgo de contraerlo supera los dos mil millones
de personas. Anualmente se infectan entre 80 a 100 millones, se hospitalizan
500 mil, fallecen 25 mil personas, y es la décima causa de muerte debida a
enfermedades infecciosas.
A partir de la Segunda Guerra Mundial se produjo un incremento en la
incidencia y dispersión de la enfermedad a escala mundial. En la década del
noventa se notificaron epidemias de dengue y dengue hemorrágico (DH) en
países de África, Oceanía, América y Asia. Desde hace varios años, en el
sudeste asiático se atraviesa una situación incontrolable de
hiperendemicidad (circulación simultánea de varios de hiperendemicidad
(circulación simultánea de varios serotipos) con epidemias de varios miles
de casos anuales.
La población más afectada es la pediátrica; sin embargo, en América en las
últimas epidemias prevaleció en adultos. En este continente se observa un
incremento muy marcado: en 1984 se notificaron 40 mil casos, en 1991 más de
388 mil, en 1998 superó los 730 mil casos (año con mayor notificación hasta
el momento) y en 2000 se registraron 368 mil casos (OMS). Estas cifras
corresponden a casos notificados, muy inferiores a los casos reales de
infectados, que pueden ser de hasta 5 a 10 veces más. Con el primer brote
americano de DH que afectó a Cuba en 1981 también se observó esta
progresión. En el decenio 1980-89 hubo13.235 casos de los cuales 10.312
correspondieron a la epidemia de Cuba, mientras que en la década 1990-99 se
estimó en 45.000 casos. Para la última década, 25 países de las Américas
notificaron DH, el 96% de los casos provino de Colombia, Nicaragua, México,
Venezuela y Cuba (esta vez con sólo 205 casos), pero a partir de 2001 y
coincidiendo con la introducción del serotipo 3, se ha registrado un
importante brote en Brasil (epicentro Río de Janeiro) con más casos de DH
que en 1998. La relación casos DH/casos de dengue puede ser de 1/6
(Venezuela 1995) a 1/5.134 (Costa Rica, 1995), dependiendo de múltiples
factores como la historia de los serotipos circulantes, la susceptibilidad
de la población y la abundancia del vector.
La tasa de letalidad para las Américas es del 1,3%, pero puede variar en
distintos años y regiones; ejemplo: México 8,1% en 1995 (OPS/OMS). En las
Américas circulan los cuatro serotipos virales, y en la mayoría de los
países existe circulación simultánea de dos y tres serotipos, lo que indica
riesgo para el desarrollo del DH.
Aedes aegypti ha sido reconocido en todos los países americanos con
excepción de Chile, Canadá y Bermudas. Estos tres países y Uruguay -que
tiene circulación del vector- son los cuatro estados americanos que no
denunciaron casos autóctonos. La abundancia del vector, medida con los
índices domiciliario y de Breteau (número de domicilios infectados y número
de recipientes positivos cada cien domicilios inspeccionados,
respectivamente), muestra en general el fracaso de los planes de control del
vector, además de la complejidad de factores que concurren en su
mantenimiento y dispersión urbana. Por otro lado, superan con creces el
nivel considerado de riesgo para la transmisión de la fiebre amarilla.
Aedes aegypti es en las Américas responsable de la transmisión de la casi
totalidad de los casos y sobre él deben dirigirse los esfuerzos de control.
Sin embargo, está comprobado en condiciones de laboratorio, que ejemplares
americanos de Aedes albopictus son competentes para los cuatro serotipos
virales, a lo que se agrega la posibilidad de transmisión vertical
(transovárica), con lo cual el ciclo de circulación viral en una región
podría existir en ausencia de la infección humana. Esto podría representar
un cambio drástico en la epidemiología de la enfermedad.
Por sus hábitos rurales/urbanos A. albo-pictus es un vector adecuado para
intermediar entre los ciclos selvático y urbano de la fiebre amarilla (en el
ciclo selvático los vectores de fiebre amarilla son mosquitos género
Haemagogus). Compite con éxito con A.. aegypti, mostrando un área de
circulación mundial más amplia por su mayor resistencia a factores
climáticos. Ha sido comprobado su papel en la transmisión natural del dengue
en Asia, y a igual que A. aegypti no son mosquitos americanos; fueron
introducidos desde África (siglo XVII o XVIII) y Asia (siglo XX)
respectivamente. A. albopictus se encontró en forma permanente en Texas,
Estados Unidos, en 1985, en Brasil en 1986, a partir de 1993 en República
Dominicana y México, y en la provincia de Misiones (Argentina), en 1997.
Últimamente, se comunicó su introducción en el mediterráneo europeo.
EL DENGUE EN LA ARGENTINA Y SUS PAISES LIMITROFES
La situación epidemiológica en Argentina y países limítrofes está muy
comprometida. En la última gran epidemia de dengue en Argentina ( 1916),
probablemente se infectó más del 40% de la población de Concordia,
Concepción del Uruguay y otras ciudades del litoral; tuvo su origen en
Paraguay, pero no llegó a la ciudad de Buenos Aires, a pesar de la
circulación de Aedes aegypti que se sabe presente desde por lo menos la
primer epidemia de fiebre amarilla en 1858, hasta la última en 1896. De
manera similar, la epidemia de dengue en Paraguay y los brotes en el
nordeste argentino del verano de 2000, tampoco produjeron un brote en Buenos
Aires.
En 1988, el dengue reemerge en la región subtropical de la provincia de
Salta con más de 800 casos clínicos de la forma clínica considerada
“clásica”, es causada por el serotipo 2, con indicios serológicos de la
ocurrencia anterior de casos autóctonos en esa región. En el primer
cuatrimestre de 2002 se produjo otro brote (epicentro en la localidad de
Salvador Maza), ahora por serotipo 1.
Por otra parte, desde fines de 1999 hasta abril de 2000, Paraguay presentó
una epidemia de probablemente varios cientos de miles de casos. La
Organización Panamericana de la Salud comunicó una tasa de incidencia de
441,81 por 100 mil habitantes, muy superior a los estados que presentaban la
mayor incidencia en igual período (Ecuador le siguió con 166,31). El
serotipo 1 fue responsable de la epidemia, que circuló previamente en la
región: los últimos brotes de Paraguay en 1988 y del sudeste de Brasil en
1986 fueron por serotipo 1 y todos los casos se informaron como fiebre
dengue. La circulación del mismo serotipo explicaría por qué no se
registraron casos de dengue hemorrágico. Sin embargo, la situación cambió
por la introducción desde el norte de Brasil del serotipo 2, causante de los
casos de dengue en el primer cuatrimestre de 2002 en Paraguay y sur de
Brasil, donde este serotipo fue la causa de epidemias extendidas a partir de
la década del 90: 197 mil casos en 1997, 530 mil en1998, 184 mil en 2000,
pero con circulación simultánea de dos serotipos en varios estados, lo que
produjo dengue hemorrágico. La magnitud de una epidemia de dengue y los
trastornos que produce en la sociedad sólo se perciben ante la misma. En el
transcurso de 2001, Brasil notificó 340 mil casos. Si se comparan los casos
y los muertos por dengue hemorrágico con el brote de 1998, la situación es
mucho más grave: 528 mil casos en 1998 /340 mil a septiembre 2001, pero 105
casos de DH en 1998/ 508 en igual período 2001, con 10 y 23 óbitos
respectivamente. Trescientos de los casos graves sucedieron en Río de
Janeiro, donde el impacto sobre el turismo puede afectar la economía en
varios millones de dólares. Para el primer trimestre de 2002, la situación
en Brasil empeoró drásticamente ya que fueron confirmados 122.729 casos, de
los cuales más de 1.000 correspondieron a DH con 160 muertos.
Coincidente con la epidemia de Paraguay en 2001, se registraron dos brotes
en el nordeste argentino, en las provincias de Misiones (158 casos) y de
Formosa (181 casos) de fiebre dengue (serotipo 1). Otras provincias
notificaron casos, sumando un total de 471, pero el verdadero número de
infectados es mayor, habida cuenta de las formas clínicas no detectadas por
el sistema de salud. Las grandes ciudades de la Argentina estuvieron en
serio peligro de epidemia dado el intenso tránsito de personas y población
migrante que existe en estas. Un estudio realizado por el hospital Muñiz
(GCBA) indicó que el 68,4% de los pacientes que arribaron a Buenos Aires
provenientes de Paraguay, con dengue confirmado por laboratorio, lo hicieron
en período de viremia. Para ese período (primer trimestre de 2000) el índice
de Breteau en Buenos Aires era mayor a 40% en la Capital Federal, y entre 30
y 80% en el conurbano bonaerense (informe del Departamento de Zoonosis del
Ministerio de Salud de la Nación).
Bolivia, a fines de los ´80, tuvo epidemias por serotipo 1, pero en la
década siguiente circuló serotipo 2, que se introdujo en la frontera
noroeste argentina en 1998 dando origen al brote argentino. En esta región
circula actualmente (2002) el serotipo 1.
LA FIEBRE AMARILLA
Una preocupación de la salud pública en esa región es la posibilidad de
urbanización de la fiebre amarilla. En las últimas décadas se observó un
incremento sustancial de casos: 1.212 casos en el período 1970-79; 1,625
casos entre 1979 y 1989, siendo el 80% originario de Bolivia y Perú. En
1995, Perú registró un brote de magnitud: 510 casos con una letalidad del
38%. En 1999 se produjeron 71 casos en el departamento de Santa Cruz de la
Sierra (frontera noroeste de argentina) con una letalidad del 52%. Un
estudio realizado reveló que 51 de esos casos correspondieron a un brote
selvático ocurrido entre enero y abril, y que además existió riesgo de
urbanización de la enfermedad por la alta infestación de Aedes aegypti y que
la clasificación de algunos casos no era claramente selvática. En junio de
2001, Brasil informó una epizootia de fiebre amarilla en monos en el estado
de Río Grande do Sul, que habría comenzado en marzo. Existió confirmación
oficial de presencia de virus de fiebre amarilla en mosquitos Haemagogus en
un municipio del estado de Río Grande. A partir de estos acontecimientos se
inicia, tanto en Brasil como en nuestro país (Corrientes y Misiones), un
plan de vacunación a la población del área y vigilancia clínica, virológica
y entomológica, que incluyó una muestra en monos Alouatta caraya en la
provincia de Corrientes. El análisis de estos hechos indica que la región
está en riesgo de fiebre amarilla urbana.
LOS DATOS MAS SOBRESALIENTES
1. En Argentina han circulado dos serotipos consecutivamente: el DEN 1
seguido por DEN 2 en el nordeste, y DEN 2 seguido de DEN 1 en el noroeste.
2. De acuerdo con la patogenia admitida para el DH, esta población está en
riesgo de padecer esa forma clínica severa.
3. Asentamientos humanos de población migrante en las grandes ciudades están
en igual riesgo si adquirieron la infección en su país de origen, teniendo
en cuenta que la nacionalidad de esa población no es homogénea, predominan
habitantes oriundos de Bolivia, Paraguay y en menor número de Perú, lo cual
condiciona distintos tipos de inmunidad serotípica.
4. El alto tránsito de personas desde regiones con transmisión de dengue
(turismo y migraciones) puede provocar un brote extendido en los grandes
conglomerados humanos donde se detectó A. Aegypti.
5. Existe la posibilidad de volver a tener brotes de fiebre amarilla urbana
y de fiebre amarilla selvática (último brote en Argentina en1966).
El vector se ha dispersado en las zonas más pobladas de la Argentina, con
una distribución que abarca 14 de las 23 jurisdicciones argentinas, incluida
la Ciudad de Buenos Aires, sin mostrar necesariamente un patrón de
dispersión relacionado con el medio socioeconómico.
Como se observa, el dengue está entre los primeros problemas de la salud
pública continental, y pese a todos los esfuerzos realizados -y a los no
realizados- se presenta como inmanejable, con una clara tendencia creciente,
ocupando nuevas regiones, presentando formas clínicas graves, lo que lleva a
la desarticulación de los servicios de salud.
POR QUE NO ES CONTROLABLE
Si volvemos a una de las dos preguntas originales de este artículo,
deberíamos decir que por el momento no se vislumbran herramientas eficientes
para su control. Es interesante comparar tres situaciones, relacionadas con
tres estados americanos:
1) Cuba: su situación insular le permite mejor control de la introducción de
personas infectadas e incluso del vector. Posee un sistema de vigilancia
clínica y entomológica que se ha perfeccionado a través del tiempo, debido a
que la epidemia de 1981 marcó una inflexión en la historia cubana del
dengue. La población y el nivel político son concientes del problema, existe
un sistema de atención primaria de la salud muy desarrollado y la
posibilidad de ejercer acción de policía sobre aquellos que transgreden
normas que hacen al control de la enfermedad. En comparación con otros
estados americanos y habida cuenta de los problemas que encierra el bloqueo
económico, el presupuesto dedicado al control es aceptable. Los cubanos han
desarrollado líneas de investigación incluso a nivel molecular. Sin embargo,
en 1997 y en 2002 se produjeron brotes epidémicos con casos de dengue
hemorrágico, que si bien no han sido de la magnitud de 1981, nos demuestran
lo complicado del control de esta enfermedad.
2) Brasil: se calcula que el presupuesto gastado anualmente para cubrir
todos los aspectos sanitarios que devienen de la epidemia de dengue oscila
en los 100 millones de dólares. Para el 2001 se destinaron casi 500 millones
de reales (unos 180 millones de dólares). Existe además una organización
federal para control de Aedes aegypti, con experiencia de muchos años debido
a los programas de control de la fiebre amarilla. Sin embargo, un
presupuesto importante, personal entrenado y varias décadas de padecer
dengue no fueron suficientes para evitar la situación actual, tal como se
expuso anteriormente.
3) En el otro extremo, Paraguay destina menor presupuesto y recursos humanos
y no posee un sistema de monitoreo y control vectorial como los ejemplos
anteriores, sin embargo su situación no difiere sustancialmente de la de
Brasil, incluso hasta el momento es más favorable.
Estos ejemplos, que muestran distintos niveles de inversión en programas de
salud, de interés político y comunitario, y de organización sanitaria, no
bastan para lograr un control efectivo tanto del vector como de la
propagación de la enfermedad. Es también cierto que Cuba, con menor
inversión pero más organización en los programas antidengue ha disminuido el
impacto de los dos últimos brotes, pero un mínimo abandono del nivel de
alerta ha sido suficiente para la reintroducción de la enfermedad.
“A pesar de poseer programas activos de erradicación o control, la mayoría
de los países de la Región que han sido reinfectados con Aedes aegypti han
tenido al menos una epidemia de dengue. Obviamente los programas no están
cumpliendo su objetivo” (Publicación Científica 548, OPS, 1998).
Cabe preguntarse entonces si es conveniente continuar con la aplicación de
estrategias donde el armazón teórico termina derrumbándose frente a la
realidad:
a. Se ha insistido a menudo que un pilar programático para el control del
dengue es la participación comunitaria. ¿Puede involucrarse una comunidad
que atraviesa momentos críticos de tipo económico y social?, ¿Qué grado de
recep-tividad tendrán las propuestas en el marco de sociedades con altos
índices de pobreza, violencia, inseguridad y marginalidad, donde además el
sector salud suele enviar mensajes que responden a las necesidades de sus
operadores? Es posible que una misma persona reciba diariamente mensajes
para evitar el cólera, el dengue, el sida, el alcoholismo y otras
drogadicciones, los accidentes de tránsito, la violencia familiar,
esporádicamente la leptospirosis y hantavirus, que recuerde vacunarse contra
el sarampión, la importancia de amamantar, etc. etc. ¿Quién prioriza la
emisión de estos mensajes?
b. Debemos asumir que nuestro conocimiento sobre la dinámica que lleva al
brote (o a la epidemia) del dengue y a la ecología (¿y etiología?) del
vector son insuficientes. En general los factores que modulan la transmisión
son complejos (Kuno G, 1995) y no pueden simplificarse con medidas que
pretenden en corto tiempo sanear el ambiente o cambiar hábitos y procesos
que son generacionales.
c. Debemos cambiar las estrategias de investigación: dirigir los esfuerzos a
la búsqueda y análisis de los factores que impiden o limitan la enfermedad,
que no son la inversa de los que la facilitan. Ejemplos: se ha citado que el
68% de los pacientes asistidos con dengue había ingresado a Buenos Aires en
período virémico y residían en barrios con alta densidad del vector. En años
recientes, las epidemias de Paraguay no han tenido correspondencia con los
casos registrados en ciudades argentinas de la frontera. En ambos ejemplos
hubo factores limitantes, cuyo conocimiento sería importante determinar,
especialmente si existen factores regionales, no extrapolables a otras
regiones.
d. ¿El monitoreo del vector es un objetivo en sí mismo, o una herramienta
para medir los efectos de los programas de control? Luego de varios años de
conocer la abundancia del vector (medida por los índices entomológicos, cuya
eficacia para predecir el riesgo es dudosa), la situación no varió
sustancialmente. Es momento de repensar las estrategias de control, si es
que las hubo, o si las mismas tendrán algún efecto habida cuenta de la
experiencia regional e internacional.
e. Si de alguna manera “Cabe esperar más brotes en el futuro, probablemente
cada vez con más frecuencia y con mayor número de casos de dengue
hemo-rrágico” (OPS), deberíamos adoptar una actitud pragmática y tratar de
reducir los efectos:
- Capacitar recursos del primer nivel de atención y de atención primaria de
la salud (donde existan programas) en la atención del paciente con dengue.
La finalidad es lograr el mínimo de internaciones posibles, seleccionar los
pacientes para observación (sin internación) que presenten riesgo de dengue
grave, detectar los primeros signos de evolución a las formas graves y
realizar tratamiento oportuno. La confección de algoritmos de diagnóstico
diferencial, de tipo clínico o con un mínimo apoyo del laboratorio general,
puede ser de mucha utilidad para el primer nivel de atención. Esta
capacitación es de muy bajo costo.
- Las acciones de control vectorial, participación de líderes y
organizaciones comunitarias, y la vigilancia clínica (aspecto que necesita
redefinirse) deben tener un estatus de contingencia. Mantener estas acciones
en forma permanente puede ser contrario al efecto buscado, en la medida que
no exista o un riesgo muy alto o un hecho concreto. En general, tanto la
comunidad como el equipo de salud son perceptivos frente a un problema
sanitario y no cuando este es potencial.
- El nivel operativo, tanto en la planificación y ejecución de los programas
de control de enfermedades de adquisición ambiental es el municipio. Esta
premisa no deja de ser por el momento al menos declamativa, ya que se
imponen programas centralizados o los municipios no toman la
responsabilidad.
La poliomelitis fue controlada y erra-dicada por la utilización masiva de
vacuna. Sin la misma y con sólo acciones de educación para la salud, de
participación comunitaria, “programas de potabilización de agua” o de
“mejoramiento de la calidad de vida” y otros de índole parecida, algunos de
los cuales no han pasado de la etapa de proyectos (con préstamos
internacionales adjudicados), es fácil imaginarnos cuál sería el panorama
actual. En 1999, un brote de hepatitis A con miles de casos, sucedió en un
partido del conurbano bonaerense, por citar uno de los tantos ejemplos al
respecto. Es de esperar que en los próximos años esté disponible una vacuna
contra el dengue, la única opción que por el momento aparece como más
efectiva para su control.
Mejorar la calidad de vida y el bienes
-tar de la población, deben ser los objetivos indiscutibles, ya que una
parte sustancial de esos mismos objetivos es el control de las enfermedades.
Sin embargo, la experiencia nos indica que el camino es tortuoso y las metas
están desdibujadas en un futuro que se nos aparece como poco claro. Ante una
situación nacional e internacional complicada, es conveniente dirigir los
esfuerzos hacia aquello posible, pero dentro del contexto real.
Consumido por la realidad, aquel “salud para todos en el año 2000”, nos deja
la siguiente lectura: si fue una utopía, debemos mantenerla actualizada; lo
que nunca debió ser es un eslogan.
.
volver

|