BOLETIN CIENTIFICO

Asociación de Médicos Municipales de la CBA

Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud

Año 8 - Nº38 - Diciembre de 2003


SUMARIO

Percepción del riesgo laboral del médico en el ámbito del gcba. ¿Somos conscientes?


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


PERCEPCION DEL RIESGO LABORAL DEL MEDICO EN EL AMBITO DEL GCBA

¿SOMOS CONSCIENTES?

Bustos, Jorge Alberto

Calandra, Domingo Vicente

Farías, Sandra Beatriz

Papotto, Sonia Miriam

Stéfano, Eduardo Enrique

 Agradecemos la valiosa y desinteresada colaboración del Dr. Héctor Nieto

Julio de 2003

INTRODUCCION

El fundamento del siguiente trabajo se basa en la percepción de que los esfuerzos para evitar los riesgos laborales avanzan a un ritmo demasiado lento; los problemas ambientales y sanitarios continúan agravándose con mayor rapidez de la que la sociedad dispone para identificarlos y corregirlos; los procesos de toma de decisiones, a menudo se desarrollan en condiciones de ignorancia o de incertidumbre.

En todo el mundo, según la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, se registran 1,2 millones de muertes por accidentes de trabajo cada año (3.300 muertes por día) y 160 millones de casos nuevos de enfermedades relacionadas con el trabajo (IFCTU, 2002).

Por otra parte, se estima que por cada caso fatal hay 1.200 accidentes, que provocan como resultado tres o más días de ausentismo laboral; 750 lesiones invalidantes (Levine, 2000) y alrededor de 5.000 accidentes que requieren de primeros auxilios. (Joseph Takala, 2002).

En nuestro país, según la Superinten-dencia de Riesgos de Trabajo, se produjeron durante 1997 más de 350.000 accidentes de trabajo entre la población económicamente activa (PEA) cubierta por el sistema; se ignora lo que puede haber ocurrido al resto de la PEA que trabaja por fuera del sistema, que sin dudas se encuentra expuesta a iguales o mayores riesgos. Entre la población descubierta por el sistema se destacan los trabajadores de la salud pública de la Ciudad de Buenos Aires, que constituyen un sector peculiar, caracterizado por la carencia de cobertura en este sentido y expuesto a riesgos específicos, tales como agentes físicos, químicos, ergonómicos, tecnológicos y de seguridad.

El marco legal en el ámbito nacional se remite a la ley 19.587 sobre Higiene y Seguridad en el Trabajo del 21 de abril de 1972 y a la ley 24.557 sobre Riesgos de Trabajo. En el ámbito internacional cabe destacar el Convenio 161 y la Recomendación 171 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo del que la Argentina es miembro.

Este estudio parte de la hipótesis de que la insuficiente, errónea o definitivamente ausente percepción o identificación de los riesgos laborales constituye en sí misma el primer obstáculo para la prevención de los riesgos laborales.

PERCEPCION DEL RIESGO LABORAL, EVOLUCION HISTORICA

La llamada ley de las tres generaciones, acuñada por Charles Clutterbuck, ilustra perfectamente el retraso histórico en la aplicación del conocimiento a la mejora de las condiciones de trabajo: “En una generación se introduce el riesgo, en la siguiente el riesgo es reconocido como tal y en la tercera se promulga una ley para su control”. “A veces hace falta una cuarta generación para que el riesgo sea efectivamente controlado; pero, sea como sea, la ley siempre llega tarde”.

El retraso de siglos entre el conocimiento y la acción preventiva plantea graves interrogantes éticos y requiere ser superado mediante estrategias activas que tengan especialmente en cuenta la mediación social de todas las decisiones.

Esta concepción explícitamente formulada choca frontalmente con el modelo tecno-preventivo dominante en nuestro medio que, bajo una aparente imparcialidad, esconde en realidad presupuestos tecnocráticos basados en la preeminencia del conocimiento técnico sobre cualquier otro tipo de enfoque, al margen de consideraciones, tanto de carácter sociocultural como sanitario.

Los postulados en que se basa el modelo tecno-preventivo, se pueden sintetizar de la siguiente forma: sobre la base de la evaluación técnica de los riesgos, el experto fija los contenidos de la formación y la imparte según una orientación básicamente prescriptiva, es decir, traslada a los trabajadores el conocimiento técnico del riesgo y las pautas de conducta a seguir. Los puntos débiles que presenta este modelo son en primer término, que los contenidos no siempre coinciden con el interés o las prioridades de los trabajadores; luego, que habitualmente el experto presupone que el problema es el desconocimiento del riesgo (aunque no suele ser así, excepto en trabajadores recién ingresados o por riesgos con efecto a muy largo plazo). Por otra parte, se ignoran las percepciones, actitudes y comportamientos de los trabajadores y no se toman en cuenta la viabilidad o posibilidad de aplicación de las conductas propuestas a los trabajadores. Todo lo antedicho predispone a que difícilmente se puedan llevar a cabo cambios que mejoren la calidad de vida de los trabajadores.

Ana Puy publica en 1995 un libro en el que aborda la cuestión de la percepción social de los riesgos con un enfoque sociocultural y multidimensional que, además de la dimensión numérica de probabilidades y pérdidas o efectos, atiende a aspectos cualitativos relacionados con la construcción social del riesgo. La percepción del riesgo laboral por parte de los trabajadores puede estar condicionada por factores como el valor que conceden a la salud (significación), la inquietud que provoca la posibilidad de sufrir un daño y sus consecuencias (incertidumbre) o las expectativas de control real del riesgo (confianza).

Desde un punto de vista preventivo lo que nos interesa son los significados que sobre el riesgo comparten la mayoría de los trabajadores y que condicionan determinadas formas de pensar y de actuar.

Existe la posibilidad de que las percepciones sobre los riesgos por parte de los trabajadores sean diferentes a las estimaciones realizadas por los expertos e, incluso, que situaciones de riesgo similares sean vividas de forma diferente por distintos colectivos de trabajadores o por un mismo colectivo en momentos distintos.

Idealmente, las estrategias preventivas debieran promover la participación de los trabajadores al mismo tiempo que la utilización rigurosa del conocimiento experto.

Considerar que la prevención es propiamente formación, implica perder la perspectiva en la mejora de las condiciones de trabajo y trasladar todo el peso preventivo al comportamiento individual de los trabajadores, a quienes en la mejor tradición de la caduca teoría del “error humano”, se los terminará considerando culpables por los efectos de una exposición al riesgo que, sin embargo, les fue impuesta mediante decisiones sobre la forma de organizar el trabajo y la producción, en las que no participaron. Se requiere el concurso activo de los trabajadores, y aquí es donde aparece el objetivo fundamental de la formación: promover el compromiso de los trabajadores en los procesos de mejora de las condiciones de trabajo. Planteamos entonces, como primer objetivo la formación para la prevención.

Los contenidos concretos de la formación deben tener en cuenta las percepciones de los trabajadores y prestar especial atención de manera general a los riesgos relacionados con el ambiente de trabajo y con la seguridad, así como a determinados aspectos relacionados con los riesgos psíquicos (atención, monotonía) y ergonómicos (posturales, cargas).

RIESGOS LABORALES EN EL SECTOR SALUD: CLASIFICACION

Definimos al riesgo como la probabilidad de que se produzca un deterioro en la salud como consecuencia de la exposición a un agente determinado.

- Riesgos laborales: los clasificamos en cuatro categorías:

a) Ambientales.

b) Psicosociales.

c) Tecnológicos y de seguridad.

d) Carga de trabajo.

- Riesgos ambientales: también denominados contaminantes. De acuerdo a su naturaleza pueden ser clasificados en tres tipos:

1) Agentes químicos: pueden presentarse en forma de gases, vapores, polvos, nieblas o humos. Son ejemplos: cadmio, tolueno, xileno, derivados halogenados de hidrocarburos asfálticos, ditriclo-rometano, tribromometano, ditricloroeta-no, d-tricloroetileno, dicloropropano, clorpropileno, clorobutadieno, acrilatos, formol, óxido de etileno, mercurio, glu-taraldehido, freones, hipoclorito de so-dio, yodo, ácido acético, metacrilato, citostáticos, etc.

2) Agentes físicos:

Ruido y vibraciones.

Radiaciones ionizantes.

Radiaciones ultravioletas.

Rayo láser.

Otros: carga térmica, ventilación, iluminación, gases comprimidos, etc.

3) Agentes biológicos: bacterias, virus, hongos y parásitos (referimos aquí al listado de enfermedades profesionales de la ley de Riesgos del Trabajo, actualmente en vigencia).

- Riesgos piscosociales: se consideran a los derivados de la organización y contenido del trabajo, teniendo en cuenta el tiempo de trabajo (jornadas y horarios), los ritmos de trabajo, el nivel de automati-zación y comunicación, los estilos de conducción, las remuneraciones, la violencia, etc.

De acuerdo con el National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH) de los Estados Unidos, violencia en el trabajo es cualquier ataque físico, conducta amenazante o abuso verbal ocurrido en el lugar de trabajo.

El término mobbing o acoso moral define según J. M. Prieto un “amotinamiento reactivo y agresivo de unos individuos que se sienten atacados”. Etiológicame-nte se menciona como derivado del chillido de alarma que emite un grupo de animales que se siente atacado o amenazado ante la presencia de un preda-dor.

Según Marie France Irigoyen se habla de acoso moral en el trabajo ante toda conducta abusiva (gente, palabra, comportamiento, actitud), que atente, por su repetición o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de una persona, que pone en peligro un empleo o degrada el ambiente de trabajo. Se genera entonces un círculo vicioso entre la situación de estrés, la respuesta orgánica y el deterioro laboral. De todos modos, en el mediano plazo termina con la salida de la víctima del acoso del medio laboral.

Hacia 1986, la psicóloga social C. Mas-lach junto con otros autores, se preocuparon por una asociación patológica característica de los trabajadores de salud que combina síntomas de síndro-mes depresivos con desinterés y cinismo en la relación laboral. Tomando un término de la industria aeroespacial, que ya había sido acunado previamente a semejanza de un cohete propulsor agotado, denominaron Burn out o “ya quemado” al síndrome por ellos descripto. Se trata de una suma sintomática de agotamiento psíquico, cansancio físico extremo y desmesurado con la realidad actuada, desinterés y frialdad en la relación laboral, así como dificultad de adaptación a la tarea laboral. Estas características definen sólo parcialmente al síndrome en cuestión; que por otro lado es característico de los profesionales que se desempeñan en servicios que plantean relaciones interpersonales especialmente con sectores en situación de necesidad o dificultad, y que se profundizan cuando están asociados a dependencia en la situación laboral.

La prevención de esta afección es primordial y es esencial reconocer su existencia y primeros síntomas, así como debería ser obligatorio propiciar situaciones institucionales contenedoras.

- Riesgos tecnológicos y de seguridad: son los derivados de los aspectos edi-licios y de seguridad. Se agrupan aquí todos los factores ligados a las instalaciones, las maquinarias y las herramientas; así como también las características estructurales de los edificios.

- Riesgos derivados de la carga de trabajo: están determinados por los requerimientos físicos o psíquicos que el trabajo exige a quien lo efectúa.

Se clasifican en:

Carga física estática (posturas forzadas sostenidas en el tiempo).

Carga física dinámica (levantar peso, caminar, etc.).

Carga mental (conjunto de elementos perceptivos, cognitivos, y afectivos involucrados en el desarrollo de una actividad).

LEGISLACION VIGENTE

Las leyes actualmente en vigencia en todo el territorio de la República Argentina, son la 19.587/72 de Higiene y Seguridad en el Trabajo y la 24.557/95 sobre Riesgos de Trabajo. La primera comprende las normas técnicas y medidas sanitarias, de tutela o de cualquier otra índole que tengan por objeto proteger la vida, preservar y mantener la integridad psicofísica de los trabajadores; prevenir, reducir, eliminar o aislar los riesgos en los distintos puestos de trabajo; estimular la prevención de accidentes o enfermedades derivadas de la actividad laboral. Son obligaciones del empleador entre otras, la creación de servicios de higiene y seguridad en el trabajo y de medicina del trabajo de carácter preventivo y asistencial; el estudio y adopción de medidas de protección de la salud y la vida y la realización de exámenes preo-cupacionales y periódicos. Debe además, el empleador, mantener las condiciones de higiene y seguridad en los ambientes de trabajo; suministrar y mantener los equipos de protección personal, así como también promover la capacitación del personal en este sentido y denunciar los accidentes y enfermedades laborales.

La ley 24.557, promulgada en octubre de 1995, impone la creación del seguro obligatorio y autoseguro. Están incluidos obligatoriamente los funcionarios y empleados del sector público nacional, de las provincias y sus municipios y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hoy Gobierno, los trabajadores en relación de dependencia del sector privado y las personas obligadas a prestar un servicio de carga pública. La supervisión y contralor sobre las ART serán realizados por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, y el no cumplimiento de la ley será sancionado con multas o prisión de dos a seis años.

IDENTIFICACION DEL RIESGO LABORAL DE LOS MEDICOS DE HOSPITALES DEPENDIENTES DEL GCBA

- Objetivos: describir el grado de identificación del riesgo laboral que tienen los profesionales médicos de distintos hospitales dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA).

- Material y métodos: se efectuó una encuesta a 92 médicos tomados al azar en distintos hospitales dependientes del GCBA, durante el mes de junio de 2003. Fueron encuestados médicos de los hospitales Argerich, Fernández, Gutié-rrez, Sardá, Penna, Pirovano y Santoja-nni. Cada entrevista fue de tipo cerrada, con tres alternativas como respuesta: si - no - no sé.

Se consideraron las siguientes variables: edad y sexo; lugar de trabajo (guardia o planta); y antigüedad laboral (menos o más de 5 años, se estimó a este último como el tiempo promedio de formación básica). Además se consideró el reconocimiento de exposición a riesgos ambientales, físicos, químicos, biológicos y psicosociales (violencia o acoso moral). Se investigó si la población en estudio conocía su situación acerca de cobertura en caso de accidentes de trabajo y enfermedad laboral; responsabilidad en estos casos; y cumplimiento de las leyes vigentes.

Con todas las variables se procedió al recuento correspondiente y al establecimiento de las frecuencias.

- Resultados: la población fue uniforme respecto al sexo, 49 mujeres y 43 hombres (53,2% y 46,8% respectivamente) y la media de edad fue de 38 años (r 25-68). Respecto a la antigüedad, el 66,3% tenía más de 5 años (61).

Con relación a la percepción de los encuestados sobre los elementos y servicios de seguridad, observamos que el 70,6% sabía de la existencia de los matafuegos, el 32,6% conocía la salida de emergencia y sólo el 11,9% el plan de evacuación (ver gráfico 1).

El 100% de los encuestados percibió el riesgo con relación a jornadas laborales prolongadas (mayor a 24 horas). La exposición al riesgo físico fue aceptada por el 83,6% de los encuestados mientras que sólo el 18,4% refirió contar con medidas de protección adecuada. La exposición a los riesgos químicos fue aceptada por el 27,1% y el 11,9% manisfestó contar con medidas de protección adecuadas. La exposición a los riesgos biológicos fue admitida por el 100% y el 92,4% dijo disponer de medidas adecuadas de protección (ver gráfico 2).

Dentro de las medidas de prevención, la encuesta consideraba a la vacunación completa respecto a hepatitis A y B y rubéola. Observamos con relación a la hepatitis A que los médicos con más de 5 años de antigüedad laboral contaban con menos cobertura: 44,2% vs 71% de profesionales con menos de 5 años. Con respecto a la hepatitis B, tenían con vacunación completa el 88% y sabían que tenían anticuerpos positivos el 50%. El 59,2% de las mujeres y el 39,5% de los hombres habían recibido vacuna de rubéola. Refirieron haber sufrido episodios de violencia física el 20,6% y de violencia psíquica el 9% (ver gráfico 3).

El acoso moral fue reconocido como una entidad por sólo el 27,2% (25/92) de los encuestados, mientras que el 19,6% reconoció haberlo padecido (18/92). Se sintió discriminado el 25% y agobiado el 69,6%.

El 72,8% dijo saber que contaba con prestaciones médicas de higiene y seguridad en el trabajo a cargo del emplea-dor en caso de accidente de trabajo o enfermedad profesional. El 82,6% responsabilizó al empleador de las enfermedades laborales y accidentes de trabajo. Ninguno realizó exámenes médicos periódicos a cargo del empleador y el 46,7% señaló conocer las enfermedades laborales para su profesión.

Dieciseis (17,4%) médicos encuestados expresaron que su hospital contaba con servicios de Salud Laboral; 42 (45,6%) sostuvieron que no había y 34 (37%) desconocían si existía o no.

Ante un accidente de trabajo, el 75% (69/92) conocía cómo se procedía pero ante la pregunta de la necesidad de asesoramiento gremial y legal las cifras fueron menores del 50% en todos los casos (ver cuadro 1).

- Discusión: detectamos a través de la encuesta, el grado de identificación de los distintos riesgos que manifiestan los profesionales médicos del GCBA.

Con respecto a los riesgos tecnológicos y de seguridad se observó que la mayoría de los encuestados conocía la existencia de matafuegos en su lugar de trabajo, pero desconocían las salidas de emergencia y el plan de evacuación ante una emergencia. Cabe destacar que no se hallaron en ninguno de los hospitales observados, diagramas ni señalizaciones con indicaciones para situaciones de emergencia, en lugares visibles al público ni al personal.

La exposición a riesgos físicos (radiaciones ionizantes, temperatura, ventilación inadecuada y ruidos), fue reconocida aunque se aceptó no contar con protección adecuada. No hubo identificación de exposición a agentes químicos.

Todos aceptaron estar expuestos a riesgos biológicos y contar con los medios necesarios para su protección. La mayoría de los encuestados contaban con vacunación completa para Hepatitis B, un porcentaje menor para Hepatitis A y sólo un pequeño grupo para rubéola. Los dosajes de anticuerpos se realizaron en pocas ocasiones.

Las observaciones sobre la identificación de riesgos ambientales coinciden con las expresadas por el Dr. Héctor Nieto, quien afirma el reconocimiento prioritario de los riesgos biológicos (quizás debido a la inmediatez de sus consecuencias o a la formación técnica de los involucrados) por sobre los riesgos físicos, químicos, tecnológicos y ergonó-micos.

Hubo coincidencia absoluta en que las jornadas laborales prolongadas aumentan el riesgo laboral.

La gran mayoría de los entrevistados refirió haber padecido violencia psíquica, aunque sólo algunos padecieron episodios de violencia física. Los grupos más vulnerables fueron las mujeres y los empleados de más de cinco años de antigüedad laboral. Entendemos que los trabajadores que sufren este tipo de hechos desconocen que constituye un riesgo laboral y los dispositivos disponibles para su cobertura. La entidad denominada acoso moral, mobbing, o bullying fue desconocida por la mayoría de los encuestados como ente nosológico, incluso punible en algunos países. En los pocos casos reconocidos, el acoso fue ejercido por jefes o pacientes.

Fue importante en número la sensación de agobio al tener que enfrentarse a la tarea laboral.

Aproximadamente, la mitad del personal encuestado dijo conocer las enfermedades laborales referidas a su profesión y aceptó la responsabilidad del empleador en las mismas y en los accidentes laborales. También consideraron que cuentan con prestaciones médicas, de higiene y seguridad a cargo de su empleador, lo que demuestra que desconocen la realidad. Reconocieron no haber realizado nunca chequeos médicos a cargo del empleador (obligatorios según la legislación vigente).

Gran parte de los encuestados dijo conocer cómo proceder frente a un accidente de trabajo, se halló coincidencia en cuanto a la obligatoriedad del registro en el libro de accidentes de guardia, denuncia policial, notificación al servicio de Promoción y Protección de la Salud de su hospital y en la necesidad de recibir tratamiento inmediato adecuado en cada caso, manifestaron dudas acerca de realizar consulta gremial o legal.

Alrededor de la mitad de las personas desconocieron la inexistencia del servicio de Salud Laboral en su hospital. Contribuye a la confusión el mecanismo dispuesto por el GCBA en base a la ordenanza 36.558 (BM 16.500 del 6/4/81) que obliga a los accidentados a realizar denuncia policial del hecho acompañado del jefe inmediato, que contradice a la legislación nacional vigente (ley de Riesgos del Trabajo, N° 24.557), que deja al accidentado la mayoría de las veces sin cobertura frente a la contingencia sufrida.

- Conclusiones: el grado más alto posible de salud de los trabajadores de la salud debería ser un objetivo social, ya que contribuye y facilita que el resto de la población alcance un nivel de salud satisfactorio y consiga sus metas de desarrollo social y económico.

El problema principal es la falta de información sobre estas noxas y la débil percepción que tenemos del daño que pueden causar.

La importancia del enfoque de riesgo y los factores de riesgo radica en la posibilidad preventiva que de ello resulta. Es necesario efectuar una evaluación de riesgos que implica reconocer su existencia en el medio ambiente de trabajo, su ubicación y su distribución, la identificación de su peligrosidad, la evaluación de sus efectos sobre la salud y la valoración de la exposición.

Creemos haber confirmado la hipótesis de que la insuficiente, errónea, o definitivamente ausente percepción de los riesgos laborales constituye en sí misma el primer obstáculo para su prevención.

Como puede advertirse, la identificación, cuantificación y control de los riesgos para la salud de los trabajadores es una tarea compleja que requiere del aporte de todas las disciplinas que integran el equipo de salud laboral (médicos del trabajo, especialistas en higiene y seguridad, sociólogos, antropólogos, ergóno-mos, psicólogos, especialistas en derecho, epidemiólogos, enfermeros y economistas) actuando en forma mancomunada.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los trabajadores de la salud de la Ciudad de Buenos Aires carecemos de cobertura específica frente a los riesgos del trabajo, toda vez que nuestro empleador no cumple con las leyes vigentes.

La ausencia de servicios de Medicina Laboral en los hospitales del GCBA, cuya única excepción es el Grupo de Trabajo que funciona en el hospital Piñero, no sólo demuestra desinterés por al abordaje de la temática que nos ocupa, sino que también constituye un obstáculo para la planificación de acciones preventivas.

LA PRIMERA MISION DEL MEDICO ES CUIDAR LA VIDA, INCLUYENDO LA PROPIA. PROPUESTAS

Para mejorar la eficacia preventiva de los trabajadores:

1. El diagnóstico de las necesidades debe ser el primer paso para la planificación de la actividad preventiva, teniendo en cuenta tanto la evaluación de los riesgos basada en la investigación, como la estimación intuitiva basada en la experiencia cotidiana ya que ambas forman parte de la realidad del riesgo. Una vez recopilada la información debe someterse a un debate entre los diferentes actores (interacción).

2. Debe conseguirse el compromiso del empleador para planificar políticas de prevención.

3. Debe consensuarse con el empleador la prioridad de la seguridad frente a la producción.

4. Deben plantearse estrategias de prevención que superen el esquema clásico de cursos y jornadas. Como ejemplo se plantean la formación en el puesto de trabajo con el apoyo y la supervisión de expertos o personal más antiguo, o la formación de grupos de discusión.

5. Deben seleccionarse contenidos de acuerdo a las percepciones de los trabajadores del sector, y esos contenidos estarán siempre en consonancia con las posibilidades de aplicación en la realidad.

6. Debe aplicarse una metodología didáctica participativa basada en el intercambio de experiencias e informaciones, evitando las clases magistrales impartidas por una persona ajena al trabajo y utilizando técnicas grupales (estudio de casos, grupos de discusión, debates, juegos de rol, etc.).

7. Deben integrarse los programas de prevención a las actividades curriculares hospitalarias.

8. Debe prestarse especial atención a los trabajadores fijos con experiencia en cada sector ya que son los más expuestos a los riesgos, a fin de favorecer la reflexión crítica de sus conductas. Otro objetivo específico debe ser el personal joven, en el que la falta de experiencia y formación aparecen como obstáculo para mejorar su capacidad de trabajar en forma segura.

9. Debe exigirse el cumplimiento de las Normativas y Recomendaciones de los Organismos Internacionales (OIT, OMS) para el ámbito laboral que nos ocupa, al igual que el respeto por las Leyes vigentes.

10. Deben extremarse las medidas para la detección de los riesgos en cada sector del hospital o área, empleando para ello personal técnico idóneo, con capacitación continua en estos temas.

11. Debe intentarse la eliminación del factor de riesgo (reemplazando materiales o modificando procesos).

12. Si lo anterior no fuese posible, se intentará evitar la exposición del personal (automatizando los procesos o aislando a la fuente productora del riesgo).

13. Si tampoco lo anterior fuese posible, se deberá limitar la exposición humana (uso de antiparras, delantales plomados, protección auditiva, etc.).

14. Debe propiciarse la creación de servicios de Medicina Laboral en el ámbito del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como respuesta institucional a la preocupación por la vigilancia del medio ambiente de trabajo y de la salud de los propios trabajadores.


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- Se recomienda visitar www.ilo.org

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