BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos
Aires
Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario
Año 14 Nº125 Abril de 2007
Autor: Comité Editorial
INDICE
Día Mundial de la
Salud. La Seguridad sanitaria Internacional
Invertir en Salud para forjar un porvenir más seguro
El problema de la Seguridad en las Américas
El caso de la TBC
El Reglamento Sanitario Internacional

DÍA MUNDIAL
DE LA SALUD
LA SEGURIDAD SANITARIA INTERNACIONAL
El tema del Día Mundial de la Salud de este año es la seguridad sanitaria
internacional. El objetivo de la Organización Mundial de la Salud es
subrayar el hecho de que, en un mundo globalizado, las cuestiones sanitarias
plantean un número creciente de desafíos que van más allá de cualquier
frontera nacional y tienen repercusiones en la seguridad colectiva de todos
los pueblos. Además, la OMS propone llamar la atención sobre la seguridad
sanitaria internacional y promover el interés político, así como demostrar
de qué forma las consideraciones sanitarias están estrechamente ligadas a la
política nacional y exterior. La OMS enfatiza sobre la importancia de los
siguientes tópicos:
Las amenazas para la salud no tienen fronteras. En un mundo globalizado, las
epidemias emergentes traspasan las fronteras y ponen en riesgo la seguridad
colectiva. Las amenazas para la salud y la seguridad se multiplican y
propagan con una rapidez sin precedentes.
La inversión en salud es fundamental para forjar un porvenir más seguro.
Cada país debe invertir en salud y ser capaz de prevenir las amenazas nuevas
y existentes mediante el fortalecimiento de los sistemas sanitarios. La
aplicación del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) ayudará a crear y
reforzar mecanismos eficaces de alerta y respuesta ante brotes epidémicos a
nivel nacional e internacional.
La salud proporciona seguridad; la inseguridad es causa de la mala salud. El
VIH/sida es un poderoso ejemplo del grado de interdependencia que han
adquirido la salud y la seguridad. El sida amenaza la estabilidad de
naciones y a diferencia de otras enfermedades, afecta a los miembros más
productivos de la sociedad.
La preparación y la respuesta rápida mejoran la seguridad sanitaria
internacional. Las amenazas para la seguridad sanitaria son numerosas y de
diversa índole. Son ejemplo las crisis repentinas que para la salud y las
economías suponen las enfermedades emergentes, las emergencias humanitarias,
el bioterrorismo y otros riesgos agudos. La escasez de agua potable y su
impacto en la salud y la seguridad tras el huracán Katrina demuestran con
claridad, la importancia que revisten la preparación anticipada y la
capacidad de responder con rapidez.
La necesidad de la colaboración internacional. La ayuda entre países, el
intercambio de información y el fortalecimiento en los sistemas de
vigilancia de salud pública son fundamentales para contener los brotes de
enfermedades infecciosas.
Durante las últimas décadas, se ha redefinido el concepto de seguridad para
reflejar un cambio desde la noción de defensa centrada en el Estado hacia la
idea de que la seguridad humana se basa en las personas. Este nuevo concepto
abarca las amenazas socioeconómicas, naturales y producidas por el hombre
que ponen en peligro el desarrollo y los derechos de las personas. El
Informe del PNDU (1994) define a la seguridad sanitaria como la garantía de
una protección contra las enfermedades y los modos de vida insalubres, junto
con la seguridad de los alimentos, ambiental, económica, de la comunidad y
política.
Los sistemas de salud pública del mundo son reiteradamente puestos a prueba
por enfermedades emergentes y reemergen-tes, alteraciones ambientales,
desastres naturales y la liberación accidental o intencional de agentes que
pueden provocar riesgos para la salud pública. En este Boletín de Temas de
Salud, presentamos un análisis de los documentos publicados por OMS y OPS
sobre este tema.
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INVERTIR EN SALUD PARA FORJAR UN
PORVENIR MÁS SEGURO
Un documento preeliminar de la OMS
platea las cuestiones claves que hay que tomar en cuenta para lograr mejoras
en la seguridad sanitaria internacional
El documento preeliminar de la OMS Invertir en salud para forjar un porvenir
más seguro, establece los temas centrales para el debate de esta
problemática en el marco de los eventos que tendrán lugar en el marco del
Día Mundial de la Salud y que contribuirá a la redacción de un informe
definitivo.
Este trabajo plantea que la globalización ha beneficiado a muchas personas
en todo el mundo, pues ha supuesto una mayor eficiencia del transporte y el
comercio, pero también ha traído consigo la rápida propagación de
enfermedades que de otro modo podrían haber quedado confinadas
geográfi-camente, o que en otro tiempo, se habrían extendido con la
suficiente lentitud para poder ser controladas rápidamente.
Este informe plantea ocho cuestiones claves para lograr mejorar la seguridad
sanitaria internacional.
1.Enfermedades emergentes
Como las nuevas enfermedades se deben en parte a los grandes cambios que el
hombre está introduciendo en su manera de habitar el planeta, cabe pensar
que la aparición de enfermedades nuevas es un fenómeno que persistirá o
incluso se agravará.
En las últimas décadas del siglo XX empezaron a aparecer enfermedades nuevas
a razón de una o más por año, un ritmo sin precedentes.
Entre 1973 y 2000 se identificaron treinta y nueve agentes infecciosos
nuevos capaces de causar enfermedades humanas. Y un hecho aún más
preocupante es que la tasa de fracaso de los medicamentos debido a la
aparición de resistencia microbiana ha aumentado más rápidamente que los
descubrimientos científicos de nuevos fármacos capaces de reemplazarlos.
El peligro de que las nuevas enfermedades a las que existe vulnerabilidad
universal causen estragos a nivel internacional significa que los países ya
no podrán manejar ciertos tipos de brotes como si fueran un asunto
estrictamente nacional. La noción de soberanía nacional absoluta se ha visto
cuestionada por esos eventos y por la necesidad de asegurar la defensa
colectiva contra la amenaza de las enfermedades emergentes.
La posible incapacidad de los países afectados para implicarse plenamente en
la vigilancia y mantener un sistema de respuesta de emergencia durante
meses, si no años, en el caso de una pandemia grave es el obstáculo más
importante para garantizar la seguridad sanitaria internacional.
2. Estabilidad económica
La libertad real de comercio e inversión y la intensificación de esas
actividades deben acompañarse de medidas de vigilancia y de una buena
organización para evitar algunos efectos perjudiciales para la salud que
pueden verse amplificados por la globalización.
El SRAS no llegó a convertirse en una pandemia mundial, pero causó pérdidas
económicas considerables y gran inseguridad en los mercados de Asia y de
todo el mundo. Con menos de 10.000 casos, sólo en el segundo trimestre de
2003, el brote les costó importantes sumas a los países. Controlar la
propagación internacional de las enfermedades constituye por tanto, una
práctica adecuada tanto para las economías como para las personas que ven
peligrar su salud.
3. Crisis internacional y emergencias humanitarias
Las emergencias humanitarias son el resultado de crisis tales como desastres
naturales, escasez de alimentos y de agua y conflictos armados. Al igual que
causan daños personales, estas situaciones pueden impactar en los ya
saturados sistemas de salud, de los que depende la gente para su seguridad
sanitaria.
Efectos indirectos de esas crisis son la amenaza de enfermedades
infecciosas, la malnutrición, los desplazamientos de población, las
enfermedades mentales y la exacerbación de las enfermedades crónicas; todas
cuestiones que exigen sistemas de salud fortalecidos.
En 2006, los desastres naturales afectaron a 134,6 millones de personas y
causaron 21.342 muertes. Sin embargo, con políticas y preparación adecuadas,
es posible sobrevivir a los huracanes, maremotos e inundaciones. Las causas
fundamentales de las emergencias que suceden a los desastres naturales se
deben buscar a menudo en la ordenación de las tierras, la infraestructura y
las políticas de desarrollo. ¿A cuántos habitantes de Nueva Orleans se
podría haber salvado si los diques no se hubieran roto tras el paso del
huracán Katrina? ¿Cuántas familias no habrían tenido que buscar a sus seres
queridos en las zonas costeras de Sri Lanka si hubiera habido en
funcionamiento un sistema de alerta anticipada eficaz y la gente hubiese
sabido qué hacer al oírlo?
También es posible tener en cuenta las repercusiones sanitarias a la hora de
elaborar las políticas nacionales y externas para resolver los problemas
antes de que se manifiesten.
4. Amenazas químicas y radiactivas y bioterrorismo
Para gran parte del mundo, el siglo XXI no se concibe sin los procesos de
tratamiento químico y las centrales nucleares. La seguridad sanitaria
pública, a su vez, depende de la seguridad de esas instalaciones y del uso
que se haga de sus productos. La amenaza de derrames, fugas y vertidos
químicos de fusión del núcleo de centrales atómicas y de uso de armas
químicas evoca imágenes de ataques por sorpresa o accidentes, con víctimas
inocentes, causadas con intenciones criminales o por negligencia, y provocan
un temor a veces desproporcionado en comparación con el riesgo real.
La mayoría de los países han suscrito convenios internacionales que
prohí-ben las armas biológicas y químicas. Sin embargo, incidentes como los
causados por las cartas con carbunco enviadas por correo en los Estados
Unidos en 2001 o la liberación de sarín (cuyo único uso posible es como gas
neurotóxico) en el metro de Tokio en 1995 recuerdan que, si bien los ataques
químicos y biológicos son raros, hay individuos y grupos dispuestos a
emplear esas formas de terrorismo.
Los eventos químicos y radiactivos se incluyen de forma sistemática entre
las actividades diarias de vigilancia mundial y son detectados
automáticamente por la GPHIN, una red electrónica de recopilación de
información que opera como gran aliado en la detección de eventos que de
otro modo, pasarían de-sapercibidos. Las redes de respuesta mundial están
bien situadas para responder a los efectos sanitarios de los incidentes
químicos y radiactivos con las mismas técnicas utilizadas en cualquier
desastre: respuesta inmediata, triaje y tratamiento y suministro de agua,
alimentos y sistemas de saneamiento.
Lo que más preocupa son las posibles causas de esos incidentes químicos y
radiactivos. El término accidente sugiere que nadie es responsable, pero las
investigaciones revelan a menudo deficiencias de las políticas, los
protocolos o la infraestructura. Los ataques son premeditados, pero eso no
significa necesariamente que no sean prevenibles.
5. Cambios ambientales
El clima de la tierra está cambiando. Están aumentando las temperaturas; las
tormentas tropicales son cada vez más frecuentes e intensas; los casquetes
polares y el permafrost están derritiéndose. Y están muriendo muchas
personas: más de 60.000 en los últimos años como consecuencia de desastres
naturales relacionados con el clima, sobre todo en los países en desarrollo.
En las tierras altas de África se están registrando con más regularidad,
brotes de malaria tras los fenómenos meteorológicos provocados por El Niño.
La intensificación de las olas de calor causa sequías persistentes que ponen
en peligro los cultivos comerciales y alimentarios, los rebaños y los modos
de vida nómadas, que pueden dar lugar a escaladas de violencia. Las
inundaciones pueden provocar la contaminación de los sistemas de
abastecimiento de agua, obligar a la gente a abandonar sus hogares y
tierras, y originar nuevos criaderos de vectores transmisores de
enfermedades. Las temperaturas más cálidas alteran los hábitos migratorios
de las aves salvajes, y eso puede hacer más impredecible la propagación de
los virus de que son portadoras, como el H5N1.
La comunidad científica ha llegado a la conclusión de que parte del problema
radica en la actividad humana. Aunque el impacto agudo de los eventos
relacionados con el cambio climático sea local, sus causas son mundiales.
Cuando las inundaciones provocan la contaminación de aguas internacionales,
cuando se producen migraciones trans-fronterizas de poblaciones que buscan
alimentos y cobijo, cuando la epidemio-logía de una enfermedad varía como
consecuencia de la alteración del clima, las repercusiones tienen alcance
internacional. Los cambios ambientales y climáticos tienen un impacto
creciente en la salud, pero las políticas sanitarias no bastan por sí solas
para evitar esos cambios.
6. El SIDA, desencadenante del debate sobre salud y seguridad
En enero de 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dedicó un
periodo de sesiones al VIH/sida en África. Por primera vez, una enfermedad
infecciosa era objeto de debate en ese foro como una posible amenaza para la
paz y la seguridad internacionales. Estaba claro que la agenda de la
seguridad debía ampliarse para abarcar nuevas pandemias (epidemias que se
propagan a nivel mundial), así como la aparición de cepas
farmacorresistentes de parásitos, virus y bacterias que plantean nuevas
amenazas para la salud mundial.
Con unas tasas de infección en la población de 15 a 49 años que a la sazón
rozaban o superaban el 30% en algunos países del África subsahariana y sin
avistarse el final de la epidemia, se consideró también la posibilidad de
que la enfermedad condujera a los estados más frágiles al borde del colapso.
Las graves consecuencias sociales y económicas de la infección por VIH/sida
obligaban a preocuparse por las impli-caciones para la seguridad personal
tanto en los países cuyos sistemas de atención sanitaria están luchando para
atender esa y otras necesidades de salud agudas y crónicas como, hasta
cierto punto, en aquellos en que el VIH/sida se ha convertido en una
enfermedad manejable, gracias a un acceso fiable y asequible al tratamiento.
Es auspicioso el hecho de que el Consejo de Seguridad permitió empezar a
enfocar la salud, en general, desde una nueva perspectiva atenta a la
vulnerabilidad universal. La salud pública dejó de considerarse como algo
sin mayor interés para la seguridad o como su subproducto, y pasó a ser un
componente esencial de la misma. En la actualidad, las enfermedades
emergentes y las que se han hecho resistentes, como la gripe aviar y la
tuberculosis extremadamente farma-corresistente, confirman esa idea con la
misma contundencia que el VIH/sida, hace siete años.
7. Fomentar la seguridad sanitaria
En el mundo globalizado en el que vivimos, es de interés común prevenir la
propagación internacional de las enfermedades. En los últimos decenios, las
enfermedades se han propagado más rápidamente que nunca, ayudadas por los
viajes a gran velocidad y el comercio de bienes y servicios entre países y
continentes. Esa rápida propagación sólo puede prevenirse si existe un
sistema de alerta y respuesta inmediata a los brotes epidémicos y otros
incidentes que pueden desencadenar epidemias o propagarse a nivel mundial.
Para ello, el RSI (ver pág. 8) exige a los países que notifiquen cualquier
evento de salud pública de importancia internacional que se produzca en su
territorio. El alcance y la definición de esos hechos se han expresado
deliberadamente en términos generales e inclusi-vos, para que se puedan
identificar y notificar, tanto las amenazas nuevas emergentes como las ya
existentes para la salud.
Cuando la OMS recibe una notificación oficial o tiene conocimiento de un
rumor sobre un evento, se inicia de inmediato una investigación y se
despliegan los equipos de respuesta que sean necesarios, mediante la Red
Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN). Desde su
creación en 2000, los asociados de la GOARN han proporcionado conocimientos
especializados y apoyo técnico para hacer frente a noventa eventos de
importancia internacional, con más de quinientos expertos que prestan apoyo
directo sobre el terreno a unos cuarenta países. Además de éxitos cosechados
en la prevención de brotes extensos de enfermedades como la meningitis, la
fiebre amarilla y el cólera, la red contribuyó a controlar el brote de SRAS
en 2003.
8. Reforzar sistemas de salud
Unos sistemas nacionales de salud operativos son la base de la seguridad
sanitaria internacional. Su función es ofrecer la máxima protección y
atención posible a toda la población. Son también la primera línea de
vigilancia de las enfermedades, tanto infecciosas como crónicas. La mayoría
de las enfermedades no causan lo que se conoce como emergencias de salud
pública de importancia internacional, pero cuando surge una enfermedad que
sí plantea tal amenaza las medidas de alerta y respuesta requeridas para
prevenir la propagación exigen un sistema de salud dotado de suficientes
recursos y personal.
En 2003, una enfermedad nueva y muy infecciosa consiguió arraigar en algunas
partes de Asia y se propagó por todo el mundo en cuestión de días. El SRAS
no desapareció de manera gradual. Gracias a las enérgicas medidas de salud
pública adoptadas y a una buena coordinación, la enfermedad fue erradicada
deliberadamente de su nuevo huésped humano antes de que pudiera instalarse
en él de forma permanente, lo que representó un logro sin precedentes para
la salud pública a escala mundial.
Las enfermedades emergentes someten a una dura prueba a cualquier sistema de
salud. La respuesta al SRAS, en particular en los entornos con pocos
recursos, demuestra la gran eficacia que pueden tener las medidas de salud
pública como respuesta a las nuevas amenazas. Sin embargo, no todos los
países disponen de los recursos o los sistemas de salud pública requeridos
para articular una respuesta tan eficaz.
Algunos países tendrían dificultades para afrontar eficazmente las amenazas
para la seguridad sanitaria. Ello puede deberse a la falta de los recursos
necesarios, al hecho de que su infraestructura sanitaria se haya desmoronado
como consecuencia de la falta de inversión y de la escasez de trabajadores
sanitarios capacitados, o a que la infraestructura se haya visto dañada o
destruida por conflictos armados o desastres naturales.
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EL PROBLEMA DE LA SEGURIDAD EN LAS
AMÉRICAS
En la Región, es necesario
plantear como prioridades a las enfermedades infecciosas emergentes y
reemergentes, la vigencia del RSI y la infraestructura sanitaria
Si bien hay muchos aspectos de la seguridad sanitaria que deben ser
abordados, para la Organización Panamericana de la Salud, los esfuerzos en
la Región deben concentrarse en cuatro cuestiones centrales.
ENFERMEDADES INFECCIOSAS EMERGENTES Y REEMERGENTES
Las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes se han convertido en
un verdadero reto para la ciencia. A lo largo de la historia, las epidemias
de enfermedades infecciosas han cobrado muchísimas vidas humanas y a menudo
han provocado perturbaciones sociales, inestabilidad política y barreras al
comercio y los viajes, con tremendas consecuencias económicas y sociales.
En los tres últimos decenios, surgieron letales agentes patógenos y
enfermedades, como la infección por el VIH/sida a mediados de los años
ochenta, el dengue hemorrágico en 1981 en las Américas, la reaparición del
cólera en 1991, después de una ausencia de más de un siglo, el síndrome
pulmonar por hantavirus en 1993, la encefalitis por el virus del Nilo
Occidental en 1999 y el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en 2003. La
mayoría de estas enfermedades son causadas principalmente por factores
ambientales, ecológicos o demográficos que se difunden en todo el mundo
debido a los viajes y el comercio. Esta propagación de la enfermedad puede
ser atribuida al comportamiento humano y los desplazamientos de poblaciones
que entrañan riesgos para la seguridad sanitaria mundial.
La aparición de un nuevo subtipo del virus de la gripe, que en un principio
infectó a animales y posteriormente a seres humanos, destaca la estabilidad
precaria de las condiciones socioeconó-micas de las naciones.
El avance de las comunicaciones tuvo un rol central dentro de la seguridad
sanitaria internacional. La universalidad y velocidad de la información
permite que los brotes de enfermedades infecciosas en cualquier parte del
mundo sean percibidos como amenazas locales en potencia. A menudo, la
información no comprobada e inexacta en relación con brotes desencadena
reacciones excesivas que causan alarma y respuestas inapropiadas.
EL REGLAMENTO SANITARIO INTERNACIONAL
Reconociendo el vínculo que existe entre la globalización del comercio y los
viajes y la propagación de enfermedades, los organismos internacionales
trabajaron en la creación de un marco jurídico que fue recientemente
redactado: el Reglamento Sanitario Internacional. Fue aprobado en 2005 parar
que entre en vigencia a partir de junio de 2007. Esta norma procura
“prevenir la propagación internacional de enfermedades, proteger contra esa
propagación, controlarla y darle una respuesta de salud pública
proporcionada y restringida a los riesgos para la salud pública, evitando al
mismo tiempo las interferencias innecesarias con el tráfico y el comercio
internacionales”.
Se lo considera un instrumento muy importante para la cooperación y la
acción internacionales, en la lucha contra la propagación de epidemias.
En las Américas su aplicación requiere una decidida acción política por
parte de los gobiernos, los organismos internacionales, la sociedad civil y
los medios empresariales, así como un mayor hincapié en el intercambio de
información y el fortalecimiento de los sistemas y la vigilancia de salud
pública para contener la propagación de emergencias de salud pública
INFRAESTRUCTURA DE SALUD PÚBLICA
Las emergencias de salud pública destacan los puntos fuertes y los puntos
débiles de dicha infraestructura, cuya finalidad es proteger a la población.
La detección de las emergencias de salud pública y la respuesta a ellas
implican ejercer todas las actividades esenciales de salud pública, incluida
la vigilancia, los servicios de atención de salud, la capacidad en materia
de laboratorios, los recursos humanos y la comunicación entre diversos
actores y el público en general. Se requieren recursos de una alianza
intersectorial e interinstitucional en el mundo interdependiente de hoy,
donde un episodio epidémico local puede convertirse rápidamente en un suceso
y una amenaza económica a nivel mundial.
Detección y notificación. La epidemia de SARS no fue notificada ni detectada
en el ámbito internacional desde mediados de noviembre de 2002 hasta fines
de febrero de 2003. Como resultado, los primeros casos internacionales
encontraron desprevenidos a los sistemas de salud y se produjeron brotes
explosivos.
Capacidad de respuesta. Las medidas necesarias para controlar los brotes de
dengue en todo el territorio de las Américas amenazan abrumar aún a los
sistemas de salud más avanzados. Estos problemas también se plantearían
durante una pandemia de gripe o por la liberación intencional de un agente
biológico. Por otro lado, las medidas de control extremas aplicadas durante
las epidemias de cólera en 1991 interfirieron con el comercio y tuvieron
extraordinarias consecuencias en las economías de los países.
Preparativos. Los modelos matemáticos diseñados para la gripe pandémica,
basados en las tres pandemias anteriores, demostraron que las medidas de
control que no son farmacológicas pueden reducir la repercusión de una
pandemia.
Comunicación. Las estrategias y planes de comunicación ayudan a los países a
prepararse en todos los niveles para hacer frente a los brotes epidémicos y
los desastres nacionales.
Capacidad en materia de laboratorios. La detección temprana de los brotes
está estrechamente relacionada con la capacidad de los laboratorios de
efectuar el diagnóstico temprano de las enfermedades. Por otro lado, la
liberación accidental de agentes biológicos, como en los casos de SARS
vinculados con accidentes de laboratorio, subraya la necesidad de mejorar
las normas de bioseguridad y la capacitación sistemática del personal.
PROMOCIÓN DE LA SEGURIDAD SANITARIA. DESARROLLO SOSTENIBLE EN ENTORNOS SANOS
La mano del hombre en el medio ambiente y los efectos naturales también
toman relevancia frente a la seguridad sanitaria internacional. Los
huracanes, los terremotos, los maremotos, los derrames de productos químicos
y nucleares, el bioterrorismo y los brotes epidémicos de enfermedades
infecciosas nuevas o reemergentes, deben recibir la atención de programas
compartidos de salud pública internacional. Frente a la globalización, los
desastres a gran escala no sólo dan lugar a la pérdida de numerosas vidas
sino también conducen a menudo a un sentimiento colectivo de vulnerabilidad
e inseguridad en las comunidades. La salud pública del siglo XXI abarca la
naturaleza multidi-mensional de nuevos retos para la seguridad sanitaria
internacional. El reciente acento en los factores determinantes sociales es
un reflejo de los efectos sobre el medio ambiente y las desigualdades para
el desarrollo humano en una economía mundial.
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EL CASO DE LA TBC
Se ha logrado estabilizar la
epidemia de tuberculosis por primera vez desde 1993, cuando la OMS la
declaró emergencia de salud pública
Según datos de la Organización Mundial de la Salud difundidos en marzo de
este año, la epidemia mundial de tuberculosis se ha estabilizado por primera
vez desde que, en 1993, la OMS la declarara una emergencia de salud pública.
El Informe Mundial sobre el Control de la Tuberculosis revela que el
porcentaje de la población mundial afectada por la enfermedad alcanzó su
valor máximo en 2004 y se ha mantenido constante en 2005.
En la actualidad, se detecta casi un 60% de los casos mundiales de
tuberculosis, y la gran mayoría de ellos se curan. En el último decenio,
veintiseis millones de pacientes han sido sometidos a tratamientos
antituberculosos eficaces, gracias a los esfuerzos de los gobiernos y de una
amplia gama de asociados, pero la enfermedad sigue matando diariamente a
4.400 personas.
Más allá de que la tasa de incidencia de la tuberculosis se estabilizó en
2005, o incluso disminuyó ligeramente con respecto a 2004, el número
absoluto de casos sigue aumentando lentamente, debido al aumento de la
población mundial. No obstante, el ritmo con que aparecieron nuevos casos de
tuberculosis en 2005 fue ligeramente menor que el crecimiento de la
población mundial. En 2005 se registraron 8.787.000 casos, en comparación
con los 8.718.000 de 2004. Se calcula que la tuberculosis causó 1,6 millones
de muertes en 2005, de las cuales 195.000 correspondieron a personas
infectadas por el VIH.
A pesar de los signos de que la epidemia puede estar atenuándose, hay
importantes obstáculos al avance rápido en la lucha contra la tuberculosis.
Entre ellos, destaca la irregularidad del acceso al diagnóstico y al
tratamiento en los países. La coinfección por VIH es un obstáculo
significativo. La tuberculosis es una importante causa de muerte en
pacientes con sida, y el VIH es la principal razón de que no se alcancen las
metas de control de la tuberculosis en zonas donde la infección por VIH es
frecuente, y en particular en el África subsahariana, donde el sida sigue
alimentando la epidemia de tuberculosis.
La tuberculosis extremadamente resistente es otra barrera. La propagación de
la tuberculosis extremadamente resistente supone una grave amenaza a los
progresos futuros y podría poner en peligro incluso algunos de los avances
recientes.
El déficit financiero global es otra de las barreras a vencer. Aunque los
fondos destinados al control de la tuberculosis han aumentado
considerablemente desde 2002 hasta alcanzar los actuales dos mil millones de
dólares, en 2007 serán necesarios otros 1.100 millones para hacer frente a
las necesidades financieras del Plan Mundial para Detener la tuberculosis
2006-2015. Para los diez años de vigencia del plan serán necesarios US$
56.100 millones, de los cuales la mitad serían financiados por los países
endémicos y la otra mitad por los donantes, pero los compromisos de
financiación actuales indican que hay un déficit de al menos US$ 31.100
millones.
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EL REGLAMENTO SANITARIO
INTERNACIONAL
Su finalidad es conseguir la
máxima seguridad contra la propagación internacional de enfermedades con un
mínimo de trabas para el tráfico mundial. El RSI también se propone hacer
más eficiente el sistema de notificaciones de las emergencias de salud
pública
La finalidad del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) es conseguir la
máxima seguridad contra la propagación internacional de enfermedades, con un
mínimo de trabas para el tráfico mundial. Sus orígenes se remontan a
mediados del siglo XIX, cuando Europa sufrió el azote de epidemias de cólera
entre 1830 y 1847. Éstas catalizaron una intensa actividad diplomática y una
cooperación multilateral en la esfera de la salud pública, comenzando por la
primera Conferencia Sanitaria Internacional (París, 1851).
Entre 1851 y el final del siglo, se negociaron ocho convenciones sobre la
propagación de enfermedades infecciosas a través de las fronteras
nacionales. A comienzos del siglo XX, se establecieron instituciones
multilaterales encargadas de hacer cumplir esas convenciones, entre ellas la
Organización Panamericana de la Salud.
En 1948 entró en vigor la Constitución de la OMS y en 1951 sus estados
miembros adoptaron el Reglamento Sanitario Internacional, que fue modificado
en 1973 y 1981. El RSI estaba inicialmente destinado a ayudar a vigilar y
controlar seis enfermedades infecciosas graves: cólera, peste, fiebre
amarilla, viruela, fiebre recurrente y tifus. Hoy, sólo el cólera, la peste
y la fiebre amarilla son enfermedades de notificación obligatoria.
La última revisión del reglamento fue adoptada en forma unánime, en mayo de
2005, por la Asamblea Mundial de la Salud y las regulaciones fueron
programadas para entrar en vigencia en junio de este año. El propósito de la
ampliación y alcance del RSI es la prevención, protección, control y
provisión de una salud pública responsable para la intervención en las
enfermedades en todo el mundo. Por ejemplo, se modificaron las medidas de
rutina para reducir la extensión de enfermedades en aeropuertos y puertos.
Como así también las guías técnicas en embarcaciones sanitarias y las guías
de higiene y sanidad en aviación.
También en el RSI se establecieron cambios para concretar el manejo real de
los tiempos en el sistema, lo que requiere de actualizaciones permanentes y
previsiones epidemioló-gicas. Se trabajó, además, para hacer más eficiente
el sistema de notificación de las potenciales emergencias de salud pública
en el ámbito internacional.
La Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) es un
mecanismo de colaboración técnica entre instituciones y redes ya existentes
que aúnan sus recursos humanos y técnicos para identificar, confirmar y
responder rápidamente a brotes epidémicos de importancia internacional.
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