| Suplemento del Diario del
Mundo Hospitalario BOLETIN CIENTIFICO Asociación de Médicos Municipales de la CBA Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud Año 7 - Nº32 - Octubre de 2002La
necesidad de los Comités
de Bioética en el hospital público
La
necesidad de los Comités de Bioética en el hospital público
Dr. Pablo Fridman,
médico del servicio de Psicopatología del hospital Álvarez Dra. Margarita Gaset,
médica del servicio de Clínica Médica del hospital Piñero Dra. Adriana Grebnicoff,
médica del servicio de Clínica Pediátrica del hospital de niños Elizalde Dr. Ricardo Marino, médico de la Unidad 4 del
hospital Muñiz MORAL
Y ETICA A
la hora de considerar la necesidad de los Comités de Ética en los
hospitales, pueden confundirse los conceptos de ética y moral. Esta confusión
dificultaría la función de los comités y genera por momentos la consabida
desconfianza en ellos, dado que en el peor de los casos, se los puede concebir
como instancias de control y establecimiento de una moral. La
filosofía nos dice que la moral, entonces, no es la ética. Moral
(del latín moralis, relativo a la costumbre, mores) es el
conjunto de normas, usos y leyes que el hombre percibe como obligatorias en su
conciencia. Su estudio es objeto de la ética, es abarcado por ella, y tiene
un horizonte más amplio. El
lenguaje moral recurre a la función del lenguaje conocida como apelativa,
prescriptiva o imperativa, y así se dice que el discurso moral o
lenguaje moral es un discurso prescriptivo, o sea que efectúa
prescripciones, decisiones que por regla general no se discuten y se ejecutan.
Las principales manifestaciones de este tipo de discurso son los imperativos,
las normas, y las valoraciones o juicios de valor. Claro está que a la hora
de establecer una conducta ética a seguir deberá ser discutida en un
organismo amplio y representativo. La
moral genera juicios morales y no éticos. Emitimos juicios morales cuando juzgamos si una persona ha actuado
conforme a su deber o no, o si una acción es o no moralmente correcta, siempre
en consideración con los
usos y costumbres de una época,
o teniendo en cuenta si los motivos para actuar son o no correctos. Hay
diferencia entre juicios de obligación moral o juicios deónticos, y juicios
morales de valor. Los primeros tienen por objeto acciones y omisiones,
mientras que los segundos tienen por objeto a personas, decisiones, motivos,
etc. Los fundamentales son, al parecer, los juicios que expresan obligaciones
morales o juicios deónticos, puesto que la ética es ante todo el fundamento
de una praxis, y la moral se refiere primariamente a las actuaciones. La
medicina establece una deóntica en tanto existen obligaciones fundamentales a
las que la conducta médica no puede escapar (es por eso que las acciones médicas
tienen implicancias legales y se juzga la responsabilidad del médico, que se
da como implícita en el ejercicio de su profesión). La
persona que actúa moralmente es objeto de valoración moral: de ella hacemos
juicios morales. “Debe o no debe” se refiere ante todo a la actuación; en
consecuencia, la actuación que es conforme a deber, es “buena” y la que
no, es “mala”. Valoramos si una actuación es buena o mala mediante
juicios morales y, a su vez, estos deben fundarse en criterios morales. En el
juicio moral o ético no está en cuestión la buena o mala praxis, sino la
adecuación de determinada acción a pautas aceptadas en determinado consenso. Ética
(según Aristóteles,
éthos: costumbre) es la rama de la filosofía cuyo objeto de estudio
es la
moral. Si por moral
hay que entender el conjunto de normas o costumbres (mores) que rigen
la conducta de una persona para que pueda considerarse buena, la ética es la
reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué se
fundamentan los denominados juicios morales. Los
preceptos morales, puesto que forman parte dela vida humana concreta y
tienen su fundamento en las costumbres, son muchas y variadas (la
cristiana, la musulmana, la moral de los indios tobas, etc) y se aceptan
tal como son; mientras que la ética, que se apoya en un análisis
racional de la conducta moral, tiende a cierta universalidad de conceptos y
principios y, aunque admita diversidad de sistemas éticos o maneras
concretas de reflexionar sobre la moral, exige su fundamentación y admite
su crítica, igual que han de fundamentarse y pueden criticarse las opiniones.
En resumen, la ética es a la moral lo que la teoría es a la práctica;
la moral es un tipo de conducta, la ética es una reflexión filosófica. Tanto
la moral como la ética se refieren, aunque no exclusivamente, a situaciones
conflictivas de la vida de las personas. Desde el punto de vista moral, hay
que tomar una decisión práctica; desde el punto de vista de la ética, ha de
formarse una dirección en el hábito de saber decidir moralmente. Un
imperativo se impone a una persona porque admite normas, y debe admitirlas
porque participa de la común aceptación de los valores en los que
socialmente se halla inmerso, se quiera o no, por el hecho de formar parte de
una comunidad. “No matarás”, por ejemplo, es un imperativo; si se
pregunta “¿por qué?”, se responde que “hay que respetar la vida de los
demás (a menos que se ponga en peligro la propia)”. Norma ética a la que
si se pregunta “¿por qué hay que respetar la vida de los demás?” puede
responderse porque la vida humana se considera un valor supremo. Al decir
“no matarás” se expresa también la adhesión personal a un principio que
expresa un valor universal y, por lo mismo, quien hace un juicio moral que
prohíbe o prescribe una acción determinada, afirma también que la prescribe
y prohíbe para cualquier ocasión, persona o situación. FUNCIONES
DE LOS COMITES DE BIOETICA En
relación a los Comité de Bioética en los hospitales, la problemática que
se nos plantea es cómo evitar, en sus intervenciones, la intromisión de los
prejuicios morales de aquellos que lo componen. ¿Cuál es el límite de la
intervención o tratamiento por el Comité de Bioética, a pesar de ser órganos
consultivos y no ejecutivos, de los considerados “dilemas éticos”? ¿Cuándo
se puede determinar un problema como problema ético? La resolución por el
consenso social supuesto apunta a una salida provisoria pero no suficiente. El
Comité debe afrontar una representación que desde el principio es de una
dificultad extrema, por consiguiente, una premisa inicial es que el Comité de
Bioética no sea un Comité Moral: esto significa que sus resoluciones deben
apuntar a una construcción siempre abierta y general, y no funcionar como
instancia de valoración moral. Un
problema ético es el que plantea una dificultad o un impedimento moral, en
relación a una conducta médica a adoptar. Este problema puede ser planteado
por cada uno de los integrantes del equipo de salud, como así también por
pacientes y familiares; es decir, por todos aquellos que están involucrados
en la consecución del acto médico. Los
Comités de Bioética son órganos consultivos y no resolutivos, no
eximen de la responsabilidad médica en la toma de decisiones, o sea que no relevan de responsabilidad legal al médico
o al equipo de salud. Son instancias que amplían el margen de posibilidades de intervención
con fundamentos racionales de las acciones futuras, y por lo tanto,
apuntan a elevar la calidad de la prestación de salud en el contexto
institucional hospitalario. Las
soluciones éticas no son soluciones legalistas, tentación en la cual pueden
caer los Comités de Bioética, especialmente cuando en su conformación
intervienen abogados. La perspectiva legal no puede absorber toda la problemática,
sino que es uno de los puntos de vista que se deben considerar y que
enriquecen la discusión, pero de ninguna manera debe opacar el resto de las
opiniones ni ser considerada como la única excluyente. En
relación a las consecuencias problemáticas de esta situación, es
instructiva la experiencia en el hospital Grady en EE.UU., donde tomar la
cuestión legal como prioritaria obstaculizó la discusión y llegada a
conclusiones enriquecedoras. El
hecho de que el Comité deba ser integrado por médicos y no médicos
(religiosos, representantes de la comunidad, otros profesionales, etc.) apunta
a que la medicina no resulta suficiente para resolver todos los problemas médicos.
En ocasiones se impone la necesidad de una
mirada que pueda agregar a las circunstancias médico-científicas otras
particularidades, lo
cual pone al descubierto los valores en donde dicha ciencia se debe ejercer:
donde se puedan contemplar los efectos y las consecuencias de los actos médicos, o sea, el resultado de los
avances científicos y su incidencia en la calidad de vida de los seres
humanos, que no siempre es favorable. Los
Comités de Bioética son instituciones multidisciplinarias formadas con el
fin de solucionar los conflictos éticos que se desarrollan cotidianamente en
un hospital. En
esta definición se destaca lo que constituye la característica más
importante de la bioética: la multidis-ciplina. Los Comités hospitalarios
surgen en los hospitales como respuesta a viejos y nuevos problemas. Sus
grandes temas de trabajo son, entre otros, la reformulación de la relación
profesional-paciente merced a una reflexión sobre el manejo de la información
en cuanto a veracidad, confidencialidad y consentimiento; los problemas de las
nuevas tecnologías para la reproducción, asistencia y prolongación de la
vida; y el derecho, costo y calidad en la atención de la salud. Pero
los objetivos principales que tienen los Comités se pueden resumir en tres: -
la introducción de un cambio conceptual en el modelo de salud, -
la articulación de un nuevo método en la toma de decisiones que son éticamente
problemáticas, y -
el desarrollo de nuevas normativas que regulen la complejidad de los temas
tratados. El
modelo científico-natural en medicina, que encerraba una “teoría” que
considró como constituyentes del saber médico a la técnica y las ciencias
naturales, excluyendo a otros saberes no experimentales, también se expresaba
en una metodología anatomoclínica, fisiopa-tológica y etiopatológica que
atravesaba la exploración, el diagnóstico y el tratamiento. La inclusión de
las ciencias humanas o sociales en medicina supuso, de hecho, una primera
ruptura con aquella metodología tradicional, en la medida en que el
paradigma de la neutralidad del científico comenzó a resquebrajarse
aceptando el papel de la subjetividad del observador en el conocimiento de la
realidad. Posteriormente, con las humanidades médicas primero y finalmente
con la bioética, se desarrollaron metodologías que comenzaron aceptando la
pluralidad de puntos de vista en la consideración de los problemas de
salud-enfermedad. A partir de allí, sobre una tradición especialmente filosófica,
aportaron alternativas para una toma de decisiones que incluyera la
consideración de principios
éticos universales,
las
máximas morales
tradicionalmente compartidas por las profesiones de la salud, el papel de las
virtudes en el ejercicio profesional, así como la historia y tabla de valores
propia de cada sujeto. Todo
Comité de Bioética necesita el reconocimiento institucional para lograr su
labor, así como es muy importante que su creación sea motivada por las
necesidades de la Institución y a partir de los propios interesados, los
profesionales. De esta manera, podrá contar con el apoyo indispensable de
parte de las autoridades, para que sus integrantes obtengan el conocimiento
necesario y desarrollen con excelencia su labor (asistencia a cursos,
congresos, compra de material bibliográfico, etc). Si esto ocurre, el trabajo
del Comité se verá facilitado y sus recomendaciones, mejor entendidas. Es
necesario un reglamento que facilite su funcionamiento, y donde consten las
consideraciones acerca de su estructura y funcionamiento (número de
participantes, características de los mismos, quórum para poder funcionar o
tomar decisiones, días, lugar y horas de reunión, etc) las que se adaptarán
a las peculiaridades de la institución a la que el Comité sirve. En la práctica,
se recomienda que cada Comité de Bioética tenga objetivos y funciones
claras: organizar formas de capacitar a sus miembros, establecer maneras de
desarrollar su trabajo (formación de subgrupos), registrar la experiencia y
evaluar su accionar periódicamente. Las
funciones del Comité de Bioética incluyen: -
Funciones educativas:
el objetivo dee ser formar a sus propios miembros, a los miembros de la comunidad hospitalaria, y a los de la
comunidad en general. La educación de los miembros del Comité requiere de
personas que deseen participar por lo cual deben estar dispuestas a aprender
cosas tales como ética, derecho, historia de la medicina, los temas más
habituales del debate, el procedimiento de la toma de decisiones éticas en
atención de salud, funcionamiento, metas, etc. Es
de suma importancia que se entender qué hace y qué no hace un Comité de Bioética. Esta
comprensión no es patrimonio previo de ninguna profesión u ocupación y
llegar a alcanzarla incluye un esfuerzo que comprende la lectura y comentario
de libros y revistas especializadas, con una guía de miembros más
experimentados, así como la asistencia a cursos, congresos y a reuniones, con
todos los miembros del mismo para que tengan la información básica sobre
temas de medicina, enfermería, trabajo social, etc. Es decir, que compartan un cuerpo común de información
sobre atención de la salud en sus aspectos médico-legales, éticos, sociales,
etc. Para
educar a la comunidad hospitalaria, el Comité puede intentar hacerlo por sí
mismo, con personas más entrenadas en el tema. Lo importante es tener claro a
quién se dirige: al hospital entero, al equipo médico o administrativo, a
las enfermeras, a los voluntarios, a los pacientes, etc; y a cuál de estos
grupos quiere o necesita alcanzar, desarrollando sus programas de acuerdo a
ello. El tiempo, la frecuencia, la continuidad, todo estará afectado por el
tipo de audiencia. -
Funciones normativas: no
aparecen de inmediato, son el resultado de la maduración del Comité como
grupo y reflejan la verdadera
inserción que éste ha logrado en el hospital, ya que se siente autorizado
para hacerlo. La redacción de normas es un proceso lento y trabajoso, y puede
parecer frustrante a los profesionales acostumbrados a resultados rápidos y
concretos. En general, una norma consta de cuatro elementos: a)
Determinación de la norma: se debe tener presente que las normas son
oraciones lo más breve posible sobre el caso general y su probable excepción
principal. Ej.: “los recién nacidos deben recibir tratamiento para salvar
su vida, a menos que dicho tratamiento sea inútil
o prolongue su agonía”. b)
Determinación de los principios: hay principios y valores relevantes
que subyacen a las normas, a veces pueden estar implícitos porque pertenecen
a la comunidad en la cual está inserto el hospital, pero en general es
preferible explicitarlos de manera breve y concisa para que la comunidad
hospitalaria y la profana recuerden cuáles son. Ej.: “porque la vida es
valiosa, los tratamientos para preservarla se harán siempre, en caso de
duda” (principio de santidad de la vida). c)
Lista de definiciones: todo término ambiguo debe ser explícitamente
definido para que la interpretación de la norma no lleve resultados no
deseados. Muchas veces hay términos que tienen significado contextual y cada
hospital puede definirlos de manera diferente, de acuerdo a lo que la gente de
ese hospital interprete. Ej: enfermo terminal y enfermedad terminal, paciente
competente o medianamente competente, tratamiento proporcionado o
desproporcionado. d)
Lista de procedimientos: son casos prácticos específicos que deben
tomarse para implementar una norma. Incluyen cosas tales como: qué se debe
escribir en la Historia Clínica, a quién se debe consultar en caso de
desacuerdos, o quién debe ser informado si se dan ciertos hechos, etc. e)
Funciones consultivas (o de revisión de casos). Consiste en revisar y
analizar casos clínicos, prospectiva y retrospectivamente, con la finalidad
de ofrecer recomendaciones y ayudar a llegar a conclusiones a quienes estén
directamente involucrados en el caso, sea como pacientes, como familiares o
como profesionales de la salud. f) Los Comités
ofrecen su capacidad de información y consejo para ayudar a la tríada
paciente-familia-médico
a tomar decisiones más meditadas y fundamentadas. -
Funciones no tradicionales: en casi cualquier bibliografía consultada se empiezan a ver testimonios
de otras tareas que se agregan a las anteriores, como por ejemplo identificar
conflictos de intereses, derechos y deberes, y ayudar a restablecer la
comunicación entre paciente y médicos, promover la reflexión sobre
decisiones en los conflictos planteados por el uso de recursos escasos o
limitados, brindar apoyo a las familias, pacientes y equipos de profesionales,
asesorar en caso de investigaciones con seres humanos. EL
DESAFIO DE LOS COMITES DE BIOETICA El
Comité de Bioética debe hacer un esfuerzo por intentar comprender las
distintas circunstancias de las acciones humanas dentro de su contexto
cultural, religioso e ideológico, tratando de evitar un paternalismo que
desprecie convicciones ajenas o ideas que puedan considerarse como absurdas
por fuera de su contexto de expresión. En los casos en donde se encuentre
comprometida una decisión que atraviese de algún modo estas circunstancias
culturales, religiosas o ideológicas, se deberá asesorar por practicantes de
la idea en cuestión, en función de contextuar la problemática en juego. En
todos los casos, se debe privilegiar la calidad de vida por sobre la sobrevida, evitando
en la medida de lo posible, el sufrimiento innecesario o las soluciones que sólo contemplan la aplicación de la técnica
y no el resultado. El
Comité debe respetar la
decisión personal que
implica la aceptación o rechazo de tratamientos médicos, siempre y cuando no
perjudique a terceros (incluidos
aquí también sus familiares más cercanos, cuando se encontraran
imposibilitados de evitar un daño o mitigar el avance de una enfermedad). El
desafío ético que encara el hospital público es tomar el principio de
equidad como imperativo ético fundamental: dar más a los más necesitados. Este
principio es constitutivo de los fundamentos del Comité y debe subyacer en
las discusiones. La
toma de decisiones en el campo de la salud pública debe estar siempre acompañada
por la reflexión bioética, que tenga a los principios de equidad y acceso
igualitario a los servicios de salud en toda formulación de sus políticas y
en la sensibilidad de todos los actores del sistema de salud. La
salud es un derecho social que debe ser alcanzado independientemente de las
condiciones de vida de los individuos. Es así entonces, que la implementación
de políticas de equidad garantiza la universalización de este derecho. Según
el Dr. Teodoro Puga, “cada problema moral en el campo de la salud debe ser
analizado sobre principios básicos de bioética: el principio de
beneficencia, el principio de no maleficencia, el de autonomía de las
personas y el de justicia. El concepto de justicia, tanto en la relación médico-paciente
como en la atención de la salud de la comunidad, debe estar cubierto y
transformar las necesidades básicas insatisfechas en necesidades básicas
satisfechas” . La
inequidad creciente en nuestro sistema de salud es fruto de reformas que se
inspiran en políticas que privilegian el mercado y la desregulación, donde
se pierde la solidaridad social, y la salud de los ciudadanos pasa a depender
de su gasto privado. El Estado se desentiende de su función específica y
aparecen las desigualdades en la accesibilidad a la atención médica. Es así
que se vulnera el concepto de justicia antes mencionado. Pensamos entonces que
lograr un sistema de salud con equidad es fruto de las decisiones éticas de
aquellos que lo administran. En
este marco, la Ley Básica de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, en su capítulo
primero dedicado a los principios que sustentan la garantía del derecho a la
salud integral, dice: “El acceso y utilización equitativos de los
servicios, que evite y compense desigualdades sociales y zonales dentro de su
territorio, adecuando la respuesta sanitaria a las diversas necesidades”. La
misma ley plantea, como uno de los objetivos de la política del subsector
estatal, contribuir a la disminución de los desequilibrios sociales mediante
el acceso universal y la equidad en la atención de la salud, dando prioridad
a las acciones dirigidas a la población más vulnerable y a las causas de
morbimortalidad prevenibles y reductibles. Agrega como otro de los objetivos
de la ley, establecer la creación de Comités de Ética en los efectores. En
épocas recientes, la teoría de la justicia propuesta por J. Rawls, que se
inspira abiertamente en Kant y en las doctrinas contractualistas, esto es,
aquellas que proponen que los principios éticos son de libre convención y
que pretende superar los inconvenientes del utilitarismo aunque se refiera
directamente a la fundamentación de la sociedad, puede aplicarse también a
la ética. Para decidir en situaciones conflictivas sobre cuestiones de
libertad, igualdad de oportunidades, renta, riqueza, etc., se puede recurrir
al principio que domina del máximun: maximizar las exigencias de los
individuos socialmente más débiles. En nuestro país, donde los Comités de Bioética no tienen aún una larga trayectoria, en la práctica tienen incluidas algunas de las funciones llamadas no tradicionales, como sucede con la investigación en seres humanos (aunque en la provincia de Buenos Aires existen comités que específicamente evalúan los protocolos de investigación según lo exige la Ley 11.044, pionera en Latinoamérica), y tarda en tener otras tradicionales, como es la normativa. Finalmente, es bueno aclarar que ningún Comité tiene una tarea fácil, y que su trabajo debe estar enmar-cado en una posición de apertura y diálogo, tratando de conseguir lo razonable, lo prudente y lo aconsejable, en un clima de tolerancia y excelencia. BIBLIOGRAFIA 1) In the Matter of Karen Quinlan, 2 vols.,
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febrero de 1999, Editorial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. |