BOLETIN CIENTIFICO Asociación de Médicos Municipales de la CBA Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud Año 8 - Nº38 - Diciembre de 2003Percepción del riesgo laboral del médico en el ámbito del gcba. ¿Somos conscientes?
PERCEPCION
DEL RIESGO LABORAL DEL MEDICO EN EL AMBITO DEL GCBA
¿SOMOS
CONSCIENTES? Bustos,
Jorge Alberto Calandra,
Domingo Vicente Farías,
Sandra Beatriz Papotto,
Sonia Miriam Stéfano,
Eduardo Enrique Agradecemos
la valiosa y desinteresada colaboración del Dr. Héctor Nieto
Julio de 2003
INTRODUCCION
El
fundamento del siguiente trabajo se basa en la percepción de que los
esfuerzos para evitar los riesgos laborales avanzan a un ritmo demasiado
lento; los problemas ambientales y sanitarios continúan agravándose con
mayor rapidez de la que la sociedad dispone para identificarlos y corregirlos;
los procesos de toma de decisiones, a menudo se desarrollan en condiciones de
ignorancia o de incertidumbre. En todo el
mundo, según la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, se
registran 1,2 millones de muertes por accidentes de trabajo cada año (3.300
muertes por día) y 160 millones de casos nuevos de enfermedades relacionadas
con el trabajo (IFCTU, 2002). Por otra
parte, se estima que por cada caso fatal hay 1.200 accidentes, que provocan
como resultado tres o más días de ausentismo laboral; 750 lesiones
invalidantes (Levine, 2000) y alrededor de 5.000 accidentes que requieren de
primeros auxilios. (Joseph Takala, 2002). En nuestro
país, según la Superinten-dencia de Riesgos de Trabajo, se produjeron
durante 1997 más de 350.000 accidentes de trabajo entre la población económicamente
activa (PEA) cubierta por el sistema; se ignora lo que puede haber ocurrido al
resto de la PEA que trabaja por fuera del sistema, que sin dudas se encuentra
expuesta a iguales o mayores riesgos. Entre la población descubierta por el
sistema se destacan los trabajadores de la salud pública de la Ciudad de
Buenos Aires, que constituyen un sector peculiar, caracterizado por la
carencia de cobertura en este sentido y expuesto a riesgos específicos, tales
como agentes físicos, químicos, ergonómicos, tecnológicos y de seguridad. El marco
legal en el ámbito nacional se remite a la ley 19.587 sobre Higiene y
Seguridad en el Trabajo del 21 de abril de 1972 y a la ley 24.557 sobre
Riesgos de Trabajo. En el ámbito internacional cabe destacar el Convenio 161
y la Recomendación 171 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
organismo del que la Argentina es miembro. Este estudio
parte de la hipótesis de que la insuficiente, errónea o definitivamente
ausente percepción o identificación de los riesgos laborales constituye en sí
misma el primer obstáculo para la prevención de los riesgos laborales. PERCEPCION
DEL RIESGO LABORAL, EVOLUCION HISTORICA
La llamada ley
de las tres generaciones, acuñada por Charles Clutterbuck, ilustra
perfectamente el retraso histórico en la aplicación del conocimiento a la
mejora de las condiciones de trabajo: “En una generación se introduce el
riesgo, en la siguiente el riesgo es reconocido como tal y en la tercera se
promulga una ley para su control”. “A veces hace falta una cuarta generación
para que el riesgo sea efectivamente controlado; pero, sea como sea, la ley
siempre llega tarde”. El retraso
de siglos entre el conocimiento y la acción preventiva plantea graves
interrogantes éticos y requiere ser superado mediante estrategias activas que
tengan especialmente en cuenta la mediación social de todas las
decisiones. Esta
concepción explícitamente formulada choca frontalmente con el modelo
tecno-preventivo dominante en nuestro medio que, bajo una aparente
imparcialidad, esconde en realidad presupuestos tecnocráticos basados en la
preeminencia del conocimiento técnico sobre cualquier otro tipo de enfoque,
al margen de consideraciones, tanto de carácter sociocultural como sanitario. Los
postulados en que se basa el modelo tecno-preventivo, se pueden sintetizar de
la siguiente forma: sobre la base de la evaluación técnica de los riesgos,
el experto fija los contenidos de la formación y la imparte según una
orientación básicamente prescriptiva, es decir, traslada a los trabajadores
el conocimiento técnico del riesgo y las pautas de conducta a seguir. Los
puntos débiles que presenta este modelo son en primer término, que los
contenidos no siempre coinciden con el interés o las prioridades de los
trabajadores; luego, que habitualmente el experto presupone que el problema es
el desconocimiento del riesgo (aunque no suele ser así, excepto en
trabajadores recién ingresados o por riesgos con efecto a muy largo plazo).
Por otra parte, se ignoran las percepciones, actitudes y comportamientos de
los trabajadores y no se toman en cuenta la viabilidad o posibilidad de
aplicación de las conductas propuestas a los trabajadores. Todo lo antedicho
predispone a que difícilmente se puedan llevar a cabo cambios que mejoren la
calidad de vida de los trabajadores. Ana Puy
publica en 1995 un libro en el que aborda la cuestión de la percepción
social de los riesgos con un enfoque sociocultural y multidimensional que,
además de la dimensión numérica de probabilidades y pérdidas o efectos,
atiende a aspectos cualitativos relacionados con la construcción social del
riesgo. La percepción del riesgo laboral por parte de los trabajadores puede
estar condicionada por factores como el valor que conceden a la salud
(significación), la inquietud que provoca la posibilidad de sufrir un daño y
sus consecuencias (incertidumbre) o las expectativas de control real del
riesgo (confianza). Desde un
punto de vista preventivo lo que nos interesa son los significados que sobre
el riesgo comparten la mayoría de los trabajadores y que condicionan
determinadas formas de pensar y de actuar. Existe la
posibilidad de que las percepciones sobre los riesgos por parte de los
trabajadores sean diferentes a las estimaciones realizadas por los expertos e,
incluso, que situaciones de riesgo similares sean vividas de forma diferente
por distintos colectivos de trabajadores o por un mismo colectivo en momentos
distintos. Idealmente,
las estrategias preventivas debieran promover la participación de los
trabajadores al mismo tiempo que la utilización rigurosa del conocimiento
experto. Considerar
que la prevención es propiamente formación, implica perder la perspectiva en
la mejora de las condiciones de trabajo y trasladar todo el peso preventivo al
comportamiento individual de los trabajadores, a quienes en la mejor tradición
de la caduca teoría del “error humano”, se los terminará considerando culpables
por los efectos de una exposición al riesgo que, sin embargo, les fue
impuesta mediante decisiones sobre la forma de organizar el trabajo y la
producción, en las que no participaron. Se requiere el concurso
activo de los trabajadores, y aquí es donde aparece el objetivo fundamental
de la formación: promover el compromiso de los trabajadores en los
procesos de mejora de las condiciones de trabajo. Planteamos entonces, como
primer objetivo la formación para la prevención. Los
contenidos concretos de la formación deben tener en cuenta las percepciones
de los trabajadores y prestar especial atención de manera general a los
riesgos relacionados con el ambiente de trabajo y con la seguridad, así como
a determinados aspectos relacionados con los riesgos psíquicos (atención,
monotonía) y ergonómicos (posturales, cargas). RIESGOS
LABORALES EN EL SECTOR SALUD: CLASIFICACION
Definimos al riesgo como la probabilidad de
que se produzca un deterioro en la salud como consecuencia de la exposición
a un agente determinado. -
Riesgos laborales:
los clasificamos en cuatro categorías: a)
Ambientales. b) Psicosociales. c) Tecnológicos y de seguridad. d) Carga de trabajo. - Riesgos
ambientales:
también denominados contaminantes. De acuerdo a su naturaleza pueden ser
clasificados en tres tipos: 1) Agentes químicos: pueden presentarse en forma de gases, vapores,
polvos, nieblas o humos. Son ejemplos: cadmio, tolueno, xileno, derivados
halogenados de hidrocarburos asfálticos, ditriclo-rometano, tribromometano,
ditricloroeta-no, d-tricloroetileno, dicloropropano, clorpropileno,
clorobutadieno, acrilatos, formol, óxido de etileno, mercurio,
glu-taraldehido, freones, hipoclorito de so-dio, yodo, ácido acético,
metacrilato, citostáticos, etc.
2) Agentes físicos:
Ruido y
vibraciones.
Radiaciones ionizantes.
Radiaciones
ultravioletas.
Rayo láser.
Otros:
carga térmica, ventilación, iluminación, gases comprimidos, etc.
3)
Agentes biológicos:
bacterias, virus, hongos y parásitos (referimos aquí al listado de
enfermedades profesionales de la ley de Riesgos del Trabajo, actualmente en
vigencia). -
Riesgos piscosociales: se consideran a los derivados de la organización
y contenido del trabajo, teniendo en cuenta el tiempo de trabajo (jornadas y
horarios), los ritmos de trabajo, el nivel de automati-zación y comunicación,
los estilos de conducción, las remuneraciones, la violencia, etc. De
acuerdo con el National Institute for Occupational Safety and Health
(NIOSH) de los Estados Unidos, violencia en el trabajo es cualquier ataque físico,
conducta amenazante o abuso verbal ocurrido en el lugar de trabajo. El
término mobbing o acoso moral define según J. M. Prieto un
“amotinamiento reactivo y agresivo de unos individuos que se sienten atacados”.
Etiológicame-nte se menciona como derivado del chillido de alarma que emite
un grupo de animales que se siente atacado o amenazado ante la presencia de un
preda-dor. Según
Marie France Irigoyen se habla de acoso moral en el trabajo ante toda conducta
abusiva (gente, palabra, comportamiento, actitud), que atente, por su repetición
o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de
una persona, que pone en peligro un empleo o degrada el ambiente de trabajo.
Se genera entonces un círculo vicioso entre la situación de estrés, la
respuesta orgánica y el deterioro laboral. De todos modos, en el mediano
plazo termina con la salida de la víctima del acoso del medio laboral. Hacia
1986, la psicóloga social C. Mas-lach junto con otros autores, se preocuparon
por una asociación patológica característica de los trabajadores de salud
que combina síntomas de síndro-mes depresivos con desinterés y cinismo en
la relación laboral. Tomando un término de la industria aeroespacial, que ya
había sido acunado previamente a semejanza de un cohete propulsor agotado,
denominaron Burn out o “ya quemado” al síndrome por ellos
descripto. Se trata de una suma sintomática de agotamiento psíquico,
cansancio físico extremo y desmesurado con la realidad actuada, desinterés y
frialdad en la relación laboral, así como dificultad de adaptación a la
tarea laboral. Estas características definen sólo parcialmente al síndrome
en cuestión; que por otro lado es característico de los profesionales que se
desempeñan en servicios que plantean relaciones interpersonales especialmente
con sectores en situación de necesidad o dificultad, y que se profundizan
cuando están asociados a dependencia en la situación laboral. La
prevención de esta afección es primordial y es esencial reconocer su
existencia y primeros síntomas, así como debería ser obligatorio propiciar
situaciones institucionales contenedoras. -
Riesgos tecnológicos y de seguridad:
son los derivados de los aspectos edi-licios y de seguridad. Se agrupan aquí
todos los factores ligados a las instalaciones, las maquinarias y las
herramientas; así como también las características estructurales de los
edificios. -
Riesgos derivados de la carga de trabajo: están determinados por los
requerimientos físicos o psíquicos que el trabajo exige a quien lo efectúa.
Se
clasifican en:
Carga
física estática (posturas forzadas sostenidas en el tiempo).
Carga
física dinámica (levantar peso, caminar, etc.).
Carga
mental (conjunto de elementos perceptivos, cognitivos, y afectivos
involucrados en el desarrollo de una actividad).
LEGISLACION
VIGENTE Las
leyes actualmente en vigencia en todo el territorio de la República
Argentina, son la 19.587/72 de Higiene y Seguridad en el Trabajo y la
24.557/95 sobre Riesgos de Trabajo. La primera comprende las normas técnicas
y medidas sanitarias, de tutela o de cualquier otra índole que tengan por
objeto proteger la vida, preservar y mantener la integridad psicofísica de
los trabajadores; prevenir, reducir, eliminar o aislar los riesgos en los
distintos puestos de trabajo; estimular la prevención de accidentes o
enfermedades derivadas de la actividad laboral. Son obligaciones del empleador
entre otras, la creación de servicios de higiene y seguridad en el trabajo y
de medicina del trabajo de carácter preventivo y asistencial; el estudio y
adopción de medidas de protección de la salud y la vida y la realización de
exámenes preo-cupacionales y periódicos. Debe además, el empleador,
mantener las condiciones de higiene y seguridad en los ambientes de trabajo;
suministrar y mantener los equipos de protección personal, así como también
promover la capacitación del personal en este sentido y denunciar los
accidentes y enfermedades laborales. La
ley 24.557, promulgada en octubre de 1995, impone la creación del seguro
obligatorio y autoseguro. Están incluidos obligatoriamente los
funcionarios y empleados del sector público nacional, de las provincias y sus
municipios y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hoy
Gobierno, los trabajadores en relación de dependencia del sector privado y
las personas obligadas a prestar un servicio de carga pública. La supervisión
y contralor sobre las ART serán realizados por la Superintendencia de Riesgos
de Trabajo, y el no cumplimiento de la ley será sancionado con multas o prisión
de dos a seis años. IDENTIFICACION
DEL RIESGO LABORAL DE LOS MEDICOS DE HOSPITALES DEPENDIENTES DEL GCBA -
Objetivos:
describir el grado de identificación del riesgo laboral que tienen los
profesionales médicos de distintos hospitales dependientes del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires (GCBA).
-
Material y métodos:
se efectuó una encuesta a 92 médicos tomados al azar en distintos hospitales
dependientes del GCBA, durante el mes de junio de 2003. Fueron encuestados médicos
de los hospitales Argerich, Fernández, Gutié-rrez, Sardá, Penna, Pirovano y
Santoja-nni. Cada entrevista fue de tipo cerrada, con tres alternativas como
respuesta: si - no - no sé. Se
consideraron las siguientes variables: edad y sexo; lugar de trabajo (guardia
o planta); y antigüedad laboral (menos o más de 5 años, se estimó a este
último como el tiempo promedio de formación básica). Además se consideró
el reconocimiento de exposición a riesgos ambientales, físicos, químicos,
biológicos y psicosociales (violencia o acoso moral). Se investigó si la
población en estudio conocía su situación acerca de cobertura en caso de
accidentes de trabajo y enfermedad laboral; responsabilidad en estos casos; y
cumplimiento de las leyes vigentes. Con
todas las variables se procedió al recuento correspondiente y al
establecimiento de las frecuencias. -
Resultados:
la población fue uniforme respecto al sexo, 49 mujeres y 43 hombres (53,2% y
46,8% respectivamente) y la media de edad fue de 38 años (r 25-68). Respecto
a la antigüedad, el 66,3% tenía más de 5 años (61).
Con
relación a la percepción de los encuestados sobre los elementos y servicios
de seguridad, observamos que el 70,6% sabía de la existencia de los
matafuegos, el 32,6% conocía la salida de emergencia y sólo el 11,9% el plan
de evacuación (ver gráfico 1). El
100% de los encuestados percibió el riesgo con relación a jornadas laborales
prolongadas (mayor a 24 horas). La exposición al riesgo físico fue aceptada
por el 83,6% de los encuestados mientras que sólo el 18,4% refirió contar
con medidas de protección adecuada. La exposición a los riesgos químicos
fue aceptada por el 27,1% y el 11,9% manisfestó contar con medidas de
protección adecuadas. La exposición a los riesgos biológicos fue admitida
por el 100% y el 92,4% dijo disponer de medidas adecuadas de protección (ver
gráfico 2). Dentro
de las medidas de prevención, la encuesta consideraba a la vacunación
completa respecto a hepatitis A y B y rubéola. Observamos con relación a la
hepatitis A que los médicos con más de 5 años de antigüedad laboral
contaban con menos cobertura: 44,2% vs 71% de profesionales con menos de 5 años.
Con respecto a la hepatitis B, tenían con vacunación completa el 88% y sabían
que tenían anticuerpos positivos el 50%. El 59,2% de las mujeres y el 39,5%
de los hombres habían recibido vacuna de rubéola. Refirieron haber sufrido
episodios de violencia física el 20,6% y de violencia psíquica el 9% (ver
gráfico 3). El
acoso moral fue reconocido como una entidad por sólo el 27,2% (25/92) de los
encuestados, mientras que el 19,6% reconoció haberlo padecido (18/92). Se
sintió discriminado el 25% y agobiado el 69,6%. El
72,8% dijo saber que contaba con prestaciones médicas de higiene y seguridad
en el trabajo a cargo del emplea-dor en caso de accidente de trabajo o
enfermedad profesional. El 82,6% responsabilizó al empleador de las
enfermedades laborales y accidentes de trabajo. Ninguno realizó exámenes médicos
periódicos a cargo del empleador y el 46,7% señaló conocer las enfermedades
laborales para su profesión. Dieciseis
(17,4%) médicos encuestados expresaron que su hospital contaba con servicios
de Salud Laboral; 42 (45,6%) sostuvieron que no había y 34 (37%) desconocían
si existía o no. Ante
un accidente de trabajo, el 75% (69/92) conocía cómo se procedía pero ante
la pregunta de la necesidad de asesoramiento gremial y legal las cifras fueron
menores del 50% en todos los casos (ver cuadro 1). -
Discusión:
detectamos a través de la encuesta, el grado de identificación de los
distintos riesgos que manifiestan los profesionales médicos del GCBA.
Con
respecto a los riesgos tecnológicos y de seguridad se observó que la mayoría
de los encuestados conocía la existencia de matafuegos en su lugar de
trabajo, pero desconocían las salidas de emergencia y el plan de evacuación
ante una emergencia. Cabe destacar que no se hallaron en ninguno de los
hospitales observados, diagramas ni señalizaciones con indicaciones para
situaciones de emergencia, en lugares visibles al público ni al personal. La
exposición a riesgos físicos (radiaciones ionizantes, temperatura, ventilación
inadecuada y ruidos), fue reconocida aunque se aceptó no contar con protección
adecuada. No hubo identificación de exposición a agentes químicos. Todos
aceptaron estar expuestos a riesgos biológicos y contar con los medios
necesarios para su protección. La mayoría de los encuestados contaban con
vacunación completa para Hepatitis B, un porcentaje menor para Hepatitis A y
sólo un pequeño grupo para rubéola. Los dosajes de anticuerpos se
realizaron en pocas ocasiones. Las
observaciones sobre la identificación de riesgos ambientales coinciden con
las expresadas por el Dr. Héctor Nieto, quien afirma el reconocimiento
prioritario de los riesgos biológicos (quizás debido a la inmediatez de sus
consecuencias o a la formación técnica de los involucrados) por sobre los
riesgos físicos, químicos, tecnológicos y ergonó-micos. Hubo
coincidencia absoluta en que las jornadas laborales prolongadas aumentan el
riesgo laboral. La
gran mayoría de los entrevistados refirió haber padecido violencia psíquica,
aunque sólo algunos padecieron episodios de violencia física. Los grupos más
vulnerables fueron las mujeres y los empleados de más de cinco años de antigüedad
laboral. Entendemos que los trabajadores que sufren este tipo de hechos
desconocen que constituye un riesgo laboral y los dispositivos disponibles
para su cobertura. La entidad denominada acoso moral, mobbing, o bullying
fue desconocida por la mayoría de los encuestados como ente nosológico,
incluso punible en algunos países. En los pocos casos reconocidos, el acoso
fue ejercido por jefes o pacientes. Fue
importante en número la sensación de agobio al tener que enfrentarse a la
tarea laboral. Aproximadamente,
la mitad del personal encuestado dijo conocer las enfermedades laborales
referidas a su profesión y aceptó la responsabilidad del empleador en las
mismas y en los accidentes laborales. También consideraron que cuentan con
prestaciones médicas, de higiene y seguridad a cargo de su empleador, lo que
demuestra que desconocen la realidad. Reconocieron no haber realizado nunca
chequeos médicos a cargo del empleador (obligatorios según la legislación
vigente). Gran
parte de los encuestados dijo conocer cómo proceder frente a un accidente de
trabajo, se halló coincidencia en cuanto a la obligatoriedad del registro en
el libro de accidentes de guardia, denuncia policial, notificación al
servicio de Promoción y Protección de la Salud de su hospital y en la
necesidad de recibir tratamiento inmediato adecuado en cada caso, manifestaron
dudas acerca de realizar consulta gremial o legal. Alrededor
de la mitad de las personas desconocieron la inexistencia del servicio de
Salud Laboral en su hospital. Contribuye a la confusión el mecanismo
dispuesto por el GCBA en base a la ordenanza 36.558 (BM 16.500 del 6/4/81) que
obliga a los accidentados a realizar denuncia policial del hecho acompañado
del jefe inmediato, que contradice a la legislación nacional vigente (ley de
Riesgos del Trabajo, N° 24.557), que deja al accidentado la mayoría de las
veces sin cobertura frente a la contingencia sufrida. -
Conclusiones: el grado más alto posible de salud de los trabajadores
de la salud debería ser un objetivo social, ya que contribuye y facilita que
el resto de la población alcance un nivel de salud satisfactorio y consiga
sus metas de desarrollo social y económico.
El
problema principal es la falta de información sobre estas noxas y la débil
percepción que tenemos del daño que pueden causar. La
importancia del enfoque de riesgo y los factores de riesgo radica en la
posibilidad preventiva que de ello resulta. Es necesario efectuar una evaluación
de riesgos que implica reconocer su existencia en el medio ambiente de
trabajo, su ubicación y su distribución, la identificación de su
peligrosidad, la evaluación de sus efectos sobre la salud y la valoración de
la exposición. Creemos
haber confirmado la hipótesis de que la insuficiente, errónea, o
definitivamente ausente percepción de los riesgos laborales constituye en sí
misma el primer obstáculo para su prevención. Como
puede advertirse, la identificación, cuantificación y control de los riesgos
para la salud de los trabajadores es una tarea compleja que requiere del
aporte de todas las disciplinas que integran el equipo de salud laboral (médicos
del trabajo, especialistas en higiene y seguridad, sociólogos, antropólogos,
ergóno-mos, psicólogos, especialistas en derecho, epidemiólogos, enfermeros
y economistas) actuando en forma mancomunada. Otro
aspecto a tener en cuenta es que los trabajadores de la salud de la Ciudad de
Buenos Aires carecemos de cobertura específica frente a los riesgos del
trabajo, toda vez que nuestro empleador no cumple con las leyes vigentes. La
ausencia de servicios de Medicina Laboral en los hospitales del GCBA, cuya única
excepción es el Grupo de Trabajo que funciona en el hospital Piñero, no sólo
demuestra desinterés por al abordaje de la temática que nos ocupa, sino que
también constituye un obstáculo para la planificación de acciones
preventivas. LA
PRIMERA MISION DEL MEDICO ES CUIDAR LA VIDA, INCLUYENDO LA PROPIA. PROPUESTAS
Para
mejorar la eficacia preventiva de los trabajadores: 1.
El diagnóstico de las necesidades debe ser el primer paso para la planificación
de la actividad preventiva, teniendo en cuenta tanto la evaluación de los
riesgos basada en la investigación, como la estimación intuitiva basada en
la experiencia cotidiana ya que ambas forman parte de la realidad del riesgo.
Una vez recopilada la información debe someterse a un debate entre los
diferentes actores (interacción). 2.
Debe
conseguirse el compromiso del empleador para planificar políticas de prevención. 3.
Debe consensuarse con el empleador la prioridad de la seguridad frente a la
producción. 4.
Deben plantearse estrategias de prevención que superen el esquema clásico de
cursos y jornadas. Como ejemplo se plantean la formación en el puesto de
trabajo con el apoyo y la supervisión de expertos o personal más antiguo, o
la formación de grupos de discusión. 5.
Deben
seleccionarse contenidos de acuerdo a las percepciones de los trabajadores del
sector, y esos contenidos estarán siempre en consonancia con las
posibilidades de aplicación en la realidad. 6.
Debe
aplicarse una metodología didáctica participativa basada en el intercambio
de experiencias e informaciones, evitando las clases magistrales impartidas
por una persona ajena al trabajo y utilizando técnicas grupales (estudio de
casos, grupos de discusión, debates, juegos de rol, etc.). 7.
Deben integrarse los programas de prevención a las actividades curriculares
hospitalarias. 8.
Debe prestarse especial atención a los trabajadores fijos con experiencia en
cada sector ya que son los más expuestos a los riesgos, a fin de favorecer la
reflexión crítica de sus conductas. Otro objetivo específico debe ser el
personal joven, en el que la falta de experiencia y formación aparecen como
obstáculo para mejorar su capacidad de trabajar en forma segura. 9.
Debe exigirse el cumplimiento de las Normativas y Recomendaciones de los
Organismos Internacionales (OIT, OMS) para el ámbito laboral que nos ocupa,
al igual que el respeto por las Leyes vigentes. 10.
Deben
extremarse las medidas para la detección de los riesgos en cada sector del
hospital o área, empleando para ello personal técnico idóneo, con
capacitación continua en estos temas. 11.
Debe intentarse la eliminación del factor de riesgo (reemplazando materiales
o modificando procesos). 12.
Si lo anterior no fuese posible, se intentará evitar la exposición del
personal (automatizando los procesos o aislando a la fuente productora del
riesgo). 13.
Si tampoco lo anterior fuese posible, se deberá limitar la exposición humana
(uso de antiparras, delantales plomados, protección auditiva, etc.). 14.
Debe
propiciarse la creación de servicios de Medicina Laboral en el ámbito del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como respuesta institucional a la
preocupación por la vigilancia del medio ambiente de trabajo y de la salud de
los propios trabajadores. BIBLIOGRAFIA -
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Se recomienda visitar www.ilo.org |