| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario
Año 13 Nº 115 Marzo de 2006 Muertes violentas: un
problema de salud pública
MUERTES VIOLENTAS: UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICALa violencia está entre nosotros desde los comienzos de la humanidad. No es un fenómeno nuevo, sin embargo actualmente, los especialistas en salud pública opinan que es un problema altamente preveni-ble. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) la violencia es un problema de salud pública que está aumentando a niveles de pandemia en todo el mundo. La mortalidad por violencia se debe abordar a partir de un punto de vista epidemiológico desde el sector sanitario. En la actualidad, a nivel mundial se observa una disminución de la mortalidad en general, pero en la composición de la estructura, en la mayoría de los países la mortalidad por violencia aparece como un problema central con tendencia al aumento de sus tasas (OPS, 1994). A pesar de que son muertes evitables, la mortalidad por violencia se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública en el mundo. En la mayoría de los lugares en donde las tasas de violencia son altas, las cifras siguen aumentando. La violencia es un problema de salud mundial y a menudo sus víctimas son las más pobres, impotentes o las más vulnerables de la sociedad. Debe ser tratada como una cuestión de salud pública, no sólo porque produce lesiones, discapacidad y muerte, sino también porque influye en el deterioro del entramado de las relaciones sociales de solidaridad y cooperación que se suele denominar “capital social”. La OMS señala que no son necesariamente las sociedades más ricas las que tienen mejores niveles de salud, sino las más igualitarias, es decir, aquellas que poseen alta cohesión social y una fuerte vida comunitaria. La violencia, sin duda, altera el estado completo de bie-nestar físico, mental y social de los afectados y es productora de enfermedad. Es un mal cotidiano capaz de convertir en víctima no sólo a los ciudadanos más vulnerables, sino también a quienes detentan cierto grado de poder (Informe Mundial sobre Violencia y Salud, 2002). La violencia provoca más de un 1.600.000 muertes en el mundo y se sabe que por cada una de ellas, muchas personas sufren heridas y problemas de salud psíquicos, sexuales, reproductivos y mentales, y tiene además una gran variedad de consecuencias para la salud en general: depresión, alcoholismo, dependencia de sustancias psicoactivas, tabaquismo, de- sórdenes alimentarios y del sueño, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. La violencia, sin embargo, es prevenible: no es una cuestión social intratable o una condición inevitable de la humanidad. Resulta de la interacción de múltiples factores, interper-sonales, individuales, comunitarios y sociales. A la hora de evaluar el impacto de la violencia en la salud, el experto de la OPS Etienne Krug señaló que: “las muertes son sólo la punta del iceberg. Estas son las muertes que vemos en los medios, las que se pueden contar más fácilmente. Pero en realidad es una ínfima parte de la carga total de la violencia”. Más allá de los efectos inmediatos y directos de la violencia están sus consecuencias secundarias que son aun más difíciles de medir. En la presente edición del Boletín de Temas de Salud, ofrecemos una actualización de la problemática basada en los últimos documentos de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, que incluye un intersante estudio acerca del tema en la Ciudad de Buenos Aires. LAS FORMAS DE LA VIOLENCIAHace diez años, la OMS reconoció a la violencia como un problema central de salud pública. Hoy, la tendencia mundial es el aumento de sus tasas de incidencia. Fenómeno multifactorial que se presenta en muy distintas expresiones (sociales, individuales, físicas, psíquicas, simbólicas) En 1981, en el encuentro patrocinado por el gobierno holandés y la Organización Mundial de la Salud, realizado en La Haya, se elaboró la siguiente definición de violencia: “Es la imposición interhumana de un grado significativo de dolor y sufrimiento evitable”. En 1996, en la 51ª Asamblea de Salud Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció la violencia como un problema de salud pública. Las muertes por causas externas de tipo intencional (crímenes, peleas, violencia familiar, robos, suicidios, atentados, secuestros, guerras) contribuyen cada vez más a la mortalidad general y a los años de vida perdidos. En América Latina, y en especial en la Argentina, los servicios tanto de urgencia como de atención especializada en rehabilitación física, psicológica y de asistencia social experimentan a diario una creciente demanda originada en hechos violentos. La violencia es un fenómeno que no debe vincularse sólo a problemas de índole individual; la situación social es un factor que, en muchos casos, determina conductas violentas. La violencia debe ser tratada como un problema de salud pública, no sólo porque produce lesiones, discapacidad y muerte, sino también porque influye en el deterioro del entramado de las relaciones sociales de solidaridad y cooperación que se suele denominar “capital social”. La OMS señala que estudios recientes demuestran que no son necesariamente las sociedades más ricas las que tienen mejores niveles de salud, sino las más igualitarias, es decir, aquellas que poseen alta cohesión social y una fuerte vida comunitaria. La violencia, sin duda, altera el estado completo de bienestar físico, mental y social de los afectados, y es productora de enfermedad. Es un mal cotidiano capaz de convertir en víctimas, no sólo a los ciudadanos más vulnerables, sino también a quienes deten-tan cierto grado de poder (Informe Mundial sobre Violencia y Salud, 2002). La violencia provoca más de 1.600.000 muertes en el mundo y se sabe que por cada una de ellas muchas personas sufren heridas y problemas de salud psíquicos, sexuales, reproductivos y mentales, y tiene además una gran variedad de consecuencias para la salud en general: depresión, alcoholismo, dependencia de sustancias psicoactivas, tabaquismo, desórdenes alimentarios y del sueño, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. La violencia, sin embargo, es prevenible: no es una cuestión social intratable o una condición inevitable de la humanidad. Resulta de la interacción de múltiples factores, inter-personales, individuales, comunitarios y sociales. Algunos, vinculados a historias individuales de comportamiento agresivo, disciplina rígida y punitiva, escasa supervisión durante la infancia, asociación con delincuentes, experiencias violentas, tráfico de drogas, acceso a armas de fuego, inequidades económicas y de género, y normas sociales que buscan en la violencia, una solución a los conflictos. En 2003 la OMS la definió como “el uso intencional o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos de desarrollo o privaciones”. La violencia así definida debe ser analizada en su carácter de problema complejo por las numerosas dimensiones que lo conforman. Asímismo, hay que tomar en cuenta que la violencia es una construcción social e histórica, por lo que su definición está íntimamente vinculada a un tiempo, lugar y condiciones de vida determinadas. Ningún factor por sí solo produce violencia, tanto en el ámbito comunitario como individual. La violencia surge de una interacción compleja de factores a nivel del individuo, sus vínculos, la comunidad, la sociedad y la política. En 1996, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la resolución WHA49.25 que declaró la violencia como una prioridad de salud pública mundial. Un año después, se adoptó la resolución WHA50.19, que ratificó un plan de acción integrado de la OMS para un enfoque de salud pública, basado en la ciencia, para la prevención de la violencia e hizo un llamado a realizar más investigaciones en este campo.
Las formas de violenciaEn un reciente trabajo publicado por la Organización Panamericana de la Salud titulado Muertes violentas en la Ciudad de Buenos Aires, una mirada desde el sector salud, se señala que las tres principales, de las numerosas causas violentas que impactan el proceso salud-enfermedad-atención (PSEA), son los accidentes de tránsito, los homicidios y los suicidios. Pero están las otras formas, que si bien no siempre se traducen en mortalidad si pueden hacerlo como morbilidad, son los “otros” accidentes como asfixias por sumergimiento, caídas, envenenamientos, golpes, explosiones, fuego, shock eléctrico, iatrogénicas y radiaciones. Los distintos “cidios”, infanti-cidios, sexocidios, politicidios, etnoci-dios y genocidios. Los tumultos, actos de vandalismo, el robo y el secuestro. Las heridas de guerra, la tortura, el exilio, la violación de los derechos humanos, la invasión a países y la desaparición de personas. Las distintas formas de discriminación social (minorías, grupos estigmatizados, etc.), racial (apartheid, racismo, etc.), de género (machismo), de edad (adultocentrismo). Un tema aparte lo constituyen: la violencia contra la mujer por medio de violación, acoso, discriminación, subvaloración, tráfico, violaciones masivas, embarazo forzado en situaciones de guerra, mutilación genital, abuso sexual, chantaje sexual, incesto; y la violencia contra el niño: battered child, abuso sexual, síndrome de Munchhausen by proxy. También tienen incidencia, la violencia intrafamiliar con sus distintos tipos (física, psíquica, por descuido, sexual o incesto) y la interpersonal (física, verbal o simbólica). El impacto en la salud mental de familiares y allegados a las víctimas, el efecto postraumáti-co y otras formas extienden aún más esta lista tan numerosa como incompleta (Muertes violentas en la Ciudad...). También están las formas silenciadas de violencia, aquellas situaciones que no aparecen a diario registradas como tales, pero que cumplen en millones de personas con la definición de violencia que hemos expuesto. Todas estas formas no pueden considerarse como expresiones del mismo orden, pero sí tienen en común el impactar en el PSEA, agrega el trabajo mencionado.
El impacto en la saludA la hora de evaluar el impacto de la violencia en la salud, el experto de la OPS Etienne Krug opina: “las muertes son sólo la punta del iceberg. Estas son las muertes que vemos en los medios, las que se pueden contar más fácilmente. Pero en realidad es una ínfima parte de la carga total de la violencia”. Más allá de los efectos inmediatos y directos de la violencia están sus consecuencias secundarias que son aún más difíciles de medir. Por ejemplo, los especialitas sostienen que las peores consecuencias de la violencia hacia las mujeres son las indirectas y no las directas. “Las consecuencias psicológicas de la violencia hacia las mujeres suelen ser más devastadoras y más duraderas que las físicas -subraya Elsa Gómez, jefa de la Unidad de Género y Salud en la Organización Panamericana de la Salud (OPS)-. Está demostrado que la violencia es, en parte, la causa de las tasas elevadas de depresión en mujeres y es evidente que afecta su salud reproduc-tiva. Los niños también sufren las consecuencias en el vientre de la madre o durante la niñez. El efecto principal es sobre la salud mental”. LA AUSENCIA DE ESTADISTICASLas estadísticas y estudios epidemiológicos sobre muerte, enfermedades y discapacidades causadas por la violencia son insuficientes. La falta de registro y la mala interpretación conspiran contra un estudio integral y acertado sobre un fenómeno social complejo y multifactorial. “Las dificultades históricas que ofrecen el registro y la interpretación de las estadísticas en salud, producto de la omisión voluntaria e involuntaria de numerosas variables o de las formas de su interpretación, son las mismas que se encuentran en las muertes violentas” (Hugo Spinelli y col., Muertes violentas en la Ciudad de Buenos Aires, una mirada desde el sector salud, 2005). La clasificación internacional de enfermedades establece la categoría “Lesiones o eventos de intención no determinada”, que agrupa a las muertes de las que se desconoce si fueron o no accidentales. En el libro de Spinelli y col. se señala: “Pese a esto, en la problemática de la mortalidad por violencia muy pocas veces se encuentra una historia social y por el contrario, la mayoría de las veces la necropsia nos habla de las causas biológicas de una muerte que reconocemos como eminentemente social. De ahí que los informes estadísticos de defunción constituyan la única fuente de información para las estadísticas de mortalidad por violencia, a pesar de ser evidente que son parte de un expediente administrativo con limitada utilidad para el abordaje de la compleja dimensión de una muerte violenta. La mala calidad de los registros es un aspecto que no puede atribuirse únicamente a la desidia de los médicos, ya que son numerosos los factores que hacen a la inconsistencia de los mismos. Entre ellos podemos reconocer condicionantes políticos, socioculturales e institucionales”. En el mismo trabajo se señalan las limitaciones de los instrumentos actuales de sesgo cuantitativo y se destaca la necesidad de profundizar abordajes de tipo cualitativo del impacto de la violencia en el proceso salud-enfermedad-atención que colaboren a recuperar dimensiones imposibles de abordar con métodos basados exclusivamente en la lógica cuantitativa. “La violencia es un problema mundial de salud pública que no está lo suficientemente documentado. Es necesaria una mejor comprensión de las causas y consecuencias de la violencia, junto con un mayor entendimiento de la eficacia de las distintas estrategias destinadas a prevenir la violencia” (Asociación Médica Mundial, 2003). MEDIOS DE COMUNICACION Y VIOLENCIADefinir a la violencia no es sencillo. En este sentido, son especialmente particulares las percepciones que de ella hacen los medios de comunicación. Para Etienne Krug, Director del programa de violencia y lesiones de la Organización Mundial de la Salud, la violencia es distinta “a la imagen que dan los medios de comunicación, donde se hace hincapié en las formas organizadas de violencia”. Es conocido que los medios de comunicación son antes que nada intermediarios que propagan lo que hacen, dicen o quieren otros actores sociales. Pero no son espacios neutrales que reflejen sin énfasis esas realidades. En los medios no hay mensaje inocente. Es decir, no hay contenido en el cual, como sugería McLuhan, el mensaje no esté imbuido del medio. Si eso vale para los contenidos de ficción, más peculiar puede ser el sesgo que los medios impongan a un acontecimiento violento -o considerado como tal- de la vida real. La profesora brasileña Elizabeth Rondelli ha escrito, en tal sentido: “Los media no sólo se refieren a los actos violentos sino que también ejercitan un cierto grado de violencia al mostrarla al público, a partir de sus modos propios de enunciación. Ese gesto de violencia simbólica ocurre debido al poder que los medios de comunicación tienen de interceder en la realidad, extrayendo de ella hechos, descontextualizándolos, nombrándolos, categorizándolos, opinando sobre ellos y exponiéndolos en las imágenes, a veces exorbitantes, de los closes y big closes”. (Violencia en los medios. la televisión ¿espejo o detonador de la violencia en la sociedad, Raúl Trejo Debarbre, UNAM, 1997). Un informe de la UNESCO de 1990 afirma que el delito y la violencia absorben cerca del 10% de las noticias de radio y televisión. Y por otro lado, la UNESCO da cuenta de una situación paradojal: “La frecuencia y los tipos de violencia descriptos en las noticias no guardan ninguna relación (o guardan una relación inversa) con la violencia registrada por las autoridades”. La atención sanitaria de las consecuencias de la violencia, así como el elevado número de muertes que genera, provocan pérdidas financieras enormes que podrían en parte evitarse con la prevención adecuada Los costos económicos de la violencia se encuentran entre los impactos más difíciles de medir: enormes pérdidas financieras que pueden evitarse con la prevención adecuada. Aunque es difícil obtener cálculos precisos, los costos de la violencia se expresan en los miles de millones de dólares que cada año se gastan en asistencia sanitaria en todo el mundo, además de los miles de millones que los días laborables perdidos, las medidas para hacer cumplir las leyes y las inversiones malogradas por esta causa restan a la economía de cada país. En el mundo, cada año se invierte en salud un monto estimado en 8% del Producto Bruto Interno Mundial, según datos del Banco Mundial (1993). Es difícil determinar cuánto se destina a las muertes y enfermedades por violencia, pero sí queda claro que el sector salud absorbe y sufre las consecuencias de los hechos violentos, con una fuerte demanda en los servicios de urgencias, terapias intensivas y de atención especializada como traumatología, neuroci-rugía, quemados, salud mental y rehabilitación. Lógicamente, esto determina un alto impacto económico y organiza-cional en los sistemas de salud (Fuente: Muertes violentas en la Ciudad de Buenos Aires...). Una de las mayores dificultades para medir los costos de la violencia sobre el sistema de salud, está dada por el cálculo no sólo de los costos directos, sino también de los indirectos. El Informe Mundial sobre Violencia y Salud (OMS, 2002) explica que entre los costos indirectos pueden incluirse, por ejemplo, la provisión de un refugio o lugar seguro y cuidado a largo plazo; la pérdida de productividad como resultado de una muerte prematura, lesión, ausentismo, discapacidad a largo plazo y pérdidas potenciales; la disminución de la calidad de vida y de la capacidad para cuidarse a sí mismos y a otros; el daño a la propiedad e infraestructura pública que conduce a la interrupción de servicios sanitarios, transporte y distribución de comida; la interrupción de la vida cotidiana como resultado de los cuidados para la seguridad personal; la pérdida de incentivos para las inversiones y el turismo, lo que dificulta el desarrollo económico. Desde una perspectiva social, los costos económicos relacionados con la violencia son importantes, sólo los costos directos de salud se elevan al 5% del PDB en algunos países. La atención a las consecuencias de la violencia, y por ende el mayor gasto, recae en su mayoría en el sector público. En el libro Muertes violentas en la Ciudad de Buenos Aires... se dan dos ejemplos concretos en la Argentina: se cita que en el hospital Garrahan, en 1993, de los 33.110 egresos anuales clasificados por causas según frecuencia, muestran entre los cinco primeros lugares a los traumatismos y al envenenamiento. De las operaciones realizadas, el 19,3% corresponden a traumatismos. El segundo ejemplo que ilustra los recursos que se destinan a esta problemática se centra en los accidentes de tránsito, que en la Argentina “provocan la ocupación del 15% de la capacidad hospitalaria pública, pero el impacto va más allá del sector salud. Las pérdidas, sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por destrucción de vehículos se estiman entre US$ tres y cinco mil millones en gastos directos e indirectos, con 30% de la capacidad operativa del sistema judicial ocupada en la resolución de juicios derivados de esos accidentes”. LA VIOLENCIA EN $· El costo directo de las muertes por causas violentas se estimó para las Américas en 10 millones de dólares en 1994, lo que representa el 20% del gasto total nacional en salud de esos países. · En la región para violencia y accidentes de los servicios de urgencia se destina aproximadamente entre 8% y 10% del presupuesto total hospitalario (OPS, 1996). LAS RESPUESTAS DE LA SALUD PUBLICA El impacto de la violencia sobre la salud pública determina una fuerte demanda de atención y servicios sanitarios. La respuesta a las consecuencias de la violencia deben ser múltiples e interdisciplinarias “La violencia es un problema prevenible -afirma Etienne Krug, director del programa de prevención de la violencia y las lesiones, de la Organización Mundial de la Salud (OMS)-. Puede controlarse con las herramientas que tenemos para todos los problemas de salud pública, por eso tenemos que utilizarlas con más frecuencia de lo que se ha hecho hasta ahora para hacer frente a este problema”. Para lograr una mayor respuesta de la salud pública ante este fenómeno, un equipo de expertos de todo el mundo elaboró en 2002 el Informe mundial sobre violencia y salud, el primer estudio de su tipo a esta escala. En este documento se indica que en el año 2000, más de 1.600.000 personas perdieron la vida por causa de la violencia, lo que significa que cada día más de 4.000 personas en el mundo tuvieron una muerte violenta. Aproximadamente, la mitad de esta cifra es por suicidio, casi un tercio por homicidio y el resto por conflictos violentos. Estas muertes constituyen sólo la punta del iceberg: la información disponible tiende a venir de países de altos ingresos con sistemas de información establecidos y es sabido que muchas formas de violencia son más frecuentes en contextos de bajos ingresos que no pueden entregar información a la Organización Mundial de la Salud para construir las estadísticas. Además de los problemas potenciales de recolección de información, una variedad de distintas formas de violencia, maltrato y abandono del niño, violencia en la pareja y maltrato del anciano, por nombrar algunos, no son sistemática ni suficientemente informados, debido al miedo, vergüenza o normas culturales. Por cada joven muerto por homicidio, al menos 20 a 40 jóvenes son atendidos en hospitales con heridas causadas por violencia. Una de cada cinco mujeres y 5% a 10% de hombres afirman haber sido víctimas de abuso sexual en la niñez. Estudios internacionales basados en la población indican que entre 10% y 69% de las mujeres afirman haber sufrido algún tipo de agresión física por su pareja. Además de los efectos directos del daño causado por la violencia, hay una amplia gama de efectos de salud, incluidos los problemas de salud mental y reproductiva, las enfermedades de transmisión sexual y otros problemas de salud. Los efectos de salud debidos a la violencia pueden durar años y pueden incluir incapacidad física o mental permanente.
Respuesta de la salud pública¿Qué puede aportar un enfoque de salud pública? Por definición, la salud pública no se ocupa de los pacientes a título individual. Su interés se centra en tratar las enfermedades, afecciones y problemas que afectan a la salud, y pretende proporcionar el máximo beneficio para el mayor número posible de personas, lo no cual significa que la salud pública haga a un lado la atención de los individuos, sino que su enfoque a cualquier problema es interdisciplinario y se basa en datos científicos. El enfoque de la violencia desde la perspectiva de la salud pública se basa en los requisitos rigurosos del método científico. Al pasar del planteo del problema a la solución, este enfoque sigue cuatro pasos fundamentales. - Obtención de tantos conocimientos básicos como sea posible acerca de todos los aspectos de la violencia, mediante la recopilación sistemática de datos sobre la magnitud, el alcance, las características y las consecuencias en los niveles local, nacional e internacional. - Investigación de por qué se produce la violencia; es decir, llevar a cabo estudios para determinar: las causas y los factores correlativos de la violencia; los factores que aumentan o disminuyen el riesgo de violencia; los factores que podrían modificarse mediante intervenciones. - Búsqueda de posibles formas de prevenir la violencia, usando la información descrita en un paso anterior, mediante el diseño, la ejecución, la vigilancia y la evaluación de intervenciones. - Ejecución de acciones que en diversas circunstancias resulten efectivas, acompañadas de una difusión amplia de información y de una evaluación de la eficacia en relación con los costos de los programas. La violencia es el resultado de la acción recíproca y compleja de factores individuales, relacionales, sociales, culturales y ambientales. Comprender la forma en que estos factores están vinculados con la violencia es uno de los pasos importantes en el enfoque de salud pública para prevenir la violencia.
Tipos de prevenciónLas intervenciones de salud pública se clasifican en tres niveles de prevención: - Prevención primaria: intervenciones dirigidas a prevenir la violencia antes de que ocurra. - Prevención secundaria: medidas centradas en las respuestas más inmediatas a la violencia, como la atención prehospitalaria, los servicios de urgencia o el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual después de una violación. - Prevención terciaria: intervenciones centradas en la atención a largo plazo, con posterioridad a los actos violentos, como la rehabilitación y reintegración, e intentos por reducir los traumas o la discapacidad de larga duración asociada con la violencia. Los investigadores en el campo de la prevención de la violencia se inclinan cada vez más por una definición de la prevención de la violencia centrada en el grupo al que va destinada. Esta definición agrupa las intervenciones del siguiente modo: - Intervenciones generales: están dirigidas a ciertos grupos o a la población general sin tener en cuenta el riesgo individual. - Intervenciones seleccionadas: están dirigidas a las personas consideradas en mayor riesgo de padecer o cometer actos de violencia. - Intervenciones indicadas: están dirigidas a las personas con antecedentes de comportamiento violento. (OMS. Violencia: una prioridad de salud pública, 1996. Documento WHO/EHA/SPI.POA.2).
RecomendacionesA partir de lo expuesto, podemos decir que la respuesta de la salud pública es múltiple. El Informe Mundial sobre la Violencia formula, en resumen, nueve recomendaciones para tomar medidas eficaces en la reducción de la violencia: 1. formular, ejecutar y vigilar los planes nacionales de acción para la prevención de la violencia; 2. Mejorar la recopilación de datos sobre la violencia; 3. Apoyar la investigación de las causas, del impacto y de la prevención de la violencia; 4. Promover las respuestas básicas de la prevención; 5. Fortalecer las respuestas para las víctimas de la violencia; 6. Integrar la prevención en las políticas sociales y educacionales; promover la igualdad social y de género; 7. Aumentar la colaboración y el intercambio de información sobre la prevención de la violencia; 8. Promover y vigilar el acatamiento de tratados y leyes internacionales sobre derechos humanos; 9. Buscar respuestas internacionales al tráfico mundial de drogas y armas.
Otra fuente consultada: La revista de la Organización Panamericana de la Salud. Volumen 8, Número 3, 2003. “Pandemia de violencia. La salud pública puede ayudar a controlarla”, Donna Eberwine. PARTICIPACION DE LA COMUNIDAD MÉDICA INTERNACIONALSin tener en cuenta la diversidad de factores que producen la violencia, existe una característica común a todas las formas de violencia: los efectos de salud sufridos son una preo-cupación directa para la comunidad médica. Los médicos pueden ser víctimas de la violencia en sus lugares de trabajo o en otras partes. En algunos casos, los médicos se pueden ver involucrados en actos de violencia o maltrato. Toman decisiones sobre el traslado y la atención coordinada en especialidades y sectores de salud, planifican seguimientos a largo plazo y atención de inca-pacidades y en algunas circunstancias, han contribuido como profesión a la prevención de la violencia. Ya sea como pediatra al evaluar si un niño ha sido víctima de maltratos, como médico cirujano de emergencia al prestar atención a una víctima de disparos, como psiquiatra que trata las consecuencias psicológicas de la violencia de pareja o cualquier otro tipo de caso; la realidad es que más que ninguna otra profesión, la comunidad médica es protagonista en la respuesta a los efectos de la violencia para la salud. “La profesión médica debe defender a nivel local, nacional e internacional las estrategias eficaces para prevenir la violencia y limitar sus consecuencias en la salud. Además, la profesión médica debe denunciar todo intento de mostrar o utilizar un comportamiento violento como solución a problemas personales, sociales o políticos” (Asociación Médica Mundial, 2003). DATOS RELEVANTES· En las Américas, 159.000 personas fueron víctimas de homicidio en 2000 y otras 65.000 murieron por suicidio. En la mayoría de las regiones, hay más suicidios que homicidios. · En todo el mundo, la violencia es una de las causas principales de muerte entre los 15 y 44 años y es responsable del 14% de las muertes en hombres y del 7% de las muertes en mujeres. · Por cada muerte a causa de la violencia hay muchas lesiones no mortales que pueden dejar secuelas de largo plazo. · Además del sufrimiento humano, la violencia trae costos sociales y económicos sustanciales para los países. LA VIOLENCIA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRESLa violencia en la ciudad de Buenos Aires constituye un grave problema de salud pública y su impacto en la salud de las personas y en la estructura de gastos de los servicios de salud resulta cada vez mayor. El libro Muertes violentas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Una mirada desde el sector salud1 presenta un trabajo de investigación realizado por un equipo de investigación que forma parte del plantel docente de la maestría de epidemiología, gestión y políticas de salud de la Universidad de Lanús, en el marco de la beca Ramón Carrillo-Arturo Oñativia otorgada por la Comisión Nacional de Investigaciones Sanitarias (CONAPRIS) del Ministerio de Salud de la Nación. Brinda un claro panorama sobre la situación con respecto a lo ocurrido en la última década en relación a la mortalidad por causas violentas en la Ciudad de Buenos Aires. En la publicación se analizan los diferentes tipos de muertes violenta por barrio, sexo, edad, período, densidad de población y ocupación. El trabajo permite detectar las zonas con mayores accidentes, suicidios, homicidios y, a partir de la descripción, formular desde el plano político, recomendaciones para mejorar la situación social y sanitaria de la Ciudad. Algunos resultados. El 32,5% del total de muertes violentas analizadas correspondió a causas de violencia ignorada, el 27,7 a accidentes, el 22,8% a suicidios y el 17,0% a homicidios. Otro dato que se rescata es que en el período estudiado, las muertes por violencia correspondieron a alrededor de un 70% a hombres y sólo un 30% a mujeres. Y las muertes de varones por homicidio se incrementaron notablemente entre 2001 y 2002 en relación a las otras muertes violentas. Las heridas de bala (19,1%), los accidentes de tránsito (11,2%), las caídas (10,5%) y accidentes ferroviarios (6,2%) aparecen como las circunstancias de muerte de mayor proporción en la población estudiada. Los sitios más frecuentes de muerte fueron, con muy poca diferencia, la casa (31,5%) y la vía pública (30.6%). En los establecimiento públicos también se registraron numerosas muertes (19,1%) mientras que en los privados se registró un número menor (8,5%).
1 Hugo Spinelli y col. Organización Panamericana de la Salud, Representación Argentina, 2005. |