BOLETIN CIENTIFICO

Asociación de Médicos Municipales de la CBA

Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud

Año 9 - Nº39 - Abril de 2004


SUMARIO

La vida laboral en trece hospitales generales del gcba


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


ENCUESTA

LA VIDA LABORAL EN TRECE HOSPITALES GENERALES DEL GCBA

Dr. Néstor Rubén Wainszelbaum hospital de Niños Ricardo Gutiérrez

Lic. Marta Eliascher hospital de Niños Ricardo Gutiérrez

Lic. María Teresa Carabajal hospital Tornú

Agradecemos al Dr. Rodolfo Ferraro, Director del Instituto para el Desarrollo Humano y la Salud de la AMM, al Dr. Jorge Blidner, jefe de unidad Psicopa-tología del hospital Ricardo Gutiérrez y a la Dra. Cristina Cerqueiro, jefe de unidad de Tisioneumonología del hospital Ricardo Gutiérrez

El trabajo hospitalario tiene naturalmente para su personal, ciertos riesgos físicos, químicos y biológicos pero también psicosociales; es una posible fuente de agresiones que abarca todo el espectro de la vulnerabilidad del individuo en lo corporal, psicológico y social (1, 2).                      

Las Instituciones

La vida de los seres humanos transcurre a través de instituciones en su sentido más amplio, y cada individuo compromete en alguna medida su personalidad (3).

Cada persona encuentra o cree encontrar en las instituciones apoyo, seguridad, identidad, sentimientos de pertenencia, etc. Sucede que cuando el individuo tenga más integrada su personalidad, va a depender mucho menos del soporte que le brinda una determinada organización; a mayor inmadurez, mayor dependencia en su relación con ella, y más difíciles los cambios o la autonomía.

Las instituciones tienen una existencia relativamente independiente de los individuos; su funcionamiento se relaciona con reglas propias, pero también con lo que las personas proyectan sobre ellas; muchas veces, sus aspectos más regresivos. Una institución puede encontrarse limitada en su capacidad de ofrecer seguridad, con escasas posibilidades de reparación y desarrollo para sus “recursos humanos”. En este contexto es frecuente que tanto las instituciones como las personas ofrezcan una inusitada resistencia al cambio (4, 5).

El  “estrés”

En 1929 Cannon introduce el término “homeostasis” para referirse a los procesos fisiológicos que mantienen la mayoría de los equilibrios en el organismo, señalando la variedad de estímulos y de respuestas posibles (6). Hans Selye describe en 1936 la tríada patológica que incluye engrosamiento de las suprarre-nales, úlcera gastrointestinal y atrofia tímico-linfática provocada por una variedad de estímulos; es decir, desarrolla la teoría del estrés y lo define como la respuesta no específica del organismo ante variados estímulos de intensidad y duración determinadas, “estresores”, como infecciones, toxinas, irradiación cirugía, ejercicio muscular, etc. (7). En 1950 este autor se refiere al síndrome general de adaptación, sus fases:  alarma, resistencia y agotamiento, sus síntomas, el componente genético y aspectos fisiológicos y patológicos (8, 9).

Actualmente se acepta que existirían distintas vías neuroendocrinas para el estrés, además del eje hipotálamo hipó-fiso suprarrenal planteado por Selye así como cierta especificidad de respuestas que dependen de las características del estímulo o “estresor”, de su condición de interno o externo, su duración, su calidad de físico, químico, biológico, psicológico o social, etc.; de la constitución genética del individuo afectado y de la modulación constante de factores ambientales. La idea del estrés permitiría explicar desde una perspectiva amplia, muchas de las cosas que le sucede a la gente que trabaja en el hospital. Es interesante señalar que Chrousos en 1992, habla de disarmonía o de ho-meostasis amenazada que dispara respuestas específicas e inespecíficas, rescatando las variables genéticas.

 Goldstein, en 1995, define el estrés como la respuesta compensatoria secundaria a la discrepancia entre lo esperado y lo percibido (10, 11, 12).  Algunas referencias bibliográficas corroboran la existencia del estrés en trabajadores de la salud en situación laboral, medidos en paráme-tros cardiovasculares, de cortisol humoral aumentado y de respuestas inmuno-lógicas tanto humorales como celulares (13, 14, 15, 16, 17, 18).

El “burnout”

Maslach y Jackson, especialistas americanos en Psicología de la Salud, han definido al “burnout” como un estrés crónico experimentado en el contexto laboral, apareciendo en las profesiones de ayuda, sanitarios y educadores. Suele aparecer cuando se produce un desequilibrio entre las expectativas individuales y la realidad del trabajo cotidiano. Lo consideran un trastorno adaptativo crónico asociado con las demandas psico-sociales de trabajar directamente con personas, afectando la calidad de vida del profesional así como la calidad de la asistencia.

En este síndrome se describen tres dimensiones con sus síntomas correspondientes:

a) Agotamiento emocional, se refiere a la pérdida o desgaste de recursos emocionales.

b)Deshumanización o despersonali-zación, desarrollo de actitudes negativas, cínicas e insensibles hacia los receptores. Esta despersonalización es una defensa que perjudica la relación médico-paciente.

 c) Reducida realización personal, tendencia a evaluar el propio trabajo de manera negativa. Cualquier decisión percibida como errónea puede destruir la imagen de sí mismo, haciendo que el médico se sienta frustrado, culpable e inútil (19, 20, 21).

El hospital

Transitando diariamente el espacio hospitalario, advirtiendo multitud de situaciones y anécdotas, nos preocupó comenzar a conocer algo de la realidad de médicos y enfermeros como conjunto poblacional y de sus diferencias como grupos distintos (22).

Este conjunto poblacional realiza una labor extremadamente delicada e importante por  su responsabilidad ante personas, por el contacto permanente con situaciones de enfermedad y muerte, presumiblemente en un contexto laboral cuantitativamente exigente y competitivo, con pocas oportunidades de formación continuada, reducidas gratificaciones materiales y aspectos de las relaciones personales, institucionales y profesionales que por lo menos pueden ser mejoradas. Estas vivencias resultaron el estímulo específico para reflexionar, intentando encontrar algunas explicaciones (23, 24, 25, 26).

Un mejor conocimiento del personal, a propósito de su realidad, permitiría modificar expectativas erróneas en lo individual, así como facilitar la instalación de actitudes de prevención primaria, secundaria y terciaria a niveles institucio-nales.

El presente trabajo

Este  trabajo  pretende  investigar impresiones de médicos y enfermeros de los trece hospitales de agudos del GCBA en función de su vida laboral a través de algunas variables  personales, interper-sonales, formativas, profesionales e institucionales; su posible impacto en la vida familiar y en la producción de síntomas. Se intenta además establecer los aspectos comunes y diferenciados de ambos grupos de trabajadores. El cuestionario remite a la secuencia “antes/durante/al final de la jornada de trabajo/sugerencias para mejorar las condiciones del mismo”. Al final del cuestionario se invita a confeccionar una respuesta abierta a propósito de mejoras posibles.

Objetivos específicos

1. Averiguar algunas características  de  las relaciones interpersonales.

2. Verificar la existencia de síntomas que pudieran vincularse con la tarea, así como la repercusión extra hospitalaria personal, familiar y social.

3. Evaluar la participación de los profesionales en actividades formativas académicas, científicas y docentes.

4. Comparar los resultados entre distintos grupos (médicos y enfermeros).

Nos motivó la posibilidad de que los resultados así obtenidos se transformen en propuestas de utilidad para la prevención del daño del personal y el mejoramiento de la atención de los pacientes.

Material y métodos

Se trata de un estudio prospectivo y observacional por medio de una encuesta estructurada en la población de los profesionales médicos y enfermeros de planta y guardia de los trece hospitales generales de agudos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que trabajan de lunes a viernes. Las variables a encuestar fueron clasificadas en las siguientes categorías:

1. Demográficas: profesión, edad, sexo y antigüedad.

2. Institucionales: tipo de relaciones interpersonales, causas de ausentismo, propuestas de mejoras en el lugar de trabajo, etc.

3. Profesionales: existencia de actividades formativas, participación en las mismas, etc.

4. Personales: comparación de sensaciones intra y extrahospitalarias, percepción de síntomas, afectación de vida familiar, etc.

El soporte de recolección de datos se realizó mediante un formulario autoad-ministrado.

El muestreo fue estratificado y sistemático en la administración de las encuestas a médicos y enfermeros. El tamaño de la muestra fue calculado  mediante la fórmula de tamaño muestral, a partir de la información brindada en cada hospital de los planteles de médicos de planta y guardia, y de licenciados en enfermería, auxiliares y enfermeros, para obtener un muestreo proporcional, con datos obtenidos de un trabajo anterior.

El tamaño mínimo necesario que se obtuvo fue de 334 médicos y 134 enfermeros. Fue excluido el personal contratado, residentes, concurrentes y becarios. El registro de las encuestas se realizó en una base de datos computarizada (epi6), para la determinación de frecuencias y el cruce de variables. Las variables cualitativas fueron tratadas con test no paramétricos, como el Chi cuadrado o con el Test Diferencias de Proporciones, para el análisis de las diferencias significativas.

Resultados

Se procesaron 581encuestas (ver tabla I), 422 correspondientes a médicos y 159 a enfermeros. En aspectos demográficos pertenecieron al sexo femenino 264, y al masculino 317, de  los cuales hubo 139 médicas y 125 enfermeras,  283 médicos y 34 enfermeros. El promedio de edad de los médicos fue de 53 años y el rango, de 25 a 71 años. La media de antigüedad fue de 23 años y el rango de 1 a 48 años. El promedio de edad de los enfermeros fue de 49 años  y el rango de 25 a 69. La antigüedad promedio fue de 20 años, el rango de 1 a 48 años. Predominó el sexo femenino entre los enfermeros y el masculino entre los médicos.

Con relación a cómo se sentían habitualmente cuando tenían que ir a trabajar al hospital (ver tabla II) no se hallaron en general diferencias significativas entre ambos grupos, se sintieron contentos y tranquilos en porcentajes similares médicos y enfermeros, así como tampoco se encontraron diferencias importantes en las respuestas a la pregunta: cómo se sentían generalmente dentro de la institución con relación al resto de su tiempo.

La actividad hospitalaria (ver tabla III) afectó la vida personal y familiar en médicos y enfermeros en elevado porcentaje. Varias preguntas tuvieron como objetivo averiguar cómo era la relación con las personas del área donde trabajaban. Ambos grupos se relacionaban con personas del sector donde trabajaban en elevado porcentaje, así como también conversaban sobre temas personales y compartían ideas y proyectos. En cambio se hallaron diferencias significativas en las respuestas acerca de si tenían tareas de lectura o investigación; en más de la mitad de los casos, los médicos tuvieron estas actividades (64.9%); en los enfermeros, sólo 27.7%.                                       

La relación con personas del área fue conflictiva para los médicos (55.2%) y para los enfermeros (19.5% de los encuestados).

Con personal jerárquico (ver tabla IV) se relacionaba el 95.5% de los médicos y el 79.25 de los enfermeros. Con personal de otros sectores del hospital se relacionaba el 95.5% de los médicos y el 69.2 de los enfermeros; realizaron actividades conjuntas con ellos el 80.1% de los médicos y el 35.2% entre los enfermeros.

Algunas preguntas tuvieron como objetivo averiguar qué sensaciones le producía el trabajo con los pacientes al finalizar el día (ver tabla V).

El 44.8% de los médicos y el 27% de los enfermeros sentían agotamiento; frustración, el 46.7% de los médicos y el 15.1% de enfermeros, mientras que gratificación el 34.1% de los médicos y el 45.9% de los enfermeros, siendo significativas estadísticamente las diferencias en estas variables.

El grupo de enfermeros respondió sentirse exigidos.  La “exigencia” fue mucho mayor entre los enfermeros (56%) que entre los médicos (23.9%)

Para ambos grupos las diferencias fueron significativas con relación a la participación en actividades formativas en la institución (ver tabla VI). Fue mucho mayor el porcentaje de médicos que participaba en clases, ateneos y congresos que de enfermeros. El 73.5% de los médicos y el 45.9% de los enfermeros tomaron clases. Ateneos, el 74.2% de los médicos y el 20.8% de los enfermeros. Asistieron a congresos, el 53.6% de los médicos y el 16.4% de los enfermeros.

Entre las causas de esta no participación, la respuesta referida a la falta de propuestas formativas fue muy elevada entre los enfermeros. La falta de tiempo fue el motivo para el 67.3% de los médicos y el 55.3% de los enfermeros.

En elevado porcentaje ambos grupos (ver tabla VII) respondieron presentar síntomas físicos y psicológicos

Nerviosismo, el 41.7% de los médicos y el 23.9% de los enfermeros. Angustia: el 34.6% de los médicos y el 17% de los enfermeros. Insomnio, el 23.5% de los médicos y el 10.7% de los enfermeros. Agresividad, el 14.7% de los médicos y el 8.2% de los enfermeros. Contracturas presentaban en elevado porcentaje los enfermeros (75.5%) con relación a los médicos (19.4%).

En más de la mitad de los casos ambos grupos consideraron que las faltas al trabajo del personal tenían que ver con la actividad hospitalaria (tabla VIII).

Las propuestas para mejorar las condiciones de trabajo y proteger al personal del desgaste profesional tuvieron las siguientes respuestas (ver tabla IX): la capacitación profesional y técnica  prevaleció en el grupo médico. Ambos grupos en elevado porcentaje propusieron mejorar el espacio físico, ofrecer espacios de reflexión sobre la tarea y mayor comunicación entre el personal.

El grupo médico además prevaleció sobre enfermería en las respuestas: estimular la posibilidad de realizar trabajos de investigación, propuestas culturales participativas y promover y fomentar el trabajo interdisciplinario.

En cuanto a las respuestas abiertas las sugerencias fueron agrupadas en tres grandes categorías:

A) Aplicación de recursos en política sanitaria

1. Incremento de salarios y remuneraciones (citado en 52 oportunidades); 2. Nombrar más personal para obtener menor carga laboral (citado en 34 oportunidades); 3. Adecuar la infraestructura edilicia, los equipamientos e insumos  (citado en 18 oportunidades); 4. Mejorar el área administrativa (citado en 8 oportunidades); 5. Crear un área de medicina laboral que se encargue del cui-dado del personal (citado en 8 oportunidades); 6. Seguir una política sanitaria y general adecuada (citado en 13 oportunidades).

B) Actividad hospitalaria:

1.Crear un espacio que haga posible el mejoramiento de las relaciones institu-cionales, de reflexión sobre el trabajo, ética y solidaridad (citado en 41 oportunidades); 2. Aplicar estímulos, jerarqui-zación  y reconocimiento en el personal (citado en 19 oportunidades); 3. Brindar mayor oferta en docencia, capacitación e investigación (citado en 19 oportunidades).

C) Actividad asistencial:

Mejorar la calidad asistencial y proveer los insumos necesarios (citado en 14 oportunidades).

Discusión

La condición adecuada del personal de salud, en cuanto a su propia salud, resulta determinante de la calidad del servicio que pueda brindar a sus pacientes. Sostener al personal, detectar problemas precozmente, incrementar sus reservas psicofísicas a través de varia-dísimas posibilidades y facilitar la reparación parece algo obvio como objetivo permanente.

En nuestro trabajo, los grupos estudiados tienen algunas características comunes y otras diferentes. El promedio de edad del personal encuestado es alto en los dos grupos y ambos sugieren la no renovación generacional y el consiguiente desgaste, “esclerosis institucio-nal” y deterioro funcional.

Médicos y enfermeros refirieron sentirse tranquilos antes de ir a trabajar y mayoritariamente dijeron sentirse igual dentro de la institución, donde tuvieron relación con personas de su área, conversaban sobre temas personales y compartían proyectos entre ambos grupos.  Los médicos refirieron realizar tareas de lectura e investigación, cosa que no se advierte en el sector de enfermería. Las referencias bibliográficas consultadas exaltan en forma unánime la importancia del factor comunicación y diálogo para una profesión de “ayuda”, ya sea como reuniones destinadas a “elaborar” situaciones de trabajo, espacios espontáneos de intercambio o como reuniones profesionales de cualquier tipo (27; 28).

Los médicos eligen en porcentaje alto el término “conflictiva” para caracterizar la relación con las personas en  su área de trabajo. En enfermería se advierte que es progresivamente menor comparado con los médicos la  relación con personal jerárquico y con otros sectores del hospital. Se acentúa esta diferencia cuando se pregunta sobre el trabajo conjunto por parte de enfermería con otros sectores.

Las respuestas en nuestra encuesta, a propósito de las sensaciones producidas luego de trabajar con pacientes, nos revelan que en el grupo médico, prevalecieron sentimientos de agotamiento, frustración, cansancio en grado decreciente y en menor medida aún, gratificación. En enfermería predominó la exigencia y en menor número el cansancio, coexistiendo con una gratificación en el trabajo significativamente mayor con respecto al grupo médico, datos estos que coinciden con  un estudio comparativo efectuado en Inglaterra (29).

En elevado porcentaje, el grupo médico participó de actividades formativas en la institución, no ocurrió lo mismo con el grupo de enfermeros, que lo atribuyeron a la falta de propuestas, en tanto los médicos alegaron que la “falta de tiempo” impedía una actividad formativa mayor.

Las respuestas de los enfermeros, “falta de propuestas”, evidencia falencias pero al mismo tiempo, posibilidades fundamentales en dicho sector. El grupo enfermería suele ser en la práctica, intermediario entre el paciente, el médico y la familia, soportan críticas y exigencias, su formación es variada y eventualmente aleatoria y su carga laboral muy grande y a veces poco definidos en sus límites. Su intervención en las decisiones del equipo suele ser escasa y como vemos, su situación y posibilidad de acceso a niveles de conducción, dificultosa.  Hay una limitación personal, profesional y social que no es coherente con la importancia de su rol y la complejidad que vive en su quehacer cotidiano;  exigidos, con pocas propuestas de mejoras profesionales y técnicas, limitaciones para el trabajo conjunto y el diálogo con distintos niveles institucionales, coincide con algunos estudios revisados donde se ven afectados por la carga laboral, la amenaza de perder el trabajo, y la falta de participación en las decisiones; situaciones todas estas predictivas de depresión y deterioro de la salud.

El presente estudio muestra además que  la vida familiar se encuentra afectada negativamente por la actividad laboral en ambos grupos, pero en proporción significativamente mayor en los médicos. De la misma manera, la presencia de síntomas por la actividad hospitalaria es importante, predominantemente en enfermería.

Mientras enfermería refiere una elevada presencia de contracturas y en grado muy menor cefaleas, los médicos refieren síntomas como nerviosismo, angustia, insomnio, significativamente diferentes desde lo estadístico al grupo de enfermería. En grado mucho menor, los médicos refieren cefaleas, contracturas y agresividad.

Es elevado el porcentaje en ambos grupos que relaciona ausentismo con  causas laborales, y es citado en la bibliografía como ocasionado por el esfuerzo en el trabajo (30, 31, 32, 33).

La última pregunta del trabajo se refiere a las propuestas para mejorar las condiciones laborales. Ambos grupos, en un porcentaje alto, compartieron mejorar el espacio físico, ofrecer espacios de reflexión sobre la tarea y mayor comunicación entre el personal.

Los médicos propusieron capacitación profesional y técnica, estimular la posibilidad de realizar trabajos de investigación, propuestas culturales participati-vas, promover y fomentar el trabajo interdisciplinario.

Conclusiones

Escasa renovación generacional en ambos grupos con elevados promedios de edad y antigüedad en el trabajo. Existencia de un porcentaje de personal en probable riesgo. Dificultades sociales en el grupo de enfermería en el ámbito de relaciones laborales con los niveles de conducción y médicos. Elevada afectación familiar a partir del trabajo en ambos grupos.

Dificultades y limitaciones formativas especialmente en el grupo de enfermeros que son atribuidas a “falta de propuestas” en estos y “falta de tiempo” en los médicos. Elevada presencia de síntomas a partir de lo laboral en ambos grupos, incluyendo ausencias al trabajo.

Predominio de síntomas del  área psicológica en los médicos y física en los enfermeros.

Sugerencias comunes de ambos grupos: a) Mejoras del espacio físico, b) Espacios de reflexión acerca de la tarea, c) Mayor comunicación entre el personal, d) Capacitación profesional y técnica,  e) Promoción del trabajo interdisciplina-rio.

Sugerencias del grupo médico predominantemente: a) Capacitación profesional y técnica, b) Investigación, c) Propuestas culturales participativas.

Al terminar la jornada laboral los enfermeros se sienten exigidos, cansados y gratificados. Los médicos por su parte frustrados, agotados y cansados.

La respuesta abierta en ambos grupos revela una marcada preocupación por la remuneración salarial, la carga  laboral por falta de renovación de la planta y la falta de reconocimiento por parte de los niveles jerarquizados; se insiste en la necesidad de crear espacios  para mejorar la comunicación y la reflexión y acrecentando las relaciones institucionales, la solidaridad y los aspectos éticos. Se insiste también en la preocupación por la calidad y la provisión de insumos y medicamentos en la  atención de los pacientes.


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