| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
12 Nº 106 Marzo de 2005 El calentamiento global:
una bomba de tiempo
EL CALENTAMIENTO GLOBAL: UNA BOMBA DE TIEMPO El calentamiento global es una amenaza seria y creciente que no deja a ningún país -inclusive a los más ricos- al margen de los desastres producidos por los cambios extremos del clima y el aumento del nivel del mar, que serán cada vez más severos si no se toman medidas al respecto según predicen los científicos. Así comienza el informe Enfrentar el desafío climático. Recomendaciones del Grupo Internacional de Trabajo sobre Cambio Climático1, elaborado por el Instituto para la Investigación de Políticas Públicas del Reino Unido, el Centro para el Progreso Americano de los Estados Unidos y el Instituto Australia. El trabajo analiza las actuales condiciones y sus proyecciones a futuro; recomienda acciones tendientes a prevenir catástrofes naturales y contrarrestar sus efectos, a reducir la producción de dióxido de carbono –principal causa del calentamiento-; además sugiere estrategias de adaptación a las nuevas condiciones climáticas y destaca la importancia de difundir estos conceptos para lograr concientización al respecto. En este número del Boletín de Temas de Salud traducimos los aspectos más salientes del documento que sostiene, por ejemplo, que reduciendo las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero se puede mitigar el calentamiento global, asegurar la disponibilidad de energía y controlar el desarrollo tecnológico de manera viable, tanto para la economía como para el medio ambiente. La producción de energía limpia y tecnologías que no atenten contra el clima proveerá nuevas oportunidades comerciales y posibilidades de prosperidad. Sin embargo, como las causas del calentamiento son globales, el desafío sólo puede ser enfrentado con el trabajo conjunto de todo el mundo. Si bien esto involucra una gran dificultad política, se manifiesta la certeza de que es posible llevarlo a cabo. El informe se publicó en enero de este año, justamente cuando entró en vigencia el Protocolo de Kyoto2 y ya se han comenzado a analizar acciones globales para afrontar el calentamiento global. Con el fin de desarrollar estrategias para avanzar en este objetivo, los autores del informe constituyeron el Grupo de Trabajo sobre Cambio Climático (ente internacional con representación de todos los sectores, de líderes del servicio público, ciencias, negocios y de la sociedad civil, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo). Según los autores, la fuerza de las recomendaciones radica en que han encontrado razones y necesidades comunes, por lo tanto tienen un camino para comprometer a todos los países, inclusive a aquellos que no integran el Protocolo de Kyoto, e involucra tanto a los países pobres como a los de mayor riqueza. Aclaran que el informe no ha podido abarcar exhaustivamente cada aspecto del complejo problema del calentamiento global y por lo tanto no es definitivo, y que después de este año planean publicar un nuevo trabajo. No obstante, el informe actual pretende ser la base para la acción futura; pero el tiempo es corto y si se quiere ganar la batalla contra el cambio climático, se requieren las acciones ahora, ya que como sostienen los responsables del informe, el calentamiento global es una “bomba de tiempo” que debe ser desactivada lo antes posible. 1 Meeting the climate challenge. Recommenda-tions of the International Climate Change Taskforce. La version completa en inglés puede consultarse en http://www.tai.org.au 2 Rige desde el 16 de febrero, obliga a 30 países industrializados, entre ellos la Argentina, a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 5,2% promedio entre 2008 y 2012 con respecto a los niveles registrados en 1990. CAMBIO CLIMATICO: PANORAMA GENERAL El calentamiento global es uno de los desafíos más serios que debe enfrentar la humanidad en el siglo XXI; si no se implementan acciones a largo plazo, las consecuencias serán aún más peligrosas que en la actualidad. Es necesario el compromiso de todos los países del mundo, industrializados o no, para implementar acciones a corto y a largo plazo
El calentamiento global representa uno de los desafíos más serios y de mayor alcance que enfrenta la humanidad en el siglo XXI. El acuerdo general internacional de opinión científica, llevado adelante por el Panel Intergubernamental en Calentamiento Global, está de acuerdo en que la temperatura global está aumentando y en que la causa principal es la acumulación de dióxido del carbono y otros gases de efecto invernadero que son emitidos en la atmósfera como resultado de las actividades humanas. Además, hay acuerdo en que la amenaza se agravará en las décadas venideras. El fracaso en las acciones para frenar esta amenaza probablemente tendrá costos sumamente altos, en especial económicos: los fenómenos climáticos extremos como las sequías y los diluvios serán cada vez más frecuentes y destructivos; comunidades, ciudades e islas se inundarán debido al aumento del nivel del mar y la actividad agrícola puede verse interrumpida. Por otro lado, los costos sociales y humanos serán aún mayores: gran cantidad de pérdidas de vida, crecimiento y exacerbación de enfermedades, desplazamiento obligado de poblaciones, inestabilidad geopolítica y disminución pronunciada en la calidad de vida. Además, el efecto puede ser devastador sobre los ecosistemas y la biodiversidad. La prevención de los cambios climáticos se debe considerar como condición tanto para la prosperidad y el bienestar de la población, como para la seguridad nacional y la salud pública. Por el contrario, el costo de acciones inteligentes y eficaces para enfrentar el desafío importa cifras completamente manejables, sin necesidad de cambiar las normas de vida. Además, encarando las acciones y desarrollando un régimen de política climática a largo plazo, se asegura que los beneficio de la protección del clima tendrán un costo menor. El calentamiento global, la importancia de la energía segura y la necesidad urgente de aumentar el acceso a modernos servicios de energía para los países pobres del mundo, crea la enorme necesidad de contar con suministros de energía eficaces, pero con contenido de carbono muy bajo o nulo. En este siglo XXI se necesita una revolución tecnológica que involucre el desarrollo y rápido despliegue de energía más limpia y tecnologías de transporte. Reduciendo las emisiones de los gases de efecto invernadero y desplegando nuevas tecnologías que no sean agresivas para el clima, las compañías podrían crear fuentes de trabajos y lanzar una nueva era de prosperidad económica. El esfuerzo político y económico requerido es grande pero posible. Muchas de las tecnologías necesarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero –que usen la energía más eficazmente y la generen de fuentes renovables–ya existen. Son económicas y su uso sería beneficioso, a la vez que se continuaría promoviendo la energía segura y estimulando la innovación. Otras tecnologías requieren desarrollo a largo término. Los gobiernos y compañías que no comprendan la urgencia quedarán relegados ya que sus competidores están perfilando estrategias para competir en un mundo con control de carbono. Los gobiernos ya han empezado a trabajar juntos contra la amenaza del calentamiento global en 1992, cuando se formó la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, según sus siglas en inglés) y el Protocolo de Kyoto. La acción de algunos países sólo representa un principio, pero la meta fijada por el Reino Unido de reducir en un 60% las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2050 es el principal ejemplo de compromiso gubernamental e ilustra los cambios que deben lograrse. La acción concreta y vigorosa para reducir las emisiones globales debe empezar ahora, evitando las opciones de estabilización del clima y previniendo los cambios climáticos extremos. Es esencial afianzar los compromisos futuros adecuados y justos para actuar tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo, siempre sobre las base de responsabilidades comunes pero diferentes, que se adecuen a las posibilidades de cada uno. Sobre todo, teniendo en cuenta que los países en vías de desarrollo son los menos responsables por el cambio climático, pero los más vulnerables a él; por lo tanto, es un deber de los países desarrollados ayudarlos. Respondiendo a la necesidad de desarrollar propuestas para consolidar y trazar lineamientos que aseguren las acciones a largo plazo que permitan enfrentar el calentamiento global, se creó el Grupo de Trabajo Internacional sobre Calentamiento Global -compuesto por científicos, oficiales públicos y representantes de negocios y de organizaciones no gubernamentales. Las recomendaciones desarrolladas por este grupo se dirigen a todos los gobiernos y políticos del mundo; no obstante, se hace especial énfasis en aconsejar de manera independiente a los gobiernos del Grupo de los Ocho (G8) y la Unión europea (EU). Las recomendaciones, además, se hacen en el contexto de las negociaciones internacionales que se han iniciado en 2005 con el fin de encarar en el futuro la acción conjunta sobre el calentamiento global y la necesidad de comprometer a los gobiernos de los países industrializados que aún no han ratificado el Protocolo de Kyoto. RECOMENDACIONES DEL GRUPO SOBRE CALENTAMIENTO GLOBAL Se dirigen a todos los gobiernos y políticos del mundo, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo. El informe sostiene que en el lapso de diez años, el planeta sufrirá una serie de cambios que alterarán la vida en el planeta, propagarán enfermedades y aumentarán las temperaturas, y que si se quiere ganar la batalla, se requiere actuar ahora
1) Objetivo a largo plazoLa Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, según sus siglas en inglés) se apoya en el objetivo fundamental de dirigir la acción internacional sobre el calentamiento global. Este objetivo, con el que estuvieron de acuerdo 189 naciones, incluyendo los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo, apunta a lograr la estabilización de las concentraciones de gas de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que podría prevenir las interferencias antropogénicas peligrosas para el clima. A diez años de la conformación del UNFCCC, ese objetivo permanece indefinido. Por consiguiente, el Grupo de Trabajo recomienda que los gobiernos, como mínimo, inicien el proceso interno para alcanzar el acuerdo en un objetivo nacional a largo plazo. Ellos también se deben apoyar en la iniciación de negociaciones políticas para fijar objetivos globales a largo plazo, lo cual se haría bajo los auspicios de la ONU. En la esperanza de que esos procesos están teniendo lugar, se analizó cuál de los objetivos climáticos a largo plazo del UNFCCC era necesario cumplir estrictamente. La evidencia científica sugiere que hay un umbral de aumento de temperatura por encima del cual la extensión y magnitud de los impactos del calentamiento global se tornan críticas y aumentan la gravedad. Nadie puede decir con certeza de cuánto es ese umbral, pero es importante hacer una valoración basada en la ciencia disponible. Sobre la base de una revisión extensa de la literatura científica, se propone como objetivo a largo plazo impedir que la temperatura media global aumente más de 2°C (3.6°F) sobre el nivel preindustrial (nivel registrado en el año 1750, cuando las concentraciones de dióxido del carbono -CO2- comenzaron a subir apreciablemente como resultado de actividades humanas). Por encima de esa cifra, crecen significativa-mente los riesgos para los humanos y los ecosistemas. Por ejemplo, es probable que se produzcan pérdidas agrícolas sustanciales, incremento de personas con escasez de agua dulce e impactos adversos en la salud. Si el aumento global excede los 2°C puede ponerse en peligro una proporción muy alta de los arrecifes de coral del mundo y causar un daño irreversible a los ecosistemas terrestres, incluyendo la selva del Amazonas. También aumentan los riesgos de cambios climáticos abruptos, acelerados o imprevistos, y puede significar el derretimiento de la capa de hielos de Groenlandia, la interrupción de la corriente del Golfo y la desaparición de los bosques y tierras del planeta. Todavía no está científicamente comprobado a qué temperatura global corresponde la trayectoria de concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, pero de acuerdo con los datos actuales, se predice que la temperatura global se incrementará entre 1,4 y 5,8°C para el año 2100, lo cual sería un incremento mucho mayor a cualquiera de los experimentados en los últimos 10.000 años. En general, cuanto más rápido cambie el clima, mayor será el riesgo de que se presenten daños. Se espera que el nivel medio del mar se eleve entre 9 y 88 cms para el año 2100, causando inundaciones en áreas bajas y otros daños. Otros efectos podrían incluir un incremento en la precipitación global y cambios en la severidad o frecuencia de eventos climáticos extremos. En ausencia de políticas específicas para controlar las emisiones de estos gases, se espera que las concentraciones atmosféricas de bióxido de carbono aumenten de las 380 partes por millón (ppm) actuales a entre 490 y 1,260 ppm para el año 2100. Esto representaría un incremento de entre 75% y 350% desde el año 1750. Estabilizar las concentraciones en, por ejemplo 450 ppm, requeriría que las emisiones globales se redujeran durante las próximas décadas por debajo de sus niveles a 1990.
2) Marco de trabajo global para el compromiso post 2012 Para lograr el objetivo a largo plazo de limitar el aumento de temperatura global a 2°C, el Grupo de Trabajo del UNFCCC recomienda que todos los países acepten limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, “sobre la base de la equidad, con un fin común pero con diferentes responsabilidades, de acuerdo con las capacidades respectivas”. Se recomienda el desarrollo de un marco de trabajo global para el período post 2012 que permitiría que todos los países contribuyan a resolver el problema del calentamiento global de una manera justa, ubicando a los países en diferentes fases, según sus circunstancias internas. Los países desarrollados permanecerán en las dos fases: aquellos ya industrializados y los que tienen economías en transición. Como un arreglo transitorio, a EE.UU. y Australia (asumiendo que no cambien sus posiciones de no ratificar el Protocolo de Kyoto), se los coloca en una situación de stand by, con el objetivo de integrarlos lo más pronto posible. Así, los países desarrollados asumen legalmente el compromiso de la reducción profunda de la emisión de gases, que se extiende más allá de 2012 y que se negociaría periódicamente. Ellos participarán transfiriendo mayor tecnología y los recursos financieros necesarios a los países en vías de desarrollo para la mitigación de los desastres y la adaptación a las nuevas condiciones, de acuerdo a los mecanismos definidos por el UNFCCC, el Protocolo de Kyoto y acuerdos asociados. Los países en vías de desarrollo progresarán a través de tres fases: durante la primera se los incentivará a alinearse con los objetivos climáticos y de desarrollo a través de incentivos, adoptando políticas y medidas tendientes a mermar las emisiones; en la segunda fase se comprometerán a reducir la intensidad del carbono en ciertos sectores de sus economías, particularmente la energía y sectores de transporte; finalmente, se ubicarán en ciertos objetivos de reducción de carbono como ocurre actualmente con los países desarrollados.
3. La tecnología y las sociedades comerciales El objetivo de impedir que la temperatura global suba más de 2°C requiere acciones a corto plazo para empezar a reducir las emisiones, especialmente en los países claves. Esto incluye a aquellos que como los Estados Unidos y Australia no han ratificado Kyoto, así como las grandes economías en vías de desarrollo que no han sido convocadas. Por sobre todo, la estrategia se debe enfocar en las fuentes de energía con contenido de carbono bajo o nulo e incluir la energía renovable y el crecimiento de energía eficaz. Como parte de esa estrategia, se deben lograr acuerdos en el ámbito regional con los emisores más importantes, utilizando tecnología de desarrollo complementaria que ya está en uso. El Grupo de Trabajo recomienda que los gobiernos del G8 jueguen un papel fundamental a cumplir en dos etapas: - Primero, para el año 2010 deben aumentar casi en dos veces su gasto en investigación, desarrollo y avance tecnológico para el uso eficaz de la energía y para el suministro de energía con nivel de carbono bajo o nulo. - Luego, los gobiernos de los países del G8 deben establecer normas nacionales para generar por lo menos el 25% de electricidad de fuentes de energía renovables para 2025, siguiendo modelos establecidos por un número creciente de países desarrollados y en vías de desarrollo. El Grupo de Trabajo también recomienda que el G8+ Grupo del Clima adopte algunas iniciativas que proporcionan ejemplos innovadores de cómo comprometer a los distintos países para que construyan estrategias de mitigación confiables, entre ellos acciones inmediatas de reducir emisiones en el transporte y en los sectores de energía estacionarios, enfocándose en áreas donde hubo poco progreso. Estas iniciativas son: a) Vehículos más rendidores: el sector del transporte causa aproximadamente la tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, cantidad que se debe reducir orientándose al mayor rendimiento de los combustibles. Por ejemplo el uso de autos híbridos, que funcionan con nafta y electricidad, puede reducir al menos la tercera parte de consumo de combustible. Se recomiendo la creación de un equipo de tecnología para acelerar la penetración de este tipo de vehículos más rendidores en el mercado. Esto se lograría a través del mejoramiento de las normas de rendimiento de los combustibles o con incentivos como tasas libres de compra. A su vez, los gobiernos pueden comprometerse a otorgar incentivos impo-sitivos para la reestructuración de las plantas industriales y a reemplazar sus propios vehículos con otros de mayor rendimiento, elevando la demanda y reduciendo los costos de producción y la diferencia de precios entre ellos. b) Biocombustibles: las emisiones relacionadas con el transporte también se pueden reducir cambiando los combustibles fósiles por otros extraídos de fuentes de energía renovables como los biocombustbiles, sobre todo aquellos que derivan de la celulosa y que pueden mezclarse con los derivados del petróleo. El Grupo de Trabajo recomienda que el G8+ el Grupo del clima desvíen los subsidios agrícolas hacia los biocombustibles. Los gobiernos deben buscar promover producción de etanol tradicional, como el caso de Brasil, donde un tercio del combustible utilizado en transporte proviene del etanol derivado de la caña de azúcar y sostienen que podrían aumentar las tecnologías de etanol de celulosa emergentes. Se deben apoyar las medidas para aumentar la penetración de biocombustibles al mercado, brindando garantías y promoviendo métodos de cultivo susten-tables, con el fin de proteger cultural y ecológicamente el estado de la tierra y proteger la biodiversidad. c) Carbón más limpio: se recomienda que los subsidios a los proyectos de combustible fósil se reduzcan progresivamente en el tiempo, dando prioridad a los proyectos de apoyo a la energía renovable y eficaz. En la práctica, eso significa desplegar tecnologías gene-radoras de electricidad que ofrezcan mejores perspectivas para capturar el carbono de una manera efectiva, manteniéndolo lejos de la atmósfera a través de tecnología económicamente viable. En este sentido, las plantas de Ciclo Combinado de Gasificación Integrada (IGCC, según sus siglas en inglés) son la mejor opción disponible, no obstante ser en la actualidad más costosas que las plantas tradicionales. Sin embargo, ofrecen mejores posibilidades económicas al permitir la poligeneración: además de la electricidad producen químicos como combustibles líquidos e hidrogenados; y ofrecen beneficios inmediatos para la salud al reducir la emisión de tóxicos que provocan las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, causantes de miles de muertes anuales en los países que se van industriali-zando rápidamente. La diferencia de costos resulta muy grande. Por lo tanto, se deben proveer créditos para la construcción de este tipo de plantas, sin que esto signifique el retiro de fondos para proyectos de fuentes de energía renovable y eficaz. d) Comercio de las emisiones: se deberían implementar programas nacionales de comercio de emisiones para permitir su integración progresiva en un régimen comercial internacional común. La integración exitosa de estos programas ofrece varios beneficios: creando un mercado unificado se reduce la volati-lidad del precio; operando en mercados diferentes, las empresas multinacionales podrían beneficiarse al regirse por las mismas reglas; otorgando importancia a las empresas multinacionales en las políticas climáticas multilaterales, se comprometería el desarrollo de un nuevo plan de trabajo; creando un nexo para la participación más activa de EE.UU. y Australia, se crearía la base para la integración de esos países en el marco de trabajo post 2012. Se recomienda la adopción, en todos los países industrializados, de programas de comercio nacional, con normas comunes para medir las reducciones en las emisiones y informar acerca de ellas, así como mecanismos claros y precisos de obediencia a nivel nacional, para facilitar la integración futura de sistemas comerciales, además de desarrollar normas comunes para los proyectos y proporcionar incentivos adicionales que resulten atractivos para los países en vías de desarrollo.
4) Manejar un futuro mundial de energía con bajo nivel de carbono Ayudar a los países a reducir la intensidad del carbono en sus economías les permitirá que adopten compromisos firmes en negociaciones venideras acerca del clima en el nivel internacional. La tendencia de la modernización tecnológica debe ser reducir la intensidad del carbono en las economías y lograr niveles sustentables de consumo de energía, basados en el aumento de la eficacia en el uso de la electricidad y en la tecnología para lograr el niveles de carbono bajos o nulos. El medio para lograr las reducciones de carbono más rápidas, más baratas y más fáciles es el aumento de la eficacia en el uso de energía en casas, oficinas, vehículos y la industria, pero esto no alcanza para llegar a la reducción necesaria. Son imprescindibles grandes inversiones para generalizar y extender el uso de suministros de energía con niveles de carbono bajo o nulo. Las principales alternativas son los combustibles derivados de materiales de la biomasa que son renovables, la electricidad del viento y la energía fotovoltaica. Las reformas al nivel nacional incluirían: - Nivelación de los combustibles renovables con los fósiles, y redireccio-namiento de los subsidios hacia los biocombustibles, adoptando un sistema de comercio unificado e incentivando la contribución a la reforma ecológica. - Uso de mecanismos financieros gubernamentales innovadores con fondos de apoyo para proyectos de energía limpia y seguridad en la inversión, lo que promovería la que se destinen fondos para el desarrollo de tecnología con niveles de carbono bajo o nulo. - Aumento del apoyo para el desarrollo de tecnología de bajo carbono en los países en vías de desarrollo, además de los programas bilaterales y multilate-rales existentes, que incluyan el aumento de la provisión de financiamiento. - Requerimiento a las Agencias de Crédito de Exportación individuales (ECAs) de adoptar normas mínima de eficacia para los proyectos. - Vinculación entre el desarrollo económico local y la descarbonización, relajando las restricciones locales para animar el despliegue de tecnologías de bajo carbono apropiadas para cada lugar e involucrando a los trabajadores locales. - Previsión de la declaración de los riesgos relacionados con el clima por parte de las compañías aseguradoras e inversores institucionales, para que tomen en cuenta los riesgos a largo plazo en sus inversiones como parte de su deber fiduciario. Las reformas al nivel internacional incluirían: - Mayor inversión del Banco Mundial en actividades tendientes a bajar el nivel de carbono en las producciones. - Requerimiento a los organismos internacionales para que se concien-ticen acerca del impacto climático y financien proyectos teniendo en cuenta este aspecto y que favorezcan aquellos que tiendan a incorporar los conceptos de energía limpia y eficaz, disminuyendo la financiación a la producción de combustibles fósiles.
5) Facilitar la adaptación al cambio climático Los países en vías de desarrollo ya están experimentando impactos adversos del cambio del clima y, dado la inercia en el sistema climático global, el aumento en el nivel de impacto futuro es inevitable, más allá de las acciones implementadas para reducir las emisiones. El Panel Interguberna-mental sobre Calentamiento global ha concluido que esos países, a la vez que deben experimentar los impactos más serios del calentamiento global, son los que menos capacidad tienen para adaptarse a ellos. El calentamiento global amenaza con minar muchas del las Metas de la ONU para el Desarrollo del Milenio, incluyendo la erradicación del hambre y la pobreza extremos, con consecuencias severas para los más pobres del mundo, millones de personas que pueden verse forzadas a abandonar su tierra y ser refugiados climáticos. En virtud de eso, los países desarrollados deben aceptar la responsabilidad de ayudar a los países en vías de desarrollo en su adaptación al cambio climático, a la vez que aseguren políticas climá-tológicas que contribuyan directamente a la erradicación de la pobreza. Con ese fin, el Grupo de Trabajo recomienda: - Respetar los compromisos de adaptación existentes. Los EE.UU. y otros países desarrollados hicieron una “declaración política” en la séptima conferencia de las partes del UNFCCC, en Marrakech en 2001, para proporcionar $450 millones (EE.UU.) por año, principalmente para la adaptación. Hasta el momento, sólo han sido entregados $20 millones (EE.UU.). - Proveer fondos adicionales para garantizar la adaptación y solucionar, al menos en parte, la responsabilidad histórica por las emisiones. - Los gobiernos deben aceptar la responsabilidad por los impactos del cambio climático, comenzando el desarrollo de un fondo de compensación internacional para apoyar mitigación, prevención y alivio del desastre, y reubicación previa consulta a los países afectado y a sus comunidades. - Los problemas de adaptación deben figurar en la asistencia de desarrollo, y la ayuda que se invierte en infraestructura a largo plazo debe considerar los fenómenos climáticos y proyectar sus impactos. - Los responsables de trazar las políticas en los países vulnerables deben tener en cuenta las implicancias del calentamiento global para sus ciudadanos y sus economías. Ellos deben aplicar políticas adecuadas, excluyendo aquellas que colocan a las comunidades vulnerables en mayor riesgo. - Se necesita desarrollar investigaciones sobre buena práctica en políticas y tecnologías, así como estrategias de sustento para cubrir los riesgos climáticos esperables. - La ayuda se proporciona para que los países vulnerables puedan construir sus políticas nacionales internas y así poder tomar parte en negociaciones internacionales sobre clima.
6) Comunicar el calentamiento global Hay una necesidad clara de los gobiernos de obtener el apoyo público sobre políticas climáticas, lo que permitirá lograr el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global. El conocimiento público sobre cambio climático y sus posibles soluciones todavía es preocu-pantemente bajo. Por consiguiente, se recomienda a los gobiernos que la información sobre los cambios climáticos sea una prioridad, lo que aumentará la efectividad de las actividades sobre el tema. Para ello, deben contar con fondos suficientes y un mensaje consistente. Estas actividades, obviamente, deben combinarse con políticas de apoyo que permitan al público actuar en consecuencia. EL GRUPO DE TRABAJO
El Grupo de Trabajo Internacional sobre Cambio Climático ha sido creado por el Instituto para la Investigación de la Política Pública del Reino Unido, el Instituto de Australia y el Centro para el Progreso Americano con el fin de desarrollar y promover propuestas en pos de que el calentamiento global sea eficazmente abordado a largo plazo. Con este fin los se analizó: - La evidencia sobre los costos económicos del fracaso en la reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y la viabilidad técnica y económica de reducir a largo plazo estas emisiones. - Las acciones necesarias para consolidar los beneficios conseguidos por el Protocolo de Kyoto para lograr, en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que prevenga la interferencia antropogénica peligrosa para el sistema climático. El informe final se publicó en enero de 2005, con recomendaciones para los responsables de trazar políticas y para los gobiernos tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo. Este informe se difunde en forma masiva, pero se dirige particularmente a prestar consejo independiente al gobierno de Reino Unido -durante la presidencia tanto del G8 como de la Unión europea que le ha correspondido para 2005- acerca de cómo progresar en políticas internacionales sobre calentamiento global. |