BOLETIN DE  TEMAS DE SALUD
de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Año 8 Nº65 Marzo de 2001 
Autor: Dr. Héctor A. Nieto


INDICE

Enfermedades mentales y Salud Pública

Incidencia de la patología mental

Políticas Sanitarias, una prioridad

Cómo medir los trastornos mentales

La situación de Latinoamérica


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Enfermedades Mentales y Salud Pública

La Organización Mundial de la Salud (OMS) instauró al próximo 7 de abril como el Día Mundial de la Salud Mental. Bajo el eslogan “Sí a la atención, no a la exclusión”, en esa fecha se llevarán a cabo acciones de promoción y prevención tendientes a mitigar los efectos de los trastornos mentales a partir de su detección y tratamiento precoz. Si bien existen diferentes tipos de patologías mentales, la OMS trabaja sobre aquellas que tienen impacto sobre la salud pública.

Los problemas mentales aumentaron dramáticamente y constituyen, en la actualidad, una de las principales causas del crecimiento global de las enfermedades y discapacidades: 400 millones de personas en el mundo sufren trastornos mentales o neurológicos, o problemas psicosociales, como los vinculados con el abuso de alcohol y drogas.

Los trastornos neuropsiquiátricos representan el 11,5% de las causas de enfermedades. Según estimaciones (1990), cinco de cada diez causas de discapacidad están asociadas a     desórdenes mentales como depresión bipolar, esquizofrenia, obsesiones y compulsiones.

Existe un numeroso grupo de personas que, por consecuencia de condiciones y circunstancias extremadamente difíciles, corren un riesgo especial de ser afectadas por problemas de salud mental. Esto incluye: niños y adolescentes que experimentan trastornos alimentarios; abandono de mayores; abuso de mujeres; trauma-tismos por guerra o violencia; refugiados; algunos grupos de indígenas; y por supuesto, personas en extrema pobreza.

Es innegable que las enfermedades mentales adquirieron una dimensión mucho mayor. La Directora General de la OMS, Gro Harlem Brundtland1, intentó una explicación a la amplia pregunta de por qué se ha dado este crecimiento: “Por muchas razones. La primera es que, con el aumento de la esperanza de vida, el cuerpo a menudo resiste mejor que la mente (…) La segunda explicación es que muchas sociedades y comunidades que habitualmente apoyaban a sus miembros más necesitados a través de los vínculos familiares y sociales, ahora tienen muchos más problemas para hacerlo. En tercer lugar, no hay que olvidar los efectos obvios de las situaciones de guerra civil y de caos, así como las amenazas más sutiles que, a juicio de un colaborador del Boletín (N.R: se refiere a la publicación oficial de la OMS), ‘constituyen los cambios radicales de la sociedad en materia de tecnología, los cambios experimentados por los pilares y entramados familiares y sociales, y la comercialización de la existencia, factores que podrían explicar la actual epidemia de depresiones y de otros trastornos psiquiátricos’2”.

En 1992 Daniel Frankel ya advertía, durante las II Jornadas de Psiquiatría del Mercosur, que “La inclusión de nuevas problemáticas (drogadicción, desadaptación por factores migra-torios, conflictos de pareja y familia, problemas de la juventud, de la tercera edad, etc.) ha hecho caducar los saberes psiquiátricos tradicionales, obligando a replantear políticas y estrategias en materia de salud mental”3.

En esta edición del Boletín de Temas de Salud presentamos una síntesis de los últimos documentos de la OMS y una actualización de la incidencia de los problemas de salud mental sobre la salud pública.

1 Editorial publicada en el Bulletin of the World Health Organization, 2000, 78 (4): 411.

2 Garfinkel PE, Goldbloom DS.

3 “Las políticas de salud mental en capilla: década de definiciones en Iberoamérica”, Cuadernos Médicos Sociales, N°63, Rosario, 1993.

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Incidencia de la Patología Mental

Los trastornos mentales son una de las principales causas del crecimiento global de las enfermedades y discapacidades. La depresión es la más común de estas patologías, y está asociada al consumo de alcohol y drogas y a la creciente incidencia del suicidio

Actualmente, 400 millones de personas en el mundo sufren desórdenes mentales, neurológicos o problemas psicosociales, como aquellos relacionados con el alcohol o el abuso de drogas. De cada cuatro personas que concurren a los servicios de salud mental en busca de ayuda, por lo menos una está afectada por estos trastornos, que con frecuencia no son correctamente diagnosticados y por lo tanto, no son tratados.

Los problemas mentales son considerados como uno de los principales contribuyentes al crecimiento global de las enfermedades y discapa-cidades: cinco de cada diez causas de discapacidad son motivadas por desórdenes mentales.

Existen diferentes tipos de trastornos mentales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) trabaja sobre aquellos que tienen un fuerte impacto sobre la salud pública.

Depresión

La OMS define a la depresión como el más común de los trastornos mentales. Se presenta con alteraciones en el humor, pérdida de interés o placer, sentimiento de culpa, baja autoestima, trastornos del sueño o del apetito, pérdida de energía y poca concentración. Estos problemas se pueden volver crónicos o recurrentes y ser perjudiciales para las capacidades del individuo en el cumplimiento de sus responsabilidades diarias. En el peor de los casos, la depresión puede llevar al suicido, una tragedia que está asociada a la pérdida de un millón de vidas por año.

La depresión se proyecta para el 2020 –según datos de la OMS- como la principal causa de las disca-pacidades y la segunda causa que contribuirá a las enfermedades. La depresión ocurre en personas de todos los géneros, edades y estratos. Afecta alrededor de 340 millones de individuos en todo el mundo a pesar de poder diagnosticarse precozmente. Los medicamentos antidepresivos y las diferentes formas de psicoterapia son efectivos en el 60%-80% de los pacientes y pueden ser puestos en marcha en el nivel primario de atención. Sin embargo, menos del 25% de los afectados (en algunos países menos del 10%) recibe tratamiento. Para esto, la más efectiva de las barreras es la falta de recursos y el estigma social asociados con los disturbios mentales, incluida la depresión.

Ricardo Muñoz, en el artículo “En camino a un mundo sin depresión”1 enfatiza sobre la necesidad de enfocar el problema de la depresión desde la prevención, para poder enfrentar los numerosos problemas de salud pública que están vinculados con esta patología. Muñoz analiza la evidencia empírica que demuestra que la depresión tiene gran influencia en el abuso de sustancias, y que la administración de intervenciones enfocadas en normalizar el estado de ánimo, produce mejorías en los problemas vinculados a la depresión.

Epilepsia

Existen entre 40 y 50 millones de personas que padecen epilepsia en el mundo, y el 85% de ellos vive en países en desarrollo (datos de la OMS). Se estima que dos millones de nuevos casos aparecen anualmente en el mundo y al menos el 5% surgen en la infancia o en la adolescencia. Entre el 70% y el 80% de las personas con epilepsia podría llevar una vida normal si accediera a un tratamiento adecuado. En los países en desarrollo, del 60% al 90% de los afectados recibe tratamientos inapropiados, con los consecuentes resultados negativos sobre la salud y los estigmas sociales que acompañan esta enfermedad.

Este desorden puede causar una predisposición individual hacia algunas enfermedades cerebrales tales como las perinatales u otros traumas; infecciones como la meningitis o encefalitis; enfermedades vasculares; enfermedades degenerativas; tumores; abuso de alcohol, algunas drogas u otras sustancias tóxicas. En los países en desarrollo, algunos casos de epilepsia están relacionados con enfermedades parásitas, como por ejemplo, la malaria.

Esquizofrenia

La esquizofrenia es una de las formas más severas de las enfermedades mentales, afecta a siete de cada mil adultos, mayormente en la edad entre 15 y 35 años. Aunque la incidencia es baja (3-10.000), la prevalencia es alta debido a su cronicidad.

La esquizofrenia afecta alrededor de 45 millones de personas en el mundo. Es un desorden tratable pero el tratamiento es más efectivo si comienza en el estado inicial. Más del 50% de las personas afectadas no reciben la atención apropiada. El 90% de quienes padecen esquizo-frenia y no reciben tratamiento se encuentra en los países en desarrollo. La atención de la salud de las personas afectadas puede mejorar en el ámbito comunitario con actividad familiar y el compromiso de la comunidad.

Mujeres y salud mental

Las mujeres son un grupo especialmente vulnerable a las enfermedades mentales. La depresión representa cerca del 30% de las discapa-cidades neuropsiquiátricas entre las mujeres, en comparación con el 12,6% de los hombres (datos de la OMS).

Los principales problemas mentales de los mayores son la depresión, los síndromes cerebrales orgánicos y las demencias. La mayoría de este grupo etario son mujeres. Se estima que el 80% de las personas afectadas por conflictos violentos, guerras civiles, desastres y desplazamientos son mujeres y niños.

La depresión, ansiedad, angustia psicológica, violencia sexual y uso de sustancias afecta a las mujeres en mayor medida que a los hombres, en los diferentes países y en diferentes situaciones.

Al menos una de cada cinco mujeres sufre violaciones o intentos de violación durante su vida. La presión creada por los múltiples roles de la mujer, la discriminación por género, y la asociación con los factores de pobreza, malnutrición, hambre, desempleo, violencia doméstica y abuso sexual combinados, explican por qué los problemas de salud mental afectan más a las mujeres.

La relación entre los trabajadores de la salud y las mujeres-pacientes es extremadamente autoritaria en muchos países, y hace que la posibilidad de revelar sus emociones sea dificultosa, y con frecuencia estigmatizada. Cuando una mujer se atreve a contar  sus problemas, algunos trabajadores de la salud tienden a ser prejuiciosos.

En un trabajo de la OMS se destaca que en el caso de las mujeres golpeadas o agredidas sexualmente, el agotamiento emocional y físico puede conducir al suicidio. Estas muertes son un testimonio dramático de la escasez de opciones de las que dispone la mujer para escapar de las relaciones violentas. Por ejemplo, las investigaciones en Estados Unidos han indicado que la mujer maltratada, comparada con la mujer que no vive con hombres violentos, tiene cinco veces más probabilidad de suicidarse.

Otras investigaciones indican que las mujeres maltratadas experimentan enorme sufrimiento psicológico debido a la violencia. Muchas están gravemente deprimidas o ansiosas, mientras otras muestran síntomas del trastorno de estrés postraumático. Es posible que estén fatigadas en forma crónica, y no puedan conciliar el sueño; pueden tener pesadillas o trastornos de los hábitos alimen-tarios; recurrir al alcohol y a las drogas para disfrazar su dolor; o aislarse y retraerse.

En un estudio en León, Nicaragua, después de controlar otros factores los investigadores determinaron que las mujeres que experimentaron maltrato tienen seis veces más probabilidad de sufrir disturbios que las mujeres que no los sufrieron. Igualmente, en los Estados Unidos las mujeres maltratadas por su pareja tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de necesitar tratamiento psiquiátrico, que las mujeres que no sufrieron maltrato (datos OMS).

Suicidio

Según datos de la OMS, durante el 2000 aproximadamente un millón de personas murieron por suicidio: la mortalidad global es de 16 por cada 100.000 personas, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las cifras de suicidio crecieron un 60% en todo el mundo, y actualmente constituye una de las tres principales causas de muerte en el grupo entre 15 a 44 años en ambos sexos. Estas estadísticas no incluyen el intento de suicidio, que es 20 veces más frecuente que el suicidio consumado.

Estimaciones de 1998 señalan que el suicidio representa el 1,8% del total de las causas globales de muerte y se calcula que para el 2020 llegará al 2,4% en los países con mercado y economías ex socialistas.

Aunque tradicionalmente el suicidio tuvo más incidencia entre los mayores, las cifras entre las personas jóvenes han crecido y se han extendido de tal manera que hoy es el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países, tanto desarrollados como en desarrollo.

Según la OMS, los desórdenes mentales, especialmente la depresión y el abuso de sustancias, están asociados con más del 90% de los casos de suicidio; sin embargo es más posible que el suicidio ocurra en situaciones socioeconómicas complejas y situaciones familiares o individuales en crisis (por ejemplo, pérdida de una pareja, empleo u honor).

En el mundo, la prevención del suicidio no ha sido adecuadamente dirigida debido básicamente a la falta de conciencia acerca de que es uno de los mayores problemas y uno de los temas tabú de la salud pública. En algunas sociedades la discusión sobre este tema se ha abierto; en los hechos, sólo algunos países incluyen la prevención del suicido como una prioridad.

El registro de los suicidios es un tema que necesita mejorar. Es claro que la prevención del suicidio requiere de la intervención no sólo del sector salud sino también de otras áreas que permitan una aproximación multisectorial. Se deben incluir a ambos grupos, los de la salud y los que pertenecen a la educación, policía, justicia, religión, derecho, etc.

El alcohol y la salud pública

El consumo de alcohol está vinculado a muchos trastornos mentales. En 1983 la Asamblea Mundial de la Salud declaró que los problemas relacionados con el alcohol eran uno de los más graves en todo el mundo. El consumo de alcohol aumenta permanentemente en el mundo en desarrollo, en especial en Asia. El alcoholismo ha adquirido dimensiones epidémicas en estados nacidos de la Unión Soviética. A nivel mundial, el alcohol causa el 3,5% de las pérdidas de años de vida, ajustados en función de la discapacidad, y las regiones en desarrollo pagan buena parte de este tributo.

Nota: para mayor información visitar el sitio de salud mental de la OMS www.who.int/mental_health/

1 Rev. psiquiatr. (Santiago de Chile);17(1):19-28, ene-mar, 2000.

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Políticas Sanitarias, una prioridad

Las políticas de salud mental dependen hoy, en parte, de los programas sociales. Sin embargo, existen medidas sencillas que mejorarían la calidad de vida de las personas afectadas y que no son puestas en marcha

El modelo socioeconómico y la reforma del sector salud, caracterizados por recortes del gasto social, han causado un fuerte impacto en los sistemas de salud de América Latina1. Las reducciones en los crecimientos nacionales produjeron altos índices de desocupación y reducción de los ingresos, con el respectivo deterioro del bienestar de la población y las comprobadas repercusiones sobre la salud mental.

Daniel Frankel2 señala, en un trabajo publicado en 1993 que “El agravamiento de la situación económica-social y el aumento de contradicciones sociales (consecuencia de las políticas instrumentadas), han incidido en la progresiva desintegración de los núcleos familiares y en la destrucción de las redes de solidaridad de la comunidad”. Los jóvenes, los niños, los mayores, los pobres y las mujeres constituyen grupos especialmente vulnerables a los problemas de salud mental.

En ese sentido, la Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Gro Harlem Brundtland  reconoció: “En cierta manera la salud mental depende de la justicia social, y debe tratarse en la medida de lo posible en el nivel primario. Gran parte de la labor debe hacerse en la mitigación de la pobreza y en la resolución de conflictos”3. Si bien existen numerosos tipos de trastornos mentales, en este contexto la OMS trabaja en los que están vinculados con el impacto sobre la salud pública. Este organismo sostiene que se dispone de remedios para tratar muchos trastornos y lograr que las personas con problemas mentales/cerebrales se desenvuelvan en la comunidad. Sin embargo, las sociedades siguen levantando barreras tanto a la asistencia que requieren esas personas como a su reintegración, a pesar de que existen algunas intervenciones muy sencillas y bastante baratas.

El retraso mental es quizás el tipo de trastorno mental más frecuente en los países en desarrollo, y su prevalencia se puede reducir sencillamente añadiendo yodo a la sal, y con mejoras en la atención obstétrica. Un proyecto de demostración realizado en China ha puesto de manifiesto que simples intervenciones familiares, unidas al uso de medicamentos psicotrópicos, pueden reducir considerablemente el costo del tratamiento de la esquizofrenia. Por lo tanto, los programas de rehabilitación psicosocial pueden ayudar a las personas con trastornos mentales graves como la esquizofrenia, a convertirse en miembros productivos de la sociedad.

Aunque hoy no es posible curar la demencia, existen intervenciones baratas y culturalmente idóneas que pueden ayudar a las familias y las comunidades a atender mejor a los afectados por ese trastorno.

¿Por qué no se abordan estas soluciones?

“Se distinguen varias razones, entre las cuales se destacan las siguientes: la poca prioridad que se da generalmente a la salud mental; la centralización tradicional de los servicios de salud mental en grandes instituciones psiquiátricas y la escasa aplicación de estrategias de reconocida eficacia, ya sea por desconocimiento entre los agentes de salud y los responsables de dictar normas, por la deficiente organización y financiación de los servicios, por la inexistencia de sistemas de garantía de la calidad o por la falta de medicamentos psicotrópicos esenciales. Se añade a ello el estigma asociado a las enfermedades mentales, que a menudo disuade a los enfermos mentales de buscar tratamiento, e incluso puede minar la disposición a intervenir de los dispensadores de atención de salud mental”, explica la Directora General de la OMS4.

Políticas de salud mental

En consonancia con el
Día Mundial de la Salud Mental, por el que se realizarán el 7 de abril de este año acciones de prevención, y teniendo en cuenta las limitaciones actuales, la OMS ha establecido pautas acerca de las políticas de salud mental.

1. ¿Qué es una política de salud mental? Las políticas de salud mental son sustentadas por los gobiernos o las autoridades sanitarias y apuntan a formulaciones claras y objetivos relevantes para la prevención, tratamiento, cuidado y rehabilitación relacionadas con los desórdenes mentales. Deben tender a reducir el número de personas que padecen problemas de salud mental, asistir los desórdenes mentales, mejorar la calidad de vida, eliminar el estigma asociado con los trastornos mentales y problemas emocionales, mejorar la intervención efectiva  a todo el que la necesite, y promover la investigación continua sobre las causas y tratamientos de estas enfermedades.

2. ¿Por qué es importante una política de salud mental? Las políticas de salud mental son importantes porque permiten coordinar, a través de una visión global y un plan, todos los programas y servicios relacionados con las mismas. Sin este tipo de organización, los trastornos mentales serán probablemente tratados de forma ineficiente y de manera fragmentada.

3. ¿Cuáles son los principales elementos de una política de salud mental abarcativa? Las políticas de salud mental tocan algunos aspectos del sistema de salud, tal como los fondos que deberían ser distribuidos entre los diferentes tipos de servicios, y qué clase de medicamentos y otros suplementos deberán estar disponibles. Toda política de salud mental debería estar anclada en cuatro principios guía:

- Acceso: el mejor tratamiento debería depender de la necesidad de recibir atención y no de la capacidad de pago o de la ubicación geográfica.

- Equidad: los recursos para la atención de la salud mental deberían ser distribuidos equitativamente a lo largo de toda la población.

- Eficacia: los servicios de salud mental deberían lograr mejoras en el estatus de la salud.

- Eficiencia: los recursos deberían estar distribuidos en tal sentido que optimicen los resultados en salud para la sociedad.

Declaraciones y políticas efectivas

La “Declaración de Caracas” (OMS/OPS) del 14 de noviembre de 1990 y los “Principios para la protección de las personas que padecen enfermedades mentales y para el mejoramiento de la salud mental”, elaborado por las Naciones Unidas en 1991 y otros numerosos instrumentos, consagran la protección de derechos y libertades de las personas que padecen enfermedades mentales y llaman la atención sobre su vulnerabilidad.

Las diferencias en cuanto a qué es salud mental entre países y culturas son muy marcadas, mientras recién este año la Asociación Psiquiátrica China decidió que la homosexualidad no sea considerada una enfermedad mental5, en algunos países occidentales está definición se abandonó hace casi 30 años.

La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires establece que “las políticas de salud mental reconocerán la singularidad de los asistidos por su malestar psíquico y su condición de sujetos de derecho... No tienen como fin el control social y erradican el castigo; propenden a la desinsti-tucionalización progresiva, creando una red de servicios y protección social” (artículo 21). La nueva Ley de Salud Mental -que complementa la Ley Básica de Salud- implica un paso positivo.

Sin embargo, y a pesar de las diferencias entre los países,  no se puede desconocer la falta de efectividad de las leyes declarativas que carecen de instrumentos eficaces para lograr que sean una práctica concreta. Y esta falta de correlación entre normas y realidad sanitaria se repite en todo el mundo.


1 Para obtener mas información sobre la repercusión de las reformas sanitarias sobre los sistemas de salud consultar la edición de noviembre de 2000 del Boletín de Temas de Salud.

2 “Las políticas de salud mental en capilla: década de definiciones en Iberoamérica”, Cuadernos Médicos Sociales, N°63, Rosario, 1993.

3 Editorial publicada en el Bulletin of the World Health Organization, 2000, 78 (4): 411.

4 Op. Cit.

5 Esta decisión es considera como un hito en la salud pública china.

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Cómo medir los Trastornos Mentales

La epidemiología psiquiátrica ha avanzado siempre con retraso a causa de las dificultades que entraña la conceptualización y la medición de los trastornos mentales. Sin embargo, se produjeron avances a partir de la implementación de nuevos instrumentos estadísticos

Durante el último siglo, la esperanza de vida aumentó como nunca antes lo había hecho, aunque por otro lado los pobres padecen y se mueren por las enfermedades habituales.

Mediante instrumentos estadísticos como los AVAD (años de vida ajustados en función de la discapacidad), se puede analizar no sólo la forma de morir de las personas sino también la forma de vivir. Estos indicadores permiten cuantificar, además del número de defunciones, las consecuencias de las muertes prematuras y de las discapacidades en una determinada población, combinando ambos factores en un solo indicador de la carga global de morbilidad.

A partir de estos estudios, las enfermedades mentales adquieren repentinamente mucha más dimensión. En todo el mundo los trastornos mentales representan alrededor del 12% de los AVAD perdidos (1998) y el porcentaje es mayor en los países de ingresos altos (23%) que en los de ingresos medios y bajos (11%). La depresión grave ocupa el quinto lugar en la clasificación de las diez causas más importantes de mor-bilidad a nivel mundial, y esa enfermedad revista idéntica importancia en los países en desarrollo. Después de la depresión grave, las causas que más contribuyen a la carga neu-ropsiquiátrica son la dependencia del alcohol, los trastornos emocionales bipolares y la esquizofrenia. En los países de ingresos altos, las demencias son la tercera causa más importante de morbilidad neu-ropsiquiátrica.

Medir los problemas de salud mental

Durante los últimos años, y debido a la incidencia de las enfermedades mentales, se han puesto en marcha iniciativas para medir los problemas de salud mental. El Consorcio Internacional en Epidemiología Psiquiátrica (ICPE) fue establecido en 1998 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), para llevar a cabo estudios comparativos transnacionales de la presencia de las enfermedades mentales y de los factores con ellas correlacionados. Los trastornos mentales se encuentran entre los más determinantes de todas las clases de enfermedades debido a su alta prevalencia y cronicidad, su temprana edad de aparición y la grave discapacidad resultante.

Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial se realizaron encuestas epidemiológicas comunitarias sobre los trastornos mentales en muchas partes del mundo, pero como existía un formato común para las entrevistas de diagnóstico no se podían hacer síntesis o comparaciones transnacionales de los resultados. A principios de la década del ’80 se creó una entrevista de diagnóstico estru-cturada: Diagnostic Interview Schedule (DIS). Sin embargo, a mediados de los años 80 la OMS, en colaboración con el Servicio de Salud Pública de los EE.UU, preparó una entrevista análoga a la DIS aunque redefinida con la inclusión de criterios de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), se la llamó Composite International Diagnostic Interview (CIDI).

En el artículo “Comparación trans-nacional de la prevalencia de los trastornos mentales y los factores con ellos correlacionados”, publicado originalmente en inglés en el Bulletin of the World Health Organization y reeditado en español en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud, Recopilación de Artículos N° 3 (2000)1, se analizan los resultados de las encuestas CIDI realizadas en siete países repartidos entre América del Norte (Canadá y Estados Unidos), América Latina (Brasil y México), y Europa (Alemania, Países Bajos y Turquía). El tamaño total de la muestra fue de 29.644 personas, y se basó en población general, no en pacientes ni en muestras por cuotas de la población general.

Las estimaciones de las prevalencias se hicieron respecto de las tres clases amplias de trastornos: ansiedad, estado de ánimo y uso de sustancias. Más de un tercio de la muestra experimentó en algún momento al menos uno de los trastornos: Brasil (36,3%),  Canadá (37,5%), Alemania (38,4%), los Países Bajos (40,9%) y los Estados Unidos (48,6%). Las estimaciones fueron considerablemente inferiores en México (20%) y en Turquía (12,2%).

Algunas conclusiones

Se calculó que los trastornos de la ansiedad eran los que aparecían a la edad más temprana, con una mediana de 15 años; los trastornos de estados de ánimo lo hacían más tarde con una edad promedio de 26 años; y los asociados al uso de sustancias tenían una distribución estimada intermedia, con una mediana de 21 años.

De este estudio se extrajeron importantes conclusiones: los trastornos de ansiedad y del ánimo son más comunes entre las mujeres; los relacionados con el uso de sustancias lo son entre los varones; las tasas más altas de la mayoría de los trastornos se dan entre las personas con menor nivel socioeconómico (en relación con el nivel de ingreso, instrucción y empleo); y las tasas son más bajas entre las personas casadas que entre las solteras. Este esquema lleva a pensar que los trastornos tienen más probabilidades de aparecer en los sectores desfavorecidos de la sociedad. En cambio, la dinámica de las causas está menos clara pues ese fenómeno se podría deber a efectos acumulativos de la adversidad ambiental o a procesos de selección, o bien a alguna combinación de causación y selección sociales.

Los datos sobre las pautas de tratamientos son desalentadores debido a la existencia generalizada de demoras en la primera búsqueda de ayuda para episodios únicos: hay pruebas de que los casos más graves tienen más probabilidad de recibir tratamiento que los menos graves. La gran mayoría de los casos recientes, incluso los que declaran importantes discapacidades asociadas a sus trastornos, no están recibiendo tratamiento.

Hacia el final del artículo se señala que los trastornos mentales suelen tener un efecto devastador sobre los roles y la calidad de vida, y debido a la temprana aparición tienen efecto en aspectos críticos de la vida como la instrucción, riesgo de embarazo, inestabilidad y violencia conyugal.

Epidemiología psiquiátrica

La epidemiología psiquiátrica ha avanzado siempre con retraso respecto de otras ramas de la epidemiología a causa de las dificultades que entraña la conceptualización y la medición de los trastornos mentales. Aunque en los últimos 20 años se han producido importantes avances, la incertidumbre que rodea a las categorías y los criterios diagnósticos y la subnotificación que resulta de la resistencia de los encuestados siguen siendo algunos de los principales problemas. También encierra dificultades el estudio de poblaciones especiales como los jóvenes, los ancianos y las personas de los países menos desarrollados2.


1 Esta publicación esta disponible en la Biblioteca de la Asociación de Médicos Municipales, Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud, Pacheco de Melo 2034, Capital Federal. Tel. 4805-8075/1723. Para seguir los progresos de las investigaciones del ICPE, se puede consultar www.hcp.med.harvard.edu/ic