BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 14 Nº125 Abril de 2007


Autor: Comité Editorial


INDICE

Día Mundial de la Salud. La Seguridad sanitaria Internacional

Invertir en Salud para forjar un porvenir más seguro

El problema de la Seguridad en las Américas

El caso de la TBC

El Reglamento Sanitario Internacional


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


DÍA MUNDIAL DE LA SALUD

LA SEGURIDAD SANITARIA INTERNACIONAL

El tema del Día Mundial de la Salud de este año es la seguridad sanitaria internacional. El objetivo de la Organización Mundial de la Salud es subrayar el hecho de que, en un mundo globalizado, las cuestiones sanitarias plantean un número creciente de desafíos que van más allá de cualquier frontera nacional y tienen repercusiones en la seguridad colectiva de todos los pueblos. Además, la OMS propone llamar la atención sobre la seguridad sanitaria internacional y promover el interés político, así como demostrar de qué forma las consideraciones sanitarias están estrechamente ligadas a la política nacional y exterior. La OMS enfatiza sobre la importancia de los siguientes tópicos:
Las amenazas para la salud no tienen fronteras. En un mundo globalizado, las epidemias emergentes traspasan las fronteras y ponen en riesgo la seguridad colectiva. Las amenazas para la salud y la seguridad se multiplican y propagan con una rapidez sin precedentes.
La inversión en salud es fundamental para forjar un porvenir más seguro. Cada país debe invertir en salud y ser capaz de prevenir las amenazas nuevas y existentes mediante el fortalecimiento de los sistemas sanitarios. La aplicación del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) ayudará a crear y reforzar mecanismos eficaces de alerta y respuesta ante brotes epidémicos a nivel nacional e internacional.
La salud proporciona seguridad; la inseguridad es causa de la mala salud. El VIH/sida es un poderoso ejemplo del grado de interdependencia que han adquirido la salud y la seguridad. El sida amenaza la estabilidad de naciones y a diferencia de otras enfermedades, afecta a los miembros más productivos de la sociedad.
La preparación y la respuesta rápida mejoran la seguridad sanitaria internacional. Las amenazas para la seguridad sanitaria son numerosas y de diversa índole. Son ejemplo las crisis repentinas que para la salud y las economías suponen las enfermedades emergentes, las emergencias humanitarias, el bioterrorismo y otros riesgos agudos. La escasez de agua potable y su impacto en la salud y la seguridad tras el huracán Katrina demuestran con claridad, la importancia que revisten la preparación anticipada y la capacidad de responder con rapidez.
La necesidad de la colaboración internacional. La ayuda entre países, el intercambio de información y el fortalecimiento en los sistemas de vigilancia de salud pública son fundamentales para contener los brotes de enfermedades infecciosas.
Durante las últimas décadas, se ha redefinido el concepto de seguridad para reflejar un cambio desde la noción de defensa centrada en el Estado hacia la idea de que la seguridad humana se basa en las personas. Este nuevo concepto abarca las amenazas socioeconómicas, naturales y producidas por el hombre que ponen en peligro el desarrollo y los derechos de las personas. El Informe del PNDU (1994) define a la seguridad sanitaria como la garantía de una protección contra las enfermedades y los modos de vida insalubres, junto con la seguridad de los alimentos, ambiental, económica, de la comunidad y política.
Los sistemas de salud pública del mundo son reiteradamente puestos a prueba por enfermedades emergentes y reemergen-tes, alteraciones ambientales, desastres naturales y la liberación accidental o intencional de agentes que pueden provocar riesgos para la salud pública. En este Boletín de Temas de Salud, presentamos un análisis de los documentos publicados por OMS y OPS sobre este tema.
 

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INVERTIR EN SALUD PARA FORJAR UN PORVENIR MÁS SEGURO

Un documento preeliminar de la OMS platea las cuestiones claves que hay que tomar en cuenta para lograr mejoras en la seguridad sanitaria internacional

El documento preeliminar de la OMS Invertir en salud para forjar un porvenir más seguro, establece los temas centrales para el debate de esta problemática en el marco de los eventos que tendrán lugar en el marco del Día Mundial de la Salud y que contribuirá a la redacción de un informe definitivo.
Este trabajo plantea que la globalización ha beneficiado a muchas personas en todo el mundo, pues ha supuesto una mayor eficiencia del transporte y el comercio, pero también ha traído consigo la rápida propagación de enfermedades que de otro modo podrían haber quedado confinadas geográfi-camente, o que en otro tiempo, se habrían extendido con la suficiente lentitud para poder ser controladas rápidamente.
Este informe plantea ocho cuestiones claves para lograr mejorar la seguridad sanitaria internacional.

1.Enfermedades emergentes
Como las nuevas enfermedades se deben en parte a los grandes cambios que el hombre está introduciendo en su manera de habitar el planeta, cabe pensar que la aparición de enfermedades nuevas es un fenómeno que persistirá o incluso se agravará.
En las últimas décadas del siglo XX empezaron a aparecer enfermedades nuevas a razón de una o más por año, un ritmo sin precedentes.
Entre 1973 y 2000 se identificaron treinta y nueve agentes infecciosos nuevos capaces de causar enfermedades humanas. Y un hecho aún más preocupante es que la tasa de fracaso de los medicamentos debido a la aparición de resistencia microbiana ha aumentado más rápidamente que los descubrimientos científicos de nuevos fármacos capaces de reemplazarlos.
El peligro de que las nuevas enfermedades a las que existe vulnerabilidad universal causen estragos a nivel internacional significa que los países ya no podrán manejar ciertos tipos de brotes como si fueran un asunto estrictamente nacional. La noción de soberanía nacional absoluta se ha visto cuestionada por esos eventos y por la necesidad de asegurar la defensa colectiva contra la amenaza de las enfermedades emergentes.
La posible incapacidad de los países afectados para implicarse plenamente en la vigilancia y mantener un sistema de respuesta de emergencia durante meses, si no años, en el caso de una pandemia grave es el obstáculo más importante para garantizar la seguridad sanitaria internacional.

2. Estabilidad económica
La libertad real de comercio e inversión y la intensificación de esas actividades deben acompañarse de medidas de vigilancia y de una buena organización para evitar algunos efectos perjudiciales para la salud que pueden verse amplificados por la globalización.
El SRAS no llegó a convertirse en una pandemia mundial, pero causó pérdidas económicas considerables y gran inseguridad en los mercados de Asia y de todo el mundo. Con menos de 10.000 casos, sólo en el segundo trimestre de 2003, el brote les costó importantes sumas a los países. Controlar la propagación internacional de las enfermedades constituye por tanto, una práctica adecuada tanto para las economías como para las personas que ven peligrar su salud.

3. Crisis internacional y emergencias humanitarias
Las emergencias humanitarias son el resultado de crisis tales como desastres naturales, escasez de alimentos y de agua y conflictos armados. Al igual que causan daños personales, estas situaciones pueden impactar en los ya saturados sistemas de salud, de los que depende la gente para su seguridad sanitaria.
Efectos indirectos de esas crisis son la amenaza de enfermedades infecciosas, la malnutrición, los desplazamientos de población, las enfermedades mentales y la exacerbación de las enfermedades crónicas; todas cuestiones que exigen sistemas de salud fortalecidos.
En 2006, los desastres naturales afectaron a 134,6 millones de personas y causaron 21.342 muertes. Sin embargo, con políticas y preparación adecuadas, es posible sobrevivir a los huracanes, maremotos e inundaciones. Las causas fundamentales de las emergencias que suceden a los desastres naturales se deben buscar a menudo en la ordenación de las tierras, la infraestructura y las políticas de desarrollo. ¿A cuántos habitantes de Nueva Orleans se podría haber salvado si los diques no se hubieran roto tras el paso del huracán Katrina? ¿Cuántas familias no habrían tenido que buscar a sus seres queridos en las zonas costeras de Sri Lanka si hubiera habido en funcionamiento un sistema de alerta anticipada eficaz y la gente hubiese sabido qué hacer al oírlo?
También es posible tener en cuenta las repercusiones sanitarias a la hora de elaborar las políticas nacionales y externas para resolver los problemas antes de que se manifiesten.

4. Amenazas químicas y radiactivas y bioterrorismo
Para gran parte del mundo, el siglo XXI no se concibe sin los procesos de tratamiento químico y las centrales nucleares. La seguridad sanitaria pública, a su vez, depende de la seguridad de esas instalaciones y del uso que se haga de sus productos. La amenaza de derrames, fugas y vertidos químicos de fusión del núcleo de centrales atómicas y de uso de armas químicas evoca imágenes de ataques por sorpresa o accidentes, con víctimas inocentes, causadas con intenciones criminales o por negligencia, y provocan un temor a veces desproporcionado en comparación con el riesgo real.
La mayoría de los países han suscrito convenios internacionales que prohí-ben las armas biológicas y químicas. Sin embargo, incidentes como los causados por las cartas con carbunco enviadas por correo en los Estados Unidos en 2001 o la liberación de sarín (cuyo único uso posible es como gas neurotóxico) en el metro de Tokio en 1995 recuerdan que, si bien los ataques químicos y biológicos son raros, hay individuos y grupos dispuestos a emplear esas formas de terrorismo.
Los eventos químicos y radiactivos se incluyen de forma sistemática entre las actividades diarias de vigilancia mundial y son detectados automáticamente por la GPHIN, una red electrónica de recopilación de información que opera como gran aliado en la detección de eventos que de otro modo, pasarían de-sapercibidos. Las redes de respuesta mundial están bien situadas para responder a los efectos sanitarios de los incidentes químicos y radiactivos con las mismas técnicas utilizadas en cualquier desastre: respuesta inmediata, triaje y tratamiento y suministro de agua, alimentos y sistemas de saneamiento.
Lo que más preocupa son las posibles causas de esos incidentes químicos y radiactivos. El término accidente sugiere que nadie es responsable, pero las investigaciones revelan a menudo deficiencias de las políticas, los protocolos o la infraestructura. Los ataques son premeditados, pero eso no significa necesariamente que no sean prevenibles.

5. Cambios ambientales
El clima de la tierra está cambiando. Están aumentando las temperaturas; las tormentas tropicales son cada vez más frecuentes e intensas; los casquetes polares y el permafrost están derritiéndose. Y están muriendo muchas personas: más de 60.000 en los últimos años como consecuencia de desastres naturales relacionados con el clima, sobre todo en los países en desarrollo. En las tierras altas de África se están registrando con más regularidad, brotes de malaria tras los fenómenos meteorológicos provocados por El Niño. La intensificación de las olas de calor causa sequías persistentes que ponen en peligro los cultivos comerciales y alimentarios, los rebaños y los modos de vida nómadas, que pueden dar lugar a escaladas de violencia. Las inundaciones pueden provocar la contaminación de los sistemas de abastecimiento de agua, obligar a la gente a abandonar sus hogares y tierras, y originar nuevos criaderos de vectores transmisores de enfermedades. Las temperaturas más cálidas alteran los hábitos migratorios de las aves salvajes, y eso puede hacer más impredecible la propagación de los virus de que son portadoras, como el H5N1.
La comunidad científica ha llegado a la conclusión de que parte del problema radica en la actividad humana. Aunque el impacto agudo de los eventos relacionados con el cambio climático sea local, sus causas son mundiales. Cuando las inundaciones provocan la contaminación de aguas internacionales, cuando se producen migraciones trans-fronterizas de poblaciones que buscan alimentos y cobijo, cuando la epidemio-logía de una enfermedad varía como consecuencia de la alteración del clima, las repercusiones tienen alcance internacional. Los cambios ambientales y climáticos tienen un impacto creciente en la salud, pero las políticas sanitarias no bastan por sí solas para evitar esos cambios.

6. El SIDA, desencadenante del debate sobre salud y seguridad
En enero de 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dedicó un periodo de sesiones al VIH/sida en África. Por primera vez, una enfermedad infecciosa era objeto de debate en ese foro como una posible amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Estaba claro que la agenda de la seguridad debía ampliarse para abarcar nuevas pandemias (epidemias que se propagan a nivel mundial), así como la aparición de cepas farmacorresistentes de parásitos, virus y bacterias que plantean nuevas amenazas para la salud mundial.
Con unas tasas de infección en la población de 15 a 49 años que a la sazón rozaban o superaban el 30% en algunos países del África subsahariana y sin avistarse el final de la epidemia, se consideró también la posibilidad de que la enfermedad condujera a los estados más frágiles al borde del colapso.
Las graves consecuencias sociales y económicas de la infección por VIH/sida obligaban a preocuparse por las impli-caciones para la seguridad personal tanto en los países cuyos sistemas de atención sanitaria están luchando para atender esa y otras necesidades de salud agudas y crónicas como, hasta cierto punto, en aquellos en que el VIH/sida se ha convertido en una enfermedad manejable, gracias a un acceso fiable y asequible al tratamiento.
Es auspicioso el hecho de que el Consejo de Seguridad permitió empezar a enfocar la salud, en general, desde una nueva perspectiva atenta a la vulnerabilidad universal. La salud pública dejó de considerarse como algo sin mayor interés para la seguridad o como su subproducto, y pasó a ser un componente esencial de la misma. En la actualidad, las enfermedades emergentes y las que se han hecho resistentes, como la gripe aviar y la tuberculosis extremadamente farma-corresistente, confirman esa idea con la misma contundencia que el VIH/sida, hace siete años.
7. Fomentar la seguridad sanitaria
En el mundo globalizado en el que vivimos, es de interés común prevenir la propagación internacional de las enfermedades. En los últimos decenios, las enfermedades se han propagado más rápidamente que nunca, ayudadas por los viajes a gran velocidad y el comercio de bienes y servicios entre países y continentes. Esa rápida propagación sólo puede prevenirse si existe un sistema de alerta y respuesta inmediata a los brotes epidémicos y otros incidentes que pueden desencadenar epidemias o propagarse a nivel mundial.
Para ello, el RSI (ver pág. 8) exige a los países que notifiquen cualquier evento de salud pública de importancia internacional que se produzca en su territorio. El alcance y la definición de esos hechos se han expresado deliberadamente en términos generales e inclusi-vos, para que se puedan identificar y notificar, tanto las amenazas nuevas emergentes como las ya existentes para la salud.
Cuando la OMS recibe una notificación oficial o tiene conocimiento de un rumor sobre un evento, se inicia de inmediato una investigación y se despliegan los equipos de respuesta que sean necesarios, mediante la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN). Desde su creación en 2000, los asociados de la GOARN han proporcionado conocimientos especializados y apoyo técnico para hacer frente a noventa eventos de importancia internacional, con más de quinientos expertos que prestan apoyo directo sobre el terreno a unos cuarenta países. Además de éxitos cosechados en la prevención de brotes extensos de enfermedades como la meningitis, la fiebre amarilla y el cólera, la red contribuyó a controlar el brote de SRAS en 2003.

8. Reforzar sistemas de salud
Unos sistemas nacionales de salud operativos son la base de la seguridad sanitaria internacional. Su función es ofrecer la máxima protección y atención posible a toda la población. Son también la primera línea de vigilancia de las enfermedades, tanto infecciosas como crónicas. La mayoría de las enfermedades no causan lo que se conoce como emergencias de salud pública de importancia internacional, pero cuando surge una enfermedad que sí plantea tal amenaza las medidas de alerta y respuesta requeridas para prevenir la propagación exigen un sistema de salud dotado de suficientes recursos y personal.
En 2003, una enfermedad nueva y muy infecciosa consiguió arraigar en algunas partes de Asia y se propagó por todo el mundo en cuestión de días. El SRAS no desapareció de manera gradual. Gracias a las enérgicas medidas de salud pública adoptadas y a una buena coordinación, la enfermedad fue erradicada deliberadamente de su nuevo huésped humano antes de que pudiera instalarse en él de forma permanente, lo que representó un logro sin precedentes para la salud pública a escala mundial.
Las enfermedades emergentes someten a una dura prueba a cualquier sistema de salud. La respuesta al SRAS, en particular en los entornos con pocos recursos, demuestra la gran eficacia que pueden tener las medidas de salud pública como respuesta a las nuevas amenazas. Sin embargo, no todos los países disponen de los recursos o los sistemas de salud pública requeridos para articular una respuesta tan eficaz.
Algunos países tendrían dificultades para afrontar eficazmente las amenazas para la seguridad sanitaria. Ello puede deberse a la falta de los recursos necesarios, al hecho de que su infraestructura sanitaria se haya desmoronado como consecuencia de la falta de inversión y de la escasez de trabajadores sanitarios capacitados, o a que la infraestructura se haya visto dañada o destruida por conflictos armados o desastres naturales.

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EL PROBLEMA DE LA SEGURIDAD EN LAS AMÉRICAS

En la Región, es necesario plantear como prioridades a las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes, la vigencia del RSI y la infraestructura sanitaria

Si bien hay muchos aspectos de la seguridad sanitaria que deben ser abordados, para la Organización Panamericana de la Salud, los esfuerzos en la Región deben concentrarse en cuatro cuestiones centrales.

ENFERMEDADES INFECCIOSAS EMERGENTES Y REEMERGENTES
Las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes se han convertido en un verdadero reto para la ciencia. A lo largo de la historia, las epidemias de enfermedades infecciosas han cobrado muchísimas vidas humanas y a menudo han provocado perturbaciones sociales, inestabilidad política y barreras al comercio y los viajes, con tremendas consecuencias económicas y sociales.
En los tres últimos decenios, surgieron letales agentes patógenos y enfermedades, como la infección por el VIH/sida a mediados de los años ochenta, el dengue hemorrágico en 1981 en las Américas, la reaparición del cólera en 1991, después de una ausencia de más de un siglo, el síndrome pulmonar por hantavirus en 1993, la encefalitis por el virus del Nilo Occidental en 1999 y el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en 2003. La mayoría de estas enfermedades son causadas principalmente por factores ambientales, ecológicos o demográficos que se difunden en todo el mundo debido a los viajes y el comercio. Esta propagación de la enfermedad puede ser atribuida al comportamiento humano y los desplazamientos de poblaciones que entrañan riesgos para la seguridad sanitaria mundial.
La aparición de un nuevo subtipo del virus de la gripe, que en un principio infectó a animales y posteriormente a seres humanos, destaca la estabilidad precaria de las condiciones socioeconó-micas de las naciones.
El avance de las comunicaciones tuvo un rol central dentro de la seguridad sanitaria internacional. La universalidad y velocidad de la información permite que los brotes de enfermedades infecciosas en cualquier parte del mundo sean percibidos como amenazas locales en potencia. A menudo, la información no comprobada e inexacta en relación con brotes desencadena reacciones excesivas que causan alarma y respuestas inapropiadas.

EL REGLAMENTO SANITARIO INTERNACIONAL
Reconociendo el vínculo que existe entre la globalización del comercio y los viajes y la propagación de enfermedades, los organismos internacionales trabajaron en la creación de un marco jurídico que fue recientemente redactado: el Reglamento Sanitario Internacional. Fue aprobado en 2005 parar que entre en vigencia a partir de junio de 2007. Esta norma procura “prevenir la propagación internacional de enfermedades, proteger contra esa propagación, controlarla y darle una respuesta de salud pública proporcionada y restringida a los riesgos para la salud pública, evitando al mismo tiempo las interferencias innecesarias con el tráfico y el comercio internacionales”.
Se lo considera un instrumento muy importante para la cooperación y la acción internacionales, en la lucha contra la propagación de epidemias.
En las Américas su aplicación requiere una decidida acción política por parte de los gobiernos, los organismos internacionales, la sociedad civil y los medios empresariales, así como un mayor hincapié en el intercambio de información y el fortalecimiento de los sistemas y la vigilancia de salud pública para contener la propagación de emergencias de salud pública

INFRAESTRUCTURA DE SALUD PÚBLICA
Las emergencias de salud pública destacan los puntos fuertes y los puntos débiles de dicha infraestructura, cuya finalidad es proteger a la población. La detección de las emergencias de salud pública y la respuesta a ellas implican ejercer todas las actividades esenciales de salud pública, incluida la vigilancia, los servicios de atención de salud, la capacidad en materia de laboratorios, los recursos humanos y la comunicación entre diversos actores y el público en general. Se requieren recursos de una alianza intersectorial e interinstitucional en el mundo interdependiente de hoy, donde un episodio epidémico local puede convertirse rápidamente en un suceso y una amenaza económica a nivel mundial.
Detección y notificación. La epidemia de SARS no fue notificada ni detectada en el ámbito internacional desde mediados de noviembre de 2002 hasta fines de febrero de 2003. Como resultado, los primeros casos internacionales encontraron desprevenidos a los sistemas de salud y se produjeron brotes explosivos.
Capacidad de respuesta. Las medidas necesarias para controlar los brotes de dengue en todo el territorio de las Américas amenazan abrumar aún a los sistemas de salud más avanzados. Estos problemas también se plantearían durante una pandemia de gripe o por la liberación intencional de un agente biológico. Por otro lado, las medidas de control extremas aplicadas durante las epidemias de cólera en 1991 interfirieron con el comercio y tuvieron extraordinarias consecuencias en las economías de los países.
Preparativos. Los modelos matemáticos diseñados para la gripe pandémica, basados en las tres pandemias anteriores, demostraron que las medidas de control que no son farmacológicas pueden reducir la repercusión de una pandemia.
Comunicación. Las estrategias y planes de comunicación ayudan a los países a prepararse en todos los niveles para hacer frente a los brotes epidémicos y los desastres nacionales.
Capacidad en materia de laboratorios. La detección temprana de los brotes está estrechamente relacionada con la capacidad de los laboratorios de efectuar el diagnóstico temprano de las enfermedades. Por otro lado, la liberación accidental de agentes biológicos, como en los casos de SARS vinculados con accidentes de laboratorio, subraya la necesidad de mejorar las normas de bioseguridad y la capacitación sistemática del personal.

PROMOCIÓN DE LA SEGURIDAD SANITARIA. DESARROLLO SOSTENIBLE EN ENTORNOS SANOS
La mano del hombre en el medio ambiente y los efectos naturales también toman relevancia frente a la seguridad sanitaria internacional. Los huracanes, los terremotos, los maremotos, los derrames de productos químicos y nucleares, el bioterrorismo y los brotes epidémicos de enfermedades infecciosas nuevas o reemergentes, deben recibir la atención de programas compartidos de salud pública internacional. Frente a la globalización, los desastres a gran escala no sólo dan lugar a la pérdida de numerosas vidas sino también conducen a menudo a un sentimiento colectivo de vulnerabilidad e inseguridad en las comunidades. La salud pública del siglo XXI abarca la naturaleza multidi-mensional de nuevos retos para la seguridad sanitaria internacional. El reciente acento en los factores determinantes sociales es un reflejo de los efectos sobre el medio ambiente y las desigualdades para el desarrollo humano en una economía mundial.

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EL CASO DE LA TBC

Se ha logrado estabilizar la epidemia de tuberculosis por primera vez desde 1993, cuando la OMS la declaró emergencia de salud pública

Según datos de la Organización Mundial de la Salud difundidos en marzo de este año, la epidemia mundial de tuberculosis se ha estabilizado por primera vez desde que, en 1993, la OMS la declarara una emergencia de salud pública. El Informe Mundial sobre el Control de la Tuberculosis revela que el porcentaje de la población mundial afectada por la enfermedad alcanzó su valor máximo en 2004 y se ha mantenido constante en 2005.
En la actualidad, se detecta casi un 60% de los casos mundiales de tuberculosis, y la gran mayoría de ellos se curan. En el último decenio, veintiseis millones de pacientes han sido sometidos a tratamientos antituberculosos eficaces, gracias a los esfuerzos de los gobiernos y de una amplia gama de asociados, pero la enfermedad sigue matando diariamente a 4.400 personas.
Más allá de que la tasa de incidencia de la tuberculosis se estabilizó en 2005, o incluso disminuyó ligeramente con respecto a 2004, el número absoluto de casos sigue aumentando lentamente, debido al aumento de la población mundial. No obstante, el ritmo con que aparecieron nuevos casos de tuberculosis en 2005 fue ligeramente menor que el crecimiento de la población mundial. En 2005 se registraron 8.787.000 casos, en comparación con los 8.718.000 de 2004. Se calcula que la tuberculosis causó 1,6 millones de muertes en 2005, de las cuales 195.000 correspondieron a personas infectadas por el VIH.
A pesar de los signos de que la epidemia puede estar atenuándose, hay importantes obstáculos al avance rápido en la lucha contra la tuberculosis. Entre ellos, destaca la irregularidad del acceso al diagnóstico y al tratamiento en los países. La coinfección por VIH es un obstáculo significativo. La tuberculosis es una importante causa de muerte en pacientes con sida, y el VIH es la principal razón de que no se alcancen las metas de control de la tuberculosis en zonas donde la infección por VIH es frecuente, y en particular en el África subsahariana, donde el sida sigue alimentando la epidemia de tuberculosis.
La tuberculosis extremadamente resistente es otra barrera. La propagación de la tuberculosis extremadamente resistente supone una grave amenaza a los progresos futuros y podría poner en peligro incluso algunos de los avances recientes.
El déficit financiero global es otra de las barreras a vencer. Aunque los fondos destinados al control de la tuberculosis han aumentado considerablemente desde 2002 hasta alcanzar los actuales dos mil millones de dólares, en 2007 serán necesarios otros 1.100 millones para hacer frente a las necesidades financieras del Plan Mundial para Detener la tuberculosis 2006-2015. Para los diez años de vigencia del plan serán necesarios US$ 56.100 millones, de los cuales la mitad serían financiados por los países endémicos y la otra mitad por los donantes, pero los compromisos de financiación actuales indican que hay un déficit de al menos US$ 31.100 millones.

 

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EL REGLAMENTO SANITARIO INTERNACIONAL

Su finalidad es conseguir la máxima seguridad contra la propagación internacional de enfermedades con un mínimo de trabas para el tráfico mundial. El RSI también se propone hacer más eficiente el sistema de notificaciones de las emergencias de salud pública

La finalidad del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) es conseguir la máxima seguridad contra la propagación internacional de enfermedades, con un mínimo de trabas para el tráfico mundial. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, cuando Europa sufrió el azote de epidemias de cólera entre 1830 y 1847. Éstas catalizaron una intensa actividad diplomática y una cooperación multilateral en la esfera de la salud pública, comenzando por la primera Conferencia Sanitaria Internacional (París, 1851).
Entre 1851 y el final del siglo, se negociaron ocho convenciones sobre la propagación de enfermedades infecciosas a través de las fronteras nacionales. A comienzos del siglo XX, se establecieron instituciones multilaterales encargadas de hacer cumplir esas convenciones, entre ellas la Organización Panamericana de la Salud.
En 1948 entró en vigor la Constitución de la OMS y en 1951 sus estados miembros adoptaron el Reglamento Sanitario Internacional, que fue modificado en 1973 y 1981. El RSI estaba inicialmente destinado a ayudar a vigilar y controlar seis enfermedades infecciosas graves: cólera, peste, fiebre amarilla, viruela, fiebre recurrente y tifus. Hoy, sólo el cólera, la peste y la fiebre amarilla son enfermedades de notificación obligatoria.
La última revisión del reglamento fue adoptada en forma unánime, en mayo de 2005, por la Asamblea Mundial de la Salud y las regulaciones fueron programadas para entrar en vigencia en junio de este año. El propósito de la ampliación y alcance del RSI es la prevención, protección, control y provisión de una salud pública responsable para la intervención en las enfermedades en todo el mundo. Por ejemplo, se modificaron las medidas de rutina para reducir la extensión de enfermedades en aeropuertos y puertos. Como así también las guías técnicas en embarcaciones sanitarias y las guías de higiene y sanidad en aviación.
También en el RSI se establecieron cambios para concretar el manejo real de los tiempos en el sistema, lo que requiere de actualizaciones permanentes y previsiones epidemioló-gicas. Se trabajó, además, para hacer más eficiente el sistema de notificación de las potenciales emergencias de salud pública en el ámbito internacional.
La Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) es un mecanismo de colaboración técnica entre instituciones y redes ya existentes que aúnan sus recursos humanos y técnicos para identificar, confirmar y responder rápidamente a brotes epidémicos de importancia internacional.

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