BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos
Aires
Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario
Año
9 Nº76 Abril de 2002
Coordinación: Comité Editorial
INDICE
Actividad física y salud
pública
Actividad física
para una salud mejor
La inactividad
física, factor de riesgo para la salud en América
Políticas de
Estado y estilo activo de vida

7 de Abril : Día Mundial de la Salud
ACTIVIDAD FISICA Y SALUD
PUBLICA
Este año, el Día Mundial de la Salud estuvo dedicado a difundir los beneficios
de la actividad física, no sólo desde el punto de vista del individuo, sino
también como una cuestión de salud pública. Bajo el lema Por tu salud muévete,
la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacó que el ejercicio físico no
sólo puede mejorar la salud y ayudar a mantenerla, sino que además presenta
importantes ventajas sociales y económicas: “Proporciona a las comunidades y a
las economías los beneficios derivados de la reducción de los costos de
atención sanitaria, el aumento de la producción, el mejor rendimiento escolar,
la disminución del ausentismo laboral, el incremento de los beneficios
comerciales y el aumento de la participación en actividades deportivas y
recreativas”1. En muchos países, un gran porcentaje de lo que se invierte en
salud se destina a los problemas que generan la falta de actividad física y la
obesidad. “Es claro que la promoción de la actividad física puede ser una
medida de salud pública altamente costo-eficaz y sostenible” (OMS; 2002).
Existe el prejuicio de creer que la actividad física, como cuestión de salud
pública, no es prioritaria y que debe ser reservada solamente a los países
industrializados, puesto que las naciones en desarrollo ostentan problemas más
graves. En ese sentido, se sabe que la falta de actividad física es una causa
importante de mortalidad, morbilidad y discapacidad. Los datos preliminares de
un estudio de la OMS sobre factores de riesgo indican que la inactividad, o la
vida sedentaria, constituye una de las 10 causas principales de mortalidad y
discapacidad a nivel mundial. Más de dos millones de muertes anuales pueden
atribuirse a la inactividad física. Entre el 60% y el 85% de los adultos de
los países de todo el mundo no hacen ejercicio en la medida necesaria para que
su salud se beneficie. Los estilos de vida sedentarios intensifican las causas
de mortalidad, duplican el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y
obesidad, y aumentan considerablemente el riesgo de cáncer de colon,
hipertensión, osteoporosis, depresión y ansiedad.
Si bien esta alta incidencia de la inactividad física sobre enfermedades y
causas de muerte está largamente demostrada, también se sabe que las grandes
ciudades del mundo en desarrollo, caracterizadas por las aglomeraciones, la
pobreza, la delincuencia, el tráfico, la mala calidad del aire y la falta de
parques, paseos, instalaciones deportivas y recreativas y zonas seguras, hacen
de la actividad física una alternativa difícil. Además, en las zonas rurales
de los países en desarrollo, los pasatiempos sedentarios son cada vez más
populares. Las consecuencias de ello, sumadas a las de otros cambios en el
estilo de vida, son el aumento de los niveles de enfermedades
cardiovasculares, obesidad y diabetes.
Los países de ingresos bajos sufren las mayores repercusiones de estas y otras
enfermedades no transmisibles (el 77% del número total de muertes causadas por
enfermedades no transmisibles se produce en los países en desarrollo), y estas
patologías están aumentando.
A pesar de las sabidas ventajas, la actividad física está en declive y se
debe, en gran medida, a la adopción cada vez mayor de modos de vida
sedentarios. La OMS señala para el Día Mundial de la Salud, que uno de los
desafíos que plantea la prevención de las enfermedades no transmisibles y la
promoción de la actividad física y de otros modos de vida saludables, es
comunicar la importancia de que se actúe en el presente para obtener
beneficios en el futuro. A pesar de que la prevención ha sido el factor que en
mayor medida contribuyó el siglo pasado a la mejora de la salud, en particular
los 30 años agregados a la esperanza de vida, la mayoría de los estudios sobre
gastos de salud indica que sólo se dedica a la prevención una cifra inferior
al 5% de los recursos.
1 Informes preliminares de la OMS.
Más información en www.who.org
o en www.paho.org
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Actividad física para una salud mejor
La actividad física ayuda a prevenir enfermedades y complicaciones de salud.
Además, alivia la depresión, facilita el tratamiento del estrés, y
contribuye a reforzar los vínculos sociales. La OMS señala que muchos de
esos beneficios se pueden lograr con sólo 30 minutos diarios de una
actividad moderada, como caminar
La Organización Panamericana de la Salud (OPS)
sostiene que el concepto de actividad física ha existido durante siglos,
pero recién en los últimos 20 años la ciencia se ha puesto al día con él.
Pruebas irrefutables muestran que quienes llevan una vida activa son más
saludables, viven más tiempo y tienen una mejor calidad de vida que las
personas inactivas. La actividad física ayuda a evitar o retardar la
manifestación de algunos de los flagelos de salud que prevalecen en el mundo
de hoy, incluyendo las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la
osteoporosis, el cáncer de colon, y las complicaciones de salud asociadas
con el sobrepeso y la obesidad. Además, remarca la OPS, un estilo de vida
activo también mejora el estado de ánimo, alivia la depresión y facilita el
tratamiento del estrés. A largo plazo, la actividad física puede mejorar la
autoestima, la agilidad mental y aumentar la interacción social.
Según señala la hoja informativa 2 que la OPS elaboró con relación al Día
Mundial de la Salud 2002, para hombres y mujeres de todas las edades, los
beneficios asociados con un estilo de vida activo pueden aumentar si, a su
vez, se complementa con buenos hábitos en la alimentación.
Por otra parte, la OMS señala que la actividad física se refiere a una
variedad amplia de movimientos musculares y no debe confundirse o asociarse
únicamente con la práctica del deporte. En realidad, hasta ejercicios
moderados como caminar, bailar, andar en bicicleta o subir escaleras
producen beneficios para la salud.
Las sesiones de ejercicio organizadas, adaptadas a la condición física de
cada uno o los simples paseos, pueden brindar oportunidades para mantener
los vínculos con la comunidad, paliando así los sentimientos de soledad y de
exclusión social. También contribuyen a mejorar los niveles de confianza en
uno mismo y la autonomía, cualidades que constituyen la base del bienestar
psicológico.
Los beneficios de la actividad física pueden disfrutarse incluso si la
práctica regular comienza en una etapa tardía de la vida. Si bien mantenerse
activos desde la juventud puede ayudar a prevenir muchas enfermedades, el
movimiento y la actividad regulares también ayudan a aliviar la discapacidad
y el dolor asociados con enfermedades comunes entre las personas de edad,
como la artritis, la osteoporosis y la hipertensión.
VENTAJAS ECONOMICAS
En términos económicos, un estilo de vida físicamente activo es una
inversión económica. Así, por cada dólar invertido en la actividad física,
particularmente en tiempo y equipamiento, se puede ahorrar 3,2 dólares en
costos médicos. La actividad física regular proporciona a las comunidades y
a las economías los beneficios derivados de la reducción de los costos de
atención sanitaria, el aumento de la producción, el mejor rendimiento
escolar, la disminución del ausentismo laboral, el incremento de los
beneficios comerciales y el aumento de la participación en actividades
deportivas y recreativas. En muchos países, un gran porcentaje de los gastos
de salud son generados por la falta de actividad física y la obesidad. La
promoción de la actividad física puede ser una medida de salud pública
altamente costo-eficaz y sostenible.
LAS PERSONAS MAYORES
Las personas de edad que practican actividad física, con frecuencia
fortalecen sus músculos y mejoran su coordinación, lo que les permite seguir
siendo activos y preservar un nivel de vida independiente. Es más, el estar
físicamente activo según uno avanza en edad, ayuda a mantener la agilidad
mental y a reducir la sensación de aislamiento ya que promueve la
interacción social: los estilos de vida activos proporcionan continuas
oportunidades de hacer nuevos amigos, mantener los vínculos sociales, y
relacionarse con personas de todas las edades.
Por otra parte, la OMS señala que “La mejora de la flexibilidad, el
equilibrio y el tono muscular pueden contribuir a prevenir las caídas, que
son una causa importante de discapacidad entre las personas de edad. Se ha
observado que los niveles de enfermedad mental son más bajos entre las
personas físicamente activas. La actividad física también puede contribuir
en gran medida al tratamiento de algunos problemas mentales, como son la
depresión y la enfermedad de Alzheimer”.
Algunas de las patologías más comunes entre las personas de edad avanzada
son: las cardiovasculares, la artritis y la osteoporosis. Si bien mantenerse
activos desde la juventud puede ayudar a prevenir muchas enfermedades, el
movimiento y la actividad regulares también pueden contribuir a aliviar la
discapacidad y el dolor asociados a estas enfermedades. Quienes sufran de
una enfermedad o discapacidad específicas deberán consultar a un médico
antes de participar en una rutina o programa de actividad física. Los
paseos, la natación, los ejercicios de estiramiento, la danza, la
jardinería, el excursionismo y la bicicleta son actividades excelentes para
las personas de edad.
Según las previsiones, el número de personas mayores de 60 años se duplicará
en los próximos 20 años. La mayoría de estas personas vivirá en los países
en desarrollo.
Reducir y retrasar la discapacidad derivada de la edad es una medida de
salud pública esencial, y la actividad física puede ser un factor importante
para crear y mantener el bienestar en todas las edades.
LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES
Entre los niños y adolescentes, la actividad física ayuda a mejorar el
desempeño escolar, aumenta el sentido de la responsabilidad personal y
reduce el consumo de drogas y alcohol. En edades más tempranas, la actividad
física también necesita incluir la práctica de deportes o ejercicios, ya que
estos ayudan a promover el desarrollo físico y la salud de los jóvenes.
Según estudios recientes, los niños de todo el mundo son cada vez más
sedentarios, especialmente en las zonas urbanas pobres. Se están reduciendo
los recursos y el tiempo dedicados a la educación física, además los juegos
informáticos y la televisión están sustituyendo a los pasatiempos
físicamente activos. Se estima que en muchos países, tanto desarrollados
como en desarrollo, más de dos tercios de los jóvenes no son suficientemente
activos. Una actividad física inadecuada en la infancia puede tener
consecuencias de por vida en la salud.
La actividad física regular es muy beneficiosa para la salud física y
mental, y la integración social de los jóvenes. Puede ayudar a los niños y
jóvenes a desarrollar la coordinación, a desarrollar y mantener huesos,
músculos y articulaciones sanos, a controlar el peso corporal y a reducir la
grasa, así como a asegurar el buen funcionamiento del corazón y los
pulmones. Los juegos, el deporte y otras actividades permiten a los jóvenes
expresarse, adquirir confianza en sí mismos, experimentar sentimientos de
éxito, relacionarse e integrarse socialmente. También contribuyen a prevenir
y a controlar los sentimientos de ansiedad y de depresión. La participación
en actividades físicas y deportes adecuadamente orientados también puede
fomentar la adopción de otros comportamientos saludables, en particular a
evitar el tabaquismo, el alcohol y las drogas, así como de los
comportamientos violentos. Los hábitos de actividad física adquiridos
durante la niñez y la adolescencia tienen más probabilidades de mantenerse a
lo largo de toda la vida, y de constituir así la base de una vida activa y
saludable. Por otra parte, los estilos de vida poco sanos: como lo son el
estilo de vida sedentario, las dietas desequilibradas y el abuso de ciertas
sustancias, adquiridos durante los primeros años tienden a persistir en la
vida adulta.
Algunos estudios demuestran que, entre los adolescentes, cuanto más
frecuente es la actividad física, menos probabilidades hay de que consuman
tabaco. También se ha observado que los niños más activos físicamente suelen
tener mejores resultados académicos. Los juegos y deportes de equipo
promueven la integración social positiva y facilitan el desarrollo de
habilidades sociales en los niños.
La educación física y otras actividades físicas escolares también están
disminuyendo. Sólo algunos países ofrecen un mínimo de dos horas semanales
de educación física tanto en las escuelas primarias como las secundarias. Es
probable que esta tendencia negativa se mantenga, e incluso empeore y se
extienda a un número mayor de países. Muchos factores impiden a los jóvenes
la práctica regular de actividad física: la falta de tiempo y de motivación,
un apoyo y una orientación insuficientes por parte de los adultos, los
sentimientos de vergüenza o incompetencia, la falta de instalaciones y
locales seguros para la actividad física y la simple ignorancia de las
ventajas que proporciona.
Las escuelas ofrecen posibilidades únicas para dar a los jóvenes tiempo,
instalaciones y orientación para la actividad física. En la mayoría de los
países representan por medio de los programas de educación física, la única
posibilidad sistemática que se proporciona a los jóvenes de participar en
actividades físicas y aprender de ellas.
LA MUJER Y LA ACTIVIDAD FISICA
La actividad física regular y los buenos hábitos alimenticios pueden mejorar
la salud de las mujeres, y contribuir a prevenir muchas de las enfermedades
que constituyen las principales causas de muerte y discapacidad. Las
enfermedades cardiovasculares son responsables del 50% de las muertes de las
mujeres de más de 50 años en los países en desarrollo. La diabetes afecta a
más de 70 millones de mujeres de todo el mundo; según estimaciones, esta
cifra se duplicará en el año 2025. La diabetes, junto con las enfermedades
cardiovasculares, puede provocar ceguera, daños del sistema nervioso,
insuficiencia renal, úlceras y amputación de los pies. Según un estudio
reciente, incluso una actividad física moderada y unos cambios dietéticos
discretos pueden prevenir más de la mitad de los casos de diabetes no
insulinodependiente.
La actividad física puede, asimismo, contribuir enormemente a prevenir y
controlar la osteoporosis. Las mujeres, particularmente después de la
menopausia, corren un mayor riesgo de padecer osteoporosis que los hombres.
La actividad física regular ayuda a reducir el estrés, la ansiedad, la
depresión y el sentimiento de soledad, lo cual es particularmente importante
para las mujeres, ya que su índice de depresión duplica al de los hombres
tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. La
actividad física ayuda también a desarrollar la autoestima y la confianza y
promueve el bienestar psicológico y la integración social.
Aunque los beneficios sociales y sanitarios de las actividades físicas
deberían alentar, en principio, la participación de las mujeres; no debe
olvidarse que en las zonas rurales y en las zonas suburbanas de bajos
ingresos de los países en desarrollo las mujeres pueden estar ya físicamente
agotadas por otras formas de actividad física “ocupacional” desarrollada
durante toda la jornada dentro y fuera del hogar. Estos grupos de mujeres
necesitarían un programa de medidas de apoyo más equilibrado que incluya
nutrición adecuada, iniciativas de generación de ingresos, asesoramiento
sobre actividades físicas más adecuadas para problemas específicos y
objetivos recreativos más adaptados..
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LA INACTIVIDAD FISICA, FACTOR DE
RIESGO PARA LA SALUD EN AMERICA
El estilo de vida sedentario es uno de los principales factores que
contribuye al desarrollo de las enfermedades no transmisibles. En las
Américas se registra el 77% de este tipo de patologías. Como contrapartida,
tres cuartos de la población lleva una vida sedentaria
La hoja informativa Nº 3 que elaboró la Organización Panamericana de la
Salud -OPS- con motivo de dedicarse el 7 de abril, Día Mundial de la Salud,
a promover y difundir los beneficios de la actividad física, analiza los
riesgos que genera la inactividad física en las Américas.
En este documento se señala que la acelerada urbanización y los cambios
demográficos en la Región tuvieron como resultado importantes cambios en los
estilos de vida , que están conduciendo cada vez más a mayor inactividad
física, a hábitos de alimentación deficientes y a mayor consumo de tabaco.
Estos factores son responsables del rápido incremento de enfermedades no
transmisibles, como las trombo-embolias, las enfermedades coronarias, la
diabetes tipo 2 y algunos cánceres.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas enfermedades crónicas
representan un 60% de las muertes en el ámbito global, cifra que ascenderá a
73% para el año 2020. Actualmente, 77% de las enfermedades no transmisibles
ocurren en países en vías de desarrollo afectando gravemente a adultos que
se encuentran en la plenitud de su vida y en el momento de mayor
productividad.
El estilo de vida sedentario es uno de los factores que más contribuye al
desarrollo de las enfermedades no transmisibles. Casi tres cuartos de la
población de las Américas vive un estilo de vida sedentario (ver figuras 1 y
2).
LA ACTIVIDAD FISICA ENLAS AMERICAS
La OPS, señala algunas de las características de la actividad física en las
Américas:
- Tres cuartos de los adultos no llevan una vida activa.
- La mayoría de la población de todas las edades tiene una vida inactiva.
- La actividad física disminuye con la edad.
- Las mujeres tienden a ser más inactivas que los hombres.
- Las poblaciones de escasos ingresos son más inactivas físicamente.
Las tendencias entre los adultos mayores indican que el nivel de actividad
física regular es muy bajo, en parte debido al mito de que los adultos
mayores no se benefician de la actividad física o no deberían ser
físicamente activos. Ocurre al contrario, la actividad física retarda
significativamente la manifestación de la deficiencia funcional y desarrolla
autonomía.
Se sabe que la actividad física puede contribuir enormemente al tratamiento
de algunos trastornos mentales, como la depresión y el mal de Alzheimer.
Según previsiones de la OMS, las personas mayores de 60 años se duplicarán
en los próximos 20 años, y la mayoría vivirá en los países en desarrollo.
ESTILO DE VIDA SEDENTARIO
La masificación del estilo de vida sedentario no es sólo el resultado de
opciones individuales, sino también del ambiente social que promueve la
inactividad. Por ejemplo, el aumento en el uso de transporte motorizado y el
desarrollo de nuevos instrumentos que facilitan el trabajo y ahorran tiempo,
causan que la población camine menos que en el pasado. Además, en muchos
países, la inseguridad en las calles y la falta de lugares públicos
recreativos son también razones importantes por las cuales muchas personas
se abstienen de ser más activas (ver recuadro Actividad física y ambiente).
Dado este contexto, la poca atención prestada a la educación física en las
escuelas es un motivo de alta preocupación. En muchas escuelas
latinoamericanas, la educación física está siendo progresivamente eliminada
del currículo o reduciéndose a escasamente una hora por semana de ejercicios
pobremente estructurados.
Ser activo durante el transcurso de la vida puede estimularse mediante la
adopción temprana del hábito del ejercicio.
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POLITICAS DE ESTADO Y ESTILO ACTIVO
DE VIDA
La inactividad física no es sólo una cuestión de comportamiento
individual. El desafío de la prevención es tanto responsabilidad de los
gobiernos como de las personas
La Organización Mundial de la Salud señala que existe el mito de creer que
la actividad física sólo es necesaria en los países industrializados porque
las naciones en desarrollo tienen otros problemas. Sin embargo, continúa la
OMS, los niveles de inactividad física son altos en prácticamente todos los
países desarrollados y en desarrollo. En los primeros, más de la mitad de
los adultos no son suficientemente activos. En las grandes ciudades en
rápido crecimiento del mundo en desarrollo, la inactividad física es un
problema cada vez mayor. Las aglomeraciones, la pobreza, la delincuencia, el
tráfico, la mala calidad del aire y la falta de parques, de instalaciones
deportivas y recreativas, y de lugares para pasear hacen de la actividad
física una opción difícil. En San Pablo, por ejemplo, aproximadamente el 70%
de la población es insuficientemente activa. Es claro que la inactividad
física no es sólo una cuestión de comportamiento individual. Por ello, el
desafío de la prevención es tanto responsabilidad de los gobiernos como de
las personas.
Incluso en las zonas rurales de los países en desarrollo, los pasatiempos
sedentarios, como la televisión, son cada vez más populares.
Inevitablemente, ello se ha traducido en un aumento de la obesidad, la
diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Las enfermedades crónicas son
ahora la principal causa de mortalidad en todo el mundo, a excepción del
África subsahariana (donde el sida ocupa el primer lugar). Regímenes de
alimentación insanos, exceso de calorías, inactividad, obesidad y
enfermedades crónicas asociadas, son el problema de salud pública más grande
de la mayoría de los países del mundo.
Los datos obtenidos por la OMS con las encuestas sobre salud realizadas en
todo el mundo son notablemente similares. El porcentaje de adultos
sedentarios o casi sedentarios se sitúa entre el 60% y el 85%.
POLITICA EN MATERIA DE
ACTIVIDAD FISICA
Uno de los desafíos importantes que plantea la prevención de las
enfermedades no transmisibles y la promoción de la actividad física y de
otros modos de vida saludables, es comunicar la importancia de que se actúe
en el presente para obtener beneficios en el futuro. A pesar de que la
prevención ha sido el factor que en mayor medida contribuyó el siglo pasado
a la mejora de la salud, en particular los 30 años agregados a la esperanza
de vida, la mayoría de los estudios sobre gastos de salud indica que sólo se
dedica a la prevención una cifra inferior al 5% de los recursos.
Las actividades de prevención y de promoción de la salud rara vez son
prioritarias para quienes formulan las políticas. Sin embargo, la mayoría de
las decisiones relativas a la prevención se toman a nivel político y no en
el ámbito de la atención de salud. Por consiguiente, es importante que el
trabajo de promoción se dirija no sólo a los individuos, sino también a los
formuladores de políticas (OMS; 2002).
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