BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 8 Nº67 Mayo de 2001 
Autor: Dr. Héctor A. Nieto


INDICE

Leptospirosis, un problema de salud pública

Epidemiología de la leptospirosis

Reservorios urbanos y contagio

Situación en Argentina y Latinoamérica


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Leptospirosis, un problema de salud pública

La leptospirosis es una enfermedad distribuida en todos los continentes, probablemente sea la zoonosis bacteriana de mayor prevalencia en los mamíferos. Su aparición suele poner de manifiesto realidades sociales que subyacen en su epidemiología. Durante marzo y abril, los medios de comunicación dieron cuenta de una serie de casos, con mayor incidencia en el conurbano bonaerense. En esta edición del Boletín de Temas de Salud proponemos un análisis profundo de por qué se dio ese importante número de casos en nuestro país.

Existe una estrecha relación entre el número de casos notificados y la presencia en la región de centros de diagnóstico específicos, o bien médicos, con experiencia clínica en la enfermedad.

Sigue teniendo vigencia un viejo aforismo que dice: la leptospirosis existe, cuando alguien piensa en ella.

Se da una constante en la aparición de brotes urbanos en los países subdesarrollados: urbanización deficiente en zonas que registran inundaciones periódicas, barro y zanjas como parte del paisaje cotidiano y una estrecha convivencia con ratas, cuya población parece crecer a un ritmo sorprendente. Si bien el perro es otro hospedero importante en la epidemiología de la leptospirosis urbana, es imposible separar la enfermedad de las ratas, y a éstas de otras enfermedades que si bien aparecen en el imaginario popular e incluso profesional como “medioevales”, vuelven a constituir un problema actual de la salud pública mundial.

La emergencia del cólera en la década del ´90 en toda América pone de manifiesto que las enfermedades no desaparecen, que intrincados mecanismos regulan la circulación y la expresión clínica de los patógenos, y que sobre esto sabemos muy poco. La peste, típica zoonosis que tiene a las ratas como reservorio principal, no ha desaparecido: es endémica en varias regiones del mundo, principalmente Asia que en 1995 notificó 1.228 casos (letalidad 7%), y África con 4.058 casos (letalidad 3,5%) en 1997. En América es endémica en los ecosistemas rurales de la costa occidental y centro de Canadá, Estados Unidos y México; y en América del Sur en Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil. A mediados de 1994, una epidemia con 876 casos y letalidad del 6% volvió a emerger en la India con formas neumónicas graves, luego de 30 años libre de la enfermedad. Con poca diferencia de tiempo, Perú entre 1993 y 94 notificó 1.033 casos con una letalidad del 5%, que superó la estadística de la década anterior en la región. Esto debería ser una alerta para nuestros sistemas de salud.

Leptospirosis, peste, triquinosis, tifus y muchas otras enfermedades no son el único problema causado por las ratas en las grandes metrópolis. La situación más difícil, es prevenir los brotes en los núcleos urbanos con alto riesgo. Consideramos difícil estas acciones porque tienen que ver con el ordenamiento ambiental, el control de roedores y el mejoramiento del nivel de vida de la población, todos elementos que necesitan claras políticas de Estado y además una política económica centralizada en el bienestar de la gente.

Nota: el autor es jefe del servicio de Zoonosis del hospital Muñiz.

volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Epidemiología de la leptospirosis

En el desarrollo de la leptospirosis es necesario considerar dos ecosistemas, el rural y el urbano. Este último es el de mayor incidencia y repercusión social y está vinculado a las condiciones de vida de la población, las inundaciones y las nuevas formas de urbanización

En la leptospirosis es necesario considerar dos ecosistemas distintos: el rural y el urbano.

1. Rural: la enfermedad se asocia a la producción agroganadera o bien a actividades recreativas que impliquen el contacto con medios acuáticos. En cierto modo, la adquisición en medios selváticos sigue este mismo modelo, donde los reservorios del microorganismo son en general roedores silvestres. Un ejemplo serían los casos producidos en obreros durante el desmonte de selva o aquellos ocasionados en el denominado turismo de aventura.

2. Urbano: es el ecosistema más importante en cuanto a la incidencia y repercusión social.

ANIMALES Y LEPTOSPIROSIS

En la Argentina, los estudios en rodeos de bovinos, porcinos, ovinos y equinos muestran distintos grados de infección (en general medidos por la tasa de anticuerpos), con dependencia de la región estudiada. Estas tasas son variables y en algunos nichos ecológicos pueden ser tan altas como del 90%. La vacuna antileptospirósica para grandes animales es producida en nuestro país. Produce una inmunidad adecuada pero su uso está influenciado por las variaciones de la rentabilidad agropecuaria. En cuanto a los animales silvestres, en Argentina se han aislado leptospiras de cuis, nutria, comadreja, liebre y roedores sigmodontinos.

ECOSISTEMA URBANO EN PAISES NO DESARROLLADOS

Analizar el ecosistema urbano en países no desarrollados lleva a las siguientes consideraciones: la distribución de la población, la urbanización, los niveles socioeconómicos y culturales son heterogéneos, por lo cual el riesgo de adquisición de una enfermedad es muy variable.

En líneas generales, para la mayoría de las grandes ciudades un esquema simplificado nos mostraría un casco urbano “histórico”, con una urbanización y niveles socioeconómicos adecuados. A éste le continúa una zona donde aparecen contrastes más acentuados que en el núcleo anterior y que en nuestro caso denominamos primer cinturón del conurbano, generado a partir de migraciones internas y externas en la posguerra.

Un segundo cinturón aparece más heterogéneo, los bolsones de pobreza son mayores, la falta de urbanización es la constante, son asentamientos producidos en las últimas dos décadas con una impronta de desarraigo, donde además no existe un claro límite entre lo urbano y lo rural. Esto explica por qué la prevalencia de la enfermedad es tan distinta entre estas zonas, si bien es posible hallar por igual al microorganismo tanto en los reservorios como en el medio ambiente.

MAS CASOS EN BUENOS AIRES

En el año 1988, y más evidente en 1990, hubo un importante incremento en la notificación de casos en el área metropolitana de Buenos Aires. Para un promedio de 20 a 40 casos anuales, se diagnosticaron más de 120 casos, de los cuales sólo 6 correspondieron a la Capital Federal. En las dos oportunidades se registraron niveles de lluvias superiores al promedio, con las consiguientes inundaciones de las áreas críticas. Esta disparidad en la notificación de casos no se condice con los hallazgos de leptospiras en varios ecosistemas de la ciudad de Buenos Aires, o con las tasas de infección en roedores y perros, como se verá más adelante. La explicación debe buscarse en la mayor oportunidad de contacto hombre-microorganismo, que tiene una relación directa con el hábitat y las condiciones de vida de la población.

Llegado a este punto, es necesario aclarar que el riesgo dentro de una de las tres áreas definidas anteriormente tampoco es homogéneo. Es conocida la diferencia entre la zona norte y sur de la Ciudad en cuanto a calidad de vida, prestaciones de salud, etc., además de la existencia de villas de emergencia, que en la zona sur concentran una población de varios miles de habitantes en situación muy precaria. De los 6 casos de 1990, 4  correspondieron a la villa hoy denominada “Los Piletones” (Flores Sur), donde se han producido por otra parte la mayoría de los casos de 2001.

Un nuevo ingrediente operado en los últimos años se agrega a la urbanización de la ciudad: la ocupación de casas y edificios viejos o desocupados en general por inmigrantes latinoamericanos. Aunque no constituyan el tipo de hábitat que es característico de las villas, se observa hacinamiento y convivencia con roedores.

volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Reservorios urbanos y contagio

La propagación de la enfermedad está relacionada con el contacto entre el hombre y ciertos animales, como las ratas en primer lugar, los perros, los caballos y los cerdos. Sin embargo, en todas las especies que padecen leptospirosis, las fuentes de infección se deben buscar preferentemente en las condiciones del medio ambiente

En Buenos Aires las especies de roedores, prácticamente exclusivas, son las ratas: Rattus norvegicus (80%) y Rattus rattus (20%). A medida que se avanza en el conurbano hacia la zona rural, pueden aparecer otras especies de roedores como Mus musculus, Calomys sp, conocidos vulgarmente como “ratón” o “laucha”; roedores sigmodontinos (Oligoryzomys sp. etc.), mal denominados “colilargos”, y eventualmente cuises (Cavia pamparum). Además de las ratas, estos otros roedores pueden ser reservorios de leptospirosis, pero también lo son de hantavirus como en el caso de los sigmodontinos, de fiebre hemorrágica argentina (Calomys musculinus), o de meningitis “aséptica” por arenavirus del complejo Viejo Mundo (llamado virus de la coriomeningitis linfocitaria -CML-), cuyos principales reservorios son los ratones (Mus musculus y otros).

Los últimos casos de síndrome pulmonar por hantavirus de municipios del conurbano muestran un patrón de distribución periurbano. No se conoce la real incidencia de CML, ya que difícilmente se solicita su diagnóstico. La fiebre hemorrágica argentina, con una baja incidencia anual debido a la eficacia de la vacuna Candid 1 (superior al 95%), sigue mostrando un patrón rural, pero pueden esperarse casos periurbanos. La falta de disponibilidad de la vacuna puede cambiar este panorama y retrotraernos a décadas pasadas.

LAS RATAS EN LA HISTORIA DE LAS ENFERMEDADES

Las ratas fueron introducidas en América desde Europa y Asia, a partir de fines del siglo XV. Su relación íntima con el hábitat humano no ha variado con los siglos, de allí que se considere a estos animales como sinantrópicos, del griego: “con el hombre”. Sin exageración puede decirse que es la especie predadora que más eficazmente se ha a-daptado a todos los cambios que ha sufrido la humanidad y su ecosistema. A mayor densidad de población humana y mayor producción de desechos y   alimentos , las ratas muestran más eficacia en sus tasas de reproducción y sobrevida.

Es posible que la gran penetración de R. norvegicus en Europa a partir de 1729,  haya producido la dispersión de una serovariedad de leptospira denominada icterohaemorrhagiae, distribuida actualmente en todo el mundo y que produce en general los casos más graves de leptospirosis. Esta es la serovariedad que aislamos en roedores capturados en la Villa 20, y  por los datos serológicos es la misma serovariedad que produjo los casos humanos, tanto de la ciudad de Buenos Aires como del brote producido en el municipio de Quilmes en el transcurso del presente año.

Hay certeza de que R. norvegicus no avanzaba más allá del Volga  en 1720. Hasta el siglo XVIII, la rata predominante en Europa era R. rattus cuyo papel en la epidemia de peste del siglo XIV (1346-1352) ha sido ampliamente estudiado. El impacto social, cultural, económico y político de esta epidemia fue tan grande  que puede afirmarse que derivó, principalmente en el mundo cristiano, en profundas transformaciones de las relaciones humanas. Baste decir que se calcula que en pocos años murió de peste el 40% de la población de Europa y del Asia cercana al Mediterráneo. La literatura y la filmografía han narrado estos hechos con una profundidad de análisis que supera en general a la histo-riografía tradicional.

Ningún investigador estableció con certeza las causas por las que se fue extinguiendo esta epidemia, probablemente tampoco exista una explicación coherente por la cual la peste, el cólera, el tifus murino así como otras enfermedades hayan desaparecido de nuestro país al entrar al siglo XX. Pero de algo podemos estar seguros, su desaparición no fue debida a acciones de salud pública ni a las teorías excesivamente optimistas,  pero a la vez ingenuas, del denominado “progreso humano”.

LA INCIDENCIA DE LOS ANIMALES

En el mes de abril de 2001, y en clara relación con el mayor alerta en la población originado en los casos de leptospirosis, se asistieron en el servicio de Zoonosis del hospital Muñiz a 5 personas mordidas por ratas en su domicilio, además de otras que concurrieron por tocar excrementos de roedores o ingerir alimentos contaminados con ellos. El lugar de residencia no era, lo que podría suponerse a priori, viviendas o barrios precarios. Esta realidad es en general ignorada por el sistema de salud, con excepción de los centros de salud periféricos que asisten las villas. Con una población de roedores  que algunos investigadores estimaron en áreas críticas de Buenos Aires de 0,4 animales/m2 (índice de Hayne1), las pérdidas por contaminación, destrucción y consumo de alimentos son altas. Cálculos muy generales establecen un 11% de pérdida de la producción mundial de alimentos, lo cual inevitablemente se traslada al costo de los mismos.

Las tasas de infección y estado de portación de leptospiras pueden ser muy altas: 39% en Rattus sp. (serovar: icterohaemorrhagiae) en el conurbano bonaerense (Mazzonelli G. y col. 1996); 67,5% para R. rattus, Mus musculus, y roedores sigmodontinos (Zamora J y col, 1995) en Chile. En la ciudad de Buenos Aires, en roedores del puerto encontramos una infección del 16,6% (1989) y del 12,5% en Villa 20 (2000);  se aisló icterohaemorrhagiae en ambos casos. En las primeras observaciones realizadas en 1994 por Schüfner (Amsterdam), se encontró para R. norvegicus una tasa de infección del 3% y 45 % para ejemplares jóvenes y adultos, respectivamente. Trabajos posteriores confirmaron estos hallazgos en diversos países, por lo cual se asocia el aumento de la incidencia con la madurez sexual del roedor. Es interesante destacar que leptospiras y roedores han coevolucionado, de manera tal que el microorganismo no produce enfermedad en los mismos pero tampoco es afectado por la respuesta inmune del hos-pedador. Así, los roedores se convierten en eficaces eliminadores de leptos-piras al medio ambiente.

La transmisión al hombre y a otros animales se opera por contaminación de agua, suelo, alimentos, y materiales con condiciones fisicoquímicas apropiadas (humedad, pH, etc.). En el caso de la leptospirosis humana, la tasa de infección en roedores convivientes no es per se un factor de riesgo. Además de los factores medioambientales señalados, deben existir actitudes y actividades del hombre y un entorno socioeconómico que propicien la infección. Broon y Gibson estudiaron este aspecto en 1953, en una población de ratas de las cuales 28/88 fueron hospedadoras de ictero-haemorrhagiae. A pesar de la intensa convivencia con la población humana, no se encontraron datos clínicos o seroló-gicos de infección en las personas.

ESTUDIO EN EL HOSPITAL MUÑIZ

En un estudio realizado por Zoonosis del hospital  Muñiz, en colaboración con profesionales del Instituto Luis Pasteur, en una comunidad compuesta por seres humanos, perros y ratas convivientes, se encontró una tasa de aislamientos y seroprevalencia del 16,6% en las ratas, sin hallazgos clínicos o serológicos en los humanos. Los perros en contacto permanente con el medio por donde frecuentaban los roedores mostraron una tasa de seroprevalencia del 18,7%, pero los urocultivos fueron todos negativos y no se encontraron antecedentes clínicos de enfermedad. Los perros eran vacunados anualmente con vacuna producidas con serovar ictero-haemorrhagiae y canicola.

En un análisis sobre formas de adquisición de la leptospirosis humana en Argentina (ver tabla 1), realizada sobre 242 casos, 14 (5,8%) fueron incriminados a contaminación directa con excretas de roedores. Si se observa que otro 44,4 % de los enfermos había adquirido la enfermedad por inundaciones o actividades recreativas relacionadas con agua, donde los roedores juegan un papel importante en la contaminación del medio y que la mayoría de las actividades señaladas de riesgo guardaban esa relación (maniobras militares, recolección de basura, etc.), se infiere el rol fundamental de los mismos, especialmente R. norvegicus y R. rattus, en el mantenimiento y la transmisión de esta zoonosis.

Sobre 248 casos de leptospirosis humana en Barbados entre 1979 y 1986 (Everard y col.), encontraron que el riesgo de adquirir la enfermedad es 1,8 veces superior en familias con presencia de roedores domiciliarios.

Estas consideraciones y toda una profusa historia de investigaciones de leptospiras y roedores, que arranca desde que se reconoció por primera vez al agente etiológico de la leptospirosis humana, trabajo realizado en la Universidad Imperial en Kyushu, Japón por Inada y colaboradores en 1914, condujeron a que el papel del perro en la epidemiología de la enfermedad humana no sea valorizado en su real dimensión. En 1916 se sospechó que un cuadro de ictericia en un perro estaba asociado a la enfermedad de Weil2 que habían padecido dos hombres convivientes con el animal.

A partir de estas observaciones, se abrió el espectro de hospedadores de las leptospiras. El serovar relacionado habitualmente con el perro es canicola, sin embargo se conoce desde hace varios años que icterohaemorrhagiae es otro serovar importante en la infección canina y que, conforme al área, otros serovares pueden infectarlo. A diferencia de los roedores, los perros son afectados clínicamente   por las leptospiras.

Se acepta que icterohaemorrhagiae produce en el perro cuadros graves con ictericia y nefritis, siendo la ictericia rara en la infección por canicola. El espectro clínico de esta última fue relacionado por la medicina veterinaria con cuadros de afección neurológica, nefritis con gastroenteritis hemorrágica y estomatitis ulcerativa.

Los médicos veterinarios consideran como diagnóstico diferencial importante al denominado “moquillo”. En el relevamiento epidemiológico realizado en la Villa 20, encontramos una estrecha relación entre la enfermedad humana y la sucedida en un perro propiedad del paciente. El animal ya había sido asistido por profesionales y tenía diagnóstico presuntivo de leptospirosis. Los estudios posteriores, tanto en la paciente como en  roedores, indicarían que el perro fue infectado por icterohaemo-rrhagiae.

Si bien las evidencias acumuladas demuestran que el perro es un eslabón importante en la epidemiología urbana de la enfermedad, no está suficientemente arraigado este concepto en los medios profesionales. Tampoco los propietarios de animales consideran la leptospirosis como un riesgo tanto para el animal como para el grupo familiar, y en la mayoría de los casos desconocen la enfermedad.

En el área metropolitana las tasas de infección son por lo general altas. Desde los primeros trabajos de Savino y Rennella en 1944 (Instituto Malbrán) y  Cacchione y col. 1962, 1975 (INTA) hasta la actualidad, la infección (medida por las tasas de seroprevalencia) oscila entre un 10% y 60%. Como sucede en todas las especies que padecen la  leptospirosis, las fuentes de infección deben buscarse preferentemente en las condiciones del medio ambiente.

Si se considera sólo el contacto directo con la orina del animal, se desprecia el rol que juega el perro en la contaminación ambiental como fuente de infección humana.

Independiente de la gravedad del cuadro clínico, una vez transcurrido éste el perro puede eliminar leptospiras por orina durante meses y aun años, sin manifestar signos de enfermedad. Esto constituye un claro riesgo para los propietarios y una manera eficaz, aunque inadvertida, de propagación de la enfermedad. En los últimos años, las familias que poseen perros con diagnóstico de leptospirosis, son el motivo más frecuente de consulta en el servicio de Zoonosis del hospital Muñiz, lo que indicaría una mayor sensibilidad tanto profesional como de la población a este problema.

Un estudio realizado en 1992, en 223 perros de una población de 1.940 animales de un barrio del conurbano bonaerense (9.500 habitantes) reveló, además de la prevalencia de una alta tasa de infección (seroprevalencia del 57%), algunos hechos que pueden extrapolarse a zonas similares del área metropolitana. El barrio estaba asentado en una zona con urbanización precaria, el 72% de las casas tenía uno o más perros, la mayoría (71%) sin control veterinario y prácticamente sin cobertura de ninguna vacuna, ya que sólo la mitad había recibido vacuna antirrábica pero en forma aleatoria, lo cual demuestra el riesgo potencial de volver a los focos de rabia urbana, tan comunes en el pasado. Las variables de riesgo más significativas para la infección en los animales fue la presencia de zanjas con agua estancada frente a las viviendas y los hábitos de callejeo, pero no se encontró que la presencia de roedores en el domicilio o el hábito de cazar roedores  fueran significativas para la infección. En cierto modo, esto último refuerza la idea de priorizar el ordenamiento ambiental como política sanitaria, no sólo para leptospirosis, sino para una amplia gama de patologías. La vacuna antileptospirósica utilizada en perros ha mostrado ser un arma eficaz en el control de la enfermedad, es de bajo costo y cada vez más utilizada por los médicos veterinarios.

Conforman la epidemiología urbana otros animales, cuyo rol no debe minimizarse, y que se relacionan con el modelo de urbanización de nuestras ciudades y las recurrentes crisis sociales. Entre estos citamos a los caballos, tan frecuentes en nuestro medio por la actividad de cirujeo, y la cría de cerdos, especialmente en el segundo cinturón del conurbano, aunque en el pequeño brote humano de leptospirosis de 1990 en la villa “Los Piletones” se encontró un criadero de 300 cerdos alimentados con basura. Es posible que existan focos autóctonos de triquinosis en el área metropolitana.

1Expresa la cantidad de roedores por metro cuadrado en un área previamente delimitada, donde se establece un programa de capturas. El valor no indica necesariamente el real número de roedores, pero sirve para establecer comparaciones entre áreas, monitorear medidas de control, etc.

2 En honor al médico alemán A. Weil, que hizo una de las primeras descripciones de le enfermedad (1886), la separó del resto de las “hepatitis febriles”. En la actualidad, algunos autores lo utilizan para designar las leptospirosis ictéricas.

 volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Situación en Argentina y Latinoamérica

La incidencia y prevalencia real de la enfermedad no son conocidas debido a la subnotificación de casos. Las regiones que más informan leptospirosis son el área metropolitana de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe

La real incidencia y prevalencia de la enfermedad no son conocidas e influyen varios factores, entre los que destacamos: subnotificación de casos debido a la presentación clínica como fiebre indiferenciada, o bien a formas clínicas típicas pero confundidas con otros diagnósticos como los de hepatitis, meningitis asépticas (virales), neumonías atípicas, cuadros sépticos, etc. Existe una estrecha relación entre el número de casos notificados y la presencia en la región de centros de diagnóstico específicos o bien médicos con experiencia clínica en la enfermedad. Sigue teniendo vigencia un viejo aforismo que señala que la leptospirosis existe, cuando alguien piensa en ella.

A mayor urbanización y calidad de vida, menos probabilidad de brotes por lo que los casos aislados tendrán relación con deportes acuáticos, turismo, jardinería, limpieza de canaletas y desagües, contacto directo y ocasional con orina de roedores y/o perros. La leptospiro-sis como enfermedad profesional en áreas urbanas es de riesgo en veterinarios, recolectores de basura, poceros y obreros que hacen zanjas para la red de servicios, limpieza de alcantarillas, peones de clubes hípicos, cirujeo, etc.

El personal militar es una población expuesta por las maniobras militares en suelos húmedos, inmersión en cursos de agua, etc. Leptospirosis es una enfermedad estrechamente relacionada con la actividad militar, desde los primeros aislamientos del microorganismo en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, los brotes en Normandía (Segunda Guerra) y en Vietnam, hasta la utilización de doxiciclina como prevención de la enfermedad, que surgió de una experiencia militar.

Son excepcionales los años en que no asistimos en el hospital Muñiz a personal militar con leptospirosis, y hemos tenido oportunidad de estudiar un brote en Campo de Mayo.

REGIONES MAS AFECTADAS

Las regiones que más informan leptospirosis son el área metropolitana de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. En esta última son frecuentes los brotes en Rosario, en la ciudad de Santa Fe y en Reconquista, y según la tendencia de los últimos años sería la provincia con mayor notificación. Se han estudiado brotes en establecimientos ganaderos. Recientemente, la ciudad de Victoria en Entre Ríos tuvo un brote limitado, pero de gran impacto social, en pescadores comerciales. Se cree que el brote estuvo relacionado con un importante crecimiento de la población de un roedor silvestre, el llamado  Holochilus brasilien-sis, que fue facilitado por las condiciones hidrológicas y climáti-cas favorables. Esta verdadera “ratada” (término rural acuñado hace muchos años y que solía anticipar el brote de peste) convirtió a las islas en reales   páramos por la necesidad de alimentos vegetales de este roedor.

En la región de Orán, Salta, se asoció a formas graves de distrés respiratorio, coexistiendo con hantavi-rus. Cambios en la producción de la caña de azúcar, la introducción de nuevos cultivos y el avance sobre la selva subtropical, serían condicionantes para mantener la endemia de ambas patologías. Un mayor alerta en profesionales de La Pampa y una crítica situación por las inundaciones han producido un sustancial aumento de la casuística de esta provincia.

Las leptospiras pueden encontrarse en los más diversos ambientes. No es una enfermedad tropical; países con climas más rigurosos tienen una amplia experiencia tanto humana como veterinaria: región del Mar Báltico, Escocia, Rusia. Trabajos realizados en distintas fuentes ambientales permitieron recuperar leptospiras en regiones tan disímiles como La Puna argentina, o los lagos de Palermo en Buenos Aires.

La leptospirosis es una zoonosis distribuida en todas las provincias argentinas, como lo atestiguan los trabajos veterinarios en distintos rodeos, la casuística humana, los aislamientos ambientales y  los reservorios silvestres.

LA LETALIDAD

La letalidad de esta enfermedad no es homogénea dependiendo de la región, lo cual indicaría una relación con las cepas locales. En el área metropolitana de Buenos Aires la letalidad tradicional no llegaba al 1%. Los últimos casos de hemorragia pulmonar masiva fueron letales, y además demostraron un comportamiento patogé-nico y clínico  no habitual en esta región. Una característica llamativa es la aparición de distrés respiratorio en ausencia de ictericia o insuficiencia renal de importancia, que era la norma en estos pacientes. Estos hallazgos clínicos tuvieron su correlato con la patogeni-cidad observada en los cobayos inoculados con las cepas aisladas de los roedores de la Villa 20. Consideramos que es importante que estas formas clínicas sean reconocidas precozmente por los médicos del primer nivel de atención y por los de cuidados intensivos.

PRESENCIA EN LATINOAMERICA

Brasil es el país latinoamericano que, junto con países del sudeste asiático y China, tiene mayor notificación de casos humanos. Las inundaciones de San Pablo o Río de Janeiro han producido brotes de cientos de casos con tasas de letalidad elevadas (12% al 20%). Cuba es otro país que registra varios brotes, algunos superiores a los 400 casos, donde existiría relación con la cosecha de la caña de azúcar. Este país se implementó la vacuna humana en esa población de riesgo. Nicaragua tuvo en 1995 un brote de 2.419 casos, con presentación clínica de neumonía hemorrágica. Si se observan los criterios diagnósticos realizados en Nicaragua, se verá la poca consideración que tiene la enfermedad, donde ante el brote se pensó en una gran variedad de posibilidades, algunas lógicas  como dengue hemorrágico, pero también se especuló con un nuevo arenavirus, hasta que el diagnóstico se hizo fuera de Nicaragua y en forma retrospectiva, con material biópsico. Perú avanzó en el conocimiento de la enfermedad en los tiempos del cólera. En relación a la disponibilidad del diagnóstico y a la casuística humana, el resto de los países no notifica regularmente casos.

PREVENCION

Las medidas de prevención surgen de las modalidades de formas y fuentes de infección comentadas. Las relacionadas con actividades profesionales son más fáciles de implementar: uso de botas y guantes impermeables, y en poblaciones de riesgo bien definidas (por ejemplo personal militar) uso de vacuna humana, que no está disponible en nuestro país. Ante un riesgo individual y colectivo es eficaz la administración de doxiciclina en monodosis semanal. La situación más difícil es prevenir los brotes en los núcleos urbanos con alto riesgo. Consideramos difíciles estas acciones porque tienen que ver con el ordenamiento ambiental, el control de roedores y el mejoramiento del nivel de vida de la población, todos elementos que necesitan claras políticas de Estado y además una política económica centralizada en el bienestar de la gente


BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

- Comisión Científica sobre Leptospirosis de la Rep. Argentina (CCLA). Informe sobre Leptospirosis en la República Argentina y Vacuna y Vacunaciones en Leptospirosis. Editado por 2º Congreso Argentino de Zoonosis y 1º Congreso Argentino y Latinoamericano de Enfermedades Emergentes. Bs. As, 1998; pp.20-7.

- Comisión Científica sobre Leptospirosis de la Rep. Argentina, (CCLA). Manual de Leptospirosis. CCLA editor. Bs.As., Argentina, 1994.

- COTO H. Biología y control de ratas sinantrópicas. Editorial Abierta, Buenos Aires, Argentina, 1997.

- FAINE S. Leptospira and Leptospirosis. CRC Edit, Boca Raton, Florida, 1994, pp.243-52.

- RUBEL D, SEIJO A, CERNIGOI B, VIALE A, WISNIVESKY COLLI C. “Leptospira interrogans in a canine population of Greater Buenos Aires: variables associated with seropositivity”. Rev. Panam. Salud Pública. 1997; 2(2): 102-5.

- SEIJO A, DEODATO B, CERNIGOI C, CURCIO D. “Source of Infection for Leptospirosis in Argentina”. Abstract Book of the 9th International Congress on Infectious Diseases, Buenos Aires, Argentina, April 2000, page 235.

- SEIJO A. Roedores y leptospirosis. Control de Plagas. Sep 2000; 8:8-16.

Volver


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


A los Lectores

Se encuentran disponibles las tapas para encuadernar los ejemplares 2000 del Boletín. Los interesados se pueden dirigir a Junín 1440, Capital Federal, de lunes a viernes de 10:00 a 17:30, comunicarse al (011) 4806-1011 (Sra. Rosa), o vía e-mail a mundohospitalario@medicos-municipales.org.ar. Se hacen envíos por correo.

Volver