BOLETIN CIENTIFICO

Asociación de Médicos Municipales de la CBA

Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud

Año 8 - Nº35 - Junio de 2003


SUMARIO

Propuestas para la garantía de calidad total


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Calidad de la atenciOn mEdica hospitalaria

Propuestas para la garantía de calidad total

Rubén Álvarez

Fernando Barrera

Mónica Giaccone

Fernando Giordano

Analía Messina

Mirta Pelosi 

Buenos Aires, julio de 2002

 

INTRODUCCION 

El no saber ya ha dejado de ser peligroso y el peligro radica en el propio saber, M. Foucault, 1974

El hospital es probablemente una de las instituciones sociales que ha experimentado más cambios en las últimas décadas, particularmente en los últimos treinta años. Obviamente, este espectacular proceso de cambio es muy diferente en los distintos países del mundo y está íntimamente relacionado con el grado de desarrollo socioeconómico y cultural que caracteriza a la población. Incluso dentro de un mismo país, existen grandes diferencias entre los hospitales de diferentes regiones, no sólo en tamaño y complejidad, sino también en su esencia. Un estudio comparativo entre el pasado y el presente muestra que prácticamente lo único en común es el nombre de hospital.

A comienzos del siglo XX surgió el concepto de calidad de atención médica, que se desarrolló paralelamente a la evolución hospitalaria, y llevó a la creación de organizaciones encargadas de controlarla. La búsqueda de la calidad es un buen horizonte que puede enlazar los viejos principios con las nuevas realidades.

Frente a la crisis socioeconómica actual, el hospital público se encuentra ante el desafío de mantener su calidad. La clase media empobrecida ha incrementado la demanda entre un 30 y 50%, sobrecargando al hospital que ofrece el mismo servicio con menores insumos.

 

DEFINICIONES

Calidad de la atención médica hospitalaria: la calidad de la atención médica es la aplicación de la ciencia y la tecnología, de manera que rinda el máximo de beneficios para la salud sin aumentar los riesgos. Corresponde inicialmente recordar que, según Avedis Donabedian, la calidad de la atención de la salud es “el grado por el cual los medios más deseables se utilizan para alcanzar las mayores mejoras posibles en la salud”. A su vez y en su opinión “la calidad es una propiedad que la atención médica puede poseer en grado variable”.

Siguiendo los aportes del mismo autor, observamos que plantea la existencia de un conjunto de atributos como integrantes del concepto de calidad, en contraposición a la creencia de una única constitución o una combinación parcial reunidas por preferencias personales. Sus trabajos han con­tribuido al esclarecimiento de estos temas definiendo aquellos atributos, consolidan­do una nomenclatura homogénea y resolviendo al mismo tiempo, el conflicto con­ceptual y semántico que aflora frecuente­mente al tratar de abordarlos. Propone las siguientes definiciones para la eficacia, efectividad, eficiencia, equidad, aceptabilidad y legitimidad.

Eficacia: capacidad técnico-científica para lograr mejoras.

Efectividad: el grado de mejora de la sa­lud obtenida con relación al máximo posible.

Eficiencia: capacidad de reducir los costos sin disminuir las mejorar obtenidas.

Equidad: conformidad con lo justo y razonable en la distribución de las acciones de atención médica y sus beneficios.

Aceptabilidad: Conformidad con los deseos y expectativas individuales de las personas.

Legitimidad: conformidad social ex­presada en principios, normas, costumbres, leyes y regulaciones.

El concepto de múltiples atributos parti­cipando en grado variable es un valiosísi­mo aporte que surge en los últimos diez años, que aún no ha llegado en plenitud a la conciencia de los actores del Sector Salud.

Auditoría médica: según los diccionarios, el verbo “auditar” significa “realizar un examen y verificación de cuentas”, mientras que la palabra “auditor” es un sustantivo que se define como “funcionario que informa a las autoridades sobre la interpretación y aplicación de leyes, proponiendo la resolución que corresponda a los procedimientos judiciales y otros del ejército”.

Esto se debe a que originariamente un auditor era un miembro del ejército que, tal como lo define el diccionario, trata de verificar el cumplimiento de normas y leyes dentro del ámbito castrense para no incurrir en problemas legales. Posteriormente, el término fue adoptado por los peritos contables que se encargan de examinar y verificar los estados de cuentas de las empresas para su correcta fiscalización. La medicina adopta el término “auditor” para darle la función de contralor de la “calidad de la prestación y atención médica” a un miembro de la profesión, para de esta forma asegurar a los pacientes la correcta prestación de servicios médicos.

Se puede definir a la auditoría médica como la confrontación de la acción médica con pautas o normas que se consideran adecuadas, para que el ejercicio de la medicina sea aceptado como adecuado y eficiente por los principios y prácticas que se enseñan en la facultad de Medicina. Ésta se ejerce mediante un conjunto de acciones destinadas a la evaluación de la atención médica, analizando su programa, contenidos, procesos y resultados, siempre orientado a mejorar la calidad y el rendimiento de la actuación de los médicos, estimulando la educación y capacitación continua.

 

TENDENCIAS DE LA ATENCION MEDICA

La calidad estaba referida al dominio del arte y su magia, al conocimiento estructural y orgánico, al conocimiento empírico y a la opinión de las personas. Es decir arte y satisfacción, secundariamente eficacia, por lo cual se denomina “tendencia al arte”. Aún tiene vigencia y en ocasiones se adopta esta orientación como expresión oculta y sustitutiva del conocimiento no poseído, o como alternativa ante el fracaso de opciones formales. También existe una opción, altamente revalorizada en la actua­lidad, que nos retrotrae en parte a esta ten­dencia, que es la de recuperar el arte de la relación médico-paciente, nutrida con los nuevos conocimientos tecnológicos y cien­tíficos, recordando que en los modernos sistemas de atención médica gerenciados resulta ser la base del mejoramiento de la calidad y de la eficiencia.

En segundo lugar, secuencial al anterior, se ubica la “tendencia científica” que com­prende el proceso renovador producido en las escuelas de Medicina de los EE.UU a principios del siglo XX, por el cual se rees­tructuraron los planes de estudio incorpo­rando la metodología científica como eje de la enseñanza. Casi todas las universidades acompañaron este proceso que dio lugar al desarrollo de la investigación y a la renova­ción tecnológica que domina nuestros tiem­pos, siendo sus ejes conceptuales el conoci­miento científico, el resultado clínico y el re­sultado tecnológico. Es decir, que en este caso está privilegiada la eficacia y la efecti­vidad con respecto a los otros atributos.

La importancia asignada a la profundi­zación del conocimiento y a su acumula­ción trasciende al entorno profesional con­virtiéndose en el soporte conceptual de la organización asistencial vigente.

Esta tendencia moldea el pensamiento profesional contemporáneo y se la reconoce en las conductas prescriptivas de los médicos, en el desarrollo de las residencias médicas y de las especialidades, en los pa­radigmas de la salud que posee la población, en el énfasis de la biología sobre lo social y otros.

Una tercera opción es la “tendencia del derecho”, que crece y se desarrolla en forma paralela también en el siglo XX, inmersa en los logros sociales alcanzados por las comu­nidades de distintos países, en especial en período de posguerra. El impulso dado por las diversas organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) al principio de que la salud es un derecho que tienen las personas independientemente de los aspectos racia­les, religiosos, políticos, económicos u otros, en-marcan la interpretación de la cali­dad que subyace en la misma.

En cuarto lugar, se describe la “tendencia de la solidaridad” que está ligada al desa­rrollo de la seguridad social, dentro de la cual los beneficiarios del sistema deberían recibir atención médica por igual, indepen­dientemente de la diferencia de aportes que se efectúe por cada uno de ellos. Ex­presa un principio solidario que, en la me­dida de ser amplio y no sólo grupal, aporta una concepción racional en la distribución de los beneficios.

El crecimiento de la seguridad social mé­dica ha tenido un fuerte impulso con la in­dustrialización y la legislación del trabajo. Consecuentemente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otras organiza­ciones impulsaron su imple-mentación, que se desarrolló en forma coherente con los criterios que predominaron en el ámbito de las fuerzas del trabajo vigentes en cada país.

Es así como la apetencia, reclamo o as­piración de los trabajadores aportantes fueron los factores por los cuales se tomaron las decisiones que dieron lugar a las cober­turas. En algunos países la estructuración de los servicios asisten-ciales fue copia de las desarrolladas por el sector público, pero en efectores (establecimientos) propios. En otros países, como la República Argentina, el reclamo de los trabajadores se orientó hacia la accesibilidad de servicios y presta­ciones que estaban reservados a las clases sociales económicamente más altas. Fue­ron estructurados los servicios a través del criterio de contratación a terceros y dentro de este, a la actividad médica privada y sa­natorial. De acuerdo con lo expuesto, esta tendencia aporta por sí pocos elementos a la conformación actual del concepto de ca­lidad, ya que existió una adhesión a los cri­terios preexistentes. A su vez la aceptabili­dad, que debería representar un rol impor­tante en su estructuración, fue considerada y ligada al clientelismo del poder de con­ducción, perdiendo peso específico en la obtención de resultados.

Por último, y en quinto lugar se analiza la “tendencia del beneficio” a través de la cual se nuclean aquellas acciones que se sustentan en el principio de que los servicios y prestaciones que requieren las personas tienen relación directa con su capacidad de adquisición. Como es lógico advertir, este concepto forma parte de los principios liberales que conforman el capitalismo occidental, debiéndose remontar a sus orígenes para identificar sus fuentes y su historia. Desde el punto específico de la atención médica, el desarrollo de las profesiones liberales -entre ellas la medicina- está ligado a él y, por lo tanto, no debe asombrar la vigencia de la relación de la demanda y las reglas de la moderna economía de mercado en el ámbito del sector salud. Consecuentemente, la opinión de las personas (aceptabi-lidad) ha sido privilegiada, adquiriendo en la actualidad la catego­ría endiosada de “cliente”.

En este ámbito no es la equidad un atributo privilegiado; en cambio, la eficacia se inserta con una exultante fuerza de prestigio. A través de este mecanismo, la renova­ción tecnológica encontró un perfil de pe­netración que facilitó la incorporación de las prestaciones de diagnóstico y tratamiento de alta complejidad, las prestaciones de cirugía laparoscópica, la cirugía endoscópica, y otras, que adquirieron gran relevancia y estatus.

También en los últimos años se ha di­fundido el concepto de calidad total proveniente del mundo industrial y el crecimien­to de la oferta de coberturas derivadas en salud. Estos procesos impulsan y privile­gian las metodologías basadas en la efi­ciencia de los servicios, de tal forma que se presentan como una solución alternativa para avanzar en el campo de la salud. Debemos advertir que no se lesionan los otros atributos por aplicación de técnicas y métodos eficientes, sino que se complementan. En cambio, el privilegio de la rentabili­dad sobre los atributos de la calidad blo­quea la alternativa de encontrar los cami­nos de una mejora de la misma.

 

PERSPECTIVA HISTORICA DEL CONTROL DE CALIDAD

A comienzos de este siglo, en el 75% de los hospitales no se hacía exploración clínica al paciente que se internaba, no se dejaba registro escrito, no se corroboraban resultados y pronósticos. Todavía más, se desconocían las técnicas de evaluación y muchos hospitales no contaban con los actuales elementos básicos de diagnóstico ni quirófanos. El comunicado de A. Flexner (estudio de la enseñanza médica en USA y Canadá) y el análisis de resultados quirúrgicos finales en el hospital general de Massachusetts realizado por el Dr. E. Codman, motivó la publicación del American College of Surgeons (ACS), denominada Minimun Standars for Hospitals, que llevó a la modificación de toda la evolución de la medicina estadounidense para el resto del siglo.

En 1912, el tercer Congreso Clínico de Cirujanos (USA) resolvió que había que crear algún sistema de estandarización del equipo y tareas hospitalarias. Es la piedra fundamental que dará origen a la Auditoría Médica. En 1917, el ACS estableció un programa para estándares hospitalarios y en 1919 anunció que, luego de revisar 692 hospitales, solamente 89 satisfacían los estándares del Colegio. Ya en 1950 el ACS había aprobado a más de la mitad de los hospitales que existían en USA, basándose en cinco estándares (minimun standar) y una revisión trienal. En 1951 se creó la Joint Commision of Acreditation of Health Organization (JCAHO). Esta organización independiente no remunerativa asumió la función principal del colegio y comenzó a brindar acreditación voluntaria a los hospitales a partir de 1953, conservando un equilibrio entre evaluación, educación y consultas.             En la segunda mitad de este siglo se emprendieron programas cuya meta, aparte de controlar la calidad de la atención, fue intentar controlar los costos; un ejemplo de ello es la Auditoría Médica (1966), The Acreditation Manual for Hospitals (1970) de JCAHO, Programa de Segunda Opinión Quirúrgica (1974), etc.

La introducción de varios mecanismos de control de costos llevaron con urgencia a la búsqueda de medidas de calidad confiables para tranquilizar a los usuarios preocupados, a tal punto que se indicó que no existía merma de la calidad después de la introducción del DRG (Diagnosis Related Groups). El DRG es un sistema de pago fijo que ofrece a los hospitales incentivos para que los servicios que proveen a los pacientes sean más efectivos en tiempos más cortos. Los hospitales conocen por anticipado qué pago van a recibir por una determinada patología de acuerdo a los módulos predefinidos del sistema DRG .

Los hospitales se preocupan por ser más eficientes en sus tratamientos y en sus tiempos para reducir la hospitalización innecesaria. Muchos de ellos tienen un sistema de tests de diagnósticos preoperatorios, como ser los exámenes de laboratorio, los ECG y los Rx de tórax, que se emplean en los servicios de preadmisión de los pacientes internos o externos. Estos tests de preadmisión son reembolsados separadamente de los pagos del DRG.

Otro sistema de control de costos puede ser que los hospitales tengan sistemas de atención en domicilio de los pacientes crónicos (Alzheimer, sida, etc.) que requieren cuidados a muy largo plazo.

La evaluación de la morbilidad y de la mortalidad no siempre guardan relación con la calidad de la atención médica. Otros enfoques son la investigación sobre eficacia de las prácticas médicas y la tasa de muerte hospitalaria ajustada.

Últimamente está en fase de creación la Agenda for Change de la JCAHO que además del control de calidad, atiende los aspectos económicos. Por costumbre, la JCAHO ha concedido la acreditación a los hospitales con base en mediciones de estructura y procesos de fácil obtención. Este grupo posee miembros de medicina, enfermería y administración hospitalaria. La JCAHO requiere que las unidades hospitalarias generen, vigilen y valoren grupos de indicadores para detectar determinados aspectos mediante la técnica conocida como proceso M y E, la que se divide en diez fases.

Es importante mencionar que la relación de la JCAHO y el gobierno norteamericano comenzó en 1965, dado que en el congreso se aprobó una ley respecto de la acreditación hospitalaria avalada por el Medicare, el Medicaid y la JCAHO. La combinación de las responsabilidades del sector público y privado estimuló a la JCAHO para mejorar el proceso de acreditación y desde 1987 está intentando cambiar sus índices de estructura y proceso por índices de resultados, la mencionada Agenda for Change.

En los años ‘60 se sistematiza el abordaje de la calidad desde el propio campo de la salud, en contraposición al crecimiento de la auditoría como estrategia de control de la utilización y gasto, originaria del campo contable. Identificó la calidad en lo técnico científico, la interrelación mé­dico-paciente y beneficiario-sistema, y la satisfacción del paciente y proveedor. Plantea una toipología individual y otra social. Centra la evaluación en los desempeños desde tres clásicos enfoques: estructura, proceso y resultados (Dona-bedian, 1968).

Deming, Juran y Crosby, 1995, son nombres claves en el desarrollo de la gestión de la calidad total (total quality management, TQM) y mejoramiento continuo de la calidad (continuos quality improvement, CQI), modelos o estrategias que desde la industria se incorporan a la salud en los años ‘80 en Estados Unidos. Es una estrategia de dimensión social porque su objetivo es satisfacer las expectativas y necesidades de los clientes, pacientes, usuarios del servicio a través del compromiso del conjunto de la organización, con la participación del personal y la mejora continua de los procesos y sus relaciones.

La acreditación hospitalaria en la Argentina ha tomado ímpetu en los últimos tiempos. Una prueba es la Comisión Mixta para el Desarrollo de la Calidad de Atención Médica (COMCAM) integrada por: Instituto Nacional de Seguridad Social, Jubilaciones y Pensiones (INSSJyP), IOMA , Sociedad Argentina de Auditoría Médica (SADAM) y otras organizaciones científicas, cuyo fin es elaborar instrumentos para regular y garantizar la calidad de la atención médica.

 

EVOLUCION DEL CONCEPTO DE AUDITORIA Y CALIDAD

La calidad médica se basaba tradicionalmente en la reputación del médico, fundada en la opinión de sus propios pacientes y en la de personas allegadas. Intervenían juicios subjetivos y no permitían una evaluación objetiva y exacta.

En el Código Legal de Hammurabi se incluía la vigilancia de los tratamientos médicos y sus resultados. Una de las especificaciones señalaba: “...si el médico drena un absceso y muere el paciente, tendrá como castigo que se le corten las manos”. Actualmente, con el desarrollo de la medicina institucional, se hizo evidente la diferenciación entre los métodos y elementos de evaluación de la calidad de trabajo individual y la evaluación de la calidad del servicio como actividad institucional, íntimamente ligadas entre sí.

Todo esto llevó a la creación de organismos de certificación de la práctica médica y de acreditación de hospitales. Es el comienzo de la auditoría médica y una de sus funciones es la acreditación hospitalaria.

 

AREAS DE ACCION DE LA AUDITORIA MEDICA

La auditoría de establecimientos o servicios es la que se realiza en los centros generadores del acto médico y consiste en la acreditación de los servicios, determinando el tipo de atención que están capacitados para brindar. Esta evaluación se realiza mediante la aplicación de estándares. La auditoría médica operativa se puede realizar in situ, durante el acto asistencial en sí, o a posteriori mediante el control y evaluación de la prestación por medio de la facturación, fundamentando el análisis sobre lo que se hizo o lo que no se realizó con la finalidad de salvaguardar la salud de los pacientes.

La auditoría de normas y procedimientos establece el cumplimiento de los criterios a seguir para asegurar los servicios de salud y establecer nuevas normativas de trabajo, si estas fueran  necesarias. La auditoría médica técnica tiene como objetivo principal detectar en qué forma los pacientes son atendidos y determinar en qué forma deberían serlo, mediante la evaluación, por parámetros preestablecidos, en relación a la cantidad, calidad y eficiencia.

La auditoría médica profesional actúa funcionando como un comité de profesionales idóneos, que con un criterio técnico, científico y ético analiza al máximo la labor médica, tratando de detectar los errores profesionales y establecer pautas adecuadas para su inmediata corrección. La auditoría médica debe garantizar a todos los pacientes el acceso a prestaciones de salud igualitarias en calidad, cantidad, tiempo y forma, tanto en el ámbito de las obras sociales como en el de los hospitales y demás prestadores de los sistemas de salud.

El auditor actúa analizando y elevando sus conclusiones a las autoridades superiores de los sistemas de salud en los que actúa. De por sí, el auditor médico no puede sancionar sino informar a los niveles de decisión, motivo por el cual debe depender directamente del primer nivel de decisión para que la comunicación sea fluida y directa.

La auditoría de la calidad en la atención médica, busca corregir a tiempo (prever) las fallas, encontrando primero los errores y luego su causa, y así construir un sistema que minimice futuros errores como parte de un plan de optimización, obteniendo la mejor calidad y mayor cantidad de trabajo al menor costo y con la mejor distribución del esfuerzo humano.

 

EVALUACION DE LA ATENCION MEDICA

Aun cuando la atención médica ha tratado de evaluar por cinco métodos independientes: estructura, contenido, proceso, resultado y efecto, en la práctica se encuentran tan íntimamente ligados entre sí que es difícil aplicarlos por separado.

La evaluación referida al contenido se basa en la revisión de los registros médicos y se llama desde hace mucho tiempo auditoría médica y es la que se ha generalizado e implementado en mayor grado en las unidades hospitalarias. Se considera un recurso inmejorable para estimular la autocrítica y el autoaprendizaje de los médicos.

Evaluación de la estructura: se debe tener en cuenta las características de la planta física, equipos y materiales como así también los recursos humanos y las finanzas de la institución.

Evaluación del contenido: se ocupa casi exclusivamente de la atención al paciente. La expresión “atención al paciente” se refiere a los elementos, procedimientos y consecuencias de aplicar varios insumos, recursos humanos, capital, materiales, conocimientos, habilidades y juicio crítico de los profesionales responsables del cuidado de cada paciente. Ésta se lleva a cabo por el sistema de comités. El comité de mayor importancia es el de historias clínicas, que trata de evaluar en qué forma el paciente ha sido atendido. Sobre todo se debe estar alerta para evitar que la evaluación de la historia clínica se convierta en el fin para el que trabaja el médico, pues por ningún motivo debe permitirse que el médico trabaje para perfeccionar el expediente clínico en vez de ocuparse de la mejora del paciente. Este comité debe tener presente que la historia clínica es el documento que dará soporte legal y técnico sobre su acción, y luego se convierte en documentación de respaldo de los ítems que se facturan a las entidades prestatarias. También por el método del contenido se evalúan las actividades de la enfermería y otras especialidades paramédicas.

Evaluación del proceso: este enfoque comprende los diferentes métodos y procedimientos para evaluar el sistema de salud en función de los procesos que se desarrollan en su interior. Se evalúa la eficiencia del mismo para lograr el óptimo aprovechamiento de los recursos, ya sea humanos, materiales o financieros, con los que se cuenta. Se utilizan diversos procedimientos de investigación opera-tiva: flujograma, cronogramas, estudios de tiempo y movimiento, líneas de espera, etc., aplicados a pacientes, personal, público y también a materiales: raciones, desperdicios, suministros, o bien sistemas de control, comunicación o información.

Evaluación de resultados: este método considera que el criterio más objetivo para juzgar la calidad de la atención médica, radica en conocer la modificación del estado de salud del paciente que recibe los servicios, cuantificada por medio de indicadores de rendimiento y calidad. Este método tiene algunas limitaciones pues no necesariamente hay relación causal entre la calidad de la atención impartida y los resultados obtenidos.

Evaluación de los efectos: como resultado de la atención ofrecida en el sistema de servicios de salud se producen en la vida del individuo y en el de la población en general, determinados efectos que deben ser evaluados.

La comunidad espera que un sistema de salud aumente las expectativas de vida productiva y creativa de sus miembros y al mismo tiempo, disminuya los riesgos de contraer enfermedades, proporcionando mayores probabilidades de curación en caso de enfermedad y otorgando rehabilitación o limitación de complicaciones, dé la mayor calidad y al menor costo posible.

Uno de los mejores elementos para evaluar el grado de satisfacción de los usuarios es el estudio detallado del contenido del libro de quejas de los hospitales. De este estudio, a nivel de hospitales públicos, se ha detectado que la mayoría de los pacientes se queja por el mal trato que reciben por parte del personal administrativo, y luego por los prolongados tiempos de espera, pero muy pocos por mala información o insatisfacción de sus demandas.

Lamentablemente, el libro de quejas sólo refleja una muy pequeña parte de la complejidad del sistema, pero su análisis es de vital importancia si se quieren mejorar los elementos más sutiles que componen la buena calidad de la asistencia médica.

Si se quiere que el sistema de salud sea efectivo, existen factores que deben tenerse presentes como: la adecuación de los recursos materiales, humanos y tecnológicos mediante programas racionales y sistemas eficientes; la accesibilidad a los servicios, ya sea por su ubicación y horarios de atención o por el nivel cultural, social, económico y actitud de los usuarios que implique una demanda espontánea; la disponibilidad de los servicios por su horario, capacidad del sistema y costos de los mismos; la amplitud del tipo de población y los servicios brindados; la aceptabilidad, por parte de los usuarios en base a encuestas, libros de quejas, etc.

 

LAS TECNICAS DE EVALUACION DE LA CALIDAD

En este apartado describimos técnicas que se pueden poner en marcha en el monito­reo de la calidad del modelo médico, en unidades asistenciales directas. La trascendencia del sector o unidad de evaluación depende del buen diseño de estas actividades. Una vez de­finida la orientación del modelo evaluativo, totalizador o con predominio de alguna de las corrientes descriptas en el apartado anterior, el siguiente paso será la consideración del perfil de la operatoria. Para ello se deben tener en cuenta algunas premisas, por ejemplo: respetar los intereses de la institución; considerar la posibilidad fáctica de las acciones; comenzar por los problemas de mayor riesgo para los pacientes; evitar estudios intrascendentes o de escasa representa-tividad; tomar en cuenta los aspectos legales de la actividad; preservar la rigurosidad y discreción en la obtención de información; formalizar los proyectos para difundir los resultados dentro de la institución y resguardar la información fuera de la misma; utilizar normas y criterios de evaluación que tengan consenso; buscar formas de incorporación o cooperación de grupos de estudio o comités relacionados con el tema (comité de infecciones, muertes y otras complicaciones, de historias clínicas, de drogas y medicamentos), buscar aliados para favorecer las acciones e identificar obstáculos; posibilitar la validación o rectificación de los problemas; proponer mecanismos para instrumentar acciones correctivas técnicas; obtener la participación de aquellos cuyo desempeño es evaluado y la participación de la población asistida.

 

COSTO Y EFICACIA DEL CONTROL DE CALIDAD E INDICADORES

El control de calidad puede ser caro. A modo de ejemplo, podemos citar a Schakfor y sus colaboradores, que hicieron durante los años 1984-1986 una auditoría de 7.939 casos traumatológicos en San Diego, USA. Se emplearon más de 10.000 horas-hombre siendo su costo de más de U$S 500.000.

Tengamos presente que el simple acto de analizar los problemas genera una mejora en la práctica diaria. Algunas medidas estructurales del control de calidad (comités de infecciones, histopatología, etc.) han demostrado, en la práctica, una mejora sobre la calidad de las prestaciones asistenciales.

En sí, ejercer el control de la calidad es de un costo monetario elevado, pero los resultados obtenidos deben hacer minimizar la inversión.

 

PROPUESTAS PARA MEJORAR LA REALIDAD ENCONTRADA

Para evitar la confrontación y la resistencia a las evaluaciones, se debe aclarar que la auditoría interna es educativa, mientras que la externa podría tener consecuencias (de hecho las tenía) por las penalidades económicas. De ahí que se haya pasado de un esquema restringido a uno amplio, donde se involucra a toda la institución. La ideas centrales son :

- Se necesita el diseño de un sistema permanente de evaluación y mejoramiento que utilice múltiples técnicas.

- Importa menos encontrar errores, que conllevan actitudes punitorias, que considerar los problemas como oportunidades para perfeccionar los desempeños institucionales o individuales.

- La calidad es un horizonte móvil de mejoramiento permanente porque, como en la vida misma, la perfección es una utopía que nunca se alcanza.

- Se necesita un compromiso general o “cultura de la calidad” que impregne a toda la institución.

- Uno de los aciertos de la estrategia de calidad total es considerar que la calidad de­be satisfacer a distintos actores que se agrupan en dos categorías: a) clientes externos y b) clientes internos.

Los primeros incluyen tanto a los beneficiarios como a los proveedores de servicios, que también se consideran actores de la calidad. En el segundo grupo de clientes internos se tienen en cuenta las otras categorías de Vuori (trabajadores de salud, adminis­tradores y dirigentes o dueños de los servicios) pero como interdependientes. Habrá calidad total si cada unidad de producción interna entrega a las restantes un producto o servicio de calidad. Si los profesionales no reciben buenos servicios del laboratorio, radiología, etc. y buenos productos de farmacia, esterilización, etc. no podrán concretar un acto o procedimiento de calidad.

 

LAS TECNICAS PARA MEJORAR LA CALIDAD

La calidad de la atención médica siempre despierta muchas controversias rela­cionadas con la necesidad de debatir la vinculación entre calidad y costos, y con la búsque­da de estrategias acertadas para mejorarla.

Creer que la obtención de resultados que señalen desempeños mejorables es la fina­lidad de los programas de calidad, es confundir los medios con los fines y equivocarse en los procesos de cambio.

Felizmente en la actualidad muchos técnicos, expertos en los temas de calidad, es­tán insistiendo en que se debe trabajar para mejorar la calidad de servicios y sis­temas de salud y llegan a establecer como meta “la garantía de calidad”, finalidad idealis­ta, poco real, pero que orienta todo un pensamiento y acción al respecto. Establecer que el objetivo es progresar, corregir, significa que la evaluación debe estar inserta en el programa de mejoramiento y no a la inversa.

Si se trata de una evaluación interna, los estudios son parte del mecanismo de mo­nitoreo a partir de los cuales se inicia la etapa de reconversión. Para lograrlo se abren va­rios caminos alternativos, cuya elección depende del modelo jerárquico y participativo que tenga la institución.

En los modelos verticalistas serán los miembros o responsables de la conducción (directivos, gerentes, jefes) los encargados de desmenuzar los resultados de las evaluacio­nes, jerarquizarlos y proponer soluciones viables, posibles, de acuerdo con un minucioso balance entre los factores que estarían a favor de las soluciones propuestas y aquellos que pueden ser obstáculos o impedimentos.

En los modelos más participativos, el compromiso de reconocer los problemas y de­finir las soluciones abarcaría a todos los componentes de la institución, porque directa o in­directamente todos estarían implicados. Este es el modelo que trabaja la propuesta de ca­lidad total, en donde la estrategia para lograrla se centra en la organización de los llamados círculos de calidad, compuestos por los integrantes de los distintos sectores de producción de bienes o servicios.

Cualquiera fuera el camino que se adopte para lograr el objetivo de progresar, requiere una apropiada conceptualización y definición de actividades precisas. Convocar a personas sin un plan de análisis, sin una metodología de abordaje, puede ser tan frustrante como no hacer nada. Antes los técnicos se esforzaban por crear instrumentos para evaluar, ahora deberían estar trabajando, proponiendo mecanismos hábiles para abordar y solucionar los problemas evitables.

Si la evaluación nos dice, por ejemplo, que hubo pacientes internados que se desnutrieron indebidamente, que en pacientes oncológicos se retardó el diagnóstico por desacuerdos entre los equipos, que algún paciente falleció por una complicación evitable ¿cómo se debe proceder para evitar esas cuestiones? ¿debo formular una hipótesis explicativa y de acuerdo con ella proceder o debo recorrer en el análisis todo el camino causa-efecto propuesto en los modelos de calidad total? En ese último caso, la metodología que se plantea es la indicada para resolver problemas identificados. Esta afirmación está avalada en los resultados observados en los talleres docentes organizados sobre temas de calidad donde, con las adaptaciones correspondientes, se realizó la experiencia de trabajar con los partici­pantes como si se tratara de un círculo de calidad (Busso,1997).

 

TECNICAS OPERATIVAS PARA EL MEJORAMIENTO DE LA CALIDAD

a) Identificar problemas: el primer paso es la detección de los desvíos y problemas, que es la etapa más cono­cida, tal como fuera comentado. Por eso nos detendremos en algunas de las técnicas indicadas para las restantes actividades.

b) Jerarquizar o seleccionar los problemas más trascendentes para proponer soluciones: para ello se puede utilizar el Método de Pareto. Consiste en seleccionar los problemas que tienen la mayor importancia relativa, por ejemplo aquellos que reúnen el 80% de los puntos asignados prioritariamente por el grupo evaluador al conjunto de problemas. El porcentaje se puede determinar en base a la votación de los participantes en el análisis -método cualitativo- o por la obtención de datos sobre la frecuencia del evento -método cuantitativo-.

Para elaborar la gráfica de Pareto se coloca en el eje vertical la frecuencia de cada problema y en el eje horizontal los problemas codificados, ordenados de mayor a menor, de izquierda a derecha. Se traza la línea acumulativa desde el ángulo inferior izquierdo hasta el superior derecho que representa el 100% de las frecuencias. Los problemas que abar­can el 80% son los considerados en la primera etapa.

c) Analizar las causas que provocaron los problemas seleccionados: se proponen dos técnicas:

- Diagrama de causa-efecto: donde se deben identificar todas las probables causas del problema (efectos) y se someten a una cuidadosa revisión, tratando de ordenarlas según importancia. De esta forma se intenta llegar a la o a las verdaderas causas a través de discusión y acuerdos entre los participantes.

- Diagrama del proceso de causa-efecto: técnica parecida a la anterior de la que se distingue por qué se debe establecer la se­cuencia de la aparición del problema y, en cada paso (proceso), determinar la causa que condicionó esta etapa. Este procedimiento es más complejo y es aconsejable ponerlo en práctica cuando el grupo tenga experiencia en este tipo de análisis

d) Buscar soluciones factibles para las causas reconocidas por el grupo: para ello se puede utilizar el esquema del campo de fuerzas. Este modelo considera que en cualquier ámbito laboral se produce un campo donde se manifiestan diversas fuerzas que actúan en direcciones opuestas, unas favorecen y otras obstaculizan los cambios o propuestas de solución. Se deben sopesar ambas fuerzas porque de esa forma se proponen soluciones viables. Las fuerzas restrictivas impiden la realización de programas de mejoramiento, y por lo tanto, hay que identificarlas para buscar otras soluciones con más posibilidades de éxitos.

Al concluir con el paso descripto, aún falta la etapa más relevante, porque representa la culminación de todo el esfuerzo citado: decidir los cursos de acción para mejorar, modificar, abordar el problema encontrado. Hacer posibles las soluciones decididas sería más fácil si todas las actividades comentadas se encontraran contenidas en un programa que s­iguiera algunas de las líneas propuestas actualmente : “calidad total”, “garantía de calidad” o “mejoramiento continuo de calidad”.

Es decir que los esfuerzos individuales deben estar apuntalados por las decisiones institucionales que se comprometan con la calidad.

CONCLUSIONES

Los grandes centros hospitalarios modernos se proyectan en base a criterios previos de ubicación, facilidad de acceso y comunicación, tratando en lo posible de elegir lugares de bajo nivel de contaminación con posibilidades de expandir la planta física.

La estructura global de los hospitales actuales hace evidente la diferenciación de tres áreas específicas: 1. médica, 2. administrativa, 3. médico-administrativa. Esta última debe integrar y coordinar las funciones de los servicios generales del establecimiento, proporcionando los medios necesarios para garantizar la buena calidad de la asistencia médica.

La infraestructura hospitalaria debe disponer toda una serie de servicios de diagnóstico y terapéutica (laboratorio, farmacia hospitalaria, diagnóstico por imágenes, etc.) y de otras dependencias destinadas a rehabilitación de pacientes.

El hospital moderno tiene tres funciones principales: 1. atención y curación de los pacientes, 2. investigación médica, 3. educación y formación docente de los médicos.

Todo esto contrasta con los antiguos hospitales existentes hasta fines del siglo XIX. Con todos estos avances, surgió antes de la mitad de este siglo, la necesidad de normatizar las actividades hospitalarias y profundizar el control de la calidad de la atención médica. Surge como una necesidad la auditoría médica.

Los conceptos actuales de la auditoría médica se basan en la calidad total. Ésta debe tener objetivos permanentes, desde satisfacer las necesidades y deseos de los usuarios de los sistemas de salud,  hasta realizar los esfuerzos necesarios para alcanzar lo óptimo, no a través de un servicio de calidad, sino estableciendo los medios de gestión de garantía de calidad para alcanzar el objetivo final.

En nuestro país, la provincia de Buenos Aires, que reúne al 40% de los establecimientos asistenciales del país, posee vital importancia para valorar el comportamiento de las instituciones a nivel nacional. Justamente en esta provincia fue donde se ensayaron los primeros nomencladores y sistemas de arancela-miento que sirvieron de base a los sistemas utilizados en la actualidad.

Hasta principios de la década del ‘70, el hospital público gozaba de gran prestigio. En el período del 73 al 76 comienza un mayor desarrollo de las instituciones privadas.

Actualmente, el hospital público posee importantes limitaciones económicas que modifican la calidad, cantidad y tipo de prestaciones; ésto hace que la preferencia de los usuarios se vuelque al sector privado en la medida en que la crisis económica lo permita. Por ello se hace aún más necesario ajustar los mecanismos de evaluación y control de la calidad de las prestaciones.

Los sistemas vigentes de evaluación se basan en la cuantificación de los recursos disponibles, el grado de su utilización y la producción de resultados.

El sistema de evaluación debe tener como eje la producción de los sistemas de salud, tanto en aspectos cuantitativos como cualitativos, de la misma manera que se evalúa la producción de cualquier actividad humana.

La misma debe tener presente: 1. calidad de prestaciones, 2. administración de recursos, 3. rendimientos hospitalarios, 4. impacto de las acciones de promoción y protección de la salud,  5.grado de satisfacción de los usuarios.

La calidad queda librada al interés que tenga cada entidad en evaluarla. Para que la atención médica sea de calidad inobjetable la misma debe ser eficaz, efectiva, eficiente y accesible en equidad de condiciones, brindando todos los recursos técnico-científicos, con confort e inmejorable relación médico-paciente.

Desde ya, el valor económico de las prestaciones y la modalidad de arancelamien-to deben estar condicionados a la calidad brindada.

En 1970 se reglamentó el seguro social obligatorio para trabajadores en relación de dependencia y su grupo familiar, ampliándose en 1971 al sector pasivo con la creación del PAMI. En 1980 se reglamentaron los cambios de propiedad y personería jurídica de las obras sociales. En 1989 apareció el Seguro Nacional de Salud y se sancionó la ley de obras sociales,  incorporando al autónomo y al carenciado, reglamentándose en el año 1993 con los conceptos de categorización de prestadores.

La desregulación permitió que las obras sociales puedieran elegir con mayor facilidad a los prestadores; apareció el concepto de categorización, transfiriendo el riesgo financiero de la obra social a quien estos contraten, en base a sistemas modulados que premien a quien mejor trabaja y castigue al ineficiente.

Elegir el mejor sistema de arancelamiento y control de prestaciones hace que el prestador modelo sea aquel que lleve la bandera de la calidad. No puede existir la estrategia del consumismo asistencial en la que sólo importa facturar.

Para ello, los valores se deben adaptar al costo real de las prestaciones con un margen de rentabilidad acorde a las posibilidades del sistema, evitando las organizaciones intermedias -tercerización- en las contrataciones de prestadores, lo que garantiza la sana competencia.

La auditoría así entendida se realizará en terreno y en forma compartida entre prestador y prestatario, donde juntos puedan detectar los desvíos y mejorar el sistema asistencial.

Desde el punto de vista económico, las instituciones y grupos corporativos se comportan como mercados independientes compitiendo en miras de sus propios intereses, sin tener en cuenta las necesidades reales de los usuarios.

El mercado actual de la salud es altamente imperfecto, pues la oferta de servicios promueve la captura de su propia demanda, careciendo los usuarios de la capacidad de elegir la conducta a adoptar en materia de salud y enfermedad.

Para ello, el Estado debe aplicar su poder y esfuerzo para garantizar la concurrencia de los usuarios al mercado de establecimientos públicos y privados en capacidad competitiva, y asegurar la transparencia de todo el sistema.

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