| BOLETIN DE
TEMAS DE SALUD de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario Año
11 Nº 95 Marzo de 2004 Mujer y sida, un
desafío de salud pública La
vulnerabilidad de la mujer frente al sida Declaración de
Noeleen Heyzer, directora ejecutiva del Unifem
MUJER
Y SIDA, UN DESAFIO DE SALUD PUBLICA
Establecido
en 1977 por las Naciones Unidas, el 8 de marzo se celebra el Día
Internacional de la Mujer. Ese día brinda una oportunidad para reflexionar
sobre los avances de la igualdad de las mujeres en los diferentes contextos
socioculturales, así como considerar los futuros pasos. Este año estuvo
centrado en las reflexiones acerca de la vulnerabilidad de la mujer frente
al sida. Según
Onusida (un organismo que depende de las Naciones Unidas), la epidemia
mundial de sida atravesó un umbral significativo en 2003 cuando, según las
estadísticas recientes, las mujeres pasaron a constituir la mitad de las
personas que vivían con el vih. Al
iniciarse la epidemia, en la década de 1980, se consideró que las mujeres
tenían un riesgo marginal de contraer un virus que aparentemente sólo
afectaba a los hombres que tenían relaciones sexuales con hombres, a las
profesionales del sexo y a los consumidores de drogas por vía intravenosa.
Desde entonces, el vih ha infectado a decenas de millones de personas,
muchas de las cuales son mujeres que fueron contagiadas por sus esposos o
compañeros. El sida se ha convertido en la peor pandemia de la historia de
la humanidad y nadie es inmune a ella, sea cual sea el sexo, raza, clase u
orientación sexual. Los
jóvenes corren un riesgo especial, particularmente las mujeres, que en
muchos países tienen un acceso limitado a la información y a los servicios
de salud pública. Las jóvenes y las niñas tienen menos probabilidades de
recibir educación que los muchachos y son más susceptibles de coacción y
violencia en las relaciones sexuales. Debido a la situación de inferioridad
en que se encuentran, las mujeres y las niñas tienen un acceso menor a los
programas de prevención, tratamiento y atención. En
algunos países de recursos limitados, el tratamiento puede estar reservado
para determinados grupos prioritarios como los militares o los funcionarios
públicos. Más
que una crisis de salud, el vih/sida representa un desafío mundial en el ámbito
del desarrollo. La discriminación en cuanto a los derechos de propiedad y
herencia y la desigualdad de acceso a la educación, los servicios públicos,
las oportunidades de obtener ingresos y la atención de la salud, así como
la violencia arraigada, hacen a las mujeres y las niñas especialmente
vulnerables a la infección por el vih. Las mujeres que viven con el
vih/sida sufren además es-tigmatización, discriminación y margina-ción
(Onusida). Como
reconocimiento de los efectos devastadores que tiene actualmente el sida en
las mujeres, la red interins-titucional de las Naciones Unidas sobre la
mujer y la igualdad entre los géneros decidió que en 2004 el Día
Internacional de la Mujer se dedicara a la mujer y el vih/sida. En esta
edición del Boletín de Temas de Salud reproducimos los
trabajos más salientes y el discurso pronunciado por Noeleen Héyzer,
directora ejecutiva del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidad para la
Mujer (Unifen ). LA
VULNERABILIDAD DE LA MUJER FRENTE AL sida
Onusida
preparó un documento en el que explica las causas por las que la mujer es más
débil frente a la enfermedad. Se destacan factores biológicos, sociales,
educativos y culturales. Reproducimos a continuación el trabajo elaborado
en ocasión del Día Internacional de la Mujer FACTORES BIOLOGICOS DE LA VULNERABILIDAD
Una de las características más crueles de la epidemia
del vih/sida es que las mujeres se encuentran en una situación de
desventaja biológica en relación con los hombres en lo que se refiere a
contraer la enfermedad. La infección se transmite con mucha mayor
frecuencia de hombre a mujer que de mujer a hombre. Se ha demostrado que las mujeres tienen el doble de
probabilidades que los hombres de contraer el vih. En el mundo en
desarrollo, a fines de 2003, más de la mitad de las personas que vivían
con el vih eran mujeres y en África subsahariana las posibilidades de que
las jóvenes de entre 15 y 24 años se infectaran eran 2,5 veces mayores que
las de los jóvenes. Desde el punto de vista fisiológico, las mujeres son más
vulnerables a la infección por el vih porque son más propensas a sufrir
microlesiones durante las relaciones sexuales. En los ensayos de laboratorio
se ha comprobado que el semen contiene concentraciones más elevadas del
virus que las secreciones de la mujer por unidad de volumen. Además, debido a que los sistemas reproductivos de las niñas
están poco desarrollados, suelen sufrir más microlesiones, especialmente
cuando las relaciones son forzadas. Como en el caso de las infecciones de
transmisión sexual, se estima que las mujeres son dos veces más
vulnerables que los hombres, y la presencia de dichas enfermedades no
tratadas constituye un factor de riesgo adicional para contraer el vih. Si bien el uso y la distribución de preservativos han
recibido un apoyo y una financiación significativas, la investigación de
los microbicidas y los métodos de protección controlados por la mujer han
sido escasos y su financiación insuficiente. Puesto que las mujeres siguen
encontrándose en situación de desventaja en cuanto a la negociación del
sexo seguro, es necesario asignar más recursos a la búsqueda de métodos
de protección nuevos y accesibles diseñados para la mujer. EPIDEMIA EXACERBADA POR LA VIOLENCIA
Aparte de los aspectos biológicos del vih y de su
propagación desenfrenada, determinados factores sociales, económicos y
culturales representan un problema de la misma gravedad y resultan
igualmente perjudiciales. Uno de los más importantes es la violencia, que
atenta contra los derechos humanos de la mujer y aumenta su vulnerabilidad a
la infección por el vih. La violencia doméstica es una de las formas más dañinas
de violencia contra la mujer; se da en todas las sociedades y afecta a
mujeres de todas las edades. Entre el 10% y el 50% de las mujeres del mundo
admiten haber sido objeto de abusos físicos por su pareja al menos una vez
en la vida y ello suele ir acompañado de violencia sexual. La violencia doméstica
es una de las principales causas de las lesiones que sufren las mujeres en
casi la totalidad de los países del mundo. En las situaciones de conflicto armado, las mujeres
padecen todas las formas de violencia, incluidas las agresiones sexuales. En
los casos recientes de Bosnia y Herzegovina, Timor-Leste y Rwanda se ha
observado una utilización sistemática de la violación y la violencia
sexual como metodología de guerra. Según datos clínicos referentes al Sudán,
la tasa de vih de las mujeres embarazadas era entre seis y ocho veces
superior en las zonas asoladas por la guerra que en las zonas
desmilitarizadas. También la trata de mujeres y la explotación sexual
generan para la mujer un riesgo elevado de infección por el vih, violencia
y abusos. Incluso la amenaza de violencia puede socavar gravemente
los esfuerzos de prevención del sida. El miedo a la violencia impide a las
mujeres obtener información sobre el vhi/sida, someterse a pruebas,
prevenir la transmisión de madre a hijoasí como buscar tratamiento y
asesoramiento. LA COACCION, UN RIESGO AÑADIDO
La elevada incidencia de las relaciones sexuales no
consentidas y la incapacidad para negociar relaciones seguras, contribuyen
también a la rápida propagación del vih entre las mujeres. En una
encuesta realizada recientemente en Sudáfrica, más de una tercera parte de
las jóvenes indicaron que tenían miedo a rechazar las proposiciones
sexuales y más de la mitad admitieron haber cedido a la insistencia de un
hombre para tener relaciones sexuales. Un número alarmante de mujeres,
entre el 20% y el 48%, indicó que su primera relación sexual había sido
forzada. Los esposos o los compañeros que tienen múltiples
parejas sexuales son quienes con frecuencia contagian a la mujer del vih.
Muchas sociedades toleran e incluso alientan que los hombres tengan un
comportamiento sumamente arriesgado y consideran que la promiscuidad es
signo de masculinidad. El largo período de incubación del virus antes de
que se manifiesten los síntomas del sida puede generar un sentido falso de
normalidad. En el mundo entero, la sociedad civil y los grupos
comunitarios trabajan para modificar las prácticas, valores y
comportamientos que discriminan a la mujer y asegurar que la perspectiva de
género se incorpore en la labor de lucha contra el vih/sida. BARRERAS ECONOMICAS Y JURIDICAS
Otro factor que contribuye a la crisis que ha supuesto el
sida para las mujeres es la dependencia económica y financiera de la mujer
respecto del hombre. Las cuestiones referentes a la propiedad, el acceso y
el control de la tierra, la vivienda y otros bienes son especialmente
acuciantes para las mujeres o viudas seropositivas y los niños que han
quedado huérfanos a causa del sida. Muchos países todavía tienen leyes
que discriminan a la mujer o regímenes jurídicos que la relegan a una
condición jurídica y social inferior. Cuando las mujeres carecen de títulos de propiedad sobre
la tierra o la vivienda, sus opciones económicas disminuyen y son más
vulnerables a la pobreza, la violencia y la falta de vivienda. La pobreza
puede llevar a las mujeres a tomar medidas desesperadas, como soportar
relaciones abu-sivas o mantener relaciones sexuales sin protección a cambio
de dinero, vivienda, comida o educación. En muchos países, los derechos de la mujer a la tierra y
los bienes están amparados por el matrimonio. Si el matrimonio termina por
causa de abandono, divorcio o muerte, el derecho de la mujer a la tierra o
la vivienda también puede quedar suspendido. Frecuentemente, las mujeres
pobres y analfabetas no disponen de recursos prácticos para pedir ayuda
acudiendo al sistema jurídico. Estas dificultades son todavía más graves en el caso de
las mujeres que viven con el vih/sida. El estigma y la discriminación
asociados con el sida pueden tener un efecto devastador en las mujeres y en
sus familias. Cuando las mujeres son rechazadas por su familia por ser
seropositivas, o quedan viudas a causa del sida, corren el riesgo de perder
todos los derechos respecto de los bienes de la familia, especialmente en
los países en que están vigentes regímenes jurídicos tradicionales. Los
familiares del marido fallecido pueden reclamar derechos de sucesión, con
lo que las viudas y los huérfanos pueden caer fácilmente en la indigencia. La protección de la condición de igualdad de la mujer
mediante la reforma jurídica puede mitigar las consecuencias negativas del
sida que experimentan las mujeres y sus dependientes. Reformas como las
encaminadas a salvaguardar los derechos de propiedad y sucesión de la mujer
pueden reducir efectivamente la propagación del vih al promover la
seguridad económica y el poder decisorio de la mujer y reducir su
vulnerabilidad a la violencia doméstica, las relaciones sexuales sin
protección y otros factores de riesgo relacionados con el sida. EL PAPEL FUNDAMENTAL DE LA EDUCACION DE LAS NIÑAS
Las niñas suponen el 57% de los aproximadamente 104
millones de niños en edad escolar que no asisten a la escuela. Las niñas
también tienen más probabilidades que los niños de abandonar la escuela
prematuramente por motivos de matrimonio precoz, embarazo, dificultades económicas
u obligaciones familiares. En países con altas tasas de infección por el vih, el número
de niñas matriculadas en la escuela ha disminuido en el último decenio. Se
ha demostrado en varios estudios, que menos mujeres que varones de edades
comprendidas entre los 15 y los 19 años, poseen conocimientos básicos
sobre la manera de protegerse del vih/sida, y en las zonas con un acceso
limitado a la información fidedigna abundan las ideas equivocadas al
respecto. Esas ideas pueden llevar a la creación de mitos que son
especialmente dañinos para las niñas, como el de que las relaciones
sexuales con una virgen pueden curar el sida y otras falacias por el estilo. La educación de las niñas es un modo eficaz de darles la
facultad de informarse y equiparse mejor para salir adelante en la vida.
También sirve para prevenir la propagación del vih y de otras infecciones
de transmisión sexual, porque brinda a las niñas un mayor acceso a la
información. Por lo general, las niñas que permanecen más tiempo en la
escuela y obtienen conocimientos prácticos para la vida y educación sobre
la salud empiezan más tarde a ser sexualmente activas y son más
conscientes de los métodos de prevención y de la importancia de las
pruebas de detección. Entre las medidas recomendadas para aumentar las
oportunidades de las mujeres y las niñas respecto de la educación se
destacan la abolición de la tasa de matrícula escolar y la oferta de
incentivos financieros para retener a las niñas en la escuela. Hacen falta
mayores inversiones estratégicas y políticas de prevención a todos los
niveles para garantizar que las niñas y las mujeres reciban la educación y
la protección necesarias que les permitan llevar una vida más segura,
productiva y sana. REPARTO DE LA CARGA DE CUIDAR A LOS DEMAS
En
todo el mundo, las mujeres son las principales encargadas de las tareas domésticas
y del cuidado de los miembros de la familia. A veces se utiliza la expresión
“economía de los cuidados” para hacer referencia a la multitud de
tareas desempeñadas principalmente por mujeres y niñas en el hogar, como
cocinar, limpiar, abastecer de agua y leña y cuidar de los miembros de la
familia. Raramente se reconoce o se tiene en cuenta el valor del tiempo, la
energía y los recursos que se necesitan para ejercer esta labor no
remunerada, pese a que su contribución a las economías nacionales y a la
sociedad en general es decisiva. Hay lógicas consecuencias sociales, económicas y de
salud: las mujeres y las niñas pagan un alto precio en forma de
oportunidades perdidas cuando se ocupan del cuidado no remunerado de los
miembros de la familia y otras personas con enfermedades vinculadas al vih o
al sida, ya que ello les impide invertir su tiempo en otras actividades
destinadas a generar ingresos, mejorar su educación o impartir
conocimientos. El sida influye en la feminización de la pobreza y en la pérdida
de poder de la mujer, especialmente en las regiones más gravemente
afectadas por la epidemia. Las mujeres y las niñas que soportan la carga del
vih/sida muchas veces carecen del necesario apoyo material y moral. Debe
hacerse un mayor esfuerzo por ofrecerles capacitación y proporcionarles
material para prestar cuidados de salud, por ejemplo guantes, desechables y
medicinas, así como alimentos suplementarios y medios para pagar las tasas
escolares y otros gastos de educación. Los programas de cuidados a
domicilio también deben incluir servicios de ayuda psicológica y
oportunidades de generación de ingresos para las viudas. Debería
procurarse que los hombres y los muchachos participaran en esos programas,
para contribuir a cambiar las actitudes tradicionales y las creencias
culturales sobre los papeles que corresponden a cada género. Los hombres y
los muchachos deben adoptar un comportamiento sexual responsable y
participar en las labores de cuidado y apoyo. Deben procurar que en sus
relaciones sexuales haya igualdad y consentimiento y asumir protagonismo en
el cuidado de los demás en relación con el embarazo, el nacimiento y la
educación de los niños. Los hombres pueden desempeñar un papel
fundamental en la promoción de los derechos económicos y la independencia
de la mujer, en particular respecto del acceso al empleo, las condiciones de
trabajo dignas, el control de los recursos económicos y la plena
participación en la adopción de decisiones. Debe
intensificarse la labor de promoción y concientización sobre la magnitud
del trabajo no remunerado de las mujeres que cuidan de otras personas, en términos
de los costos y los beneficios sociales y económicos generados para ellas
mismas, sus comunidades y la sociedad en general. Las Naciones Unidas y sus
asociados intergubernamentales y no gubernamentales exhortan a los
responsables de las políticas a que amplíen la protección social para
quienes cuidan de los demás mediante la adopción de medidas de ámbito
mundial, nacional, comunitario y familiar. COALICION MUNDIAL SOBRE LA MUJER Y EL sida
En
febrero de 2004 se creo, a iniciativa del Onusida, un grupo de mujeres y
hombres comprometidos en la labor para paliar los efectos del sida en
mujeres y niñas. La
Coalición Mundial sobre la Mujer y el sida se puso en marcha para conseguir
apoyo, estimular y favorecer programas y proyectos en relación con el sida,
destinados a mejorar la vida cotidiana de mujeres y niñas. La
Coalición determinó siete grandes esferas de actuación: -
Prevención de la infección por el vih en niñas y mujeres. -
Reducción de la violencia contra la mujer. -
Protección de los derechos de propiedad y sucesión de mujeres y niñas. -
Igualdad de acceso de mujeres y
niñas a los cuidados y tratamientos. -
Apoyo a la mejora de la atención de base comunitaria, con especial
atención a mujeres y niñas. -
Promoción del acceso de las mujeres a las opciones de prevención,
por ejemplo microbicidas y condones femeninos. -
Apoyo a las iniciativas en curso para lograr la educación universal
de las niñas. La
Coalición está dirigida por un Comité Directivo Mundial que representa
una amplia gama de asociados (organismos de las Naciones Unidas,
organizaciones no gubernamentales y entidades de la sociedad civil) de todas
las regiones del mundo. Entre
los miembros hay mujeres y hombres de especialidades muy diversas: políticos,
científicos, activistas y personalidades famosas. En
reconocimiento de la importancia fundamental de la participación de
personas seropositivas en campañas de concientización pública, alrededor
del 20% de los miembros del Comité Directivo ha declarado ser seropositivo.
La
Coalición, coordinada por Onusida, se
reúne una vez por año y se mantiene en comunicación permanente mediante
el sitio web www.unaids.org DECLARACION
DE NOELEEN HEYZER, DIRECTORA EJECUTIVA DE UNIFEM Reproducimos los fragmentos más
salientes del discurso, centrado en la problemática del sida El Día Internacional de la Mujer 2004 conmemora una época
crucial para la mujer. Por doquier, las mujeres se están enfrentando a los
retos de nuestro mundo globalizado, desde la creciente pobreza y la
incertidumbre económica, hasta el vih/sida, que impone una presión
creciente sobre sus vidas y las de sus hijos, pasando por la violencia que
deben arrastrar en su vida diaria. Al mismo tiempo, en muchas regiones, los
logros que las mujeres han conseguido en los últimos decenios se están
desvaneciendo. En el Día Internacional de la Mujer de este año, declaramos
que estamos decididas a hacer frente a estos retos y a seguir avanzando
(...) Demasiado a menudo he escuchado a mujeres decir que sus
experiencias no forman parte del debate sobre políticas. Tanto si se habla
de los efectos no igualitarios de la globalización, de los estragos de la
guerra, o de lo que verdaderamente significa vivir con el vih/sida, se
sienten marginadas y excluidas del proceso de adopción de decisiones que
afectan a sus vidas. Y además, es de sobras conocido que a los enfoques de
políticas más efectivos se llega tras escuchar a quienes han experimentado
el problema de primera mano, pues son quienes pueden ofrecer las necesarias
perspectivas, mejorar la comprensión y ofrecer soluciones creativas (...) Este año, las mujeres se están uniendo en la Comisión
de la Condición Jurídica y Social de la Mujer para dejar oír su voz sobre
el vih/sida que, cada vez más, afecta sobre todo a mujeres y niños. Hace
10 años, las mujeres constituían el 38% de las personas infectadas en todo
el mundo. Hoy son el 50%. En algunas regiones, este porcentaje ha aumentado
todavía más en perjuicio de la mujer: en el Caribe es del 52%, en África
del 58%. Hace 10 años, las mujeres parecían estar en la periferia de la
epidemia. Hoy, sus efectos, que afectan desproporcionadamente a
la mujer, han colocado a ésta en el epicentro de la enfermedad. Por lo que
respecta a las jóvenes, la situación es especialmente alarmante. En el
grupo de personas recientemente infectadas de 15 a 24 años de edad, las
mujeres jóvenes del mundo en desarrollo superan a los hombres en una
proporción de dos a uno. La repercusión social del vih/sida en las mujeres
y niñas es mayor, ya que son quienes asumen la carga del cuidado cuando los
miembros de una familia se ven afectados por la enfermedad, lo que
obstaculiza gravemente su acceso a educación, empleo, cultivo de alimentos
y, a menudo, su propio tratamiento. La violencia contra la mujer, a la vez
causa y consecuencia de la epidemia, añade otro factor de riesgo
importante, que coadyuva a la transmisión. La violación, el ataque sexual
y las circunstancias que hacen que la mujer se vea imposibilitada para
negarse a mantener relaciones sexuales no deseadas o exigir prácticas
sexuales sin riesgo, son importantes factores que contribuyen a la imparable
difusión de la epidemia. No obstante, las mujeres que viven con el vih/sida no lo
sufren en silencio. Redes de mujeres seropositivas con el apoyo de Unifem en
la India, Senegal, Sudáfrica y Zimbabwe, así como la Comunidad
Internacional de Mujeres que Viven con el Vih/sida, una red mundial
gestionada por y para mujeres seropositivas, están realizando un trabajo
extraordinario. Estas mujeres exigen que se les escuche y que se tomen en
serio sus necesidades. Basándose en sus propias experiencias, están
pidiendo con firmeza visibilidad y comprensión de las cuestiones relativas
a la epidemia, señalando soluciones innovadoras y promoviendo un futuro en
el que puedan vivir sin estigmas ni violencia, tener fácil acceso a
medicinas y tratamiento y continuar contribuyendo a sus economías
nacionales; un futuro en que ellas y sus hijos puedan llevar existencias
saludables y llenas de sentido (...) Las mujeres han dejado también oír su voz sobre la
cuestión de la violencia de la que son víctimas. La presión incesante
ejercida por grupos defensores de los derechos de la mujer durante los últimos
20 años, ha hecho que cada vez más países cuenten con algún tipo de
legislación relativa a la violencia contra la mujer. Al menos 45 naciones
tienen legislación específica contra la violencia doméstica, otras 21 están
redactando nuevas leyes, y muchas otras han enmendado las disposiciones
penales que castigan la agresión para que incluyan la violencia doméstica. En el Día
Internacional de la Mujer 2004, hago un llamamiento a la comunidad mundial
para que escuche muy atentamente lo que las mujeres nos dicen sobre la
situación en la que viven, sus necesidades, sus esperanzas y sus
perspectivas de un futuro mejor. Es responsabilidad nuestra amplificar sus
voces y utilizarlas para orientar nuestras tareas y políticas. Sólo
entonces podremos abrigar esperanzas de lograr un mundo en el que hombres y
mujeres puedan llevar la mejor vida posible. |